Parte 3 y última, espero la disfruten.


DISCLAIMER: El universo de "Dragon Ball Z", así como sus personajes, son propiedad de su autor original Akira Toriyama, como también de Toei Animation y Fuji TV. Esta historia está hecha únicamente por diversión, con permiso tomo los personajes prestados.


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Un inminente calor se apoderó de su pecho, tanto que incluso quemaba incluso su piel. Podía escuchar hasta sus agudos oídos la fuerza con la que la sangre fluía por sus venas y del mismo modo en cómo su corazón palpitaba con furia desmedida.

Al horizonte se podía apreciar en cómo los últimos rayos del sol se ocultaban por las sombras del oeste, una imagen tan parecida a la que vio en aquellos decisivos segundos antes de perder la vida.

Abrió desmesuradamente los ojos, sentía revuelto su estómago, cómo si una presión invisible se hiciera sentir sobre él, pero al divisar con mayor detenimiento en dónde se encontraba notó que todo aquello distaba en creces del infierno. Bajó su mirada azabache para examinarse ¿Estaba vivo? ¿O sólo era una mala jugada del infierno que se encargaba cada momento de su estancia en hacerle pagar sus males? Porque de serlo así, sin duda alguna este era el peor de todos los castigos durante todo ese tiempo y la razón era porque ¿Qué ganaban con hacerle creer que estaba vivo? ¿Recordarle que jamás tendría esa oportunidad de nuevo? ¿De restregarle en su cara, que por mucho que se arrepintiera, jamás los volvería a ver?

Miró sus guantes blancos, tan pulcros y sin ninguna gota de sangre, sin premeditarlo se dio un fuerte golpe contra sus costillas para terminar con ese tormento ¡Pero qué sorpresa! El golpe dolió como nunca, maldiciéndose por ello mientras se doblaba su cuerpo por semejante impacto, y entonces su cuerpo se congeló por completo; estaba más vivo que nunca.

Su corazón latía con más fuerza en cada segundo que pasaba, y aquel calor que en un inicio le quemaba se hacía más presente, ahora comprendía el porqué de todas esas sensaciones pues durante todos esos veinte años en el infierno, se había olvidado lo que le hacía sentirse vivo, se había acostumbrado a la frialdad del mismo que percibir todas esas sensaciones era demasiado avasalladoras para el príncipe saiyajin.

Se puso de pie inspeccionando aquel lugar, recordaba que era el último sitio donde precisamente perdió la vida y para su mayor asombro, el lugar lucía intacto sin alguna muestra de destrucción como lo estaba cuando el dio su última batalla contra los infernales androides.

Cerró sus ojos para aspirar la mayor cantidad de oxígeno llenando con ello por completo sus pulmones, sonrió ladino al sentir el suave viento de esa tarde de otoño golpear contra su rostro; vivo, ¡Vivo! Jamás imaginó volver a tener otra oportunidad como esa, pero ahí estaba, tan latente, enérgico, otra oportunidad más para él en todos los aspectos. Abrió sus ojos con una extraña tranquilidad que jamás había expresado en su vida, tal vez seguía conservando sus mismas facciones de ceño fruncido pero aún así su rostro lucía tan lleno de paz.

Salió del callejón donde estaba y las cosas que sucedían en su exterior lo seguían asombrando, muchas personas transitaban sobre las veredas como si nunca hubiera existo la extinción de todos ellos, fue cuando el saiyajin lo comprendió todo, no solo él había sido revivió si no también las demás personas y con ende la reconstrucción de aquel planeta. Nuevamente una sonrisa ladina se asomó en su rostro, porque todo lo que estaba viendo y por obvias razones el hecho de que él estuviera de vuelta a la vida se debía a una sola persona, esa persona quien se las arregló de una manera asombrosa para salvar a media humanidad, y no necesitó de super poderes o una asombrosa fuerza bruta, no, esa mujer fue más astuta que nadie, volviéndose la salvadora de todos, la salvadora de él.

Y el siempre estuvo al pendiente de ello, observándola desde lo más profundo del infierno sin perder rastro de todo lo que hizo esa astuta mujer, lo que incluso ningún guerrero Z pudo lograr. El estaba orgulloso de ella, pues no por nada era su mujer, suya, su Bulma.

Curiosamente, un extraño nerviosismo se apoderó de su cuerpo ¿Por qué le pasaba eso? Solo estaba seguro de una cosa, que su cuerpo pedía por ir hacia ella, a su encuentro, y de tan solo pensarlo su pulso se incrementaba con fuerza. No perdió más tiempo, alzo vuelo sin importar lo que pensara la gente que pasaba por alrededor, el solo tenía un objetivo en mente y quería ver a ella, ser la primera persona que viera después de regresar a la vida.


[…]


Su cuerpo tembló, tanto que si daba un paso más juraba que sus piernas no resistirían más para sostenerla. Sentía como su mandíbula se volvía tensa creando una "o" con su pequeña boca, mientras que el escepticismo era la primera reacción que se apoderaba de su rostro.

Una lágrima traicionera resbaló sobre su mejilla, tanto que podía sentir el sabor salado de ella en sus labios temblorosos, y con ello no tardó en hacerse presente un santiamén de ellas surcando su rostro. Comenzó a llorar con fuerza, con un sentimiento que atormentaba el alma de quien quiera que estuviera presenciando aquello, y esa alma no era nadie más que la de cierto príncipe.

Torpemente se llevó sus delgadas manos a su boca, negando al mismo tiempo con su cabeza sin poder creer lo que estaba viendo; no podía ser él, seguro era un sueño.

Sus preciosos ojos azules brillaban producto de sus lágrimas, pero al mismo tiempo tomaban el brillo de algo nuevo, de una sensación que creía muerta en ella; era como una fuerza vital que le hacía elevarse, dándole una energía inexplicable, era tanto que no podía describirlo en una sola palabra. Su pecho subía y bajaba pesadamente, se podía escuchar su agitada respiración, incluso su rostro lucía más pálido de lo normal, sin duda alguna aquella científica lucía tan afectada y al mismo tiempo viva.

Insegura, caminó solo un par de pasos para acercarse a la imagen frente a ella, tenía miedo, miedo de que todo aquello fuera solo un sueño y que al despertar volviera a sentir la ausencia de él, de su calor, de todo lo que implicaba aquel orgulloso saiyajin.

Levemente alzó su brazo derecho, quería tocarlo, aunque sea solo esta vez poder sentir la cálida piel del hombre, pues en todos los sueños que tenía con él siempre que intentaba tocarlo el saiyajin desaparecía o ella despertaba. Acercó la palma de su mano lo suficiente para alcanzar el pecho del hombre que lucía sin su habitual armadura, usando exclusivamente su traje de expande azul y como si su cuerpo quemara alejó tan rápido su mano para sostenerla contra su propio pecho "Kami-Sama, es él…esto es real…"

El saiyajin nunca se movió de si sitio durante toda esa interacción, se quedó como piedra al verla enfrentarlo con sus grandes ojos azules que siempre le desconcertaban, eran tan llamativos y de cierta forma siempre le provocaban a él sensaciones difíciles de explicar. Observó atento cada movimiento de ella, aunque él fuera más firme en controlar las emociones no evitó sentir como su corazón se aceleró al apreciar como ella colocaba su palma contra su pecho, era una caricia tan corta pero para él fue un regalo divino, había anhelado por veintes largos años volver a sentir el calor de ella, solo pedía por un segundo tener una caricia de ella, y parecía que alguna deidad se había apiadado de su desdichada alma, para él ese simple roce fue lo suficiente para hacerle sentir que estaba más vivo que nunca.

Bulma retrocedió los pasos que anteriormente había avanzado a él, sus labios temblaban sin poder decir alguna palabra, negaba con su cabeza sin poder creer lo que estaba sintiendo, sentía que su cabeza daba vueltas y lo único que llegaba a su cabeza era el fuerte bombardeo de su corazón. Sus ojos empañados en lágrimas se perdieron en la mirada ónix frente a ella, siempre había encontrado seductora la intensidad que emanaba el príncipe saiyajin atreves de ella, y le seguía pareciendo increíble que aún con veinte años sobre ellos, su mirada emanaba esa misma sensación.

El despertó de su ensoñación, necesitaba más de esa caricia, sabía que estaba siendo exigente con semejante regalo divino, pero él no se conformaba con tan poco, quería a ella, en todas las maneras posibles, quería que su cuerpo volviera a sentir el calor de esa mujer, jamás imaginó necesitar de alguien en su vida y sin embargo ahí estaba él, implorando más por ella. Pudo ver en sus ojos la negación, ella aún no podía creer que él estaba vivo, y al verla retroceder su cuerpo se agitó ¡No quería que se fuera! Sin pensarlo ahora él fue quien cortó la pequeña brecha que se había formado entre ellos, si ella daba un paso más lejos de él sentiría la frialdad del infierno, y tenía miedo, miedo de perder su calor otra vez.

Bulma se congeló sobre su lugar al sentir la mirada azabache del hombre, una descarga eléctrica recorrió toda su espina dorsal, misma sensación que la hizo de una buena vez por todas darse cuenta de la realidad, que este era su Vegeta, que nada de esto era un sueño, pues en todas las veces que soñaba con él encontraba una mirada vacía, pero la que se presentaba frente a ella estaba cargada mucho más allá de vida.

—Dime que no estoy soñando….—Susurró más para sí misma, pero gracias al agudo oído del saiyajin pudo ser percibidas sus palabras que salían de sus labios temblorosos.—Que no te estoy imaginando, que no estoy loca…

—Bueno…—Sonrió ladino, aunque en su interior todo se encontraba tan alterado, volvía a escuchar su voz después de tanto tiempo.—Loca siempre has estado, mujer escandalosa.

Bulma parpadeó un par de veces ante la imagen de él, aunque el saiyajin podía estar tan alterado como ella en su interior, reflejaba en su rostro una extraña paz que jamás había visto en él desde la última vez que lo vio.

Pero ella no estaba conforme con eso, necesitaba más, necesitaba todo de él ¿Qué demonios seguía ahí esperando? Dio un paso más para estar frente a frente del saiyajin y al sentir su cálida respiración golpear contra su rostro su cuerpo se estremeció de punta a punta. Sus enormes ojos azules se cruzaron con los negros del moreno, podía ver un brillo peculiar en la mirada ónix del saiyajin ¿A caso era nuevo eso en él? Quería grabarse en su memoria cada parte de él, miró con profundidad desde su nariz, su peculiar entrecejo fruncido, sus ojos, sus labios…

—Vegeta…— Musitó ella golpeando con su aliento contra el rostro del saiyajin, a lo que él sintió un regocijo al sentir una caricia más de ella hacia él. Dudosa, nuevamente alzo pero esta vez sus dos manos y cómo si le pidiera permiso con la mirada tocó colocó ambas manos sobre el rostro del saiyajin. Su cuerpo se cimbró, su piel se sentía tan caliente, esto no era un sueño o una mala jugada de sus pensamientos, él era real.— Has vuelto…

No pudo contenerse más, tenía que hacerlo antes de que se escapara de sus manos. Bulma se lanzó con fuerza hacia el saiyajin para rodear su cuello con sus menudos brazos, tanto fue que aquel impacto tomó por sorpresa al príncipe pero no tardó en regresarle tal gesto, estrechándola entre sus fuertes brazos y rodeando su pequeña cintura con los mismos, aferrándola a su cuerpo como si su vida solo dependiera de ello.

Bulma se desarmó por completo, se colgó del cuerpo del saiyajin queriendo que su propio cuerpo se fusionara al de él. Hundió su cabeza sobre el cuello del hombre, ¡Por Kami, cómo extrañaba esa aroma tan peculiar de él! Sus manos no tardaron en desenvolverse del cuello del hombre para subirlas por su melena flameante, adoraba su peculiar cabello, sentir esa consistencia entre sus manos. Pero mayor era su fascinación al sentir como Vegeta la sujetaba con fuerza hacia él, con una posesividad tan pasional que le arrancaba el aliento, para ese momento, ella se sentía como si hubiera revivido.

Vegeta pegaba más el menudo cuerpo de la mujer hacia él, si esto era solo un sueño o un permiso de los Dioses para descansar del purgatorio sin duda alguna aprovecharía cada segundo de ese preciso instante. Haber vivido veinte años en ese lugar fue incluso peor que ser matado por Freezer, el infierno no se trataba solo de estar rodeado de llamas; era mucho peor que eso, porque cada segundo en aquel sitio solo te hacía recordar lo mucho que había perdido en vida.

Deslizó una de sus manos enguantadas por la espalda de ella, mientras que con la otra sujetaba su cabeza, la oía llorar contra la curvatura de su cuello, de hecho sentía las lágrimas de la mujer caer contra él, pero no le importaba, tal vez su otro yo del pasado se habría burlado de sus sentimientos tan débiles de los humanos, pero cuan estuvo equivocado, gozar, reír, sufrir, llorar, amar, todas esas sensaciones no eran solo pertenecientes de los "débiles humanos" como el solía decirles, pues el mismo se encargó de experimentar todas esas sensaciones en ese lugar llamado infierno, en especial aquella donde añoraba un día con ella, con su hijo, con volver a pelear, anhelaba su vida y ya era demasiado tarde para ello.

Pero ahí estaba de nuevo, con una nueva oportunidad que no dejaría pasar de nuevo.

Bulma se despegó lentamente de su cuerpo, aún no quería romper con ese contacto corporal, tan solo sentir la lejanía de su piel le provocaba un frío indescriptible. Lo miró fijamente a los ojos, el podía notar que ella respiraba agitadamente, incluso su cuerpo aún temblaba bajo sus fuertes manos.

—Me dijeron que no volverías…—Continuó con su voz rota la mujer, producto de las lágrimas que derramada y al mismo tiempo por su respiración agitada.— Que habías renunciado a lo que eras y que tu alma había migrado a otro cuerpo.

—¿Quién te dijo semejante tontería, mujer? —Sonrió ladino, más nunca burlón.—Qué poco me conoces mujer, antes preferiría la eternidad del purgatorio que olvidar lo que soy.—Y olvidarme de ti, pensó.

Los ojos de la científica brillaron con más fuerza que nunca ¿Desde cuándo Vegeta decía cosas "románticas" como esas? Había algo nuevo en Vegeta, podía notarlo en él, era una renovada fuerza que incluso la envolvía a ella, podía jurar que el príncipe emanaba una paz envidiable.

—Enma Daio Sama…—Musitó confundida.— Fui con él para saber de ti…—Notó como las cejas oscuras del saiyajin se arquearon, podía ver una próxima avalancha de burla hacia ella por semejante tontería, pues sus ojos azabaches irradiaban diversión en ellos.—Ese fue mi tercer deseo a Porunga, el dragón de Namek, necesitaba saber si ibas a regresar a la vida…

—¿Porqué? —Ahora fue Bulma quien lo miró con extrañes al no entender su cuestionamiento, por lo que aclaró.—¿Por qué creías que no volvería?

—No…no lo sé…—Desvió su mirada apenada, no quería que esos ojos azabache vieran la inseguridad en ella.—Creí que te habías olvidado de mí…

Un silencio se prolongó entre ambos, tanto que asustó a la pali azul obligándola a regresar sus ojos al saiyajin, pero al encontrarse con su mirada notó que en los orbes del hombre brillaban con fuerza, imaginó que estaría enojado u ofendido por su comentario, pero era todo lo contrario, brillaban con emoción.

Sintió como los brazos del saiyajin la sujetaron con fuerza de su espalda y cintura para atraerla por completo a su cuerpo en un breve y fuerte movimiento, tanto que incluso ella no movió ningún pie pues se sintió arrastrada hacia él con aquel siempre movimiento. Ahora las manos de ella quedaron recargadas sobre su pecho, y su mano derecha donde había quedado justo frente al corazón de él sentía la fuerza de los latidos que emitía, el también se encontraba igual o incluso más alterado que ella.

Observó que el moreno acercó su rostro al de ella, sus frentes chocaron y su afilada nariz quedó rosando contra la de ella. El corazón de Bulma se saldría de su pecho en cualquier momento, solo un par de centímetros más y volvería a sentir lo que era probar el Edén con sus labios.

—Nunca.—Susurró con su grave voz el saiyajin contra ella, respondiendo con ese monosílabo las dudas de la mujer y con ello, decidió terminar de una vez por todas lo que ambos llevaban deseando desde que se encontraron; unió sus labios con los de ella, dándole justicia a toda esa ausencia.

Sus labios en el primer movimiento chocaron torpemente por la impetuosa pasión que emanaban en ese momento, Bulma cerró sus ojos al sentir como los labios del saiyajin se unían a los de ella, acomodándose de una forma increíble y creando una danza con ellos ¡Esto era pura magia!

Cada uno pensaba que si esta sería su única y última oportunidad no la desaprovecharían, sus labios se mezclaban tan armoniosamente que ninguno de los dos quería parar con ello, sus ojos seguían cerrados pues temían que al abrirlos la magia que los envolvía que viera rota y por ende que esto se terminara. Bulma rodeó más el cuello del príncipe, pegando con fuerza su cuerpo al de él, mientras que Vegeta con una mano la aferraba a su cuerpo y la otra la sostenía de su nuca para profundizar su beso.

El quería más, quería absorber su esencia, la devoraba entre su apasionalidad, jamás quedaría satisfecho de ella, simplemente cada día que pasaba la deseaba con más fuerza. Se atrevió a profanar la boca de la científica con su lengua, para probar aquel sabor que añoraba su propia lengua hace años ¡Y fue el mejor movimiento que pudo hacer! Ella no tardó en unírsele a su deseo, ella también quería que él la absorbiera, que no la dejara nunca más.

Para cada uno fue el mejor besos de sus vidas, era un beso que iba más allá del deseo o lujuria; en esa muestra de afecto podían sentir como sus emociones vibraban el uno por el otro, era tantas cosas que en cualquier momento explotarían por la fuerte carga de sentimientos, pero ahí estaban más firmes que nunca, ella lo amaba, él la amaba, no había más explicación de ello.

Lentamente se separaron por la carencia de aire, pues si fuera por ellos sus bocas seguirían degustándose la una a la otra. Se miraron a los ojos con firme determinación, seguían como estaban, ella rodeándolo del cuello y él de la cintura, temiendo que alguna fuerza externa los alejara de nuevo.

—Había perdido la fe de volverte a ver…—Susurró ella contra sus labios de él, que lucían inflamados por el beso de antes.— Nunca imaginé que viviría este momento…

—Fueron veinte años…—Le dijo el hombre utilizando el mismo tono que ella, y pudo ver que sus ojos se sorprendieron con tal revelación.—También creí que nunca saldría de ese lugar…

—¿Contaste el tiempo que pasó?— Interrogó asombrada.

—Cada minuto…

—Vegeta…soportaste veinte años aún cuando tenía la oportunidad de redimirte, aún sin la esperanza de que pudiera regresarte a la vida ¿Por qué soportaste tanto?

—Ya te lo dije mujer, no iba a permitir que borraran mi esencia.—Resopló con su altivo orgullo, maravillando a la peli azul, añoraba tanto eso de él.— Y todo lo que eso implica.

—Pero entonces ¿Por qué Enma Daio Sama me dijo lo contrario? Es decir, que poco antes de tu resurrección te habías redimido y que incluso habías reencarnado.

—Ese sujeto no sabe mentir bien.—Bulma lo miró con suma extrañez, a lo que él solo sonrió ladino.—Ahora eso no tiene mucha importancia, el punto es que todo terminó y tú lo lograste, sin necesidad de la ayuda de todos nosotros.

—¿Cómo? —Parpadeó más confundida, estaba a punto de cuestionarlo por lo de el guardián del inframundo, pero lo último la desconcertó más.—¿Cómo es que…?

—¿Cómo es que sé, que creaste una máquina del tiempo? ¿Qué nuestro hijo viajó al pasado? ¿Qué me conoció y que no solo salvó a nuestro paso, si no que derrotó a las chatarras y al insecto de Cell? — El rostro de Bulma se desfiguró por completo en una mueca escepticismo, ¿Cómo él pudo saber todo aquello, si estuvo muerto? —Y también sé que en las noches hablabas conmigo, que venías a este pedazo pensando que te escuchaba, y siempre fue así, siempre te estuve escuchando.

—Por Kami…—Susurró atónita.—¿Cómo es eso posible…?

—Porque parte de mi infierno, era ver todo lo que había perdido…—Los ojos de la científica amenazaban con más lágrimas, esto era demasiado para ella.—Y le pedí un favor al tonto de Enma, o si no lo amenacé en que seguiría haciendo destrozos en su infierno….—Sonrió divertido.—De hecho estuve en el cielo por diez minutos.—Los ojos de Bulma se desorbitaron al escuchar aquello, mientras que él dejó escapar una gruesa risa medio burlona.—El idiota creyó que así me iba a detener como castigo enviándome ahí por los destrozos que provoqué en el infierno, por lo que no le daría el gusto e hice lo mismo en el cielo y pues no le quedó más que regresarme a la oscuridad y por ende, ceder con mi petición. Que por cierto, en el cielo vi al estúpido de Kakarotto y tus amigos…

—¿Goku? ¿Los chicos? —Bulma no concebía lo que pronunciaba Vegeta ¡Esto era de locos! No obstante, el príncipe al referirse de Goku y los chicos lo hizo sin ningún ápice de rencor o burla, al contrario parecía que le había gradado verlos, sobre todo a Goku.

—Supongo que tus amigos igual revivieron.—Prosiguió el príncipe.—Lo único que lamentó es no haber tenido mi enfrentamiento con el idiota de Kakarotto, aunque…—Sonrió ladino.—Yo hubiera ganado.

—No lo dudo.—Los ojos de ella brillaron con fuerza y esas palabras no iban cargadas de ironía, al contrario, en ellos expresaba la total confianza que tenía ella en él, y ese pequeño gesto provocó en el príncipe una gran satisfacción.—¿Pudiste hablar con ellos?

—¿No te dije que fui a destruir el lugar? —Rió burlón el hombre.— Kakarotto apareció en el último momento, siendo el imbécil de siempre, pero ahí estaba, lleno de vida.—Suspiró.—No era aquel que vimos en agonía en su casa, intentó detenerme y luego lo desafié a lo que con gusto aceptó el tonto.—Sonrió ladino.—Pero Enma apareció y no se pudo concretar nada.

—Me hubiera gustado ver una vez a Goku, el amargo recuerdo que quedó en mí tras verlo sufrir por esa rara enfermedad aún no se borra de mi mente.

—Le dije lo que hiciste antes de me regresaran al infierno.—Ella quedó como piedra al escucharlo, mientras que el príncipe se tomó su tiempo para proceder.—Y me dijo, que estaba seguro que encontrarías la forma de revivir a todos, que te dijera que estaba agradecido por lo que hiciste por él en el pasado y por su familia.

Ella no podía creer cada palabra del hombre ¿Eso era posible? Las emociones estaban a flor de piel que nuevamente rompió en llanto. Vegeta por su parte se quedó observándola, odiaba verla llorar, pero ¿El quien era para juzgarla? Ella era la que sufrió más que todos. Hizo lo único que mejor podía hacer; la abrazó con fuerza hacia él, haciéndola sentir más segura.

—Mujer, tus ojos terminaran como los de un sapo.

Sintió como la débil mano de su mujer le dio un pequeño golpe con el puño cerrado contra su pecho, aunque para el saiyajin no le causaba dolor alguno no pudo evitar sonreír más para sí mismo, extrañaba todas esas facetas de esa loca mujer.

—No es justo…—Susurró ella alejándose del cuerpo de acero del hombre, muy a regañadientes para ambos pero necesitaba verlo a la cara. Vegeta notó como en su rostro se formaban muecas de enojo, a lo que él le extraño su repentino cambio de humor.— ¿Por qué parece que el infierno te rejuveneció? ¡Mírate! Junto a ti parezco una abuela…

—Una abuela que amanecerá con ojos de sapo.

Bromeo con su ácido humor negro el saiyajin, Bulma frunció sus delgadas cejas al escucharlo ¡Ahí estaba de petulante como lo recordaba! Nuevamente alzó su puño para golpearlo pero el príncipe fue mucho más rápido que ella alcanzando a sostener su mano en el aire.

Lo veía sonreír con gracia, ¡El maldito se estaba burlando de ella! Pero la verdad es que dentro de Vegeta las cosas pasaban por su mente muy distintas, añoraba a esa mujer corajuda, vanidosa de sí misma, extrañaba tanto provocarla.

Para Vegeta ella era perfecta en todos los sentidos, muchas veces llegó a dudar a que fuera una simple humana, Bulma sobrepasaba cualquier expectativa, poseía de una asombrosa inteligencia que ningún otro humano había demostrado a excepción de su padre, el científico Brief, y por otro lado estaba la valentía que se cargaba esa mujer, tan temeraria, llena de adrenalina y aventura, podía incluso jurar que en otra vida ella fue alguna saiyajin, una de las tantas razones por las cuales se sintió atraído a ella.

Y luego estaba lo hermosa que era, acreedora de una belleza que radicaba en todos los sentidos. Sus bondades físicas era otro plus más para esa terrícola, nunca se lo había dicho y dudaría en hacerlo en algún momento, pero para él encontraba fascinante sus ojos, parecían ser dos enormes zafiros que brillaban con fuerza, eran magnéticos, cargados de pasión que lo envolvían a él.

Sonrió ladino, pues para él ella seguía luciendo igual de hermosa, no encontraba la diferencia de los veinte años que la dejó, para él cada día la mujer brillaba más que nunca.

—Tal vez le pida a Shenlong que me devuelva mi juventud. —Insistió la peli azul.—No dudo que Piccolo haya revivido, así que me tomaré otra pequeña recompensa.

—Mujer tonta.—Ella vio como el hombre le sonrió, podía sentir en esas dos simples palabras una carga de cariño en ellas, a lo que ella le devolvió la sonrisa. Vegeta nuevamente tomó con posesión su pequeña cintura, pegando de nuevo su cuerpo al de él ¡Oh como amaba volver a tenerlo entre sus brazos.

Podía ver las intenciones del saiyajin a través de su mirada, la iba a besar de nuevo, y ella no se opondría ante aquel festín que degustaba en los labios de su príncipe.

Cerró sus ojos esperando el roce cálido del hombre, no obstante al no sentirlo pronto se obligó a abrir sus ojos al percibir el mutismo que se formó entre ellos.

Observó el perfilado rostro del moreno, podía ver cómo su pecho subía y bajaba precipitosamente y con ello su respiración se había vuelto más acelerada, fue entonces cuando se dio cuenta que el saiyajin no la estaba viendo ella, miraba hacia el costado de donde ellos se encontraban y al seguir el rumbo de donde fijaba la vista el príncipe notó que no estaban solos; su hijo estaba frente a ellos.

—Por kami-sama…

La voz de Trunks apenas sonó en un débil susurró, lo suficiente para llamar la atención de sus progenitores y dándose cuenta que esto era real.

Los ojos azules del chico se iluminaron al presenciar la imagen que tenía al frente, todo estaba sucediendo tan rápido que le resultaba difícil asimilar lo que acontecía ¡Pero por todos los Dioses! ¡Era él! Su padre estaba ahí, mirándolo con un extraño brillo en sus ojos tan negros como la noche y pudo jurar en ese momento que en ellos destacaba un orgullo pero hacia su hijo, su sangre.

Esa mañana cuando despertó jamás imaginó que su madre había viajado a Namekuseí, pues al no encontrarla en ninguna parte de la casa lo primero que hizo fue buscar el pequeño presente que le había dado su contra parte, y tampoco estaba. Por obvias razones dedujo que su progenitora había arribado al planeta Namek, provocando que una enorme preocupación lo invadiera ¡Su madre se encontraba indefensa y expuesta por el universo! Una parte de él se sentía culpable de ello, pues la tarde anterior cuando le indagó la razón por la cual no usaba la nave para ir por las esferas del dragón sintió que había presionado a su madre para cumplirle las peticiones de él, pero por otro lado el la conocía perfectamente, sabía que incluso ella deseaba más que el mismo viajar y poder usar el poder de esas esferas milagrosas, ella era quien más deseaba volver todo a la normalidad y también sabía que la razón que la impulsaba era volver a ver a Vegeta.

Cada hora que pasaba el joven semi saiyajin se angustiaba más ¿Cómo le haría para ir en busca de su madre si no contaba con otra nave? Estaba desesperado, incluso había optado por tomar la máquina del tiempo y regresar al pasado para que le proporcionaran alguna de ellas ¡No la dejaría al peligro que se exponía afuera!

Fue cuando de la nada percibió un ki familiar, al principio desistió de que fuera real, tal vez solo era producto de la desesperación al no saber por dónde vagaba su madre pero conforme los segundos avanzaba aquel ki se hacía más presente, más fuerte. Su cuerpo tembló al reconocer aquel ki, no podía ser posible…¿Gohan estaba vivo?

Su sorpresa aumentó con creces al darse cuenta que el ki de su antiguo maestro no era el único latente, también podía sentir a Krillin, Yamcha, Tenshinhan, Puar, Oolong, el maestro Roshi…santo cielo, a Piccolo…

Alzó vuelo con premura desde la terraza principal y la postal que presenciaron sus ojos lo dejó helado, la ciudad había resurgido de las cenizas, todo era tan similar al pasado.

¡Por kami-sama! ¡Su mamá lo había logrado! Había revivido a todos, se podía ver mucho más gente circular por las calles, calles que ahora no estaban destruidas en ruinas…esto era mejor que un sueño, era real.

Necesitaba ir a ver a Gohan ¡Quería verlo! Comprobar con sus propios ojos que el hijo del guerrero Son Goku estaba más vivo que nunca, tenía tantas cosas que decirle, sobre todo lo que había aprendido, en que había cumplido su promesa en destruir a los androides y salvarse…

La euforia dominaba su cuerpo, sus ojos brillaban con fuerza, ¡Era una dicha que no se comparaba a ninguna! Pero antes de partir hacia el ki que se sentía desde las lejanas montañas Paoz del mismo modo percibió otro ki nuevo, al principio no le encontraba familiaridad sin embargo sentía que alguna vez ya lo había percibido…

No, no podía ser…¿De verdad era él? Sus ojos zafiro se iluminaron con amenazantes lágrimas traicioneras, esto era increíble…ese ki…era su padre.

Sus pasos acelerados se dirigieron hacia donde provenía aquella fuerza, cada paso que volvía se hacía más imponente, resonaba en cada rincón que incluso lograba desorbitarlo a él aunque seguro era por la emoción que estaba viviendo en aquel momento. Sus piernas corrieron lo más rápido que le permitieron, sentía que si tardaba un segundo más al llegar ya no lo encontraría.

Y ahí estaba, con su enigmática mirada cargada de vida, con esa presencia que podía intimidar a cualquiera y se hacía notar a donde fuera; su padre lo miraba con orgullo, orgullo de saber que su hijo había logrado más de lo que él hubiera podido.

Trunks tragó en seco al tenerlo frente a él, sentía como su mandíbula se endurecía y al mismo tiempo una lágrima traviesa se atrevía a surcar sus mejillas, tal vez en otro momento le hubiera dado pena que su padre presenciara aquella debilidad tan humana en él, ¡Pero le importaba nada! Era su momento, no quería reprimirse como lo hizo todos esos veinte años, tanto tiempo se guardó su dolor por querer ser el soporte de muchos que ahora, con esa pequeña lágrima que lo había desafiado no le importaba expresar sus sentimientos, su alma se lo pedía.

Vegeta se quedó estático mirándolo por varios minutos, había visto el crecimiento de ese muchacho desde el inframundo que verlo ahora frente a él, era como si estuviera soñando aún. Podía ver la conmoción en el rostro del peli lila, se notaba como se obligaba a hacerse el rudo pero sus ojos decían otra cosa, y él lo entendía perfectamente pues estaba en la misma posición, su máximo orgullo era su hijo, su sangre de su sangre.

Él lo sabía, su vida solo era un reflejo del vacío en el que estuvo sumergido tantos años, lleno de violencia, sufrimiento, dolor…pero todo cambio hasta que su madre apareció, hasta que él nació. Y es que aunque lo negara, aunque siempre mostro desprecio por su hijo, jamás fue todo eso real por miedo a que descubrieran que su coraza se había roto.

Y se dio cuenta de todo ello cuando Trunks llegó a su vida, porque a pesar que era sangre de su sangre ese niño era diferente, lo pudo ver desde el infierno en como derrotó a las amenazas de la Tierra, en como protegía a todos, a su familia, su hijo era un verdadero hombre.

—Papá…—Musitó Trunks atónito.—Eres tú…

—Veo que te has vuelto muy fuerte.—Habló con seguridad el saiyajin puro, que aunque en su interior se sentía extasiado de ver a su hijo frente a él lo supo disimular muy bien.—Y que derrotaste a esas chatarras fácilmente.

—Yo…bueno, sí.—Continuó en el mismo estado el peli lila sin quitar sus ojos de los de su padre, pero inmediatamente sus ojos se abrieron con fuerza ¿Cómo es que…? —Pero cómo…

—Estuve al tanto aún muerto y no esperaba menos, heredaste la honorable sangre guerrera de los saiyajin.—Alardeó con orgullo.—Además eres mi hijo, nadie puede derrotarte y no lo permitiré.

Los ojos de Trunks brillaron con más fuerza, nunca imaginó escuchar esas palabras de su padre, ni siquiera su contra parte del pasado le había nombrado algo de esa manera, al contrario parecía demostrar que no le gustaba nombrarlo como su hijo…pero este Vegeta, su padre, era distinto, irradiaba algo que lo hacía lucir…diferente.

Una gran sonrisa se asomó por los labios de Trunks, podía sentir la conmoción del momento, pues aunque esas palabras sonaron duras proviniendo de la fuerte voz de su padre, para él era una bendición. Vegeta estaba orgulloso de su hijo, el no era un hombre que lo halagaría en cada segundo pero con lo poco y único que mencionaría, eso sería lo suficiente para hacerse saber el respeto que le había ganado.

El peli lila sintió una enorme necesidad de abrazarlo, pero él conocía los límites de su padre y aunque este Vegeta se mostrara un poco más receptivo no por ello aseguraba que recibiría de buena forma un gesto tan físico como un abrazo, ya habría el momento para ello. Lo único que se limito a hacer el semi saiyajin fue hacerle una breve reverencia, demostrándole con ese gesto lo agradecido que estaba por escuchar esas palabras de él, era todo un honor escuchar algo así provenir del mismísimo príncipe saiyajin.

—Me gustaría que me muestres tu poder de pelea.—Continuó el mayor.— Después de veinte años mi cuerpo exige un buen combate.

—¡Claro! —Alegó entusiasta el joven, aún con su brillo en los ojos.—¡Si quieres en este momento!

—No aún.—Interrumpió el saiyajin sorprendiendo a los dos terrícolas por su respuesta, pues esperaban que aceptaría cuanto antes volver al entrenamiento.— Antes debo resolver unos asuntos pendientes, pero mañana a primera hora te esperaré para un digno combate.

—¡Ahí estaré! —Sonrió maravillado como quien un niño que le acababan de comprar su dulce favorito.—Entonces en ese caso…—Esta vez miró a su madre que observó el intercambio de palabras en silencio, mientras que su rostro se encontraba bañado de lágrimas, no obstante brillaban, brillaban como los de su madre del pasado.—Iré a buscar a Gohan y estar al tanto de los demás ¡Necesito saber que ocurre afuera!

—Ve hijo.—Le sonrió con ternura.—Tenemos mucho trabajo que hacer, ve con ellos y en cuanto me desocupe también iré también a verlos.

El chico se limito a responderle con una gentil sonrisa de oreja a oreja, sabía que su madre que quedaba en bunas manos y también uno de los motivos por la cual se iba era porque suponía que sus padre necesitaban mucho de qué hablar, ya él tendría su oportunidad de estar con su padre, por el momento le cedería ese privilegio a su madre.

Giró sobre sus talones para irse directo con su antiguo maestro, pero antes de partir, le dirigió una última mirada a su padre y con ello diciendo:

—No sabes lo que soñé para que llegara este momento.—Susurró extasiado el muchacho y con ello provocando un estremecimiento en el saiyajin, sus palabras eran tan sinceras que incluso lograban penetrar en el interior del orgulloso príncipe.—Te demostraré lo que soy capaz de hacer, para que te sientas orgulloso de mí.

—Lo estoy, Trunks.

Parpadeó anonadado el peli lila, esa respuesta, tan simple y pequeña caló tan profundo en él, tanto que sus ojos zafiro se llenaron de lágrimas, esto era mejor de lo que imaginó esperar.

Trunks le sonrió para después elevarse por el cielo que ahora lucía un lienzo estrellado de la noche, dejando una ráfaga sobre el mismo marcando su paso.

Vegeta miró por varios segundos la noche estrellada, una sensación melancólica se apoderó de él, recordando todas esas vivencias en el espacio exterior, en como los lazos del destino se fueron entrelazando para que terminara en el lugar donde se encontraba pisando en aquel momento, juraría que jamás volvería a ver un cielo como ese.

—Trunks está tan feliz…—Interrumpió sus pensamientos la madre científica, mirándola de nuevo y encontrando que incluso sus ojos eran más bellos que los luceros resplandecientes de la noche.— Jamás lo había visto tan entusiasmado ni cuando derrotó a los androides…

—¿Y tú? —Ella lo miró con incertidumbre ante su cuestionamiento, a lo que el prosiguió.— ¿Cómo te sientes?

—Me siento viva, Vegeta.—Sonrió ella enrollando sus brazos alrededor de su cuello, mientras que las fuertes manos del hombre descendían lentamente por su espalda como si temiera romperla con su fuerza.—Con fuerza, llena de energía…—Pegó ahora su frente, provocando con ese gesto que el saiyajin cerrara sus ojos al sentir su aproximación, aun sentía que todo esto era un sueño del que no quería despertar.—Me siento feliz de tenerte a mi lado, pensé que te vería hasta la muerte…

—Dudo que te hubieran mandado al infierno…

—Entonces destrozaría el cielo para que me mandaran junto a ti.—Sonrió ella cerrando sus ojos, perdiéndose que su príncipe también sonreía junto con ella.—Encontraría la forma de ir contigo…

—Empiezo a dudar que en realidad pertenezcas al cielo, mujer.

—No busques excusas para no pasar la eternidad a mi lado, saiyajin.

—Los saiyajin somos hombres de palabra, te prometí estar incluso después de la muerte, así que no romperé esa palabra aunque tenga que soportarte mujer escandalosa.

—¿A sí? —Le siguió utilizando el mismo tono juguetón que estaba empleando el hombre con ella.—¿Y se puede saber, cuando me hiciste ese juramento?

—En este instante, mujer distraída.—Sonrió petulante.

—En ese caso…—Ella acercó más sus labios a los de él, deseándolos consumir con la pasión que emergía en ella.— También te juro seguirte hasta la muerte…te amo Vegeta, siempre lo he hecho, no hubo día en que dejara de hacer eso…te amo tanto.

El despegó un poco su rostro del de ella, tomando con una de sus manos enguantadas su barbilla para mirarla con mejor detenimiento, y ahí estaba esa mujer que lo enloquecía, que le quitaba el aliento, esa mujer que con una sola mirada hacía que su vida tuviera un nuevo sentido.

Ella no esperó una respuesta de su parte, podía ver que los ojos azabaches del moreno brillaban con fuerza, sentía que el hombre quería decir mucho pero sus labios no se atrevía a pronunciarlo, y no lo juzgaba y tampoco le desagradaba, al contrario ella sabía cómo era su príncipe, y sabía que las palabras con el no iban, que…

—Bulma…—Susurró con su ronca voz pegando peligrosamente más sus labio a los de ella.—¿Sabes que fue lo que le pedí a Enma Daio Sama? Que me dejara verte todos los días, saber de ustedes, solo así soporte tanto tiempo en el infierno…—Suspiró.—Era inmaduro, tuve que perder todo para darme cuenta lo que había dejado, mujer…—Con sus dos manos enguantadas la tomó de su rostro, pegando más el suyo al de ella al punto de sentir sus respiraciones chocar.—Creía que esto era solo parte de los débiles, pero en el infierno pude darme cuenta de la realidad de la cual siempre me negué a aceptarlo...me di cuenta que en mí podía habitar ese sentimiento de amor como ustedes lo llaman los humanos, y solo lo he sentido una vez en mi vida…cuando pensaba en esa sensación cálida, el único rostro que se venía a mi mente era el tuyo Bulma…

Su rostro de la peli azul se iluminó tanto, sin duda alguna Vegeta había cambiado tanto desde que estuvo sumergido en el infierno por veinte largos años…eso explicaba el porqué de su cambio de mentalidad y persona.

Sin pensarlo se lanzó a él envolviéndolo en sus brazos, besándolo con pasión desmedida y el no se tardó en unírsele a esa devota demostración de amor.

Tal vez sería la primera y única vez que le mencionaría aquella palabra, una palabra tan corta pero que englobaba tanto, pero estaba seguro que con esta nueva oportunidad que le daba la vida no perdería el tiempo para recompensarle todo ese tiempo que le hizo falta, a ella, a su hijo, incluso a él mismo.

El infierno lo hizo madurar, le enseñó de mala manera todo lo que perdió gracias a su terquedad y a su insufrible orgullo, tuvieron que pasar veinte años con los peores sufrimientos para darse cuenta que siempre estuvo en el paraíso y jamás se dio cuenta de ello.

Pero hoy la vida le regalaba una nueva oportunidad, una nueva vida.

Su beso sabía salado por las lágrimas de ella ¡Pero que importaba! Estaba tan feliz y eso era lo de sobra, nadie arruinaría ese momento. La forma en cómo sus labios se unían era asombrosa, aunque pasaron veinte años se seguían deseando como cuando se entregaron por primera vez el uno al otro.

Se abrazaron tan fuerte, tanto que se quitaban el aliento pero no les importaba, solo deseaban fundirse el uno en el otro.

Ella no tenía palabras para esto, para su nueva vida que esperaba ansiosa por caminar junto con su familia, con su hijo, con su príncipe, como decía un dicho, después de la tormenta llega la paz, y su paz por fin había llegado.


[…]


Todo sucedió tan rápido, ahora se encontraban juntos envueltos el uno en el otro bajo la tranquilidad de la noche.

Sus cuerpos que yacían desnudos, con sus piernas entrelazadas y sus pieles calientes, se acariciaban el uno al otro grabando en su memoria cada momento que ahora compartían.

La pasión era una pieza fundamental para ellos, sucumbieron a ella al añorar esos tiempos donde sus cuerpos se volvían uno solo, amando cada parte de uno, disfrutándose y elevándose hasta el cielo por compartir un momento tan sólido y cálido como ese.

Hicieron el amor toda la noche, demostrándose en ese acto lo cuanto que se extrañaron y con ello recompensando la ausencia que les provocó su lejanía, ellos eran fuego y no había otra cosa que pagara su sed de amor el uno por el otro.

Recostada sobre el fornido pecho del saiyajin, acariciaba con las yemas de sus manos cada línea de su cuerpo, aun conservaba sus cicatrices sin embargo siempre las encontró atractivas, además amaba cuando él le platicaba la razón de cada una. El hombre descansaba plácidamente sobre su cama, envuelto con una simple sabana así como ella misma, mientras que su mano derecha se quedo prendada en su pequeña cintura, incluso dormido parecía que tenía miedo de despertar y no encontrarla a su lado, y ella también velaba por él, quería que esto fuera para siempre.

Habían perdido tanto, pero la vida se había encargado de unirlos de nuevo, al final sus caminos jamás se romperían, el siempre volvería a ella, y de la misma forma ella iría a él.

Lo único que llegó a su mente en ese momento fue un gracias, para su yo del pasado. Si no hubiera sido por ella este momento jamás se hubiera dado ¿Quién lo iba a decir? Que al final ella misma se terminaría ayudando.

Sonrió satisfecha, ningún reconocimiento por su valentía se comparaba como aquella pequeña recompensa que le esperaba de una nueva vida, junto a su amado príncipe saiyajin.

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FIN

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N/A: Hola de nuevo, está aquí de regreso la historia.

No fue ningún error, antes que nada quiero agradecerle a la chica que me mandó PM, no mencionaré su nombre debido al respeto de anonimato pero su mensaje emotivo que me dejó hizo que recapacitara sobre esta historia.

No pretendo aburrirlos con esta nota de autor, si no desean leer esta parte la respeto, solo quisiera externar la razón por la cual alejé la historia de ff ya que como me mencionó la chica en en PM esta acción había causado confusión en otras lectoras.

Verán, quien la haya leído anterior mente, en mi otra nota de autor había puesto que estaba muy emocionada por haber compartido este mini fic, lo hice de todo corazón y también me sirvió como relajante ante una situación estresante que estaba atravesando.

Sin embargo, pensarán que lo que diré a continuación es un acto demasiado egoísta, pero desde mi situación me orillo a borrar el fic de aquí, y fue porque los resultados que esperaba no fueron los pensados...

Sé que no soy de las escritoras más conocidas de por aquí, y en realidad tampoco me incomoda ya que esto lo hago con el único objetivo de diversión y que ustedes también disfruten un poco de mis ideas locas jaja todo lo hago de corazón y con lo poco o mucho que realizo me es gratificante ver esos mensajitos donde lo que les comparto les alegra un poco de su día o incluso leer esas críticas que son bastantes constructivas.

Pero para serles sincera, al ver que esta historia literalmente estuvo ignorada desde el primer día que la publiqué, si me deprimió mucho. Claro, había como unas cuatro personitas que me dejaron comentarios muy hermosos y me motivaron mucho! de hecho por ello seguí subiendo la historia, pero al llegar al final, pasaron los días y la historia quedó igual de lado...

No pretendo mentirles, tampoco hacerles sentir mal ni nada, simplemente esto fue un conflicto mio, o más bien inseguridad, pues lo primero que me llegó a la mente fue "No, seguro estuvo mal lo que hice, tal vez me salí de contexto de los personajes, es una idea muy trillada, tal vez no tiene coherencia como escribí los párrafos...etc, etc." Entonces toooda esa inseguridad al pasar el fin de semana de cuando lo subí y ver que literal no había respuesta inmediatamente pensé que les había molestado algo que puse y por ello, decidí borrarlo.

Pido una disculpa por quienes llegaron a leerla y se quedaron decepcionados al no encontrarla, ahora que lo analizo tal vez fue un gesto egoísta de mi parte solo por no tener resultados como los que esperaba, y pasé por alto a aquellos que lo estaban siguiendo, de verdad una disculpa.

No sé porque reaccioné así, yo sé que tampoco soy muy reconocida, tampoco espero que después de esto me lluevan comentarios porque no se trata de esto, incluso yo detesto cuando las personas condicionan sus historias si no tienen un numero de seguidores o comentarios para subir el siguiente capítulo ¡No! Mis seguidores saben que tarde o temprano siempre cumplo así solo me lean dos personas. Pero esta vez fue una reacción por impulso, solo me dejé llevar y la consecuencia está en lo egoísta que fui al darme cuenta que no dejé que alguien más esperaba esta historia.

Discúlpenme de verdad.

Espero lo disfruten, lo hago con todo mi cariño para ustedes, y una disculpa más por las faltas de redacción u ortografía.

Nos seguimos leyendo, saludos.

11/02/2020