Neji miró el reloj en la pared de la habitación a donde habían transferido a Tenten, la cual reposaba en la cama, mientras Neji sostenía a su hijo. Lo llenaba una miríada de sentimientos: felicidad, orgullo, amor, preocupación, todas esas emociones y más le provocaban esa pequeña y frágil criatura en sus brazos. A pesar de que su mente no podía dejar de enfocarse en el nuevo integrante de su familia, sus pensamientos viajaban a lo injusto y cretino que había sido con Ino un par de horas antes. Ya había pasado mucho tiempo desde que su prima Hinata había salido para ir a hablar con su segunda esposa, y no había oído noticias de ninguna de las dos mujeres desde entonces. ¿Por qué estarían tardando tanto? Comprendería si Ino no estuviese lista para perdonarlo, sus palabras habían sido muy hirientes, pero ella no pondría su orgullo por encima de estar ahí junto a Tenten, recibiendo al pequeño que aún no habían nombrado.
Tenten miró a su esposo, ahí bajo esa luz imposiblemente blanca característica de un hospital, Neji nunca había lucido tan guapo como lo hacía ahora cargando a su hijo, como el amor y orgullo se reflejaban en su cara, como las líneas de su rostro que normalmente eran duras se suavizaban cada vez que miraba al bebé en sus brazos. Pero había algo más ahí, algo como culpa, pero, ¿por qué Neji se estaría sintiendo culpable? Llamó a su esposo a su lado, y preguntó por fin lo que le estaba molestando. Neji se sentó al borde de la cama, sus hombros levemente caídos, y como sí la pregunta hubiese derrumbado una represa, su esposo le confesó lo que le estaba pesando en ese momento que debía ser solamente de pura felicidad. Cuando terminó de relatar la discusión que se había dado fuera de la sala de partos, Tenten lo miró perpleja. Neji podía ser frío, distante, taciturno, estoico, pero nunca había sido propio de él de ser cruel con los que amaba, esa falla en su carácter había quedado muchísimos años atrás, antes de conocer la verdad alrededor de la muerte de su padre. Una parte de ella sentía cierta gratificación de que Neji la amase tanto como para que la idea de perderla pudiese evocar tal pura emoción en él, pero la mayor parte de ella se sentía indignada con ese comportamiento suyo para con Ino, su amiga no merecía eso.
– Neji, necesitas ir a disculparte en este momento – exigió a su marido.
–Pero no quiero dejarlos, no ahora – protestó. Él sabía que debía enmendar la situación con Ino, pero su corazón también le decía que debía estar ahí presente con su familia.
–Nosotros estaremos bien, él duerme y yo necesito imitarlo. Cuando regreses, vendrás con Ino y podremos celebrar los cuatro juntos – urgió Tenten una vez más.
Neji se levantó y colocó con delicadeza a su hijo en la cuna que estaba junto a la cama de Tenten. Inhaló profundamente, sabía que su esposa tenía razón, pero presentía que la conversación con Ino sería una difícil de tener. Besó la frente de Tenten antes de salir de la habitación, y comenzar su camino de vuelta al complejo de la familia Hyuuga. Tenía veinte minutos para practicar lo que iba a decir.
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La recién nacida se removió en sus brazos, Hinata había conseguido logrado ponerla a dormir poco después de la muerte de Ino, pero ahora la bebé había despertado inquieta, tenía hambre. ¿Qué iba a hacer ahora? No le quedaba de otra que dirigirse al hospital, Sakura sabría que hacer. Pero era ella la que no tenía idea de que iba a hacer. Llevaba horas, mientras supervisaba a la bebé cuando dormía, pensando en como iba a darle semejantes noticias tan agridulces a su primo. Acomodó un pañal de tela que encontró en la alcoba de Ino, junto a una variedad de artículos que su cuñada había estado preparando por meses para la llegada de su bebita, y la arropó con una suave frazada para protegerla del clima. Arropó a la bebé junto a su pecho con uno de esos portabebés que se atan al torso de la madre y que promueven la conexión entre madre y bebé, Hinata se entristeció al pensar que la bebita acurrucada en su pecho jamás conocería el calor de su mamá.
Hinata iba a empujar la puerta para salir del hogar de Neji, cuando notó que alguien abría la puerta desde afuera. Y el corazón de la heredera del clan Hyuuga cayó hasta su estómago, era su primo. Neji miró a su prima, la cual se encontraba de pie en el umbral de su casa, un bulto que no podía identificar amarrado al pecho, cubierto por su chaqueta. Hinata se veía pálida, casi enferma, como si estuviese a punto de desmayarse, sus ojos estaban rojos y húmedos, una de sus manos aferró el bulto sobreprotectoramente. Algo estaba mal. No era solo su prima, la casa tenía un olor muy familiar para Neji, pero no uno que asociaba con su hogar, sino con el campo de batalla. Era el olor de sudor, de sangre… de muerte. El corazón de Neji comenzó a latir descontroladamente, las palmas de sus manos sudaban, iba a confrontar a Hinata, cuando el bulto se empezó a remecer y el sonido de llanto llenó la habitación. Movió la mano de Hinata de encima de la chaqueta, y también retiró la chaqueta, reconoció de inmediato el portabebés que Ino le había mostrado entusiasmada un par de semanas atrás, hablando de endorfinas y oxitocina que se liberaban con el contacto de cuerpo a cuerpo y promovían el vínculo de mamá e hijo. No había sentido la presencia del chakra de Ino en la casa. Las señales en el ambiente y los ojos de su prima, le confirmaban lo que no quería creer, y su cerebro comenzó a racionalizar otras explicaciones. Ino había salido, o quizás nunca había llegado a casa, Hinata estaba camino a buscarla. Como un ciego y sordo, pretendió que el bebé no estaba ahí, ese era el único detalle que no cabía dentro de una de las posibles explicaciones que su cerebro desesperadamente creaba.
– Neji, primo… – trató de llamarlo su prima. Pero Neji parecía no escucharla, y Hinata vio como se dirigía tropezando hacia el lado de la casa que compartía con Ino. El cuerpo de Ino, que Hinata había cuidadosamente limpiado y honrado vistiéndola de blanco, descansaba sobre la cama de la recámara que Ino y Neji compartían. Hinata no había tenido tiempo de limpiar el horror que se había dado en la sala de estar, donde Ino había dado a luz. Neji pasó de largo la escena, sábanas y toallas empapadas en sangre, que se escurría por el piso y el tatami, era imposible que pasase desapercibido pero Neji siguió directo hacia su habitación, lo cual preocupó a Hinata. Su primo estaba en completa negación.
Neji deslizó la puerta de su recámara y ahí la encontró, plácidamente dormida. Estaba tan hermosa así, su cabello rubio en una trenza reposaba sobre su hombro, y estaba vestida de blanco, una manta cubría la mitad de su cuerpo. Neji se sentó al lado de ella y tomó su mano.
–Ino, lo siento, lo que dije en el hospital… – apretó la mano con más fuerza. Ino estaba fría. Neji sintió como su corazón se partía por la mitad –Ino, no, por favor…
Hinata oyó como la voz de su primo se quebraba, Neji quien nunca había demostrado debilidad enfrente de ella, se empezó a derrumbar ante sus ojos, finalmente aceptando la realidad. Hinata sintió como sus propias lágrimas bajaban por sus mejillas, pero deslizó la puerta para darle a Neji un momento a solas. No podía imaginar el dolor y remordimiento que su primo debía estar sintiendo en ese instante, Hinata había escuchado parte de la discusión que la pareja había tenido en el hospital, su primo consumido por la rabia había lastimado profundamente a Ino, pero Hinata lo conocía de toda su vida y conocía el corazón debajo de estoica armadura, y sabía lo mucho que le iba a pesar el no poder nunca enmendar esas erradas palabras. Media hora después, Neji seguía en la habitación, Hinata estaba preocupada por su sobrina, necesitaba llevarla al hospital, pero no quería dejar la casa antes de hablar con su primo. Así que algo apenada, anunció a su primo que iba a entrar. Encontró a Neji acostado en la cama, aferrado de Ino, sus ojos estaban cerrados pero lágrimas surcaban su rostro. A Hinata se le estrujó el corazón, le causaba dolor verlo así, pero en ese momento necesitaba velar por la bebita en sus brazos.
–Neji, necesitamos ir al hospital – se sorprendió a si misma por no tartamudear. Su primo la miró desde la cama, y sus ojos por primera vez repararon en su hija. No supo de donde sacó energía, pero se puso de pie y señaló a los brazos de Hinata. Su prima asintió suavemente y con delicadeza colocó a la pequeña en los brazos de Neji. Y tan pronto como cuando Neji la sostuvo, la bebe dejó de llorar, como si supiese que se trataba de su padre. Abrió sus ojitos azules y buscó el rostro de su protector, y cuando sus miradas conectaron por primera vez, Neji se estremeció y una última lágrima cayó de su ojo.
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Tenten miró como sus hijos entrenaban juntos en el jardín, preparándose para sus exámenes chunin. Era increíble pensar que tan rápido había pasado el tiempo. Su hijo era muy parecido a Neji, pero había heredado su piel tostada y su cabello era más castaño que negro. Su hija, era idéntica a Ino, ni un rastro de su herencia Hyuuga en su cara, a veces a Tenten le dolía verla, con el pasar de los años se iba pareciendo más y más a su madre, y no podía evitar echarla de menos. Verlos practicar juntos, le recordaba a años atrás cuando ella e Ino lo hacían en ese mismo lugar. Como odiaba que Ino no pudiese estar ahí, para ayudarla a criarlos, para ver al hijo que la ayudó a concebir, para sentirse orgullosa de su hija, para amarlos juntas. El cumpleaños de los 'gemelos' se acercaba, al igual que el aniversario de la muerte de su amiga hecha hermana. A pesar de sentir alegría de celebrar un año más de vida de sus hijos, aquel día siempre tenía un eco triste al recordar la ausencia de Ino. La nostalgia la invadía en esos días próximos a la fecha.
–Mami Tenten – la voz de la pequeña rubia la sacó de su añoranza. A pesar de haberla amamantado, cambiado sus pañales, ayudado a dar sus primeros pasos, llevado de la mano a su primer día en la Academia, y estar presente en cada etapa de la vida de su hija, ésta nunca la había llamado mamá a secas, fue una decisión que Tenten tomó por respeto a Ino.
–¿Sí, mi amor? – le preguntó con dulzura.
–Estuve practicando con mi abuelito, y hay algo que me gustaría mostrarte – Inoichi había tomado el deber de entrenar a su nieta en el arte de las técnicas Yamanaka, y por lo que había oído Tenten, era una prodigio, en eso se parecía a su padre.
La niña agarró su mano y cerró los ojos, en un instante una voz familiar que no había oído en muchísimos años resonó en su cabeza, el mensaje fue corto pero tan significativo. Los ojos de Tenten se llenaron de lágrimas y en un movimiento rápido abrazó a su hija con todas sus fuerzas.
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Neji no sabía si llevar a su hija al cementerio en el día de su cumpleaños había sido la mejor decisión como padre, pero se había convertido en su tradición anual: despertaban temprano, paraban en la florería Yamanaka a recoger un arreglo con todas las flores favoritas de Ino, y pasaban la mañana en el cementerio honrando la memoria de su esposa y madre. Por lo general, meditaban en silencio, recitaban oraciones, y Neji dedicaba el resto de su tiempo ahí a compartir alguna memoria de Ino con su hija, con la esperanza de que al menos así pudiese conocer a su madre. Pero esa mañana fue distinta, después de terminar de meditar, su hija agarró su mano. El corazón de Neji dio un salto y se comprimió al mismo instante. En su mente pudo ver el rostro de Ino, el día que dio a luz, su cabello pegado a su frente por el sudor, su cara roja del esfuerzo pero sonriente, estaba viendo a Ino a través de los ojos de su hija el día de su nacimiento.
"Neji, habrán pasado muchos años hasta cuando puedas escuchar esto, pero espero que ni por un instante dudaras de mi amor por ti. Lo que dijiste en el hospital, no eras tú, sé que era el dolor hablando. No sabes lo tanto que me alegra saber que Tenten y el bebé están sanos. Te conozco, y sé que no te perdonarás tus últimas palabras, pero a pesar de que me hirieron, no será lo último que recuerde de ti. Me iré en paz sabiendo lo mucho que me amas y lo mucho que significo para ti, por favor, perdónate por aquella noche, yo ya lo hice. Y mira a esta preciosa niña que creamos, en ella vivirá siempre nuestro amor. Sé que la vas a cuidar y amar tanto, perdóname por no poder hacerlo juntos. Los amo."
El peso de la culpa que había estado cargando por tantos años de pronto se desmaterializó. Instintivamente abrazó a su hija, que lo abrazó de vuelta con tanta dulzura. Padre e hija lloraron abrazados, lagrimas de nostalgia y de felicidad.
–Gracias, mi amor – Neji susurró.
FIN
Pues, qué tal? Después de muchos años pero terminé. Decidí cambiar un poco la escena de Tenten y Neji en el hospital del capítulo anterior, perdón por la confusión, pero la inspiración me pegó así. Este fue uno de mis primeros proyectos en el mundo de Naruto y estoy feliz de haberlo terminado. Gracias a todos los que han sido fiel y leído hasta el final, disculpenme por haberme tomado tanto tiempo. Un abrazo fuerte, Ale.
