JK Rowling puede escapar una escalera de Penrose predispuesta por White Squirrel

Notas del autor: Esta historia ha crecido más de lo que nunca imaginé. Definitivamente es una experiencia de aprendizaje, y aunque creo que algunas partes no son las mejores, me alegra como ha resultado, y quiero agradecer a todos por su apoyo.

Ahora, ya que esta historia ya tiene más de medio millón de palabras, he decidido dividirla en dos para que sea manejable. Por lo tanto, el capítulo 84 será el último capítulo de The Arithmancer. Años 5-7 de las aventuras de Hermione tomarán lugar en la secuela, la cual será titulada Lady Archimedes. Más detalles sobre esto en las próximas semanas.

Además, lectores cuidadosos recordarán que Colagusano está en Azkaban en esta historia, y que Bertha Jorkins está viva y bajo la maldición Imperio de Barty Jr.

Además, además, ¿cómo sabían los ecos de los padres de Harry que la copa lo llevaría de regreso a Hogwarts? ¿Acaso vieron a Barty Jr. lanzar el hechizo desde el otro lado del Velo?


Capítulo 82

–Damas y caballeros, ¡bienvenidos a la Tercera Prueba del Torneo de los Tres Magos! –La voz amplificada de Ludo Bagman resonó por todo el campo de quidditch.

Hermione estaba ansiosamente sentada en las gradas con Sirius, Remus, y los Weasley. Luna y Neville estaban enfrente del grupo, y Luna estaba completamente embelesada por el cambiante teseracto del laberinto.

–Los campeones están enfrente de un laberinto mágico de endemoniada complejidad en el cual el espacio se dobla sobre sí mismo –dijo Bagman dramáticamente–, lleno de trampas y extrañas criaturas para probar sus habilidades al límite.

Hermione tuvo que felicitar mentalmente a Septima, el profesor Flitwick, y los constructores de Gringotts. No habían escatimado en autenticidad. Podía ver muchos tipos de criaturas corriendo en cada dirección posible en la gravedad variable del laberinto a través de arcos y escaleras en el interior, junto con sospechosas esquinas oscuras que sin duda tenían trampas para la mente. Pero la vista más intrigante era el número de criaturas que parecían lagartijas de seis piernas con armadura de unos diez pies de largo. Caminaban normalmente en superficies planas, pero se enroscaban como una rueda para bajar las escaleras al acercarse a estas.

–Oh, vaya, ¡son wentelteefjes! –exclamó Luna cuando los vio.

Hermione observó a la joven.

–Sí, lo son. ¿Cómo los conoces ? –preguntó Hermione. Luna la miró.

–¿Por qué no? Aunque son bastante raros. Me pregunto dónde los encontraron.

–Asumí que eran construcciones transformadas.

–Mmm… quizás.

–La Copa de los Tres Magos yace dentro de la bóveda al centro del laberinto –dijo Bagman–. El primer campeón en llegar ganará el Torneo de los Tres Magos. Ahora, les recuerdo los puntajes. Viktor Krum está en primer lugar con noventa puntos, así que entrará al laberinto primero. Harry Potter está en segundo lugar con ochenta y ocho puntos, así que entrará dos minutos después de Krum. Y Fleur Delacour y Cedric Diggory están empatados con setenta y ocho puntos, así que entrarán diez minutos después de Potter. Así que, a mi silbato, Viktor… tres...dos...uno…

Bagman sopló su silbato y Krum corrió al laberinto. Entró corriendo, parpadeando fuera de la vista dentro de la estructura tan densa como un bosque, su varita moviéndose violentamente, atacando todo lo que se interpusiera en su camino. Y aun así, no pareció llegar muy lejos. Rápidamente se dio la vuelta, dio un alto, y pareció caminar en círculos. Dos minutos después, aún estaba cerca de la entrada, y fue el turno de Harry.


Bagman sopló su silbato por segunda vez y Harry corrió dentro de la enorme estructura. Parecía bastante directo al principio. Solo necesitaba subir unos cuantos pisos y acercarse a las paredes zigzagueantes. Claro, estaban esas lagartijas extrañas corriendo por todos lados… y lucían bastante escalofriantes con picos en sus cabezas… pero no eran muy rápidas o amenazantes excepto cuando estaban rodando. Si se era honesto, no tenía idea de lo que eran, pero mientras no lo molestaran, no le importaba.

Las cosas se volvieron más complicadas una vez llegó a uno de los rellanos y de repente sintió algo que nunca se debía sentir: la gravedad cambió. Cayó, aunque solo unos pies, hacia la pared, la cual ahora se volvió el suelo. Se puso de pie tembloroso. Cuatro años volando nunca lo habían preparado para esto. La vista afuera de las ventanas había cambiado completamente de lado. Se sintió mareado. No podía saber que era arriba o abajo, y no estaba seguro de cómo orientarse.

Necesitaba pensar. Giró la cabeza para darle algo de sentido a como el laberinto estaba organizado cuando el mundo estaba en la dirección correcta. Las direcciones de Hermione habían sido claras: acércate a una de las paredes zigzagueantes, cualquiera, y atraviésala. Esas cosas tenían la misma orientación en cada dirección. Harry descubrió cual era la más cercana y dio saltos en las empinadas escaleras que parecían ir a ella. Entonces, las cosas se volvieron más complicadas. Las escaleras se movieron bajo sus pies, rotando a una nueva posición… boca abajo relativo al mundo de afuera. Lo que era más, la pared zigzagueante pareció cambiar de forma al acercarse. De cerca, comenzó a aplanarse para parecer más como una de las paredes externas del cubo, pero al otro lado había más geometría imposible en lugar de las gradas.

En ese momento, recordó la otra complicación del laberinto cuando una figura oscura saltó a él desde las sombras.


–¡Dios mío! ¿Es un dementor? –gritó Hermione. Su mano se tensó sobre su propia varita. Si algo salía mal, enviaría a su propio patronus al laberinto para detenerlo, sin importar las consecuencias.

–Espera –dijo Bill.

A la distancia, vio una figura de luz plateada explotar desde la varita de Harry y estrellándose contra el dementor. La multitud soltó una exclamación de asombro al ver a Harry Potter usar un patronus. El dementor se tambaleó de manera extraña. Harry se detuvo, y entonces lanzó otro hechizo que hizo que se desvaneciera en una nube de humo.

–¿Eh? –dijo Hermione.

–Solo era un boggart –dijo Bill–. No estamos locos.

–Oh.


Cedric Diggory entró al laberinto con su propio plan. Sospechaba que Hermione sabía cómo atravesar el laberinto y le había dicho a Harry. Amablemente había evitado preguntarle el secreto, ya que ella obviamente era leal a su mejor amigo y se sentía incómoda dando ventaja a Cedric a menos que Harry estuviera de acuerdo. Pero eso no quería decir que no tenía opciones. Cedric miró a Harry con cuidado al momento en que entró al laberinto para aprender que camino tomaba su oponente. Estaba contento con el hecho de que era más rápido, mejor para la magia, y, si se era honesto, más listo que el Niño Que Vivió.

Y así, Cedric corrió tan cerca del camino que Harry había elegido como podía recordar. No estaba seguro de a donde lo llevaba, pero Harry parecía bastante seguro de sí mismo. Pronto notó que Fleur también estaba cerca. O Hermione le había dicho algo, o tenía la misma idea. Eso podía ser un problema cuando se acercaran a él, pero por ahora, estaba más preocupado por alcanzar a Harry.

Pero después de unos minutos, algo extraño pasó. Cedric estaba ocupado deshaciéndose de una de esas lagartijas con armadura cuando un rayo rojo pasó sobre su cabeza. Lo esquivó y regresó el ataque a Fleur de manera automática, asumiendo que ella era la culpable, pero ella ya tenía un escudo arriba y no lo estaba mirando para nada, sino a Krum, quien iba hacia ellos, hechizos volando. Un hechizo violento golpeó a las piedras bajo sus pies y la mandó rodando por las escaleras con un grito. Cedric consideró si debía ayudarla, pero entonces…

CHIEN!

Cedric cambió de opinión y continuó persiguiendo a Harry cuando las escaleras estallaron en llamas detrás de él.


–Y parece que Krum fue por la estrategia de incapacitar a los otros campeones –escuchó Harry la voz en eco en el laberinto. Y sí, podía escuchar a la distancia el ruido de explosiones y muchas maldiciones en francés–. Un acto sorprendente considerando que tenía la ventaja al comienzo, y creo que quizás está recibiendo más de lo esperado con la señorita Delacour.

A ese punto, Harry solo podía ver el mundo afuera como pequeñas imágenes distorsionadas en posiciones imposibles. Como Hermione le había dicho, se alejó de esas ventanas, más profundo en el laberinto… o lo que él llamaba profundo. Hermione probablemente tendría una explicación más compleja que él no podría comprender. La bóveda central era visible arriba y en ángulo. Estaba menos distorsionada que antes, pero aún no lucía bien. Pero aun así se acercó más.

Hubo un fuerte chillido cuando llegó al siguiente rellano y una de esas horribles lagartijas con armadura salió justo enfrente de su rostro, su gran pico intentando morderlo.

–¡AH! –Perdió su equilibrio y rodó abajo, automáticamente enroscándose para proteger su cabeza. Rodó hasta detenerse al golpear algo suave pero duro, y la gravedad se movió de golpe y se descubrió recostado contra un objeto bastante incómodo. Acomodó sus lentes, parpadeó y vio algo como la cola de un escorpión sobre él.

¡AHHHHH!

Harry estaba recostado contra uno de los escregutos de cola explosiva de Hagrid.

En la gravedad actual, la lagartija estaba sobre él ahora, bajando las escaleras hacia el escreguto. El escreguto siseó. Aunque parecía ciego, no pareció agradarle que la lagartija invadiera su territorio. Así que se giró y lanzó una llamarada a las escaleras.

La lagartija retrocedió, pero con un fuerte chillido, y para el horror de Harry, se enroscó y rodó abajo justo como Harry lo había hecho. Harry solo tuvo un segundo para alejarse del escreguto antes de que ambas criaturas se estrellaran. El escreguto se tambaleó por el impacto, pero mantuvo su lugar, y se lanzó y aplastó a la lagartija contra las escaleras.

Por un momento, Harry pensó que ahora solo tenía un monstruo terrible con el cual lidiar, pero estaba equivocado. El lamento mortal de la lagartija atrajo a más de su tipo y comenzaron a rodar por las escaleras una tras otra intentando lanzar al escreguto fuera del rellano. Si eso pasaba, caería quien sabe dónde causando un desastre. Desafortunadamente, incluso mientras se alejaba corriendo, el escreguto se movió de su posición y fue lanzado de lado. Esto causó que algo peor pasara: el escreguto se enroscó y comenzó a rodar tras él.

Sintiéndose más como Indiana Jones que un mago en ese momento, Harry corrió al fondo de las escaleras, donde había un rellano con dos esquinas. Sin ningún otro lugar al cual ir, continuó corriendo abajo, esperando que el escreguto se detuviera en la esquina. No lo hizo. Rebotó contra la pared, recuperó su equilibrio, y pronto comenzó a seguirlo en las escaleras, lanzando fuego por un tiempo, hasta llegar a una esquina idéntica, y así se repitió el proceso una tercera vez, y una cuarta, y Harry comenzó a pensar que este lugar lucía bastante similar a donde había comenzado.


–¡Oh no! ¡Está atrapado en una escalera de Penrose! –exclamó Hermione, observando la escena boca abajo con un par de omniculares.

–¿Qué es eso? –preguntó Ginny.

–Es un objeto imposible. Continúas bajando, y terminas donde comenzaste. ¡Y tiene a un escreguto tras él!

–¡Rayos! ¿Y cómo sale de eso?

–No tengo idea.


Harry estaba en su tercera vuelta en la endemoniada escalera cuando se dio cuenta de que definitivamente estaba caminando en círculos. Había marcas donde el escreguto había golpeado la pared esa primera vez. ¿Cómo podía bajar las escaleras y terminar arriba de nuevo? Y más importante, ¿cómo podía escapar al escreguto?

¡Reducto! –lanzó detrás de él. La maldición reductora era buena para destrozar cosas pequeñas. Hermione la había agregado como algo extra a la lista de hechizos que debía aprender. Esperaba golpear al escreguto con esta, pero desafortunadamente, golpeó la pared, creando un agujero del tamaño de una bludger. No fue hasta que regresó de nuevo que vio la solución: había otra escalera al otro lado de esa pared.

¡Reducto! ¡Reducto! ¡Reducto! –gritó en su siguiente vuelta, lanzando tanto poder como pudo en el hechizo. No fue suficiente para destruir la pared entera, pero podía ver que comenzaba a desmoronarse. Continuó corriendo a ella y lanzó unas cuantas maldiciones más en la siguiente vuelta. Eso lo logró. Hubo un fuerte ruido, y el escreguto estaba enterrado bajo una montaña de roca.

–¡SÍ! –gritó en triunfo. De ahí, solo tenía que continuar subiendo las escaleras hasta que estaba sobre el escreguto de nuevo, escaló la pila de roca, y corrió a las otras escaleras que había abierto para él.

–¡Oh, bravo! –se escuchó la voz en eco de Ludo Bagman–. ¿Vieron todos eso? Potter usó el ir en círculos para su ventaja para enterrar al escreguto. Pero será mejor que se apresure si no quiere que Diggory lo alcance.

Harry miró a su alrededor con frenesí y vio a Cedric acercándose. Sus miradas se encontraron. El muchacho mayor estaba completamente empapado y cubierto de plumas grises, pero era él. Harry no lo cuestionó. Comenzó a correr de nuevo. No vio a Fleur o a Krum, así que parecía que iba a estar entre ellos.

De repente, el mundo se dobló a su alrededor y Harry pronto se dio cuenta de lo que había pasado. La escalera en la que estaba se había doblado en el siguiente cubo. Apresurándose, recuperó su equilibrio, y su corazón dio un salto. Ahí estaba: la bóveda en medio… la podía ver con claridad y sin distorsiones. Debía de estar en el cubo de en medio… o lo que parecía ser el cubo de en medio, como Hermione había dicho. Aún podía ver pequeñas imágenes de las gradas en las ventanas y arcos alrededor de la bóveda, pero ya casi estaba ahí.

Aún era difícil navegar el laberinto… más ahora que tenía que evadir a Cedric y las paredes zigzagueantes que podrían doblarlo de vuelta fuera del club. En ocasiones, parecía que el único camino que tenía disponible lo alejaba de la bóveda. A veces tenía que regresar por donde había caminado porque las escaleras se movían en la dirección equivocada. Pero lentamente, se acercó. Cedric estaba sobre él ahora, boca abajo y después de lado, ya no siguiéndolo directamente, pero buscando su propio camino a la bóveda. Mientras Harry se acercaba, Cedric desapareció detrás de ella, lo cual lo puso nervioso. Pero no había nada que pudiera hacer. Se dirigió a la puerta más cercana.

La bóveda era un cubo de piedra sólido. De cerca, podía ver que tenía tres pisos de altura, suspendido en el centro del laberinto. Tenía una puerta en el centro de cada cara. Después de unas vueltas más, Harry llegó a una y la abrió, sin saber lo que encontraría.

Había esperado más trampas o más laberinto, y sí, el interior de la bóveda lucía similar al exterior, pero no podía ser tan complicado considerando que solo tenía tres pisos de altura. Era incluso más fácil. Había una pasarela que se extendía desde cada una de las puertas a un pedestal en el centro exacto donde se encontraba la Copa de los Tres Magos.

Y Cedric estaba parado directamente al otro lado.

–Vaya, esto es incómodo –dijo Cedric.

Dos cosas pasaron por la mente de Harry Potter en menos de un segundo. Uno: de ninguna manera podría derrotar a Cedric en un duelo, y dos: no lo parecía, pero Harry podía correr muy rápido.


–Eso es todo, están dentro –dijo Hermione.

–Supongo que ahora tenemos que esperar a que se enfrenten en un duelo –dijo Fred.

–No debería tomar mucho tiempo. Cedric destrozó a Harry ayer. –Hermione suspiró. Sería un segundo lugar cercano para Harry, pero no lo suficiente bueno.

–Fue un buen intento –dijo Ginny en acuerdo–. Aún creo que Harry es un ganador por llegar tan lejos siendo más joven que los demás.

–Eso funciona para mí –dijo Sirius.

–Harry Potter, el Campeón de la Gente… –probó Hermione–. No, no queda. Tal vez si fuera Krum pero no es justo para Cedric.

–¿Aún le guardas un lugar especial? –bromeó Sirius.

–Solo es un amigo –protestó Hermione sonrojándose–. Y aún está con Cho Chang.

–Sabes, Hermione –continuó Ginny en el tema–, has escuchado todo sobre mi vida amorosa, ¿pero qué de la tuya? ¿Pasó algo con ese chico que conociste en tu clase de Aritmancia?

Hermione se sonrojó aún más, mortificada porque Ginny mencionó esto en público, pero se obligó a ignorar esa idea. No era tan vergonzoso después de todo.

–No, solo fue la cita de San Valentín –dijo–. Creo que lo asuste, si soy honesta. Algunos de mis experimentos fueron mucho para él.

–Pues, su pérdida –dijo George.

–Sí, no cualquier chico puede con una verdadera ama del caos –agregó Fred. Esto provocó que George y Hermione se sonrojaran, y casi de manera inconsciente alejaron las miradas del otro.

–¿Y qué de ustedes dos? –preguntó Hermione con audacia–. ¿Algo de suerte con Angelina y Alicia?

–Angie y yo vamos bien –respondió Fred–. Aceptó venir a visitar la Madriguera durante el verano, así que espero que continúe.

Él observó a su gemelo, y George respondió.

–Eh, no creo que Alicia y yo estuvimos verdaderamente interesados. Fred y Angie solo querían una cita doble.

–Saben, nunca pensé ver a uno saliendo con alguien y al otro no –dijo Ginny, aunque no sonaba como burla–. No me parece natural.

–No es tan fácil como parece, ¿verdad? –insistió George–. No muchas chicas pueden con esto. –Hizo una pose y señaló a su cuerpo.

–Yo nunca he tenido problema con eso –bromeó Hermione antes de darse cuenta.

George se tambaleó, y Fred y Ginny se rieron. Hermione se sonrojó de nuevo cuando se dio cuenta de lo que había dicho, pero George se recuperó.

–Es cierto. Saben, creo saber la verdadera razón por la que te fuiste a Francia.

–¿Oh? –dijo ella con confusión.

–Porque Hermione Granger es mucho para un solo país –dijo cariñosamente.

Hermione se descubrió riéndose. Y aun así, tuvo que preguntarse, ¿había algo más que burla en su tono? ¿Y había algo en lo que ella había dicho? Quizás deberían tener una conversación en privado después… Pero no, era una locura. Aún estaba atrapada en Francia. Aún si se salía en su sexto año para estudiar su maestría en aritmancia a tiempo completo… ¡Por la barba de Merlín! ¿Acababa de pensar eso? Vaya, se asustó de sí misma por un segundo.


Con la sensación de un gancho jalándolo por el ombligo, Harry se descubrió volando por el aire con una sensación enfermiza. Cedric lucía tan sorprendido como él se sentía. Los dos campeones habían tomado la copa al mismo tiempo. Harry estaba seguro de que eso quería decir que habían empatado, pero nadie había mencionado un traslador.

Los pies de Harry tocaron el suelo, y cayó tambaleándose.

–¿Dónde estamos? –dijo.

–No en Hogwarts –dijo Cedric, ayudando a Harry a levantarse. Estaban parados en un cementerio oscuro y descuidado al lado de una iglesia pequeña. La tierra a su alrededor era plana excepto por una colina cercana con una casa grande. Tendrían que haber viajado por lo menos unas cien millas para ver un terreno así–. ¿Sabías que la copa era un traslador? –preguntó Cedric.

–No –dijo Harry–. ¿Qué no dijo Bagman que el primero en tomarla ganaría?

–Sí, eso dijo. Pero esto no parece como ganar. ¿Varitas afuera?

–Sí.

Tan pronto como sacaron sus varitas una figura se acercó a ellos lentamente desde la sombra. Pero no parecía una amenaza. Mientras más se acercaba, pudieron distinguir que la figura era la de una mujer. Aún más cerca, y pudieron verla claramente, en la tenue luz del crepúsculo. Era una mujer algo joven, evasiva, con ojos vidriosos, y cargaba un bebé… ¿o era una túnica envuelta?

–¡Dios mío, Harry, es Bertha Jorkins! –susurró Cedric.

–¿La mujer que desapareció? –dijo Harry, pero antes de que alguien pudiera hablar, su cicatriz estalló en dolor. Cayó de rodillas al instante, su varita cayendo de su agarre, cegado por el peor dolor de cabeza en su vida… y eso era algo.

No vio a Cedric apuntar su varita a la mujer, la única persona visible que podría estar asaltándolo de ese modo. No noto el ruido que se escuchó cerca o la segunda figura que apareció. Pero sí escuchó, como si estuviera muy lejos, una voz fría y aguda que había escuchado antes, dándole escalofríos.

Barty, perfecto. ¡Mata al otro!

¡Cedric! Intentó gruñir Harry, pero no fue útil. Una luz verde brilló.

¡Avada Kedavra!

¡Dasask Cohaerens!

¡AHH!

Cedric miró con sorpresa como la maldición asesina pasaba justo al lado de su oreja derecha. Había hecho lo único que se le había ocurrido, actuando con puro instinto, y por suerte, había resultado. El maleficio cegador de Hermione, viajando a la velocidad de la luz, había golpeado al hombre en el rostro y arruinado su hechizo en el último segundo. Si no fuera por eso, Cedric estaría muerto en este momento. Aunque no tuvo tiempo de registrar la enormidad del suceso ya que el hombre alto lo estaba atacando de nuevo.

Cedric tenía tres objetivos en ese momento: rescatar a Harry, quien aún estaba retorciéndose en el suelo por razones desconocidas, regresar a la copa… con suerte, era un traslador de dos caminos. Si no, estaban acabados… y finalmente, ¡no mueras! El hombre estaba haciendo las tres cosas casi imposibles. Cedric dejó de lado la mayoría de los hechizos que Hermione le había enseñado y comenzó a lanzar maldiciones más duras para una verdadera pelea contra magos oscuros, lo cual parecía que era esto exactamente.

¡Mátalo!

¡Reducto!

¡Diffindo!

¡Sectumsempra!

¡Confringo!

¡Expulso!

Harry luchó contra el dolor y se obligó a levantar la mirada. A pesar del dolor constante de lo que se sentía como un cuchillo encajado en su cráneo, recuperó el sentido y levantó la mirada. Un hombre joven con una mirada loca y lengua chasqueante… Barty, aparentemente, estaba en un duelo con Cedric, aparentemente a la muerte. No había visto como Cedric había esquivado el primer hechizo, pero estaba feliz de que lo hizo. Aunque el otro hombre era obviamente brillante. Harry no creía que Cedric pudiera aguantar contra él. Explosiones se escucharon por todo el cementerio, cada una haciéndolo sentir dolor en su columna.

Sus dedos encontraron su varita de nuevo, pero no sabía qué hacer con ella. Tendría solo una oportunidad si tenía suerte, y no creía poder lanzar nada poderoso en ese momento.

Cedric entró en el borde de su campo de visibilidad. El hombre de mirada loca aún estaba luchando contra él, y aun así, su mirada nunca estaba lejos de Harry. Cedric estaba cojeando y cubierto de sangre.

¡Bombarda!

¡BOOM!

Harry observó horrorizado como un maleficio explosivo con gran poder se estrellaba contra el brazo de Cedric y contra la tumba detrás de él. La varita de Cedric explotó, llenando su brazo de astillas. Al mismo tiempo, Harry pudo ver los huesos de su brazo rompiéndose y saliendo de su piel. Y finalmente, la tumba se rompió y cayó al frente, cayendo sobre su pierna derecha, inmovilizándolo. El hombre de mirada loca levantó su varita de nuevo para dar el golpe final…

¡Vlefaricurl!

El hechizo de Harry dio en el blanco, y el hombre gritó de dolor cuando el maleficio de rizar pestañas de Hermione hizo que sus pestañas se rizaran tan apretadas que lo picaron en los ojos.

Desafortunadamente, Harry apenas podía pararse, mucho menos correr. Con los ojos cerrados, el hombre apuntó su varita en su dirección general y atacó a ciegas:

¡Desmaius! ¡Desmaius! ¡Desmaius! ¡Desmaius! –Uno de los aturdidores dio en el blanco, y todo se puso negro.


Cuando Harry despertó, ya no estaba en el suelo. Estaba de pie, pero amarrado del brazo y la pierna a la lápida. Su dolor de cabeza se había calmado, pero no sabía dónde estaba su varita. Miró a su alrededor frenéticamente. En el borde de su mirada, vio el nombre escrito en la lápida:

TOM RYDDLE

Eso era malo. Continuó mirando a su alrededor hasta ver a Cedric, aún en el suelo con su pierna atrapada bajo la lápida caída.

–¿Cedric? –llamó Harry, sin saber si era una mala idea.

–No va a ir a ningún lado.

Harry giró su cabeza. Era el hombre de mirada loca. Harry lo reconoció ahora del pensador de Dumbledore. Era Barty Crouch Jr.… el mortífago muerto, bastante vivo. Se había deshecho del maleficio de Hermione y estaba revolviendo el caldero más grande que Harry hubiera visto. Y por alguna razón tenía un pie descalzo.

–Lo mataré una vez mi Amo acabe contigo –continuó Barty–. Está listo, Amo.

Ahora... –dijo la voz fría y aguda.

Barty tomó la túnica doblada de la confundida Bertha Jorkins, y Harry sintió ganas de vomitar. Dentro había algo que hubiera parecido un bebé si no se pareciera ya a un demonio… de color rojo oscuro con un rostro escamoso como de serpiente. Barty lo elevó y lo colocó con gentileza dentro del caldero. Entonces, elevó su varita y comenzó a encantar:

¡Hueso del padre, otorgado sin saberlo, renovarás a tu hijo!

Una nube de polvo se elevó del suelo a los pies de Harry, similar al hechizo que había usado para luchar contra el dragón, pero sabía que esto no era magnesio. El polvo cayó en el caldero, produciendo ominosas chispas azules. Barty sacó un cuchillo plateado y continuó:

¡Carne del vasallo, voluntariamente ofrecida, revivirás a tu amo!

Harry intentó alejar la mirada al ver el brillo en los ojos de Barty que sólo podía nacer del más profundo fanatismo. Escuchó un solo golpe de lo que debía ser una navaja mágica y un siseo de dolor, seguido del ruido del agua. Regresó la mirada y vio que Barty había cortado su propio pie… el descalzo. Rápidamente lanzó un Incendio para cauterizar el muñón, y se puso una pierna prostética… una que Harry reconoció. Era la de Ojoloco Moody. Barty cojeó hacia él.

–¿Qué hiciste con Moody? –masculló Harry.

–Donde ha estado todo el año, Potter. –Barty cortó a Harry en su brazo derecho con la misma daga plateada y recolectó su sangre en un frasco para verterla en el caldero.

¡Sangre del enemigo, tomada por la fuerza, resucitarás al que odias!

Un momento después, una cegadora luz blanca llenó el cementerio. Por un momento, Harry pensó que la poción había explotado, pero su suerte no podía ser tan buena. Del caldero se elevó un hombre alto y esquelético tan pálido como el hueso y rodeado de vapor. Barty le entregó una túnica, y él se dio la vuelta para que Harry pudiera ver un rostro como de serpiente y brillantes ojos rojos. Otro choque de electricidad atravesó su cicatriz.

Lord Voldemort había vuelto.

–Harry Potter –siseó Voldemort–. He esperado este día por muchos años. No he tenido muchos recursos, o hubiéramos tenido esta reunión hace años, pero no más. Tu brazo, Barty. Veremos cuantos de mis seguidores son lo suficiente valientes para regresar.

–Sí, Amo. –Barty removió su manga izquierda, revelando un tatuaje de una calavera con una serpiente saliendo de su boca… la Marca Tenebrosa. Voldemort sacó una larga varita blanca hueso de su túnica con una mano como araña y tocó la marca con esta. Tomó un color negro profundo. La cicatriz de Harry dolió de nuevo.

Tomó unos minutos, pero pronto, se escuchó el ruido de varias apariciones. Magos en túnicas negras con máscaras blancas con forma de calavera aparecieron en el cementerio, acercándose con cautela, confundidos de ver a su amo con vida de nuevo. Hicieron una mueca de dolor cuando se acercó a ellos cayendo sobre sus rodillas y besando el borde de su túnica antes de atreverse a unirse al círculo. Harry solo pudo ver desesperanzado mientras se reunían. Había unas dos docenas, con espacios libres para una docena más.

–Bienvenidos, mortífagos –dijo Voldemort con el cuidadoso peligro de una serpiente lista para atacar–. Han pasado trece años desde la última vez que me vieron así, y aún regresan como si fuera ayer. Tal lealtad… o tal culpa.

Escalofríos atravesaron el círculo. Todos conocían su culpabilidad. Habían rechazado a su amo, a quien habían jurado lealtad eterna. Habían declarado estar bajo la maldición imperio y que nunca lo habían apoyado a voluntad para evitar ir a Azkaban, y, una vez liberados, no hicieron nada para ayudarlo. Harry exclamó con horror al ver a Voldemort lanzando un Crucio al primer mortífago que rogó su perdón. Había sido terrible ver a una araña y mucho peor al ver y escuchar a un humano, incluso uno malvado.

–Trece años, Avery –siseó Voldemort–. Trece años, todos. Trece años en los que me abandonaron, y trece años que trabajarán para merecer mi perdón. Solo el joven Barty es intachable, mi servidor más leal, prohibido de buscarme por un padre hipócrita. Barty, has sido paciente. Tu recompensa te espera. Ya no requiero de su servicio. Puedes hacer con ella lo que quieras.

–Gracias, Amo –dijo Barty con una gran sonrisa–. Es muy generoso. –Y con eso, fue hacia Bertha Jorkins, quien aún estaba bajo un Imperio, y casi de manera cariñosa la rodeó con su brazo y la atrajo a él.

Voldemort llamó a algunos de los mortífagos de nombre, mientras pasaba a otros: Lucius Malfoy, Crabbe, Goyle, y Nott eran padres de Slytherins en el año de Harry, y ninguno le sorprendió. A Avery y Macnair no los conocía de nombre. Unos diez que deberían estar en el círculo estaban en Azkaban, incluyendo a los Lestrange, a quien Harry también había visto en el pensador.

–Y aquí tenemos a cinco mortífagos ausentes –dijo Voldemort, cerrando círculo en el espacio junto a Barty y Bertha Jorkins–. Tres muertos en mi servicio, uno muy cobarde para regresar… lo pagará… y uno que temo nos ha dejado para siempre… morirá, por supuesto.

Harry no había escuchado el nombre de Snape… el supuestamente reformado mortífago que se había vuelto espía. Se preguntó si uno de esos últimos dos espacios era suyo, y si era el caso, cual.

–Y por supuesto, no podemos olvidar a nuestro invitado de honor –continuó Voldemort, señalando a Harry–. Harry Potter ha tenido la amabilidad de acompañarme a mi fiesta de renacimiento. –Los mortífagos se rieron para sí mismos–. Has sido una espina en mi costado, Harry… tú y tus aliados. Uno de mis raros errores… intentar matarte sin prevenir como estarías protegido. Por suerte, este ritual ya era la herramienta perfecta para negar esa protección. "Sangre del enemigo"... el mismo enemigo que lleva esa protección. Descubrirás que ya no puedes detenerme con un toque.

Colocó un largo dedo blanco directamente sobre la cicatriz de Harry, y Harry sintió su propio rostro arder, como el de Voldemort lo había hecho hace tres años. Y eso era por lo que Voldemort lo quería específicamente. Por eso había hecho lo necesario para ayudar a ganar a Harry. Un breve dolor le llegó: Cedric no se suponía que debía estar ahí, y ahora, estaba tan bien como muerto.

–Y aquí está… el muchacho que sería mi caída… ¡Crucio!

Harry había sufrido el peor dolor de cabeza en su vida muchas veces en la presencia de Voldemort esa noche… suficiente para ponerlo de rodillas. Pero esto lo hizo olvidarlo todo. Estaba ardiendo de cabeza a pies. Sentía fuego en su carne, en sus huesos. Estaba seguro de que estaba muriendo. Quería morir.

Y entonces se detuvo. El dolor permaneció, tan brutal como lo peor que Dudley y su pandilla le habían hecho. Se sostuvo solo sobre las cuerdas. Los mortífagos estaban riéndose de él. ¿Cómo podían reírse del dolor de alguien?

–¿Lo ven? Harry Potter no es rival para Lord Voldemort. No cuando no hay nadie más que lo proteja. Es un muchacho ordinario sin poderes especiales. Pero tendremos una verdadera demostración. Un duelo. Te permitiré morir en tus pies como un verdadero mago, Harry. Barty, desátalo y entrégale su varita.

Harry se sorprendió de que Voldemort era lo suficiente arrogante para devolverle su varita en un momento como ese. Pero entonces, no podía imaginarse lo que podía hacer en ese momento. Ninguno de los hechizos que conocía eran rivales para el mago oscuro. Una idea loca en el fondo de su mente señaló que la maldición de pentámetro yámbico de Hermione prevendría que Voldemort lanzara las tres maldiciones imperdonables, pero no sabía si podría alcanzarlo. De cualquier modo, estaba rodeado por mortífagos.

–¿Te han dado clases de duelo, Harry? Saludémonos con una inclinación. Haz reverencia a la muerte, Harry. –Voldemort lanzó un hechizo… no la maldición Imperio, pero algo que físicamente empujara la espalda de Harry como una marioneta hasta que se inclinó-. Muy bien. Enfréntame como un hombre, Harry… como tu padre: erguido y orgulloso. Y ahora… empieza el duelo. ¡Crucio!

Harry estaba retorciéndose en el suelo antes de poder intentar lanzar un hechizo. No tenía que preocuparse porque Voldemort lo bloqueara. No estaba seguro de poder lanzar un hechizo… o eso fue lo que pensó cuando la idea llegó a su mente. Se puso de pie lo más rápido que pudo. No podía imaginar cómo saldría de esto con vida, pero su terquedad natural no le permitiría dejarse morir. Si iba a morir, lo haría luchando.

–Eso dolió, ¿no, Harry? ¿No quieres que lo haga de nuevo, verdad?

Harry no obedecería a Voldemort. No rogaría. Si una niña hija de muggles podía lanzar un maleficio a Voldemort en la cara… por supuesto. Harry recordó lo que Hermione le había enseñado. Necesitaba velocidad. Inclinando su varita con cuidado, lanzó el hechizo más rápido que conocía.

¡LUMOS ARDENS!

Un rayo de abrasadora luz roja cortó el rostro de Voldemort. Voldemort soltó una exclamación de dolor, y los mortífagos lo miraron con sorpresa. Harry estaba a punto de lanzar el rayo de vuelta para apuntar a sus ojos cuando…

¡CRUCIO!

La palabra fue gritada con más coraje que antes, pero el dolor no pareció mayor… probablemente porque ya estaba más allá del límite de lo que su mente podía comprender. El dolor se detuvo, y en los pocos segundos que tomó a Harry ponerse de pie, Voldemort había conjurado un espejo rápidamente, inspeccionado el hechizo, y cancelado el efecto. Una línea roja y delgada atravesaba su rostro, desde la parte superior de su oreja derecha, por debajo de su ojo derecho, sobre la nariz que no existía, y hasta la esquina izquierda de su quijada. Y a pesar de todo, su enojo aún parecía controlado.

–Impresionante, Harry. Muy impresionante. Pocos han logrado dejar una marca en Lord Voldemort.

–¡Eso es de Hermione! –tosió y escupió Harry.

–Ah, tu amiga sangre sucia. La recuerdo bien. Su método para lidiar con el dragón fue bastante original. Tal talento merece recompensa… Así que su muerte será rápida.

Harry lo observó por un segundo. La maldición asesina no podía ser bloqueada por ningún escudo mágico. Lo único que podía hacer era esquivar, o lanzar otro hechizo contra Voldemort primero. Pero un láser no sería suficiente. Si quería tener algún efecto, necesitaba quitarle su varita. Casi antes de poder pensarlo, atacó:

¡Expelliarmus!

¡Avada Kedavra!

Algo más pasó que Harry estaba bastante seguro no debía de pasar. Los hechizos conectaron en el aire, se cancelaron, y formaron un hilo dorado entre sus varitas. Harry sintió un shock de electricidad en su mano con la varita, y no podía soltarla… no podía hacer nada más que mantener la conexión. Por la mirada en el rostro de Voldemort, estaba teniendo el mismo problema. La magia a su alrededor se acumuló hasta el límite. Ramificaciones de luz se desprendieron del hilo dorado y formaron una jaula alrededor de los dos.

–¡No interfieran! –ordenó Voldemort–. ¡No se acerquen a menos que yo lo ordene! –Tampoco sabía lo que estaba pasando, pero no le gustaba la probabilidad de lo que pasaría si algún mortífago era lo suficiente estúpido para tocar la jaula.

Una hermosa melodía llenó el aire y Harry la reconoció como una canción de fénix. Guijarros dorados se formaron a lo largo del hilo de luz. Harry aún no lo entendía, pero de algún modo sabía lo que debía hacer. Por pura fuerza de voluntad, empujó los guijarros hacia la varita de Voldemort. Voldemort empujó de regreso, pero de algún modo, la voluntad de Harry era más fuerte. El primero tocó la varita blanca.

La varita de Voldemort emitió estridentes gritos de dolor. Entonces, rayos de luz en varias formas y colores que Hermione quizás podría interpretar. Después, una nube de humo, la cual, imposiblemente tomó la forma de un anciano.

Entonces, ¿era un mago de verdad? –dijo el anciano–. Me mató, ese lo hizo… pelea bien, muchacho…

Harry estaba perdido, pero ya estaba luchando, así que continuó. No fue hasta que la siguiente forma apareció que comprendió. Una mujer de largo cabello se formó de la nube de humo… parecía sólida pero sin color. Harry miró al rostro de su madre.

–¿Mamá? –dijo, tan sorprendido que casi perdió su agarre.

–Aguanta, Harry –lo urgió–. Aguanta por tu padre… ya viene.

Una nube más salió de la varita de Voldemort. Voldemort solo pudo ver con terror mientras tomaba la forma de James Potter. James se apresuró al lado de Harry, como Lily lo había hecho.

–Harry –dijo–, podemos detenerlo, pero solo por unos segundos. Corre a Cedric y convoca el traslador. Te llevará de regreso a Hogwarts. ¿Lo comprendes?

–Sí.

–Te amamos, Harry –dijo Lily–. Prepárate para correr… ¡AHORA!

Harry levantó su brazo. La luz y la canción de fénix se desvanecieron, pero las sombras no. El anciano corrió a Voldemort para bloquear su camino, mientras que James y Lily corrieron junto a Harry y bloquearon a los mortífagos para que no se acercaran. Se habían ido cuando llegó a Cedric, pero no se detuvo a pensar. Tomó la mano de Cedric y gritó:

–¡Accio copa! –Esta llegó a su mano un segundo antes de que una lluvia de maldiciones pasaran justo donde había estado.


–Algo está muy mal –dijo Hermione por quinta vez–. Cedric y Harry no están tan parejos. Uno de ellos debería haber salido ya.

–Quizás hay más trampas en la bóveda –sugirió George.

–Quizás hay otro laberinto en la bóveda –agregó Fred.

–¿Pero qué está pasando con los maestros? –dijo Ginny. Moody se había alejado al comienzo de la prueba, lo cual no era como él, y Dumbledore y Snape, obviamente preocupados, habían ido a algún lado unos diez minutos antes, hablando en susurros. Dumbledore había regresado solo unos minutos antes. Karkaroff se había disculpado mientras no estaban y aún no había regresado.

–No lo sé… esto no me gusta –dijo Hermione.

De repente, se escuchó un fuerte ruido, seguido de cerca de un grito que heló su sangre. Harry, Cedric, y la Copa de los Tres Magos aparecieron a la entrada del laberinto, justo enfrente de los jueces. Hermione tomó sus omniculares con frenesí para ver a alguien… quien decidió eventualmente que debió ser el Ministro Fudge, gritar por un ¡SANADOR!

Ella pronto dejó sus omniculares y gritó también. Harry estaba de pie, pero parecía que había visto a la misma muerte, mientras que Cedric… el brazo de Cedric parecía como si lo hubieran metido en un triturador de madera, y su pierna había sido removida a la altura de su cadera.


Notas del autor: basado en el griego para "pestaña" y el inglés para "rizar".