Harry Potter es propiedad de JK Rowling.


Interludio I: Tensión

"Start by doing what's necessary;

then do what's possible;

and suddenly you are doing the impossible."

St. Francis of Assisi.


09 de diciembre de 1971.

Un escalofrío le recorrió la espina dorsal cuando estuvo a punto de entrar a su dormitorio.

Lo único que pudo pensar fue que la situación iba de mal en peor con cada día que transcurría, y ya estaba comenzando a quedarse sin ideas. Ya ni siquiera podía concentrarse en tratar de completar el ensayo en turno, debido a que siempre tenía que asegurarse de que Sirius y James no hicieran una estupidez solo para demostrar quién era el mejor de los dos. Fue por esto que a veces no conseguía reprimir la inminente migraña que, en algún momento, estaba destinada a aparecer; o por el hecho de que Damián, Peter y Remus debían presentarse a la primera clase del día a tiempo a pesar que se habían desvelado por culpa de ellos.

Peter era tolerante y paciente; a menos que, por supuesto, estuviera conversando con Damián Long quien, váyase a saber por qué, seguía llamándole «calabaza» cada vez que le venía en gana. Remus no entendía el propósito de los seudónimos, ni en qué tipo de características debía basarse para apodar a otro. ¿Pero, en nombre del pudín de chocolate, en qué estaba pensando cuando lo eligió? Lo entendería si Peter fuera pelirrojo o si tuviera una fascinación insana por dicho color. Sacudió la cabeza, tras decidir que no quería saberlo.

Todo lo que hacía Damián Long era de dudosa procedencia y Remus apreciaba su cordura.

E iba a compartir un dormitorio con Damián por siete largos años.

En serio, ¿cuál era el problema de ese niño? ¿Solo vivía para provocar problemas de proporciones catastróficas o qué?

El caso era que Sirius y James le estaban quitando la paciencia. ¿Qué beneficio trajo el que ellos se hicieran amigos, al final de aquel partido de quidditch? Suspiró y entró al campo de guerra, y se preparó para lanzar hechizos a diestra y siniestra con tal de protegerse de las armas en turno. Cuando nada le golpeó en la cara o le cayó encima, se extrañó. ¿Estaba en el dormitorio equivocado? Tachó eso. ¿Estaba en la dimensión equivocada? ¿Por qué Sirius y James estaban conversando sin cabrearse con el otro? Se volvió hacia Peter, exigiéndole silenciosamente una explicación. «No sé. Llevan así un largo rato», le susurró con la mirada. «Me asustan. Aunque me asusta más Damián, que váyase a saber en dónde está ahora».

Se sentó en su cama, aun confundido. Intentó prestarle atención al desastre que eran sus apuntes de Herbología, no pudo. Necesitaba descubrir qué estaba pasándole a James y Sirius. Durante los primeros días asumió que tratarían de comportarse, o que al menos se esforzarían para encontrar de tipo de pasatiempos podrían tener en común, o que probablemente hablarían entre sí sin ensartarse en una acalorada discusión a la menor de las provocaciones, o cualquier otra tontería que hiciera que congeniaran mejor.

No hubo tal suerte.

Al parecer, se lo tomaron como el incentivo necesario para tener más confrontaciones sinsentidos.

—Mi maravillosa y sensual tutora es la mejor —dijo James presumiéndola otra vez. Peter puso los ojos en blanco y masculló que sonó a «otra vez es sobre la fabulosa M.G. McGonagall. Siempre es sobre ella contigo» o pudo ser «guisantes. Los odio». Tuvo que ser la primera: Peter no solía repetirse, esa era la especialidad de Remus cuando estaba divagando—. ¿Quién podría imaginarse que tiene tantísimo talento para tantas cosas? Es la chica perfecta para mí. Le pediré que tenga una cita conmigo y verá que soy el hombre especial para ella, y nos casaremos y nos mudaremos a una casa cerca de la playa.

»¡Será genial! Siempre quise aprender a surfear, sea lo que sea. Mis padres la amarán, se los prometo: les encanta el quidditch y M.G. McGonagall lo ama. Está destinado a pasar; lo sé, lo siento en el aire. Somos la pareja perfecta.

—Eres un niño —espetó Sirius—. Te estás adelantando mucho.

—¿En serio quieres tener a la profesora McGonagall como parte de la familia Potter? Será raro hablar con ella aquí, ¿sabes? —añadió Remus.

—Y eso es asumiendo que M.G. McGonagall se conformará con tan poca cosa.

—Pero no le daré tan poca… —James hizo un mohín—. ¿Estás hablando de mí, cierto? ¡Sirius, somos amigos! ¡Deberías animarme y no desalentarme, o no te invitaré a mi boda y luego ya no tendré padrino! Además quién organizará mi fiesta de despedida de soltero después, ¿eh? Todos saben que en una boda siempre hay una de esas fiestas, o eso es lo que mamá siempre dice. Haré que me cuente la de ella, para tener buenas ideas. Y voy a tener una fuente de chocolate, o una piscina de chocolate, o no sé qué que llevará chocolate.

A Remus le pareció excelente.

—Remus tiene razón. ¿No eres demasiado joven para pensar en el romance, James? —agregó Peter mientras intentaba construir una casa de naipes sin que estas explotaran—. ¿Y no es M.G. McGonagall un poco mayor que tú? ¿Por qué se fijaría en ti? Tiene un montón de candidatos en todo el colegio, incluso de Slytherin.

—No me interesa qué tan emocionado estés por tu inexistente compromiso con M.G. McGonagall, Potter. Algunos tenemos asuntos más importantes que atender que soportar tus delirios —carraspeó Sirius. James bufó, se cruzó de brazos y le lanzó una mirada asesina. O lo que James interpretó por una de esas. Y, antes de que sucediera algo más, oh, oh. Remus se apresuró a construir a una fortaleza de almohadas, después Peter y él se refugiaron dentro. Esto no iba a terminar bien—. Desaparécete. Quiero finalizar mis redacciones e irme a dormir, pero tu presencia ahuyenta la tranquilidad que necesito.

—No me interesa qué tan emocionante por tu inexistente boda, Potter, algunos tenemos asuntos más importantes que atender que soportar tus delirios —carraspeó Sirius. James bufó, se cruzó de brazos y le lanzó una mirada asesina. Oh, oh. Remus se apresuró a construir una fortaleza de almohadas; Remus y Peter se refugiaron dentro. Esto no iba a terminar bien—. Desaparécete. Quiero finalizar mis redacciones e irme a dormir, pero tu presencia ahuyenta la tranquilidad que necesito.

—Es nuestra habitación, Sirius. No puedes echarme. —Sirius alzó una ceja—. Vale, sí puedes. Pero no debes. ¿A dónde pretendes que vaya a dormir? No iré a la enfermería o madame Pomfrey nunca me dejará salir hasta que haga un montón de esos molestos exámenes. Uh, el horror.

—Quédate en la sala común. Me han dicho que los sillones son extremadamente cómodos para estos propósitos; pruébalos, no te arrepentirás. Te lo garantizo.

—James B. Potter jamás duerme en un sillón.

—¿Qué significa la B? —preguntó Peter.

—Nada.

—Bartolomé —respondió Sirius. James lo miró como si le hubiera dicho que Severus Snape era su mejor amigo—. Se lo pregunté a padre. Eres increíble, Potter. Te atreves a criticar mi nombre cuando te llamas «Bartolomé». Aunque no me sorprende, teniendo en cuenta que tus padres se llaman Fleamont y Euphemia. ¿Por qué «Bartolomé» no es tu primer nombre?

—¡Oye, más respeto para mis padres! —rezongó James—. Sus nombres son geniales. Son únicos. Además que mis padres ya había decidido que me pondrían «James» si era niño o «Adela» si era niña.

—No me sorprende —le susurró Peter a Remus—. A mí tampoco me gusta mi segundo nombre. Mamá escogió el primero que se le vino a la mente, luego se enteró que necesitaba otro y eligió el primero que escuchó por ahí. O el primero que leyó en un periódico, no sé. No me quejo. Pudo haber sido peor.

—Ya nos desviamos lo suficiente. Potter, puedes recostarte debajo de un árbol en el patio —dijo Sirius. James se llevó ambas manos a la altura del corazón y miró el techo, como si pudiera hallar una respuesta ahí. Procedió a desmayarse dramáticamente en la cama de Damián. Remus tragó en seco. Damián no sería feliz: James provocó que la tinta se derramara en uno de sus ensayos y ahora tendría que rehacerlo—. ¿A quién le importa que esté oscuro allá? Para algo existen las velas. Llévate una y piérdete.

—¿Desde cuándo eres tan comprensivo?

—Desde que tu ridícula aversión a la oscuridad y mi deseo de dormir sin iluminación están en diferentes partes del castillo, colega —respondió Sirius con desinterés.

James agarró la almohada de Damián y se cubrió el rostro.

—Hola, amigos. Tengo un par de obsequios para ustedes, de parte de M. G. McGonagall y una chica rubia de Slytherin. La última tiene una actitud idéntica a ti, Black —dijo Damián Long de buen humor y enseñándoles un par de cajas de diferentes sabores—. Dicen que es para sus chicos favoritos. Agárrenlos antes que decida probarlos. Se ven, huelen y apuesto a que sabrán apetitosas.

—¡Quita tus putrefactas manos de mi caja!

James saltó de la cama de Damián, lo tacleó y se quejó por el golpe que se dio en la frente. Sirius gruñó cierto desdén, desaprobando el comportamiento de James, y se adueñó de las de vainilla con chispas de menta. Conociendo a James, las otras debían ser de vainilla. Hasta la fecha, nunca le había visto comer nada que contuviera chocolate. Con un cuidado ceremonial, James abrió la caja y sacó las galletas, la colocó en su mesa de noche y le colocó un pequeño letrero con la inscripción de «El primer regalo de M.G para su futuro esposo». Sin siquiera pensar en compartirlas, James comenzó a devorárselas.

—Si yo fuera tú, no aceptaría ninguna —susurró Damián al oído de Remus, con una alarmante sonrisa alegre en su rostro.

—¿Qué planeas? —preguntó Remus. Miró de reojo a Sirius, quien casi seguía el ejemplo de James. Y con el «casi» se refirió a que Sirius no olvidó sus modales a la hora de hacer un tiempo de comida—. ¿Están envenenadas? ¿Tendré que llevarlos a la enfermería? Por favor, dime que no tendremos otro episodio de un ataque del monstruo de insertar el nombre del postre que utilizaste para su creación, por quinta vez en el mes. Godric sabe que la profesora McGonagall no descansará hasta atrapar al culpable. Y eres afortunado que ella no crea que alguien de primer año sea capaz de tal maldición avanzadísima.

—Lo que le molesta es que el último, aleatorio y totalmente repentino ataque del monstruo interrumpió su lección —contradijo Damián—. Entenderás la satisfacción de una broma bien hecha aderezado con el conocimiento de que te has salido con la tuya cuando te pases al lado oscuro. Únetenos, tenemos galletas.

—No me sobornarás con galletas. No me fío de nada que provenga de ti.

—Allá tú.

—¿Qué les hiciste?

—¿Un niño no puede divertirse un rato?

—No eres un niño, Damián. Eres un pequeño demonio con una sonrisa angelical plasmada en el rostro. —Peter se unió a la conversación. James y Sirius, por otra parte, tenían problemas para no quedarse dormidos—. Ese aire de aparente inocencia que te rodea hizo que tuviera detención con el celador. Detención el celador, Damián. ¿Tienes idea de todas las idioteces que hizo un tal Gideon Prewett mientras estuvo en Hogwarts?

»Aunque la de «Manipular a mi hermana mayor para encantar un vagón que me permita saltar sobre el Invernadero Tres mientras esté en compañía de mi hermano menor está prohibido. Y no, eso no significa que puedo hacerlo si estoy solo o en compañía de nadie más» fue mi favorita. La última parte se le añadió, según la información, dos semanas después.

—Ve el lado positivo. No tenías nada que hacer aquel día —desestimó Damián. Peter parecía que estaba a punto de estrangularlo—. Y respondiendo a tu pregunta, señor poca confianza en mí, solo confabulé un escenario que les ayudará a ver las cosas desde la perspectiva del otro. Robar los ingredientes del armario de Slughron fue sencillo. Ni tenía seguridad. Me sentí insultado esa noche. Toda mi preparación no sirvió para nada.

—Solo espero que no te atrapen porque no te voy a cubrir —advirtió Remus—. Y ayudaré a Sirius, por cierto. No sé a qué te refieres pero tengo el presentimiento que no me gustará nada.

—O solo puedes preparar palomitas de maíz y disfrutar del espectáculo —propuso Damián despreocupadamente—. Te tomas demasiado en serio a ti mismo, Remus. Además ese par necesita aprender a llevarse bien mientras mis consecuencias aún no son tan graves. Y mejor que provenga de mí en lugar de McGonagall o Dumbledore. Con respecto a la primera, no acepta estupideces de nadie.

—Sé que me arrepentiré de esto… —murmuró lo más suave que pudo—. Está bien. No haré nada. Pero, por amor a Merlín, no te excedes. Son siete años, Damián. Siete largos años que estaremos sentenciados a convivir con un par de estudiantes que intentarán asesinarse entre sí, esta vez con una razón, si fracasas con lo que sea que te propongas —añadió con lentitud, en un vano intento para que lo escuchara por una vez.

Las palabras decisivas fueron «en vano».

—No toquen la tarta de zanahoria de mañana. Se los digo porque me siento generoso —les avisó Damián.

—¿No querrás decir «misericordioso», «amable», «benevolente» o, no lo sé, finalmente estás actuando con un dudoso aprecio por dos de tus compañeros de dormitorio? —preguntó Peter, todavía resentido por su detención—. Lo que sea que les hagas a ellos, se lo merecen. ¡Son ex… irritantes!

—Nah. Me sentí generoso para compartir la información —corrigió Damián negando con la cabeza—. Aún no están en mi lado bueno, Calabaza, pero tampoco están en mi lado malo la mayor parte del tiempo. Puedes decir que solo los estimo lo necesario a ustedes cuatro dependiendo de mi estado de ánimo y de qué planee hacer con ustedes.

—¿Por qué será que ese «y de qué planee hacer con ustedes» no va en el sentido de «pasar el rato con mis compañeros de cuarto»?

—¿Estás olvidando con quién estás hablando?

—Desgraciadamente, no —le respondió Remus.

—Entonces eres inteligente y no te acostumbres.

Por el bienestar de la relativa paz en el dormitorio, lo ignoró. No valía la pena ensartarse en un argumento que no podría ganar; para bien o para mal, aún no comprendía que pretendía conseguir Damián en cada ocasión que discutía con alguien. En caso que se tratara de Sirius y James ya lo tenía definido; no obstante, Damián Long era un misterio. A pesar que Peter y Damián congeniaban más, le daba la impresión que mantenían oculto un trascendental detalle que podría cambiar la dinámica del grupo.

Solo cuando recordó que él también tenía uno decidió que no se involucraría.

No dejó de pensar en lo que dijo Damián o, para ser más específico, en lo que no dijo. ¿Por qué Damián intentó ayudar, si era que podía usarse esa palabra sin que el mundo estuviera por acabar ante la mera implicación de Damián Long siendo considerado con alguien? Una parte de él quería estar preparado para lo que sucediera en la mañana, y la otra quería mantener la escasa cordura que conservaba.

¿Por qué Damián decidía hacerse el interesante?

Se fue a la cama e intentó quedarse con la mente en blanco.

Tenía la intención de disfrutar de las maravillosas ocho horas de sueño.


Sé que no he actualizado en muy buen tiempo pero no dejaré esta historia abandonada, aunque me demore un par de meses en actualizarla. Además que, con este capítulo, se finaliza el arco 1.

Por eso mismo, a partir del siguiente, un nuevo personaje narra la historia.