Creevey Bros Pictures es propiedad exclusiva de White Squirrel, aunque los hermano Creevey le pertenecen a JK Rowling, así como el resto del universo de Harry Potter.
Capítulo 79
Hermione pasó su día en Hogwarts con sus amigos, escribiendo una carta a casa sobre la prueba, trabajando con los hermanos Creevey en las fotos, y haciendo lo más cercano que podía a relajarse. Se tomó parte de esa mañana observando a Colin y Dennis en el cuarto oscuro mientras extraían las mejores fotos de los omniculares de Ron. Había una buena cantidad de fotos buenas de los campeones nadando juntos, luchando contra grindylows, y liberando a los rehenes, Krum alejándose, los otros saliendo de la jaula de alga estranguladora, y entonces separándose.
–¡Están geniales! –dijo Colin–. Fotos exclusivas también. Valdrán una pequeña fortuna. Diez galeones, fácil. Quizás veinte.
–Podemos crear anuncios clasificados con ese dinero –dijo Dennis–. ¿No lo crees, Colin?
–Probablemente, sí. Vaya, estamos iniciando un verdadero negocio mágico, Dennis. ¿Qué genial es eso? Podríamos llamarlo Creevey Bros. Pictures. Tú sabes, como Warner Bros.
–¡Por la barba de Merlín! –exclamó Dennis. Ambos Creevey hacían lo posible por usar lingo mágico. Pero eso no fue en respuesta a su hermano. Mostró la foto más reciente, y tanto Colin como Hermione soltaron una exclamación de sorpresa al ver a Ginny besando a un Harry sin camisa bajo el agua, algo que no habían hecho en público ayer.
–Mejor checo con ellos antes de revelarla –dijo Hermione.
–¿Así que Moody te dio branquialgas? –dijo Sirius.
–Sí. Justo antes de la prueba –respondió Harry a través del espejo mágico–. Parecía pensar que las necesitaría.
–Mmm, romper las reglas de manera tan obvia es mucho, incluso para él. ¿Le dijiste que ya tenías otra manera de hacerlo?
–No exactamente, pero le dije que Hermione tenía un plan.
–¿Y cómo reaccionó a eso? –preguntó Sirius.
–Parecía algo molesto, de hecho… Ahora que lo pienso, fue lo mismo durante la primera prueba.
–Extraño. Aunque quizás no confía en nadie más que en él mismo.
–¿Pero por qué hacer tanto por ayudarme?
–Órdenes de Dumbledore, sospecho. Moody puede ayudarte más que Dumbledore, y ambos quieren mantenerte a salvo. Puedo escribir a Dumbledore al respecto, si quieres.
–No, tiene sentido, Sirius –dijo Harry.
–¿Con quién estás hablando, Harry? –dijo una joven pelirroja, inclinándose sobre su hombro.
–¿Ginny? Pensé que estabas afuera –dijo Harry.
–Me preguntaba a donde habías ido. ¿Es Sirius?
–Erm, sí. Espejo mágico.
–Hola, Ginny –dijo Sirius–. Espero que la prueba no fuera dura contigo.
–No, no, diría que estuvo bastante bien –dijo Ginny con una sonrisa.
–Oh, creo que ahí hay una historia –presionó Sirius. Harry rápidamente cambió el tema de regreso.
–Estábamos hablando de porque Moody me dio las branquialgas.
Ginny asintió, aparentemente no ofendida.
–Eso fue extraño –dijo ella en acuerdo–. Oye, ¿Moody aún se está reuniendo con el Sr. Crouch?
–Eh, sí, un par de veces.
–¿De qué se trata esto? –preguntó Sirius.
–El Sr. Crouch ha dejado de venir –explicó Harry.
–Percy dice que está enfermo -agregó Ginny.
–Sí, pero lo he visto reuniéndose con el profesor Moody en su oficina en el mapa del merodeador.
–¿En serio? Eso suena sospechoso –dijo Sirius–. ¿Estás seguro de que era él?
–A menos que haya otro Bartemius Crouch.
–No, el único otro sería su hijo, y él murió hace años.
–¿Podría haber fingido su muerte, como Colagusano? –preguntó Harry. A ese punto, casi nada en el mundo mágico le sorprendería.
–No. Él murió en Azkaban. Yo mismo vi cuando se lo llevaron –dijo Sirius–. Además, Moody lo sabría.
–¿El hijo de Crouch estuvo en Azkaban? –comenzó Harry, pero fue interrumpido por otra chica. Hermione se estaba acercando con una sonrisa maliciosa.
–Hola, Harry. Hola, Ginny. Justo la pareja a la que estaba buscando.
–¿Hermione? –dijo Harry–. Uj, pensé que la sala común sería lo suficiente privada a esta hora del día.
–Hola, Hermione –habló Sirius–. Buen trabajo descubriendo la prueba.
–Erm, gracias, Sirius –dijo ella, notando que el espejo estaba activo–. Yo, erm… pedí a los hermanos Creevey que sacaran la grabación de ayer de los omniculares de Ron. Encontramos una sección que pensé les gustaría ver.
Harry la miró con sorpresa, y después palideció. Ginny se sonrojó cuando comprendió lo que Hermione estaba diciendo.
–¿Oh, tienes fotos de la prueba? –dijo Sirius con curiosidad.
–Sí. Mira.
–Hermione –gruñó Harry.
–Creo que salió bastante bien. –Volteó la brillante foto para que sus amigos y el espejo pudieran verla. Ginny estaba flotando, su túnica y su largo cabello rojo ondeando en el agua oscura como una ninfa acuática extrañamente vestida. Estaba literalmente nariz con nariz con Harry, inclinándose dentro de la burbuja alrededor de su cabeza. Se acercó un poco más y sus labios se encontraron. Lo mantuvo por un segundo o dos, sus brazos alrededor de su torso desnudo, antes de separarse solo un poco. Comenzó a decir algo, pero se separó cuando las branquias se formaron en su cuello antes de que el ciclo comenzara de nuevo.
Sirius soltó un silbido canino.
–¡Sabía que lo tenías en ti, Cachorro! –dijo con entusiasmo–. Cuida bien de él, Ginny.
–No te preocupes, lo haré –dijo la chica más joven, cruzando su brazo con el de Harry.
–Por favor dime que no la enviaste al Profeta –dijo Harry.
–Por supuesto que no. No te haría eso –le aseguró Hermione.
–Aunque podría necesitar unas copias –dijo Ginny.
–¿Para qué? –preguntó Harry preocupado. Ginny le dio un beso rápido en los labios.
–Como evidencia para impresionar a mis amigos –dijo.
Con ese asunto arreglado, Hermione finalmente tuvo tiempo de visitar las cocinas. George y Fred la acompañaron, ya que visitaban con frecuencia de todos modos, aunque usualmente por algo de comer. Se sentiría culpable si se perdía la oportunidad de ver a sus amigos elfos durante sus raras visitas, y también quería ver cómo estaba Winky. Había estado preocupada por ella desde Navidad.
Los elfos a los que Hermione conocía bien, como Sonya, Tilly, Vanny, Smidgen, y Remie, estaban muy contentos de verla. Las cocinas estaban zumbando por noticias de la segunda prueba, y le preguntaron todo lo que podía decir de esta, lo cual era más que alguien excepto los campeones podía contar. Los elfos parecían bastante perdidos cuando intentó explicar teoría de juegos, pero los gemelos lo encontraron fascinante.
–Nunca me imaginé que había tanta aritmancia en estrategia –exclamó Fred–. O en las finanzas, además de los libros de contabilidad.
–Oh, está en todos lados en el mundo muggle –le dijo Hermione–. Ahora casi se tiene que saber bastantes matemáticas para ser competitivo en los niveles más altos en muchos campos.
–Así que supongo que estarás preparada en ambos mundos –dijo George.
–Erm, no sé si llegaría tan lejos, pero es lo que intento.
–Fred, deberíamos haber tomado Aritmancia –dijo. Fred se burló.
–Quizás tú deberías haberlo hecho. Te doy Runas Antiguas, pero no espero que necesitemos de mucha aritmancia en la tienda… sin ofender, Hermione.
–Uuuuh, ¿vas a dejar que diga eso, Hermione? –le sonrió George.
–Está bien. He estado escuchando "¿para qué sirven las matemáticas?" toda mi vida. Dejaré que los resultados hablen por sí solos.
George se burló de Fred hasta que Fred habló.
–Oye, ¡también está hablando de ti, sabes!
Hermione se rio de ambos por un poco más antes de continuar con su plan.
–Por cierto, ¿dónde está Winky? ¿La has visto, Dobby?
Las orejas de Dobby cayeron, al igual que las de unos cuantos elfos más, notó.
–Winky está junto al fuego, señorita Hermione –dijo Dobby–, pero no creo que le guste lo que vea.
Preocupada, Hermione se apresuró a la chimenea, y soltó un grito ahogado cuando la vio. Winky lucía peor que antes. Estaba tan llena de polvo, hollín, y manchas que parecía haber estado viviendo en un arbusto. La corbata del Sr. Crouch alrededor de su cuello permanecía limpia, pero desgastada, deshilachada y harapienta por lo que Hermione supuso debía ser limpieza obsesiva. Su propio uniforme, la toalla de té de Hogwarts, estaba haraposa y sucia. Winky se balanceó en su pequeño taburete, casi insensible, con una botella de cerveza de mantequilla en una mano.
–Por la barba de Merlín, ¿qué le pasó? –dijo uno de los gemelos. No se volteó para ver cuál.
–¿Cómo terminó tan mal? –dijo Hermione, más para sí misma–. ¿Qué ninguno de los otros…? –Pero la mayoría de los otros elfos alejaron sus miradas y regresaron a su trabajo. Algo estaba muy mal aquí–. ¿Winky? Winky, ¿puedes escucharme?
Winky gimió y se tambaleó en su taburete, tirando cerveza de mantequilla en su toalla.
–Hic… ¿Señorita Hermione Grager? ¿Es… hic usted?
–Sí, Winky, soy yo.
–¿Acaso el… hic… Sr. Crouch de Winky la envió?
Hermione miró preocupada a los otros elfos.
–No, Winky, el profesor Dumbledore es tu amo ahora. Te unió al castillo. ¿No lo recuerdas?
–Winky quiere regresar… hic… a casa –se quejó la elfina–. El Sr. Crouch de Winky debe… hic… regresar.
–De hecho, no creo haber visto a Crouch desde antes de Navidad –dijo Fred. Winky chilló con fuerza.
–¿El Sr. Crouch no está aquí… hic? –dijo Winky.
–No. Percy dice que está enfermo, pero hay algo extraño...
–¡Oh, pobre amo! –lloró Winky–. ¡No puede… hic… estar sin Ginny! Winky debe… hic… ayudar… –Se puso de pie de golpe, pero al hacerlo, la botella cayó de su mano y rebotó en el suelo. Se había levantado muy rápido. Se tambaleó y cayó sobre su rostro.
–¡Winky! –Hermione se apresuró a su lado para ayudarla. La elfina parecía inconsciente, y su piel estaba fría y húmeda. Hermione le giró la cabeza de lado para que no se ahogara si vomitaba, y dos elfos colocaron un mantel sobre ella y continuaron con su trabajo sin hablar. Hermione levantó la mirada y vio a la elfina mayor de ojos grises–. Tilly, por favor, ¿no hay nada que podamos hacer para ayudarla? –preguntó–. Se que está devastada por ser liberada, pero...
Tilly negó con la cabeza con tristeza.
–Señorita Hermione, necesita entender. Para un elfo, el ser despedido es perderlo todo. Uno no tiene más que la ropa que el amo da y una reputación arruinada. Incluso si un elfo despedido encuentra trabajo, incluso si es unido a un amo nuevo, destruye a muchos, y no hay ayuda. Tienen que hacerlo solos. Un elfo que es despedido o se recupera solo o...
–¿O…?
–O muere, señorita.
Hermione guardó silencio. De repente, las palabras de Draco Malfoy a Dobby durante la Copa Mundial tuvieron sentido. En su arrogancia, había esperado que Dobby muriera sin sus amos, ya fuera envenenado por el alcohol, negligencia, o pobreza. Pero Dobby había querido ser libre, y había encontrado un nuevo empleo de inmediato que lo trataba como a una persona y valoraba su tiempo. Como resultado, probablemente era el elfo más saludable mentalmente y más satisfecho en Gran Bretaña, incluso si algo loco.
Pero la mayoría de los elfos no querían ser libres. No querían ser libres con una ferocidad desesperada que era escalofriante. Los muggles quizás lo llamarían síndrome de Estocolmo, pero no se acusaba a los perros de tener síndrome de Estocolmo cuando se sentaban a vigilar las tumbas de sus amos, ¿verdad? Y eso era más cercano a su personalidad, al ser criados mágicamente de animales para ser sirvientes. De cualquier modo, podía ver lo difícil que sería para ellos ser despedidos. ¿Pero por qué no ayudaban los demás? No podía creer que no hubiera algo que pudieran hacer.
–Pero debe de haber algo –insistió ella–. Tienen a toda una comunidad aquí. ¿No tienen a un terapeuta o algo? ¿Alguien con quien pueda hablar y ayudarla a recuperarse? Es miserable, y parece que la mayoría solo la está ignorando.
–Disculpe, señorita Hermione –dijo una elfina muy educada a la que recordaba como la madre de Smidgen–, pero es vergonzoso tener a un elfo en las cocinas que no trabaja bien. Los elfos domésticos no tienen derecho a estar tristes cuando hay trabajo que hacer y amos a los cuales servir.
–¡Por todos los cielos! –exclamó Hermione–. Algo se tiene que hacer. Si esto continúa, se va a ahorcar a sí misma con esa corbata. –Buscó en sus bolsillos cinco monedas de plata–. Toma, Dobby, estoy pagando tu sueldo del día siguiente. Límpiala; intenta desembriagarla, y quiero hablar con ella en privado antes de regresar mañana, si está dispuesta. Aquí hay dos sickles más por si necesitas comprar algo para ella, y pagaré la diferencia mañana si no es suficiente.
Se sintió consciente de todas las miradas de los elfos sobre ella. Incluso Dobby lucía sorprendido. El resto lucían incluso escandalizados de que haría algo así, tan fuera de su experiencia. Algunos tuvieron la decencia de lucir incómodos… no avergonzados, no habían llegado tan lejos. George y Fred no estaban sorprendidos de ella, pero quizás estaban sorprendidos por el espectáculo.
Sonya observó al bulto en el suelo donde Winky dormía bajo el mantel. La mente de la joven elfina daba vueltas rápidamente intentando procesar esto. Sonya sabía que la señorita Hermione era excéntrica, incluso para los magos. Nunca habría sido amiga de un elfo de otro modo. Y Sonya era muy diferente de los otros elfos, pero tenía muchos prejuicios por cómo había sido criada que no podía comprender por completo porque alguien como Winky provocaría que su mejor amiga humana hiciera algo como esto. Sonya se sentía incómoda por Winky, pero pensó que así era cómo funcionaba el mundo.
–Dobby ayudará a Winky, señorita Hermione –dijo Dobby. Aun así, ninguno de los otros elfos habló.
–Creo que los rompiste –dijo Fred a Hermione con una sonrisa. Aunque ambos sabían que no era tan gracioso.
–Tenía que hacer algo –murmuró Hermione. En voz más alta, se dirigió a los elfos–. En el mundo muggle, cuando alguien tiene un colapso nervioso, como Winky, o cualquier otro problema emocional, no los ignoramos. Intentamos ayudarlos. Y si fueron lastimados de tal modo que parece imposible, lo intentamos más. No somos perfectos, pero nunca rechazamos a nadie porque no son populares o por vergüenza.
Algunos de los elfos comenzaron a lucir avergonzados y a hablar entre ellos. Bien; comenzaban a entenderlo. Era escalofriante, aunque predecible, que incluso los elfos domésticos tenían sus prejuicios.
Dobby intentó levantar a Winky y sacarla de la cocina, pero era claramente muy incómodo para él.
–¡Sonya ayudará a Dobby!
Una onda de chillidos llenó la cocina mientras la joven elfina se separó de sus compañeros. Hubo susurros poco amables con su nombre, pero su abuela Tilly, reveladoramente, no dijo nada.
–Sonya ayudará a Dobby mientras está en su descanso –repitió. Cada uno colocó uno de sus brazos alrededor de sus delgados hombros para poderla cargar bien.
–Gracias, Sonya –dijo Hermione–. En verdad lo aprecio.
Sonya le sonrió mientras continuaban caminando a la salida.
Los gemelos no parecían saber que decir. Nunca habían visto nada como eso con los elfos antes.
–Vaya… –Fue lo único que pudo decir George. Fred pudo decir un poco más.
–Nunca un momento aburrido contigo, ¿verdad, Hermione?
Dobby dijo a Hermione que podía subir a la sala de los menesteres la mañana siguiente para ver a Winky. Aunque después de un viaje rápido a la biblioteca, para ella, para buscar cualquier información de psicología élfica. Cuando llegó, Dobby y Sonya lucían muy cansados.
–¿Cómo está? –preguntó Hermione.
–Es muy difícil para ella, señorita Hermione –dijo Dobby–. Winky no apreció su ayuda. Dobby piensa que no ha estado despierta y sobria al mismo tiempo por meses, señorita.
–Tuvimos que vigilarla cuando despertó, señorita –chilló Sonya con un bostezo–. Salió corriendo de la sala e intentó saltar de una ventana del séptimo piso.
–¡Dios mío! ¿Dónde está ahora?
Los elfos la señalaron. Winky ahora usaba una toalla de té limpia, y había recibido un baño… forzado, por lo que parecía, si su piel rosada era una indicación. Sus grandes ojos cafés estaban rojos, y estaba sentada sobre un taburete, sosteniéndose la cabeza.
–Hola, Winky –dijo Hermione.
Winky gimió patéticamente.
–¿Señorita Hermione Granger?
–Sí, soy yo. ¿Cómo te sientes?
–Winky se siente muy mal, señorita…–dijo en un gemido.
Hermione suspiró. Odiaba verla así, especialmente cuando había sido tratada tan mal en primer lugar.
–¿Le dieron algo para la resaca? –peguntó Hermione. Dobby la miró con más sorpresa de lo normal.
–Le di una poción para el dolor de cabeza y jugo de naranja, señorita –dijo él–. No hay otras opciones para la resaca.
–¿En serio? Eh, supongo que las cosas son iguales en cualquier mundo. Winky, ¿te sientes lo suficiente bien para hablar conmigo un poco?
Winky no respondió.
–Me gustaría ayudar si puedo. –Ella comenzó a sollozar.
–Winky no merece ayuda –gimoteó–. Winky es una mala elfina.
–No, no lo eres… –insistió Winky.
–¡Sí, Winky lo es! Winky fue despedida por su amo, y ahora Winky ha arruinado la… –Levantó la corbata arruinada, sosteniéndola con fuerza, y se soltó a llorar.
–Winky… Winky, por favor… –intentó Hermione, pero no la escuchó. Psicología de elfos domésticos, ¿recuerdas? –. ¡Winky! ¡Mírame! –Exclamó, intentando sonar molesta. La cabeza de Winky se levantó al instante, y dirigió a Hermione toda su atención. Aún estaba condicionada a seguir órdenes. La biblioteca no tenía mucho sobre los elfos domésticos. El mejor recurso que encontró fue un pequeño libro sobre cómo tratarlos para hacerlos sentir como sirvientes "eficientes y efectivos"–. Enfócate en mi –le ordenó. No se sentía natural, actuar tan descortés, pero Hermione lo logró–. Bien. Ahora… ¿recuerdas quién es tu amo, ahora? Tu amo legal, quiero decir.
Winky sopló su nariz.
–Es...es el p.…p...profesor D...D...Dumbledore, señorita.
–Sí, lo es. –Hermione se inclinó enfrente de ella lentamente, esperando comunicar su compasión en su lenguaje corporal más que en su tono–. Te unió a la escuela de manera correcta. Comprendió como yo que fuiste despedida de manera injusta. Y en mi opinión, el profesor Dumbledore es un amo mucho mejor que el Sr. Crouch.
–¡Ah! La señorita Granger no puede insultar al amo...
–¡Basta! –Winky se calló de golpe–. Sabes mejor que eso –dijo Hermione–. Se que no estás lista para decirlo aún, así que tengo que decirlo por ti. Tienes un nuevo hogar ahora, y uno mejor, si lo dejas. Pero ya no necesitas esto. Sólo te está lastimando. –Lentamente estiró el brazo y tomó la corbata del Sr. Crouch. Winky sollozó y se aferró a ella con más fuerza, pero Hermione abrió sus manos con gentileza y se la quitó, sacándola lentamente de alrededor de su cuello. Había leído que los elfos domésticos a veces tenían problemas adaptándose a sus nuevos amos, y era importante deshacerse de todas las influencias de sus amos antiguos. También estaban acostumbrados a que las cosas fueran decididas por ellos. Basándose en Dobby y Sonya, no estaba convencida de que era algo natural en la psicología élfica, pero Winky obviamente no estaba lista aún para tomar control de su propia vida.
Así que Hermione hizo algo que nunca hubiera hecho con un muggle en ese estado. Sacó su varita, lanzó la corbata al aire, y la quemó con un Incendio antes de que tocara el suelo. Claro, eso fue algo impulsivo. Se sorprendió un poco a sí misma de su puntería.
Winky chilló horrorizada y corrió, pero Hermione rodeó a la elfina con sus brazos y le dio la vuelta para que no lo viera. Mirando atrás de ella, Hermione vio a Dobby y Sonya mirándola preocupados.
–Lamento que tuvieran que ver eso –les dijo–. No sabía que más hacer, y el libro decía que eso podría ayudarla.
Tomó unos minutos para que Winky se calmara lo suficiente para que Hermione pudiera hablar con ella de nuevo. Hermione rogó que no hubiera arruinado todo. Continuó:
–Winky, no se mucho sobre psicología muggle, e incluso si lo supiera, los elfos no parecen funcionar como nosotros, además, no voy a estar aquí por mucho tiempo. Solo puedo adivinar que lo que necesitas es comenzar a trabajar de nuevo, y tener a alguien en quien puedas confiar para hablar de tus problemas. Probablemente no quieres imponer en alguien, pero...
–Disculpe, señorita –interrumpió Sonya–. Sonya puede intentar ayudar a Winky, señorita.
Hermione observó a la joven elfina con sorpresa.
–¿Lo harás? No tienes que...
–Disculpe, señorita Hermione, pero Sonya ve que es muy importante para usted, señorita. Y Sonya no quiere que Winky esté mal. La abuela de Sonya quizás también ayude.
–Pues, eso es muy bueno, Sonya. Gracias. Winky, ¿puedes intentar hablar con Sonya y Tilly cuando no te sientes bien?
–Yo… supongo que Winky lo puede intentar, señorita.
–Bien. ¿Y te alejarás de las cervezas de mantequilla de ahora en adelante?
Winky dio un paso atrás ante la sugerencia.
–Eso me temía. Sonya, ¿puedes intentar mantenerla alejada de la cerveza de mantequilla?
–Sí, señorita Hermione. –Sonya asintió quizás con mucho entusiasmo.
–Gracias. Bueno, si todo sale bien, las veré a las dos en junio. Buena suerte, Winky.
–¿De dónde saca esto? –demandó Hermione.
Solo tomó dos días en Beauxbatons antes de que algo más saliera mal.
SECRETOS DE LA SEGUNDA PRUEBA
KRUM ABANDONA A LOS OTROS REHENES PARA SALVAR A PAREJA
Por Rita Skeeter
Los campeones del Torneo de los Tres Magos tenían un plan perfecto en la segunda prueba para salvar a los rehenes que habían sido quitados de ellos. (Los rehenes no estaban en verdadero peligro, pero los campeones fueron llevados a creer que lo estaban, algo que pone en seria cuestión el juicio de los organizadores del torneo.) Planeando en base a las pistas que recibieron, decidieron dejar de lado la competencia y salvar a los rehenes juntos para darles la mejor oportunidad. Pero uno de los campeones, la estrella de quidditch búlgara Viktor Krum, rompió su alianza y traicionó a sus compañeros y sus rehenes, alejándose y dejándolos solos para defenderse de las mortales algas estranguladores que los estaban atacando.
¿Qué lo llevó a tan sorprendente traición? Su reportera humilde solo puede especular. Es conocido que le rehén del Sr. Krum, Padma Patil, una belleza exótica asiática, fue su cita para el baile de Navidad. Ha estado obviamente embelesado con ella desde entonces, e incluso la ha invitado a visitarlo en Bulgaria durante las vacaciones de verano. También insiste que "nunca se había sentido así por otra chica".
Y aun así, debemos preguntarnos porque el Sr. Krum sintió la necesidad de traicionar a sus compañeros cuando sus rehenes no eran menos importantes. Después de los sorprendentes cambios en la vida amorosa de Harry Potter en el baile de Navidad, el Niño Que Vivió ha pasado mucho de su tiempo con su nuevo amor, Ginny Weasley. Cedric Diggory tiene una relación igual de establecida con Cho Chang, y Fleur Delacour fue enviada a salvar a su hermana de ocho años, Gabrielle. ¿Acaso hay más en la relación entre el Sr. Krum y la señorita Patil de lo que parece? Además, los otros campeones habían acordado específicamente que trabajar juntos era la mejor estrategia, a pesar de los riesgos, como también fue confirmado por la exnovia del Sr. Potter, la prodigio en aritmancia, Hermione Granger.
El Sr. Krum fue el único campeón en recibir calificación perfecta en la segunda prueba, y uno debe preguntarse si esta decisión fue un error considerando su falta de moral comparada con la de sus rivales.
Hermione tuvo varios pensamientos rivales buscando su atención al leer ese artículo, incluyendo, Eso fue sorprendentemente acertado; también, no sabía que Krum y Padma estaban tan establecidos como para que Rita Skeeter especulara de ese modo; y ¿belleza exótica asiática? Padma debía estar pasando un momento terrible. No podía creer que haría eso; y ¿cómo descubre esa información esa mujer? Pero a pesar de lo sorprendente que eso era, fue la carta que recibió lo que ganó su atención:
Querida Hermione:
Juramos que no dijimos al Profeta nada sobre lo que Krum hizo. Rita Skeeter debió averiguarlo de alguien más. No enviamos ninguna de las fotos que consideramos "sensibles", pero ahora todos saben que Krum abandonó a los otros campeones de todos modos.
Enviamos al Profeta las fotos que elegimos, pero escribieron de vuelta y preguntaron si teníamos una de Krum dejando al grupo. Tengo el presentimiento de que no quieren comprar el set sin esa –C. Podríamos decir que no, pedirlas de vuelta, y enviarlas a otro lado, pero tendríamos que confiar en que las regresarían y no las publicarían, y no hay otras publicaciones en Gran Bretaña con el nivel de circulación del Profeta.
Queríamos preguntarte si pensabas que estaría bien enviar al Profeta esa foto. (Aún no enviaremos las otras.) Todos lo saben ahora, así que no debería hacer mucho daño, pero ya que tú tomaste las fotos, tienes el control final de ellas. Estoy preocupado de que, bajo las circunstancias, rehusarse a incluirla sería visto como sesgo periodístico –C. Pero es tu decisión.
En caso de que te lo preguntes, Padma está teniendo muchos problemas. Muchos de los fans de Krum están enojados con ella, así como muchos de los Hufflepuff y Gryffindor, aun cuando ella no hizo nada. Harry les dijo que la dejaran en paz, pero no está funcionando bien. Admitió que era cierto que Krum la había invitado a Bulgaria, pero solo ellos dos y Parvati lo sabían. No tiene idea de cómo lo descubrió Rita Skeeter.
Tus amigos,
Colin y Dennis Creevey
–No entiendo cómo consigue su información –dijo Hermione a nadie en particular–. Primero fuimos George y yo. Después fui yo de nuevo en la prueba… no creo que nadie más hubiera hablado a la prensa… y ahora Krum y Padma. Ni siquiera tiene permitido estar en los terrenos. Dumbledore se lo había prohibido. ¿Cómo podía saber todo eso?
–Quizás usando micrófonos ocultos –sugirió Philippe, el hijo de muggles de primer año que comía con frecuencia en su mesa.
–No, lo electrónico no funciona en Hogwarts –dijo ella sin prestar atención.
–Eh… ¿micrófono? ¿Qué es eso? –preguntaron varios de sus amigos criados con magia.
–Ocultar pequeños objetos que permiten escuchar conversaciones. Los espías muggles lo hacen todo el tiempo.
–Oh. ¿Y qué vas a hacer sobre las fotos? –Hermione suspiró.
–No estoy segura. Colin tiene sentido. El daño está hecho, y desde el punto de vista periodístico, deberíamos incluirla. Pero mon Dieu, ya he recibido correo amenazante por su culpa, y estoy segura de que Padma lo recibirá también. En verdad, si alguna vez descubro que está haciendo algo ilegal para descubrir todo eso, no sabrá lo que le pasó.
Sus amigos la observaron, sorprendidos de la ferocidad en su expresión. Con todos los maleficios que Hermione estaba inventando, probablemente tenía razón.
–Sabes, eres escalofriante a veces, Hermione –le dijo Hildegarde–. Brillante, pero escalofriante.
