Parte 2 de 3
DISCLAIMER: El universo de "Dragon Ball Z", así como sus personajes, son propiedad de su autor original Akira Toriyama, como también de Toei Animation y Fuji TV. Esta historia está hecha únicamente por diversión, con permiso tomo los personajes prestados.
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Apretó con fuerza la última tuerca con la llave de boca doble finalizando de esa manera aquel trabajo que le había costado al menos dos meses. Su ropa se encontraba ensuciada de grasa, pero era lo de menos ya que gracias al overol de trabajo evitaba manchar su ropa usual (cabe mencionar que era poca la que poseía).
Entusiasmado, apretó un par de botones con la esperanza que diera fruto el esfuerzo que invirtió en todo ese tiempo, pues si todo salía como lo había planeado la carga de trabajo con aquel invento sería mucho menos pesada para él y su madre.
Sonidos extraños comenzaron a emerger de aquel arquetipo electrónico, sus relucientes ojos azules como el mar brillaron con fuerza ¡Eureka! ¡Lo había logrado! El pequeño, pero no menos importante robot comenzó a realizar la tarea a la que fue programado, y esta vez al menos ya habían pasado cinco minutos y no había empezado a echar humo o detenerse por completo.
Trunks sonrió lleno de triunfo y porque no, orgulloso de sí mismo. Tal vez en otra época construir un robot tan simple como el que lo había logrado crear era algo tan común, pues era una tarea sencilla proviniendo de su madre o su fallecido abuelo, pero en estos tiempos de post-guerra era difícil crear muchos avances tecnológicos y no se debía exactamente por la falta de ingenio ¡Para nada! Mirai Bulma y él eran excelentes para ello. El verdadero problema de todo era la falta de material, que desde la llegada de los androides habían desaparecido muchas cosas, una de las razones por la cual Bulma tardó diez años en construir la máquina del tiempo cuando si hubiera tenido todo el material al alcance de su mano el tiempo sería el menos del que invirtió.
Para el peli lila no era una novedad crear un robot, desde que era un niño había aprendido tanto de su madre y abuelo, pero la felicidad que sentía en este momento era porque por fin había tenido las piezas adecuadas para su creación. Con tal invento sería de mucha ayuda para ellos, pues en estos últimos meses se habían encargado de volver a realzar la corporación Capsula; claro, ellos sabían que no sería fácil volver a alzar ese imperio donde alguna vez fue muy importante en el paso, tardarían años en volver todo a como era antes y una de esas limitantes era volver a obtener todo el material perdido, pero la fe estaba ahí de nuevo, como todos los sobrevivientes de la Tierra que del mismo modo se empeñaban con salir de las tinieblas.
Pero él sabía que había una solución para ahorrarse todo ello, había una salida con la que todo volvería a como era antes con solo esperar un par de minutos, sin embargo no se atrevía a indagar porque su madre aun no se atrevía a dar ese paso.
Ya tenía cuatro meses de que había vuelto del pasado, cuatro meses desde que su madre recibió muy conmocionada aquella recompensa de su contra parte del pasado. Aquel día fue tan extraño, la conmoción predominó y no se diga en su madre, quien inmediatamente de apreciar su "recompensa" del mismo modo la volvió a encapsular. El creyó que no perdería el tiempo y arribaría a Namekuseí cuanto antes, pero nuevamente sorprendido por la actitud de su madre, la mujer optó por guardar aquella capsula en un lugar donde él desconocía sin volver a tocar el tema después de varios días, que se convirtieron en semanas y meses.
Aquel día su madre se encerró en su cuarto y no la vio hasta la mañana siguiente, el había decidido no ir a incomodarla, podía sentir como el ki de su madre se encontraba alterado y en la noche, al pasar cerca de su habitación, escuchó tras la puerta el llanto de su madre que se esforzaba por no sonar tan fuerte.
Se odió a sí mismo, el odiaba ver sufrir más a su madre y que peor que el haya propiciado tal estado de ánimo. Cuando le entregó el regalo de su otra madre, pudo ver cómo los ojos de su progenitora brillaron con fuerza, un brillo tan igual o incluso más resplandeciente que su otra yo ¡Sintió una gran dicha en su pecho al verla tan así, tan plena! Creyó que todo estaría bien, pero al siguiente día volvió a ver aquella carencia de pasión por la vida en sus hermosos ojos.
Al ver aquella nave lo primero que le vino a la mente es que iría a Namekuseí, y que reviviría a todos los seres queridos de ella; aunque él la conocía tan bien que sabía cuál era su verdadero deseo, volver a verlo.
Pero nada pasó, los meses pasaron y ella no volvió a tocar el tema. Muchas veces le entro la curiosidad de preguntarle porque no se animaba a realizar ese sueño del que tanto anhelaba ¿Por miedo de dejar la Tierra? ¡Imposible! Su madre no solo era la mujer más valiente de este mundo, ella aún conservaba ese espíritu aventurero y su curiosidad por salir a conocer nuevos mundos sabía que aún vivía en ella. Entonces ¿Qué era lo que ella temía?
Subió en busca de su madre, necesitaba hacerle saber sobre su gran hazaña, tal vez ella no quería utilizar otros métodos para que se volviera a reconstruir la ciudad en cuestión de segundos, pero al menos con el ingenio que ambos Brief poseían lograrían traer varias cosas a la normalidad aunque se tardaran algunos años más.
Se guió por su ki, era curioso pues desde aquel día el ki de su madre se había alterado al punto en que en momentos inesperados mostraba fluctuaciones del mismo, cosa que era raro en ella, como si algo le alterara cada segundo que pasaba. No tardó en dar con ella, la mujer de cabellos como el mar se encontraba en la cocina preparando la comida del día, concentrada en su labor mientras picaba trozos de zanahorias agregándolas a aquel recipiente metálico.
—¡Mamá! —Alardeó emocionado el joven atrayendo la atención de la mujer quién segundos antes se encontraba dándole la espalda, esta vez para verlo a los ojos notando que su hijo se veía demasiado entusiasmado.— ¡Tienes que ver esto!
—¿Qué ocurre Trunks?
[…]
Ávidamente siguió los pasos de su hijo hacia el sótano de su casa, donde se encontraban los laboratorios.
Frente a ella, su primogénito le acercó lo suficiente aquel robot en la cual estuvo trabajando arduamente los últimos dos meses. Miró con asombro el proyecto de su hijo, no se trataba de cualquier invento, era uno bastante complejo de armar no solo por la carencia de materiales, si no que debido a su programación de sus múltiples capacidades era algo demasiado revolucionario para esa época en la que se encontraban.
Alzó su mirada orgullosa hacia su retoño, ¿Quién lo diría? Cuando ella se enteró de que estaba embarazada de él su mundo se vino abajo, claro era cierto que ya era una mujer de treinta años por lo que su reloj biológico le estaba dando avisos en que era el momento o sería más difícil después concebir hijos; pero ella no estaba preparado para algo así, claro que siempre soñó con tener una familia pero no estaba segura de tomar ese rol aún y mucho menos cargar en su vientre un hijo de él.
Siempre lo supo, sería duro, nada apuntaba para ser un cuento de corazones y flores con él, ella siempre supo cómo era por lo que jamás le exigiría algo que no iba con su forma de ser, pues de cierta forma eso fue lo que la "enamoró" de él. Para algunos podía sonar masoquista, muchos al enterarse de lo que sucedió entre ellos dos fue juzgada por las miradas reprobatorias de los seres más allegados a ella, a excepción de tres personas las cuales siempre la aceptaron tal como era; su madre, su padre y su mejor amigo, Goku. El último mencionado era el que tal vez tenía más derecho de reprocharle porque había cedido con su rival ¡Pues estaban en peligro! Pero muy a diferencia del resto, cuando Goku supo de su embarazo lo único que hizo fue felicitarla y del mismo modo mencionarle que Vegeta también merecía una oportunidad.
Bulma nunca comprendió sus palabras de él ¿Oportunidad de qué? Goku no quiso ser más específico y pocas eran las veces que el hombre hablaba con coherencia, pero poco después de su fallecimiento por aquella extraña enfermedad en el corazón y al mismo tiempo ver como sus amigos poco a poco iban muriendo en manos de los androides, las palabras de Goku iban retomando fuerza en su mente, sí Vegeta tenía la oportunidad de huir y salvar su vida, ¿Por qué decidió quedarse a enfrentar los androides? Y lo más importante, sin Goku en la ecuación, siendo el aparentemente el ser más fuerte en la Tierra ¿Porqué se quedó al final con ellos?
Vegeta fue el último en morir de todos los guerreros z, sí para ella él había confinado parte de ese equipo aunque él lo negara. Aún recordaba el último momento que estuvo con él, le dolía, la herida seguía abierta y no sanaba aún con veinte años encima.
Aquel día discutieron, el peligro de los androides por todas las ciudades era lo único que se escuchaba por los medios de comunicación, ese día amenazaban con ir hacia la ciudad del Oeste. El príncipe saiyajin comenzaba a comportarse muy raro desde la llegada de ellos, pero en especial aquella mañana donde trataba de evitarla a toda costa, y es que las cosas entre ellos se habían enfriado desde el nacimiento de Trunks, pues el pequeño semi saiyajin solo tenía seis meses de recién nacido y en todo ese tiempo Vegeta jamás se acercó ni a abrazarlo o tan siquiera verlo.
Ella siempre estuvo consiente que al hombre jamás le hizo gracia que tendría un híbrido con ella ¡Era de lo más repugnante, que su sangre de raza pura se mezclara con alguien tan inferior como esa terrícola! Por lo que gran proceso de su embarazo la trato de evitar a toda costa, incluso el hombre había dejado la casa para irse a refugiar a algún lugar alejado de la ciudad del oeste, sin embargo no se atrevía a dejar el planeta.
Cuando nació Trunks, curiosamente el hombre regresó a la corporación, aún recordaba como desde el marco de la puerta observaba a ella y a su hijo recién recuperados del parto con una mirada de desdén y reproche. Los días siguieron avanzando, el seguía en la casa y pocas veces se cruzaban ya que para ella toda su atención se centró en Trunks, y no es que no le importara Vegeta, pero para ese momento su lado como madre era una fuerza mayor a ella ¡Su bebé lo era todo!
La desgracias hicieron su aparición tras dos meses de haber dado a luz, el primero en irse fue Goku y de ahí en fuera todo desmoronó poco a poco. Incluso juro que con la muerte de su mejor amigo Vegeta se iría de la Tierra ya que nada lo ataba a ella, pero no fue así. Los días pasaban, y aunque se encontraban distantes, el seguía con ellos.
Dos meses antes de la llegada de los androides, por fin él había dado el primer paso, la había buscado con un pretexto tan tonto como "se había descompuesto la cámara de gravedad", así que entre reclamos por parte de ella por su salvajismo al usar lo que ella creaba y parte de él contestándole que no le hablara de esa forma, poco a poco volvieron a entablar una conversación normal.
Al menos ahora ya compartían el desayuno juntos, discutían sobre los pasillos, ella iba a la cámara a arreglar algún desperfecto y él se limitaba observarla en silencio, y al final del día, sus miradas en medio de la oscuridad se cruzaban, ambas brillaban con intensidad y pasión, tanto que envueltos en la atracción que uno emergía en el otro terminaban en la habitación de él, entregándose a la lujuria que sus cuerpos irradiaban.
Entre ellos aparentemente todo quería regresar a lo que era antes, pues el último mes de paz terminaron incluso compartiendo la misma habitación. Sin embargo el trato hacia su hijo no era lo mismo, Vegeta no mostraba algún interés en particular hacia él, claro que lo veía cuando toda la familia se reunía a comer, o cuando Bulma lo llevaba a la recamara que ahora compartían porque el niño no podía dormir o simplemente quería comer, y aunque ella trataba de acercarlo hacia su hijo, el orgulloso príncipe lo rechazaba de una forma u otra. Ese trato no solo le lastimaba a ella, si no que comenzaba a desesperarla.
Pero lo que nunca supo ella, es que el orgullo saiyajin, durante la noche cuando nadie podía verlo o juzgarlo, el velaba el sueño de su primogénito; claro, jamás le haría saber eso a ella, prefería que la mujer pensara que era indiferente con su hijo, cuando era todo lo contrario. Era un secreto que el príncipe Saiyajin se lo llevó a la tumba.
Sin embargo, si ella hubiera sabido que el día fatídico iba a tener esa discusión con él, sin duda alguna se hubiera bofeteado a ella misma, hubiera deseado no haberle dicho aquellas palabras, sus últimas palabras que se dijeron.
Su hijo expresaba una enorme sonrisa llena de orgullo por lo que había realizando, vaya, tenía mucho de él, se parecía tanto a su padre, lo único que carecía su hijo era esa malicia con la que el príncipe miraba, de ahí en fuera el rostro de Vegeta.
Y ella también estaba tan orgullosa de él, ese muchachito era el hijo que cualquier madre desearía tener, ¡Lo tenía todo! Inteligente, fuerte, bondadoso, ¡Además de guapo! Tenía un alma tan pura, y si no fuera por él, tal vez ella no hubiera sobrevivido todos estos años.
—¡Lo pude terminar mamá! —Agregó eufórico.— Con esto podremos avanzar mucho más rápido, ¡Podremos levantar de nuevo la corporación! Solo seguimos el patrón de este arquetipo y así es como si diez manos nos dieran ayuda.
—Estoy muy orgullosa de ti hijo.—Sonrió conmocionada.— No cabe duda que además de guapo, eres muy inteligente ¡Cómo yo! —El chico se ruborizó con el comentario de su madre, tan parecida a su contra parte del pasado.— ¿Te parece si después de comer, comenzamos con realizar más de ellos?
[…]
Degustaban en silencio la sopa de verduras que había preparado su madre, tal vez ella jamás fue una buena cocinera, de hecho antes de toda la destrucción ella jamás había preparado algo, pues todo le hacían.
Ahora solo le tocaba adaptarse y sobrevivir con lo que tenían, incluso había aprendido a realizar tal labor y todo era por su hijo, por el haría hasta lo impensable.
El peli lila alzó su azulada mirada hacia ella, la notaba concentrada, ausente, sin duda alguna algo había cambiado en su madre desde el día que le entregó el obsequio de su contra parte.
—Hay algunas piezas que por más que busquemos, ya no existen.—Susurró en medio del mutismo el joven atrayendo a su distraída madre que segundos antes se encontraba mirando hacia el horizonte por la ventana que se hallaba frente a ellos.— Y son necesarias. Afortunadamente aún había una pieza tipo B-73, pero ya no hay más…
—Eso complicará las cosas…
—Y mucho.—Continuó dudoso de pronunciar lo siguiente.—Estaba pensando que tal vez, podría viajar al pasado y pedirle a mi otra madre que nos proporcione algo de material…la maquina en estos meses se está cargando, solo un par más y estará lista para que haga otro viaje, puede…
—De ninguna manera.—Interrumpió de golpe, conmocionando a su hijo por su cambio de actitud.— No quiero seguir alterando el espacio-tiempo, me preocupa seguirte exponiendo.
Confundido, el joven miró a su madre notando que en su rostro expresaba una preocupación que jamás había visto en otro momento, ni siquiera cuando estaban los androides. Analizó los movimientos de su madre, la mujer se desenvolvía torpemente recogiendo la loza frente a ella, incluso le pareció ver que ella esquivaba su mirada, un comportamiento muy raro proviniendo de ella, que era una mujer directa para hablar.
Pero él no se quedaría con la duda, no sabía si ese don que había heredado de ambos padres era algo bueno pero sí algo tenía él es que era demasiado persistente hasta obtener lo que quería saber, tal como su madre y padre. La siguió hasta la cocina donde ella ya se encontraba enjabonando los platos sucios, se notaba su espalda tensa, sabía que algo escondía su madre y tenía el presentimiento que todo eso se debía a cierto objeto que podría marcar un antes y un después a su historia.
—¿Por qué no has querido utilizar la nave que te dio mi madre? —Decidió soltarlo así sin más, sin premeditar más sus palabras, era algo que le venía rondando su mente desde mucho tiempo atrás. Bulma por su parte frenó de golpe sus movimientos, siguiéndole dando la espalda a su hijo, ella igual se encontraba como él.— Tú misma dijiste ese día que nos podía llevar a Namekuseí y poder usas las esferas del dragón…mamá…
—No hijo, no es fácil…
—¿No? —Consternado, avanzó hasta ella tomándola de los hombros para que lo viera a los ojos, pero al girarla sobre su lugar encontró que el rostro de su madre estaba bañado en lágrimas, algo que lo rompió completamente.—Mamá…¿Qué es lo que te preocupa? ¿Tienes miedo de volver a viajar por el espacio? ¿Es eso? ¡Yo puedo ir si así deseas! Además, en esa nave solo entra una persona, por lo que no tengas miedo de eso…
—No hijo, no es eso.—Limpió con el dorso de su mano las lágrimas de su pálido rostro, a ella no le gustaba que la vieran llorar, se sentía tan débil y vulnerable, pero quien estaba frente a ella era su hijo por lo que era el único ser en toda la faz de la Tierra que jamás la juzgaría por sentir aquel sentimiento tan humano.—Es solo que…aunque utilicemos las esferas del dragón eso no nos garantiza que todo sea como antes.—Musitó insegura de sus palabras al mismo tiempo que analizaba como el entrecejo fruncido de su hijo se arrugaba más sin entender sus palabras, tal como su padre.— Por ejemplo, Goku no volverá ya que el murió por una enfermedad, no estamos seguros si todos nuestros amigos quieran volver a la vida después de estar veinte años en el paraíso…ni tu abuelo podría regresar ya que su muerte fue natural…—Susurró quebrantada, transmitiendo el mismo dolor a su hijo pues para el peli lila fue el primer contacto que tuvo con la muerte al estar consciente en como perdía a un ser querido.— Tal vez mucha de la gente no quiera regresar y…
—No podemos apresurarnos a pensar algo así mamá, es cierto que varios no podrán volver a la vida pero hay que pensar en el resto de las personas que murieron injustificadamente en manos de los androides. Por ejemplo, la señora Milk, ha sufrido mucho desde la muerte de…Gohan, ¿No crees que le alegaría volver a ver a su hijo? La señora se refugió en su soledad, sola sin nadie que la protege. A mí me encantaría volver a ver a mi maestro…—Los ojos azules del muchacho brillaron con fuerza al recordar a su mentor y mejor amigo, anhelaba volver a verlo.— Además muchas de las personas que perdieron a sus seres queridos les haría feliz volver a verlos ¡Los motivaría a seguir adelante después de todo lo que pasó!
—Pero…—Musitó insegura.— ¿Qué ocurre con los que no quieran regresar? ¿No crees que les haría daño ver que otros si pudieron ver a sus seres queridos y ellos no? O tal vez sería injusto para los que se encuentran descansado obligarlos a venir a la Tierra…
—Pues en ese caso le diríamos al dios dragón que solo reviva a los que así lo desean…—Bulma se tensó a sobre manera al escuchar las palabras de su hijo, y él lo sabía, presentía cual era la razón por la cual su madre se mostraba tan reacia con ir por las esferas.—Además hacen faltan muchas cosas que serán difíciles de obtener, no solo alimentos, si no también vacunas, medicamentos, que sus hogares sean restaurados pues no es sano vivir en sótanos…
—No lo sé hijo, yo…
—¿Qué es lo que te mortifica, mamá? —La mujer brincó sobre si sitio al escuchar a su hijo, se notaba serio pero al mismo tiempo dudoso.— ¿Temes que mi padre no quiera volver a la vida? ¿Es eso?
Y eso fue la gota que derramó el vaso, las palabras que trataba evitar pero que terminaron derrumbándola por completo.
Sus grandes ojos se llenaron de lágrimas, torpemente dejó caer de sus manos el plato de porcelana produciendo escándalo así como al mismo tiempo cubrió avergonzada su rostro empapado entre sus temblorosas manos. No quería llorar, no quería verse débil frente a su hijo, pero no podía resistir más la tensión en ella, era una marea de emociones y sentires que la alteraban por completo.
Trunks por su parte la abrazó contra su pecho, sentía que el cuerpo de su madre temblaba con fuerza ¡Estaba alterada! Y se sintió terrible, nuevamente ahí estaba él causándole ese sentimiento a ella con sus cuestionamientos.
—Lo siento mamá…—Susurró preocupado.—No quería hacerte sentir mal, es solo que…
—No hijo…—Le interrumpió entre sollozos alejando su rostro para verlo a los ojos.— Tienes todo el derecho de preguntar, sé que quieres volver a tu padre y te estoy negando tal derecho…es solo que…—Suspiró profundamente, intentando contener el sentimiento que emanaba en aquel momento.— Temo que por mi culpa él no quiera volver…
—¿Cómo?
—La última vez que hablamos peleamos muy duro…—Musitó despegándose de los brazos de su hijo, aún temblando por los recuerdos que la invadían a su mente de hace veinte años.—Ese día lo noté muy inquieto, incluso se mostraba esquivo con nosotros. Cuando vi se que puso su traje de batalla y se dirigía a la nave, creí que nos abandonaría a la merced de los androides, pues tu padre era el último sobreviviente. Le dije que si se iba a ir, que jamás volviera, que no permitiría que volviera a pisar esta casa…
—¿El nos iba abandonar? —Susurró consternado Trunks.—Pero, el no es así…
—Lo sé hijo, fui una tonta.—Las lágrimas seguían cayendo de sus ojos, sentía escocer sus ojos, su pecho subía y bajaba aceleradamente.— No sé porque pensé en todas esas estupideces.—Suspiró.—Estaba tan nerviosa, en la radio solo hablaban sobre que los androides llegarían a la ciudad del oeste y mencionaban que evacuáramos lo más rápido la ciudad. Tu padre no me contradecía en todo lo que le dije, incluso le grite que si se iba de nuestras vidas nos haría un gran favor ya que su presencia solo nos lastimaba, que podíamos sobrevivir sin él. Vegeta no dijo más, sus últimas palabras fueron "no te preocupes, no volveré a sus vidas"…
La peli azul lloró con más fuerza, cualquiera que pudiera ver el sufrimiento en su rostro le partiría el alma verla de esa manera. Trunks veía como su madre temblaba conmocionada, incluso juraría que a la mujer en cualquier momento colapsaría. Ávidamente le acercó una silla para que ella se sentara, su menudo cuerpo titiritaba con fuerza, su pecho subía y baja, y su rostro pálido ahora se encontraba bañado en dolorosas lágrimas, sus ojos no brillaban.
—Lo maldije cuando él salió de la casa con la nave, sin embargo solo la encapsuló llevándosela consigo. Años me tardé en darme cuenta que su plan era que si los androides llegaban aquí y se daban cuenta de aquella maquina no dudarían en sacarle provecho y volverse más fuertes.
—Por eso en este tiempo no está aquí la máquina de gravedad…
—Ese día no perdimos tiempo tus abuelos y yo, nos refugiamos en el sótano donde ahora lo adoptamos como nuestros laboratorios…ese sótano que fue nuestro hogar por veinte años.
—Pero…mi padre…
—Yo pensé mal…—Murmuró rota.— Al caer la noche, Gohan llegó buscándome para decirme que los androides lo habían matado, que había peleado hasta al final y que antes de morir, dejando de lado su orgullo le pidió desesperadamente que nos alejara lo más lejos de los androides, que nos protegiera…
Ahora fue el turno de Trunks quien quedó temblando al escuchar las palabras de su madre, no podía creerle que su padre le pidiera algo así a Gohan, incluso su maestro jamás le comentó aquel suceso. Tal vez Gohan decidió callar por respeto al príncipe saiyajin, sabía del orgullo que caracterizaba su persona, por la cual prefirió seguir las palabras del saiyajin sin decir una palabra más.
Su padre siempre se había preocupado por ellos…
—Tal vez Vegeta no quiera volver…—Continuó su madre con su voz entrecortada por el sentimiento y lágrimas.— Y si fuera así, el se quedó con la idea en que no lo quería en nuestra vida, cuando lo único que he hecho todos estos veinte años en pensar cada segundo en él…me…me hace tanta falta.
El joven se abalanzó contra su madre para volver a abrazarla, el siempre estuvo consciente que su madre siempre guardaba un luto por su padre pero jamás se lo hizo saber con expresiones sentimentales como se mostraba en ese momento, tan rota. Nunca la había visto llorar tan desoladamente, aunque lo que él no sabía es que todas las noches la mujer le lloraba al recuerdo de sus seres querido, y en especial de su orgulloso padre, pero esta era la primera vez que se desarmaba de esa manera frente a alguien, y vaya que lo necesitaba, sacar todo ese dolor que había guardado por tanto tiempo.
—Mamá, yo creo que mi padre jamás creyó todo lo que le dijiste.—Al escuchar las palabras de su hijo, Bulma regresó su atención hacia el joven quien lucía pensativo.—Lo pude ver en tu pasado.
—¿Cómo?
—¿Recuerdas cuando te conté que el doctor Maki Gero cuando atacó la nave donde ibas con mi yo bebé, mi padre ni hizo nada al respecto? Esa vez me molesté mucho, tanto que incluso lo bajé del pedestal de donde lo colocaba. Esa vez, cuando llegamos a la casa, escuché que tú, claro la del pasado, peleó muy fuerte con él por haberlos dejado desprotegidos, incluso le dijo cosas como que no lo quería ver más en la casa…
—Me imagino…
—Pero entre tantos sucesos, pude descubrir que cuando mi padre actuaba de esa forma no lo hacía porque no le interesáramos, al contrario, creo que lo que él hacía era ocultar sus debilidades al enemigo, como en las batallas después de todo. Mamá…—Suspiró.— Tu siempre fuiste la debilidad de mi padre, fue por eso que el siempre ponía una barrera al mostrar indiferencia, cuando siempre fue todo lo contrario y lo pude notar cuando el atacó furioso a Cell por atacarme…el punto es que, el siempre volvió a ti a pesar que lo hayas mandado al infierno, mi padre siempre regresará a ti.
Bulma miró por largos segundos a su hijo, captando palabra por palabra que este le mencionó. Su corazón latió con fuerza desmedida, era curioso como escuchar aquello resultaba ser un bálsamo para su corazón herido, y una renovada fuerza creció en su interior…tal vez su hijo tenía razón ¿Cómo es que ella era tan ciega que no se daba cuenta de ello?
El peli lila le sonrió ladino, una sonrisa cargada de ternura y calidez, de alguien que estaría con ella sin importar las circunstancias, siempre la apoyaría y respetaría sus decisiones. Se acercó a ella para depositarle un beso en la frente de la mujer, poniéndose esta vez arrodillado frente a ella:
—Tranquila mamá, no te presionaré a hacer algo que no quieres. Si no deseas ir a Namekuseí lo respetaré, después es un obsequio tuyo.—Le sonrió.— Te apoyaré cualquiera que sea tu decisión, solo no quiero que cargues más sobre ti un peso que te atormenta, mi padre jamás podría odiarte, ni en el otro mundo.
Tras decir esas palabras, el chico se levantó de si sitió para regresar al sótano y seguir con sus tareas, pues algo le decía que si querían avanzar en algo tenían que recurrir a otros métodos que no fueran las esferas del dragón.
Por su parte Bulma quedó estática sobre si lugar, con un sinfín de recuerdos que bombardeaban su mente en ese instante, tantos sentimientos que explotaban en su interior, y uno que sonaba con mayor fuerza; Vegeta.
[…]
Su corazón palpitaba con mucha fuerza, recordar viejos tiempos era como volver a nacer. Su descenso estaba próximo, se podía ver desde su ventana el resplandor de aquel planeta verde y fue cuando el nerviosismo amenazó con controlar la situación.
Después de aquella charla con su hijo, donde expresó por primera vez en tantos años el dolor que albergaba su alma, había decidido que viajaría a Namekuseí por el bien de todos.
Ella estaba actuando egoísta, anteponía sus miedos que se estaba olvidando que no era la única quien sufría en esta situación. Tal vez era cierto que muchos seres queridos no los volverían a ver, pero al menos aquellos que murieron injustamente se les harían justicia después de muchos años.
Y también lo hacía por su hijo, aunque él no se lo dijera anhelaba volver a ver a su padre, para él no había sido suficiente haber convivido con la contra parte de su progenitor en el pasado, quería más tiempo con él, quería a su padre, el de esta línea. Cerró sus ojos con fuerza, si Vegeta volvía a la vida ya había decidido que lo buscaría y le haría saber que no le negaría estar con Trunks, si es que aún así el lo quería.
Fijo algunos dígitos en su panel de control para iniciar el descenso, había decidido esa misma noche que partiría a Namekuseí sin decirle nada a su hijo, lo conocía tan bien que el muchacho no la dejaría irse sola por el universo, pero volver a realizar aquella aventura como en esos viejos tiempos era lo más anhelaba por lo que no dejaría pasar esta oportunidad. Afortunadamente había anotado las coordenadas del nuevo Namekuseí en un lugar que recordaba y que aún seguía vigente, su diario. Suspiró con fuerza, la nave esférica se encontraba atravesando la atmosfera del planeta, érica se encontraba atravesando la atmosfera del planeta, tal como lo recordaba.
[…]
Observó a su alrededor muchos seres que la observaban asombrados y al mismo tiempo con desconfianza, pues se les hacía extraño que alguien externo diera con su planeta pues precisamente había sido pedido que su ubicación no fuera vista para cualquiera.
Bajo la mirada de los namekianos, Bulma bajó de la nave donde se había formado un cráter alzando sus manos en un símbolo de "paz" pero no por ello dejaba de escuchar los murmullos de los habitantes que no dejaban de apuntarla como una amenaza.
Todo estaba como lo recordaba, aquel paisaje verde-agua, con sus peculiares árboles de tonos azules y relieves verdes. Incluso ellos seguían iguales, nada había cambiado, la única que había sufrido el estrago de los pasos de los años era ella.
—¡Esperen!
Escuchó decir entre la multitud que ávidamente se abrieron para dar paso a un joven namekiano que se acercó con mucha prisa hacia ella, sonriéndole amistosamente. Bulma le devolvió el gesto pero con un toque de sorpresa en su rostro, pues no conocía al joven que se acercó a ella invitándola a unirse con los demás pobladores.
—No puedo creer que usted esté aquí de nuevo.—Se animó jubiloso el joven dándole el paso a ella, quien agradecidamente subió de aquel cráter para encontrarse con el resto que ahora lucía más tranquilo por ver la familiaridad con que el joven namekiano la saludaba.— Dígame ¿Cómo está Goku? ¿Y Gohan?
Ella abrió desmesuradamente los ojos al notar que aquel joven no era nadie más que Dende ¡Vaya! ¡Cuánto había crecido! Ya no era ese pequeño niño. Emocionada lo abrazó al verlo, se sintió tan feliz el verlo tan fuerte y aún con vida, pues desde que ella había perdido a todos sus amigos volver a ver a alguien que estimabas y en buen estado, eso era más que suficiente.
Dende por su parte, un tanto apenado le regresó tal gesto, demostrando con ello a toda su comunidad en que no corrían peligro, y de esa forma ellos mostrando amabilidad con su nueva invitada.
—Tranquilos.—Habló Dende atrayendo la atención de los presentes.— Ella es la señorita Bulma Brief, la mujer que nos alojó en su casa cuando nuestro antiguo planeta exploto. ¡Bienvenida señorita!
Todos la alabaron con entusiasmo, tanto que ella sorprendida por tal gesto los miraba maravillada ¡Ya había olvidado que se sentía que te halagaran de ese modo! Fijo su atención en Dende quien la miraba con sorpresa y al mismo tiempo entusiasmo.
—¿Qué la trae por aquí señorita? ¿Todo bien en la Tierra?
—Gracias por el recibimiento, Dende.—Sonrió agradecida.— Bueno, ¿Por dónde empiezo?
[…]
La tierra se cimbró, todo a su alrededor se oscureció a tal punto en que el ambiente se volvió frío.
Sentía sus piernas temblar, no importara cuantas veces presenciara dicho espectáculo, al final siempre terminaría del mismo modo impresionada por semejante visión ante ella; era una mezcla de asombro, miedo y éxtasis, pues tener frente a tus ojos semejante dragón era algo que no cualquiera pudiese experimentar dicha emoción, una sensación inexplicable que pensaba nunca más volver a vivir.
Su pecho subía y bajaba aceleradamente, sentía como sus manos sudaban víctimas del nerviosismo y ansiedad que la dominaban en aquel momento, su momento.
Junto a ella se encontraba el joven namekiano que observaba con asombro ceremonial espectáculo, esperando escuchar los deseos de la mujer para comunicárselo al gran dragón. El ya estaba al tanto de todo, de la muerte de los guerreros de la Tierra, en que ya no existía una amenaza como Freezer por el espacio como su padre, pero que para la Tierra una desgracia llegó llamada los androides, pero también gracias a un salvador que pudo derrotarlos a ellos y a otro temible ser llamado Cell, pudieron ahora "vivir en paz". Sin dudarlo un segundo más los namekianos no dudaron en brindarle su ayuda a la mujer, era lo que menos merecía después de haberles dado hospedaje en su hogar hace años.
Bulma miró con asombro a ese dragón que se levantaba con imponencia frente a ella; este era mucho más grande y asombroso, dándole un toque de misticismo y aterrador al mismo tiempo.
Expectante a lo que sucedía, miró fijamente a Dende, las palabras se le escaparon de su boca, sabía que era el momento para que pronunciara sus deseos, pero las palabras no llegaban en ese momento.
— Ahora dime ¿Cuál es tu deseo?
Escuchó su voz retumbar en todo el lugar, tan gruesa e impactante ¡Incluso ella retrocedió sobre su lugar al sentirse intimidada de solo escucharlo! No obstante jamás retiró su vista del gran dragón, poseía de un misticismo que la envolvía también a ella ¡Era fuera de esta realidad!
—Señorita Bulma.—Insistió el namekiano quien no se despegaba de su lado.— ¿Cuáles serán sus deseos?
—Yo…—Por breves segundos miró alternadamente al dragón y al namekiano. ¿Qué era lo que pediría? Había plantado sus deseos durante el viaja al planeta y ahora se encontraba insegura de realizar la petición. Suspiró pesadamente, tantas veces que había hecho peticiones a esa deidad y ahora sentía que todo esto era irreal, que despertaría y todo ello jamás hubiera existido.— Quisiera que revivieran todas las personas que han muerto en la Tierra…
—¿En general? —Susurró confuso Dende.—Me refiero a aquellos que murieron incluso antes de la llegada de los androides…lo que pasa es que con Porunga debemos ser muy específicos, misma razón por la cual tiene un poder ilimitado y puede revivir a aquellos que llevan muertos más de un año…
—¿Puede revivir a quien sea? —Musitó asombrada.— ¿Incluso los que murieron por causa natural?
—No, esa es una regla que no se debe violar, solo se hizo la excepción en que se pueden revivir a los que llevan más de un año muertos aunque eso solo se podrá siempre y cuando sus almas hayan sido buenas…
—¿Cómo?
—Bueno, una persona de alma buena aún conserva su cuerpo, su esencia. Pero aquellos que fueron malos, pasando el año son llevados a purificar sus almas y se ven obligados a reencarnar en otro cuerpo. Por eso me refiero que es difícil para aquellos que fueron al infierno, es por eso que es conveniente revivir a alguien en que no pase más de un año en ese tipo de casos…
Los ojos de Bulma se bañaron en lágrimas, no podía ser posible lo que estaba escuchando ¡Nada estaba saliendo como lo había planeado! Para ella no concebía lo que Dende le decía, había olvidado el hecho de los años que llevaban de muertos sus seres queridos, estaba claro que ellos volverían ya que todos poseían de un alma buena, pero no él, no su orgulloso príncipe saiyajin.
Se desplomó al suelo cubriendo su rostro con sus manos temblorosas ¡Al final nada tenía sentido! Tal vez estaba actuando egoísta por pensar de esa manera, pero la verdad es que ella había viajado hasta Namekuseí con el único propósito de volver a ver a Vegeta.
Los namekianos que observan extrañados a ella, no entendían el porqué reaccionaba de esa manera, los murmullos no tardaron en hacerse presentes a lo que Bulma sumergida en su amargura hacia caso omiso.
Pronto sintió una mano recargarse contra su hombro derecho, giró hacia quien la consolaba con ese gesto, encontrándose con el joven namekiano que la miraba con compasión y ternura, en sus ojos de Dende se reflejaba la sinceridad que le ofrecía a que ella diera el paso de pedir su tan anhelado deseo, y en ese momento pudo percibir un sentimiento tan puro como la gratitud del namekiano, reflejando en sus redondos ojos el entusiasmo que él sentía porque ella hiciera realidad su sueño.
—Desea revivir al señor Vegeta ¿No es así? —La peli azul abrió desmesuradamente sus ojos, confirmando con ello las suposiciones del namekiano.—Lo digo ya que usted mencionó que era el padre de su hijo…—Aclaró inmediatamente apenado.
—Dudo que Vegeta haya ido al cielo…—Murmuró con una sonrisa ladina, se podía notar la amargura en sus palabras transmitiéndoselas al joven Dende.— Porque sí fuera así, entonces no era mi Vegeta…
—Bueno…—El namekiano no sabía que decirle, al de ante mano había conocido al orgullo príncipe por lo que estaba muy seguro que su destino final fue el infierno. Suspiró mirando hacia el gran Porunga que esperaba impaciente su deseo, no obstante sus ojos se iluminaron con fuerza no todo está perdido.— ¡Señorita Bulma! —Alegó eufórico extrañando a la mujer por el repentino cambio de humor.— Solo reencarnan aquellos que se arrepientan, de lo contrario sus almas seguirán en el infierno, y bueno lo poco que recuerdo del señor Vegeta es que lo caracterizaba su fuerte orgullo…
—Claro…—Habló más para sí misma poniéndose de pie, limpiando sus lágrimas con el dorso de su manos.—Vegeta jamás aceptaría renunciar a lo que era…¡Eres asombroso Dende! —Sus ojos brillaron de tal manera que encandilaron al namekiano, sin duda eran hermosos, llenos de vida. —Estos son mis deseos Dende, el primero es que revivan todos los que fueron asesinados por los androides, solo sí así lo desean y el segundo es que la Tierra vuelva a tener los recursos que antes tenían, que todo vuelva a la normalidad, por favor.
Emocionado, el joven asintió para dar paso a los deseos de la mujer, y tras pronunciar en si dilecto característico para darle los deseos a Porunga, el gran dragón contestó con fuerza;
—Fueron demasiados muertos, me tomará un poco más del tiempo normal.
Alrededor del gran dragón, relámpagos y truenos envolvían el ambiente. Sus enormes ojos rojos brillaron con fuerza, cumpliendo cada una de las peticiones de Bulma.
Bulma no podía controlar la emoción que emergía en ella en aquel momento, todo eso era mágico que de tan solo volver a vivir esa experiencia era como volver a sentirse vivía después de tantos años.
Pasaron solo como diez minutos desde que el gran Porunga hacía su tarea, pero para ella parecía ser una eternidad completa. En su mente solo rondaba una imagen, ¿Él aceptaría volver? ¿Sería el mismo de antes? Pues haber estado en el infierno por veinte años no era nada fácil, ella más que nadie lo entendía porque no necesitaba estar muerta y en aquel lugar inhóspito para entenderlo, veinte años fueron suficientes para vivir en carne propia lo que era un tormento.
Sin embargo lo que más le atormentaban era dos cuestionamientos ¿El regresaría? ¿La habría olvidado?
—He cumplido con lo que me pidieron, ¿Cuál será el tercer deseo?
Mirai Bulma parpadeó confundida ante lo pronunciado por Porunga, su corazón brinco con fuerza, había cumplido por fin con sus peticiones. Miró sus manos empapadas de sudor por la emoción del momento, ya no eran aquellas manos tan suaves y tersas como en su juventud, ahora lucían cansadas y rasposas, sin duda alguna el tiempo no había sido generoso con ella.
—Aún le queda un deseo más, señorita Bulma.
La mujer debatió sobre su tercer deseo, no estaba segura de hacerlo, sabía que sonaría loco para los presentes, además de que era una petición demasiado egoísta pensando solo en el beneficio de ella, pero ella sabía que necesitaba hacerlo, no descansaría hasta saber la verdad, si no su viaje jamás hubiera valido la pena.
—Dende…—Susurró nerviosa.— Mi tercer deseo es tener ir hacia un lugar en particular ¿Se puede? No serán más de diez minutos esa visita, lo prometo.
[…]
Todo era caos, desde que algo de la nada había alterado el orden con el que mantenía todo bajo control.
Curiosamente la carga se volvió mayor para él en solo cuestión de segundos y ya se imaginaba que fuerza omnipotente había cambiado el rumbo de las cosas ahí abajo, años que las esferas del dragón no intervenían con el balance de su reino.
Varios de sus ayudantes se movían de un lugar a otro, ordenando los alterones de documentes para volver a corregir los registros de sus habitantes. Tenían que cambiar las fechas ya que la última fecha en la que murieron debía ser recorridas del espacio donde marcaban como definitivo, muchos nombres de las cuales debía ahora borrar de los expedientes del infierno.
La lista era larga, algunos ni siquiera tenían el derecho de salir de ese lugar ¡Todavía no terminaban de pagara su sentencia! Por lo que debía anexar en sus expedientes aquellos detalles pendientes que de alguna forma u otra debían pagar.
—Menuda suerte de los Terricolas.—Susurró molesto observando la carga de trabajo frente a su escritorio.—Ahora hay que reacomodar sus expedientes, pero no porque hayan revivido se quedaran impunes de lo que hicieron en el pasado.
—Señor…—Llegó a él agitado uno de sus hombres, se podía ver alterado pues su rostro reflejaba como si hubiera visto algo fuera de lo normal.— Lo…lo buscan.
—No tengo tiempo.—Bramó cansado sellando el documento que yacía entre sus manos.—Esto ha sido un descontrol y debe quedar listo lo más pronto posible, las almas que requieran ser atendidas deberán esperar su turno.
—No es una alma señor…—Murmuró nervioso atrayendo la atención del gran hombre, anteponiendo como escudo su libreta de notas para evitar la furia de su señor.— Es alguien vivo…
—¡¿Qué?!
—¿Enma Daio Sama?
Ambos seres miraron a la mujer que se presentaba con humildad frente a ellos. El más mendo tembló nervioso llegando hasta su lado ¡Le había dicho que no entrara hasta que él se lo informara! Mientras que el de mayor poder la miró con el rostro desencajado ¿Qué hacía esa mujer ahí?
Bulma observaba con asombro aquella oficina, jamás imagino que para entrar al infierno o al cielo se requería pasar por diferentes trámites, ella siempre creyó que tu alma iba directo a las llamas de aquel lugar donde nadie quería terminar el resto de sus días o simplemente amanecías rodeado del paraíso y su paz; aun había muchas cosas que debía aprender.
—¡¿Qué hace esta mujer aquí?! —Gritó enfurecido el gran guardián mirándola con detenimiento.— ¿Esto es un error? ¡Ningún vivo puede llegar a este lugar!
—No es ningún error.—Se apresuró a decir la mujer al ver como el hombre tomaba el teléfono junto a él para deportarla.—¡Pedí un deseo y por ello estoy aquí!
—¿Qué? ¿Me quieren explicar que es todo esto? —Alegó furiosos el guardián del la puerta del otro mundo.— ¿Qué hace esta terrícola aquí?
—Siento llegar de esta manera.—Musitó incomoda.— Pero necesitaba si me podía hacer un gran favor…
—Ni siquiera sé quién eres.—Replicó con desdén el rey.
—¡Soy la mejor amiga de Goku! —Alegó molesta, del mismo modo sorprendiendo a los presentes por gritarle al gran Enma Daio Sama, hasta sorprendiéndose el mismo por la actitud de la mujer.— Usted sabe porque hace veinte años muchas muertes fueron registradas, yo soy de las pocas sobrevivientes de la Tierra…
—Así que tú resucitaste a todos de nuevo ¿Verdad? Ahora entiendo la razón por la carga de trabajo…
—Prometo no quitarle más de su tiempo, solo quisiera hacerle una pregunta y me iré.
—¿Y porque yo he de responder tu pregunta, mujer?
—Si Goku estuviera junto a mí, apuesto que usted me ayudaría ya que tengo entendido que él le hizo muchos favores cuando él murió en manos de su hermano mayor, Raditz.
—Es cierto todo lo que mencionas.—Musitó extrañado.— Pero eso no responde mi pregunta ¿Quién eres para comenzar?
—¡Soy Bulma! ¡Bulma Brief!
El rey dejó caer su pluma de sus manos al verla, mirándola con total asombro, así que ella era la famosa Bulma Brief.
—Quien lo diría.—Continuó hablando más para él.— Así que eres tú…
—¿Cómo?
—He escuchado de ti, hace tiempo alguien me pidió de la misma manera un favor que a ti te involucraba. Al principio de rehusé, pero al ver todos los destrozos que hizo, no me quedó más que ceder con tal de mantenerlo controlado.—Suspiró pesadamente.— Y algo me dice que tú vienes por lo mismo ¿No es así?
Bulma parpadeó confundida, no entendía a lo que se refería Enma Daio Sama, ¿Cómo es que incluso en la muerte era conocida? La risa del grandulón la trajo de vuelta a la realidad, y tras ver como el hombre negaba con la cabeza en un gesto despreocupado y divertido, continuó.
—Jóvenes…—Murmuró con una sonrisa rendido, tomando entre sus manos una gran libreta de color azul, invitando con la mano a Bulma en un movimiento para que ella se acercara.— Pocos casos he visto algo así, o creo que solo el tuyo.—Bulma arqueó las cejas confundía, a lo que él le explicó.—Algunas personas cuando mueren aquellos que aman, se quitan la vida para seguirlos hasta la muerte, al final no ganan nada ya que interrumpen un ciclo de la cual va en contra de las leyes; pero jamás me había pasado que alguien con vida llegara hasta aquí en busca de alguien, aunque hayan pasado dos décadas…
—U-usted…¿Usted sabe a qué viene?
—Eres Bulma Brief ¿No? La mujer del príncipe saiyajin ¿O me equivoco? —Bulma abrió grande su boca por la sorpresa ¿Cómo es que él sabía eso, si ni siquiera le había dicho alguna palabra? Al menos que él…imposible.— ¿Qué es lo que quieres saber? ¿A qué cuerpo terminó la alma de Vegeta? Eso me es imposible decirte…
—¡Un momento! Cómo….¿Cómo que qué cuerpo?
—Bueno, después de muchos años, al final terminó arrepintiéndose de su maldad. Y fue curioso porque por veinte años se resistió, hasta hace poco…
—¿Quiere decir…que reencarno en otro cuerpo? —Enma Daio Sama cerró la libreta mirándola en la incertidumbre del silencio. Inmediatamente ella se negó a lo que escuchaba, no…—¡Eso es imposible!
Pero el gran rey jamás la contradijo, asegurando con su silencio que todo era más que cierto.
Definitivamente había perdido a Vegeta, a su memoria, sus recuerdos, lo había perdido para siempre.
[…]
Se podía ver la puesta de sol al fondo de la ciudad, pronto caería la noche y con ello una nueva forma de vida.
Al sentir sus pies en tierra firma vislumbró a su alrededor para darse cuenta que estaba de vuelta en su hogar. Todo esto era surrealista para ella, ni siquiera se podía imaginar cómo es que momentos antes estuvo frente al gran Enma Daio Sama, lo último que recordaba es que tras escuchar lo necesario, el hombre se encargó de que ella regresara a su lugar de origen.
Sentía sus ojos escocer por todas las lágrimas derramadas de ese día, el sentimiento aún lo cargaba en el pecho, prefería haber muerto que vivir esa nueva vida sin verlo nunca más.
Para su sorpresa, la ciudad lucía bastante cambiada a comparación de la noche anterior; toda la ciudad del Oeste lucía iluminada, mucho movimiento se podía apreciar por sus calles, parecía que nada del horror por el que estuvieron sumergidos por veinte años jamás existió.
Cabizbaja, antes de entrar a la corporación caminó hacia un lugar en especial. Para ella era un refugio, lo había tomado como su tumba y cuando nadie la veía, salía por las noches a hablarle a ese pequeño espacio donde alguna vez yacía la cámara de gravedad, ese lugar que aún olía a él.
Se detuvo frente al espacio deshabitado donde lucía un follaje verde con florecillas de dientes de león. Arrodillándose frente al espacio sacó toda la tensión que llevaba dentro, lloró con fuerza, extrañándolo, implorando por él, porque al menos antes sentía que él la escuchaba en el otro mundo, ahora él ya no estaba, ya era otra persona.
—Vegeta…—Susurró con su voz cortada.—No puedes irte aún…no quiero…
—¿A dónde me fui, según tu mujer?
Su corazón se detuvo por completo así como su respiración, no podía ser posible a caso…¿Era su voz?
Temerosa, lentamente se puso de pie en busca de aquella ronca voz que hablaba a sus espaldas, su cuerpo no resistiría más si era otra ilusión más de su mente, estaba cansada de vivir en una fantasía.
Pero su mundo se paró por completo al verlo frente a ella, tan real, tan lleno de vida, tan él, su Vegeta estaba con vida mirándola con ese peculiar brillo en sus orbes ónix que solo relucían de esa manera cuando ella estaba presente.
Fue cuando entonces, Bulma volvió a brillar llena de vida.
