El contrato dice que Harry Potter le pertenece a JK Rowling. Yo tengo unos cuantos correos y mensajes que dicen que esta historia le pertenece a White Squirrel.

Notas del autor: ¿En verdad creyeron que Hermione sería un campeón? Sería divertido, claro, pero no hay razón racional para eso. Voldemort necesita la sangre de Harry, y Hermione no le importa lo suficiente (aún) para complicar su plan e involucrarla. Incluso el haberlo hechizado en rostro sólo le consigue un lugar en su larga, larga lista de enemigos.

Notas de la traductora: Curiosamente, en inglés, esta historia es más popular que El Animago Accidental, a pesar de todas las matemáticas involucradas. Yo considero que ambas historias son muy buenas y por eso intento publicarlas de manera simultánea. ¡Espero que las estén disfrutando!


Se sentía el descontento por todo el gran comedor. Harry Potter se encontraba paralizado en su asiento, incapaz de creer lo que había escuchado. Ron lo observó con su boca abierta. Hermione estaba sobándose la frente donde se había golpeado en la mesa, sacudiendo la cabeza con la mirada más exasperada que se le había visto.

–No puse mi nombre –dijo él–. Saben que no lo hice.

Ron no pareció registrar su voz. Hermione sacudió la cabeza con tal lentitud que Harry esperaba que significaba que ella le creía, pero no estaba seguro.

–Harry, por favor ven aquí –lo llamó Dumbledore de nuevo.

–Será mejor que vayas –susurró Hermione.

Harry se puso de pie y caminó a la larga mesa enfrente del gran comedor aturdido. Estaba vagamente consciente de que los susurros se intensificaban, pero no podía comprender nada de lo que se decía. El tiempo pareció perder significado para él mientras Dumbledore lo dirigía a la puerta de la sala donde los otros campeones esperaban.

Cedric Diggory, Fleur Delacour, y Viktor Krum estaban de pie alrededor del fuego, esperando con calma sus instrucciones. La aparición de Harry ciertamente los sorprendió.

–¿Qué pasa, Monsieur Potter? –preguntó Fleur–. ¿Nos necesitan en el comedor?

Harry sacudió la cabeza e intentó responder, pero ningún sonido salió de su boca. De repente, la puerta se abrió de golpe de nuevo y Ludo Bagman entró a la sala. Tomó a Harry del brazo y lo llevó con él, demasiado emocionado para la situación.

–Absolutamente increíble –dijo–. Caballeros, dama, lo más increíble… permítanme presentarles al cuarto campeón del Torneo de los Tres Magos.

Eso definitivamente recibió una reacción. Krum le lanzó una mirada sospechosa. Cedric lucía tan aturdido como Harry. Pero Fleur sonrió.

–Oh, muy gracioso, Monsieur Bagman.

–¿Broma? No, no es broma –dijo Bagman–. ¡El nombre de Harry acaba de salir del cáliz de fuego!

–¿El cáliz de fuego? C'est impossible! Él no pudo poner su nombre

–No puse mi nombre –finalmente escupió Harry.

Bagman no pareció haberlo escuchado. Aún parecía como un niño pequeño la mañana de Navidad.

–No lo hubiera pensado, Monsieur Potter –dijo Fleur–. 'Ermione dice que eres bueno, pero no tan bueno.

Vaya, gracias, Hermione, no pudo evitar pensar Harry. Incluso con los tips de Sirius, aún no era inmune a la influencia veela de la joven.

Dumbledore finalmente entró a la antesala, junto a Karkaroff, Maxime, el Sr. Crouch, la profesora McGonagall, y para la consternación de Harry, el profesor Snape. Fleur se acercó a su directora al instante.

–¡Madame Maxime, Monsieur Bagman dice que Monsieur Potter también va a competir! ¡Debe seg una broma!

–Me temo que no es una broma –dijo la mujer enorme, casi empujando a Fleur al suelo cuando colocó una mano sobre su hombro con fuerza–. Me gustaría una explicación también, Dumbly-dorr.

–Al igual que a mí –dijo Karkaroff en acuerdo–. dijiste que ningún estudiante menor de edad podría entrar.

–Bueno, Potter siempre ha dejado claro que las reglas no aplican a él –dijo Snape.

¿Por qué está él aquí? –se preguntó Harry.

–Gracias, Severus –lo interrumpió Dumbledore con un tono de advertencia. Dio un paso al frente y se inclinó hacia Harry y lo observó con intensidad, como si tratara de leer su mente–. ¿Pusiste tu nombre en el cáliz de fuego, Harry? –preguntó. Su voz era tranquila, pero la intensidad en esos pálidos ojos azules era avasalladora.

–No –dijo Harry.

–¿Pediste a un estudiante mayor que pusiera tu nombre por ti? –Harry soltó un grito ahogado.

–¿Se puede hacer eso? Hermione dijo que la línea de edad...

–¿Revisaría tu edad en el registro de la escuela? Sí, o eso pensé, por lo menos para los estudiantes de Hogwarts.

–Entonces debiste cometer un error –sugirió Madame Maxime.

–Lo dudo –gruñó otra voz. El profesor Moody salió de entre las sombras con el golpeteo de su pierna de madera. Harry dio un salto. Estaba casi seguro de que Moody no había estado ahí antes–. Todos sabemos que Albus no es tan descuidado.

–¿Entonces cómo entró Potter al torneo? –demandó Karkaroff.

–Es obvio, ¿no es así? –dijo Moody, lanzando una mirada más sospechosa de lo normal al director de Durmstrang–. El cáliz fue preparado para un torneo de tres escuelas… tres. Alguien debió meterse con él para lograr que escupiera cuatro nombres… probablemente usaron un Confundus. Entonces, quien sea que lo haya hecho puso a Potter como estudiante de una cuarta escuela. Y si la línea de edad sólo revisó a los estudiantes de Hogwarts...

–No hubiera revisado el nombre de Harry. –El rostro de Dumbledore se ensombreció cuando se dio cuenta de lo que no había notado.

–Lo cual sólo dice que un estudiante mayor lo ayudó –dijo Karkaroff.

–¿Lo dice? –dijo Moody–. ¿Un simple estudiante lanzó un Confundus tan poderoso que engañó al cáliz? No. Piénsenlo: El nombre de Potter en el cáliz fue puesto por alguien con magia avanzada que garantizaba que saldría de nuevo. Suena a una amenaza.

Harry no creía que pudiera ponerse más nervioso, pero aparentemente, no era lo suficiente paranoico. Alguien intentando matarlo obligándolo a competir en el torneo sonaba exactamente como algo que le pudiera pasar a él.

–Una posibilidad que debemos considerar, sí, Alastor –dijo Dumbledore–. Pero en cualquier caso, estoy de acuerdo con tu teoría. Dudo que cualquier estudiante en esta escuela pudiera confundir al cáliz de ese modo.

–¿Incluso la chica Granger?

–¡Hermione nunca haría eso! –gritó Harry. Todos dirigieron sus miradas a él.

–Aun cuando la señorita Granger ha hecho cosas más imposibles que cualquier otro estudiante excepto el señor Potter, estoy de acuerdo con eso –dijo Dumbledore–. La señorita Granger no pondría a su amigo en tal riesgo.

–Estoy de acuerdo –dijo Madame Maxime–. Mademoiselle Granger es una estudiante modelo y se preocupa mucho por el bienestar de sus amigos. Ahora, esta discusión ha sido bastante iluminante –dijo Madame Maxime–, pero no resuelve nuestro problema. Monsieur Crouch, Monsieur Bagman, ustedes son los jueces imparciales. ¿Cuál es su decisión?

El Sr. Crouch se enderezó con importancia y habló al grupo:

–Las reglas son claras. El cáliz de fuego constituye un contrato mágico inquebrantable. El Sr. Potter… debe competir.


Mientras Harry estaba atrapado con los poderes que decidirían su destino, Hermione estaba llegando a conclusiones bastante similares.

Punto: No había manera de que Harry pondría su nombre deliberadamente para participar en el torneo o se lo pediría a alguien.

Punto: Aunque no conocía los detalles, estaba segura de que se necesitaría a alguien con gran habilidad para sobrepasar las salvaguardas de Dumbledore.

Punto: Si fue un estudiante de Hogwarts quien lo hizo, eso los hacía obviamente lo suficiente buenos para competir, ¿y por qué pondrían el nombre de Harry y no el suyo? No incrementaría la posibilidad de que Hogwarts ganara. Si fue un profesor de Hogwarts, que conocía a Harry por lo menos de pasada, deberían saber que no podía competir contra Cedric en un concurso justo. Si querían arreglar el torneo, ¿por qué no hacerlo en favor e Cedric?

Por lo tanto, alguien había puesto el nombre de Harry en el cáliz esperando que no ganaría.

Por lo tanto, la vida de Harry estaba en peligro. De nuevo.

Llegó a esta conclusión cuando Dumbledore envió a los estudiantes a sus dormitorios. Sin embargo, no regresó con los otros estudiantes de Beauxbatons. En su lugar, siguió a los Weasley parte del camino a la torre de Gryffindor, esperando poder encontrar a Harry de nuevo antes del toque de queda.

Pero mientras caminaban, Ronald Weasley estaba siguiendo un hilo de ideas diferente.

El nombre de Harry había salido del cáliz de fuego. ¿Cómo lo había hecho? Se preguntó Ron. ¿Lo había hecho él mismo? De repente, Ron no se sintió muy seguro de sí mismo. Harry había hecho cosas sorprendentes antes, pero nada como eso. Bueno, sí, había demostrado su habilidad para el quidditch en su primer año, pero eso había comenzado con esa pelea contra Malfoy. Y sí, se lanzaba al peligro bastante, pero eso era siempre porque alguien se encontraba en peligro primero. Harry no era un creído… no de ese modo, ¿verdad? Ron se encontró pensando sobre muchas cosas a las que nunca había prestado atención antes. No era una buena sensación. Estaba preocupado por su mejor amigo, pero al mismo tiempo, ¿y si en verdad había encontrado una manera de entrar al torneo?

Ron fue sacado de sus pensamientos por un grito de su hermano.

–¡Eso fue brillante! –exclamó Fred–. ¡La mejor broma de todas!

–O por lo menos la mejor que hemos visto en todo el año, y eso incluye que Malfoy fuera convertido en un hurón –agregó George.

–Me pregunto cómo lo hizo –continuó Fred–. Nosotros ni siquiera pudimos pasar la línea de edad.

–Quizás cambió el registro de la escuela, como Hermione dijo –respondió George–. Hermione, ¿tú qué crees?

–No creo que lo hiciera –respondió ella con firmeza.

–Es genial, ¿no lo creen? –dijo Angelina Johnson, ignorando las palabras de Hermione–. Desearía haber sido elegida, pero por lo menos tendremos a un Gryffindor en el torneo.

–Oh, sí. ¡Yo digo fiesta en la sala común! –dijo Fred.

–¡Yo te apoyo! –dijo George.

–¡Él no lo hizo! –protestó Hermione–. ¿Qué nadie vio su cara? Creo que podría haber notado si mi mejor amigo hubiera entrado a un concurso peligroso. Probablemente está muy asustado, y no apreciará una fiesta.

Pero sus palabras cayeron en oídos sordos. Casi todo Gryffindor estaba muy emocionado porque uno de ellos había sido elegido como campeón para pensar en otra cosa… ciertamente no sobre si Harry había entrado por sí solo. Su entusiasmo sólo sirvió para hacer que Ron se sintiera más confundido. Podía usar la lógica tan bien como un maestro de ajedrez. Todos parecían creer que Harry había entrado al torneo… todos en la casa de Harry. La mayoría de sus amigos. Hermione no lo creía, pero no había estado ahí en todo el año. Había estado durmiendo con las otras chicas francesas anoche, y había estado hablando con sus otros amigos durante la mayor parte del día. Muchos Gryffindor habían estado rodeando el cáliz todo el día. Seguramente alguno sabía qué había ocurrido con seguridad y diría si Harry no había estado ahí… aun cuando le parecía extraño que él fuera por un premio de ese modo, especialmente sin decirle a Ron.

Pero era un premio. Venía con dinero, gloria, y, por lo que se escuchaba, bastante atención femenina.

–Oh, sería maravilloso si ganara –dijo la sonriente Lavender Brown.

–¿Crees que podría? –preguntó Parvati Patil.

–Claro. Sólo mira lo que ha hecho. ¿No lo crees, Hermione? Dijiste que luchó contra todos esos dementores, y mató a ese basilisco, y también estuvo ese asunto con Quirrell...

–Pero tuvo ayuda para todo eso, Lav –protestó Hermione.

–Quizás, pero no has visto lo bien que le está yendo en Defensa este año. Es muy bueno.

–También parece que todo ese quidditch finalmente está dando resultados –agregó Parvati, y tanto ella como Lavender soltaron una risita conspiratoria.

Ron sintió un golpe en el estómago. Había estado ahí para todas las aventuras de Harry. Había hecho casi tanto como él. Y aun así era Harry de quien hablaban las chicas lindas como Lavender y Parvati… y todos los demás, realmente… algo que comenzaba a importarle bastante este año. Intentó decirse a sí mismo que no era culpa de Harry, pero era difícil.

Y ni siquiera tenían quidditch este año. Ni siquiera podía unirse ahora que Oliver Wood finalmente se había graduado. Eso no era justo. Quizás no era culpa de Harry, pero definitivamente no era justo...

–¡Ronald!

Se detuvo, dándose cuenta de que Hermione había estado llamando su nombre por un tiempo.

–¿Eh? –dijo él.

Dije, ¿tú no crees que Harry puso su nombre, verdad?

–Pues, no sé –dijo tentativamente–. ¿Por qué no le preguntas cuando regrese?

–¡Ron! –exclamó ella–. No puedes crees que Harry… ¡y ustedes dos! –Señaló a los gemelos–. Harry podría morir en este torneo, especialmente considerando que está diseñado para personas tres años mayores que él. Lo menos que pueden hacer es preocuparse un poco por eso.

Fred y George lucieron algo apagados ante la idea… sólo un poco. Eran Fred y George, después de todo. Pero Ron parecía más molesto cuando insistió con él más que con nadie más.

–Mira, no lo sé, Hermione –soltó él–. Hablaré con él cuando regrese.

–Oh, de acuerdo –dijo ella, esperando que se tranquilizara antes de que Harry llegara a él.

–Está bien, Hermione. Yo te creo –dijo una voz suave. Ginny colocó una mano reconfortante sobre su brazo. Hermione suspiró.

–Gracias, Ginny.

–Estoy segura de que Ron lo entenderá.

–Eso espero. Parecía muy molesto por algo.

–Bueno, tú sabes cómo es Ron… Hermione, tengo miedo –dijo la joven más pequeña–. Tienes razón. Harry podría morir en esto. ¿Hay algo que puedas hacer?

Hermione se había estado preguntando eso por los últimos diez minutos.

–No lo sé… –dijo–. Pero pensaré en algo. Tú adelántate. Voy a esperar a Harry en el camino.

–¿Segura?

–Sí. Anda.

Ginny se dio la vuelta y siguió a sus hermanos. Hermione, por otro lado, se metió en el aula vacía más cercana.

–¡Dobby! –llamó.

¡Pop!

–¡Señorita Hermione! ¡Señorita Hermione! –dijo el elfo–. Los otros elfos están diciendo que Harry Potter fue elegido para el torneo.

–Sí, Dobby, lo fue.

–¡Entonces Harry Potter está en peligro, señorita! ¡Debemos ayudarlo!

–Lo sé. Voy a intentar ayudarlo. ¿Cuáles son mis opciones para quedarme en Hogwarts el resto del año?

Dobby palideció y miró abajo, jugando con sus manos.

–Los padres de la señorita Hermione no lo permitirán –dijo él–. Las órdenes de Dobby son evitar que lo intente. Y el profesor Dumbledore preguntaría a sus padres también.

–Es lo que pensé –suspiró. No podía ocultarlo. Recitó las órdenes de Dobby en su cabeza de nuevo. No creía poder encontrar algo que explotar, y aún si lo hacía, no podía imaginar poder transferirse de regreso a Hogwarts sin que sus padres lo aceptaran. Incluso si Dumbledore tenía la autoridad de forzarlo, estaba segura de que no lo haría… por lo menos no a menos que ella probara poder ayudar a Harry en el torneo más allá de lo que él podía obtener de los estudiantes mayores.

–De acuerdo, entonces, no puedo regresar a quedarme –concluyó–. ¿Qué tal si pido a mamá y papá si puedo visitar para cada una de las pruebas? Probablemente podría estirar las reglas y tomarme unas cuantas libertades para obtener unos días extra cada vez. –No le agradaba la idea de abusar la confianza de sus padres, pero el ver a Harry en este tipo de peligro… si es que no podía escaparlo… cambió su perspectiva bastante rápido.

Dobby se mordió su labio nervioso. Era una extraña expresión en un elfo. Hermione estaba segura de que debió adoptar el hábito de ella… o quizás de su mamá.

–Dobby piensa que aceptarían las visitas, señorita –dijo–, pero dicen que Hogwarts es peligroso. Dobby fue ordenado a decirles cuando regresa.

–Rayos, no lo había pensado. –Dobby tendría que decir a sus padres sobre esos días extra (sin mencionar las clases que tendría que saltarse, pero estaba segura de que podría ponerse al corriente si trabajaba en eso), y seguramente no estarían muy de acuerdo con eso. ¿Podría buscar una manera de evitarlo? No tenía que romper las reglas, sólo torcerlas un poco. Había una manera, pensó, aunque odiaba tener que llegar tan lejos–. Dobby, por favor tráeme una copia de tu contrato –dijo con resignación.

Dobby palideció, pero aún tenía que obedecer sus órdenes. Asintió con un chillido y desapareció. Unos minutos después, regresó con un largo trozo de pergamino y se lo entregó con manos temblorosas.

–Gracias, Dobby.

–Sí, señorita… –dijo él preocupado. Finalmente, habló–, la señorita Hermione no va a d...despedir a D...Dobby… ¿verdad?

–¿Qué? No, Dobby, esa no fue mi idea –le aseguró–. Estoy buscando algo más. –Buscó en el contrato por la provisión que quería y con cuidado buscó por cualquier cosa que pudiera arruinar su plan–. Ah, ahí está –dijo–. Mira. Mis padres son mis guardianes y todo eso, pero desde un punto de vista legal, las órdenes de mi papá toman prioridad porque él es quien te está pagando, y eso es lo que está escrito aquí. Pero ahora que tengo mis patentes en esos kits de pociones, estoy ganando el suficiente dinero de las regalías que puedo pagarte yo. Ahora, mira. –Señaló otra sección–. Porque te estoy pagando lo que los muggles consideran un sueldo explotador, te dimos una provisión muy generosa para que te fueras. Básicamente, puedes renunciar tu puesto en cualquier momento sin anticipación con sólo informar a alguno de nosotros. Me aseguré de mantener esa provisión en tu contrato con Beauxbatons también.

–Ahora, esto es lo que estoy pensando. Si Harry no puede escapar el torneo, cancelas tu contrato ahora informándome. Entonces, te contrataré de nuevo en un contrato que me pone a mí como tu único patrón. De ese modo, mamá y papá no tendrán que firmarlo, y nunca tendrán que saberlo. Harás casi lo mismo, pero no tendrás que notificarles mis viajes.

Los ojos de Dobby se abrieron ampliamente, sorprendido de que la señorita Hermione hubiera pensado algo tan ingenioso. Brevemente se preguntó si no hubiera estado en Slytherin si fuera sangre pura. Pero entonces, él vio otro problema y miró a sus pies de nuevo con vergüenza.

–Pero señorita Hermione –dijo–. Sus padres se darán cuenta. –Hermione frunció el ceño.

–¿Qué quieres decir?

–Con la magia élfica, Dobby sólo puede usar la traza en sus amos o patrones. Si usted es la única patrona de Dobby, sus padres se darán cuenta si llaman a Dobby y no los escucho.

–Tsk. –Ese era otro problema que no había anticipado. ¿Cómo podría salirse de ese? ¿Otra mentira? ¿Decirles que Dobby había renunciado para ayudar a Harry? No, Dobby era tan devoto a ellos ahora como lo era a Harry. No lo creerían. Además, se preocuparían por perder su cuidado de ella. ¿Qué sabía sobre la traza élfica? Sólo funcionaba con amos y patrones. Dejaba que Dobby los escuchara y fuera a ellos cuando era llamado. Para amos, funcionaba en cualquiera en la familia, pero para patrones, sólo funcionaba con aquellos en el contrato… y dependientes de ellos, supuso, pero no podía poner a sus padres como dependientes de ella. Los elfos de Hogwarts estaban unidos al castillo y podían trabajar en cualquier lugar en la escuela y los terrenos… al castillo.

–Dobby, esta traza élfica… en lugar de ponerla en mamá y papá, ¿puedes ponerla en la casa mejor? Es oficialmente donde vivo, después de todo. –El elfo se iluminó ante eso.

–Sí, señorita, Dobby puede. ¿Cree que eso funcione?

–Sí, o por lo menos tiene una buena oportunidad. Mamá y papá no pueden llamarte en ningún otro lado excepto la casa o se arriesgan a que seas visto. Si pones la traza en la casa para que puedas escucharlos ahí, entonces nunca se enterarán de que nuestro arreglo cambió.

Dobby sonrió ampliamente y abrazó sus piernas.

–Oh, Dobby está honrado de trabajar para una bruja tan inteligente –dijo–. Sé que la señorita Hermione podrá ayudar a Harry Potter.

–Pues, ciertamente haré lo que pueda. Comenzaré a escribir los contratos nuevos. Tú quédate en la puerta y jala a Harry dentro en cuanto pase.

Por suerte, Hermione aún tenía los documentos de cuando habían contratado a Dobby por primera vez. Se aseguró de mantener todo en caso de que alguien intentara encontrar una irregularidad en su arreglo inusual. Así, fue trivial copiar todos los formularios que necesitaba. Un poco después, escuchó un grito en la puerta, y Harry se tambaleó al aula con una expresión de desconcierto en su rostro.

–¿Hermione? –dijo él.

–¡Harry! –Ella saltó y lo abrazó. Él parecía necesitarlo–. ¿Qué pasó abajo? –Su rostro se ensombreció.

–Tengo que competir.

Por supuesto que sí –resopló ella–. ¿No había manera de que te salieras de eso?

–No. El cáliz es un contrato mágico inquebrantable o algo así. Tengo que competir o enfrentar la penalidad.

–¿Cuál es la penalidad?

–No lo sé, pero suena mal.

–Pero entraste en contra de tu voluntad. Eso debe de ser considerado como mala fe o algo así.

–No creo que importe.

–Pues… pues… ¿no pueden volver a sacar los nombres?

–Nop. También lo pregunté. Pero el Sr. Crouch dijo que la decisión del cáliz es final hasta el siguiente torneo. Lo siento, Hermione. Incluso Dumbledore no pudo sacarme. –Hermione dio un paso atrás.

–Pues… eso es todo. –dijo.

–¿Qué es? –preguntó Harry.

Pero Hermione ya estaba tomando los pergaminos.

–Dobby –dijo, entregando una pluma al elfo–. Firma aquí, por favor… y aquí… y aquí… y tu inicial aquí. Bien. Ahora, mueve mis cosas a la sala de los menesteres, por favor… sólo por esta noche, por supuesto. Después, toma el subcontrato a Madame Maxime para que lo firme, y serás reinstalado. Y aquí está tu paga para que permanezcas conmigo el resto de la semana. –Le entregó un galeón.

–Sí, señorita Hermione. –Dobby tomó el pergamino y desapareció.

–Hermione, ¿qué está pasando? –dijo Harry.

–¿Qué parece que está pasando? Voy a ayudarte a sobrevivir el torneo.

–¿Qué? Pero… pero tus padres...

–Les pediré que me dejen visitar los días de las pruebas, pero arreglaré las cosas para poder pasar unos días más aquí antes de cada una para ayudar a prepararte.

–¿En verdad? ¿Cómo?

–Pues, para empezar, voy a esconderme en la sala de los menesteres esta noche y "accidentalmente" perder mi traslador de regreso a Francia en la mañana. Estoy muy perturbada porque fuiste elegido, tú sabes. Eso me dará unos días mientras organizan otro, y yo puedo buscar una manera de regresar cuando quiera. ¿Crees que Sirius me ayude?

–¿Sirius? Yo… supongo. Creo que le agradas. –La cabeza de Harry daba vueltas. Típico de Hermione, su amiga de ahora cabello rizado ya había descubierto lo que estaba ocurriendo y formulado un plan para hacer algo al respecto en el poco tiempo que le tomó a él registrar que estaba en grandes problemas.

–Genial. Querrás escribirle mañana en la mañana, por supuesto.

–Eh… cierto… –dijo él. Y antes de poder detenerse, agregó–, Hermione, ¿por qué estás haciendo esto?

–Harry… lamento que te esté pasando esto. Siempre eres tú. Tengo el presentimiento de que voy a tener que salvar tu vida tres veces más este año, y necesito estar aquí para poder responder con rapidez… Eres mi mejor amigo, Harry. No puedo abandonarte en un desastre como este. –Harry dio un paso al frente y abrazó a Hermione con cautela.

–No tienes que hacer todo eso –dijo él–. Yo no he sido tan buen amigo para ti.

–Tonterías. Eres un amigo maravilloso. ¿Estás hablando del invierno pasado? –Él le lanzó una mirada incómoda, y ella sacudió su cabeza–. Todos los amigos pelean a veces. Haz estado ahí para mí más que nadie más… desde el troll. Sabes… eso fue hace tres años esta noche, y a pesar de todo lo que ha pasado, no cambiaría estos tres años por nada.

–Gracias, Hermione –dijo él–. Aunque desearía poder pagarte por todo lo que has hecho.

–Sólo permanece con vida, Harry. Eso es suficiente para mí. Ahora, será mejor que te vayas a dormir. Te ves cansado.

–Eh, sí, cierto. –Dejaron el aula juntos, y Harry realizó una pregunta más. –Oye, Hermione, ¿ no crees que puse mi nombre en el cáliz, verdad?

–¡Por supuesto! Sé que no harías eso… Pero, eh...

–¿Qué?

–Pues… creo que Ginny es la única que tampoco cree que lo hiciste.

–Genial. ¿Ron? ¿Fred? ¿George? –Hermione negó con la cabeza.

–Sabes cómo son los chicos… sin ofender. Sé que debe de ser difícil para ti. Después de todo, hay una gran posibilidad de… bueno, de que todo esto sea un plan para matarte. –El rostro de Harry se ensombreció.

–Eso fue lo que dijo el profesor Moody –le dijo–. Esperaba que alguien hubiera puesto mi nombre para hacerme ver como un tonto. –Hermione lucía perpleja.

–¿Quién? –dijo.

–No lo sé. ¿Malfoy?

–No, él preferiría que murieras. Lo siento. Todo está torcido. Sólo… no dejes que te moleste esta noche. Ya veremos qué hacer en la mañana.

Harry asintió y continuó a la torre de Gryffindor, sin anticipar el entusiasmo y las felicitaciones erróneas que lo esperaban ahí.

Era una casa de locos dentro de la sala común. Todos lo felicitaron por ser seleccionado para el torneo… o por lo menos todos los que fueron a la fiesta, aunque si lo admitía, era una gran mayoría. Incluso así, nadie escuchó nada de lo que dijo, sin importar cuantas veces intentó negar que puso su nombre en el cáliz. Lo más que recibió fueron guiños y codazos amistosos en respuesta. Harry no podía creer que fuera posible que tantas personas en el mismo lugar fueran capaces de ignorar a la persona a la que se suponían celebraban. Apenas y pudo alejarse de ellas para subir a la cama.

Para su alivio, Ron ya estaba en el dormitorio.

–¿Dónde estabas? –demandó Harry.

–No tenía humor para una fiesta –dijo Ron–. ¿Y cómo lo hiciste?

–¿Qué?

–¿Pusiste tu nombre?

–No, por supuesto que no.

Ron entrecerró los ojos y le lanzó una mirada escéptica. El rostro de Harry se ensombreció.

–¿No me crees, verdad? ¿, Ron?

–No lo sé –insistió el pelirrojo–. Es extraño… muy extraño. No veo razón por la que no me lo puedas admitir. Pero aun así, ¿cómo pudo salir tu nombre del cáliz si tú no querías participar?

–No lo sé. Tampoco Dumbledore.

–¿Pero qué no eso, tú sabes, te descalificaría de ser el mejor candidato si no querías participar? –Harry sacudió los hombros.

–Quizás. Pero no fui metido bajo Hogwarts. Fui metido bajo otra escuela.

–Qué conveniente, ¿no lo crees?

–¡Ron! ¿En serio? No puse mi nombre.

–No lo sé. Pensé que te comprendía, pero ahora no estoy tan seguro. Quiero decir, estabas hablando de lo agradable que sería ganar el torneo.

–¿Qué? ¡Eso es ridículo! Claro, sería genial, pero nunca lo hubiera intentado. No tengo oportunidad contra Cedric.

–¿Seguro? Siempre pareces salir de problemas difíciles.

–Porque tenía ayuda. Y tuve suerte. ¿Cuál es tu problema, Ron?

–¡Nada! –soltó él–. Sólo quiero saber porque las cosas no tienen sentido. No pensé que entrarías al torneo, ¿pero por qué te metería alguien más? –Harry lo miró con enojo.

–Tal vez para matarme –dijo. Ron elevó las cejas, pero no respondió–. Hermione sí me cree. –agregó Harry.

–Sí, bueno, esa es Hermione. No es la única que puede ser inteligente.

–Pues no estás haciendo un buen trabajo.

–Lo que sea –dijo Ron. Cerró su cortina para evitar que Harry continuara la conversación. Pero aun así, el pelirrojo se preguntó porque se sentía tan incómodo al respecto.