¿Pueden bailar como un hipogrifo? JK Rowling y White Squirrel sí que pueden.

Notas del autor: Trelawney dice que cuando trece comen juntos, el primero en levantarse será el primero en morir. Esto (probablemente) fue cierto en tres ocasiones, pero no en el Baile de Navidad, donde cuatro campeones, cuatro citas, y cinco jueces comieron juntos en la mesa principal. Dumbledore, no Cedric, se levantó primero.


Capítulo 75

Había una costumbre que dictaba que los chicos debían esperar ansiosamente a sus citas, sin idea de cómo iban a lucir. En el caso del Baile de Navidad, todos habían comprado sus túnicas el verano pasado, y no hubo oportunidad de coordinar colores a menos que tu nombre fuera Malfoy o Parkinson, así que los chicos incluso fueron mantenidos en suspenso sobre eso. Esta era una costumbre estrictamente aplicada en las bodas, pero aparentemente también era extendida a los bailes escolares, para la consternación de los chicos. Una persona más amable hubiera dicho que era porque las chicas se tardaban más arreglándose, pero los chicos eran más listos. Era porque a las chicas les gustaba jugar con sus nervios. Y lo estaban logrando. Para todos los jóvenes esperando a que sus citas bajaran las escaleras en la sala común, especialmente aquellos que nunca habían tenido una cita antes, era estresante.

Harry Potter en verdad deseaba no tener que esperar con los tres hermanos mayores de su cita, especialmente los gemelos. Que ellos no sabían con quién iba a ir no ayudaba. Y su cita fue la primera en bajar las escaleras. Ginny Weasley estaba vestida en el atuendo más sencillo de las chicas: túnica verde mar claro con bordes rosados, y no mucho maquillaje o joyería. Harry sabía que mucho de eso era por su edad, pero nunca lo diría, y aun así se veía muy bien. No había notado mucho en su aspecto antes, pero le agradaba. Sus hermanos observaron con sorpresa mientras se acercaba a Harry.

–Hola, Harry –dijo–. Te ves muy bien arreglado.

–Gracias. Erm, tú, eh, te ves bien también –respondió él, y después de pensarlo por un momento, le ofreció su brazo.

–¡¿Ginny?! –soltó Ron.

–¿Sí, Roland? –dijo ella con dulzura exagerada.

–¿Vas a ir con Harry?

–¿Por qué te sorprende? Recuerdo que tú lo sugeriste hace unos días.

–Sí, pero… –Ron se detuvo, sin poder responder.

–Vaya, ¿cómo no lo vimos venir? –dijo Fred.

–No lo sé –respondió George–. Y ahora, ni siquiera logramos hablar con Harry primero.

–Qué curioso resultado –dijo Ginny con una sonrisa.

Harry estaba más nervioso que nunca, y no solo por los gemelos. Con su infancia, no tenía idea sobre citas o bailes, y tenía el mal presentimiento de que iba a arruinar esto de algún modo. Sin embargo, Ginny mantuvo un fuerte agarre de su brazo, lo cual evitó que se desmayara.

Angelina fue la siguiente en bajar, usando una larga túnica de color morado medianoche. Fred de inmediato tomó su mano y la hizo dar una vuelta antes de darle un beso en la frente.

–Escape conmigo, señorita –Angelina se rio.

Un poco después bajaron las chicas de cuarto año, un grupo que resultó estar lleno de sorpresas. Primero, Lily Moon y una muy nerviosa Sally-Anne Perks recibieron todas las miradas y susurros al bajar las escaleras agarradas de la mano… no tantas como hubieran recibido en el mundo muggle, pero el hecho de que eran compañeras de cuarto no fue ignorado. Entonces, Lavender, fácilmente la más ostentosa de todas, buscó a Seamus, y Parvati caminó hacia Ron con elegancia.

La quijada de Ron cayó al suelo. Mientras estaba medio involuntariamente atraído a Fleur, no había notado lo bonita que era Parvati, pero ahora, resaltaba con su túnica rosa con gran cantidad de tonos dorados, incluso en su túnica. Ron en verdad deseaba tener una túnica mejor que su usada túnica del siglo XVIII. Ella frunció el ceño cuando vio los restos de lazo en el collar y puños que había removido, pero no dijo nada.

–Vaya, t…te ves… bien –tartamudeó Ron.

–Gracias, Ronald. ¿Vamos? –respondió ella.

–Erm, sí.

Mientras tanto, George observaba con asombro a Hermione. George había sabido de manera abstracta, incluso antes de que "arreglara" su cabello y dientes (aunque había pensado que su aspecto inusual tenía cierto encanto), que Hermione era una chica bastante bonita debajo de todos esos rizos, pero cuando se tomó la oportunidad de arreglarse, el efecto era impactante. Se había agarrado el cabello, no sólo controlado, pero de una manera elegante con una diadema azul que combinaba con su vestido, cuyas capas en seda lucían como algo de Beedle el Bardo. No parecía que nada en particular hubiera cambiado, pero era casi como si estuviera brillando. Ella atrapó su mirada, y se paró enfrente de él con toda la confianza que pudo y le mostró una sonrisa nerviosa.

–Vaya, Hermione, te ves… hermosa –dijo.

–George, me arrepiento de decir que estabas loco –le susurró Fred.

El maquillaje y su encantamiento ocultaron su sonrojo, pero Hermione sospechaba que aún era notable en parte. Nunca había sido llamada hermosa por alguien que no fuera miembro de su familia, ni esperaba serlo, especialmente a los quince años. Bonita, podría manejarlo, pero hermosa era otro nivel.

–Gracias, George –dijo ella sin aliento, intentando ignorar las miradas del resto del grupo–. ¿Nos vamos?

George lanzó una mirada de superioridad a los otros chicos detrás de su espalda mientras salían de la sala común. Quizás había recibido algo de burla por invitarla, pero no se estaban riendo ahora.

El grupo bajó al vestíbulo, donde aquellos cuyas citas estaban en otras casas se reunieron. Neville generó aún más murmullos y algunos susurros maliciosos cuando tomó la mano de la reluciente Luna Lovegood. Luna se había tomado en serio la idea de Navidad del baile y estaba vestida con una brillante túnica roja con verde y bordes metálicos que hubiera sido ideal como túnica para un elfo Navideño, pero lucía muy bien, y Neville sonrió mientras la acompañaba al gran comedor.

Los Slytherin subieron del sótano… Malfoy y Parkinson juntos, y Crabbe y Goyle solos, o por lo menos no mostraban señales de ir juntos. Los sujeta libros usaban túnicas adecuadas, lo cual los hacía ver como mafiosos. Pansy Parkinson observó con sorpresa a Hermione cuando la vio. Hermione recordaba cómo se había reído cuando Rita Skeeter la había llamado "bonita" y sonrió ampliamente cuando vio que no pudo pensar en un insulto.

–Campeones por aquí, por favor –dijo la profesora McGonagall.

George y Hermione observaron cómo Harry y Ginny se unían a los otros campeones. Cedric y Cho estaban ahí, luciendo como una pareja de cuento, y entonces Fleur y Krum se acercaron con sus citas.

Fred y George no podían creer lo que veían. La cita de Fleur Delacour era su compañero y víctima de bromas frecuentes, Kenneth Towler. Él los miró con la sonrisa más prepotente que le habían visto mientras lo miraban con las bocas abiertas.

–Ese pequeño...

–¡Nos jugó una broma! –dijeron.

Pero Hermione no les estaba prestando atención. No podía creer lo que sus ojos veían cuando notó a la cita de Viktor Krum. Era Padma.

Padma estaba vestida de manera similar a su hermana, pero en turquesa en lugar de rosa, y casi se le podía ver brillar por su propio poder al estar con Viktor Krum. Hermione tenía el presentimiento de que sobresaldría entre todas las otras chicas (excepto quizás Fleur, claro). Lavender soltó un grito a una frecuencia que no debería ser anatómicamente posible y tomó a Lavender y la alejó de Ron, demandando saber porque no le había dicho. Padma sólo sonrió y masculló un "gracias" a su hermana antes de que Krum la escoltara al gran comedor.

El gran comedor había sido decorado en tiempo récord desde el almuerzo, y era una de las imágenes más hermosas que Hermione había visto en Hogwarts. En lugar del usual verde y rojo, era verde y plateado… pero no los colores Slytherin. Era del color verde oscuro de la hiedra y los árboles de Navidad contra el blanco plateado de la escarcha y los témpanos brillantes que cubrían las paredes y el techo. En lugar de las largas mesas de casas, había muchas mesas pequeñas y redondas, en las que se podían sentar unas doce personas, con faroles encendidos.

Todos los jueces estaban ahí, bien vestidos, excepto por el Sr. Crouch. En su lugar estaba Percy Weasley, para la sorpresa de sus hermanos.

–Me han ascendido –explicó a la sorprendida Ginny–. Ahora soy el asistente personal del Sr. Crouch. Quería sorprenderlos. No es tan joven como antes, desafortunadamente… se siente un poco mal.

–¿Aún te sigue llamando "Weatherby"? –preguntó Ginny. Percy se sonrojó y le lanzó una mirada severa, pero no respondió–. Vamos, Perce, es primo de papá y ni siquiera puede recordar tu nombre. ¿Por qué aguantas eso?

–¿El Sr. Crouch es primo de tu papá? –dijo Harry sorprendido.

–Sí, ¿no te lo dijo Sirius?

–No.

–Nuestra abuela y la madre del Sr. Crouch eran hermanas –explicó Percy–, hijas de Arcturus Black y Lysandra Yaxley...

Estaba a punto de explicar más, pero fue interrumpido por las exclamaciones de sorpresa de la multitud, y todas las miradas se dirigieron a la entrada donde vieron algo tan increíble que sobrepasó todo.

Rubeus Hagrid estaba arreglado a la medida… corbata blanca, frac, y todo. Su cabello estaba alisado y arreglado, y sus ojos normalmente conspicuos estaban ampliamente abiertos y brillando. Estaba parado erguido a su tamaño completo, y caminó con confianza hacia Madame Maxime. Nadie se atrevió a hablar. Entonces, Hagrid se inclinó y besó su mano, y habló en un acento francés sorprendentemente bueno.

Bon soir, Madame. Voulez-vous accepter ces fleurs? –Sacó un ramillete hecho de una docena de rosas naranjas. Era obvio que Lavender y Parvati habían estado más ocupadas de lo que Hermione había pensado. Podrían obtener buen dinero en el mundo muggle con tal publicidad.

Madame Maxime soltó un grito ahogado y llevó una mano a su pecho, claramente abrumada por la mejora del hombre.

Monsieur 'Agrid –dijo–. Je serais honoré. –Tomó el ramillete y lo colocó sobre su túnica de gala.

Se escucharon aplausos. Harry había comenzado a aplaudir. Pronto, la mitad del comedor se había unido. Hermione sonrió al ver que su trabajo había resultado. Cuando el aplauso murió, y aquellos en la mesa principal tomaron asiento, sólo Dumbledore permaneció de pie.

–Gracias, Hagrid, por esa excelente apertura –dijo con una sonrisa–. Y ahora, que comience el banquete. –Se sentó y habló a su plato–. Chuletas de puerco.

Pedir comida así era un buen sistema, e ideal para los elfos domésticos. Le daba un ambiente más formal a la cena, como si las decoraciones no fueran suficientes. Hermione y George se sentaron con sus amigos, y Hermione, Lavender, y Parvati explicaron la transformación de Hagrid. Incluso los chicos estaban impresionados. Hablaron sobre esto y eso durante la cena, y los campeones y sus citas también parecían estar pasándola bien en la mesa principal.

Una vez terminó la cena, Dumbledore se puso de pie e hizo las mesas a un lado con un movimiento de su varita, y conjuró un escenario para el entretenimiento de la noche.

De algún modo, Las Brujas de Macbeth eran exactamente como Hermione esperaba que luciera una banda de rock mágica. Definitivamente tenían el aspecto gótico, a pesar de las túnicas de gala, y las guitarras y batería normales estaban mezcladas con un laúd, chelos, y gaitas. Las gaitas de hecho quedaban bastante bien. Las Brujas de Macbeth comenzaron con un vals tradicional, pero Hermione sospechaba que eso cambiaría pronto.

–Pues, entonces, ¿bailamos? –preguntó George.

–Sí, vamos –dijo Hermione, y se dirigieron a la pista.

Hermione definitivamente prefería un baile normal a su broma del maleficio de vals, y se alegró al descubrir que George era un buen bailarín, aún sin el maleficio. Fred y Angelina daban vueltas sin cuidado, pero George mantuvo un paso más tranquilo por su bienestar. Harry y Ginny se movían lentamente en el mismo lugar, y Ginny susurraba algo a Harry mientras intentaban dar algunas vueltas. Hermione sospechaba que le estaba dando algo como una lección de baile improvisada. No le sorprendería que Harry no supiera bailar para nada.

Aunque a Harry le iba mejor que a Neville. El joven de rostro redondo era trágicamente torpe, y su compañera no parecía saber que baile estaban haciendo. Neville intentaba un vals, mientras que Luna parecía estar haciendo un tap.

Espera un minuto… pensó Hermione. Observó a la pareja con más atención por un tiempo y se sorprendió cuando lo vio. Luna estaba esquivando los pies de Neville con una habilidad preternatural cada vez que estaba a punto de pisar sus dedos… al ritmo de la música, sin siquiera mirar abajo, y sonriéndole todo el tiempo como si fuera perfectamente natural. Luna debía ser una maravillosa bailarina o una vidente, pensó. Esa niña en verdad estaba llena de sorpresas.

Y sí, pronto el vals cambió a música de rock con números como "Do the Hippogriff". No era de la preferencia de Hermione, pero continuó bailando. Una vez los campeones fueron liberados del baile inicial, Harry y Ginny se unieron al resto del clan de los Weasley, y cambiaron de pareja por un par de canciones.

–¿No bailas mucho entonces? –preguntó Hermione a Harry cuando se encontró bailando lentamente con él. Él negó con la cabeza.

–Lo siento. No lo iba a aprender de los Dursley. Se que mis tíos fueron a galas de vez en cuando por Grunnings, pero no me los puedo imaginar bailando… me hace sentirme enfermo, de hecho.

Hermione se rio a pesar de sí misma.

–Te ves muy bien, Hermione –dijo Harry–. ¿Qué hiciste a tu rostro?

–Sólo un pequeño encantamiento. Creo que George aún está tratando de descubrirlo.

–Pues, se ve bien. Te ves cómo Cenicienta, de hecho.

–Oh, ¿lo reconociste?

–Oye, no estaba completamente aislado.

Hermione sólo se rio de nuevo y le agradeció por el baile. Después de esa canción, los chicos fueron por bebidas, dejando a las chicas hablando solas.

–¿Te estás divirtiendo, Ginny? –preguntó Hermione.

–Oh, sí, ¡es maravilloso! Aunque Sirius en verdad debió enseñar a Harry a bailar. Todos los sangre pura lo hacen.

–Bueno, sabemos que Sirius no es exactamente normal. –Ambas chicas se rieron.

Mientras tanto, cerca del ponche, Fred y George tenían la conversación con Harry que se habían perdido antes.

–Sólo recuerda, Harry… –dijo Fred.

–...si lastimas a nuestra hermanita… –continuó George.

–Te enfrentarás...

–¡...a la mayor guerra de bromas de todas las guerras de bromas! –terminaron al mismo tiempo.

Harry tembló de manera involuntaria. El temperamento de Ginny era malo por sí solo. No quería contemplar cómo sería el recibir la ira de los gemelos. Desesperado, buscó una respuesta, y la encontró.

–No estoy tan preocupado como George debería de estarlo –dijo. George elevó una ceja.

–¿Qué quieres decir?

–Pues, yo solo tengo que preocuparme por los seis hermanos mayores de Ginny, todos brillantes para algún tipo de magia, además de que ella es muy buena con una varita también. George tiene que preocuparse de Hermione.

La sonrisa de George fue reemplazada con un gesto preocupado, mientras habría los ojos lentamente al considerar las implicaciones.

–Por los pantalones de Merlín, en verdad estás en apuros, George –bromeó Fred–. Harry ni siquiera tiene que amenazarte.

–Bueno, aun así me quedo con lo que ella deje –advirtió Harry–. Hermione ha hecho más por mí de lo que podría pagarle, y espero que sea tratada bien, pero más importante, ella también.

–Pues, me aseguraré de hacerlo –dijo George nervioso.

–Oye, hablando de ser tratados bien, creo que Bagman va a estar libre en un minuto o dos –agregó Fred.

George lanzó una mirada y vio a Ludo Bagman bailando con la profesora McGonagall, de entre todas las personas. Sonrió.

–Será mejor que regresemos con nuestra socia –dijo. Los chicos regresaron con las bebidas para encontrar a las chicas hablando cerca y en susurros.

–Erm… ¿Hermione? –dijo George, preocupado por lo que estuvieran planeando.

–Oh, hola, chicos –dijo Hermione–. Oye, he querido mostrarles algo. ¡Lumos Atra!

La punta de la de la varita de Hermione brilló de un imposible color violeta profundo… como si nada de color violeta debería dar tanta luz. Era un color que la mayoría del grupo nunca había visto en su forma pura. Bajo su luz, su vestido brillo de un color azul suave y pálido.

El de nadie más lo hizo.

–Vaya, eso fue decepcionante.

–¡Hermione, tus dientes! –lloró Ginny.

–Oh ¿mis dientes están brillando?

–Sí. ¿Qué hiciste?

–¿Inventaste un hechizo para luz ultravioleta? –preguntó Harry.

–¡Harry! ¡Tus dientes!

–Sí, eso esperaba –dijo Hermione–. ¿Alguien más? –Los demás mostraron sus dientes, pero ninguno estaba brillando–. Ah, es la pasta dental muggle entonces.

–¿Pasta dental muggle…?

–¿...Cómo estás haciendo eso? –demandaron los gemelos.

–Modifiqué Lumos para que mostrara luz ultravioleta. Es lo mismo que causa las quemaduras de sol, pero no tan peligroso. Hace que algunas sustancias brillen en la oscuridad. Se supone que hace que la ropa blanca brille, pero me olvidé de que los magos no tienen razón para usar jabón para la ropa fluorescente. Es lo mismo con los dientes. Harry y yo somos los únicos que nos cepillamos con pasta dental muggle. Es una lástima. Trabajé mucho en este hechizo. Creo que tendré que estudiar ecuaciones diferenciales parciales para crear mejores hechizos de luz y sonido… mecánica de ondas, y eso...

–¿Pero por qué te importa si tu jabón para lavar ropa hace eso? –preguntó Parvati.

–Porque hace que la ropa blanca brille más en la luz del sol.

Parvati digirió esa revelación mientras George cambiaba de tema.

–Oye, Hermione, creo que podemos tener un momento con Bagman por allá. ¿Gustas acompañarnos? –Hermione lanzó una mirada.

–De acuerdo.

La profesora McGonagall logró separarse de Bagman justo cuando el trío llegó.

–Oh, eh, hola, chicos, chica –dijo nervioso cuando los vio.

–Hola, Sr. Bagman –comenzó Fred.

–Creemos tener un tema del que hablar –terminó George.

–Ey, ey, si esto es sobre lo de la Copa Mundial, aún, les dije que eso fue un malentendido. Sólo tengo que hacer unas cuentas y entonces...

–Ja, sí, claro –interrumpió Fred.

–¿Qué…?

–Mire, Sr. Bagman –dijo Hermione–, no puede seguir pretendiendo que lo del oro leprechaun fue un error después de tanto tiempo.

–Sí, si no puede pagar, sólo dígalo –dijo George en acuerdo.

–Bueno, yo nunca dije eso –protestó Bagman.

–Ciertamente parece así –respondió Fred.

–Bueno, flujo de dinero puede ser… irregular… –tartamudeó él.

–Eso suena como una manera elegante de decir que no lo tiene –dijo Hermione–. De hecho, George, Fred, ustedes están más comprometidos en esto que yo. ¿Qué piensan? Si recibimos sólo nuestro pago inicial, ¿podemos dejar el tema de lado?

Los gemelos se miraron en lo que pareció ser una de sus conversaciones telepáticas, y asintieron.

–Podemos aceptar eso –dijo Fred en acuerdo.

–Bueno, como dije, flujo de dinero… ¿estarán aquí para las otras pruebas? –dijo Bagman. Hermione asintió–. Creo que podemos acordar algo –dijo vagamente–. Oh, miren, mejor voy a hablar con Potter. –Se alejó rápidamente antes de que pudieran protestar.

–¿Qué fue eso? –demandó George.

–A mí me suena a que también perdió lo que le dimos –respondió Fred.

–Espero que no –dijo Hermione–. Esos eran todos sus ahorros.

–Sí. Hemos ganado un poco de vuelta, pero vamos lento –dijo George–. Una cosa es apostarlo todo, pero esto es un robo.

Hermione suspiró. Podía ver que esto no sería una productiva línea de ataque.

–Vamos George –dijo ella–, vamos a bailar.

Bailaron por un tiempo más, pero cuando la música comenzó a alentarse, muchas parejas comenzaron a irse a los jardines a enfriarse o a pasear (y probablemente a otras actividades para algunos, pero Hermione sólo sugirió que fueran a dar un paseo).

El exterior del castillo también fue alterado para la ocasión. El área afuera del patio de la entrada, donde las escaleras llevaban al muelle, había sido convertido en un adorable jardín de rosas, dando a las parejas suficiente espacio para moverse en privado. Esperaba que lo mantuvieran así. Sería una maravillosa adición a la escuela tan privada de arte. Si había algo que apreciaba de Beauxbatons, era su lado artístico.

Aunque Severus Snape claramente no apreciaba mucho del arte, destrozando los rosales para espantar a las parejas ocupadas en esas otras actividades, además de a cualquiera que pudiera escuchar a escondidas su conversación con Igor Karkaroff, de entre todas las personas. Eso era sospechoso e innecesariamente destructivo. Hermione y George escucharon algo sobre Karkaroff teniendo miedo de algo "más oscuro" y Snape sugiriendo que huyera, pero no podían acercarse más por miedo de provocar la ira de Snape, así que no tenían idea de que se trataba. Eventualmente, encontraron un rincón oculto con nadie más y sin maestros cerca donde podían hablar en privado.

–Así que, Hermione –dijo George–, hay algo que me he estado preguntando toda la semana.

–¿Oh? ¿Lo hay? –dijo ella nerviosa.

–Sí. El domingo, con esa broma del vals, ¿estabas intentando que te invitara al baile? –Ella se rio algo nerviosa.

–Bueno, no en público, pero… sí, lo estaba. –Él le sonrió.

–Pues... de hecho, estaba intentando agarrar el valor para invitarte, así que supuse que sería mejor hacerlo antes de cambiar de idea. –Hermione lo miró con sorpresa.

–¿Ya lo estabas pensando? –dijo ella, incrédula.

George se sonrojó, algo extraño en cualquiera de los gemelos, o por lo menos cuando no estaba relacionado con un experimento.

–Sí. Quiero decir, eres la chica más brillante que he conocido. Eres una de las pocas personas que puede mantener el paso con Fred y conmigo. Sabes divertirte, y no tienes miedo de meterte en problemas para una buena causa. Y siempre eres tan amable y cariñosa… –Hermione estaba más roja que él ahora–. Tenía miedo de invitarte, si puedes creerlo –dijo él.

Hermione abrió su boca para decir que no lo creía, pero se detuvo. Si hubiera sido Fred, no lo hubiera creído, pero George… él la sorprendería.

–En serio –continuó él–. Para empezar, podía ver que te gustaba Diggory, y él es bastante intimidante, pero incluso después de que se consiguió a alguien más, me quedé pensando, "¿cómo se fijaría una chica tan inteligente como ella en alguien que reprobó la mayoría de sus TIMOs?" Pero cuando hiciste esa broma, pensé que quizás significaba algo, así que te tomé y comenzamos a bailar, y cuando no me lanzaste un maleficio, estuve seguro… pero sabes, había algo más… algo tonto, en serio, pero cuando lo noté, pensé que quizás yo también te gustaba.

–¿Qué quieres decir? –dijo Hermione, confundida.

–Este verano… comenzaste a llamarnos "George y Fred" algunas veces en lugar de "Fred y George".

–¿Y?

–Y, nadie nunca nos había llamado "George y Fred" antes. Ni siquiera nuestros padres.

–¿Nunca?

–Ey, si nos estás hablando a los dos, ¿por qué cambiarlo? ¿Por qué lo hiciste ?

–Yo… no lo sé. No lo había notado. Creo que fue lo de "Gred y Forge" confundiéndome.

–Pues, yo lo noté –dijo él–. No es que me importe ser el segundo la mayoría del tiempo, pero cuando tú lo cambiaste, fue como si me notaras por encima de Fred, y se sintió… pues, bastante bien. Eso… eso no pasa muy seguido. –Hermione le mostró una media sonrisa.

–¿Y por qué no? –dijo ella–. Seamos honestos; no creo que Fred sea tan considerado como tú. Y definitivamente es más insensato. No es mi intención hablar mal de él… –agregó rápidamente.

–No, lo entiendo –dijo George–. La mayoría piensa que somos intercambiables. Rayos, creo que ni siquiera nuestros hermanos se dan cuenta de que somos dos personas diferentes la mayoría del tiempo. Pero tú nunca nos confundes. No puedo recordar una sola vez que lo hicieras. Incluso mi mamá no siempre dice el nombre correcto.

–Solo porque se la viven tratando de confundirla. Si intentaran confundirme así, yo también me equivocaría.

–Bueno, eso. Quiero decir, hemos practicado todas nuestras vidas para poder terminar lo que decimos. Pero aun así, casi nadie fuera de nuestra familia lo nota, pero tú… tú no tuviste ningún problema. Dijiste que lo viste hace un año.

–¿Lo hice?

–Básicamente, sí. Dijiste que Fred era el gemelo malvado, y que yo era el gemelo menos malvado.

–¿Lo recuerdas?

–Claro que sí. ¿Qué…? Espera. –Se detuvo y estiró una mano hacia su rostro. Hermione se puso tensa, pero él solo jugó con su cabello por un momento–. Tenías un escarabajo en tu pelo –explicó.

–Qué asco.

–Sí. –Él aventó el insecto, y este voló hacia el castillo–. Pero sí, lo recuerdo, Hermione. Te importamos lo suficiente para que aprendieras que no somos la misma persona. Y entonces, comenzaste a prestar atención a mí, específicamente. Ambos sabemos que Fred es más extrovertido. Mejor con las chicas también. Pero tú me prestaste atención a mí.

Hermione apenas y había notado que estaban parados más cerca que antes.

–¿Es por eso por lo que te comencé a gustar?

–No lo sé –dijo él–. Quizás. O quizás antes de eso. Me llegó de repente. Quizás fue cuando encontraste las cocinas sola y nos ayudaste a luchar contra Peeves con un tenedor para carne, o tal vez la primera noche cuando confundiste al sombrero seleccionador. –Hermione se sonrojó profundamente. No podía imaginar que la pequeña y callada niña de once años atrajera tanta atención–. No lo sé, tal vez sólo fue apreciación por la pequeña niña causando problemas –dijo. Entonces sonrió–. Creo que la primera vez que cruzó mi mente fue hace dos años cuando nos dijiste que robaste del profesor Snape. Pensé, "esta es una chica que podría causar problemas que nosotros nos podríamos." –Ella se rio. Aún no le gustaba romper las reglas, pero eso debía ser uno de sus logros más exitosos.

–¿Y tú? –preguntó él.

–Yo… –Lo pensó por un minuto–. No creo haberlo pensado antes del domingo. Pero ha estado viniendo por un tiempo. Siempre he apreciado tu habilidad para la magia, incluso si en su mayoría la usan para bromas. Y puedo ver que eres más sensato de lo que recibes crédito, con tus planes para la tienda. Y el año pasado cuando me dijiste que estabas preocupado por mí lo suficiente para buscarme en la sala de los menesteres… nunca te dije lo mucho que eso significó para mi… pero no, no consideré otras opciones hasta que Cedric me rechazó –admitió–. Aunque en verdad me alegra haberlo hecho –agregó rápidamente con una sonrisa.

George sonrió mientras ella lo miraba. Se acercó un poco a ella y puso su brazo alrededor de su hombro. Fred lo hubiera hecho en ese momento. De hecho, con cualquier otra chica, George también lo hubiera hecho, pero recordó lo reservada que Hermione era, y la poca confianza que tenía en ella misma, socialmente.

–Hermione… ¿puedo besarte? –preguntó.

Ella abrió la boca con sorpresa y su corazón latió a toda prisa. Casi se asustó y dijo que no, pero entonces recordó las palabras de su madre y lo reconsideró: diviértete, y quizás besa a un chico. De cualquier modo, lo único que pudo obligar a su boca a responder fue:

–Yo… s.…sí.

George, más caballero de lo que hubiera soñado, tomó su barbilla con una mano con gentileza mientras se inclinaba, y ella se puso de puntas para encontrar sus labios. Todos los pensamientos escaparon de la mente de Hermione por varios segundos… algo impresionante para ella… pero rápidamente, dudas comenzaron a llegar de nuevo. No se alejó bruscamente, pero lo terminó más pronto de lo que le hubiera gustado.

–Oh, Dios. Oh, Dios. Oh, Dios –murmuró en voz baja, y no de buena manera, y George lo notó.

–¿Qué? ¿Tan mal? –dijo él preocupado.

–¡No, no! ¡Estuvo bien! –dijo ella al instante–. Es sólo que… lo siento… es sólo que… ¿dónde estamos, ahora? –George parpadeó.

–¿En el jardín de rosas?

–No, tonto, quiero decir, tú y yo. –George frunció el ceño.

–No lo sé –dijo él–. El beso estuvo bien, y creo que tuvimos una cita muy agradable… Erm, ¿dónde quieres que estemos?

–Ese es el punto. No lo sé. Me voy a casa mañana. Solo estaré aquí dos veces más este año, y probablemente intentando enseñar a Harry con frenesí como no morir todo el tiempo. Y después, no creo estar aquí para nada el próximo año. El año que sigue, cumpliré diecisiete, pero tú ya te habrás graduado para entonces, así que solo podremos vernos en las vacaciones...

–Oh. El problema clásico de la separación. Pues, creo que está en ti, Hermione. Erm, si quieres intentar la larga distancia, yo puedo...

–No creo que sea una buena idea, considerando el futuro –lo interrumpió ella.

–Ah. O… podemos decir que fue una cita agradable, y continuamos con nuestras vidas, sin compromiso.

Hermione tomó un gran respiro que se transformó en un gran suspiro.

–Es lo mejor –dijo ella–. No creo estar lista para algo serio aún… lo siento, George. Quizás si las cosas cambian, pero...

–No, lo entiendo. Es una situación extraña, y ya tienes suficiente de lo que preocuparte. Sólo asegúrate de mantenernos al tanto de tu investigación.

–Por supuesto.

–De acuerdo, entonces. Sin compromiso –dijo él.

–Sin compromiso –dijo ella. Entonces lo abrazó–. Muchas gracias, George. En verdad fue una cita maravillosa.

–Tú has estado brillante también, Hermione –respondió él–. Vamos, creo que hay tiempo para un último baile. –La besó de nuevo, pero en la mejilla–. Dime, hay algo que me ha estado preocupando.

–¿Lo hay?

–Sí, no estaba seguro hasta que llegamos aquí, pero… tu rostro está brillando.

Hermione se rio y explicó su encantamiento mientras caminaban de regreso al castillo. La última canción, "Magic Works" era tan perfecta tanto para muggles como magos que hizo que Hermione deseara por primera vez que las Brujas de Macbeth vendieran CDs. Se sintió decepcionada al darse cuenta de que ella y George no tendrían una segunda cita (para su sorpresa), pero aún sonrió melancólicamente mientras subía a la torre de Gryffindor, y durmió más profundamente esa noche que en mucho tiempo.


–Hermione, ¿cómo estuvo el baile? –preguntó su mamá camino a casa de Londres al día siguiente.

–Fue maravilloso, mamá –dijo Hermione–. Muchas gracias por dejarme ir.

–Nos alegra poder hacerte feliz, cariño –dijo ella–. Así que, ¿besaste a un chico?

–¡MAMÁ!

–¡Emma! –dijo su papá.

–Oh, se está poniendo de un color nada natural, Dan –bromeó su esposa–. Creo que es un sí. –Su papá guardó silencio.

–¿Hermione? –dijo él preocupado.

–Fue la idea de mamá.

–¡Emma!

–Tranquilo. Nuestra hija tiene quince años y muy buen juicio –le recordó su mamá–. Así que, ¿quién fue, Hermione?

–Mamá, ¿en verdad tenemos que…?

–Claro que sí, tienes que decirnos de tu gran noche.

–Suenas tan mal como mis compañeras de cuarto.

Su madre soltó una exclamación de falsa indignación. Sabía lo suficiente sobre las compañeras de cuarto de su hija.

–Eso no es justo. Creo que por lo menos merecemos saber con quién fuiste… ¿Fue tu cita a quien besaste, no?

–No, mamá, vino la estrella internacional de quidditch y caí rendida a sus pies –dijo Hermione con perfecta seriedad. Vio a sus padres intercambiar miradas preocupadas por el retrovisor, y comenzó a reírse. Jaque mate, pensó.

–Por Dios, Hermione, no nos hagas eso –dijo su madre, aunque de inmediato comenzó a reírse también–. No creo que tu padre pueda soportarlo.

–¡Oye! –dijo su papá.

Hermione tuvo que calmarse antes de poder hablar de nuevo.

–Vamos, mamá –dijo de inmediato–, no soy ese tipo de chica. Fui con George Weasley.

–¿George Weasley? –repitió su mamá.

–¿Qué no es uno de los gemelos que siempre está causando problemas? –preguntó su papá.

–Sí, sólo tres TIMOs, bromista de la clase, y muchas detenciones por eso; ese –dijo con tono defensivo, y las palabras salieron antes de que pudieran interrogarla más–. Pero, honestamente, es mucho más que eso… ambos, realmente, pero George en especial. Es amable y considerado. Es muy listo, muy divertido, y tiene mejores prospectos que lo que todos piensan.

–De acuerdo, comprendemos –dijo su mamá–. No estábamos desaprobando, sabes… Bueno, quizás tu padre...

–Estoy aquí, sabes.

–Pero es bueno escuchar que piensas tan bien de él. Suenas bastante embelesada. –Hermione soltó un chillido.

–Erm… no, no lo creo… Acordamos que no saldríamos más –soltó.

–¿Oh? ¿Por qué no?

–Escuelas diferentes. Estar lejos diez meses del año. Además, se gradúa en otro año. Quizás podamos salir después de que termine la escuela, pero no estaba dispuesta a comprometerme a eso, y no creo que él tampoco.

–Oh, cariño, es una lástima. ¿Estás bien?

–Estoy bien –dijo, aún si soltó un leve suspiro–. Ambos acordamos que era lo mejor.

–De acuerdo, entonces… Espero que tomaras fotos.

–Claro que sí. Hubo un fotógrafo esa noche. –Sacó dos impresiones brillantes de su bolso y las dio a su madre. Una tenía solo a ella y George, y la otra era de los cuatro Weasley con sus citas.

–¡Dios mío! –exclamó su mamá–. Te ves hermosa, Hermione. Incluso más de lo que me imaginaba cuando compramos tu vestido.

–Bueno, tuve ayuda con mi cabello. Y algo de maquillaje mágico.

–Es encantador. Y George no se ve muy mal tampoco. ¿No lo crees, Dan?

Su papá sólo pudo lanzar una mirada rápida mientras manejaba, pero sonrió cuando la vio.

–Eres una joven hermosa, Hermione –dijo, cuidadosamente evadiendo la pregunta de su esposa.

–Gracias, papá. –Ella le sonrió de regreso–. Oh, también tengo una foto de cómo llamé su atención para que me invitara. –Le entregó la foto de George y Fred bailando juntos, y su mamá se rio histéricamente–. Vaya, aún puedes sorprenderme –dijo mientras recuperaba el aliento.

–Aún estoy sorprendido de que fuiste con George –continuó su papá con cautela cuando se calmó–. Mencionas a Harry y Ron más en tus cartas. –Ella sacudió la cabeza.

–No, no creo que funcione con ninguno de ellos. Primero, Harry y Ginny son una mejor pareja que Harry y yo. Creo que Harry sólo tiene dos velocidades: despistado e intenso, y creo que Ginny está más preparada para manejar eso. Además, ya le gusta a ella. Y Ron...

–¿Sí? –presionó su mamá.

–No lo sé. Hubiera considerado a Ron antes de que se peleara de ese modo con Harry. Es como si tuviera dos lados. Si lo pones en algo que le interesa, es bastante motivado. Y brillante. Y valiente también. Siempre puedes contar con él en una pelea genuina. Pero la mayoría del tiempo, eso no se ve. Es amable, pero honestamente, es muy flojo, más que inmaduro, de corto temperamento, y tiene un complejo de inferioridad masivo. No puede aguantar la presión social. Ha estado mejor desde que hablamos con él seriamente después de la primera prueba, pero no sé si pudiera salir con él después de lo que hizo.

–Es bueno que lo descubrieras pronto –le aseguró su mamá–. Y sobre George, creo que lo único que puedes hacer es ver qué pasa.

–Sí, eso creo.

–Es bueno tenerte en casa, Hermione –agregó después de un momento–. Feliz Navidad.

–Feliz Navidad.


–¡Oh, que maravilloso! –dijo Molly Weasley mientras examinaba la carta de su hija al día siguiente–. Ginny nos envió fotos del Baile de Navidad.

–¿Lo hizo? –dijo Arthur con entusiasmo–. Veamos. Veamos.

–De acuerdo –respondió Molly. Se sentaron uno al lado del otro en el sofá para verlas–. Ahí están Ginny y Harry. Oh, se ven adorables, ¿no?

–Sí, ciertamente, caramelito –dijo él, dejando de lado su instinto paternal por un momento y admirando lo adorable que su hija era y lo feliz que ella y el niño que era casi su hijo se veían juntos.

–Y ahí está Ron y… –Revisó el nombre–. Parvati Patil. Luce como una buena niña. –No parecía que se llevaran tan bien como Ginny y Harry, pero parecían lo suficiente amigables–. Y ahí está Fred… creo que ese es Fred… sí, Fred y Angelina Johnson… oh, del equipo de quidditch. Estoy segura de que se divirtieron bastante. Y la última es… –Se detuvo, y sus ojos se abrieron ampliamente cuando vio la última foto.

–¿Es quien creo que es? –dijo Arthur.

–Parece que es ella, pero… –George estaba de pie junto a su cita, rodeando sus hombros con su brazo, ella recargada contra él, ambos sonriendo ampliamente, y aun así Molly no podía creer lo que veía. George había ido al Baile de Navidad con Hermione.

George Weasley había ido al Baile de Navidad con Hermione Granger.

George Weasley, si no estaba equivocada en su suposición, había besado a Hermione Granger.

Y Hermione no le había lanzado un maleficio.

Molly honestamente había pensado que había algo entre Ron y Hermione antes del desastre de este año, ¿pero George? Amaba a George tanto como a sus otros hijos, pero no podía imaginar que veía una chica como Hermione en él. Siempre era tan seria y estudiosa, y George… no. Con solo tres TIMOs y esa tontería de los Sortilegios Weasley… nunca aplicándose a sí mismo, como sus hermanos. Incluso si no estaba feliz de que sus hijos mayores vivieran en el extranjero, eran exitosos y estaban satisfechos, mientras que a los gemelos sólo parecían importarles las bromas. Que Hermione saliera con George no tenía sentido.

Y, de hecho, los gemelos también la habían sorprendido con su elección de citas. Siempre había asumido que Fred y George se buscarían otro par de gemelas, como las chicas Patil, o citas dobles con las chicas del equipo de quidditch o algo similar. Pero no, Fred había salido con la atleta y George con la académica. Sí, sabía que no eran la misma persona. Incluso podía (usualmente) distinguirlos a primera vista, pero era una sorpresa verlos tan separados en algo.

–Bueno, Molly, quizás ella le hará bien –sugirió Arthur.

–Eso sería bueno –dijo ella en acuerdo–, pero creo que me preocupa más como la corromperá él.


Molly quizás hubiera estado más preocupada por la influencia de Hermione en George si supiera que Hermione, en ese momento, estaba trabajando duro en una nueva lista de maleficios para Harry. Primero: el maleficio de taladro dental.

Aunque si lo pensaba, mejor se guardaba ese.


Notas del autor: basado en el latín para "luz negra".