Harry Potter = JK Rowling. Esta historia = Harry Potter White Squirrel

Notas del autor: Lo siento, fans de Cedric/Hermione. Sí lo consideré, pero tengo otros planes para él… probablemente algunos que no han visto antes. Y bueno, creo que mi idea resultó bastante bien.


Capítulo 74

Hermione llegó al castillo de Hogwarts el domingo por la mañana con un hermoso vestido nuevo guardado cuidadosamente en su baúl. Lo habían comprado en el mundo muggle, pero aún lucía como algo que una bruja usaría. Estaba hecho de varias capas de seda transparente de color azul violeta, y se había enamorado de él al instante. Si se pintara el cabello rubio, probablemente podría pasar por Cenicienta. Cuando se lo mencionó a su mamá, su mamá insistió medio en broma que agregara una diadema de seda azul para complementar el atuendo. Nunca había sido del tipo de vestirse tan "femenina" pero se sorprendió de lo mucho que lo disfrutaba.

Hagrid la dejó pasar por la puerta principal con una sonrisa. El hombre enorme aún intentaba vestirse más elegante de lo normal, probablemente para impresionar a Madame Maxime. Ciertamente ponía bastante esfuerzo en sus Abraxans, por lo que le había dicho.

–Sabes, esa Rita Skeeter vino y habló conmigo dos veces la semana pasada –mencionó en un momento.

–Escuché –gruñó Hermione–. No le dijiste nada incriminatorio, ¿verdad?

–Por supuesto que no… eh, no que tuviera algo que decir. No –dijo–. Me preguntó sobre los escregutos, pero estaba más interesada en Harry.

–Oh, por supuesto que sí.

–Pues, le dije que éramos buenos amigos desde que fui por él a casa de los Dursley, y que era un buen chico. No le gustó el ángulo. Quería que le dijera que es un buscapleitos, pero no lo escuchará de mí. Así que, ¿vas a ir al baile, Hermione?

–Sí, sólo necesito una cita –dijo.

–Pues, estoy seguro de que una chica inteligente como tú puede conseguir una sin problemas –dijo Hagrid. Hermione se sonrojó un poco.

–¿Y tú, Hagrid? –Hagrid se sonrojó más que ella.

–¿Yo? Oh, eh, sí, creo que quizás haga algo. Debería ser divertido.

Hermione sólo sonrió. A Hagrid definitivamente le gustaba Madame Maxime. Eran una lástima que no hacían trajes de su tamaño, pensó. De hecho, ¿cómo alguien haría un traje tan grande? Y, de hecho, ¿dónde conseguía Hagrid la ropa qué tenía? Quizás él la hacía. No le sorprendería.

Había tomado el autobús noctámbulo temprano para llegar al desayuno, así que rápidamente tomó asiento con sus amigos. Había habido un cambio en Hogwarts además de las decoraciones de Navidad. Las chicas lucían bastante entusiasmadas por el baile, mientras que un aire inusual de nervios había caído sobre los chicos. No había pensado que un baile causaría tal ansiedad, pero entonces, no tenía tanta experiencia.

–Hola, Hermione –dijo Ginny con entusiasmo cuando tomó asiento–. Es bueno verte.

–Igualmente, Ginny –respondió Ella–. Ron, Harry, Fred, George.

–Hola –dijeron los chicos.

Hermione vio que Ginny estaba sentada obviamente cerca de Harry. Miró a la pelirroja y lanzó una mirada a Harry. Ginny negó con la cabeza casi de manera imperceptible. Chicos, pensó Hermione.

–Es genial que tus padres te hayan dejado venir al baile –dijo Ginny.

–Y el director Dumbledore –dijo Hermione en acuerdo–. Sólo espero que no estoy llegando muy tarde.

–No, deberías estar bien. Fred invitó a Angelina ayer, y es el único de nosotros que tiene una cita.

–Le dije a George que debería invitar a Alicia –interrumpió Fred–. Todos ustedes deberían apresurarse antes de que se les escapen todas las buenas.

–Puedo conseguir mi propia cita, Fred –dijo George con notable fastidio–. Tú preocúpate sobre no tropezarte en los pies de Angie.

–Resiento eso. Soy un bailarín excelente, y lo sabes. –Harry sacudió la cabeza acongojadamente.

–Lo que quiero saber es porque las chicas viajan en manada –dijo–. Nunca se puede hablar con una a solas.

–Fuerza en número –dijo Hermione–. Da apoyo moral y, si es necesario, apoyo físico si la chica quiere rehusar la invitación. Eso y más oportunidades para chismes –agregó. Evitó sabiamente no preguntar a Harry a quien quería invitar y cambió de tema.

En lo que respectaba a Hermione, en verdad quería ver a Cedric. Esperaba que él estuviera dispuesto a hablar con ella después del desastre de la primera prueba, pero no estaba segura. Decidió intentar reclutar a Alicia Spinnet y Roger Davis para hablar con él y hacerlo una reunión nostálgica de su grupo de estudio de Aritmancia. Eso fue un éxito, y funcionó bien ya que pudieron quejarse en la biblioteca de sus clases.

–¿Y cómo estuvo el examen de fin de semestre de la profesora Vector? –preguntó Hermione intentando romper el hielo.

–Uj, fue horrible –dijo Alicia al instante–. Aritmancia nivel EXTASIS es mucho más difícil de lo que pensé.

–Pues, se llaman "Exámenes Terribles" por algo –dijo Cedric.

–Me dio una jaqueca –dijo Roger–. No creo que a nadie le fue bien. Bueno, estoy seguro de que a ti sí, Hermione.

–No lo sé –respondió ella–. No es tan fácil para mí tampoco. Claro, estoy en un programa acelerado este año, pero aun así.

–Pero aun así inventaste ese hechizo para luchar contra un dragón –dijo Alicia–. Yo nunca podría haber hecho eso.

Quizás, pensó Hermione, aunque pensó que podrían haberlo hecho con más tiempo y si estuvieran expuestos a la teoría de grupo y teoría de números. Aun así, recordó lo adelantada que estaba cuando intentó explicar su proyecto de radiactividad a sus amigos. Una gran parte pasó por encima de sus cabezas, aunque comprendieron la esencia.

–Espera, ¿dijiste una sexta excepción a la Ley de Gamp? –exclamó Roger. Hermione asintió–. Demonios, ¡Rebecca se va a poner bastante celosa! –Hermione se mordió el labio.

–Eh, apreciaría si no se lo mencionaras. No quiero causar problemas justo antes del baile. Quiero decir… Estamos aquí para divertirnos esta semana, ¿no?

–Oh, cierto, supongo –dijo Roger–. Mientras no lo mencione ella o algo. Quiero decir, sí, no me gustaría que mi cita estuviera enojada toda la noche.

–¿Oh? ¿Vas a ir con ella?

–Sí, aún estamos juntos. Vamos bastante bien. ¿Y tú? ¿Ya tienes una cita?

–Aún no… –dijo Hermione lentamente, preguntándose si podría darle alguna indicación a Cedric sin ser muy obvia.

–Pues –dijo Cedric, aparentemente ignorante–, yo invité a Cho Chang a que fuera conmigo ayer.

Hermione se congeló.

–¿Oh? –dijo, intentando solo sonar interesada, aunque su voz chillona la traicionó un poco–. ¿En verdad?

–Ajá. Debería ser entretenido.

–Que… bien… –Dirigió su mirada a Alicia para no tener que mirarlo más.

–Nadie me ha invitado a mi aún –dijo Alicia sin dar más detalles–. Hermione, ¿estás bien?

–Sí, estoy bien. –Pero se fue poco después de eso y escapó de la biblioteca porque no podía aguantar sus lágrimas más. Fue a la sala de los menesteres, donde podría dejar salir su desaliento en privado, y estereotípicamente se colapsó sobre sus rodillas.

¿Por qué? Pensó. ¿Por qué pasó esto? ¿Por qué tuvieron que sacarme mis papás este año, de entre todos? Finalmente encontré a un chico que me gusta, ¡y hacen que pierda mi oportunidad! Si hubiera estado aquí todo el año, ¡quizás me hubiera notado!

No quería culpar a Cedric. Era la última persona a la que quería culpar, por obvias razones. Parte de ella quería culpar a Cho Chang, pero él era quien la había invitado. Sus padres eran blancos fáciles, pero mientras les gritaba en silencio, sólo se sintió más culpable. La habían apoyado tanto este año, especialmente esta semana. Más de lo que se merecía, como continuaba mintiéndoles por omisión, tanto este año como el pasado. Estaban siendo tan generosos al dejarla ir al baile.

¡Es ese bastardo que metió a Harry al torneo! Pensó, convenientemente ignorando el hecho de que quizás no estaría ahí si no fuera por eso. Está arruinando la vida de Harry, ¡y ahora se está metiendo con la mía! Si no hubiera creado un conflicto entre Cedric y Harry, hubiera hablado con Cedric hace años.

Pero esa idea sólo la hizo meditarlo más. ¿Por qué no hablé con Cedric antes? ¿Por qué no me tragué mi orgullo y le dije que me gustaba antes de que invitara a otra chica? Y claro, tuvo que ser la chica linda. Incluso a Harry le gusta Cho, y él está atrasado emocionalmente. ¡Solía ser una Gryffindor! ¿Por qué demonios no dije nada antes?

Afortunada o quizás desafortunadamente, esa serie de pensamientos no terminaron así, y su mente, siempre lógica, continuó. Incluso cuando veía venir cada revelación, sin importar cuanto quería, no podía evitarlo.

Pero dije algo, recordó. Le envié esa carta. Le envié una carta personalmente para decirle que vendría al baile, y no lo hice para todos mis amigos. Prácticamente le dije que me gustaba. Específicamente le dije que vendría al baile de Navidad hace una semana, y él invitó a Cho ayer. Entonces, si quería invitarme, tuvo tiempo suficiente, y él (No no ¡no!)... no quiso.

Se recostó en el sofá y bajó una sábana que había provisto la sala, lágrimas saliendo de sus ojos de nuevo, sintiendo la pesadez dentro. ¿Acaso hice algo mal? Se preguntó. ¿Quizás debí decirle directamente que me gustaba? ¿O no hubiera sido diferente? ¿Quizás para él siempre he sido la niña pequeña en su clase? ¡Sólo es una leve atracción! Se supone que no soy una de esas niñas tontas que lloran porque son rechazadas. ¡No soy Ginny! ¡Ni mucho menos Lavender o Parvati! ¿Por qué siento como si hubiera recibido un golpe en el estómago? No tenía idea de qué hacer. Quizás era sólo porque Cedric era el primer chico que en verdad le gustaba. Quizás era porque su corazón se había centrado en él por tanto tiempo. Quizás era porque no tenía idea de lo que estaba haciendo. Era nueva en este juego de romance a los quince (y fijándose en un chico mayor), cuando muchos (aunque no todos) estudiantes comenzaban a los trece. O quizás sólo no era tan fuerte como pensaba. Lo único que sabía era que había pasado mucho tiempo desde la última vez que había querido que su mamá estuviera ahí.

No estaba segura de cuánto tiempo estuvo atrapada en sus pensamientos cuando, para su sorpresa, la puerta se abrió.

–¿Hermione?

-¡Ah! –Sacó su varita en un reflejo y la apuntó a la puerta.

–¡Espera! ¡Espera! ¡Soy yo!

Ella bajó la varita.

–¿Harry?

–Hola. ¿Estás bien?

–Eh… –En verdad no quería responder eso. Se limpió sus ojos rápidamente–. ¿Cómo me encontraste? –demandó.

–Alicia dijo a Fred y George que te fuiste algo molesta. Les preguntó dónde estabas, pero yo tengo el mapa del merodeador ahora, así que me preguntaron a mí.

–Esta sala no está en el mapa –lo interrumpió Hermione.

–Lo sé –respondió Harry–. Cuando no te encontré, asumí que estabas aquí.

–Oh… claro… Eh… toma asiento, entonces. –Claro, las habitaciones de los elfos no estaban en el mapa tampoco, pero no eran mucho los lugares en los que tendría que buscar.

Él se sentó.

–Así que… ¿estás bien? –preguntó él.

–Estoy… bien.

Podía ver que incluso Harry, con lo despistado que era, pudo ver la mentira.

–¿Por qué te escapaste entonces?

–No importa eso –soltó ella–. Bueno, ¿ya tienes cita para el baile?

Él suspiró y bajó la mirada.

–No –dijo él–. Quería invitar a Cho Chang, pero nunca la puedo encontrar sola.

–Oh… –gruñó Hermione–. No te molestes. Va a ir con Cedric Diggory.

Harry se atragantó un poco, y cuando levantó la mirada, él lucía como si hubiera sido golpeado en el estómago. Se sintió culpable. Estaba desquitando sus problemas en Harry porque era el blanco más cercano. Sintió algo de satisfacción de que estaba sintiendo el mismo dolor que ella, pero lo único que hizo fue hacer que se sintieran miserables juntos.

–Lo siento, Harry –murmuró–. Si te ayuda, no estoy teniendo mejor suerte que tú.

–¿No…? –La miró con confusión–. ¿Quieres decir…? Oh, Dios, ¿te gusta Cedric?

–¿Por qué te sorprende?

–Eh, lo siento, es sólo que, tú… ¿no pareces del tipo?

–Uj, la historia de mi vida, aparentemente. No debí de parecerle del tipo a él tampoco.

–¿Y por eso tú…? –Hermione lo observó, y él no terminó. Harry se quedó callado por un minuto, sin saber que decir. Finalmente pareció encontrar las palabras.

–Pues, que desastre, ¿no?

–Sí.

–¿Por qué todos esperan que los chicos inviten a las chicas? –se quejó él–. Eso lo hace más difícil para nosotros.

–¿Quieres decir que ninguna chica te ha invitado? –dijo Hermione sorprendida. Claro, Ginny era una romántica, por supuesto que esperaría a que Harry la invitara. Harry se sonrojó.

–Eh… de hecho, tres chicas me han invitado.

–¿Y las rechazaste?

–No conocía a ninguna. Ni siquiera había hablado con ellas antes.

–Oh. Sólo querían ir contigo porque eres famoso –concluyó ella–. De hecho, cuando lo pones de ese modo, me sorprende que no haya más. Pero claro, todos piensan que nosotros estamos juntos.

Harry se sonrojó aún más y cambió el tema de regreso.

–Es en serio. Las chicas esperan que los chicos las invitemos, pero viajan en grupo. Es intimidante.

Hermione rodó los ojos. Chicos, pensó de nuevo.

–Eso suena como una prueba para mí –bromeó. Harry lo miró con molestia–. Y no creas que las chicas lo tenemos fácil. Tenemos que preocuparnos de si el chico que nos gusta nos va a invitar, ¿y qué hacemos si alguien más nos invita primero? ¿Lo rechazamos y continuamos esperando, o lo aceptamos ya que es un pájaro en mano, y se llevan bien…?

Se detuvo cuando Harry la vio con sorpresa.

–Si hay alguien que les gusta, ¿por qué no lo invitan? –dijo–. Nosotros no viajamos en grupo.

Eso es lo que me he estado preguntando toda la mañana. Era raro lo extrañas e insignificantes que algunas de las costumbres parecían cuando te detenías a pensarlas. Eran los noventas, ¿no?

–No lo sé. Sabes que no soy la mejor persona para preguntar cosas de chicas.

–Pero eres una chica.

–Sí, pero intenta preguntar a Lavender, y recibirás un verdadero sermón. Mira, las chicas esperan que los chicos las inviten porque… no lo sé. Se ve desesperado o algo. Es como son los roles sociales. Se supone que debemos dar pistas.

–¿Pistas?

–Sí, como sonreír a un chico en particular, o hacerle algún favor, o hacer el esfuerzo para hablar con él y darle un cumplido… O algo así. Soy nueva en esto.

Ella lo miró de nuevo y vio a Harry observándola con mirada preocupada.

–Hermione… –dijo nervioso–, ¿estás intentando que yo te invite al baile?

–¿Qué? –chilló ella–. ¿Yo? ¡No! Pensaba que deberías invitar a Ginny.

–¿Ginny?

–Oh, vamos, Harry, sabes que le gustas. Y he visto como eres con ella.

–¿Erm…?

–Tú sabes. Vi lo mucho que disfrutaste enseñarle a volar en tu saeta de fuego el año pasado.

Y con eso, hubo una transformación sorprendente cuando la sonrisa más relajada que había visto en todo el año apareció en el rostro de Harry. Hermione se rio.

–Siempre con tus emociones al aire, ¿no, Harry? Ginny me dijo que le has estado ayudando también con su tarea de Aritmancia. Y pude ver cuanto apreciaste su apoyo para la primera prueba.

–Sí, es bastante agradable –dijo Harry, aun sonriendo un poco–. Pero nunca pensé...

–Bueno, estabas pensando en Cho, ¿no? Quizás estabas pensando tanto en ella que nunca notaste que tenías algo especial enfrente de ti… algo que diste por sentado... Además, creo que se verían bien juntos.

–Eh… Quizás tienes razón –dijo él–. Aunque no se si a Ron le agrade.

–No te preocupes por Ron. Ginny lo pondrá en cintura si te molesta.

Harry se rio. Ginny definitivamente lo haría. Se detuvo, recargándose e imaginando llevar a Ginny al baile en lugar de a Cho como había estado fantaseando toda la semana. Sorprendentemente, se descubrió sonriendo de nuevo. Ginny era una buena amiga; siempre estaba ahí para él, prácticamente tanto como Hermione. Se llevaban bien, y era divertida. Se parecía a los gemelos en eso.

Hermione podía ver fácilmente lo que su mejor amigo estaba pensando.

–¿Lo ves? –dijo–. Deberías invitarla.

–Sí. Sí, creo que lo haré –dijo. Se puso de pie y se detuvo–. Pero ¿y tú?

Ella suspiró. Todo este esfuerzo para ayudar a Harry, y no ayudaba con ninguno de sus problemas… ¿o sí? ¿Acaso había estado pensando tanto en Cedric como Harry en Cho? ¿Acaso se había dejado atrapar en la fantasía que dolía tanto? ¿Y era su terquedad natural lo que hacía tan difícil aceptar que él no estaba interesado? Y más importante, ¿estaba ignorando a alguien especial enfrente de ella al que había dado por sentado? Tal vez...

–No te preocupes por mi –le dijo–. Creo que quizás necesito seguir mi propio consejo.

Harry le lanzó una mirada inquisitiva, pero se fue y la dejó en la sala.

Hermione comenzó a pensar sobre los amigos que tenía… los que la habían apoyado, con quienes disfrutaba pasar su tiempo. Y no le tomó bastante darse cuenta de que había un joven que siempre había sido amable con ella y estaba feliz de ayudarla, que en verdad apreciaba sus dones, que se preocupaba por ella, incluso más que sus hermanos, que hacía lo posible por animarla cuando estaba teniendo problemas, y que siempre podía hacerla reír, aun cuando se sentía miserable.

Y quien, esta mañana, no tenía una cita aún.

Ahora, ¿qué puedo hacer para llamar su atención? Pensó, pero detuvo esa idea cuando se dio cuenta que estaba cayendo en la misma trampa. Era sorprendente lo imponente que eran las condiciones sociales. Y aun así, mientras pensaba en el baile y travesuras, tuvo una idea brillante sobre una pista que no podtía ignorar.

Y si eso no funciona, entonces lo invitaré yo.


Si Hermione hubiera querido hacer un trabajo bueno, limpio, y profesional, le hubiera tomado todo el día, pero como tal, podía hacer algo rápido en menos de una hora. Lo más difícil fue mover el gramófono a la sala común. Para eso, pidió a Colin Creevey que la ayudara después del almuerzo con la promesa de algunas nuevas fotos buenas de omniculares.

No había estado segura de qué música pondría al principio, pero pronto recordó que estaba sentada en la tienda de segunda mano de Hogwarts. Salió y pidió a la sala por música de vals y obtuvo justo lo que necesitaba. Después de eso, sólo necesitaba moverlo, tallar algunas runas y cargarlas, y pedir a Ginny que distrajera a sus hermanos por un rato.

Después de la cena, Hermione y los hermanos Creevey corrieron a la torre de Gryffindor para asegurarse de ser los primeros en la sala común. Hermione se sentó en un sofá cerca de la puerta y fingió leer un libro mientras los Creevey jugaban snap explosivo sin entusiasmo. Los tres lanzaban miradas a la puerta cada vez que alguien entraba.

Tomó un tiempo. La sala común estaba medio llena antes de que la broma fuera activada... Entonces, Lavender y Parvati entraron, seguidas de...

–¡Oh, no! ¡Padma! –dijo Hermione.

–Pues, feliz de verte también… ¡Ah!

Hermione no había contado con que Padma visitaría a su hermana, pero era muy tarde. Su cadena de runas había sido activada. Las runas de detección se activaron cuando detectaron que dos personas con apariencia idéntica pasaban el marco. Activaron la runa siguiente, la cual liberó un hechizo almacenado: un Finito que cancelaba un encantamiento de flotación en la aguja del gramófono. La aguja cayó, y comenzó a tocar el Vals del Danubio Azul. Entonces, el par final de runas se activaron con un flash, liberando dos hechizos más almacenados: dos copias del maleficio Waltzing Matilda del año pasado.

La sala común se rio mientras Parvati y Padma se tomaban y comenzaban a bailar un vals al ritmo de la música. Los omniculares en la mesa al lado de Hermione ya estaban grabando.

–¡Hermione! –gritó Parvati.

–¿Qué demonios? –dijo Padma.

–¡Lo siento! ¡Lo siento! –dijo ella, levantándose y agitando su varita–. Finite Incantatem. –Las dos chicas dejaron de bailar.

–¿Qué fue eso? –demandaron Parvati y Padma al mismo tiempo.

–Lo siento. No sabía que estarías aquí, Padma –dijo mientras acomodaba el gramófono–. Puse el hechizo para que fuera activado por gemelos… cualquier par. Leviosa. –Levitó la aguja de nuevo, y rápidamente recargó sus runas–. Finite Leviosa Potentia. Waltzing Matilda Potentia. Waltzing Matilda Potentia.

–¡Vaya! Listo. Sólo no se acerquen a la puerta hasta que se active de nuevo.

–¿Cuánto tiempo tomará? –preguntó Padma.

–No debería tardar mucho.

Y sí, Harry, Ron, y Ginny entraron a la sala común en ese momento, seguidos de cerca por el par correcto de gemelos idénticos en la escuela. Con un flash, Fred y George Weasley comenzaron a bailar alrededor de la sala común al ritmo del Danubio Azul. A pesar de que las Patil habían revelado la broma, las personas se rieron aún más. A todos les encantaba cuando alguien lograba embromar a esos dos.

–¡Demonios! –gritaron los chicos al mismo tiempo.

–¿De dónde salió esto? –demandó Fred.

–Espera, conozco este hechizo –dijo George–. ¿Hermione?

Hermione estaba encorvada de la risa.

–Rayos, nos atrapó por completo –dijo Fred, impresionado.

–Lo hizo, hermano –dijo George.

–Y tendré las fotos a tiempo para Navidad –dijo Hermione, tocando sus omniculares y limpiando una lágrima de su ojo.

Ellos se observaron el uno al otro, aun bailando.

–Vaya, en verdad nos atrapó –dijo George–. Tenemos que desquitarnos.

–Sí, eso merece venganza –respondió Fred. Justo entonces, Angelina comenzó a reírse a carcajadas, recargada contra la pared. Con eso, los gemelos intercambiaron sonrisas traviesas. Se separaron y rápidamente Fred tomó a Angelina y George a Hermione, así que había dos parejas bailando en la sala.

Hermione abrió los ojos con sorpresa. De algún modo, no había anticipado que esto se desarrollara tan rápido, pero por suerte, sabía cómo bailar. Se rio mientras ella y George daban vueltas por la sala, y terminó con una pirueta y una reverencia, sacando su varita al ritmo y acabando con un ¡Finite! La sala común aplaudió y Angelina logró separarse de Fred.

–Ahora, esa fue una buena broma –dijo George.

–Claro que sí –dijo Fred en acuerdo. Encontró su runa de madera sobre el agujero del retrato–. Mmm, elegante y simple. Oye, ¿crees que podrías convertir esto en algo que podamos vender, Hermione?

–¿Vender?

–Por supuesto, te daríamos una porción generosa si nos das la licencia –dijo George.

–Bueno, supongo que podría –dijo ella.

–¡Brillante! –dijo él. La abrazó en un impulso, y entonces titubeó, se separó, y la observó pensativamente–. Hermione… ¿irías al baile conmigo? –preguntó.

Hermione sonrió ampliamente.

–Sí, George, me encantaría.

Recordó que tenían una audiencia cuando escuchó exclamaciones de sorpresa de los espectadores, y no estaba segura de si ponerse pálida o roja. Otra cosa que había fallado en anticipar era que George la invitaría tan públicamente, aunque en verdad debió hacerlo.

–Hermione, ¿estás loca? –exclamó Ron–. ¿Vas a ir con George?

–¿Y qué hay de malo con eso? –Y Hermione finalmente eligió rojo en vez de blanco cuando ella y George lo dijeron al mismo tiempo. Harry, notó, no dijo nada, pero sus cejas habían desaparecido en su maraña de cabello. Ginny estaba aguantando su mezcla de sorpresa y risa.

–Pero… pero… pero tú eres , y él es… él –tartamudeó Ron.

–¿Y qué quiere decir eso, Ronnie? –dijo George.

–Pues, tú eres un bromista y Hermione...

–¿Acaba de embromarnos? –interrumpió Fred.

–Enfréntalo, Hermione no ha sido inocente e inofensiva desde su primer año –dijo George.

Gracias, George –dijo ella.

–Pero siempre estás hablando de ser amable y seguir las reglas y eso –protestó Ron–. Quiero decir, cuando no hay magos oscuros cerca.

–Por elección, Ronald. Hija de dentistas, ¿recuerdas? –dijo ella, lanzando una sonrisa traviesa a Ron, quien palideció al instante y decidió no cuestionar sus decisiones más.

Incluso Fred tembló ante la visión.

–Hablando de eso, Georgie, ¿estás loco? –se dirigió a su gemelo.

–Probablemente –respondió George–. Pero sabes que, Freddie, creo que va a salir bien.

Hermione se sonrojó y resistió la urgencia de rodar sus ojos. Los chicos podían ser tan ridículos a veces, pero supuso que era lo que merecía por asociarse con los Weasley.

–Pues, no creo que nadie vio venir esto, Hermione –dijo Ginny, acercándose para poder hablar sin que la escucharan. Ella había estado sonriendo toda la tarde, pero tímidamente se rehusó a explicar a cualquiera que preguntara–. Pero me alegra verte más relajada. Y creo que los dos se harían bien.

–Gracias, Ginny –dijo en voz baja–. Y no creo haberlo visto venir tampoco hasta hoy, pero George siempre ha sido un buen amigo.

–Lo creo. Muchos no lo notan, pero los gemelos son chicos buenos. Estoy feliz por ti… Aunque me sorprende que aceptaras a un joven con tan pocos TIMOs –agregó con astucia.

–Pues, estoy segura de que sabes que ambos son muy listos –dijo Hermione. Ginny asintió–. Si fueran inteligentes y no lo usaran, no creo que estaría interesada, pero trabajando duro. Sólo no de manera tradicional.

–¡Exacto! Pero intenta decir eso a mamá. Piensa que un trabajo en el Ministerio como el de Percy es la única manera de vivir. Pero bueno, gracias por hablar con Harry.

–Es lo menos que podía hacer. Puede ser tan despistado a veces.

–Sí. Chicos –se rio Ginny–. Pero apreciaría que no le dijeras a mis hermanos. Quiero sorprenderlos. –Hermione sonrió.

–Eso puedo hacerlo –suspiró sonriente–. Creo que iré a caminar. Te veo más tarde.

–Diviértete.

Hermione salió del agujero del retrato y caminó por el pasillo feliz, sin ir a ningún lugar en particular. Era difícil creer que había sido un día tan ajetreado. Había estado en lágrimas esta mañana, y ahora se sentía irracionalmente feliz. ¿En verdad había bailado un vals con George Weasley en frente de todo Gryffindor? Sí, sí, lo había hecho. ¿Y él la había invitado públicamente al baile de Navidad? Sí, eso también. Estaba bastante fuera de su elemento, y aun así seguía sonriendo. Nunca se había dado cuenta de cuanto le gustaba George, pero él era el amigo más importante (además de Harry) que siempre estaba ahí para ayudarla.

Se paseó por los pasillos, disfrutando de la tarde, hasta que escuchó una voz aguda y distante cantando:

"Are you going to Scarborough Fair?

Parsley, sage, rosemary, and thyme."

Hermione aceleró sus pasos y caminó hacia la voz, dando vuelta en una esquina y otra mientras escuchaba el sonido en eco por los pasillos.

"Remember me to one who lives there,

For he once was a true love of mine."

Hermione se dio la vuelta en la esquina siguiente y vio la fuente del sonido: una joven de largo cabello rubio dando saltos por el pasillo.

"Tell him to make me a cambric shirt.

Parsley, sage, rosemary, and thyme.

Without no seam nor needlework.

Then, he'll be a true love of mine."

–Hola, Luna –la llamó, y la joven se dio la vuelta.

–Oh, hola, Hermione –dijo–. Ciertamente luces feliz y sin nargles esta noche.

–Erm… claro, cierto. Me acaban de invitar al baile.

–Que bien. ¿Quién fue?

Hermione miró de un lado a otro como si fuera un secreto.

–George Weasley.

Luna inclinó su cabeza, luciendo pensativa.

–Puedo verlo –dijo después de un momento.

Hermione comenzó a reírse. Luna frunció el ceño.

–Eres la única que ha dicho eso –explicó Hermione.

–¿En serio? Hubiera creído que era obvio.

–Luna, algún día tendrás que explicarme como eres tan perceptiva. ¿Y tú, vas a ir?

–No, nadie me ha invitado. Los de tercer año tienen que ir con un estudiante mayor. Pero no me gusta bailar mucho después de todo.

–No puedo creerlo –insistió Hermione–. Tú eres… bueno, tú.

–Pues, disfruto bailar un poco, pero no muchos conocen los bailes que yo conozco. –Luna demostró esto haciendo un extraño baile que parecía como si estuviera sacudiendo insectos lejos de su cabeza mientras daba vueltas en círculo.

–Erm, cierto. –Hermione sospechaba que Luna estaba en negación al no ser invitada. La chica era difícil de leer, pero la conocía lo suficiente para reconocer su decepción–. Tienes una voz hermosa.

–Gracias, Hermione. Me encanta Scarborough Fair. Es adorablemente absurda.

–Me recuerda a ti, Luna. Te veré después. Asegúrate de no perderte el toque de queda.

–Buenas noches, Hermione –dijo ella, y comenzó a cantar de nuevo.

"Tell him to make me a cambric shirt.

Parsley, sage, rosemary, and thyme.

Without no seam nor needlework.

Then, he'll be a true love of mine."

–"A seamless shirt." Una camisa sin costuras –dijo Hermione para sí misma–. Adorablemente absurdo. Como Luna… ¿Y cómo se haría una camisa sin costuras? ¿Un telar circular, quizás? Claro, tenemos magia aquí. Podríamos unir los pedazos de tela mágicamente...

Ese sería un encantamiento interesante, pensó. Se preguntó como lo haría. Probablemente crearía un encantamiento para descoser las costuras y entretejerlas de nuevo. O tal vez, con la manera en la que los hilos estaban hechos… Eso era bastante similar a los hechizos que había creado para su cabello, aunque en escala diferente, ¿no? Comenzó a calcular algunos de los elementos de sus hechizos en su cabeza. Se detuvo. Eso podría funcionar. En verdad podría funcionar, y no sería muy difícil tampoco. Podía hacer una camisa sin costuras… estaba bastante segura, por lo menos. Eso haría que muchas cosas relacionadas con la sastrería más fáciles. Había intentado encontrar algún proyecto de tejido mágico para entretenerse hace un tiempo, y fue abismal, pero con esto, podía hacer lo que quisiera con cualquier tela y un patrón.

Vaya, incluso podría entretejer ropa que era, digamos, dos veces del tamaño normal.

Oh, esto era bueno.

Había cierta tendencia entre las chicas que ya tenían parejas de querer actuar de casamenteras, y Hermione se dio cuenta que ella era similar. Eso, y tenía una nueva idea para un hechizo que quería probar. Sería divertido. Ya tenía algunos encantamientos que demostrar en el baile. Pero no podría lograr este sola. Fue rápidamente a la sala de los menesteres para ver que telas y materiales podía conseguir. No estaba segura de si estarían en buena condición, y no había mucho tiempo para ordenar algo, pero estaba feliz de que había lo suficiente que pensó que podría funcionar. Entonces corrió de regreso a la torre de Gryffindor.

Convenientemente, Hermione había conseguido permiso para dormir en su antiguo dormitorio durante la semana. Menos conveniente, Lavender y Parvati estaban entusiasmadas por algo completamente diferente.

–¡Hermione! –chillaron las dos cuando regresó.

–¿Cuándo pasó esto?

–¿En serio? ¿George Weasley?

–Es oficial. Nuestra Hermione se ha vuelto loca.

–Tres TIMOs, bromista, siempre causando problemas, en constante peligro de ser suspendido...

–Y yo pude derrotar a un dragón sin romperme una uña –las interrumpió Hermione–. ¿Qué con eso? –Eso hizo que sus amigas retrocedieran nerviosas.

–Gracias –dijo Sally-Anne desde su cama–. Algunas de nosotras queremos dormir pronto.

–Sólo no creíamos que fueras del tipo, Hermione –dijo Parvati a modo de disculpa–. Quiero decir, aun así, George Weasley. –Hermione sacudió los hombros.

–Me hace reír. –Ella sonrieron.

–Suena como un buen comienzo –admitió Parvati.

–Además, sospecho que, en unos años, será un exitoso hombre de negocios –agregó Hermione– Pero bueno, tengo una pregunta para ustedes.

–¿Qué?

–Lav… Parv… ¿Cómo se sentirían sobre hacer un gran proyecto de cambio de imagen?

Lavender soltó un grito ahogado.

–¿Finalmente vas a dejar que arreglemos tu cabello?

No… Bueno, tal vez. Pero estaba pensando en Hagrid.

Los ojos de Lav y Parv se abrieron como platos, y se dieron la vuelta para mirarse.

–Si pudiéramos hacerlo presentable… –comenzó Lavender.

–...él y Madame Maxime… –continuó Parvati.

–¡ ...sería tan romántico!

–Aunque necesitará un traje de verdad.

–Y tendremos que hacer algo con ese cabello.

–No tenemos esperanza de eso sin magia.

–¿Chicas? –las interrumpió Hermione. Se dieron la vuelta para verla. Elevó su varita y la agitó para alisar su propio cabello–. Yo les daré los hechizos. Ustedes hagan el resto.

Ambas chicas chillaron de nuevo y la rodearon con sus brazos.

–¡Una de nosotras! ¡Una de nosotras! –cantaron.

–¿Voy a arrepentirme de esto, ¿verdad?