El número atómico de Harry Potter es JK Rowling, y el de esta historia es White Squirrel.

Notas del autor: No, esta historia no será Harry/Hermione. Me gusta el par tanto como a otros fans, pero no es mi pareja. (Y tampoco será Ron/Hermione, no se preocupen.) Estoy intentando demostrar una amistad cercana entre Harry y Hermione de una manera en la que creo que los libros debieron mostrarla, sin ser una relación romántica.


Capítulo 70

–Septima, supongamos que, hipotéticamente, alguien tuviera dos días para encontrar una manera para que una persona de catorce años se enfrente a un dragón –preguntó Hermione a su antigua maestra.

Septima Vector se congeló con preocupación. ¿Dragones? ¿En qué estaban pensando?

–Hermione, ¿esto es sobre el torneo? –preguntó.

–Ya que los maestros no tienen permitido ayudar a los campeones, no puedo confirmarlo o negarlo.

–Bueno, entonces… hipotéticamente, creo que esa persona necesitaría encontrar la manera de incapacitar a un dragón rápidamente y con eficiencia. Se necesita de mucho poder para derrotar a un dragón, y una persona de catorce años va a estar limitada en ese departamento.

–Lo sé. Debería ser mejor atacar los puntos débiles, pero entonces, es cuestión de puntería.

–Sí, eso es cierto.

–Estaba pensando que, si había manera de extender el ataque, eso ayudaría, pero entonces necesitaría más poder de nuevo para asegurarse de que funcione.

–Mmm… es un desafío… Bueno, es una ecuación sencilla, ¿no es así, Hermione? Energía requerida por el área del hechizo dividida por el área del blanco da el requerimiento fundamental de poder mínimo, multiplicado por el número de veces que nuestra persona hipotética tenga que usarlo considerando su puntería. Entonces, sólo tienes que optimizarlo… ¿a menos que esta persona hipotética de catorce años sepa cómo manipular fuentes de energía como el usar las líneas ley?

–No, ni siquiera yo sé cómo hacer eso –dijo Hermione–. Por lo menos no al instante. Gracias de todos modos, Septima. Tendré que encontrar una manera de optimizarlo. No creo que haya algo más que pueda hacer –Suspiró–. ¿Por qué sigue pasando esto?

–Si lo supiera, no creo que Harry estaría en esta situación en primer lugar.

–Uj, y esa Rita Skeeter… ¿crees que estará aquí de nuevo para la prueba?

–Estoy segura de que sí –dijo Septima–. Una mujer muy desagradable.

–Lo sé. Quisiera decirle lo que pienso sobre ese artículo que publicó sobre Harry.

–Una cosa a la vez, Hermione –le advirtió–. Y ten cuidado. No quieres que Rita Skeeter enfoque su pluma en ti más de lo que ya lo ha hecho. Es una de las personas más astutas que conozco. Tuvo que serlo para sobrevivir ser compañera de cuarto de Bellatrix Black por siete años. –Se detuvo y tembló–. Lo siento, estaba recordando ver a una Bellatrix Black de once años llegando a la escuela cuando yo estaba en sexto año. La niña de once años más escalofriante que he conocido, pero de algún modo Rita mantuvo su compostura a su alrededor. –Hermione tembló también. Por lo que Harry había mencionado sobre los padres de Neville, podía imaginar lo escalofriante que era esa mujer.

Hermione había pasado varias horas en la biblioteca esa mañana intentando descubrir más información sobre los dragones que pudiera ser útil, pero no encontró nada. Las debilidades de los dragones estaban bien documentadas, los ojos siendo la más importante, así que no había nada que aprender ahí. Con el consejo de Septima, pasó varias horas más intentando pensar en una mejor manera de cegar a un dragón. Desafortunadamente, la maldición de conjuntivitis ya había sido optimizada aritmánticamente cien años antes. Todo lo que se le ocurría resultaba menos eficiente o era tan complicado que no podría realizarlo a tiempo para la prueba.

Vamos, vamos, vamos, pensó. Se encontraba caminando por los pasillos cerca de la hora de la cena, esperando y orando que le llegara una idea útil. ¿Cómo se ciega a un dragón? ¿Cómo lo haría un muggle? ¿Disparar a los ojos? No, eso complica más el problema de la puntería. ¿Exponerlo a químicos? No… difícil sin pociones, y peligroso en un lugar cerrado. ¿Encontrar una manera de nublar su mirada de algún modo…? No, muy complicado.

¿Y si incremento el poder de mi encantamiento de láser? Pensó. Esa era una idea. Láseres industriales eran usados para quemar, cortar, y tallar cosas todo el tiempo. Y un láser era un rayo de luz constante. El blanco podía ajustarse. Pero no, pensó, se necesitaba más precisión que con una maldición normal, y si Harry pasaba el rayo de luz por las gradas, podría causar daño a los espectadores. No estaba dispuesta a llegar tan lejos. No aún.

¿Qué otras maneras hay de cegar algo, especialmente de manera temporal? ¿El flash de una cámara? Mmm… eso podría funcionar si inventaba un hechizo equivalente… excepto que necesitaría de mucho poder. ¿Quizás un encantamiento para buscar luz? Pero eso requeriría de un Lumos tan poderoso que dudaba que Harry pudiera realizarlo. ¿Qué más podría producir luz brillante? ¿Quemar algo tal vez? No, nada quemaba con tanto brillo excepto… ¡Magnesio! ¡Por supuesto! ¡Una bengala de magnesio! O aún mejor, una granada aturdidora. Si pudiera crear una, funcionaría perfectamente.

¿Pero Harry podría transformar una? Lo dudaba. Dudaba incluso que ella supiera lo suficiente sobre ellas para crear una de manera exitosa. El transformar algo crea un constructo mágico basado por completo en el conocimiento del blanco, les había dicho siempre la profesora McGonagall. Un error en el diseño podría convertir una granada aturdidora en un arma mortal… o una chispa. ¿Y el magnesio en crudo? Quizás, pero era el mismo problema. Transformaciones es la magia de lo familiar… escarabajos en botones, teteras en tortugas, y más. Podía cambiarse la substancia como se podía convertir la piedra en madera, pero substancias puras como el magnesio que no eran fáciles de distinguir a simple vista eran el dominio de la alquimia… Hechizos nivel EXTASIS.

Parecía un problema imposible. El quemar magnesio era la mejor idea que se le había ocurrido… fuego contra fuego, apropiadamente… pero, ¿dónde lo conseguiría? Harry no tenía a la mano, y no podía llevarlo con él. Sólo tenía permitido llevar su varita. Y no podía crearlo. ¿Qué podía hacer? Dio una pisotada al suelo de piedra con frustración.

Un momento… el suelo de piedra.

¡Por supuesto! Había bastante magnesio en las piedras. Utiliza fuentes de energía externas, le había dicho Septima. Claro, estaba en estado oxidado, pero la magia se reía de la química y jugaba con las leyes de la conservación de la energía. Sabía que había hechizos que podían separar sustancias diferentes. Probablemente sólo necesitaría encontrar uno y reconstruir algunos de los términos.

Lo tenía. Corrió al gran comedor cuando comenzaba la cena.

–¡George! ¡Fred! Ese encantamiento para purificar el agua que me mostraron el año pasado. Necesito saber más sobre él.

Ambos gemelos estuvieron a su lado en segundos.

–¿Tienes una idea? –dijo George.

–Eso creo, pero no tengo mucho tiempo. Necesito un encantamiento de purificación que pueda deconstruir y reconstruir en una substancia diferente.

–Esa es nuestra chica. Sabíamos que podíamos contar contigo –dijo Fred.

–No sabemos mucho sobre el encantamiento de purificación de agua, pero creo que podemos ayudarte a buscarlo –agregó George.

–Vamos, no puedo creer que estoy diciendo, pero hay que comer rápido e ir a la biblioteca –agregó Fred.

El encantamiento de purificación de agua, Katharizi, no era usado comúnmente. Para la mayoría de los magos calificados, ¿por qué purificarían el agua cuando podían usar Aguamenti? Pero Fred y George dijeron que era más sencillo que Aguamenti, y para su deleite, le enseñaron como usarlo con facilidad. Eso le dio esperanza de que Harry pudiera lograrlo una vez terminara su parte.

–Brillante. Ahora, necesito la descripción aritmántica –dijo ella.

–¿No puedes descubrirlo sola? –preguntó Fred.

–Probablemente, pero será más rápido si lo encontramos escrito antes del toque de queda.

–Ah. Pues entonces, comencemos a buscar.

Lo hicieron, buscando en las secciones de Aritmancia y Encantamientos de la biblioteca. Lo malo era que al ser un encantamiento de poco uso no estaba en las tablas normales. Significó buscar por varios libros, pero finalmente lo encontraron.

–Ey, miren esto –dijo Fred en el tono más alto que se atrevió en la biblioteca.

–¿Eh? ¿Encontraste algo? –preguntó George.

–Miren esto.

George se apresuró a su lado y lanzó una mirada al libro.

–Pues, parece que ese pudiera ser –dijo.

–Rayos, quisiera haber tomado Aritmancia.

–Aunque les va sorprendente bien sin ella –dijo Hermione mientras se les unía. Sólo necesitó de unos segundos de examinación–. Sí, es este. Gracias, chicos. –Abrazó cada uno en turno, y George fue con Madame Pince para registrarlo para que ella pudiera llevárselo.

–¿Crees que funcione? –le preguntó. Ella suspiró y bajó sus hombros con pesadez.

–No hay garantías, pero con esto… eso creo.

–Claro que funcionará –dijo Fred–. Si alguien puede hacerlo eres tú.

–Oh, Dios –murmuró ella.

–Oye, ¿estás bien? –dijo George–. Te ves cansada.

–No dormí bien anoche. Y estaré despierta toda la noche de nuevo preparando el hechizo. Saben, sólo una vez, me gustaría no ser la última esperanza de Harry.

–Sí, podemos ver como cansa eso –dijo Fred con simpatía–. Vamos te llevaremos al carruaje.

–Eh, de acuerdo. –Les sonrió. La tomaron por cada brazo, y caminaron juntos al carruaje de Beauxbatons antes del toque de queda.

–Gracias de nuevo –dijo desde la puerta. Los abrazó de nuevo, permaneciendo con cansancio un momento más en George. Pero no era tiempo de detenerse y relajarse–. En verdad me ayudaron –agregó.

–Siempre felices de hacerlo –le dijo Fred.

–Siempre hemos apreciado tus habilidades únicas –agregó George.

–Nos han ayudado unas cuantas veces.

–Sólo quisiéramos tener más tiempo para trabajar juntos este año.

–Sí, yo también –dijo ella–. Pero tengo trabajo que hacer. Buenas noches.

–Buenas noches, Hermione –dijeron los gemelos al mismo tiempo.

Hubo varias preguntas de Fleur y los otros sobre que estaba haciendo, pero ella (algo grosera, se lamentó de admitir) los ignoró. Estaba muy ocupada trabajando en su hechizo. Los molestó bastante mientras caminaba de un lado a otro y escribía ecuaciones aritmánticas hasta muy noche.

Apenas y notó el paso de las horas al estar tan metida en su trabajo. Esa era su bendición y maldición desde su primer año… como podía trabajar de manera continua sin notarlo. A la una de la mañana comenzó a sentir sueño a pesar de estar parada. Fue al baño varias veces a mojarse el rostro con agua fría, pero después de un tiempo, comenzó a sentirse despierta mientras su cuerpo se acostumbraba con renuencia. Pero no se atrevía a sentarse, porque si lo hacía, tenía miedo de que se quedaría dormida antes de poder levantarse de nuevo.

Cerca de las cuatro de la mañana, su mente comenzó a sentirse mareada. Tenía que revisar dos o tres veces su trabajo para asegurarse de que lo estaba haciendo bien. Fue sólo cuando el cielo comenzó a iluminarse en las ventanas que su ritmo circadiano comenzó a acomodarse de nuevo. En la mañana, redujo el hechizo de purificación a sus elementos más básicos y lo construyó de nuevo en un marco en el que estaba bastante segura podía llenar con los detalles necesarios. Después de eso seguirían las pruebas, y entonces, si todo salía bien, se lo enseñaría a Harry. Sin embargo, sólo había treinta horas antes de la primera prueba. Necesitaría todas, y no podría lograrlo con su propio poder. Así que se rindió y fue a la enfermería.

–Hola, ¿Madame Pomfrey?

–¿Sí? ¿Granger? ¡Dios mío? ¿Has dormido? –dijo la enfermera cuando la vio.

–No, estuve trabajando toda la noche. Por eso estoy aquí.

–¿Oh? –la enfermera la miró seriamente–. ¿Y con qué crees que te puedo ayudar?

–Pues, creo que voy a necesitar poción pimentónica… unas tres dosis.

–¡Tres! –chilló–. No puedes creer… ¿Qué no sabes cómo funciona la poción?

–¡No quise decir al mismo tiempo! –protestó Hermione–. Necesito terminar este proyecto antes de la primera prueba. Solo necesito una dosis para el día, otra para la noche, y una más para asegurarme de no quedarme dormida durante la prueba mañana, y… y si vengo a pedir más después de eso, tiene mi consentimiento para amarrarme a la cama y obligarme a consumir filtros para dor… Oh, Dios, eso no salió nada bien.

Madame Pomfrey la observó aturdida. Sacudió la cabeza y salió de su sorpresa.

–Señorita Granger, incluso con esas garantías, el permanecer despierta por tanto tiempo puede ser muy peligroso. No puedo imaginar que piensas que es tan importante para...

–¿Sabe lo que es la primera prueba? –la interrumpió Hermione.

Era claro que lo sabía porque la enfermera de Hogwarts, quien estaba acostumbrada a todo tipo de enfermedades y heridas, se puso verde.

–Tengo una idea sobre cómo mantener a Harry con vida mañana –continuó–. He estado en contacto con el profesor Lupin, y estamos de acuerdo con que es mejor que lo mejor que se les ocurrió a ellos. –Eso era cierto. Harry le había prestado su espejo–. Pero aún no está listo. Necesito todo el tiempo posible para terminarlo, y necesito estar en la mejor forma para asegurarme de que Harry esté listo.

Madame Pomfrey observó a Hermione por un minuto, como si estuviera midiéndola, y asintió y fue a su oficina, de donde regresó con dos pociones sospechosamente de diferentes colores.

–No le digas a nadie que hice esto, Granger, pero si eres tan buena como dice la profesora Vector, creo que vale la pena el riesgo. Poción pimentónica. –Le entregó el primer frasco–. Sólo te daré una a la vez, claro. Tendrás que regresar por las demás. La segunda, úsala bien porque sólo recibirás una de ellas. Es poción para agudizar el ingenio. –Hermione abrió los ojos ampliamente–. La poción pimentónica no aclara la mente tanto ya que sólo te despierta, así que quizás la necesites. Y la poción para agudizar el ingenio no te hará más inteligente, pero te regresará a tu mejor condición por unas doce horas.

–Comprendo –dijo Hermione–. Muchas gracias. –Hermione bebió la poción pimentónica y de inmediato se sintió completamente despierta, como si la hubieran metido en agua helada, y acalorada al mismo tiempo por el humo saliendo de sus orejas. Sabía que necesitaría de su ingenio para finalizar el diseño del hechizo, así que bebió la segunda poción de inmediato. Al instante, la neblina en su mente se desvaneció, y sintió una claridad que sólo sentía en sus mejores y más satisfactorios días de creación de hechizos. Podía hacer esto.


–Oye, Potter, tienes una estrategia para la prueba mañana, ¿verdad? –dijo el profesor Moody.

–Eh, algo así. Hablé con el profesor Lupin, y me dijo que use la maldición de conjuntivitis. Aunque Hermione está intentando pensar en algo mejor. –Moody elevó una ceja.

–¿Y confiarías en un hechizo sin probar en una prueba como esa? –dijo él.

–Si Hermione lo inventó, sí –dijo Harry con confianza.

–Tendría cuidado de cualquier hechizo sin probar si fuera tú, Potter, sin importar quien lo inventó. Muchas cosas pueden salir mal. Piénsalo.

–Pues, eh, gracias por el consejo, profesor. –Harry se fue y rápidamente se deshizo del consejo. Moody estaba siendo paranoico. Confiaba en Hermione con su vida, y si decía que el hechizo funcionaría, podía creerle.

Moody hizo una mueca. Si Potter moría ahí porque seguía el consejo de una sangre sucia de quince años en lugar del de un experto en magia de combate, lo pagaría.


Le tomó horas. Estaba preocupada por que no tendría tiempo de probar el hechizo y enseñárselo a Harry. Pero temprano en la tarde, Hermione logró escribir y completar un hechizo que lucía correcto en papel. Era hora de probarlo. No usaría la sala de los menesteres esta vez. Necesitaba hacerlo afuera. Caminó a un rincón oscuro en los terrenos y agitó su varita hacia el suelo. Nada ocurrió.

Lanzó el hechizo de nuevo, con más cuidado. Podía sentir la magia, y lanzó varios hechizos de diagnóstico para ver qué había pasado. Eso le dio las suficientes pistas para descubrir lo que había hecho mal y ajustar su hechizo. El hechizo nuevo tampoco funcionó, pero estuvo más cerca. Dos horas de esto después, tenía un hechizo que parecía funcionar.

Ahora, era hora de la verdadera prueba. Transformó un par de tapón de oídos y un par de lentes de sol, los cuales encantó de azul profundo con el mismo hechizo que había usado para defenderse del basilisco. Después, lanzó el hechizo de nuevo… a escala reducida, dio un paso atrás, y lo siguió con un Incendio.

Se escuchó un fuerte estruendo en el aire seguido de su grito agudo en celebración.

–¡SÍ!

Realizó la prueba a escala dos veces más para intentarlo con lentes de sol verdes y rojos, pero descubrió que el azul funcionaba mejor.

–Hora de hacerlo en tamaño real –dijo con alegría. Esta vez, puso todo el paquete junto. Colocó una antorcha a distancia segura, lanzó el hechizo una vez más, y lo siguió con un Depulso.

¡BUM!

–¡SÍ! ¡SÍ! ¡SÍ! ¡Veinticuatro horas! ¡Ja! –Hermione estaba tan emocionada que corrió de regreso al castillo y no se detuvo hasta que prácticamente se estrelló contra Harry–. ¡Harry! ¡Harry! ¡Lo hice! –dijo ella. Él y Ginny la sostuvieron para intentar calmarla.

–¿Hiciste qué, Granger? –se escuchó un molesto ruido–. ¿Besaste a Vector? No sé qué otra cosa te tendría tan emocionada.

Hermione soltó una exclamación de sorpresa, y Harry se dio la vuelta para enfrentar la intromisión.

–Lárgate, Malfoy –dijo–. No es de tu incumbencia.

–Oh, pero es tan entretenida, Potter –respondió Draco Malfoy.

–Bonita… ¡Ja! –dijo Pansy Parkinson del brazo de Malfoy–. Creo que Skeeter fue confundida para escribir eso.

–¡Y tú, Parkinson! –soltó Harry. Malfoy ignoró su advertencia.

–¿Qué se siente, Potter, saber que tu novia te está engañando con un profesor, y mujer? Pensé que podrías conseguir a alguien mejor que eso.

–No soy su novia –dijo Hermione al mismo tiempo.

–No es su novia –agregó Ginny, para las miradas divertidas de ellos.

Harry dio un paso al frente y sacó su varita. Malfoy sacó la suya en respuesta.

–No es mi novia. Y no está con la profesora Vector, no que sea de tu incumbencia –dijo–. Y si vuelves a hablar así de ella… usaré en ti uno de los hechizos que me enseñó.

–Oh, ¿te enseña hechizos ahora? ¿Y no te dijo que eres un inútil? ¿O te mintió para que no te alejaras de ella como lo hizo Weasley?

Ginny sacó su varita ahora, seguida de Hermione y Parkinson. Eso le había dolido.

–Vete ahora, Malfoy, si sabes lo que es bueno para ti –respondió Harry.

–Mmm… no, creo que no. –Hubo una pausa breve, y de repente fue como si todos supieran lo que iba a ocurrir después. Entonces, acción.

¡Furnunculus!

¡Densaugeo!

¡BANG!

Harry y Malfoy habían disparado al mismo tiempo, pero Malfoy no había estado apuntando a Harry. Había movido su varita y había disparado a Hermione. Y aun así, de algún modo, Harry había anticipado esto y había saltado enfrente de Hermione para lanzar su propio hechizo. Los hechizos se estrellaron en el aire y ambos fueron lanzados hasta estrellarse contra las paredes.

Malfoy permaneció de pie, sorprendido de que Harry había anticipado su movimiento.

–¿Quieres intentarlo de nuevo? –dijo Harry–. Aléjate de mis amigos.

Malfoy lo observó y pareció analizar sus opciones antes de darse la vuelta y dirigirse a Parkinson.

–Vamos, Pansy, dejemos a estos perdedores.

–Gracias, Harry –respiró Hermione con alivio cuando se fueron–. No puedo creer que saltaras enfrente de mí de ese modo.

–Oye, ¿para qué son los amigos? –dijo él–. No podía dejar que te lastimara de ese modo. ¿Y qué era ese hechizo? –Hermione se sonrojó.

–Era un maleficio para crecer los dientes. Lo vi cuando estaba buscando magia dental el año pasado.

–Vaya, eso es cruel incluso para él.

–Lo sé. Además –dijo ella con orgullo–, yo soy quien debería estar usando ese hechizo. –Mmm… no es una mala idea, pensó. Quizás debería inventar algunos maleficios relacionados con los dientes si tenía el tiempo. Harry sólo se rio.

Fueron a cenar y Hermione explicó a Harry que había inventado un hechizo para que usara en el torneo y que sólo necesitaba enseñárselo. Ambos comieron rápidamente para que pudieran comenzar lo antes posible. Ginny y los gemelos estaban interesados en verlo, pero Hermione señaló que probablemente tendrían que permanecer fuera hasta tarde, y sería más fácil que solo ellos dos se escabulleran usando la capa de invisibilidad de Harry. Aunque sí realizó una excepción, lo cual la llevó a la mesa de Hufflepuff.

–Disculpa, ¿Cedric?

–¿Qué quieres, Granger? –dijo uno de los chicos cerca de Cedric. Varios Hufflepuff la miraron con molestia, probablemente por su apoyo a Harry.

Cedric levantó su mano para callarlo.

–¿Sí, Hermione?

–Inventé un hechizo para ayudar a Harry en la primera prueba. Quería decírtelo. Te lo enseñaré también, si quieres.

Las cejas de Cedric se elevaron una fracción. Ya había ofrecido ayudarlos a él y Fleur, pero no con un hechizo concreto a enseñar.

–Es muy generoso de tu parte, Hermione, pero creo que mi plan funcionará bien.

–Oh, de acuerdo –dijo ella, decepcionada–. Sólo quería revisar. Quiero decir, si es lo suficiente sencillo para Harry, pensé que quizás te ayude bastante.

Las miradas de los otros Hufflepuff se intensificaron. Probablemente no apreciaban su intromisión. El tono de Cedric fue amable, pero aún la rechazó.

–Aprecio tu preocupación, Hermione, pero voy a lograrlo solo.

Quería decirle como se sentía realmente… cuanto le gustaba… sí, podía admitírselo a sí misma… y como estaba preocupada porque algo le pasara, y aún si su hechizo no le era útil, se sentiría mejor si fuera con ella y lo viera por sí mismo. Pero no sentía que pudiera bajo las miradas de sus compañeros.

–De acuerdo –murmuró–. Buena suerte. –Y le dijo a Harry que fuera por su capa de invisibilidad.

–Has estado rompiendo muchas reglas últimamente, ¿no, Hermione? –bromeó Harry, intentando animarla.

–Ellos lo hicieron primero al obligarte a participar en esto –dijo ella–. Sólo estoy intentando nivelar el puntaje. –Fue con Madame Pomfrey por otra poción pimentónica y se encontró con Harry para llevarlo a la misma zona en los terrenos, lejos del castillo y cerca del bosque prohibido, donde encendió su antorcha de nuevo. Podían escuchar los rugidos de los dragones en la distancia.

–De acuerdo, Hermione, ¿cómo se supone que voy a luchar contra un dragón? –preguntó Harry.

–La idea de Remus es buena –dijo ella–. Ve por los ojos. Esos son su punto débil. El problema es el poder y la puntería. Me di cuenta de que necesitas una manera de cegarlo sin tener que apuntar bien. ¿Has escuchado de las granadas aturdidoras? ¿O quizás las conoces como granadas cegadoras? –Harry la miró confuso.

–¿Quieres decir esas cosas que el ejército muggle usa para aturdir a todos en un cuarto?

–No exactamente. Una granada aturdidora produce un flash brillante y un fuerte ruido. El flash causa ceguera temporal. Es tan brillante que satura por completo la retina. Se vuelve físicamente imposible el ver por unos segundos. El ruido es tan fuerte que no sólo causa sordera temporal, pero también interrumpe el uso del oído para que pierdas tu sentido del equilibrio.

–¿Cómo sabes todo esto, Hermione? –dijo Harry nervioso.

–Recibimos varios soldados y policías en la clínica de mis papás. Además de lo que aprendieron en la escuela de ortodoncia.

–Cierto… ¿Así que quieres que le haga eso a un dragón? ¿Cómo lo hago?

–Ya probé la técnica. Sólo necesito enseñarte dos hechizos. ¿Ya aprendiste el encantamiento desvanecedor?

–No, ni siquiera puedo con el convocador.

–Bueno, esperemos que el desvanecedor sea más fácil. El otro hechizo es el que inventé hoy. Vas a usarlo en el suelo del estadio.

–¿Sí?

–Sí. Verás, las granadas aturdidoras contienen magnesio, y hay bastante magnesio en la tierra. Inventé un hechizo que filtra los iones de magnesio fuera de la tierra y los vuelve metal puro, y creo que podrás aprenderlo. Tendrás que depender del dragón para prenderlo en llamas. Ahora, la antorcha representa el dragón. –Señaló a la llama bailarina–. Necesitarás protección para los ojos y oídos. –Transformó dos pares de tapones de oídos y dos pares de lentes azules–. Usa el encantamiento de cambio de color que inventé en segundo año –dijo en voz lo suficiente alta para que la escuchara a través de los tapones–. Ahora, usarée mi hechizo en el suelo enfrente de mí. Ten cuidado de que el polvo no caiga sobre ti. –Agitó su varita en un círculo amplio sobre el suelo–. Dialego Kathar Magnesia. –Lentamente, lo que parecía una nube densa plateada se elevó del suelo y permaneció en el aire. Era de unas dieciocho pulgadas de ancho y opaca, como humo denso–. Ahora, desvanece la nube hacia la cabeza del dragón. No tienes que darle en los ojos, sólo lo suficiente cerca para que lo considere como una amenaza y le lance fuego. Y asegúrate de no estar muy cerca. –Apuntó su varita–. ¡Depulso! –La nube de magnesio se aceleró lejos de ella como si impulsada por un abanico. Al instante en que tocó la llama...

¡BUM!

El ruido sacudió los árboles. Las manos de Harry volaron a sus oídos a pesar de los tapones, y fue tan brillante que sus ojos se cerraron a pesar de los lentes azules. Pero si creía a Hermione, el dragón terminaría peor. La miró con asombro y algo de miedo y se preguntó si se había estado reprimiendo todo ese tiempo.

–Hermione –dijo–, recuérdame nunca hacerte enojar.

Desafortunadamente, Harry pronto descubrió lo escalofriante que Hermione podía ser cuando tenía una misión, y su misión esa noche era enseñar a Harry como luchar contra un dragón en menos de dieciocho horas. Colocó varias antorchas a distancia segura y comenzó a enseñarle el hechizo de granada aturdidora. Era más intenso que cualquier cosa que él había hecho en clase del profesor Flitwick. Hermione lo corrigió por horas por su movimiento de varita, la pronunciación de las palabras, y el ritmo y momento para conectarlo todo. Lo hizo practicar una y otra vez. Dibujó figuras en el suelo para mostrarle exactamente lo que el hechizo estaba haciendo a nivel molecular para que pudiera mantener la intención firme en su mente. A veces, le recordó bastante a un sargento de entrenamiento, aunque eso quizás fue por la desesperación y falta de sueño en ella.

Pero su trabajo dio resultados. Gradualmente, avanzó de no recibir respuesta a producir unas cuantos hilos de polvo, y finalmente, cerca de la medianoche, produjo una nube densa y grande de polvo de magnesio, como la de Hermione. Entonces, lo hizo hacerlo de nuevo, y cuando logró hacerlo sin problemas tres veces seguidas, lo comprobó desvaneciendo la nube en dirección a una de las antorchas.

¡BUM!

–¡Eso es genial! ¡Ya lo tienes, Harry! –dijo Hermione con una sonrisa maniaca. Ahora, estaba seguro de que la falta de sueño la estaba volviendo loca–. Y ahora, el encantamiento desvanecedor.

Harry gruñó ante la idea de tener que aprender otro hechizo, pero fue interrumpido por una voz fuerte proveniente de los terrenos.

–¿Harry? ¿Hermione? ¿Qué están haciendo aquí? Están asustando a los animales. –Se dieron la vuelta para ver a Hagrid caminando en su dirección con una antorcha.

–Hola, Hagrid –dijo Hermione–. Estaba ayudando a Harry a entrenar para el torneo.

La mirada molesta de Hagrid cambió a una de preocupación y bajó su voz un poco.

–Pues, no pueden hacerlo aquí –dijo–. No puedo cubrirlos si están haciendo ruidos así.

–Está bien, Hagrid, podemos regresar ahora –le aseguró Hermione–. Podemos hacer la otra parte adentro.

–Bueno, está bien entonces, supongo. Sólo no dejen que los descubran. Oh, y buena suerte mañana, Harry… e intenta no lastimar al tú sabes qué.

–Eh… gracias, Hagrid. Lo intentaré.

–Buenas noches, Hagrid –dijo Hermione–. Toma tu capa, Harry. Iremos a la sala de los menesteres.

Los dos adolescentes caminaron de regreso bajo la capa de invisibilidad. Hermione aún parecía estar bastante despierta, pero tenía una mirada distraída en sus ojos, y Harry comenzaba a preocuparse de ella.

–¿Estás segura de que estás bien? –preguntó.

–A estas alturas, eso depende de tu definición de "bien", pero sigo adelante.

–No necesitas quedarte despierta dos noches por mi –insistió él.

–Fue mi elección Harry. Quería ayudarte.

–Pues, estoy feliz de que lo hicieras. Aún no estoy muy acostumbrado a personas tomándose tantas molestias por mí.

–Mmm, supongo que sí soy algo terca –concedió ella–. Todos conspiran en nuestra contra, y yo me encajo más. –Harry se rio–. Gracias de nuevo por protegerme de Malfoy hace rato –agregó ella–. Se que probablemente vas a decir que no fue nada, pero significa mucho para mí. Supongo que yo aún no estoy acostumbrada a tener personas que me defiendan. No de ese modo de bravucones en lugar de magos oscuros intentando matarnos.

Harry estuvo callado por un momento.

–No me gustan los bravucones, Hermione. Mis parientes son unos bravucones. Todos, y no puedo soportarlos.

–¿Tan mal?

No respondió. Habían llegado a la sala de los menesteres. Harry se hizo a un lado mientras Hermione abría la puerta. Le dijo a la sala que produjera un gran número de almohadas para que practicaran el encantamiento desvanecedor. Sin embargo, una vez dentro, Harry se quedó quiero, aparentemente perdido en sus pensamientos.

–¿Harry?

–Sabes, nunca había dicho a nadie lo horribles que son mis parientes –dijo–. Ni siquiera a Sirius.

–Harry, no quise… No tienes que hablar sobre eso.

–Yo… creo que quiero. Creo que después de todo lo que hemos pasado, tú mereces saber más sobre mí.

Hermione se sentó en un banco que la sala había provisto… no un sillón. No quería arriesgar eso, incluso con la poción.

–De acuerdo, entonces –dijo, tranquila–. ¿Qué hicieron?

Harry también se sentó en un banco y comenzó su historia.

–Cuando Dumbledore me llevó con los Dursley, me dejó en la puerta, envuelto en una sábana con una carta para mi tía, diciéndole lo que había pasado.

–¿Te dejó en la puerta? ¿Ni siquiera tocó?

–No, pero no me importa realmente. Los Dursley fueron peores. A la mañana siguiente, cuando me encontraron ahí, ellos… pusieron esa sábana en la alacena debajo de las escaleras y la usaron como mi cama.

–¡No! –Pero podía ver que lo decía completamente en serio–. ¿Por cuánto tiempo?

Harry le mostró una sonrisa torcida.

–Mi primera carta a Hogwarts fue dirigida a la alacena debajo de las escaleras.

–¡Dios mío! –Sin poder contenerse, se puso de pie de nuevo y lo abrazó–. ¿Cómo pudieron hacerte eso?

–Creo que te dije lo mucho que tía Petunia odiaba a mi mamá. Dijo que era un monstruo, y yo también. Pero bueno, fue entonces cuando finalmente me sacaron de ahí.

–¿Qué pasó? –dijo Hermione, dejándolo de nuevo–. ¿Por qué te dejaron salir?

–Vieron la carta y se asustaron pensando que alguien observaba la casa, así que me dieron la segunda habitación de Dudley.

–¿Tenía una segunda habitación?

–Sí. Lo consentían sólo para echarme en cara como era mucho mejor que yo.

–Eso es terrible. –Hermione estaba al borde de las lágrimas–. No puedo creer que fueron tan crueles. ¿Hubo más? ¿Te golpearon también?

–No, ese fue Dudley. Dejaban que me golpeara cuando podía atraparme, pero siempre fui más rápido que él. Claro, aún ahuyentaba a todos los que intentaban ser mis amigos. No tuve ningún amigo hasta que vine aquí. Tío Vernon y tía Petunia me daban golpes de vez en cuando, pero nunca usaron un cinturón o algo así. Son tontos, pero no son tan tontos. Sólo me hacían hacer todas las labores y me encerraban en mi alacena cuando hacía algo mal.

–Por Dios, es un milagro que terminaste tan bien. Eso aún es abuso emocional y negligencia, sabes. En verdad no deberías tener que regresar ahí.

–Sí, pero sólo son dos semanas al año, y me mantiene a salvo de Voldemort. Puedo manejarlos ahora.

–Supongo –dijo Hermione en un tono que dejaba claro que no estaba de acuerdo–. ¿Es todo? Sí te alimentaron, ¿verdad?

–La mayoría del tiempo. Aunque esa vez después de que Dobby se apareció, comencé a preocuparme… –Para la sorpresa de Harry, ante la mención de Dobby, Hermione comenzó a reírse y llorar de manera descontrolada al mismo tiempo–. Eh, Hermione, ¿estás bien? –dijo.

–Oh, lo siento, Harry –dijo ella, ahogándose en su propia risa–. No es tan gracioso. Es sólo que… Dobby… cuando estamos en casa, duerme en la alacena debajo de las escaleras… ¡por elección propia! Está limpia y llena de muebles y cosas, y aparentemente eso es normal para los elfos, pero...

Harry lo imaginó y comenzó a reírse histéricamente él también. Pronto, ambos cayeron al suelo, aun riéndose.

Hermione no podía creer que confiaba en ella tanto para contarle todo esto. Ella no tenía algo tan terrible en su propia vida, por lo cual estaba bastante agradecida, aunque en su mente, eso le hacía difícil el poder demostrar su gratitud por tal confianza.

–Pues, me alegra que finalmente salieras de ahí, en su mayoría –dijo una vez se recuperó–. Pero en verdad necesitamos regresar a trabajar. Oh, eh, hay una cosa más… Aunque no tienes que responder.

–¿Sí?

–¿En verdad aún lloras por tus padres? No pensaré menos de ti si lo haces. Es sólo que no suena como tú.

–No. –Negó con la cabeza–. Rita Skeeter lo inventó. Yo… aún me siento triste a veces, pero no los conocí realmente. Sólo es algo con lo que crecí.

–Lo entiendo, Harry.

El aprender el encantamiento desvanecedor no fue tan difícil como el hechizo de Hermione, pero aún fue un desafío, y Harry se estaba cansando, considerando que él no había tomado ninguna poción. Aun así, Hermione lo obligó a continuar, enfatizando la necesidad de empujar las almohadas lejos. El hechizo tenía que ser lanzado con fuerte intención, quizás incluso con algo de enojo. Harry trabajó y trabajó y puso todo de sí. Hermione aún se sentía algo estresada y su ojo comenzó a mostrar un tic al final de la noche. Por un tiempo, parecía que Harry tenía un bloqueo mental, pero finalmente, lo logró. Eran casi las seis de la mañana cuando terminaron, pero logró usar el hechizo tres veces seguidas, y Hermione terminó todo con una lucha de almohadas usando sólo el encantamiento, la cual ganó, aunque él dio una buena lucha.

–De acuerdo, Harry, creo que estás listo –dijo ella–. Tan listo como puedes estar, por lo menos. Vamos, te ves cansado. Deberías descansar un poco antes de la prueba.

–Todos los demás van a despertarse en un par de horas –gruñó él.

–Mmm… vamos. Tengo una idea. –Lo sacó de la sala y comenzó a caminar enfrente de la puerta en el pasillo. Después de tres vueltas, una puerta diferente apareció. Dentro había un cuarto pequeño en el estilo de la sala común de Gryffindor con otra puerta dentro. Hermione abrió esta puerta y encontró una habitación con una cama del mismo tipo que las camas en Gryffindor–. Listo. Ahora, nadie te molestará.

–Vaya, genial.. Pero, ¿y tú?

–Harry, pasé las últimas cuarenta y ocho horas trabajando en estos hechizos. Estoy muy atrasada en mi tarea.

¿Tarea? Pero no puedes...

–No, no te preocupes por mí. Tú necesitas descansar. Yo no soy la que tiene que enfrentarse a un dragón esta tarde. ¿Dobby?

¡Pop!

–¿La señorita Hermione aún está despierta? –dijo Dobby–. Debería estar durmiendo.

–Dormiré esta noche, Dobby. Dormir todo de un golpe. Si lo intento dividir, probablemente no termine mi trabajo. ¿De acuerdo?

–Sí, señorita –dijo con renuencia.

–Bien. Por favor trae a Harry su pijama a este cuarto, y tráeme mis libros de la escuela del carruaje. Y quiero que despiertes a Harry al cuarto para las doce para almorzar.

–Comprendo, señorita. –Desapareció.

–Probablemente se tardará unos minutos –dijo Hermione. Pensó por un momento–. No creo tener historias de mi infancia tan dramáticas como las tuyas, Harry.

–Eso definitivamente es algo bueno –dijo él.

–Cierto, pero hay una que quiero contarte. –Él se sorprendió, pero asintió–. Estoy segura de que sabes cómo, en escuelas muggle, no es "popular" el ser inteligente. –Él asintió de nuevo–. Pues cuando estaba en tercer grado, los otros niños comenzaron a notar lo diferente que era. Fue cuando comencé a recibir clases privadas en matemáticas porque estaba adelantada. Y ya podía hacer cosas como multiplicar números grandes en mi cabeza. Muchos de los otros niños estaban impresionados, pero algunos se burlaron de mí. Me… me llamaron "fenómeno". Ahuyentaron a todos mis amigos. Algunas de las niñas me golpearon un poco. Se puso peor y peor conforme pasó el año. No sé lo que hubiera hecho si no hubiera tenido a mis padres. Incluso consideraron hacer que cambiara de escuelas.

–¿Pero no lo hicieron? –preguntó Harry.

–No. Mi maestra vio lo que estaba pasando y vio mis calificaciones y dijo que estaría mejor saltándome un año, y eso hice. Fui directo al quinto año al finalizar el ciclo. Entonces, era la más pequeña de la clase y supongo que sintieron que debían protegerme o algo porque no tuve muchos problemas después de eso. Bueno, sé que no es tan malo como lo que te pasó a ti, pero se cómo es ser perseguido y no tener amigos. Por eso intento tanto el ayudar a mis amigos. Se lo que valen.

Harry le sonrió, se acercó a ella, y la abrazó. No tenía problemas al ser abrazado, pero Hermione no podía recordar que él hubiera iniciado un abrazo antes.

–Yo también –susurró. Se quedaron ahí, dos espíritus similares, hasta que Dobby regresó con sus cosas. (De hecho, el elfo les dio unos minutos extra.) Y por un momento, Hermione fue capaz de dejar de lado sus preocupaciones.


Notas del autor: Dialego Kathar Magnesia: del griego para "separar y purificar magnesio".