La segunda ley de Rowling dice que NO se habla del club de duelo… oh, disculpen, historia equivocada. White Squirrel nos da permiso de hablar de esta historia todo lo que queramos… mientras no sea copiada.

Notas del autor: Vaya, me sorprende la respuesta tan positiva al Hermione/George. Aunque no fue aceptada universalmente, casi todos los que dejaron comentarios lo aprobaron, y me alegra que puedan ver el potencial de la misma manera que yo.

Notas de la traductora: Creo que lo más difícil de traducir en las historias de White Squirrel son las referencias a Doctor Who. Soy fan del show, y he visto muchos episodios clásicos… Pero ni así puedo con todas. En fin... Por favor noten que he editado el capítulo anterior ahora que finalmente regresé de mi viaje. Y ahora, aquí les dejo el nuevo capítulo. Espero que lo disfruten.

No se olviden de dejar comentarios. Me encantaría saber su opinión sobre este capítulo.


Capítulo 74

–Así que esa es la situación –dijo Hermione.

Septima Vector había escuchado con paciencia mientras Hermione explicaba su progreso en su proyecto de transformaciones. No iba tan bien como la joven esperaba, pero el hecho de que tuviera un plan era sorprendente. Parecía que tenía el lado aritmántico bien tejido. Sólo necesitaba conectarlo con teoría de transformaciones para completar su prueba. Septima no comprendía por completo las técnicas de teoría de grupo, aún, aunque estaba segura de que podría con algo más de trabajo, pero su boceto lucía sorprendentemente convincente.

–¿Crees que la profesora McGonagall podría ayudar? –preguntó Hermione.

–Pues, creo que estaría dispuesta –dijo Septima–. Claro, tiene otras obligaciones. Si soy honesta, no sé cómo logra dar clases a tiempo completo, ser jefa de casa, y subdirectora, sin mencionar el torneo este año.

–Es lo que me preocupa… Honestamente, Septima, ha habido veces en las que sentí que no daba su atención completa a sus estudiantes. –La piedra filosofal no está en peligro; ahora, váyanse antes de que les quite puntos llegó a su mente–. En la mayoría de las escuelas muggles, la subdirección es un puesto separado. Eso quizás debería ser considerado.

–Mmm… quizás, aunque no sé qué tan bien lo tomaría. De cualquier modo, sí veo algunos problemas con tu boceto.

–¿Oh?

–Sí, el primero es el cloruro de potasio. Conoces los problemas técnicos sobre transformar una sustancia pura como esa. Es más cercano a la alquimia que a las transformaciones. Pero podrías eliminar algunos de esos problemas usando formas más comunes y "clásicas" del elemento como la lejía o el salitre.

Hermione se dio un golpe en la frente.

–¡No puedo creer que nunca se me ocurrió! Debería poder conseguir salitre sin problemas. –Escribió unas notas–. Eso definitivamente simplificará las cosas. ¿Cuál es el otro problema?

–No es tanto un problema; es sólo que no estoy segura de que Minerva sea la mejor persona para ayudarte en primer lugar.

–¿Por qué no?

–Porque Minerva es muy dotada para transformaciones, pero se enfoca en aspectos más convencionales del campo: animación, conjuros, ese tipo de cosas, y más en aplicación práctica que teoría… es una ventaja para un maestro. Para poder trabajar con sustancias puras y trabajo teorético denso, necesitarías hablar con el director o...

–¿O con quién? –preguntó Hermione.

–Pues, se de una estudiante que es muy dotada y probablemente al nivel de la profesora McGonagall en teoría alquímica. Y creo que estaría interesada en ayudarte si se lo pides bien.

–¿En serio? ¿Quién?


Hermione tomó una bocanada de aire.

–Hola, Rebecca.

Rebecca Gamp levantó la mirada de su libro. Estaba estudiando con algunos de los estudiantes de Aritmancia de séptimo año, al haberse saltado también un año en la clase. Entrecerró los ojos.

–Hola, Granger –dijo ella.

Hermione suprimió un suspiro. En verdad deseaba que pudieran ser cordiales sobre todo esto. Había una razón por la cual no había querido mencionar esto antes del baile.

–Rebecca, la profesora Vector te recomendó, y quería pedir tu ayuda –dijo.

–¿ quieres mi ayuda? –dijo la joven mayor incrédula–. ¿Por qué?

–Porque estoy trabajando en un nuevo proyecto y no puedo terminarlo sola.

–Oh, ¿finalmente encontraste algo que la Gran Aritmaga no puede hacer sola?

Hermione intentó no gruñir. Los celos de Rebecca habían sido una molestia todo el año pasado, y tenía el presentimiento de que intentaría hacer esto desagradable. En verdad esperaba no actuar así si sus posiciones eran revertidas algún día.

–Sí, así es, Rebecca, y la profesora Vector dijo que tú eres la mejor persona para ayudarme.

–Ja… No, no estoy interesada –dijo Rebecca, sacudiendo su cabello y regresando a sus estudios.

–Ni siquiera escuchaste lo que estoy haciendo –protestó Hermione.

–¿Y?

–Así que, ¿no estás interesada en el grandioso descubrimiento que estoy a punto de hacer… y que quiero traerte desde el comienzo?

–No realmente.

–Pero...

–Me está yendo bien, Granger. Creo que dejaré que continúes con tu pequeño proyecto y veré que puedes hacer.

¿Por qué estoy haciendo esto?

–Mmm –dijo Hermione, cruzándose de brazos. Continuó caminando, como si estuviera planeando buscar algo en la profundidad de la biblioteca, pero entonces, al último momento, se dio la vuelta y se paró detrás de la silla de Rebecca, donde se inclinó y susurró algo en su oído antes de continuar caminando.

Los ojos de Rebecca se abrieron por completo. Después de solo un momento de consideración, se puso de pie y la siguió sin decir palabra, dejando a su grupo preguntándose en voz alta qué había dicho.

Hermione había ido a un rincón oculto en el fondo de la biblioteca y esperó a que Rebecca la siguiera. Después de todo, sabía que Rebecca Gamp no podría resistir las siete palabras que había susurrado en su oído: Sexta Excepción a la Ley de Gamp.

Y sí, la Ravenclaw estaba justo detrás de ella.

–De acuerdo, Granger, tienes mi atención.

–Bien. Necesito a alguien con conocimiento excelente de teoría de transformaciones y alquimia.

–¿Para probar una sexta excepción a la Ley de Gamp? –aclaró Rebecca.

–Sí. ¿Asumo que estás familiarizada con las teorías principales?

Rebecca tomó un gran respiro y pareció resistir un comentario grosero. Asintió.

–Creo poder probar que los materiales radiactivos no pueden ser transformados.

–¿Radiactividad? Es, pues, la más esotérica… bueno, además del amor. ¿Cómo puedes probar eso?

Hermione sacó su cuaderno y lo abrió para ella.

–He estado trabajando con matemáticas avanzadas llamadas teoría de grupo, la cual se relaciona con la comprensión de la radiactividad de los muggles. Pero no tengo el conocimiento en transformaciones para encontrar la solución. Esperaba que pudieras ayudar con esa parte. Mira, aquí están los campos mágicos para algunos radioisótopos. Necesitamos demostrar que...

–Que no son campos válidos para los términos sustanciales de los hechizos de transformaciones como clase –terminó Rebecca. Hermione le lanzó una mirada de sorpresa–. Dame algo de crédito, Granger. Puedo recitar dormida la prueba de la imposibilidad de transformar oro. Es la generalización a todos los metales preciosos lo que es difícil. Ahora, si entiendo tu trabajo aquí, necesitamos construir argumentos análogos a ambas pruebas para demostrar la imposibilidad de transformar radiactividad. ¿Y qué es eso del salitre?

–Salitre es la sustancia experimental más sencilla.

–¿Cómo?

–Salitre contiene potasio, y potasio natural es 0.012% radiactivo. Tengo un artefacto muggle que puede detectar el componente radiactivo presente.

–¿Lo dices en serio, Granger?

–Completamente.

–Así que tienes una sustancia parcialmente radiactiva –razonó Rebecca–. Entonces sólo deberíamos poder transformar la parte que no lo es… y si comparamos los campos mágicos con una sustancia control que es completamente transformable… Por los rizos de Morgana, ¡podemos hacerlo! ¡Esto podría ser el descubrimiento del siglo! Quiero decir, Premio Wenlock y Premio Gamp. Quizás incluso una Orden de Merlín, Tercera Clase.

–No cuentes tus lechuzas antes de que entreguen, Rebecca –dijo Hermione con una sonrisa–. Así qué, ¿participarás?

Rebecca se detuvo.

–¿Puedo ser primer autor? –preguntó. Hermione rodó los ojos.

–¿Puedes hacer teoría de grupo?

–¿Puedes hacer alquimia?

–Probablemente mejor de lo que tú puedes hacer teoría de grupo.

Ambas se observaron en silencio.

–Puedo garantizarte segundo autor –dijo Hermione–, por encima de la profesora Vector y cualquier otra persona a la que necesitemos. Pero tienes que comenzar a llamarme Hermione.

–De acuerdo… –Rebecca ofreció su mano–. Erm, Hermione, tienes un trato.


El unir dos hilos era bastante sencillo, determinó Hermione. La lana, el material del que estaban hechos los uniformes de Hogwarts, estaba compuesta de pelo de oveja de veinte a treinta micrones de diámetro y unas pulgadas de largo. No estaba segura de otras telas, pero asumió que era similar. Grandes cantidades de estos pelos eran hilados juntos para crear hilo, la fricción combinada de las muchas fibras frotándose juntas siendo lo que le daba fuerza. Lo único que necesitaba para unir dos puntas de un hilo era deshilachar las puntas en sus componentes fibrosos e hilarlas juntas con magia hasta que fueran un solo hilo. Eso no tomaba nada de tiempo, y cuando terminara, podía unir hilos juntos en círculos y nudos imposibles sin puntas que parecían creados de ese modo por una rueca no-euclidiana.

Era algo escalofriante.

Aun así, cuando probó los círculos, no se rompieron de manera particular donde los había unido, así que parecía que su hechizo funcionaba como había planeado. Lo difícil era que la urdimbre de una tela con trama y contrahilo hiciera lo mismo, especialmente considerando que involucraba varias pulgadas del material. En el interés del tiempo, decidió simplificarlo creando un hechizo que unía pedazos de tela que eran cortados en diagonal.

Lavender y Parvati parecían bastante interesadas también. Estaban monopolizando una de las mesas en la sala común esa noche, creando bosquejos del nuevo aspecto de Hagrid con una intensidad usualmente reservada para operaciones militares. Hagrid no sabía lo que le esperaba.

–Hola, Hermione –la saludó una voz mientras estaba codificando. Levantó la mirada.

–Oh, hola, Neville. ¿Cómo estás?

–Bien. ¿En qué estás trabajando? Es vacaciones.

–¿Esto? Una pequeña sorpresa para el baile. ¿Vas a ir?

–Sí –suspiró él–. Mi abuela espera que vaya. Yo preferiría saltármelo.

–¿Por qué?

–Pues, no tengo cita.

–Esa no es razón para no ir, Neville. Puedes divertirte bastante aún si vas solo. Y aún tienes tiempo de invitar a alguien.

–Supongo… –dijo él.

–¿Hay alguien, er, a quien quieras invitar?

Neville se puso rojo y evitó su mirada, y tuvo una buena idea de la respuesta.

–Oh –dijo ella. De hecho, eso era bastante valiente de su parte, considerando que todos pensaban que iría con Harry antes de esto. Eso había lanzado una onda de rumores.

–Eh… también invité a Ginny –continuó rápidamente–, pero creo que ya tiene cita también. –Hermione frunció el ceño. Ginny había querido que fuera un secreto.

–¿Es tan obvio?

–Creo que todos en nuestro dormitorio excepto Ron lo saben. Nadie ha tenido el valor de decírselo.

–Claro. El sábado será interesante. De cualquier modo, no deberías preocuparte tanto, Neville. En verdad no debería haber tanta presión para un baile escolar.

–Dile eso a mi abuela. Es una obligación social para ella.

–¿En qué modo?

–Mi abuela es bastante… tradicional. Muchas cosas sobre la herencia de la familia y eso. –Hermione lo observó sin comprender.

–Como el verano pasado, me preguntó si tenía una novia, y cuando le dije que no, comenzó a dar sugerencias. –Lav y Parv levantaron la mirada y se rieron desde su mesa. Hermione les lanzó una mirada molesta–. En serio, si sigo soltero cuando me gradúe, va a comenzar a agendar citas a ciegas con primas –dijo. Las otras chicas se rieron aún más. Hermione elevó las cejas.

–Oh, quieres decir ese tipo de tradicional –dijo ella.

–Sí, quiere que me consiga una cita seria, pero yo nada más quiero ir con una amiga.

–Mmm… ¿Y Luna? Pareces llevarte bien con ella, y sé que le encantaría que la invitaras.

–¿En serio?

–Claro. Lo esconde, pero le duele no tener muchos amigos, y sé que nadie la ha invitado. Se volverá lo… Vaya, mejor no lo digo.

Neville se rio y pensó por un momento.

Es agradable –dijo–. Nunca se burla de mi cuando cometo un error ni nada.

–Luna no se burla de las personas –dijo Hermione–. No de manera maliciosa, por lo menos. Y sabe cómo distinguir los buenos amigos y tratarlos bien. Nunca lo ha dicho, pero en verdad aprecia que nunca te has burlado de ella por decir las cosas raras que dice.

–De acuerdo, la invitaré –dijo Neville con confianza–. Y mi abuela se volverá loca cuando le diga, así que ese es un bono...

¡SLAM!

–¿Por qué lo hice, Harry? –gimoteó Ron.

Todos en la sala común voltearon la mirada y observaron a Harry y Ginny jalando a Ron a través del agujero del retrato.

–Porque es cuarta parte veela y bajaste la guardia –dijo Harry–. Creo que intensificó su encanto para Diggory.

Ron lucía mareado y algo verde. Harry y Ginny lo soltaron sobre uno de los sillones con un fuerte ruido.

–¿Ron? –dijo Hermione, poniéndose de pie–. ¿Qué te pasó?

–Acaba de invitar a Fleur Delacour at baile –dijo Ginny.

–¿Qué? –exclamó Hermione cubriéndose la boca.

–Lo gritó, de hecho –dijo Ginny–. Fue algo escalofriante.

–¡Dios mío! ¿Qué hizo ella? –Hermione sabía que Fleur no tenía paciencia para niños hormonales.

–Solo le me miró como si fuera una babosa o algo. Ni siquiera respondió. Entonces yo, eh, me fui corriendo.

–Oh. Probablemente es bueno que lo hicieras –dijo Hermione. Ron la miró como si fuera de marte–. Si hubieras insistido, quizás te hubiera lanzado maleficios a lugares que no te hubieran gustado –explicó. Ron palideció e inconscientemente cruzó sus piernas.

–¡Esto es una locura! –dijo él–. Todos ustedes ya tienen citas… bueno, excepto Neville.

–Hermione le acaba de sugerir invitar a Luna Lovegood –mencionó Lavender al otro lado de la sala.

–¡Oh, vamos!

–Cálmate, Ron –dijo Ginny–. Tú eres quien sólo ha invitado a una chica.

–Bueno, antes, pensé que quizás los cuatro… –Se detuvo y Hermione lo miró con sorpresa.

–Quieres decir tú y yo… –comenzó ella. ¿Le gustaba a Ron? Se detuvo y eligió sus palabras con cuidado–. Ron, somos amigos y todo, ¿pero en verdad crees que eso hubiera terminado bien?

–¿Mejor que tú y George? –respondió él.

–Ey, hay más en George de lo que las personas piensan –defendió ella–. Podría decir lo mismo de ti, honestamente, pero no creo ser tu tipo.

–Definitivamente no –dijo Ginny en acuerdo.

–¿Perdón? Creo conocer mi tipo mejor que ustedes.

–Entonces encuentra a una chica que sea tu tipo e invítala –respondió ella.

–Pero tú… grrr, de acuerdo. –Ron examinó la sala, aparentemente perdido en sus pensamientos–. Hermione, ¿sabes si Lavender…?

–Va a ir con Seamus.

–Oh… ¿Parvati?

–No ha mencionado a nadie, lo cual para ella quiere decir que no la han invitado. Sally-Anne y Lily sí tienen una cita, pero no han dicho quién.

–Genial… –Ron se paró y se detuvo, paralizado.

–¿Necesitas que Harry vaya contigo? –se burló Ginny.

Ron caminó hacia Parvati al instante.


Hermione tenía otro proyecto en el que trabajar en su ocupada semana en Hogwarts, y ese era dar otra mirada al mapa del merodeador. Ya que había completado su mapa de Beauxbatons, había dejado una hora a la semana para investigar la creación mágica de mapas. Pero esta semana, tenía el original a la mano, así que pidió a Harry que lo trajera junto a su espejo de comunicación a la sala de los menesteres para una charla. Sirius y Remus se rehusaban a decirle cómo funcionaba el mapa, pero podía hablar con ellos sobre su propio trabajo.

–¿Y qué tienes hasta el momento, Hermione? –preguntó Remus.

–Pues, tengo un mapa detallado de Beauxbatons que es casi a escala… o tan cerca como puede ser con un castillo mágico. Pero, la característica principal del mapa del merodeador es que puede ubicar a cualquiera en el castillo, y ahí es donde me perdí. Quiero decir, encontré todo tipo de encantamientos de rastreo en la biblioteca que pueden usarse. Y sé que tiene que ser algo fuerte para localizar a aquellos que no quieren ser encontrados. Y tiene que localizarlos en tres dimensiones, no sólo en una dirección, para poder mostrar su ubicación en el mapa. Por otro lado, sólo tiene que cubrir un área limitada, así que hay algo de flexibilidad. Así que una vez hice mi investigación, y convencí a Monsieur Oppenord de dejarme buscar en la sección prohibida allá, realicé algunos experimentos a pequeña escala.

Extendió el boceto de una sección de habitaciones que había dibujado.

–Este es un mapa de los dormitorios de las niñas de cuarto año en Beauxbatons –explicó–. El encantamiento homúnculo parece funcionar mejor. Crea una conexión de la chica con su representación en el mapa. El nombre y ubicación de todos en los que lo lance aparece en el dormitorio. Mmm… no parece funcionar fuera del país, pero estaba funcionando ahí.

–¿El encantamiento homúnculo? –dijo Sirius con interés.

–Es lo que escuché –dijo Remus.

–Vaya, estoy impresionado, Hermione –dijo Sirius–. Nos tomó años descubrir esa parte.

–¿Quieren decir que el encantamiento homúnculo es el correcto? –dijo ella sorprendida. Ambos hombres asintieron en el espejo–. Pero… pero… no puedo descubrir cómo hacer que las personas a las que no lo lance aparezcan en el mapa, mucho menos que sean identificadas. Y también está el hecho de que el mapa del merodeador registra los cambios del castillo a través del tiempo, y como puede ver a través de capas de invisibilidad, y...

–¿Has revisado el mapa original? –preguntó Remus.

–Pues, es por lo que lo traje. ¿Harry? ¿Puedo ver el mapa, por favor?

–Mmm –dijo Harry, mirando al mapa con atención, aparentemente ignorando su conversación–. Barty Crouch está con Moody. Me pregunto si están cerca de descubrir cómo llegó mi nombre al cáliz.

–Quizás. Eso sería agradable –dijo Sirius.

–¿Puedo verlo, por favor? –repitió Hermione.

Harry entregó el mapa a Hermione, quien comenzó a usar hechizos de diagnóstico. Con su nuevo conocimiento de creación de hechizos experimental, podía remover algunas de las capas de magia parcialmente y mirar debajo. Debía tener cuidado para evitar molestar los encantamientos de defensa del mapa, los cuales borrarían todo y la dejarían intentando pasar a los merodeadores adolescentes, pero no pareció tener problemas con su leve examinación. Estaba segura de que, si examinaba con más profundidad la capa oculta de runas e intentaba modificar su "programación", sería otra historia.

Sólo había dado una buena mirada al mecanismo del mapa del merodeador antes, y podía comprender más ahora que entonces. Si pensaba en términos de programación informática, había todo un "programa" de hechizos y runas combinados. El "núcleo" estaba compuesto de hechizos de alto poder que detectaban la información sobre el castillo y la pasaban a las runas ocultas, las cuales se encargaban del "procesamiento de datos" para que la información fuera legible. Otro par de hechizos más sencillos creaban la "salida" de las runas al pergamino. Y había otro grupo de subrutinas que supuso generaban las respuestas de los merodeadores.

Lo extraño era que gran parte del núcleo era algo que parecía el encantamiento homúnculo, pero si lo era, no estaba siendo usado de manera normal. Estaba en todo el mapa… en cada línea y punto, no solo en las personas.

–No entiendo –dijo ella–. Parece que están usando el encantamiento homúnculo para todo, pero no veo cómo pueden rastrear los movimientos del castillo y las personas que el mapa no conoce. Quiero decir, tengo unas cuantas ideas de cómo pudiera hacerse, pero involucra usar hechizos de detección en los cuartos.

Sirius y Remus sonrieron ampliamente.

–Vas por buen camino, Hermione –le dijo Remus–. Todo lo que necesitas ya está ahí.

–¿Lo está? –Lanzó otra mirada al mapa y pensó con intensidad. Era difícil verlo con gran detalle. Todo era tan pequeño. Ella querría agregar una función de zoom en su mapa, si podía. El encantamiento homúnculo estaba por todos lados. El mapa continuaba rastreando a todas las personas y obtenía sus nombres de alguna fuente. Además, también sabía cuándo las escaleras e incluso la disposición de los cuartos cambiaban en el castillo.

Todo lo que necesitas ya está ahí, pensó, y de golpe, se dio cuenta de que había una explicación que resolvía todo.

–Dios mío, ¡pusieron el encantamiento homúnculo en el castillo!

–Te ganaste una galletita –dijo Sirius–. ¿Ingenioso, ¿no?

–Merlín… no soy una experta, pero estoy segura de que tendrían que hacerlo desde las piedras base. Eso quiere decir que ustedes, como mínimo, bajaron a las fundaciones del castillo, lanzaron el hechizo, e incluso quizás tallaron unas cuantas runas propias para proveer la información al mapa. ¿Y los nombres del castillo? ¿Los obtienen de las barreras?

–Exacto –confirmó Remus–. Son barreras antiguas y poderosas que pueden atravesar casi cualquier intento de ocultamiento, aunque hubo algunas complicaciones. Algo como el mapa del merodeador sólo puede existir en un lugar como Hogwarts. Claro, podrías crear algo que parece similar casi en cualquier lugar, pero solo en Hogwarts será tan poderoso.

–Vaya. Esto lo cambia todo. Ni siquiera se dónde… bueno, el círculo de piedra de práctica detrás de la torre del reloj es lo que usan para este tipo de cosas, ¿no? Podría probar algunas subrutinas ahí. Claro, apenas y comienzo con las runas. Quizás necesite a Ron para eso y a los gemelos para que me ayuden con los encantamientos, pero… Gracias, Sirius, Remus, creo que esto será de gran ayuda.

–No hay de que –dijo Sirius–. Es lo menos que podemos hacer después de todo lo que has hecho por Harry, y estoy seguro de que los secretos de los merodeadores están en buenas manos.


–De acuerdo, tenemos las medidas de Hagrid –dijo Lavender–, ¿pero ¿cómo vamos a hacer el traje? –Hermione sonrió.

–Tengo mis maneras. ¿Pueden guardar un secreto?

–Por supuesto –dijeron Lav y Parv.

–Quiero decir en verdad guardar un secreto.

–Oye, solo porque queremos estar informadas de todo lo que pasa aquí no quiere decir que no podemos guardar un secreto –insistió Parvati–. ¿O me has escuchado decir con quién va a ir Padma al baile?

–Yo… supongo que no. Lo siento, es sólo que… bueno, sólo recuerden que solo mis mejores amigos saben de esto. Síganme.

Hermione las llevó al séptimo piso, donde se paseó de un lado a otro enfrente de los trolls tres veces. Las otras chicas soltaron un grito de sorpresa cuando una puerta apareció en la pared opuesta, y se abrió para revelar lo que básicamente era una sastrería. Había grandes cantidades de telas finas por todos lados, máquinas de coser usadas, madejas de hilo, y botones de todo tipo… todo lo que necesitaban para hacer un traje gigante. Claro, las telas no eran los materiales normales. Las telas blancas parecía ser sábanas de cama, pero estaban completamente blancas y en buena condición. Las telas negras parecían ser cortinas y la piel tapizado. Había revisado con Dobby y los otros elfos para asegurarse de que no estaba robando de la escuela, pero él insistió que la sala sólo contenía las cosas que no se necesitaban, dejadas de las redecoraciones de cada década y fuentes similares.

–Demonios, qué es este lugar –dijeron las otras chicas juntas.

–Se llama la sala de los menesteres. Básicamente es un almacén mágico, pero puede convertirse en lo que necesiten si lo piden bien. Le pedí que nos diera las cosas que necesitamos para hacer un traje a Hagrid.

–Esto es increíble –dijo Parvati.

–Sí, pero es un recurso limitado. Solo hay lo que fue puesto aquí.

–Puedo verlo –dijo Lavender–. No es el mejor material para crear ropa. Se va a ver barato, y no va a aguantar uso frecuente.

–Lo sospeché –dijo Hermione en acuerdo–, pero solo estamos haciendo un trabajo rápido. Y si soy honesta, ¿qué tan seguido necesita arreglarse Hagrid?

–Más que esto si él y tu directora comienzan a salir –se rio Lav–, pero entiendo. Así que, tenemos un patrón que podemos usar para esto. ¿Cómo quieres hacerlo?

–Pues, estoy segura de que ambas saben más sobre ropa formal para magos que yo. Digamos que ustedes hacen los patrones y cortan la tela, y yo la coso. Pero tendrán que hacerlo diferente de lo normal. Necesito que corten largas tiras diagonales al entretejido lo más que puedan.

–¿Por qué? –preguntó Parvati–. ¿Y cómo vas a tejer tiras cortadas?

–¿Por lo menos sin costuras feas? –agregó Lavender. Hermione sonrió.

–Miren y aprendan. Sostengan esto, por favor. –Tomó una de las sábanas y les indicó que la sostuvieran de las esquinas. Con un rápido Diffindo, un corte diagonal se abrió en la sábana–. Lo llamo el encantamiento Scarborough –dijo, y tocó con su varita un lado de la cortada y lentamente la deslizó por los bordes mientras decía el encantamiento–. Unasiwod. Unasiwod. Unasiwod. –Para el asombro de las chicas, los bordes de la cortada se deshilaron hasta ser pelusa y se hilaron por sí solos en hilos nuevos, intactos, cerrándose por completo.

Era más difícil en lino que en lana, Hermione había notado. Estaba segura de que era debido a las fibras más largas. Una vez logró que el hechizo funcionara, lo probó en diferentes telas para asegurarse de que funcionaba. Una de sus blusas muggles fue la más fácil de reparar, ya que parecía tener fibras más cortas que la lana. El poliéster y el nailon tenían la misma dificultad que la lana, y el lino era más difícil.

–Hermione, ¿cómo hiciste eso sin un encantamiento para remendar? –demandó Parvati–. La tela es una de las cosas en las que la magia no funciona bien. ¿Qué la ropa no es una de las excepciones para la Ley de Gamp?

–Sí, lo cual sospecho es por la complejidad estructural de la mayoría de las telas, pero no conjuré o transformé algo. Solo fui al nivel más básico de complejidad e hice que las fibras individuales se hilaran de nuevo. Es casi lo mismo que hago con mi cabello.

–Hermione, ¿sabes cuánto pagarían los sastres mágicos por este hechizo? –exclamó Lavender. Ella sacudió los hombros. Pensó que el verdadero mercado, si fuera permitido, sería con los muggles. Haría una fortuna arreglando medias–. No realmente. No veo que haya un gran mercado para ropa sin costuras, y el encantamiento para remendar es más sencillo. Además, no funciona en la seda. –Había arruinado una bufanda de seda probando el hechizo, solo para darse cuenta de que la seda era un filamento continuo y no podía hilarse del mismo modo que otros hilos.

–Bueno, quizás no, pero podrías… –respondió Lavender, pero se detuvo–. Bueno, también… eh, no lo sé… –admitió–. Pero aun así, es genial. A Hagrid le va a encantar.

–Eso espero.


Llegó la mañana de Navidad y el castillo estaba zumbando de entusiasmo. Normalmente, Hogwarts estaba casi vacío en Navidad, pero con el baile, más de la mitad de los estudiantes seguían ahí.

Todos se levantaron temprano a abrir regalos, aunque Hermione no tenía tantos porque celebraría con sus padres al día siguiente, pero después del desayuno, Hermione, Lavender, y Parvati estuvieron en una misión de chicas. Habían decidido ir a la choza de Hagrid en la mañana a dejar su ropa e intentar hacer algo con su cabello. Querían hacerlo temprano en caso de que hubiera complicaciones.

–¡Feliz Navidad, Hagrid! –dijeron las chicas mientras él las recibía en la puerta y las veía cargar entre todas un gran paquete envuelto.

–Feliz Navidad a las tres –respondió Hagrid con una sonrisa–. Pasen. Pasen. Hice pastel de fruta.

Considerando el nivel de cocina de Hagrid, su pastel de fruta probablemente sería peligroso, así que amablemente lo rechazaron e insistieron que abriera su regalo.

–Pues, no tenían que darme nada –dijo mientras abría el paquete–. Pero lo aprecio… –los ojos pequeños de color negro escarabajo de Hagrid crecieron de manera inusual cuando vio lo que había dentro–. Vaya, esto es… maravilloso. Nunca había visto uno de estos cerca de mi tamaño antes. Oh, no puedo aceptarlo, niñas. Debió costarles una fortuna que lo hicieran a mi medida.

–No nos costó un knut, Hagrid –le aseguró Hermione–. Lo hicimos nosotras.

–¿Ustedes? –dijo incrédulo–. ¿Pero cómo…?

–Nuestro sentido de la moda y los hechizos de Hermione –respondió Lavender sonriendo.

–Si soy honesta, no estábamos seguras de si te gustaría –dijo Parvati–. Está hecho de sábanas baratas.

–¿Estás bromeando? ¡Me encanta! Nunca nadie me había hecho una túnica de gala. Mejor regalo que he recibido en años. Apuesto a que me veré estupendo esta noche.

–Creo que te verás muy bien –dijo Lavender en acuerdo–. Hablando de eso, en verdad tenemos que hacer algo sobre tu cabello.

–¿Mi cabello? –dijo él con tono inquisidor–. ¿Qué con él?

–Pues, si somos honestas, Hagrid, ¿en verdad quieres tener un aspecto de "hombre salvaje del bosque" esta noche?

–Bueno, yo, eh, supongo que no… Pero nunca he hecho algo con mi cabello. Sólo crece así.

–No te preocupes. Yo tenía el mismo problema –dijo Hermione–. Inventé unos cuantos hechizos para ayudarme con el mío. ¿Quieres intentarlo?

Hagrid lo pensó por un minuto.

–Apuesto que Madame Maxime apreciaría a un culto caballero con gran cabello –mencionó Lavender.

–Eh, de acuerdo, ¿por qué no?

–Excelente –dijo Hermione. Dio una vuelta hasta la parte de atrás de su cabeza–. Ahora, no te muevas… Micronima Isiazolia.

Un pequeño mechón de la enorme masa del cabello tupido de Hagrid se alació.

Hermione frunció el ceño y puso más poder en el hechizo.

Micronima Isiazolia. Micronima Isiazolia. –Su respuesta aún fue débil–. Hagrid –exclamó.

–¿Qué?

–Creo que tu cabello es resistente a la magia.

–Oh, claro, supongo que lo es.

–¿Pero por qué? ¿Cómo?

–Pues, erm, espero que no se lo cuenten a nadie, pero eso sería la sangre de gigante.

¡¿Qué?! –Lavender y Parvati soltaron un grito ahogado y dieron un paso atrás.

–¿Qué? –dijo Hermione con confusión.

–¿Eres parte gigante? –preguntó Parvati con miedo.

–Sí. Mi mamá era una. Como dije, apreciaría que no se lo dijeran a nadie.

–Claro, si no quieres –dijo Hermione, pero observó a sus amigas, quienes habían palidecido y se acercaban a la puerta lentamente–. ¿Qué? ¿Cuál es el problema?

–¿Cuál es el problema? –chilló Lavender–. Hermione, los gigantes son… –miró a Hagrid de arriba a abajo con miedo.

–Esperen, sé que no tienen buena reputación, pero los gigantes son gente decente. Mi papá no se hubiera enamorado de mi mamá de otro modo.

Hermione en verdad no quería saber cómo la mecánica de eso funcionaba.

–Yo siempre pensé que había sido una sobredosis de Crecehuesos –dijo Parvati con voz baja.

–O un encantamiento de ampliación que había salido mal –agregó Lavender.

Las dos casi habían llegado a la puerta y parecían listas para escapar, así que Hermione las detuvo.

–Oh, vamos, ¿cuál es su problema? Aún es el mismo Hagrid. Nunca habían tenido problemas con él en los últimos tres años y medio. ¿Por qué deberían preocuparse ahora que saben quiénes fueron sus padres? Y más al punto, no puedo con cabello resistente a la magia sola, ¿así que van a ayudar o no?

Ese discurso y la expectativa de un desafío cosmético fue suficiente para avergonzarlas y que decidieran quedarse. Ambas murmuraron disculpas a Hagrid y mostraron expresiones determinadas mientras atacaban su cabello. Les tomó una hora de hechizos, tanto para alisar como desencrespar (incluyendo a Hermione enseñándoles los hechizos) para lograr que su cabello y barba estuvieran bajo control. Hermione se preguntó si sería más rápido plancharlo físicamente y si podrían lograrlo sin prenderlo en llamas. Aun así, lo lograron, y las fashionistas debatieron que hacer con él.

–Parece el hermano de Karkaroff con su cabello colgando así nada más –dijo Lavender.

–Podríamos agregar unas trenzas, quizás –sugirió Parvati–. No se ven muy mal en los hombres con cabello largo.

Hermione sacudió su cabeza ante la idea.

–Se verá como un vikingo gigantesco.

–Pues, ¿qué piensas? –preguntó Lavender.

–No lo sé. Sugeriría agregar unos rizos, pero ya fue difícil dejarlo así.

–Mmm… podemos amarrar su barba, como lo hace Dumbledore.

Lo intentaron. Definitivamente era una mejora, pero aún lucía como alguien del siglo XVII, e incluso en el mundo mágico, eso no era bueno.

–¿Quizás también amarrar su cabello atrás? –dijo Parvati.

Lo hicieron.

–Creo que tenemos un ganador –dijo Lavender.

Hagrid lucía completamente diferente con su cabello agarrado, pero extrañamente, parecía funcionar.

–Saben, creo que sí se ve bastante bien –dijo él.

–De acuerdo entonces –dijo Hermione–. Creo que estás listo ahora. Sólo mantén tu cabello seco hasta el baile y deberías estar bien. Te veremos esta noche.

–Sí. Las veo esta noche. Y gracias de nuevo.


Hermione no había tenido la oportunidad de visitar a los elfos esa semana, así que hizo el tiempo después del almuerzo, convenciendo a Ginny, Harry, y Ron de que fueran con ella. Había llevado algunas cosas para dar a sus dos elfos favoritos por Navidad, pero no había esperado llegar en medio de una pelea.

–Dobby, sabes mejor que esto –chilló una joven elfina de cabello rubio y ojos cobalto indignada–. Es de mala educación que un elfo regale a otro elfo ropa.

Dobby estaba de pie enfrente de Sonya con su mejor atuendo Navideño, sosteniendo un largo pedazo de tela.

–La señorita Hermione dice que las bufandas no son ropa, Sonya. Son accesorios, como tu cinturón.

Sonya miró a su sencillo cinturón de herramientas que siempre amarraba lo suficiente alrededor de su toalla de té para mostrar sus modestas curvas. Quizás a la elfina no le importaba la ropa, pero sí sabía una cosa o dos de moda.

–Así es –habló Hermione–. Nunca encontrarán bufandas con la ropa en una tienda muggle. Siempre están con los cinturones y los bolsos y eso. –Ambos elfos levantaron la mirada.

–¡Señorita Hermione! ¡Feliz Navidad! ¡Es bueno verla! –Ambos se miraron cuando lo dijeron perfectamente al mismo tiempo.

–Hola, Dobby. Hola, Sonya. Feliz Navidad –dijo Hermione, y entonces agregó–: Esa en verdad es una bufanda hermosa, Sonya.

–¿En serio? Bueno… supongo que Sonya puede verla… –Sonya tomó la bufanda tentativamente con sus pequeñas manos. Hermione no estaba exagerando. Sabía que a Dobby le gustaba tejer, pero nunca se hubiera imaginado que hubiera trabajado en algo como eso. La bufanda que había hecho para Sonya era dos veces más larga que su altura, de unas seis pulgadas de amplio, y con muchas líneas diversas y combinadas de colores rojo, dorado, verde, azul, morado, marrón y café, con borlas de varios colores en cada extremo. Hermione tampoco se había dado cuenta de que Dobby prestaba tanta atención a la televisión muggle. Sonya amarró la bufanda alrededor de su cuello para que colgara baja sobre su pecho, y aún se arrastraba a sus pies. No lucía muy segura.

–Es la bufanda que usa el Doctor –dijo Dobby con orgullo.

–¿Doctor? ¿Cuál doctor?

Hermione soltó una risita y se dio la vuelta para ocultarla. Sus amigos estaban detrás de ella, y Ron y Ginny le lanzaron una mirada de incomprensión. Harry también comenzó a reírse, lo cual los confundió más.

–¿Ambos fueron atacados con un maleficio para reír o algo? –dijo Ron.

–No. Chiste muggle, lo siento –soltó Hermione.

–Si es una broma… –chilló Sonya molesta.

–No, no, Sonya. Se ve muy bien –insistió ella–. Se que a todos los estudiantes hijos de muggles les encantará verla. Quizás a algunos de los mestizos también.

Sonya se sonrojó y acomodó la bufanda de nuevo.

–Bueno, entonces, erm, gracias, Dobby –dijo ella.

–¡Dobby! –masculló una voz molesta–. ¡Vete! ¡Estás corrompiendo a los otros elfos!

Hermione se dio la vuelta y miró con una expresión de sorpresa a la terrible visión.

–¿Winky? –exclamó.

Winky lucía mucho peor que la última vez que la había visitado en Halloween. Sus enormes ojos cafés y su nariz lucían inflamados, pero eso quizás era por la cerveza de mantequilla. Su toalla de té estaba manchada y quemada en muchos lugares, y había hollín y polvo en su piel. La única parte de su atuendo que lucía limpia era la corbata de Barty Crouch, aún amarrada alrededor de su cuello como una bufanda, pero incluso esa lucía desgastada y usada, no como nada que el perfectamente arreglado Sr. Crouch usaría.

Winky sufrió un ataque de hipo cuando vio a Hermione. Su amonestación a Dobby hubiera sido más efectiva si no hubiera estado cayéndose por borracha.

–Winky, ¿qué pasó? –dijo Hermione horrorizada.

–¡Señorita Hermione Granger, señorita! –Le dio una reverencia–. Winky está… hic… intentando ayudar a los otros elfos a que no cometan el error de Winky.

–Yo sólo deseo Feliz Navidad a mis amigos –insistió Dobby.

–¡Eres un… hic elfo malo, Dobby! Haces mal a otros elfos. Sonnitt no debe… hic… usar bufandas. Te ves desgraciada así, Sonnitt. Te ves cómo… como… –De repente, Winky se soltó a llorar y cayó sobre su rostro, aferrándose a la corbata como una mantita transicional.

–¡Winky! –dijo Hermione alarmada–. ¡Winky, por favor levántate!

–¡Winky! –la llamó otra voz más severa. Era Tilly–. Winky, no deberías molestar a los invitados –la regañó. La levantó con un brazo alrededor de sus hombros y la llevó hacia la chimenea.

–¿Tilly?

–Hola, señorita Hermione Granger. Por favor ignore a Winky. Aún está muy perturbada.

–¿No hay algo que pueda hacer?

Tilly sacudió su cabeza con tristeza.

–No, señorita. Tilly ha dicho que algunos elfos no pueden adaptarse a ser despedidos. No hay nada más que pueda hacer.

Hermione las observó irse con tristeza, deseando poder ayudar. Parecía como si los otros elfos solo estuvieran ignorando los problemas de Winky, ¿pero ¿qué podía hacer? Incluso después de tres años, no comprendía por completo a los elfos, y estaban alrededor de Winky mucho más que ella.

Hermione fue afuera para aclarar su mente después de esa visión. Vio a Harry y los Weasley comenzar una enorme pelea de bolas de nieve, a la cual los gemelos la metieron. Tuvo que admitir que fue bastante divertido, incluso como un todos-contra-todos, pero los chicos protestaron cuando Ginny y ella se fueron a las seis para arreglarse para el baile.

Lo que los chicos no comprendían era que Hermione quería dos horas para arreglarse para el baile no porque ella las necesitara, sino porque sus compañeras de cuarto acapararían el baño. Claro, quizás hubiera querido tres horas si aún tuviera su antiguo cabello incontrolable, pero ellos no necesitaban saber eso.

Hermione rápidamente se puso su vestido y permitió que Lav y Parv arreglaran su cabello. Hicieron un buen trabajo, tuvo que admitirlo… elevando su cabello en un elegante recogido con unos cuantos rizos libres para que no luciera como un evento de negocios. Aunque Hermione insistió en ponerse el maquillaje sola, porque ahí es donde entraba su otra sorpresa. Se lo puso bastante leve en comparación con las demás, suficiente para dar a su piel un aspecto suave, sin marcas, y entonces, lanzó su hechizo. Funcionó muy bien, pero dio un giro a su varita para reducir el efecto hasta que apenas y fuera perceptible. Como su mamá había dicho (y Hermione confiaba en su mamá mucho más que en sus compañeras), menos era más en lo que respectaba al maquillaje, y cualquier cosa más se vería como falso o exagerado. Además, su hechizo duraría más de ese modo.

–De acuerdo, ¿qué piensan? –preguntó Hermione un poco nerviosa cuando salió del baño.

Sus compañeras la observaron. Podían ver que algo había cambiado, y era una mejora, pero no estaban seguras de que.

–Vaya, Hermione, tú, eh… te ves genial –dijo Lavender con una sonrisa–. Te ves mucho mejor de lo que esperaba. Estás brillando. –Entonces, se acercó y entrecerró los ojos–. Quiero decir, literalmente estás brillando. ¿Qué hiciste?

Hermione sonrió ampliamente. Ahora que lo estaban buscando, sus compañeras podían ver que su piel brillaba con una suave y tenue luz blanca.

Sanctitatis Apparentia –dijo ella–. Se me ocurrió hace unos meses, pero pensé que debería guardarlo para ocasiones especiales. –De hecho, el hechizo era su mejor intento de imitar lo que sea que el Ministerio usó para hacer que el estadio brillara durante la copa de quidditch. Esta aplicación era un bono.

–Vaya, no puedo creer que nunca se me ocurrió eso –dijo Parvati–. George no va a saber que le pasó.

Hermione se sonrojó. Una parte de ella definitivamente esperaba que eso fuera cierto.


Notas del autor:

Unasiwod: inglés antiguo para "descosido".

Sanctitatis Apparentia: latín para "apariencia de santidad".