Las matemáticas sugieren que debo declinar ofrecer probabilidades de que Harry Potter no le pertenece a JK Rowling. Pero puedo decir con certeza que esta historia le pertenece a White Squirrel.
Notas del autor: Sí, hice el cálculo de las apuestas. Interesantemente, el estadio de la Copa Mundial mostrado en la película es de cincuenta pisos exactamente, en base a mi cálculo, y tiene la capacidad necesaria.
Capítulo 62
Los oficiales del Ministerio movieron los trasladores con rapidez y dirigieron al grupo a su campamento en la sección 11B. Hermione tomó nota del número. Lo necesitaría para encontrar a los Vector. A través de la niebla matinal, pudo ver cientos de tiendas de campaña en el páramo, muchas con diferentes rarezas que había aprendido a asociar con el mundo mágico.
Para su sorpresa, el gerente y posible dueño del terreno, el Sr. Roberts, era un muggle, y para su mayor sorpresa, era un muggle que no sabía sobre el mundo mágico, lo cual era obvio por el hecho de que no sabía lo que era un galeón. Esto era una mala combinación ya que el Sr. Weasley, a pesar de su amor por los muggles, no tenía idea de cómo funcionaba el dinero de papel. Naturalmente, Hermione intentó ayudarlo, pero al momento en que el Sr. Roberts comenzó a actuar de manera sospechosa sobre lo que estaba ocurriendo, un mago apareció de la nada y apuntó su varita hacia él.
–¡Obliviate!
–¿Qué? –chilló Hermione, sorprendida de ver un encantamiento desmemorizador exitoso en frente de ella. Después de Lockhart, no quería ver eso. Pero no pareció hacerle daño verdadero. Regresó a actuar como un normal muggle ignorante.
–Muy curioso, ese –dijo el desmemorizados una vez estuvieron lejos–. Necesita diez encantamientos al día para mantenerse feliz.
–¡¿Qué?! –gritó Hermione. Todos se dieron la vuelta para observarla.
–¿Hay algún problema, señorita? –dijo el desmemorizador.
–¡No pueden hacer eso a la memoria de alguien! ¡Este evento ha durado dos meses! ¡Debe de haber recibido cientos de encantamientos desmemorizantes!
–¿Hija de muggles? –preguntó automáticamente.
–Sí, como si eso importara...
–Bueno, lo siento, pero se tiene que hacer. El Estatuto del Secreto y todo eso. No lo lastimará. Aún recordará la mayor parte de los últimos dos meses.
–No lo lastimará intencionalmente, quiere decir –continuó Hermione–. Mientras más encantamientos desmemorizantes recibe una persona, mayor el riesgo de que algo saldrá mal y haya daño permanente. Podría terminar en el ala de psiquiatría con tantos.
–Le aseguro que mis compañeros desmemorizadores y yo somos profesionales. No hemos cometido un error en años. Y de cualquier modo, no tenemos opción. La existencia de la magia debe de permanecer como un secreto...
–¿Acaso es estúpido? Mire a su alrededor. ¡Un ciego podría caminar por aquí y notar que hay magia! –Agitó sus brazos exageradamente en dirección al campamento. Incluso con la mayoría de los magos intentando pasar por muggles, muchos se equivocaron y agregaron a sus tiendas cosas como chimeneas y campanas como timbres en sus tiendas, y algunas eran tan ostentosas que sus dueños obviamente ni lo estaban intentando. Los amigos de Hermione dieron un paso atrás para darle espacio. Habían olvidado lo mucho que odiaba los encantamientos desmemorizantes.
–Señorita Granger, eso es suficiente –dijo Percy con prepotencia, pero lo ignoró.
–El Sr. Roberts vive aquí, ¿no? –dijo–. Controlan todo a su alrededor. ¿No sería más fácil dejarlo que lo vea y desmemorizarlo al finalizar todo?
–Señorita Granger –repitió Percy.
–O mejor aún, convencerlo de tomarse unas largas vacaciones y contratar a muggles que saben sobre magia como mis padres para encargarse del campamento. O encontrar una zona lo suficiente remota para poderla rentar por completo sin que los muggles estén a cargo de nada. De hecho, ¿cómo construyeron el estadio si no hicieron eso?
–¡Ya! –dijo Percy.
El desmemorizador observó a Hermione. No estaba acostumbrado a que una joven de catorce años le dijera cómo hacer su trabajo, hija de muggles o no. Y estaba menos acostumbrado a que la joven de catorce años dijera cosas que tenían sentido, aunque inútiles a este punto.
–Esas son sugerencias… interesantes, señorita –dijo, más que nada para quitársela de encima–. Las mencionaré al departamento para el siguiente evento masivo y enormemente complicado que tengamos aquí. –La implicación era clara. Este era un evento único, y sus sugerencias no tenían importancia a estas alturas–. Ahora, si no le molesta, debo de retirarme. –Y desapareció.
–¿He mencionado lo mucho que odio los encantamientos desmemorizantes? –gruñó Hermione. Sólo Sirius no lo había escuchado antes.
Bueno, un ciego quizás podría caminar por el campamento y notar que había magia, pero el Sr. Weasley aún quería hacer las cosas de manera muggle. A Hermione no le importó mucho. Su única queja era que Dobby no podría aparecerse fuera de las tiendas durante el día de ese modo. Aunque las tiendas eran bastante interesantes… más grandes por dentro gracias a los obvios encantamientos de expansión. La tienda principal de los Weasley tenía espacio para ocho personas dentro y había sido amueblada como un departamento de tres cuartos. A cada lado había dos tiendas más pequeñas. Sirius y Harry habían llevado una de las suyas para los otros partidos que habían atendido, y había otra para Hermione y Ginny.
El campamento era fascinante de ver mientras el resto de los campistas despertaban. Niños pequeños jugaban con varitas y escobas de juguete. Los adultos intentaban (y fallaban al) cocinar el desayuno sin magia. Grupos de magos de muchos países, incluyendo grupos de varias escuelas, estaban combinados. Hermione consideró ir a intentar encontrar al grupo de Beauxbatons, pero no tenía el tiempo con todo lo demás.
La final de la Copa Mundial sería Irlanda contra Bulgaria, lo cual no era muy sorprendente en base al cálculo de Hermione, y la rivalidad era feroz. Los fans irlandeses tenían sus tiendas decoradas por todos lados con tréboles, mientras que los búlgaros colocaron fotos de su buscador estrella, un joven de aspecto cascarrabias llamado Viktor Krum que, por lo que se veía, era el mejor buscador de su generación. Casi habían acabado de desayunar cuando llegó uno de los organizadores del evento, quien también era el patrocinador de los boletos de los Weasley: Ludo Bagman.
El Sr. Bagman le recordaba a Hermione a su maestro de historia el año que había estado en la secundaria muggle… había sido un jugador de fútbol en la universidad y ahora era entrenador además de maestro (¿qué era con los maestros de historia y esa trayectoria profesional? ¿Todos los maestros de historia en su secundaría habían sido así?). Bagman tenía el mismo aspecto… la mirada de un hombre que había sido un buen atleta en sus veinte, y todo se fue abajo desde entonces. Era cierto, aún tenía ese aspecto y sonrisa infantil y cabello rubio brillante, pero claramente intentaba revivir sus días de gloria en vano basado en el hecho de que estaba usando su viejo uniforme de quidditch, el cual estaba desgastado y ya no le quedaba.
Aparentemente, además de ser el Jefe del Departamento de Juegos y Deportes Mágicos y el organizador del evento, el Sr. Bagman también era un corredor de apuestas. Hermione sintió que quizás ese era un conflicto de intereses, pero lo dejó ir porque el Sr. Weasley estaba de acuerdo e incluso apostó un galeón en favor de Irlanda.
–Muy bien, muy bien… ¿alguien más? –preguntó Bagman.
–Oye, Hermione, esto debería de caer en tu territorio –dijo Fred–. Con una buena apuesta podríamos tener dinero extra para tú sabes qué. ¿Qué piensas?
–Creo que el apostar no es una buena estrategia de inversión –respondió ella, lanzando una mirada penetrante a los gemelos.
–Vamos, Hermione, es lo que hacemos –insistió George–. Tomamos riesgos, así que cuando resulta, paga, y cuando no, nos levantamos e intentamos de nuevo.
–Pero sabemos que tú has estado prediciendo los juegos bastante bien –continuó Fred.
–Así que puedes ver cuál es la mejor apuesta.
Hermione sacudió la cabeza. Definitivamente había cosas que eran un gran riesgo, en su opinión, y esa era una de esas cosas. Y aun así… era el mayor partido de quidditch en el mundo, y después de un año de predecir partidos, en su mayoría de manera exitosa, la idea de en verdad jugar a probabilidades en esa instancia la intrigaba. Y si estos dos tontos estaban tan determinados a arriesgarse, debería de ayudarlos, aunque sólo consentiría a eso porque el resto de su operación lucía bien.
–Muy bien –dijo–. ¿Puedo ver su libro de apuestas, Sr. Bagman?
–Hermione, no estoy segura de que tus padres aprobarían que apostaras –dijo el Sr. Weasley.
Probablemente no, pensó.
–Está bien, Sr. Weasley. Tengo algo de dinero extra gracias a mis patentes. –Bagman se rio.
–Vamos, Arthur, todo es diversión sana. De acuerdo, señorita, adelante, mire –dijo con prepotencia.
Oh, eso es todo. Y con ese tono, Hermione estaba determinada a demostrarle todo. Revisó todo el libro al instante, cada página, calculando los montos posibles por las probabilidades ofrecidas y calculando sus propias estimaciones en base a sus propios métodos para compararlos con los suyos.
–De acuerdo, es indisputable que Irlanda tiene el mejor escuadrón de cazadores en el torneo –murmuró para sí misma–. Han estado barriendo a la competencia desde el comienzo. Su guardián es algo débil, pero lo solucionan con buen control de la quaffle. En buscadores, Krum es bueno… definitivamente mejor que Lynch, pero siempre está el elemento de suerte sobre donde aparecerá la snitch primero. Por otro lado, mucho es determinado por la velocidad y el tiempo de reacción. En escobas tan rápidas, es mucho más sobre quien ve la snitch primero y va por ella que antes, así que no se pueden usar modelos tradicionales de predicción de buscadores aquí. Ahora, considerando la aceleración de la saeta de fuego, el largo del campo, y los patrones más comunes de los buscadores, la probabilidad de que la snitch aparecerá lo suficiente lejos para dar una mayor ventaja en distancia es...
Harry, Sirius, y todos los Weasley se acercaron para observar. Bill y Charlie, quienes nunca habían visto la proeza de Hermione para las matemáticas mentales en persona, se sorprendieron de ver lo profundo que estaba metiéndose en las estadísticas de los jugadores y la mecánica del deporte, especialmente tan rápido. Fred y George lanzaron una sonrisa traviesa a Bagman, cuya sonrisa se redujo al darse cuenta de lo lista que era.
–... con una probabilidad de 0.015625. ¿Qué tal mi aritmancia, Harry? –dijo ella con una sonrisa.
–Aún mejor que la mía. Apenas y puedo comprender lo que estás diciendo –dijo él.
–Ahora, todos dicen que Bulgaria tiene una defensa sólida –continuó–, pero eso es en base a como jugaron antes de que cambiaran a saetas de fuego, la cual es una escoba más ofensiva. Desde que lo hicieron, han permitido más goles y demostrado peor control de las bludger, lo cual quiere decir que cuentan más en Krum. Y si consideramos la cantidad de heridas al nivel de la Copa Mundial...
–Eh… ¿siempre es así? –preguntó Bagman.
–Sí –respondió la mayoría del grupo. Fred se rio.
–Está en problemas ahora, Sr. Bagman. Está viendo a la joven que sacó la calificación más alta en el TIMO de Aritmancia a los catorce años.
Bagman no estaba sonriendo ahora.
–Irlanda ganando paga cuatro a tres, pero si se agrega que Troy será el mejor goleador… quizás… la probabilidad de que Krum capture la snitch es obviamente buena, pero en los detalles, se tiene que considerar lo que Krum hará si se siente en problemas, lo cual lo aumenta más si la fase de grupo es alguna indicación… –De repente, se detuvo de golpe. Casi como una calculadora llegando a su respuesta, y levantó la mirada–. Fred, George –susurró. Movió su dedo para indicarles que se acercaran más. Lores tres juntaron las cabezas–. La probabilidad de Bagman de Irlanda ganando con Krum obteniendo es muy alta. Está ofreciendo quince a uno, y yo sólo pagaría cinco a uno.
–Suena como una buena idea, entonces –respondió Fred–. Hay que arriesgarlo todo, ¿no George?
–Eso creo, Fred –dijo George.
–Esperen, ¿qué? –dijo Hermione
–Apostaremos treinta y siete galeones, quince sickles, y tres knuts a que gana Irlanda… –comenzó Fred.
–¡Esperen un minuto! –dijo Hermione, tomándolo por la manga y jalándolo–. ¿Esos son todos sus ahorros?
–Sí, lo son –dijo el Sr. Weasley con seriedad–. Chicos, su madre los...
–No seas aburrido, Arthur –dijo Bagman, obviamente entusiasmado de nuevo por la gran apuesta–. Deja que los chicos se diviertan.
–Hermione, te dijimos que tomamos riesgos en esta familia –le dijo Fred.
–Sí, pero incluso cinco a uno, hay un ochenta por ciento de probabilidad de que perderán todo. Esa no es manera de comenzar un negocio. –No podía creerlo, estaban a punto de apostar el equivalente a casi dos mil libras en esa locura. Miró el libro de nuevo y calculó los pagos posibles y formuló un plan–. Miren, si en verdad quieren hacer esto, deberían de hacer una apuesta combinada con esos dos, además de una apuesta segura como… como que Irlanda anote primero. Esa tiene una buena ganancia por el problema con la defensa de Bulgaria. –Susurró esto último–. Si hacen eso, recibirán casi dos tercios más si ganan, y si pierden, no lo perderán todo, y hay una buena posibilidad de que recuperen dos tercios de su apuesta inicial, así que aún tendrán algo de capital con el cual trabajar. De ese modo, quizás resulte mejor que guardando parte de su dinero.
Fred y George estaban con sus bocas abiertas. El Sr. Weasley lucía maravillado de que Hermione había logrado darles un consejo tan sensato… por lo menos en comparación con "apostar todos sus ahorros".
–¿Ella… siempre es así? –preguntaron Bill y Charlie.
–Sí –dijeron sus amigos.
–Sabes, tiene sentido, Fred –dijo George–. Se necesita dinero para ganar dinero, así que estaremos mejor que si comenzáramos sin nada.
Fred lucía un poco molesto por eso.
–No lo sé, George. Siempre nos hemos arriesgado así. Me parece mal no hacerlo.
–Bueno, aún lo estamos arriesgando todo, ¿no? Sólo que lo estamos haciendo de manera inteligente.
–Cierto… y en los negocios, se necesita una cobertura, supongo. De acuerdo, Hermione, creo que tenemos un ganador. Sr. Bagman, haremos una apuesta combinada sobre Irlanda ganando, Viktor Krum capturando la snitch, e Irlanda anotando primero, y pondremos treinta y siete galeones, quince sickles, tres knuts… oh, y también una varita falsa.
Bagman se carcajeó cuando la varita se convirtió en un pollo de hule.
–Brillante, ¡pagaría cinco galeones por eso! –dijo él–. ¿Pero Irlanda ganando y Krum capturando la snitch? Lo dudo, chicos. –Los gemelos se sonrieron–. ¿Y tú, jovencita? –Sonrió en dirección a Hermione, claramente pensando que su aritmancia era incorrecta. Los gemelos se rieron aún más.
–Se lo dejaré fácil, Sr. Bagman –respondió de forma engreída–. Anóteme por un galeón y tres sickles en la misma apuesta. Si tengo suerte, recibiré una buena cantidad de dinero para gastos.
–Claro que sí. Un placer hacer negocios con ustedes.
El Sr. Weasley lucía aliviado.
–Gracias, Hermione –dijo–. Por lo menos ahora los chicos sólo están haciendo algo que no es una completa locura.
–No hay problema, Sr. Weasley. Me han ayudado bastante, y pensé que debería regresar el favor –respondió ella. Sólo esperaba que los dos serían un poco más sensatos cuando estuvieran manejando su negocio, como los números indicaban, o tendría que reevaluar su valoración de sus planes de carrera.
El Sr. Weasley entonces cambió de tema y preguntó a Bagman sobre Bertha Jorkins, una de las empleadas de Bagman, quien por lo que parecía, había dejado su trabajo sin advertencia y se había desvanecido sin dejar rastro. Nadie tenía idea de donde podía estar, y Bagman no tenía ninguna pista.
Y entonces, el otro organizador del evento se apareció, el jefe de Percy, Barty Crouch. El Sr. Crouch (y parecía el tipo de hombre que requería un Sr.) era un hombre alto y austero con cabello partido perfectamente, un bigote con forma de peine, y un impecable traje muggle. Era obvio por qué le agradaba tanto a Percy… aunque hubiera pensado que el hecho de que no podía recordar el nombre de Percy lo molestaría un poco.
Poco sorprendente, Sirius se puso de pie para estar frente a frente con el hombre, mirándolo con molestia. Aunque el Sr. Crouch permaneció firme.
–Sr. Black –dijo con tono imparcial.
–Sr. Crouch –respondió Sirius.
–Comprendo porque está molesto –dijo el Sr. Crouch.
–¿Oh, lo comprendes?
–Espero que se dé cuenta de que lo que ocurrió fue un trágico malentendido. Siempre me he esforzado por mantener la justicia y oponerme a las fuerzas de la oscuridad.
–¿En serio? ¿Y fue justicia cuando enviaste a tu hijo a Azkaban con evidencia circunstancial? Lo escuché llorando en su celda hasta el día que murió.
Esto pareció enfurecer al Sr. Crouch. Sus ojos se abrieron tan grandes como los de un sapo y le gritó violentamente.
–¡Ese hijo mío fue encontrado en el acto con tu prima, Black! –Golpeó a Sirius en el pecho con fuerza con su dedo.
–Quizás así fue, y quizás estaba en el lugar y momento incorrecto, como yo, pero es muy tarde para preguntarle ahora.
–Sirius –le advirtió el Sr. Weasley, colocando una mano sobre su hombro.
–¡Ese chico era una vil y patética excusa de ser humano! ¡Sabes lo que hizo a los Longbottom…!
–Sr. Crouch, este no es el momento ni el lugar –le rogó el Sr. Weasley. El hombre más alto se inclinó hacia atrás y pareció controlarse porque rápidamente se alejó del grupo.
–Pues, parece agradable, Weatherby –se burló Fred de Percy para el fastidio del joven mayor.
–Sirius, ¿qué fue todo eso? –preguntó Harry con voz suave. Hermione, Ron, y Ginny también habían observado la discusión son sorpresa… algo sobre la prima de Sirius, el hijo de Crouch, y (posiblemente) los padres de Neville. No tenían idea de que se trataba.
–Te lo diré después, cachorro –murmuró Sirius–. Es una historia horrible. –Entonces, en voz más alta–. Lamento eso. No había tenido la oportunidad de enfrentarlo cara a cara y me dejé llevar. Hay que relajarnos y disfrutar el día, ¿de acuerdo?
–Sr. Weasley, si no le molesta, me gustaría intentar encontrar a Septima –dijo Hermione.
–¿Quién?
–La profesora Vector.
–Oh, cierto, cierto –dijo, al no haberla escuchado llamar antes a su antigua profesora por su primer nombre.
Hermione caminó entre las filas de tiendas en la sección 11B hasta encontrar la sección 15F. Había cientos de tiendas en la sección, así que le tomó una media hora encontrar la correcta, pero lo hizo eventualmente. Septima estaba ahí, haciendo un trabajo admirable al intentar cocinar en una fogata, acompañada de una pareja joven y una niña pequeña.
–Hola, Septima –la llamó.
La mujer mayor levantó la mirada y sonrió.
–¡Hermione! –llamó de regreso, poniéndose de pie–. Es bueno verte. Me alegra que pudieras venir.
Hermione se acercó y abrazó a su maestra favorita.
–Yo también, Septima. En verdad quería ver a todos mis amigos una vez más.
–Bueno, espero que lo estés aprovechando… y vaya, finalmente hiciste algo sobre esos dientes. –Hermione se rio.
–Es lo que todos han estado diciendo.
–Te ves muy bien. Ven aquí, te presentaré a mi familia. –Señaló a la pareja de cabello oscuro que estaba sentada con ella–. Él es mi sobrino, Gaius, y su esposa, Pompeia. Y por supuesto, ella es la pequeña Georgina. Todos, ella es la estudiante más brillante a la que he tenido el placer de enseñar, Hermione Granger.
Georgina Vector se parecía bastante a su tía abuela: rostro ovalado, cabello largo, negro, y grueso, y pálidos ojos azules, aunque tenía la nariz de botón de su madre. Pero había otra diferencia entre ellas: Septima raramente mostraba la exuberancia desenfrenada de una niña de once años.
–Encantada de conocerte, Hermione –dijo Georgina, estrechando su mano con entusiasmo–. Tía Septima me dijo todo sobre ti. ¿Es cierto que puedes hacer todo tipo de matemáticas en tu cabeza? –Hermione se rio un poco.
–Incluyendo inventar hechizos –dijo–. Probablemente así fue como saqué esa calificación en mi TIMO.
–¡Vaya! ¿Puedes crear uno ahora?
–¡Georgina! –la regañó su madre.
Oh no, esto iba a ser lo que le pedirían ahora en lugar de multiplicar números grandes. Hermione no creía poder inventar tantos hechizos sencillos.
–Pues, podría, pero se supone que no podemos usar nuestras varitas aquí –se salvó a sí misma. Era una mala excusa ya que casi nadie la seguía, pero Georgina la aceptó.
–Mi tía nos dijo todo sobre sus hazañas, señorita Granger –dijo Gaius Vector–. ¿Es cierto que puede crear un patronus corpóreo?
–Aún no de manera dependiente, pero sí. Salvó mi vida… o mi alma o lo que sea… la última primavera.
–¿Y tú y la tía Septima lucharon contra una serpiente gigante con…? –dijo Georgina.
–Con los lentes azules, sí. De hecho, rompe maldiciones verdaderos los están usando ahora.
–Sí, sus hazañas han sido… únicas –dijo Septima–. De hecho, Hermione ha comenzado su propio negocio. Patentó un sencillo kit de pociones para el uso de los hijos de muggles. Aún no lo comprendo por completo, pero aparentemente, los están vendiendo en el boticario.
–Negocios y pociones, ¿en verdad? –dijo Pompeia–. Suena a que eres una joven de muchos talentos.
–¿Y en verdad eres amiga de Harry Potter? –preguntó Georgina.
–Georgina –repitió su madre.
–Sí, soy amiga de Harry Potter –respondió Hermione. En verdad no había manera de escapar su fama.
–¿Pero escuchamos que te estás transfiriendo a Beauxbatons? –preguntó Gaius. Hermione suspiró.
–Sí, es cierto. Aunque fue idea de mis padres.
–Nos sorprendimos bastante cuando la tía Septima sugirió que consideráramos inscribir a Georgina ahí. Especialmente considerando que ella enseña en Hogwarts, y el… evento especial que tomará lugar este año.
–¿Qué evento especial? –dijo Hermione–. Los Weasley se la pasan hablando de eso, pero nadie dice lo que es.
Los adultos Vector se miraron nerviosos. Finalmente, Septima respondió.
–Hermione, ¿podrías guardar el secreto, incluso de tus amigos? Tú también, Georgina. Se supone que no será anunciado públicamente hasta el primer día de escuela.
–De acuerdo, supongo –dijo Hermione con confusión.
–Este año Hogwarts será anfitrión del reinstaurado Torneo de los Tres Magos.
–¿Torneo de los Tres Magos? Creo que he escuchado de él. ¿No es una antigua competencia entre escuelas? ¿Y no lo detuvieron hace doscientos años porque era muy peligroso o algo así?
–Corrigieron las medidas de seguridad, por supuesto, pero sí. Beauxbatons y Durmstrang enviarán a algunos de sus estudiantes del nivel equivalente a EXTASIS a Hogwarts para que ingresen. No quisiera que Georgina se perdiera algo como eso, pero después de las cosas que han ocurrido en Hogwarts los últimos tres años, en verdad creí que Gaius y Pompeia deberían de considerar otras opciones.
–¿Y qué decidieron? –preguntó Hermione.
–Decidimos mantenerla en Hogwarts –respondió Gaius–. Hoy es el último día para cambiar su inscripción, así que así lo dejaremos. ¿Puedo preguntar porque le preocupa tanto, señorita Granger?
Hermione se sentía incómoda. No valía la pena asustarlos ahora que no podían cambiarlo.
–Pues –dijo–, en realidad no quiero dejar Hogwarts. Es sólo que mis padres me están obligando. Yo, eh… creo que para la mayoría de los estudiantes, Hogwarts ha estado bien los últimos tres años. La cosa es, cada año, por lo menos una cosa mala ha ocurrido que casi ha a matado a mis amigos y a mí… y todas tuvieron que ver con… con Quien-Ustedes-Saben. –Los Vector soltaron un grito ahogado–. Ahora, probablemente no es tan malo. Ya que Georgina es, supongo, sangre pura, estará en una mejor posición que yo, e incluso para mí, muchos de mis problemas eran por ser amiga de Harry Potter, si soy honesta.
–Merlín, ¿todo eso es cierto? –preguntó Gaius a su tía.
–Eso me temo –dijo Septima–. Pero es cierto que muy pocos estudiantes han tenido problemas, y mucho menos sangre pura.
–Pues, supongo que es bueno escucharlo –dijo Pompeia–. Pero mantén un ojo en Georgina mientras está ahí, Septima.
–Dos ojos, Pompeia –le aseguró–. Tanto como pueda prestarlos.
Harry, al haber visto ya algunos de los partidos, crecía cada vez más entusiasmado mientras el partido se aproximaba.
–Les digo, nunca han visto quidditch jugado de ese modo en Hogwarts –dijo mientras caminaban cerca de un carrito lleno de lo que parecían ser binoculares–. Oh, y tienen que checar estas cosas –agregó, señalando al carrito.
–¿Qué son? –preguntó Ron.
–Se llaman omniculares. Pueden hacer zoom, grabar, reproducir en cámara lenta, e incluso mostrar un análisis jugada a jugada –dijo con entusiasmo.
–Sí, los mejores en el negocio –dijo el mago vendedor–. Una ganga a diez galeones cada uno.
–¡Diez galeones! –dijo Hermione–. No traje tanto. –Y mamá y papá probablemente no aprobarían que lo hiciera, incluso si probablemente son más baratos que una cámara muggle que puede hacer todo eso.
–No se preocupen –dijo Harry–. Tres pares, por favor.
–No… no te molestes –dijo Ron, sonrojándose.
–Sí, Harry, es mucho –dijo Hermione en acuerdo.
–Está bien –dijo Harry–. Les debo tres años de regalos de navidad y cumpleaños. Nunca había podido gastar mucho dinero con los Dursley. –Tomó tres pares de omniculares y los pasó a las manos de Hermione, Ron, y Ginny.
Ron estaba sonriendo. Ginny estaba sin habla. Hermione suspiró y sonrió a su amigo.
–Pues, gracias Harry –dijo. Sólo Harry gastaría mil quinientas libras en sus amigos a la primera oportunidad. Bueno, si gano mi apuesta, podré pagarle de vuelta.
Estaba oscureciendo. Las antorchas estaban prendidas y el Sr. Weasley anunció que era hora de caminar al estadio.
–¿Dobby? –lo llamó Hermione. El elfo apareció con un ¡pop!
–¿Sí, señorita Hermione?
–Acompáñanos, por favor. Ya casi es hora del partido. –Lo ojos de Dobby parecían salir de su órbita por la sorpresa.
–¿La señorita Hermione está dejando que Dobby la acompañe a ver el partido?
–Por supuesto. Estoy segura de que no les importará. No ocupas mucho espacio.
De repente, Dobby estaba abrazando sus piernas con toda su fuerza.
–¡Oh, la señorita Hermione es tan buena con Dobby! –chilló. Se separó y caminó en saltos a un lado del grupo.
El estadio de la Copa Mundial era enorme. Con asientos para cien mil personas, era de igual tamaño a los estadios muggle más grandes, pero los asientos estaban construidos en las altas paredes doradas en lugar de en el suelo, con el estilo de un anfiteatro, para que todos pudieran estar sentados cerca de la acción. El camino a la tribuna principal eran las escaleras más largas que Hermione había tenido que subir en su vida: cincuenta pisos. No podía comprender por qué no pudieron poner un elevador. Hubieran estado mejor usando escobas para llegar a esa altura. Al llegar, incluso los chicos estaban sin aliento, y Fred y George tuvieron que ayudar a Ginny y a ella. En el décimo piso, le dijo a Dobby que se apareciera directo a ella cuando lo llamara. A los elfos no les iba bien en las escaleras tamaño humano. El estadio de algún modo estaba lleno de una luz dorada sin el beneficio de antorchas. Una inspección más cercana, sosteniendo sus manos contra estas y protegiendo su cuerpo, reveló que eran las paredes las que estaban brillando. Ese era un interesante uso de encantamientos… muy impresionante en una escala tan grande. Hermione tomó nota mental para ver si podía recrear el hechizo.
Otro acto mágico interesante era la enorme pizarra encantada que funcionaba como un "Jumbotron", con polvo de tiza bailando en este en forma de cambiantes palabras e imágenes. El grupo de once pareció ser el primero en llegar a la tribuna, la cual contenía unas veinticuatro extrañas sillas de color púrpura y dorado, las cuales estaban vacías excepto por la última al fondo, en la que estaba una pequeña criatura con orejas de murciélago que parecía estar llorando.
–Oh vaya –dijo Hermione cuando lo vio. Entonces, llamó en un susurro–. Dobby. –Dobby apareció a su lado, y ella caminó al fondo de la fila donde estaba el otro elfo–. Hola –dijo–, ¿estás bien? –El elfo levantó la mirada con sorpresa. Era una elfina, con cabello castaño desaliñado, ojos cafés, y una nariz larga y roja como un tomate. Hermione se hubiera preocupado de que estuviera infectada si no hubiera visto a otros elfos con narices como esas en la escuela. La elfina habló con un chillido tembloroso.
–¿Hola? ¿Quién es usted, señorita?
–Soy Hermione, y él es Dobby.
Los ojos de la elfina se abrieron más cuando vio a Dobby.
–¡Dobby! ¡Yo te conozco! Eres ese elfo extraño que… –tragó saliva y susurró–, recibe un sueldo.
Hermione resistió la urgencia de decir, sí, y yo soy la bruja extraña que le paga, en deferencia a la aflicción de la elfina. En su lugar, decidió hacer otra pregunta.
–¿Cuál es tu nombre?
–Yo soy Winky, señorita… –de repente, miró a la joven con reconocimiento–. ¡Usted! Usted es señorita Hermione Granger. Todos los elfos hablan sobre usted. Dicen que usted es amiga de los elfos de Hogwarts, excepto… ¡excepto que usted es la bruja que liberó a Dobby! –Se alejó con vergüenza de ella.
–Winky, está bien. No estoy intentando liberar a los elfos que no lo quieren –dijo con gentileza–. No quiero causarte problemas. Ahora, ¿cuál es el problema? ¿Por qué estás llorando aquí? Quizás podamos ayudarte.
–Oh, disculpe a Winky, Hermione Granger. No me gustan las alturas, pero mi amo me pidió que le guardara un asiento, señorita.
–Oh, ¿y quién es él?
–El amo Barty Crouch, señorita.
–Oh, él –dijo Hermione, intentando ocultar su desaprobación. En privado, pensó que quizás Winky estaría mejor con alguien más, pero se mordió la lengua. Dejó que Dobby reconfortara a Winky mientras probaba su nuevo par de omniculares. Eran un objeto sorprendente, con zoom variable hasta 20 veces, y repetición instantánea que podía ser alentada a un factor de diez y aún mantenerse visible. Se preguntó si podría hacerlos funcionar como una cámara de alta velocidad si los desmantelaba. ¿Cómo era el video almacenado? ¿Podría ser transferido a otro medio para reproducción más conveniente? ¿Podrían ser modificados como goggles de visión nocturna o algo similar? Las posibilidades eran interminables. Podría pasar todo el año estudiándolos, y pensó que quizás lo haría.
Cornelius Fudge llegó a la tribuna una media hora después. Parecía preparado para encontrarse con Sirius ya que lo miró a los ojos y estrechó su mano mientras presentaba al Ministro búlgaro a él y a Harry. Pero entonces dijo:
–Ah, aquí está Lucius. –El grupo se dio la vuelta, y tres cabezas rubias con barbillas elevadas llegaron al espacio. Reconocieron el largo cabello rubio platinado de Lucius Malfoy al instante. Draco estaba de pie a su lado, una copia exacta, pero con cabello más corto, y una mujer alta y delgada con cabello rubio dorado que Hermione supuso era bonita excepto por la expresión de asco en su rostro. Sin embargo, los tres de inmediato comenzaron una competencia de miradas… El Sr. Malfoy con el Sr. Weasley, la Sra. Malfoy con Sirius, y Draco con Harry.
–Por Dios, Arthur –dijo el Sr. Malfoy con voz suave–. ¿Qué tuviste que vender para conseguir asientos en la tribuna principal? Tu casa no podría darte lo suficiente.
El Sr. Weasley sólo lo observó y no le dio el placer de una respuesta.
–Hola, prima –dijo Sirius a la Sra. Malfoy.
¿Qué? ¿No podía ser la misma prima que el Sr. Crouch había mencionado, verdad?
Gracias a Merlín, Draco y Harry no querían causar problemas enfrente de los adultos, pero el Sr. Malfoy y Draco miraron a Hermione con desdén cuando la vieron, y la mirada de Draco cayó sobre los elfos.
–¿Dobby? –dijo con incredulidad.
–¡Dobby! –siseó el Sr. Malfoy.
–¡Ah! Los antiguos amos de Dobby –susurró el elfo.
–¿Qué demonios haces tú aquí? –demandó Draco–. Granger engañó a mi padre para que te liberara. Deberías de estar muerto.
¿Muerto? Pensó Hermione. Dobby sólo había mejorado desde ser liberado. El elfo mantuvo su postura con actitud desafiante.
–Dobby trabaja para la señorita Hermione ahora.
–¿Trabaja para ti? –demandó el Sr. Malfoy–. ¿Una sa… hija de muggles? ¿Así que tomaste a nuestro sirviente para ti? No puedo creerlo. Incluso si quisieras, no podrías pagar la tarifa de transferencia de elfos.
–No lo hice –dijo de forma engreída–. Le estoy pagando.
Se escucharon exclamaciones de sorpresa de parte de todos los que no sabían sobre el arreglo entre Hermione y Dobby. Incluso pensó escuchar a la Sra. Malfoy susurrar la palabra "perversión".
–¿Le pagas? –El Sr. Malfoy avanzó hacia ella de manera amenazante, su mano en su bastón–. De todas las...
–Yo tendría cuidado si fuera usted, Sr. Malfoy –dijo Hermione con calma, lanzándole una mirada severa–. Hay testigos aquí… y muchas escaleras más.
Con eso, el Sr. Malfoy comenzó a sudar un poco y dio un paso atrás. Recordaba con claridad cómo Dobby lo había lanzado a las escaleras cuando intentó atacar a Hermione hace un año.
–Disculpe, Ministro –dijo–. Un asunto privado.
Harry y muchos de los Weasley lucían sorprendidos de que había logrado que Lucius Malfoy retrocediera. Sirius lucía como si Navidad hubiera llegado antes.
–Brillante –le susurró–. No muchos pueden hacerle frente.
Ludo Bagman llegó a la tribuna para comenzar el partido, comenzando con la introducción de las mascotas de los equipos. La ofrenda de Bulgaria, dijo el Sr. Weasley, eran veela.
–Oh, no –dijo Harry nervioso. Cubrió sus oídos por una extraña razón.
–Harry, ¿qué estás haciendo? –preguntó Hermione.
–Aprendí mi lección durante el último juego de Bulgaria.
–¿De qué estás hablando? –dijo, pero mientras hablaba, notó que algo extraño ocurría. Las mascotas de Bulgaria salieron al campo. No estaba segura de que esperar, pero lucían como un gran escuadrón de porristas… el tipo tradicional de rubias, altas, y con curvas. Y aun así, había algo fuera de lo normal en ellas… algo que estaba haciendo que los chicos babearan y sus ojos se pusieron nerviosos. Hermione miró a Ginny, quien miraba a su alrededor, igual de sorprendida, con una expresión molesta en el rostro. Mientras que entre los adultos, Sirius y Bagman lucían cautivados por completo por las veela, y el Sr. Crouch y el Sr. Malfoy no parecían afectados, lo cual puso una sonrisa prepotente en el rostro de la Sra. Malfoy.
Era difícil ver lo que estaba ocurriendo a esa distancia, así que Hermione tomó sus omniculares e hizo zoom en las veela. Definitivamente no eran humanas… más como las ninfas o sirenas de los mitos… inhumanamente hermosas, con perfecta piel de porcelana que parecía brillar en la luz dorada del estadio y cabello rubio platinado que flotaba detrás de ellas aún en la ausencia de viento. Creyó recordar haber leído sobre las veela en algún lugar, quizás en el folklore de Europa oriental. Tendría que buscarlo después.
De cualquier modo, las veela obviamente provocaban una poderosa atracción en los hombres, la cual se incrementaba mientras cantaban y bailaban hasta llegar a la histeria. Interesantemente, Hermione no sintió la atracción, ni Ginny, sólo algo de fastidio, lo cual sugería que la atracción solo funcionaba en el género biológico ya que hubiera creído que provocaría algún nivel de respuesta hormonal en las mujeres. Se preguntó si habría veela varones que solo no estaban en demanda.
En ese momento, el brillo de las paredes del estadio era intermitente. Al enfocar sus omniculares, Hermione se sorprendió al descubrir la causa. Unos cuantos de los hombres estaban tan alocados que estaban intentando lanzarse desde las gradas al campo para acercarse más a las veela, y por suerte fueron detenidos por las barreras. Eso pareció ser la señal que necesitaban para dejar el campo, como notó que les pedía un equipo femenil de entrenadoras. Esa ciertamente fue una presentación interesante. Levantó la mirada y vio que Ron tenía una pierna arriba e intentaba pasar la barrera. Rodó los ojos. Típico de Ron. Ginny lo golpeó en la nuca.
–Vaya, no estabas bromeando, Harry –dijo Hermione.
–Lo sé. Es una locura cuando salen –respondió–. Yo también casi me lancé contra la barrera la primera vez.
Las mascotas de los irlandeses eran, por supuesto, leprechauns. Hermione había leído que los leprechauns tenían cierto nivel de inteligencia humana, pero no el suficiente para ser reconocidos como una sociedad organizada. Aunque podían volar en formación, y mientras volaban sobre ellos, monedas doradas cayeron sobre las gradas.
–¡Sí! ¡Excelente! –gritó Ron, riéndose como loco. Tomó un puñado de monedas y se las dio a Harry–. ¡Toma, por los omniculares! –dijo–. Ahora me debes un regalo de Navidad. ¡Ja!
–No pueden estar regalando tanto oro –dijo Hermione.
–No lo hacen, señorita Hermione –dijo un chillido a sus pies. Dobby y Winky se habían agachado para proteger sus cabezas de la lluvia de monedas.
–¿Qué es, Dobby?
–Es oro de leprechaun, señorita. Es conjurado y se desvanecerá en unas horas.
–¿Qué? ¡Qué estafa! –gritó Ron.
Hermione miró con atención a uno de los galeones falsos y vio que en lugar del perfil del rostro de Merlín que usualmente adornaba el dinero de los magos, estas monedas tenían la imagen de un leprechaun y se reían del que lo sostenía. Así que Ron definitivamente no tenía suerte.
No estaba segura de si el juego estaría al nivel del impresionante espectáculo de apertura, pero se sorprendió con agrado al ver que ese fue el caso. Los jugadores eran tan rápidos como un rayo, empujando los límites de las saetas de fuego y del cuerpo humano, y Viktor Krum era un acróbata aéreo, parándose de manos sobre su escoba durante la vuelta de inicio. La quaffle siempre estaba en movimiento, siendo pasada de un jugador a otro y ocasionalmente interceptada. Sólo llevaban unas cuantas jugadas cuando Irlanda anotó el primer gol.
–¡Sí! –celebró Hermione, junto a Fred y George, no sólo porque su equipo preferido había anotado, pero porque acababan de ganar una de sus apuestas. Su análisis de la defensa de Bulgaria pronto probó ser correcto, ya que Irlanda anotó tres goles más antes de que Bulgaria anotara su primero. A ese punto, las veela comenzaron a bailar, lanzando al estadio en confusión.
Krum y Lynch, los buscadores, se lanzaron en picada a alta velocidad. Hermione gritó con miedo cuando Lynch se estrelló, tal como había sido la intención de Krum. Harry dijo que era algo llamado el amago de Wronski, pero ella pensó que lucía como una buena manera de matar a alguien. Estaba preocupada por lo que había ocurrido a Lynch, pero para su sorpresa, se levantó, montó su escoba de nuevo, y continuó volando. Los magos tenían más resistencia que los muggles, se recordó a sí misma. Ella misma se había beneficiado de esa resiliencia cuando fue lanzada contra la pared por un basilisco gigante y había caminado fuera de ese lugar.
Los búlgaros jugaron más sucio conforme el juego progresó, pero los irlandeses aún avanzaron más en puntaje. Para cuando estaban arriba a ciento treinta contra diez (lo cual hizo feliz a Hermione, Fred, y George porque estaban cerca del rango para ganar su apuesta), ambos equipos estaban peleándose todo el tiempo. Las veela habían distraído al árbitro de manera exitosa, quien había intentado expulsarlas del juego en respuesta. Entonces, cuando el árbitro continuó dando faltas en contra de los búlgaros, los leprechauns se acomodaron en forma de un dedo del medio, y eso en verdad provocó a las veela.
Comenzaron a volar.
Las veela se transformaron en lo que parecían ser harpías, con enormes alas con escamas saliendo de sus hombros, picos puntiagudos en sus cabezas, y lanzando llamaradas de sus manos a los leprechaun, quienes se dispersaron al instante. Sin embargo, las veela llegaron a una barrera que las prevenía de volar a más de diez pies sobre el suelo así que no pudieron interferir con el juego y fueron forzadas a permanecer en el pasto.
Nota para mí misma: nunca provoques a una veela, pensó Hermione.
–¡Y eso, chicos, es por lo que no solo deben prestar atención a las apariencias! –gritó el Sr. Weasley.
El juego continuó incluso mientras magos del Ministerio intentaban capturar a las veela. Irlanda anotó cuatro veces más, poniéndolos con un puntaje de ciento sesenta. Ahora, Bulgaria necesitaría anotar antes de que Krum capturara la snitch para ganar. Hermione y los gemelos estaban al borde de sus asientos.
–¿Creen que Krum la capture? –gritó Hermione.
–En cuanto la vea –dijo Harry sin duda en su voz–. Sabe que no pueden ganar.
Hermione pensaba lo mismo, pero entonces, lo único que podría haberlo estropeado ocurrió: Krum recibió una bludger en el rostro. Pero incluso entonces continuó volando. De repente, Lynch se lanzó en picada, Krum lo siguió, Lynch se estrelló de nuevo y fue pisoteado por veela (eso lucía doloroso), y cuando el polvo se dispersó, Krum tenía la snitch… pero Irlanda había ganado el juego.
La multitud bramó. El campo estaba en caos ante la sorpresa. El Ministro búlgaro reveló que podía hablar inglés y había estado dejando que Fudge pasara una vergüenza todo el día.
–¡Brillante! ¡Nos robaremos esa! –dijeron los gemelos.
Y todas las personas en la tribuna principal fueron introducidas brevemente a ambos equipos. (Krum parecía menos imponente en persona… menos coordinado en el suelo y caminando despatarrado, aunque eso pudiera ser por haber sido golpeado en el rostro por una bludger.)
Finalmente, la tribuna principal se vació lo suficiente para que Hermione y los gemelos pudieran acercarse a Bagman por sus ganancias.
–Vaya, que sorpresa, ¿no lo creen? –dijo con voz rasposa. Lucía algo nervioso–. Hablarán de esto por años. Oh, sí, ahora… ¿cuánto les debo?
–¿Hermione? –dijeron los gemelos con amplias sonrisas idénticas.
Hermione sonrió con gentileza.
–Me debe doce galeones, cuatro sickles, y veinticinco knuts, Sr. Bagman, y a ellos cuatrocientos cuarenta y siete galeones, dieciséis sickles, y dos knuts.
–Cuatrocientos –susurraron Fred y George con asombro.
–Claro, cierto –dijo Bagman. Fingió revisar sus bolsillos–. Pues, no cargo tanto, por supuesto, ¿pero qué tal si me doy una vuelta por su tienda y se los llevo?
Hermione miró a los gemelos con duda, y ellos intercambiaron una mirada.
–De acuerdo –dijo Fred.
–Lo estaremos esperando.
