Lo mismo de siempre. No es mía, no es de él.

Notas del autor: Sí, sé que Ron está siendo un tonto. Intenté que fuera un poco más intelectual que en la historia original considerando sus diferentes acciones en este fic, pero sí, aún es un tonto celoso. No ha tenido las crisis introspectivas que Hermione y hasta cierto punto Harry han tenido que los han ayudado a madurar. Menciono esto porque había considerado que no fuera un tonto en esta historia, pero me di cuenta de que necesitaba algo así para que madurara. Verá la luz, pero Harry no lo perdonará tan fácil como en la historia original, porque eso sólo haría que no aprendiera de esto.


Capítulo 68

Harry se despertó la mañana del primero de noviembre sintiéndose agotado, miserable, y muy preocupado. Le tomó un momento recordar porque, y entonces le llegó: el cáliz, el torneo, la fiesta bastante insensible que sus compañeros en Gryffindor habían organizado para él anoche, el que Ron no le creyera, ni ninguno de sus compañeros, excepto por algunas palabras amables de Ginny. La promesa de ayuda de Hermione.

Gruñó y se tambaleó fuera de la cama. Quería hablar con Ron de inmediato, pero ya había bajado a desayunar. Harry en verdad no quería enfrentarse a la escuela en el comedor, pero no había mucho más que pudiera hacer.

Cuando llegó al comedor, sintió las miradas de toda la escuela sobre él. Los Slytherin le lanzaban miradas de molestia, lo cual era de esperarse, pero no estaba acostumbrado a que la mayoría de los Hufflepuff lo miraran así también. Estaba seguro de que sentían que les había quitado su momento cuando su nombre fue llamado después del de Diggory. Ravenclaw sólo le lanzó una mirada sospechosa, mientras que algunos de sus compañeros en Gryffindor celebraron de nuevo cuando entró al comedor. Eso no ayudó con su ánimo. Localizó a Ron y se sentó a su lado con pesadez. Su amigo pelirrojo se dio la vuelta para enfrentarlo sin palabras.

–Así qué, ¿estás listo para ser sensato sobre el cáliz? –demandó Harry.

–Pues...

–¡Ron!

–Mira –lo interrumpió–, no sé si entraste o no, pero entiendo que de cualquier modo vas a necesitar toda la ayuda que puedas. Quiero decir, se supone que es para que los de séptimo hagan cosas. Así que dime cual es la primera prueba y te ayudaré con una estrategia o algo.

Harry suspiró sabiendo que no debía soltar su frustración en sus amigos, pero estaba bastante molesto porque Ron aún no le creía.

–Pues, eso sería genial, Ron –gruñó–, excepto que no nos dijeron qué es la primera prueba.

–Oh, claro –se quejó Ron–. Pensé que quizás podría hacer algo. Supongo que en verdad tendrás que hacerlo solo. ¿Qué no, pues, debería de ayudar toda la escuela? ¿Qué no es ese el punto? –Eso era sorprendente perceptivo de Ron.

–Oye, no me culpes a mí –soltó Harry–. Yo no hice las reglas.

–¿Pero cómo se supone que puedes competir? No sabes ni la mitad de los hechizos de Diggory.

–Vaya, gracias, Ron.

–Bueno, es cierto.

–Hermione va a intentar inventar algunos para mí. Eso debería ser un buen comienzo, ¿no crees?

–Eso creo –gruñó Ron–. Por supuesto que ella puede ayudar.

–Ey, ¿qué no es algo bueno que tu mejor amiga pueda inventar hechizos para sacarte de problemas difíciles? –dijo Harry–. Es bastante amable de su parte el ayudarme de ese modo, ¿no lo crees? Especialmente considerando que va a una escuela rival ahora. Pero si tienes algún truco bueno con runas que pueda usar, lo tomaré también.

–¿Truco con runas? –dijo–. No hay mucho que puedas hacer cuando no sabes lo que viene, por lo menos con lo que Babbling nos ha enseñado hasta el momento.

–Pues, eso es todo, entonces. Lo siento, pero no hay más por hacer, creo.

Ron sólo se dio la vuelta y no dijo más. Ya era suficiente malo, pensó Ron, que había pasado la noche cuestionando todo lo que sabía sobre su amigo, pero ahora, ni siquiera podía ayudarlo. Era un buen jugador de ajedrez y un buen estratega por eso. Incluso sus hermanos lo admitían. Pero era inútil cuando no sabía lo que venía. (Asumió que Harry realmente no lo sabía tampoco. No lo intentaría solo… ¿verdad?) Era lo mismo con las runas, para lo cual se estaba volviendo bastante bueno. Y claro, Hermione podía inventar hechizos nuevos en cualquier momento. Ron sólo continuaba recibiendo lo peor de todo.

Hablando de Hermione, Ron se sorprendió al verla regresar al gran comedor. Lucía cansada y desarreglada, como siempre lucía cuando no había dormido bien, y aun así, lograba verse bien en el uniforme de Beauxbatons.

Ron tenía que admitir que con la manera en la que Hermione se había arreglado este año, era una chica bastante atractiva. Ya sabía que era una mujer, pero vaya, nunca se había dado cuenta de lo mucho que los uniformes de Hogwarts escondían. El uniforme de Beauxbatons de Hermione le daba más justicia.

Se sentó enfrente de Harry y de inmediato comenzaron a hablar de algo que Ron no tenía idea.

–Lamento haber llegado tarde, Harry. Tenía que comenzar tarde esta mañana para poder perderme el traslador. ¿Cómo te sientes?

–Oh, no muy mal –dijo Harry sarcásticamente–. No es como si estuviera luchando contra Voldemort de nuevo.

–Harry, no deberías hablar así –lo regañó ella–. ¿Has ido ya a la lechucería?

–No, iba a ir después del desayuno.

–Bien. Yo iré también. Necesito enviar una lechuza a mamá y papá. Dile a Sirius que responda de inmediato. Necesito hacer mis arreglos bastante rápido.

–Ejem –se aclaró Ron su garganta con fuerza. ¿Perder el traslador? ¿Lechucería? ¿Arreglos? Pensó. ¿En verdad me he perdido de tanto?–. ¿Alguien quiere explicarme qué está pasando? Pensé que ibas a regresar a Francia.

–¿No te dijo Harry? –dijo Hermione–. Lo estoy ayudando con el torneo. "Accidentalmente" perdí mi traslador esta mañana. Me enviarán en uno nuevo el viernes. Eso me dará suficiente tiempo para arreglar una manera de regresar con la ayuda de Sirius y ayudar con las pruebas. Intentaré visitar unos cuantos días antes de cada una.

–Oh… me lo podrías haber dicho –dijo Ron.

–Pues, no estabas siendo muy sociable anoche –respondió Harry.

–Chicos, este no es momento de pelear –interrumpió Hermione.

–Oye, estoy intentando ser amigable… –comenzó él.

–Oye, Hermione –dijo George cerca–, pensé que tus papás obligaban a Dobby a reportar tus movimientos. –Lo dijo en broma, pero Hermione podía escuchar la preocupación en su tono.

–Oh, ajustamos sus contratos anoche –respondió ella–. Le estoy pagando directamente de mis ganancias de los kits de pociones.

–Por supuesto que lo haces –murmuró Ron. Hermione le lanzó una mirada penetrante–. Debe ser agradable, tener suficiente dinero para poder contratar a un elfo al instante. No todos pueden hacer eso, sabes.

–Uj. Pues, perdóname por estar más preocupada por la seguridad de mi mejor amigo –se quejó ella–. Y de cualquier modo, tus padres no te sacaron de este lugar. no tienes que preocuparte de escabullirte a sus espaldas para poder ayudar.

–Porque no podemos pagar el ir a otro lugar –respondió él.

–Oh, vamos, como si quisieras ir a otro lado –intervino Fred.

–Comienza a sonar tentador –dijo Ron.

Los gemelos le lanzaron miradas escandalizadas, pero nadie pareció tener una respuesta a eso, así que continuaron comiendo. Harry aún era el objeto de susurros por todo el gran comedor, pero hizo lo que pudo por ignorarlos. Ginny ofreció unas cuantas palabras reconfortantes, pero tampoco sabía que decir.

Un poco después llegó el correo, y Hermione se sorprendió cuando una lechuza dejó caer una revista delgada enfrente de ella. La miró y se dio cuenta de que era la edición más reciente de Anales de Aritmancia. Entonces, la examinó más de cerca y vio que uno de los artículos tenía el título de TRATAMIENTO ANALÍTICO DE ENCANTAMIENTOS DE EXTENSIÓN USANDO GEOMETRÍA NO-EUCLIDIANA por H.J. Granger y S.O. Vector.

–Vaya, me había olvidado por completo de esto –dijo–, mi artículo iba a ser publicado hoy. –Ron la observó con incredulidad.

–¿Se te olvidó? –dijo–. Publicas tantos artículos que se te olvidan cuando salen.

–Oh, Ronald… sólo… ¡cálmate! Podemos preocuparnos de esto cuando no haya planes nefastos en marcha.

–De acuerdo –dijo él, pero Ron no estaba feliz. Había sido mejor amigo de Harry por tres años, y Hermione también había sido una buena amiga, y ahora se sentía como si lo estuvieran dejando atrás. Harry era rico y famoso y ahora recibía toda la atención por ser seleccionado para el torneo. Mientras que Ron, no podía ayudar a Harry esta vez, y las personas nunca parecían reconocer sus logros cuando ayudaba a Harry de todos modos. No había quidditch este año para poder hacer su nombre en el campo, y aunque Ron era un buen estudiante cuando ponía el esfuerzo, Hermione era muy superior académicamente, y ahora, ganaba su propio dinero gracias a eso. Incluso Fred y George apenas comenzaban a hacer eso.

¿Cómo había llegado a ese punto? Se preguntó. Harry y Hermione parecían más cercanos que antes a pesar de que Hermione había cambiado de escuelas, y aparentemente, ambos habían ido y creado un plan elaborado sin decirle.

Y si se era honesto, ¿podía culparlos? ¿Cómo podía mantener el paso de esos dos? No había derrotado a un mago malvado cuando era un bebé, y no tenía el cerebro para ser el mejor en ninguna materia, mucho menos publicar ensayos. Ron estaba acostumbrado a sentirse… insuficiente, probablemente era la palabra. Era parte de ser pobre, pensó, pero ahora, era difícil no verse a sí mismo como un estorbo que no podía compararse con sus amigos.

Apenas y notó que se había separado de los otros dos después del desayuno y fue a clase solo, ahogándose en sus pensamientos.


Queridos mamá y papá:

Les informo ahora para que Dobby no tenga que hacerlo. Me quedé dormida esta mañana y me perdí mi traslador de regreso a Francia. Lo siento mucho, pero no es de gran importancia. El Ministerio me enviará uno al finalizar la semana, y ya le pedí a Madame Maxime que informa a los maestros en Beauxbatons que envíen mis tareas por lechuza. No tengo clases aquí, así que tengo tiempo de ponerme al corriente.

Perdónenme, pero estaba muy distraída anoche. ¿Recuerdan cómo el Torneo de los Tres Magos es considerado muy peligroso y sólo para estudiantes mayores de diecisiete? Harry fue seleccionado para competir. Sí, mi amigo de catorce años, Harry. Alguien (no sabemos quién), de algún modo (no sabemos cómo) logró pasar las protecciones mágicas para poner su nombre en contra de su voluntad. Y aún tiene que participar porque es un contrato mágico y si no lo hace, algo mágico y malo le pasará. El profesor Dumbledore dice que no hay manera de escaparlo, aun cuando eso sería extorsión en el mundo muggle o algo similar. Estaba tan asustada anoche que no pude dormir, y por eso me quedé dormida esta mañana. Aún estoy muy asustada de que algo terrible le pueda pasar.

Sé que les estoy pidiendo mucho, pero tengo otro pedido. Me gustaría tener permitido visitar Hogwarts de nuevo para cada una de las pruebas del torneo. Quiero intentar ayudar a Harry inventando hechizos útiles en Beauxbatons y enviárselos por lechuza, pero siento que necesito estar aquí para darle apoyo moral durante las pruebas. Me aseguraré de realizar todos los arreglos para mis tareas con anticipo, y tendré más cuidado con los trasladores. ¿Por favor? No podría soportar no poder hacer todo lo que pueda para ayudar a Harry.

Con amor,

Hermione

P.D. Casi lo olvido. Estaba hablando con Septima anoche y me dio la gran idea de un nuevo proyecto de Aritmancia y Transformaciones. Quiero decir grande… lo equivalente al Premio Nobel de grande. Tiene que ver con si los materiales radiactivos pueden ser transformados, lo cual es una pregunta pendiente. De hecho, el prestigio no es la razón por la que quiero hacerlo. La verdadera razón es que es un paso adelante para poder asegurarme a mí misma de que es imposible transformar la antimateria. No, esa no fue una broma.

Bueno, necesito unas cuantas cosas para este proyecto: (1) Un libro de texto de física nuclear, (2) un detector de radiación que no esa electrónico, como una cámara de niebla, o muchos de esos dosímetros de película que usan en las instalaciones con reactores, (3) una lata de substituto de sal de cloruro de potasio (con potasio -40), y (4) un pedazo de uranio (no tiene que ser grande). Pueden usar el dinero de mis ganancias por los kits de pociones si es necesario.


–Iría al infierno y de regreso por ese niño –dijo Sirius Black–. De hecho, casi lo he hecho. Pero esto está completamente fuera de control…. ¡Oh, Merlín! ¡Ni siquiera sé que era esa cosa!

–Fue tu idea, Canuto –gruñó Remus Lupin–. Dijiste que necesitábamos encontrar tus viejos espejos para poder darle uno a Harry y… ¡DOXYS!

Escarbando en algo que el título de propiedad llamaba casa en el Número 12 de Grimmauld Place en Londres era como una peligrosa expedición a la zona más salvaje del Congo, era lo que pensaban Sirius y Remus. Había una razón por la que Sirius había conseguido un departamento para él y Harry. Después de las ratas, arañas, doxys, y algo que parecía un ghoul, pero era muy resistente y aterrador para ser un ghoul, tendrían suerte si lograban salir de esa trampa mortal sin tener que ir a San Mungo.

¡Incendio!

–Canuto, ¿quieres quemarlo todo? ¡AHH! ¡Incendio! –gritó Remus.

–¿Me decías?

–¡Cállate!

–No puedo creer que ese viejo elfo sigue con vida aquí, especialmente considerando el estado de este lugar. Debería destruirlo y comenzar de nuevo.

Escucharon varios insultos que parecían venir de todos lados.

–¡Guárdatelo para cuando no estemos a punto de ser comidos por jarveys rabiosos!

Finalmente, lucharon hasta llegar a la antigua habitación de Sirius… no era que hubiera querido dejar algo en esa casa, pero ahí fue a donde fueron enviados sus objetos personales cuando fue enviado a Azkaban. Ya que su "madre" había sellado el cuarto, era una isla de seguridad en el territorio hostil que era la Casa de los Black.

–Vaya –dijo Sirius–. Eso fue mucho peor de lo que esperaba, y eso es decir algo.

–Hay que terminar con esto –dijo Remus–. Creo que esos doxys me alcanzaron, y no me interesa dejar esa mordida sin atender.

–Ya, ya, hay que hacerlo.

Buscaron entre las cajas viejas. Había un desastre de cosas… desde ropa a juguetes a revistas pornográficas muggle revueltas entre cosas más importantes como libros y papeles más personales. No había una sola caja para objetos mágicos, así que tuvieron que destrozar la mitad de la habitación para encontrar lo que estaban buscando.

–Oye, mira esto –dijo Sirius.

–¿Los espejos? –dijo Remus esperanzado.

–No, es una foto del primer cumpleaños de Harry. –Sorprendido, Remus lanzó una mirada sobre el hombro de su amigo. Y sí, era una foto de James persiguiendo al bebé Harry sobre una escoba de juguete mientras él volaba dentro y fuera de la foto y Lily se reía mientras los observaba.

–Je. Recuerdo esa escoba de juguete –dijo Sirius–. Y… ¡ajá! Ahí está la carta de Lily que iba con la foto. Se lo enviaré a Harry junto con el espejo. Le encantará.

–Aún tenemos que encontrar los espejos –le recordó Remus.

–Cierto. Cierto.

Les tomó un tiempo más buscando, pero finalmente encontraron los dos espejos de comunicación y revisaron que aún funcionaran. Después de eso, tuvieron que luchar para salir de ese lugar.

Sirius transformó una cuerda y salió por la ventana.

–Escobas –dijo–. Debí pensar en traer escobas.


Harry estuvo molesto con Ron por casi todo el martes. La mayoría de los Gryffindor parecían creer que había puesto su nombre en el cáliz de fuego y solo respondían a sus negaciones con guiños y sonrisas, sin importar cuantas veces lo dijera. ¿Y Ron? Pues, ciertamente no parecía convencido de la historia de Harry, y lucía enojado por algo. ¿Y enojado de qué? Se preguntó Harry. ¿No tener su propia oportunidad? ¿Celoso de la fama y fortuna de Harry? Pues que se la quede. Harry preferiría tener un año relajado por una vez.

Hermione intentó tener una conversación incómoda con Ron un par de veces más ese día, pero Harry estaba de muy mal humor y no quería lidiar con el pelirrojo a menos que admitiera que Harry no había puesto su nombre para el torneo. Harry pensó que Hermione iba a obligarlos a hablar después de clases ese día, pero para su sorpresa, le dijo que tenía algo personal que hacer y le pidió algo nerviosa que fuera con él.

Hermione había considerado hacer esto en Halloween, pero no lo creyó tan importante. Sin embargo, ahora que estaba cayendo más profundo en el agujero de nuevo, decidió que, como el Encantamiento Patronus, necesitaba algo de entrenamiento en este tema, por si acaso. Estaba a punto de tocar la puerta del profesor cuando un gruñido le indicó que entrara. El par obedeció y llegaron frente a frente a Alastor "Ojoloco" Moody, un hombre intimidante con pierna de palo, rostro lleno de cicatrices, incluyendo un trozo faltante en su nariz, y un pálido ojo azul falso que podía atravesar neblina, sombras, tierra, y piel… sin mencionar puertas. Eso probablemente era lo más desconcertante de todo. ¿Qué tanto podía ver en el castillo? ¿Podría ver directo hasta el exterior? Y Hermione no quería pensar sobre la ropa.

–Hola, profesor Moody –dijo ella–. Mi nombre es...

–Hermione Granger –dijo él–. Sí, se sobre ti. Vector habla sobre ti todo el tiempo. Trabajo impresionante el que has hecho. Leí ese ensayo tuyo esta mañana. Una lástima que te perdimos por Francia.

–Eh, gracias, profesor.

–¿Y? ¿Qué es lo que quieres, entonces? ¿Qué puedo hacer por ti?

–Bueno, profesor, escuché que entrenó a todos los de cuarto año para que pudieran resistir la maldición imperio hace unas semanas.

–Intenté hacerlo, más bien. No hay mucho potencial en la mayoría.

–Me gustaría que hiciera lo mismo conmigo, si no le molesta –dijo ella. Moody elevó su ceja buena.

–¿Quieres que use la maldición imperio en ti? –dijo.

–Pues, es como les dijo, profesor. Es mejor aprenderlo en un ambiente controlado, donde nadie está intentando controlarte por completo. –Moody asintió con aprobación.

–Potter, ¿qué haces tú aquí? –demandó él.

–Un testigo, profesor –dijo Hermione–. Uno que es capaz de resistir la maldición imperio. –El viejo auror le lanzó una sonrisa abominable.

–Ah, chica lista –dijo–. Claro, aún podría aturdirlos y borrarles la memoria si quisiera intentar algo, pero es una buena idea. Te daría puntos si fueras mi estudiante.

–Eh… ¿gracias? –dijo ella.

–Así que, quieres aprender a resistir la maldición imperio –exclamó Moody–. Te lo advierto, muchacha, no es fácil. Tu amigo aquí es el único que lo logró. La mayoría de las personas, lo mejor que pueden hacer es aprender cómo se siente y escapar cuando la concentración del atacante es interrumpida.

Hermione frunció el ceño. Hubiera creído que sería más una batalla directa de voluntades. Pero aun así...

–Eso es mejor que nada.

–De acuerdo, entonces –dijo Moody. Apuntó su varita, y Hermione tuvo que obligarse a no reaccionar–. Imperio.

De repente, un increíble sentido de calma la invadió. Todas sus preocupaciones se fueron, y estaba tan feliz y relajada como nunca antes… no podía recordar otro momento igual, ¿pero qué importaba? Quizás todos esos veranos relajantes antes de que fuera a Hogwarts. Se sentía tan liberador no tener que preocuparse de Harry o cualquiera de sus otros problemas. ¿Pero qué no debería preocuparse de Harry? No. La idea fue eliminada de su cabeza antes de poder considerarla.

En algún lugar en el fondo de su mente, escuchó la voz de Moody: Haz una pirueta.

¿Por qué no? Pensó. Se la estaba pasando tan bien. No importaba que no hubiera hecho piruetas en años. Se colocó en posición y dio una vuelta sobre su cabeza como si tuviera cinco años de nuevo.

Haz un baile irlandés, ordenó Moody.

Hermione no sabía bailar así, pero los pasos llegaron a su mente, y comenzó a bailar.

Ponte de rodillas y ladra como un perro.

Eso es algo degradante, no es así, pensó una parte de su cerebro que aún parecía funcionar. Creo que no haré eso.

Ponte de rodillas y ladra como un perro.

Oh, muy bien. Hizo su parte, y entonces Moody interrumpió la maldición de manera abrupta.

–¡Ah! –exclamó Hermione y se puso de pie de golpe, alejándose lentamente del viejo auror.

–¿Estás bien, Hermione? –preguntó Harry.

–¿Estoy bien? –repitió Hermione de manera ausente–. Uj. Siento como si hubiera inhalado gas de la risa. Ese hechizo en verdad afecta la mente. –Si se era honesta, se sentía… violada después de eso, incluso cuando lo había pedido. Aunque los síntomas eran similares al óxido nitroso: euforia, desapego del ser y la realidad, supresión de las preocupaciones, y facilidad a ser influenciado. Pensó que lo comprendía ahora. Había muchos otros hechizos más sencillos que podían influenciar a las personas, pero la parte de maldición de la maldición imperio era que suprimía la voluntad. Así que no era una batalla de voluntades, sino una derrota que sólo personas muy fuertes, como Harry, podían luchar.

Pero Moody no lucía decepcionado.

–Tienes la chispa –dijo–. Titubeaste al final. Podrías lucharla si en verdad te empujas.

–¿En verdad, profesor? –Hermione aclaró su mente y lo pensó de nuevo–. ¿Podría intentarlo de nuevo, entonces? Ahora que se lo que se siente, creo que me irá mejor.

–Si tú lo dices –respondió él–. Imperio.

La sensación flotante de euforia la invadió de nuevo, pero esta vez, la voz en el fondo de su mente le decía, efectos del óxido nitroso. No te cierres por completo. Deja algo de tu inteligencia en ti.

Moody comenzó a darle órdenes de nuevo. Da saltos alrededor del aula.

No, preferiría no hacerlo.

Da saltos alrededor del aula.

Hermione dio saltos, pero fueron con algo de renuencia… una rajada en la satisfacción perfecta impuesta por la maldición.

Canta ópera.

Para nada, no puedo cantar.

Canta ópera… canta ópera.

No. Toco el piano. Debí estudiar el violín. No canto.

Canta ópera… ¡CANTA AHORA!

Hermione tosió bajo la fuerza de la orden y comenzó a exclamar una terrible interpretación de "O Mio Babbino Caro". Quizás no era una cantante terrible en general, pero no tenía el entrenamiento para algo así.

¡Deja de cantar! Ordenó Moody. Hermione obedeció esa orden con entusiasmo.

En algún lugar en su confusión, creyó escuchar otra voz… la voz de Harry…

–Dígale que… –pero no pudo escuchar el resto.

Pero Moody debió de escuchar el consejo de Harry por su siguiente orden.

Escribe "dos más dos es cinco" en la pizarra.

¡Jamás! Hermione ni siquiera titubeó en su reacción.

Hazlo. Escribe "dos más dos son cinco" en la pizarra. ¡Hazlo ahora!

Hermione se acercó a la pizarra y tomó la tiza, pero aun así, continuó pensando. No voy a hacerlo. No se metan con mis matemáticas.

¡Escríbelo! ¡Escribe "dos más dos son cinco"!

Hermione colocó la tiza sobre la pizarra y escribió un número 2, un signo de más, otro 2, un signo de igual, luchando contra sí misma todo el tiempo.

¡Termina! Ordenó Moody. ¡Escribe un cinco!

La mano de Hermione comenzó a temblar. Presionó la tiza contra la pizarra, luchando para poder controlar la manera en la que se movería su mano.

¡Escribe un cinco! ¡AHORA!

¡Nunca arruino problemas de matemáticas!

De repente, su mano hizo un movimiento brusco, y sus uñas rasparon la pizarra con un chirrido. La rápida sensación al ser liberada de la maldición la golpeó con fuerza. Pero cuando recuperó el sentido levantó la mirada, y sonrió.

Ahí, en la pizarra, había un número 4.

El profesor Moody comenzó a reírse.

–Tenías razón, Potter –dijo–. Dile que se comporte como una idiota, y lo hará, pero que haga mal un problema de matemáticas, y lo luchará con todo. ¡Ja! Cinco puntos para Gryffindor por eso. Granger, tienes bastante fuerza. Aprende a usarla en todo como lo haces con las matemáticas, y quizás puedas combatir la maldición imperio de un mago oscuro real.

–Gracias, profesor Moody –dijo ella. Decidió renunciar cuando tenía la ventaja, y ella y Harry dejaron el aula.


El entusiasmo por anoche había decaído en la sala común de Gryffindor, pero las personas aún sonrieron cuando Harry entró… excepto que Ron y Ginny suspiraron, aunque por razones diferentes.

–Oye, Harry, ya casi es hora de la cena. ¿Qué estabas haciendo? –demandó Ron.

–Oh, Hermione quería que el profesor Moody la entrenara para combatir la maldición imperio. Quería que fuera con ella.

–Vaya, ¿fuiste por la maldición imperio? –dijo Lavender Brown–. ¿Te hizo hacer algo terrible?

–No tan terrible –respondió ella–. Excepto que intentó que hiciera mal un problema de matemáticas. –Todos los que conocían bien a Hermione soltaron un grito ahogado. Harry se rio.

–Ya sé. Luchó contra eso cuando Moody lo intentó. Yo le di la idea.

–¿Sí? ¿Y para qué tenías que ir ? –presionó Ron a Harry.

–¿Por qué? –dijo él sorprendido–. Porque es mi mejor amiga y pidió mi ayuda. Quería a alguien ahí que pudiera resistirla. –Pero de repente, Ron comenzó a enojarse.

–¿Tu mejor amiga? –dijo–. ¿Desde cuándo es ella tu mejor amiga?

Harry se detuvo. Eso le sorprendió. ¿De eso se trataba esto?

–Desde que comenzó a actuar como mi mejor amiga –respondió él–. no estás haciendo un buen trabajo.

Por Dios, ¿están peleando por mí? Pensó Hermione, para su horror.

–Ey, he estado contigo los últimos tres años –dijo Ron, su voz elevándose–. He estado a tu lado en cada batalla. Ahora estas en este torneo, y ni siquiera puedo intentarlo.

–Ron, ¿cuál es tu problema? –gritó Harry–. Haz estado actuando como un completo idiota todo el día. Sabes que nunca quise meterme en ninguna de esas batallas. No quiero estar en el torneo tampoco. Nada de esto es mi culpa.

–Pero sigues recibiendo toda la atención. Tú y Hermione. Yo, sólo soy excluido por los dos ahora.

–¡No te estamos excluyendo! –protestó Harry.

–Sí, Ron –intervino Ginny–. Aún son tus amigos, y míos y de Fred y George. actúas como un tonto.

–Sí, anda, Weasley –dijo Seamus Finnigan–, sólo alégrate de que tenemos un campeón Gryffindor.

El consenso general en la sala común estaba de parte de Seamus, lo cual sólo hizo enojar más a Ron.

–¿Lo ves? –gritó–. Es genial para ti, Harry. A todos les caes bien porque eres un campeón, y yo ni siquiera tengo algo que hacer.

No, pensó Hermione, no es sobre mí… o no sólo sobre mí. El pensamiento fue extrañamente relajante. Son esos celos y complejo de inferioridad que ha estado luchando por tres años. Piensa que no puede compararse con nosotros. Pero tocó fondo esta vez. Nunca me había dado cuenta de que le molestaba tanto. Pero honestamente, ¿culpar a Harry? Mientras escuchaba las palabras de Ron, algo dentro de ella explotó. ¿Cómo podía hacer esto a su mejor amigo después de todo lo que habían pasado los tres juntos? ¿Cómo no podía ver lo mucho que estaba lastimando a Harry en este momento? Estaba por todo su rostro. Harry estaba siendo obligado a un contrato mágico contra su voluntad, por Merlín… obligado a participar en una competencia en la que podría perder su vida. Ni siquiera podía expresar lo que sería el crimen equivalente en el mundo muggle. Pensó en extorsión… o incluso esclavitud. Por Dios, los magos no solo lo hacían a los elfos domésticos; también lo hacían los unos a los otros. Pero la palabra aún no quedaba. Buscó en su mente por algo mejor. Harry ni siquiera había firmado el contrato. Debería ser inválido, pero no lo era. Era… Sus ojos se abrieron más cuando le llegó a la mente, y las implicaciones se acumularon. Era peor de lo que pensaba. Era fraude contractual legalizado. Tenía que hacer algo.

–¡Ronald, cállate! –lloró.

Todas las miradas se dirigieron a ella. Normalmente, se hubiera sentido mortificada de haber gritado lo suficiente alto para callar a todo el cuarto, pero en ese momento, estaba muy lívida como para que le importara.

–¡Todos se deberían sentir avergonzados de sí mismos! Harry les ha estado diciendo todo el día que no puso su nombre en ese maldito cáliz. ¿Por qué mentiría sobre eso? No es como si lo expulsarían del torneo. Intentó salirse, y no lo dejaron porque es un contrato mágico inquebrantable. No quería competir en primer lugar… debería de haber sido obvio para cualquiera que vio su cara anoche que no lo hizo. Está aterrorizado. Yo estoy aterrorizada. Personas mueren en este torneo, ¿lo recuerdan? Y está diseñado para estudiantes de EXTASIS, no de cuarto año.

Nadie habló. Era extraño ver un sermón como ese en medio de la sala común, mucho menos de alguien tan callado como ella. Entonces, Hermione se dirigió al otro chico que se suponía que era su amigo.

–Y , Ronald. Has conocido a Harry por más tiempo que todos. ¿En verdad crees que te mentiría?

–¡No lo sé! –gritó–. No veo como podría ser parte si él no entró.

–Quizás porque los contratos mágicos están retorcidos.

–¿Pero no podrían hacer eso, o sí? –respondió él–. Quizás el Niño Que Vivió quería buscar fama y fortuna de nuevo.

–Estoy aquí, saben –dijo Harry.

–Ron, ¿escuchas lo que estás diciendo? –gritó Hermione–. Estamos hablando de Harry Potter. Quiero decir, El Niño Que Ya Es Famoso Y No Quiere Serlo. El Niño Que Esperaba Tener Un Año En El Que No Estuviera A Punto De Morir…De Nuevo. El Niño Que Ya Intentó Salirse De La Maldita Cosa Y No Lo Dejaron. Creería que fue obligado a ese contrato mágico antes que el que Harry mintiera sobre eso. Y eso… –Su voz se llenó de preocupación–. Eso es muy malo. Necesito ir a la biblioteca.

–¿La biblioteca? ¿Por qué? –dijo Ginny.

–¡Leyes contractuales! ¿Por qué más? –Harry sacudió su cabeza.

–Hermione, Dumbledore dijo que no había escape.

–No, Harry. No sobre eso –dijo ella–. Esto es sobre mucho más que el que estés atrapado en el torneo.

–¿De qué estás hablando? –dijo Lavender Brown. Algunas personas la miraron como si tuvieran la misma pregunta.

Hermione ya estaba en camino al agujero del retrato.

–¡Piénsenlo! –dijo–. Si pueden ser obligados a un tipo de contrato mágico en contra de su voluntad, entonces existe la posibilidad de que puedan ser obligados a otros. Ese es un gran problema. –Recibió miradas vacías como respuesta. Intentó pensar en ejemplos que pudieran comprender–. ¿Vender o comprar una casa? Ese es un contrato. ¿Su educación aquí? Ese es un contrato. Demonios, el matrimonio es un contrato. –Atravesó el agujero del retrato a toda prisa y corrió por el pasillo.

Hubo silencio en la sala común. Todos se miraron los unos a los otros por un segundo, y entonces todas las chicas y la mayoría de los chicos presentes se apresuraron por el agujero del retrato para seguirla.

Ron los observó irse. Consideró seguirlos, pero estaba un poco más preocupado por el resto de las palabras de Hermione en ese momento. Cuando lo ponía de ese modo, parecía algo tonto pensar que Harry puso su nombre en el cáliz. Sabía que probablemente no debería ser tan duro con Harry, pero si era honesto, era más grande que eso ahora. Era como si no estuvieran en el mismo lugar. Sí, estaba preocupado por Harry, pero no podía hacer nada, ¿así que para qué perder su tiempo? Y mientras tanto, no podía creer que dijeron que no lo estaban haciendo a un lado. ¿Cómo le llamaban a irse y hacer planes sin decirle? ¿Por qué se estaban llamando "mejores amigos"? Acaso… ¿acaso se gustaban? No le sorprendería, pensó Ron. Harry parecía atraer la atención de las chicas, y Hermione era agradable, escalofriantemente brillante, había salvado la vida de Harry un montón de veces, y comenzaba a verse bastante bonita… Oh, por la barba de Merlín, pensó. ¿Me gusta a mí?

Bueno, esa era la guinda del pastel. ¿Quién lo miraría a él, al lado de Harry Potter? ¿Qué era él, comparado con el Niño Que Vivió?

Ron decidió bajar a cenar temprano y solo. Sentía que sus dos mejores amigos lo habían dejado, y no podía expresar en voz alta su más grande miedo: que ya no lo necesitaban.


La multitud de Gryffindor se apresuró dentro de la biblioteca como una onda gigantesca, con una estudiante de Beauxbatons liderando la ola. Apenas y notaron las protestas de Madame Pince. Hermione, quien conocía el lugar mejor que nadie en la escuela, se fue directo a la sección relevante.

–De acuerdo, hay que separarse –dijo ella–. Busquen libros sobre leyes mágicas, enfocándose en leyes contractuales mágicas. También deberíamos buscar cosas relacionadas, como lazos, acuerdos, juramentos, pactos, deudas de vida, ese tipo de cosas.

–¿En verdad crees que podrían obligar a alguien a un matrimonio o algo así? –preguntó Ginny mientras comenzaban a buscar en los estantes.

–No lo sé, pero no quiero arriesgarme –le dijo Hermione–. Quiero respuestas, y lo más pronto posible.

Comenzaron a sacar libros de los estantes e invadieron la mesa más larga, prácticamente corriendo a su único ocupante, una pequeña de tercer año de Ravenclaw de cabello rubio.

–Oh, vaya –dijo Luna con sorpresa–. ¿Comenzaste un nuevo grupo de estudio, Hermione?

–Lo siento, Luna, tenemos una crisis aquí –dijo Ginny rápidamente.

–Harry fue obligado a tomar parte en el torneo por un contrato mágico inquebrantable que nunca firmó –explicó Hermione–. Necesitamos descubrir si se nos puede obligar a otro tipo de contratos y cómo prevenirlo.

Luna inclinó la cabeza y observó a la nada por un momento.

–Eso suena importante, ¿no es así? ¿Puedo ayudar?

–Claro, toma un libro y comienza a investigar leyes contractuales.

Luna rápidamente encontró un libro que parecía interesante y se unió al resto del grupo. Pronto, estaban hojeando varios volúmenes antiguos que no habían sido tocados en unos años a un paso frenético. Sin ser notada por los estudiantes, Madame Pince se había rendido de intentar contener una perturbación de tal tamaño por sí sola y había ido a buscar a una autoridad mayor. En minutos, Minerva McGonagall entró a la biblioteca para encontrar al grupo de Gryffindor más grande que hubiera visto causando una gran molestia.

–Este sólo habla de que contratos tienen que ser firmados –reportó Patricia Stimpson.

–Las deudas de vida son invocadas con magia, pero no son consideradas inquebrantables –dijo Lee Jordan.

–Espera, aquí hay algo sobre el matrimonio –leyó Parvati Patil–: Bajo la Reforma del Matrimonio de 1963, contratos prenupciales no son válidos a menos que sean firmados por las personas involucradas.

–¿Qué está pasando aquí?

Más de dos docenas de Gryffindor, una antigua Gryffindor, y una Ravenclaw levantaron la mirada para ver a una profesora McGonagall poco contenta lanzándoles una mirada severa. Guardaron silencio, poco seguros de cómo explicar las cosas.

Nunca había visto una perturbación a la biblioteca de tal magnitud –continuó McGonagall–. ¿De qué se trata todo esto?

Los Gryffindor bajaron la mirada y guardaron silencio ante eso, pero Hermione dio un paso al frente con cautela para hablar.

–Discúlpeme, profesora. Fue mi idea. Me di cuenta que el que Harry fuera obligado a participar en el torneo era básicamente fraude contractual, y quería descubrir si era posible ser obligada a otros contratos.

McGonagall parpadeó y suspiró.

Yo podría haberle respondido eso, señorita Granger. No había necesidad de causar tal alboroto en la biblioteca. ¿O cree que no hubiera investigado la selección del Sr. Potter con mucho cuidado?

Hermione tembló cuando se dio cuenta de que había ignorado su recurso más obvio.

–Lo siento, profesora –dijo ella.

–El cáliz de fuego –explicó McGonagall–, es muy antiguo. No crea el tipo de contrato que se ve hoy en día en pergamino y tinta. Sus nociones de autoridad y consentimiento son literalmente medieval. Su uso original, por lo que puede ser determinado, era el de sorteos, cuando los sorteos no necesitaban ser al azar sino juzgados por la magia del cáliz… sorteos para competencias como esta, y para el reclutamiento para batallas, o incluso para seleccionar a un rey, en una ocasión. Pero bajo ley medieval, cualquier persona podía ser puesta por una figura de autoridad, y el cáliz aún sigue tal regla. Los contratos modernos no permiten eso.

Eso tuvo bastante sentido para Hermione, incluso si el hecho de que era posible obligar a alguien en contra de su voluntad era preocupante. Pero claro, sería mucho más sencillo atacar a alguien con una maldición poderosa que usar un contrato. Pero entonces se dio cuenta de algo más:

–Pero si Harry tuvo que ser obligado por una figura de autoridad, ¿no quiere decir eso que uno de los maestros lo hizo?

–Me temo que no lo sé. Es posible que el cáliz fue confundido para que eludiera eso también. Pero quiero asegurarles a todos que es imposible ser obligados en contra de su voluntad a tomar parte de un… contrato prenupcial, o casi cualquier otro tipo de contrato, en el mundo mágico moderno.

–Sí, profesora. –Hermione y los demás pusieron los libros de regreso algo avergonzados y regresaron a la torre de Gryffindor.