Harry Potter es igual a JK Rowling al cuadrado, dividido por el radio de White Squirrel.

Notas del autor: Pues, este es mi capítulo más largo, ¡y el primero de MÁS DE 9,000 palabras! Consideré dividirlo, pero no encontré un lugar que coordinara bien con el próximo capítulo. No estoy seguro de porque algunas personas tienen la idea de que Hermione está intentando resolver los problemas de todos. Esa no fue mi intención. Ofreció ayudar a Fleur por amabilidad, pero no le dio mucha importancia. Empujó un poco más con Cedric porque le gusta, algo que pensé que había dejado bien en claro. No veo donde está mostrando un patrón de codependencia fuera del torneo, y tomará su propio camino de manera bastante prominente conforme pase el tiempo.

Notas de la traductora: Estaré fuera del país por viaje del trabajo durante el mes de septiembre y puede que me retrase con la actualización de los próximos dos capítulos. Pido disculpas por adelantado, aunque haré lo posible por publicarlos a tiempo.


Capítulo 71

Harry descubrió que estaba feliz de haber dormido hasta el almuerzo. Significaba que tenía menos tiempo para preocuparse por la prueba. No que no la estuviera temiendo, pero ahora que estaba preparado, estaba más con humor de quitársela de encima. No tenía muchas ganas de comer, pero no tenía sentido enfrentarse a un dragón con el estómago vacío… aunque cuestionó si un estómago lleno sería una idea mejor… así que él y Hermione bajaron a almorzar juntos.

Hermione había ido a ver a Madame Pomfrey mientras Harry dormía y ahora tenía una expresión vacía y ojos ampliamente abiertos con ojeras que casi parecían pintadas. Después de su tercer dosis de poción pimentónica, comenzaba a odiar esa cosa. Sentía su mente nublada… una terrible sensación para ella. Mientras tanto, su corazón estaba acelerado, y se sentía nerviosa y con poca paciencia. Nunca había estado despierta por tanto tiempo, y ahora se arrepentía de haber hecho su tarea. Había avanzado bastante a pesar de apenas poder enfocarse, pero sabía que no estaba a su nivel normal.

Pero si hoy funcionaba, valdría la pena. Harry les demostraría a todos y patearía el trasero del dragón, lo cual ella consideraba una verdadera posibilidad (o eso se decía a sí misma para no tener que pensar que podría ser comido).

Así que se sentía bastante irritable, y había muchas cosas por las que estar molesta ese día, como cuatro estudiantes básicamente siendo arrojados a un juego de gladiadores. ¿De quién había sido la brillante idea? Si fue Bagman, lo crucificaría.

Su mal comienzo empeoró mientras ella y Harry bajaban a almorzar… algo tarde, después de que la mayoría de los estudiantes habían pasado. Fue en el último tramo de escaleras, cuando no había nadie más cerca, que escuchó una voz desde arriba.

¡Supplanta!

–¡AHH! –gritó Harry al ser golpeado por un maleficio para tropezar, se tambaleó, y cayó sobre el barandal, en dirección al suelo de la entrada principal.

–¡HARRY! ¡SPONGIFY!

Rápido y sucio, como una vez dijo Septima, fue la solución aquí. Hermione ni siquiera pensó mientras sacaba su varita y lanzaba el encantamiento ablandador más fuerte que podía al suelo abajo. Harry golpeó la piedra y rebotó una vez antes de detenerse. Se giró, gruñó adolorido, y comenzó a ponerse de pie. Hermione suspiró con alivio, y después se dio la vuelta para ver a un sonriente Draco Malfoy en la cima de las escaleras, rodeado de sus secuaces.

–Ya era hora –dijo–. Pensé que iba a saltarse el almuerzo...

¡TÚ! –gritó ella–. Asquerosa, odiosa, malvada… ¡Expelliarmus! …¡cucaracha! –Malfoy tembló mientras Hermione hacía algo que nunca hubiera esperado: corrió arriba, lo desarmó, y sostuvo su varita bajo su garganta antes de que pudiera parpadear–. ¡Suéltala, Parkinson! –exclamó. Pansy había sido la única de sus amigos lo suficiente lista para sacar su varita, ya que Crabbe y Goyle parecían muy sorprendidos para moverse. Malfoy lucía asustado. Bien–. ¡No puedo creer…! Eso fue bajo, incluso para ti, Malfoy. ¿Qué crees que hubiera pasado si Harry se hubiera roto la pierna y no pudiera competir? –demandó. De hecho, esa era una buena pregunta. ¿Cómo reaccionaría el contrato mágico si el campeón era incapacitado?–. ¡Podría haber sido maldecido! ¡Lo podrían haber arrojado ahí para que fuera comido con vida! Pero no te importa, ¿verdad? Es divertido para ti si muere hoy mientras recibas tu panem et circenses. Debería...

–¡Hermione!

Era la voz de Harry. Salió de su estupor y miró a su mano horrorizada por lo que estaba haciendo. ¿En realidad tenía su varita en la garganta de Malfoy? Sí. Sí, la tenía. Estaba de peor humor de lo que había pensado, pero aun así… Dio medio paso a un lado para poder ver a Harry aun manteniendo su mirada en los Slytherin.

–Hermione, no. Estoy bien. No vale la pena –dijo Harry.

Hermione relajó el agarre de su varita y comenzó a retroceder, pero en su estado actual, no pudo resistir dar un golpe final… con su mano derecha. Cambió su varita a su otra mano y dio un puñetazo a Malfoy en la nariz con un crack satisfactorio. Él cayó con fuerza, gimiendo por el dolor y la indignación.

–Intenta sabotear a Harry de nuevo y te lanzaré un maleficio que te hará perder los dientes, Malfoy –siseó–. Y soy hija de dentistas; puedo lograrlo.

Los Slytherin huyeron, aunque probablemente fue más por vergüenza que por miedo. Cuando Hermione se reunió con Harry, él la observó con los ojos ampliamente abiertos, sin habla.

Sí, la falta de sueño le hacía cosas extrañas.

Desafortunadamente, o quizás afortunadamente, no estaban tan solos como ella había pensado porque cuando se dieron la vuelta para ver la entrada, se encontraron frente a frente con tres Weasley paralizados. Genial, ahora todos se van a enterar, pensó.

–Demonios, Hermione –comenzó Fred.

–¡Eso fue brillante! –dijo George.

–Y aterrador.

–Y genial. Quiero decir, ¿golpearlo en la nariz?

Por Merlín, acabo de golpear a alguien en la cara, ¿no? Pensó. Se supone que no soy la violenta por aquí.

–Vaya, Hermione, no tenía idea de que tenías eso en ti –dijo Ginny–. Ron se va a enojar por perderse eso.

–Soy hija de dentistas...

–...puedo lograrlo –citaron los gemelos con tono amenazante.

Oh no, ¿en verdad dije eso? Pensó.

–Recuerdo a tus padres contándole a papá a que se dedicaban –dijo George–. Malfoy debería estar asustado.

Hermione estaba muy mortificada para responder. En su lugar, sólo logró avanzar.

–Vamos, hay que comer.

La profesora McGonagall llevó a Harry al campo de quidditch en cuanto terminó el almuerzo. Los dragones habían sido calmados, contenidos, y escondidos, pero se podían escuchar sus gruñidos y resoplidos a distancia. Hermione los siguió de cerca, esperando poder darle unas palabras finales… mal dicho… unas palabras. McGonagall obviamente notó su preocupación, porque se alejó un poco de la entrada a la carpa para darles un momento.

–Estás listo, Harry –dijo Hermione, intentando calmarse a sí misma tanto como a él–. Tienes memoria muscular. Deja que tu brazo haga el trabajo y concéntrate, como practicamos...

–Todo va a salir bien –dijo él–. Confío en tu hechizo.

–¡Harry, no digas eso! –lloró ella–. Lo intenté, pero… Ahora, si mueres ahí afuera, ¡será mi culpa!

–Hermione, tranquila. Tu hechizo es brillante. Es mejor que la mejor idea que se le ocurrió a Remus, y él fue el mejor profesor de Defensa que hemos tenido.

Ella se sonrojó ante el cumplido, pero no hizo que se preocupara menos.

–Pero aún tienes que...

–Luchar contra un dragón, lo sé.

Casi llorando, lo abrazó.

Entonces, hubo el flash de una cámara.

Ambos se separaron como si estuvieran quemándose, pero fue muy tarde. La foto había sido tomada, y Rita Skeeter estaba caminando a ellos con entusiasmo.

–¡Amor juvenil!

–Eso no fue...

–No estamos...

–Que… estimulante.

–¡Sólo somos amigos! –protestó Hermione.

–Me estaba ayudando a entrenar –dijo Harry, pero Rita no parecía estar escuchándolo. Hermione cambió su opinión de la mujer de "disgusto" a "odio".

La profesora McGonagall también había visto el flash y se había apresurado a decir a Rita lo que pensaba.

–¡El director puede prohibirte entrada a la escuela! –Pero sorprendentemente, incluso la ira de McGonagall no pareció asustar a Rita Skeeter. Quizás en verdad era tan fuerte como Septima había dicho. McGonagall eventualmente llevó a Hermione a las tribunas, donde se encontró con los Weasley de nuevo, colocándose entre George y Ginny. La persona detrás de ellos fue una sorpresa, sin embargo.

–Buenas tardes, Hermione.

Tuvo que parpadear un par de veces para estar segura de a quien estaba viendo. Hubiera pensado que habría una tribuna para los maestros.

–¿Septima? –dijo con confusión.

–Por supuesto. Quería verte. He estado muy preocupada por ti, Hermione. Te apareciste hace dos días, y casi nadie te ha visto desde entonces.

–Estaba ayudando a Harry –respondió bruscamente.

–Cierto. Lo entiendo, aunque escuché algunos rumores bastante escalofriantes sobre ti justo ahora.

Hermione lanzó una mirada molesta a Fred y George. ¿Qué no podían pretender que no había pasado? Probablemente también sería regañada por Madame Maxime más tarde.

–Comprendo que quieras ayudar a tu amigo, pero tú no eres así, Hermione. ¿Estás bien? –dijo Septima, notando sus ojeras.

–¿Bien? Eh… no realmente, Septima –soltó. Había notado el tic en su rostro, y sus temblores estaban empeorando–. Cree un hechizo nuevo potencialmente revolucionario en menos de veinticuatro horas. No he dormido en… –Revisó su reloj–...oh, unas sesenta y dos horas. He estado moviéndome básicamente con la ayuda de pociones pimentónicas desde ayer en la mañana. Estoy completamente despierta, y aun así me siento como un zombi. Oh, y estoy aterrorizada porque mi mejor amigo podría morir hoy. So, eh, no, no creo estar bien. –Septima fue tomada por sorpresa.

–¡Por Dios! –dijo–. Lo siento, no me di cuenta… Tú… ¿creaste un hechizo nuevo para que Harry lo usara en la prueba?

–Sí.

–Sabes, nunca nos dijiste lo que hacía el hechizo –dijo George, colocando un brazo alrededor de sus hombros con una halagadora sonrisa traviesa.

–Sólo espera. Ya lo verás.

–Oye –agregó Fred–, hemos querido preguntarte, pero no te hemos visto… ¿gustas ofrecer tus probabilidades sobre la prueba?

–No, no lo haré –dijo indignada–. No apoyaré este sanguíneo deporte inhumano. –Los gemelos elevaron sus cejas y retrocedieron. Ella observó al domo geodésico que ahora cubría la mitad del campo de quidditch, preguntándose como lo habían construido. Había traído sus omniculares para grabar la prueba y los elevó para ver con más atención. El domo lucía sorprendentemente moderno: hecho de vidrio con marco de metal, y seguramente había sido encantado para soportar a un dragón. Precisamente en medio del domo, vio a Charlie Weasley y varios otros entrenadores colocando un nido de huevos de dragón. La mayoría eran de un color azul brillante, indicando al Hocicorto Sueco, el más pequeño de los dragones, pero uno era de oro puro, posiblemente el premio. Había algo extraño sobre las formaciones de rocas en anillo en el domo. Terminaban en crestas puntiagudas en círculos perfectos, de unos ocho pies de altura y cinco pies en los bordes, pero más planas cerca del medio, con pedruscos grandes en diferentes lados para ser usados como cubierta.

Sus manos estaban temblando… los estúpidos nervios. No había manera de mantener los omniculares firmes. Considerando que hacer, subió un poco más y se recargó sobre el barandal, y, encontrando un palo en el suelo, lo conjuró hacia ella. Entonces, lo transformó en un soporte sencillo y lo usó para colocar los omniculares sobre el barandal, mirando al domo.

–¿Para qué es eso? –preguntó Ginny.

–Estoy grabando la prueba para analizarla después. Podría ser útil.

–¿Qué quieres decir?

–Encontré una manera de transferir las grabaciones de los omniculares a fotos mágicas.

Todas las quijadas cayeron a su alrededor, incluso la de Septima. Lo dijo como si fuera algo trivial, pero eso era por la falta de sueño. Ignoró los pedidos de fotos y sólo dijo que lo pensaría.

No sabía que estaba pasando en la carpa, pero Bagman salió a lo que normalmente era la tribuna de los maestros y explicó a la audiencia que cada uno de los campeones se estaría enfrentando a una madre dragón y tendría que robar un huevo dorado de su nido. Eso sonaba como una muy mala idea, pero la mayoría de las personas no parecieron notarlo.

El Hocicorto Sueco fue llevado a la arena. En verdad era pequeño para ser un dragón… unos veinte pies de largo… pero era mucho más peligroso de lo que parecía por su agilidad y sus llamas azules calientes. La multitud gritó como un montón de plebeyos idiotas cuando lo vieron.

–Asqueroso –murmuró Hermione–. ¡PANEM ET CIRCENSES! –gritó ella. Unas cuantas personas, en su mayoría compañeros hijos de muggles, tuvieron la decencia de lucir avergonzados, pero no muchos.

Unos segundos después, Cedric Diggory entró al área, aparentemente siendo elegido primero.

El corazón de Hermione dio un salto a su garganta. Había querido pensar su propia estrategia de manera justa, lo cual entendía. Era una de las mentes más brillantes en la escuela después de todo, pero ahora, se arrepentía de no haberlo obligado a que aceptara su idea. No creía haber visto nunca antes a alguien tan verde.

Pero entonces, algo más pasó. Algo que nadie había esperado. Algo que literalmente la hizo gritar horrorizada.

El domo entero y la arena dentro se sacudieron y comenzaron a dar vueltas en contra reloj.

–¡Oh no! –lloró–. ¡No no no no no no no!

–Hermione, ¿qué ocurre? –dijo Ginny.

–¡Está dando vueltas!

–¿Sí?

–¡El efecto Coriolis! ¡Cuando Harry use su encantamiento desvanecedor, será llevado a la derecha!

–Oh –dijo Ginny, ojos abiertos.

–Sí. Oh. Esto es malo. Esto es muy malo.

La arena daba una vuelta completa cada quince segundos, bajo su cuenta, más rápido de lo que parecía necesario solo para todos pudieran ver bien. Las fuerzas g involucradas debían ser bastante grandes. Un cálculo mental y se dio cuenta que, en el borde, el suelo debía sentirse tan inclinado como una escalera. De repente, la forma de la arena tuvo sentido. Lo que parecían extrañas zanjas angulares era una escalera gigante, perfectamente horizontal y vertical bajo la fuerza centrífuga. Eso era bastante inteligente, pero estaba más preocupada por su apuesto amigo en ese momento.

Cedric intentó varios hechizos para distraer al dragón… luces brillantes y parpadeantes, imágenes en movimiento, e incluso transformó una roca en un perro y lo encantó para que corriera al nido de diferentes ángulos. Todo el tiempo, Ludo Bagman comentó todo con entusiasmo como si fuera un gran espectáculo. Idiota. Quería golpearlo incluso más que a Malfoy en ese momento.

La suerte de Cedric pareció acabarse cuando el dragón finalmente lo alcanzó en el rango de sus llamas. Hermione gritó y se cubrió los ojos. Se escucharon varios gritos ahogados y pensó que todo había acabado, pero entonces, se escuchó un grito celebratorio, y levantó la mirada.

El dragón había fallado.

Estuvo lo suficiente cerca para chamuscar la túnica de Cedric, pero falló, y él corrió fuera de su alcance antes de que pudiera intentarlo de nuevo.

–¡Efecto Coriolis, por supuesto! –dijo ella y comenzó a reírse. Los dragones tampoco podían ser directos. Las vueltas eran una ventaja para los campeones, no los dragones, aunque no sacaba a Harry del apuro. Si su primer ataque fallaba, y el dragón lo explotaba, probablemente comprendería su estrategia. El corazón de Hermione latió con fuerza toda la batalla. Se preguntó cuáles eran los efectos en la salud del uso excesivo de pociones pimentónicas combinado con estrés extremo y si sería capaz de sobrevivir tres más de esos espectáculos. Estaba temblando tanto que tuvo que sostenerse del barandal para permanecer parada. Pensamientos preocupados inundaron su mente. ¿Debería haberle dicho a Cedric lo que sentía por él? Si hubiera estado ahí todo el año, estaba segura de que lo hubiera hecho. Si no hubiera estado tan preocupada por Harry esa semana, estaba segura de que lo hubiera hecho. Pero usó cada minuto libre para ayudarlo, y nunca llegó a hacerlo. Rogó a cualquier poder a cargo de la magia que Cedric… que ambos, de hecho… salieran de esto en una pieza. En cuanto tuviera la oportunidad, pensó, diría a Cedric lo que sentía.

Después de unos quince minutos, Cedric intentó el truco del perro de nuevo, y esta vez, fue exitoso. La madre dragón se alejó de su nido para perseguir al perro, y mientras estaba distraída, él corrió y tomó el huevo dorado. La multitud bramó, y Hermione se dio un golpe en la frente. El dragón había notado algo extraño por el ruido y se había dado la vuelta, lanzándose contra Cedric. Él corrió, tan rápido que Hermione temió que se caería por las "escaleras", la mortal llama azul detrás de él. Él se protegió con su varita, pero algo del fuego logró pasar su escudo, quemándolo en su lado derecho. Se cayó entonces, pero rodó y se puso de pie en cuanto llegó al muro externo. Los entrenadores corrieron para restringir al dragón, hechizos aturdidores volando, mientras Cedric se apresuraba a la salida. Había terminado.

–¡Oh, gracias a Dios! –exclamó Hermione colapsándose en su asiento. Su corazón latía tan rápido que se sentía como si ella hubiera estado en la arena.

–¡Eso fue increíble! –dijeron los tres Weasley al mismo tiempo.

–Sí, increíble –respondió ella débilmente, pero no creyó decirlo con el mismo significado que ellos.

Los entrenadores reemplazaron el nido del hocicorto con otro lleno de huevos verdes mientras que los jueces mostraban sus puntajes. Cedric recibió treinta y ocho puntos de cincuenta posibles. Entonces, el segundo dragón, un Galés Verde, fue liberado en la arena. El verde era más grande que el hocicorto, y normalmente más tranquilo, pero eso no era una gran diferencia en una madre. Hermione se preparó a sí misma, preguntándose como fue decidido el orden de los campeones, y su corazón latió más rápido cuando vio a Fleur Delacour entrar a la arena.

No era tan cercana a Fleur como a Harry o Cedric, pero se había convertido en una amiga, y Hermione pensaba que era una buena persona debajo de ese exterior enojón. Tampoco quería ver que se lastimara. Las veela eran resistentes al fuego, así que la joven mestiza debería tener una ventaja natural en esto, pero no sería fácil.

Fleur puso sus otros rasgos veela a buen uso en esto. Parecía estar intentando hipnotizar al dragón como los encantadores de serpientes, usando hechizos y su magnetismo animal natural para ponerlo en trance. Era bastante ingenioso, y parecía estar funcionando. El dragón se detuvo, se relajó, cayó adormilado, y se recostó enfrente del nido, ambos ojos cerrados… ningún "ojo medio abierto", como había dicho Tolkien.

–Ahora, todos callados –dijo Bagman en un susurro amplificado–. No queremos que se despierte.

Vaya, así que no era un completo idiota después de todo. Aún más sorprendente, la multitud obedeció. La tarea de Fleur fue fácil, entonces. Se acercó mientras el dragón dormía y tomó el huevo sin que lo notara. Fue una estrategia brillante. Desafortunadamente, mientras se alejaba, el dragón roncó y prendió en fuego su falda, aunque ella lo apagó con un chorro de agua de su varita y corrió a la salida. Después de todo eso, Fleur recibió treinta y cinco puntos.

–¡¿Qué?! –gritó Hermione. Eso no fue justo. Odiaba admitirlo, pero Fleur había actuado mejor que Cedric. La diferencia tuvo que ver con Karkaroff, quien estaba siendo obviamente injusto con sus puntajes, y claramente sexista. (O quizás más en contra de mestizos. Era un antiguo mortífago, después de todo.)

El tercer dragón era el Bola de Fuego Chino, y Hermione no se sorprendió cuando Viktor salió a enfrentarlo. Harry tenía razón; le tocó lidiar con el más grande y feroz.

Krum no evadió al dragón como los otros lo habían hecho. Lo atacó de frente.

¿Cómo se sentiría Bulgaria si su héroe nacional era comido por un dragón en este concurso? Se preguntó Hermione. Quizás declararían guerra. ¿Podría unirse a su facción si lo hacían? Quizás sería una mejora.

Dios, estaba delirando.

¡Conjunctivitis! –gritó Krum, y un enfermizo rayo de luz rosa salió hacia la derecha. Lució confundido por un momento, pero se dio cuenta de las vueltas y lo intentó de nuevo. Esta vez, golpeó al dragón directo a los ojos. Vaya, Krum tenía buena puntería. Y ahora, podía ver que tan bien hubiera funcionado el plan de Remus.

No tan bien, resultó. El dragón rugió con dolor y comenzó a pisotear por toda la arena… ¡incluyendo su propio nido! ¡Eso era enfermo! ¡Estaban usando huevos de dragón reales para esto! ¡Eran una especie en peligro de extinción y estaban arriesgándola de manera significativa! ¡Sin mencionar lo horrible que era hacer eso a una madre! Pero a Krum no pareció importarle. Corrió y tomó el huevo mientras que el dragón pisoteaba hacia el borde de la arena en la empinada "cuesta". Gracias a su velocidad y el favoritismo de Karkaroff, Krum recibió cuarenta puntos, dándole el liderazgo.

El corazón de Hermione comenzó a latir con fuerza de nuevo cuando otra idea le llegó: el plan de Harry no era muy diferente del de Krum. ¿Y si usaba el hechizo y el dragón se desorientaba y caía sobre su nido para que no pudiera alcanzarlo? ¿Pero qué más podía hacer? Era todo lo que tenía. Se aferró a George como apoyo, y Ginny se aferró a ella mientras el cuarto dragón era introducido.


Harry salió a la arena con su corazón latiendo en su garganta. Apenas escuchó el bramido de la multitud, pero estaba más distraído por su oponente. Iba a enfrentarse al dragón más fuerte y cruel en el mundo. Grande, negro, y de aspecto reptil, el Colacuerno Húngaro era tan grande como un elefante, escupiendo fuego, armado en ambos lados, y rugía con más volumen que la audiencia. Entre los dos se encontraba un nido lleno de huevos negros y uno dorado.

Dio un paso adelante, pero en cuanto pisó una de las extrañas rocas angulares, algo pasó que no había anticipado. Hubo un fuerte tirón, y fue lanzado contra la pared. Se sintió como si el lugar entero se hubiera inclinado sobre un lado. Entonces, levantó la mirada y vio porque: la arena estaba dando vueltas.

–¡Y las vueltas han comenzado! –gritó Bagman–. ¡Que comience el juego!

Harry se puso de pie tambaleándose y se orientó. Cuando se sintió erguido y miró abajo, las zanjas rocosas parecieron una escalera gigante y brusca. Eso era conveniente. Miró a la arena, una vista desconcertante que lo hizo sentirse como si estuviera en la rueda inclinada en un parque de diversiones. El dragón lucía confundido, pero también se estaba orientando de nuevo. Comenzó a escalar hacia el centro.

Necesitaba moverse rápido. Tomó una roca y la transformó en un par de lentes de sol… con una banda para que cubrieran sus lentes normales. No quería ser cegado en su vista periférica.

El Colacuerno Húngaro llegó a su nido y lo cubrió, una garra en cada lado, su atención en Harry. Rugió con fuerza, y cuando eso no lo ahuyentó, lanzó una llamarada. Estaba a unos ochenta pies de distancia, muy lejos incluso para que un colacuerno lo alcanzara, pero fue intimidante.

–No estoy seguro de lo que está haciendo Potter –anunció Bagman–. Parece que está encantando algo. Mantiene su distancia, pero al colacuerno no le va a agradar eso.

Harry terminó los lentes y levantó la mirada de nuevo. El dragón se deslizaba hacia él, y esta vez, estaba lo suficiente cerca para respirar fuego. Quería correr, pero se sintió pegado al suelo. Entonces, escuchó una voz flotando sobre todo el ruido: ¡A la derecha! ¡A la derecha! Era la voz de Hermione, y no la cuestionó. Se lanzó a la derecha al mismo tiempo que el fuego del dragón golpeó la pared a unos pies a la izquierda de donde había estado. Harry no sabía nada sobre el efecto Coriolis, pero pudo notar que las vueltas afectaban la puntería del dragón. La multitud gritó y celebró su breve escape. Si alguien objetó el consejo de Hermione, no lo dijeron. Corrió a lo largo de la zanja lo más rápido que pudo en la dirección de la rotación. Se sentía más inclinado de ese modo, pero continuó. Detrás de él, el dragón perdió su equilibrio y se tropezó "colina abajo" contra la pared. Eso le dio valiosos segundos para escalar la cresta e ir a la siguiente zanja la cual, para su alivio, estaba menos inclinada. Se ocultó detrás de una roca grande y usó el primer hechizo de Hermione: Colovaria Fluctuabrevis, dando un tono azul a los lentes de sol, y se los puso.

–Vaya, eso estuvo cerca –dijo Bagman en sus comentarios–. Potter aún está trabajando. Está… ¿está usando lentes azules? No se si eso ayude, pero veremos.

El colacuerno rugió detrás de él, y él corrió de nuevo, intentando alejarse del dragón lo más que pudo alrededor del círculo. Pero ella era más rápida, y él había perdido tiempo con los lentes. Incluso a través del filtro azul, el fuego lucía vívido. Ella escaló por el círculo detrás de él, y era más rápida que él. Otra llamarada voló hacia él. Esta falló, pero estuvo lo suficiente cerca que quemó su capa. No sabía cómo apagarla, así que se la quitó y estaba a punto de lanzarla al suelo cuando tuvo otra idea. Lanzó la capa al aire, hizo un movimiento de su varita y un Depulso, y corrió sin mirar atrás.

–No, falló –dijo Bagman–. ¡Oh-oh! –Hubo un sonido de masticar que indicaba que el dragón se había comido su capa–. ¿La alimentó con su ropa? No creo que sea una buena idea. ¡Quizás se le antoje más!

Harry escaló a la zanja siguiente, la cual estaba a solo unos tres pies, y continuó corriendo. Se ocultó detrás de otra roca grande, y rápidamente transformó dos piedras pequeñas en tapones para los oídos. Sin esperar a que el dragón lo alcanzara, siguió corriendo y se puso los tapones mientras corría.

–¿Son tapones para los oídos? –dijo Bagman–. No sé qué está haciendo, pero va a ser grande.

Eso fue lo último que Harry escuchó con claridad. Si pudiera escuchar, hubiera notado a Hermione poniéndose un par de lentes azules también y entregando algunos a sus vecinos, y a personas preguntándose si ella sabía algo que ellos no. En su lugar, estaba preocupándose por su puntería. Si tenía que esquivar las llamas a su derecha cuando se enfrentaba al dragón, eso quería decir que cuando disparara de vuelta, tendría que apuntar… a la izquierda… esperaba.

¡CRASH!

El mundo de Harry fue llenado de dolor cuando fue lanzado al aire por el impacto de la cola cornuda del colacuerno contra su pecho. Había visto que no podía alcanzarlo con el fuego, así que lo había atacado con su cola con enojo. Fue sólo gracias a su habilidad para el quidditch y su resistencia natural mágica que le permitió rodar y ponerse de pie entre gemidos. No escuchó a Bagman decir "Vaya, eso debió haber dolido" con tanto entusiasmo que Angelina Johnson sacó su varita e intentó hechizarlo. Definitivamente era hora de usar el arma secreta de Hermione. Sólo necesitaba un buen momento.

Por suerte, cayó más cerca del centro de la arena, donde el suelo era más plano. El dragón estaba a su izquierda ahora, el cual era el lugar incorrecto donde necesitaba estar cuando quería esquivarlo. Aun así, hizo lo mejor que pudo para alejarse de ella y esconderse detrás de otra roca.

Era ahora o nunca. Podía escuchar los rugidos del dragón, acercándose a él como un tigre enorme. Se inclinó a un lado de la roca, concentrándose lo más que pudo, y movió su varita en círculo:

Dialego Kathar Magnesia. Dialego Kathar Magnesia. Dialego Kathar Magnesia.

Una nube densa de polvo metálico se elevó del suelo enfrente de él. Era más grande que todo lo que había intentado ayer, quizás de unos cuatro o cinco pies de largo. Podía sentir el desgaste de energía por el esfuerzo. Sólo esperaba que fuera suficiente. Sólo tenía unos segundos. El dragón estaba casi sobre él. Armándose de todo el valor que tenía, dio un salto para salir de detrás de la roca, hizo un leve movimiento con su varita hacia arriba a la izquierda, y gritó:

¡DEPULSO! –Para su satisfacción, la nube voló directamente a la cabeza del dragón. El dragón tomó aliento para lanzar fuego...

Harry no escuchó las siguientes palabras de Bagman:

–Potter… ¿está creando una cubierta de humo? Interesante. Quizás ayude. Ahora la está… ¿la está desvaneciendo…?

Pero escuchó lo que pasó después.

¡BUUUUUUUUM!


El ruido sacudió la arena entera. Aves volaron por el susto en el bosque prohibido. Todos en la audiencia gritaron y se cubrieron los oídos. La luz fue cegadora, incluso a distancia, dejando a las personas parpadeando en confusión. Incluso Hermione gritó ante el espectáculo. Harry había extraído mucho más polvo de magnesio de lo que había esperado. Cuando su visión regresó a ellos, vieron algo increíble. El dragón estaba sobre sus patas traseras, sus alas enormes batiéndose, intentando alejarse de doloroso estímulo. No sólo ciega, pero sorda y desorientada, se tambaleó, lanzando llamas en amplios arcos a su alrededor, esperando alcanzar a su enemigo. La llama arrasó el lugar donde Harry había estado, pero la esquivó detrás de una roca de nuevo y fue salvado.

Entonces, el dragón se tambaleó. No estaba pisoteando por el dolor como Krum. Estaba tambaleándose como un borracho, y eso ciertamente salvó a su nido cuando se cayó cerca del borde de la arena, golpeando la pared, donde se revolcó, quejó, y gruñó, pero no tuvo el equilibrio para levantarse de nuevo. Silencio descendió sobre las tribunas. Las personas observaron con asombro y horror a la (aparente) muestra de poder de Harry. Él no sólo había pasado al dragón; la había derrotado.

Harry no perdió el tiempo. Corrió al nido, tomó el huevo dorado, y corrió a la salida como si el dragón aún estuviera detrás de él. Y entonces acabó.

–¡SÍ! –gritó Hermione. Sus oídos aún estaban resonando, y su voz estaba ronca, pero no le importó. Abrazó a George con toda su fuerza–. ¡SÍ! ¡SÍ! ¡SÍ! –gritó una y otra vez. George y Fred lucían asombrados, pero sonreían por el éxito de Harry.

–¡Ese es nuestro Harry! –gritó Fred.

–Nuestra Hermione, quieres decir –gritó George en respuesta–. ¡Siempre pensando en cosas espectaculares!

Sintió una mano voltearla, y fue arrasada por el fuerte abrazo de Ginny. Pensó que Ginny quizás la besaría con el entusiasmo que estaba mostrando.

–¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Lo hiciste! –chilló la joven–. ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!

–Sólo hice lo que tenía que hace –dijo ella.

Hermione sintió otra mano temblorosa sobre su hombro y se dio la vuelta y abrazó a Septima con entusiasmo.

–Oh, gracias a Dios que todo acabó –murmuró para sí misma. Pero cuando se separó, vio a Septima mirándola con sorpresa, y si podía creerlo, con algo de miedo.

–Hermione… ¿ese fue tu hechizo? –dijo. Hermione asintió. La boca de Septima trabajó en silencio unas veces antes de continuar–. ¿Qué demonios fue eso?

–Química. Cree un hechizo que extrajo magnesio del suelo. El fuego del dragón lo prendió en llamas.

–¿Química…? ¿Magnesio…? Así que… ¿no descubriste una nueva maldición explosiva que puede hacer caer a un dragón de un solo golpe?

–Por supuesto que no. ¿En verdad crees que Harry puede lanzar algo tan poderoso? Es un simple intercambio. Se aplica algo de poder de manera correcta para desatar una gran fuerza. Dos moi pa sto, kai tan gan kinaso, como dijo el maestro.

–¿Qué? –dijeron los Weasley.

–Es griego. Arquímedes. Significa, "Dame un punto de apoyo y moveré el mundo."


Harry fue llevado a la carpa de los campeones para recibir las felicitaciones de los maestros, aunque Hagrid tenía una expresión preocupada en su rostro. Harry adivinó lo que lo estaba preocupando.

–No te preocupes, Hagrid. Hermione dijo que sólo los aturdiría por un rato. –Hagrid sonrió. Harry quería enojarse con su enorme amigo por estar más preocupado por el dragón que por él, pero no pudo hacerlo. Aún estaba entero, y el preocuparse por animales come-hombres era parte del encanto de Hagrid.

El profesor Moody también estaba ahí, y estaba muy interesado en lo que había pasado.

–¿Te importa decirme qué fue eso, Potter? –dijo–. No me agrada cuando las cosas explotan y no sé por qué.

–Fue idea de Hermione –le dijo Harry–. Es un hechizo que saca polvo de magnesio del suelo o algo así.

–¿Magnesio? Quieres decir polvo aturdidor. Chica lista. Bueno ver que saliste bien librado, entonces.

Harry tuvo que recibir algunos cuidados de Madame Pomfrey; había sido lanzado con bastante fuerza por la cola del dragón. Pero no estaba peor que los otros. Recibió un resumen de lo que los otros campeones habían hecho y sus puntajes de su parte, enunciado por comentarios sobre sus heridas y lo tonto que era todo el concurso. Él estuvo bastante de acuerdo con ella en ese punto.

Finalmente, su puntaje fue anunciado. Madame Maxime le dio nueve puntos, con algo de renuencia, pero después de un espectáculo como ese, era difícil discutirlo. Dumbledore también le dio nueve puntos, al igual que el Sr. Crouch. El Sr. Bagman le dio diez. Y entonces, Karkaroff, quien conspicuamente había esperado hasta el final, elevó su varita y produjo un número tres, provocando abucheos de la audiencia y gritos pidiendo que lo suspendieran del panel de jueces. Harry estaba empatado con Krum en primer lugar.

–¿Cuarenta puntos, Potter? –dijo Cedric–. ¿Cómo rayos lograste eso? –Harry sonrió.

–Fue el hechizo de Hermione. Ella es quien lo hizo.

–¿Hermione? –El rostro de Cedric se ensombreció–. No dijo que iba a ayudarte a intentar ganar.

–No fue así. Ella sólo estaba...

Harry fue interrumpido por la llegada de varios de los amigos Hufflepuff de Cedric y algunos de otras casas, incluyendo a Cho Chang de Ravenclaw. El estómago de Harry dio una vuelta cuando la vio, pero ella no lo miró. Dijeron cosas como "¡Eso fue brillante, Cedric!" y "Tú debiste ganar", y " Eso valió más que treinta y ocho". Harry no pudo hablar más.

Un momento después, una serie de gritos escandalosos anunció la llegada de los Weasley.

–¡Dame un punto de apoyo y moveré al mundo! –dijo uno de los gemelos Weasley, Fred, creyó.

–Sabíamos que eras brillante, pero ni siquiera nosotros hemos visto una explosión como esa –dijo George, probablemente.

–Bueno, quizás me dejé llevar un poco –dijo una voz tímida entre ellos. Entonces, Harry vio algo de cabello castaño adelantarse y estrellarse contra él.

–¡HARRY! Gracias a Dios estás bien –dijo ella–. ¿Estás bien, verdad? ¿Estás herido? Parece que te golpeó muy fuerte...

–Hermione, estoy bien –la interrumpió–. Tu hechizo fue brillante. No podría haberlo hecho sin ti. Muchas gracias.

–Sólo estoy haciendo lo que tenía que hacer –dijo ella, sonrojándose ante el halago.

Dio un paso atrás y dejó que Ginny abrazara a Harry después (Harry se sonrojó bastante), expresando su gratitud de que estuviera vivo mientras que Hermione volteaba a ver a los otros campeones. Necesitaba hablar con Cedric mientras aún tenía la oportunidad.

–Cedric –lo llamó–. Cedric.

–¡Vete, Granger! –dijo una chica Hufflepuff a quien no conocía con una virulencia que sólo había escuchado en Slytherin–. Aquí solo se permite el Equipo Diggory. –Varios de los amigos de Cedric la miraban con molestia. Y también lo hacía Fleur, ahora que lo notaba. No era difícil adivinar porque. Pero no iba a echarse para atrás ahora.

–Necesito decirle algo a Cedric –dijo–. También es mi amigo.

–¿Y por qué no lo ayudaste? –dijo otro chico.

–Esperen. Espera, Zach –dijo Cedric, y la miró–. Sí ofreció ayudarme. –Sus amigos se sorprendieron de eso–. Aunque no pensé que Potter ganaría –dijo. Su expresión no era fría hacia ella, pero definitivamente era menos amigable de lo normal–. ¿Qué querías decirme, Hermione?

Hermione lo observó por un momento, sin saber qué decir. Quería soltarle su corazón. Quería decirle cuanto lo quería y admiraba y como desearía que no estuvieran separados por escuelas y ahora por el torneo. Pero su voz no la obedeció. No aquí. No en público. No con todos sus amigos mirándola de ese modo y la amenaza de que esto llegaría a oídos de Rita Skeeter.

–No estaba intentando ayudar a que Harry te ganara –se descubrió diciendo–. O a ti, Fleur. Sólo intentaba ayudarlo a sobrevivir la prueba. En verdad no pensé que ese hechizo era tan poderoso. Creo que este torneo es bastante violento y peligroso, y no me importa quien gane. Les hubiera mostrado ese hechizo si me lo hubieran pedido. Incluso a usted, Sr. Krum. Y Cedric, mi oferta sigue en pie. –¡No, no, no! ¡Eso no es lo que quería decir! ¡Estúpidos nervios pimentónicos! ¡Eso no es lo que quise decir!

Pero era muy tarde. Cedric pareció darle una mirada de comprensión, una sonrisa incluso, pero sus amigos no fueron tan caritativos.

–Cedric es brillante, Granger. No necesita tu ayuda.

Casi al mismo tiempo, una voz gritó detrás de ella.

–¡Hermione ven aquí!

–Pero… –dijo incómoda entre ambos.

–¡Hermione! –siseó Ginny. La tomó del brazo y le dio la vuelta. Hermione comenzó a enojarse con ella, pero entonces vio lo que Ginny quería que viera: Harry y Ron estaban frente a frente.

–Ron –dijo y comenzó a acercarse a ellos, pero Ginny la detuvo.

–Espera –susurró ella.

Ron, para sorpresa de Hermione, estaba tan blanco como una sábana y lucía casi tan asustado como ella se sentía.

–Harry… –comenzó, intentando encontrar las palabras–. He sido un idiota.

–Oh, así que finalmente lo descubriste –dijo Harry con frialdad.

Ron guardó silencio por un minuto, luciendo bastante incómodo, antes de finalmente soltar:

–Lo siento. –Lo que sorprendió a Hermione más no fue lo que dijo, pero que sonaba completamente sincero. Ron en verdad podía ser una buena persona si lo quería. Había un lado serio y leal en él que veía muy raramente–. Debí saber que no pusiste tu nombre en el cáliz –continuó–. Quiero decir, sabíamos que era peligroso, pero no me di cuenta… Bueno, supongo que no hay manera de que hubieras puesto tu propio nombre para eso. Quien sea que lo hizo debe tener malas intenciones.

–Otra vez –murmuró Harry.

–Sí, otra vez. Eso fue lo más escalofriante que he visto… bueno, no, los dementores probablemente lo fueron, pero aun así, cuando te golpeó con esa cola, pensé que ibas a morir ahí afuera… –dijo Ron. Estaba temblando un poco. Parecía que iba a llorar, pero no lo hizo–. Me pediste mi ayuda, y yo te mandé muy lejos cuando quizás podría haber hecho algo.

Hubo una pausa incómoda. Harry ya no lucía tan molesto, pero claramente estaba considerando si presionar con el tema. Hermione quería unirse desesperadamente, pero Ginny mantuvo un fuerte agarre en su hombro.

–Eso dolió, Ron –dijo Harry.

–Lo sé. –Ron bajó la mirada.

–Y no sólo porque te rehusaste a ayudar.

–¿Eh…?

–¿Alguna vez te he mentido? –preguntó.

–No, no lo creo.

–Entonces porque fue tan difícil creerme esta vez.

–Estaba celoso, ¿de acuerdo? Se que debería estar acostumbrado a todo lo del Niño Que Vivió, pero contigo recibiendo toda la atención, y probablemente continúe así con lo que hiciste a ese dragón, pero fui un tonto y me enojé porque sentía que me estaba quedando atrás. Yo… me alegro de que estés bien.

–No merezco la atención –insistió Harry–. Todo fue idea de Hermione.

Ron se dio vuelta y la miró. Pudo ver al instante lo que Harry no había mencionado. Lucía completamente exhausta. Esta quizás fue la semana más difícil de su vida, y eso era algo.

–Sí, pues, bien por ti, Hermione –dijo–. Hiciste mucho más de lo que yo pudiera haber hecho. Harry, estoy aquí para ti si necesitas mi ayuda de nuevo. Te lo prometo. No sé si soy lo suficiente inteligente para hacer algo por ti, pero...

Con eso, Hermione habló finalmente:

–Vamos, Ron, no eres tan tonto. Normalmente sacas buenas calificaciones, eres sorprendentemente bueno para Runas Antiguas, y eres un prodigio genuino para la estrategia. Esta prueba simplemente no estaba diseñada para tu elemento. Si soy honesta, tampoco para el mío. Sólo tuve suerte de que encontré un hechizo tan rápido. Harry tiene una pista para la segunda prueba, así que quizás será mejor esta vez.

–Sí… esperemos –dijo Ron en acuerdo–. Así que… –se dirigió a Harry de nuevo–. ¿Estamos bien?

Lentamente, Harry sonrió.

–Sí, estamos bien. –Estrecharon manos y se dieron un típico abrazo varonil.

Hermione suspiró y rodó los ojos. Ese era Harry… siempre tan indulgente. No estaba segura de si ella...

–Y Hermione… –Ron interrumpió sus pensamientos. De repente estaba de pie enfrente de ti–. Fui un idiota contigo también, y lo siento. ¿Estamos bien también?

Hermione abrió su boca un par de veces. Luchó contra el impulso de gritarle. No era tan fácil en su estado actual.

–No va a ser lo mismo que antes, Ron –dijo lentamente–. Me dolió, lo que hiciste, y lastimó a Harry aún más. Puedo perdonar lo que hiciste, pero si te soy honesta, no puedo olvidarlo hasta que pruebes que puedes ser mejor. –Él la observó incómodo–. Pero sí, aún somos amigos –terminó.

Ron sonrió y le dio un abrazo incómodo.

–¿Ginny? –dijo.

¡Smack!

–¡AUCH!

Ginny golpeó a Ron en la parte de atrás de su cabeza tan fuerte que casi lo hizo caer.

Ahora estamos bien, tonto.


–Hola, Colin –dijo Hermione. Había encontrado al chico entusiasta de tercer año antes de la cena para una plática privada.

–¿Eh? Oh, hola, Hermione. ¿Qué tal?

El resto de la tarde había estado ocupada. Hermione comenzó a recibir halagos de los Gryffindor (aunque limitados) y miradas molestas de las otras cosas una vez que la historia comenzó a circular sobre cómo había sido su hechizo lo que había ayudado a Harry a empatar en primer lugar. Luna Lovegood fue a ella y la abrazó, diciéndole que había asustado a todos los nargles a millas alrededor, lo que sea que eso significara. Mientras tanto, Harry corrió a su dormitorio y tomó su espejo de comunicación para asegurar a Sirius y Remus de que había sobrevivido la primera prueba. Ellos estuvieron inmensamente aliviados, y después Sirius demandó un recuento segundo a segundo, lo cual recordó a Hermione que necesitaba encontrar a Colin Creevey. Después de todo, probablemente no tendría tiempo después… no mientras estaba despierta, después de todo.

–De acuerdo, Colin, dos cosas –dijo ella–. Primero, no soy la novia de Harry, y nunca lo he sido. Sólo somos amigos, y lo he estado ayudando con el torneo.

–Oh, lo siento –respondió Colin–. No lo sabía.

–Está bien –dijo ella–. Segundo… –Y aquí, sonrió–. ¿Estarías interesado en sacar una patente juntos?

–¿Una patente juntos? –preguntó con confusión.

–¿Viste los kits de pociones sin varita patentados en el boticario este verano? –preguntó ella. Su rostro se iluminó al instante.

–Oh, sí; esa fuiste tú, ¿no?

–Sí. Tuve una idea para otra patente, pero creo que necesito tu ayuda.

–¿Tú? ¿Para qué necesitas tú mi ayuda? Tú eres La Aritmaga.

Mayúsculas de nuevo, pensó. En verdad podía escucharlas.

–Lo sé, pero tú sabes mucho más que yo sobre fotografía mágica. Te vi tomando fotos hoy, y sé que revelas tus propias fotos. No muchas personas hacen eso hoy en día.

–Bueno, sí. Siempre quise ser un fotógrafo profesional, y ahora, quiero ser un fotógrafo mágico.

–Pues, un fotógrafo es exactamente lo que necesito. Verás, tomé una grabación en omnicular de la primera prueba. Omniculares son geniales para eventos con espectadores, pero los magos no han logrado como usarlos como cámaras de video aún. Sólo se pueden ver las grabaciones a través de los lentes. Pero desarmé un par para ver cómo funcionaban hace unas semanas. La grabación está en un par de cristales, y creo haber encontrado una manera de tomar diez segundos de la grabación y transferirla a la cinta fotográfica mágica. –Los ojos de Colin se abrieron ampliamente.

–¿Lo hiciste? ¡Eso sería genial! ¿Y qué tal sonido? ¿O cosas como la televisión y las computadoras?

–Están en mi lista, pero es una lista larga –dijo ella–. En realidad, no tengo mucho tiempo de hacerlo, ayudando a Harry con el torneo, y necesito a alguien que sepa más de fotografía que yo para los detalles. ¿Estás interesado?

–¿Estás bromeando? ¡Eso sería genial! Si tenemos una grabación completa, podríamos obtener mejores fotografías que El Profeta, y podríamos venderlas. Y… y si patentamos el proceso, podríamos crear todo un negocio. ¡Eres brillante, Hermione! –Dio un salto y la abrazó.

–Espera, espera, quieres decir que podrías hacer un negocio –lo corrigió–. Yo ya tengo uno que manejar. Además, ayudar a Harry es un trabajo de tiempo completo. Estaría feliz sólo siendo una socia capitalista.

–¡Oh, vaya! –dijo Colin–. ¡Mi propio negocio! ¿Oye, estaría bien si incluyo a Dennis en esto? Se está volviendo bastante bueno.

–Claro, si crees que puede ayudar. Estoy bien dividiendo en tres partes. Estoy más interesada en obtener fotos del cristal. Regreso a Francia mañana, pero quería darte lo suficiente para que comiences. –Le entregó los dos objetos que había llevado para él–. Este es uno de los cristales de los omniculares con la grabación de la primera prueba, y estas son mis notas sobre cómo transferir las imágenes a cinta. Espero que puedas llenar los detalles. Escríbeme lo que descubras, y envíame copias de las fotos cuando termines. Oh, y si necesitas ayuda, habla con Fred y George. Les explicaré de que se trata.

–Lo haré. Un millón de gracias, Hermione.


Hubo una gran fiesta en la sala común de Gryffindor esa noche, la cual Harry insistió que Hermione atendiera. Ella aceptó con renuencia, aun cuando el efecto de la poción pimentónica se estaba agotando, y se sentía en verdadero peligro de quedarse dormida parada. También lo consideraba de mal gusto considerando su disgusto con el torneo, y el hecho de que la mayoría de las personas aún pensaban que Harry había puesto su propio nombre, pero Harry estaba muy feliz de estar vivo y tener a Ron como amigo de nuevo para importarle. Así que, cansada y bostezando con frecuencia, entró.

Predeciblemente, George y Fred (con la ayuda de algunos elfos de las cocinas, estaba segura) habían hecho de todo, y había pasteles, jugo de calabaza, cerveza de mantequilla, y fuegos artificiales en abundancia. Poco después de que entró Harry, los gemelos lo elevaron sobre sus hombros gritando:

–¡Tres hurras por Harry Potter, el Amo de los Dragones!

Para el crédito de Harry, cuando los vítores terminaron, elevó su mano para que guardaran silencio.

–Gracias, chicos, pero la verdadera ganadora es Hermione. La idea fue de ella. Ella inventó los hechizos y me los enseñó. No podría haberlo hecho sin ella.

Hermione se sonrojó por la atención, y antes de saber que estaba pasando, los gemelos bajaron a Harry y ella gritó mientras la levantaban a ella en sus hombros.

–¡Tres hurras por Hermione Granger, la Gran Aritmaga!

–¡Denle un punto de apoyo…! –agregó George.

–¡...y moverá el mundo! –terminó Fred.

–¡George! ¡Fred! Bájenme –dijo cuando los vítores terminaron. Había tenido suficiente entusiasmo para un día muy largo… tres días… y realmente quería irse a dormir.

Por suerte (para ella, por lo menos), la atención regresó a Harry y el huevo dorado que había ganado del dragón, el cual se suponía contenía una pista de la segunda prueba.

–¡Ábrelo, Harry! –dijo Lee Jordan–. Veamos que hay en él.

–¿Quieren que lo abra? –dijo. La multitud vitoreó. Eso fue una sorpresa para Hermione. Nunca lo había visto lidiar con una multitud de ese modo… bueno, como en quidditch. Debía de estar más emocionado de lo que pensaba.

–¿En verdad quieren que lo abra? –repitió.

–¡Sí! –gritó la multitud.

–De acuerdo, entonces. –Harry giró una manija en la parte de arriba del huevo y este se abrió, revelando…– ¿Un cubo de Rubik? –dijo. Elevó el cubo multicolor y lo comenzó a mover por uno de los lados–. Sí, ese es un cubo de Rubik.

–¿Qué es un cubo de Rubik? –dijo Lee Jordan.

–Es un rompecabezas muggle –dijo él–. Mueves los lados hasta que son de un solo color. –Lo giró un par de veces para demostrar. Su rostro cayó un poco–. Dudley tenía uno de estos. Jugué con él por un par de semanas, pero nunca lo resolví.

–Bueno, no puede ser tan difícil –dijo Fred. Harry le entregó el cubo, y comenzó a moverlo lentamente con bastante frustración.

Hermione observó al rompecabezas intensamente. Ciertamente no era lo que había esperado. No era un cubo de Rubik normal, por supuesto. Era dos veces más grande, parecía estar hecho de cerámica, y el lado naranja había sido cambiado a morado para combinar con los colores heráldicos que tanto parecían agradar a los magos. Fred continuó por unos minutos, pero sólo logró poner unos cuadrados juntos. Eventualmente se rindió y se lo dio a George. A George no le fue mejor, y se lo dio a Ron, pero incluso el maestro de ajedrez de Hogwarts no lo logró. Logró un lado completo, pero no pudo descubrir cómo poner más piezas en el lugar correcto sin deshacer lo que ya había resuelto. Pasó por muchas otras manos antes de que alguien hiciera la conexión.

–Apuesto a que Hermione puede resolverlo.

Hubo un acuerdo estruendoso entre los otros Gryffindor.

–De acuerdo, de acuerdo –dijo Hermione–. Salvaré el día de nuevo. –Tomó el cubo en su mano y comenzó a girarlo. Era mucho más difícil de lo que recordaba. Había perdido el interés en ese tipo de rompecabezas hacía un tiempo, y no podía enfocarse tan bien como siempre. Tuvo que pasar por algunas de las combinaciones y movimientos un par de veces para recordarlos correctamente. Una vez, casi lo había resuelto, y terminó casi revolviéndolo de nuevo, pero eventualmente lo logró–. Vamos, vamos, puedo hacerlo; puedo hacerlo… –se susurró–. ¡Listo! –Hizo el último movimiento, resolviendo el cubo con un clic y este se abrió.

La quijada de Harry se abrió.

–Hermione –dijo con asombro–, acabas de resolver eso como, en, dos minutos.

–Sí, lo siento. Estoy super cansada, y muy fuera de práctica –respondió ella.

Hubo varias risas. Harry no tenía idea de cómo responder a eso, así que no lo hizo.

–Veamos que hay dentro –dijo ella. Envuelto dentro del mecanismo del cubo de una manera que no debía ser geométricamente posible había un pedazo de pergamino doblado. Lo tomó y lo desdobló. El estilo era inconfundible–: Es un mapa del tesoro.

–¿Un mapa del tesoro? –dijo Harry con confusión.

Hermione bostezó y sacudió su cabeza para aclararla.

–Bueno, eso es lo que parece –dijo ella–. Asumo que te dice dónde encontrar lo que sea que se supone debes encontrar en la segunda prueba. Oye, Ron… –Bostezó de nuevo–. Esto es, eh… esto quizás es algo en lo que puedas ayudar. Tú sabes… estrategia. –Entregó el mapa a Harry y bostezó de nuevo.

Podía notar que no iba a aguantar más. Se dirigió a sus antiguas compañeras de cuarto.

–¿Lav? ¿Parv? ¿Puedo dormir con ustedes esta noche?

–Claro, Hermione –dijo Parvati–. Te ves exhausta. Tómate el tiempo que necesites.

–Genial… Iré a dormir ahora. –Hermione se quedó dormida parada y cayó sobre los brazos de sus amigas.


Se despertó al día siguiente en su antigua cama en la torre de Gryffindor. Lavender y Parvati debieron subirla los siete pisos a su cuarto mientras dormía. Tendría que asegurarse de agradecerles. El dormitorio estaba vacío en ese momento, y la luz del sol caía a través de las ventanas. Revisó el reloj y se sorprendió de ver que eran las doce y media de la tarde. Definitivamente no había sido una buena idea saltarse esa segunda noche. Había dormido por dieciséis horas. En verdad esperaba no tener que hacerlo de nuevo.


Notas del autor: Supplanta: latín para "tropezar".