Aclaración:

Ø Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

.

.

.

Prólogo

.

—¿Te hiciste un tatuaje?

Es la tercera vez que le pregunto a Uzumaki lo mismo, pero es que simplemente no le creo. Está fuera de lugar para él. Sobre todo porque no soy yo el que lo alentó.

—Jesús, Obito —gruñe al otro extremo de la línea—. Detente. Y deja de preguntarme lo mismo.

—Es algo extraño un tatuaje en ti. Hanuko. Es un término muy deprimente. Pero, aun así, estoy impresionado.

—Me tengo que ir. Te llamaré después esta semana.

Suspiro en el teléfono. —Dios, esto apesta, hombre. Lo único bueno de toda esta escuela desde que te mudaste es el quinto período.

—¿Qué hay en el quinto período? —pregunta Uzumaki.

—Nada. Se olvidaron de asignarme una clase, así que me escondo en el armario de mantenimiento todos los días durante una hora.

Uzumaki se ríe. Me doy cuenta de que lo estoy escuchando reír por primera vez desde que Naruko murió hace dos meses. Quizás mudarse a El Remolino será realmente bueno para él.

Suena la campana y sostengo el teléfono con el hombro, doblo mi chaqueta y luego la tiro al piso del armario de mantenimiento. Apago la luz. —Te llamaré más tarde. Hora de la siesta.

—Hasta pronto —dice Uzumaki.

Termino la llamada y programo la alarma para cincuenta minutos después, luego coloco el teléfono en el mostrador. Bajo al piso y me acuesto. Cierro los ojos y pienso cuanto apesta este año. Odio que Uzumaki esté pasando por lo que ha tenido que pasar y no hay una maldita cosa que pueda hacer al respecto. Nadie que sea cercano a mí ha muerto, y mucho menos alguien tan cercano como una de mis hermanas. Una hermana gemela, para ser exactos.

Ni siquiera trato de darle consejos, pero creo que le gusta eso. Creo que me necesita sólo para continuar siendo él mismo, porque Dios sabe que todo el mundo en toda esta maldita escuela no tiene ni idea de cómo actuar cerca de él. Si no estuvieran todos esos imbéciles estúpidos, probablemente todavía estaría aquí y la escuela no apestaría la mitad de lo que lo hace.

Pero apesta. Todo el mundo en este lugar apesta y los odio a todos. Odio a todo el mundo ya que son la razón de que Uzumaki ya no está aquí.

Estiro las piernas delante de mí y cruzo los tobillos, luego doblo el brazo sobre los ojos. Por lo menos tengo quinto período.

El quinto período es agradable.

.

Mis ojos se abren rápidamente y me quejo cuando algo cae sobre mí. Escucho el sonido de la puerta golpeando al cerrarse.

¿Qué demonios?

Pongo mis manos en lo que sea que acaba de caer sobre mí y empiezo a rodarlo fuera cuando mis manos rozan una cabeza llena de pelo suave.

¿Es un ser humano?

¿Una chica?

Una chica cayó sobre mí. En el armario de mantenimiento. Y está llorando.

—¿Quién diablos eres? —pregunto con cautela. Sea quien sea, trata de empujarse lejos de mí, pero los dos parecemos estar turnándonos para movernos en la misma dirección. Me levanto y trato de rodarla a mi lado, pero nuestras cabezas chocan.

—Mierda —dice.

Caigo de nuevo en la almohada improvisada y agarro mi frente. —Lo siento —murmuro.

Ninguno de los dos se mueve en esta ocasión. Puedo oírla sollozando tratando de no llorar. No puedo ver dos centímetros en frente de mí, porque la luz todavía está apagada, pero de repente no me importa que aún esté encima de mí porque huele increíble.

—Creo que estoy perdida —dice—. Pensé que caminaba hacia el baño.

Niego con la cabeza, aunque sé que no lo puede ver. —No es un baño —le digo—. Pero, ¿por qué lloras? ¿Te lastimaste cuando te caíste?

Siento todo su cuerpo suspirando encima de mí y aunque no tengo ni idea de quién es o qué aspecto tiene, puedo sentir su tristeza y me hace sentir un poco triste también. No estoy seguro de cómo sucede, pero mis brazos la envuelven y su mejilla baja a mi pecho. En el transcurso de cinco segundos, vamos desde lo extremadamente incómodo a una especie de comodidad, como si hiciéramos esto todo el tiempo.

Es raro y normal, caliente y triste y extraño y realmente no quiero dejarla ir. Se siente una especie de euforia, como si estuviéramos en una especie de cuento de hadas. Como si fuera Campanita y yo Peter Pan.

No, espera. No quiero ser Peter Pan.

Tal vez ella puede ser Cenicienta y yo seré su príncipe encantado.

Sí, me gusta más esa fantasía. Cenicienta es caliente cuando es muy pobre y está sudorosa y esclavizada sobre la estufa. También se ve bien en su vestido de fiesta. Tampoco hace daño que estemos reunidos en un armario de escobas. Muy apropiado.

La siento llevar una mano a su cara, más como enjugándose una lágrima. —Los odio —dice en voz baja.

—¿A quién?

—A todo el mundo —dice—. Odio a todo el mundo.

Cierro los ojos y levanto mi mano, luego la paso sobre su cabello, haciendo todo lo posible para consolarla. Por fin, alguien que realmente lo entiende. No estoy seguro de por qué odia a todo el mundo, pero tengo la sensación de que tiene una razón muy válida.

—Yo también los odio a todos, Cenicienta.

Se ríe en voz baja, probablemente confundida de por qué me referí a ella como Cenicienta. Como sea, acabo de hacerla reír, por lo menos no son más lágrimas. Su risa es intoxicante y trato de pensar en cómo puedo conseguir que lo haga de nuevo. Estoy tratando de pensar en algo gracioso que decir cuando levanta su rostro de mi pecho y siento su movimiento hacia adelante. Antes de darme cuenta, siento sus labios en los míos y no estoy seguro de si debo empujarla o rodar encima de ella. Empiezo a levantar mis manos a su rostro, pero se aleja tan rápido como me besó.

—Lo siento —dice—. Tengo que irme. —Coloca sus manos a mi lado en el suelo y comienza a levantarse, pero agarro su cara y la tiro hacia abajo, otra vez encima de mí.

—No —le digo. Llevo su boca de nuevo a la mía y la beso. Mantengo nuestros labios apretados firmemente mientras la bajo a mi lado y la tiro contra mí de modo que su cabeza está descansando en mi chaqueta. Su aliento sabe cómo caramelos de frutas y me dan ganas de seguir besándola hasta que pueda identificar cada sabor.

Su mano toca mi brazo y le da un fuerte apretón justo cuando mi lengua se desliza dentro de su boca. Esa sería fresa, en la punta de su lengua.

Mantiene la mano en mi brazo, moviéndola de vez en cuando a mi nuca, y luego regresando a mi brazo. Mantengo mi mano en su cintura, en ningún momento tratando de tocarla en otra parte. Lo único que exploramos es la boca del otro. Nos besamos sin hacer otro sonido. Nos besamos hasta que la alarma suena en mi teléfono. A pesar del ruido, ninguno de los dos deja de besarse. Ni siquiera dudamos. Nos besamos otro minuto sin parar hasta que suena la campana afuera en el pasillo y de repente los casilleros se cierran de golpe y la gente está hablando y todo nuestro momento es robado por todos los factores externos inconvenientes de la escuela.

Mantengo mis labios contra los suyos, y luego retrocedo lentamente.

—Tengo que ir a clase —susurra.

Asiento, a pesar de que no puede verme. —Yo también —le respondo.

Comienza a deslizarse de debajo de mí. Cuando ruedo sobre mi espalda, la siento moverse más cerca de mí. Su boca se encuentra con la mía brevemente una vez más, luego se aleja y se levanta. Al segundo que abre la puerta, la luz del pasillo se filtra y cierro los ojos con fuerza, lanzando el brazo por encima de mi cara.

Oigo la puerta cerrarse detrás de ella y para el momento que me ajusto a la luminosidad, la luz se ha ido de nuevo.

Suspiro pesadamente. También me quedo en el suelo hasta que mi reacción física a ella baja. No sé quién demonios era o por qué diablos terminó aquí, pero le pido a Dios que vuelva. Necesito todo un infierno de mucho más de eso.

No volvió al día siguiente. O el día después de eso. De hecho, hoy se cumple exactamente una semana desde que, literalmente, cayó en mis brazos, y me he convencido de que tal vez todo ese día fue un sueño. La noche antes me había quedado casi toda la noche despierto viendo películas de zombis con Gamatatsu, pero a pesar de que llevaba dos horas de sueño, no estaba seguro de que hubiera podido imaginármelo. Mis fantasías no son tan divertidas.

Aunque ella no regrese, todavía no tengo un quinto período y hasta que alguien se dé cuenta de eso, voy a seguir escondiéndome aquí.

Dormí demasiado anoche, así que, en realidad no estoy cansado. Saco mi teléfono y le envió un mensaje a Uzumaki, justo cuando la puerta del armario empieza a abrirse.

—¿Estás aquí, muchacho? —la oigo susurrar.

Mi corazón inmediatamente toma ritmo, y no puedo decir si es porque regresó o porque la luz está encendida y no estoy muy seguro de querer ver cómo se ve cuando abra la puerta.

—Estoy aquí —le digo.

La puerta está todavía apenas abierta. Ella desliza una mano dentro y la mueve por la pared hasta que encuentra la luz, entonces la apaga. La puerta se abre y entra en la habitación, luego la cierra rápidamente.

—¿Puedo ocultarme contigo? —pregunta. Su voz suena un poco diferente a la última vez. Suena más feliz.

—No vas a llorar hoy —le digo.

La siento hacer su camino hacia mí. Roza mi pierna y puede sentir que estoy sentado en un mostrador, por lo que tantea a mí alrededor hasta que encuentra un lugar vacío. Se empuja a sí misma y se sienta a mi lado.

—Hoy no estoy triste —dice, su voz mucho más cerca esta vez.

—Bien. —Hay silencio durante unos segundos, pero es bueno. No estoy seguro de por qué regresó o por qué le tomó una semana, pero me alegro de que esté aquí.

—¿Por qué estabas aquí la semana pasada? —pregunta—. ¿Y por qué estás aquí ahora?

—Percance de programación. Nunca me asignaron un quinto período, por lo que me escondo y espero que la administración no se dé cuenta.

Se ríe. —Astuto.

—Sip.

El silencio vuelve durante más o menos un minuto. Nuestras manos están agarrando el borde de la mesa y cada vez que balancea sus piernas, sus dedos apenas tocan los míos. Finalmente muevo mi mano sobre la suya y la tiro en mi regazo. Se siente extraño sólo tomar su mano así, porque la semana pasada nos besuqueamos por casi quince minutos consecutivos, por lo que tomarse de las manos en realidad es retroceder una base.

Desliza sus dedos entre los míos y nuestras palmas se encuentran, entonces doblo mis dedos sobre los de ella. —Esto es bueno —dice—. Nunca sostuve la mano de nadie.

Me congelo.

¿Qué edad tiene?

—Eres de preparatoria, ¿verdad?

Se ríe. —Dios si. Sólo nunca sostuve la mano de nadie. Los chicos con los que he estado parecen olvidar esta parte. Pero es bueno. Me gusta.

—Sí —concuerdo—. Es bueno.

—Espera —dice—. Tú estás en preparatoria, ¿verdad?

—No. Todavía no —le digo.

Balancea su pierna hacia un lado y me patea, entonces nos reímos.

—Esto es un poco raro, ¿cierto? —pregunta.

—Complicado. Hay muchas cosas que podrían considerarse raras, así que no estoy seguro de a lo que te refieres.

Siento sus hombros encogiéndose. —No lo sé. Esto. Nosotros. Besarnos, hablar y tomarnos de la mano sin siquiera saber cómo nos vemos.

—Soy muy bien parecido —le digo.

Se ríe.

—Lo digo en serio. Si pudieras verme ahora mismo, estarías en tus rodillas pidiendo que sea tu novio, así podrías alardear frente a toda la escuela.

—Muy improbable —dice—. Yo no tengo novios. Sobrevalorado.

—Si no te tomas de las manos y no tienes novios, entonces, ¿qué haces?

Suspira. —Casi todo lo demás. Tengo una gran reputación, ¿sabes? De hecho, es posible que hayamos tenido relaciones sexuales antes y ni siquiera nos dimos cuenta de ello.

—No es posible. Me recordarías.

Se ríe de nuevo y por mucho que me divierto hablando con ella, esa risa me da ganas de arrastrarla al suelo conmigo y no hacer nada más que besarla otra vez.

—¿Realmente eres bien parecido? —pregunta con escepticismo.

—Terriblemente guapo —le respondo.

—Déjame adivinar. Cabello oscuro, ojos marrones, grandes abdominales, dientes blancos, vistes Abercrombie & Fitch.

—Cerca —le digo—. Ojos negros, acertaste en el cabello, los abdominales y los dientes, pero visto American Eagle Outfitters hasta el final.

—Impresionante —dice.

—Mi turno —digo—. Cabello grueso rubio, grandes ojos azules, un pequeño y adorable vestido blanco con un sombrero a juego, piel azul, y estás cerca de los sesenta centímetros de altura.

Se ríe a carcajadas. —¿Te sientes atraído por Pitufina?

—Un hombre puede soñar.

Todavía está riendo y el sonido de su risa en realidad le hace daño a mi corazón. Me duele porque realmente quiero saber quién es esta chica, pero sé que cuando me entere, probablemente no voy a quererla tanto como la quiero ahora.

Inhala una bocanada de aire cuando su risa se calma y luego la sala queda en silencio. Muy tranquilo, casi incómodo.

—No voy a volver aquí después de hoy —dice en voz baja.

Aprieto su mano, sorprendido por la tristeza que sentí ante esa confesión.

—Voy a mudarme. No de inmediato, pero pronto. Este verano. Creo que sería tonto si vuelvo aquí, porque, al final vamos a tener que encender la luz o nos equivocaremos y diremos nuestros nombres, y no creo querer saber quién eres.

Muevo mi pulgar sobre su mano. —¿Por qué has vuelto hoy, entonces?

Exhala una respiración suave. —Quería darte las gracias.

Me río en voz baja. —¿Por qué? ¿Por besarte? Eso es todo lo que hice.

—Sí —dice, como si fuera obvio—. Exactamente. Por besarme. Por sólo besarme. ¿Sabes cuánto tiempo ha pasado desde que un hombre sólo me besó? Después de irme, la semana pasada, traté de recordar, pero no pude. Cada vez que un hombre me ha besado, siempre ha estado tan apurado por pasar a lo que viene después de los besos, que no creo que alguien se haya tomado el tiempo de darme un buen y verdadero beso.

Niego con la cabeza. —Eso es muy deprimente —le digo—. Pero no me des demasiado crédito. He sido conocido por querer correr más allá de esa parte en el pasado. Simplemente no me importó no hacerlo la semana pasada porque eres una besadora bastante fenomenal.

—Sí —dice con confianza—. Lo sé. Imagínate cómo se sentiría hacerme el amor.

Me trago el repentino nudo en la garganta. —Créeme, lo he hecho. Por cerca de siete días seguidos.

Sus piernas dejan de balancearse a mi lado. No sé si la hice sentir incómoda con ese comentario.

—¿Sabes qué es lo más triste? —pregunta—. Nadie nunca me hizo el amor.

Esta conversación se dirige en una dirección extraña. Ya puedo decirlo.

—Eres joven. Hay mucho tiempo para eso. La virginidad es en realidad algo caliente, por lo que no tienes nada de qué preocuparte.

Se ríe, pero es una risa triste en esta ocasión.

Es extraño cómo ya puedo distinguir sus risas.

—No soy para nada una virgen —dice—. Por eso es lo triste. Soy bastante experta en el departamento de las relaciones sexuales, pero mirando hacia atrás... Nunca he amado a ninguno. Ninguno de ellos me ha amado, tampoco. A veces me pregunto si el sexo con alguien que realmente te ama es diferente. Mejor.

Pienso en su pregunta y me doy cuenta de que no tengo una respuesta. Nunca he amado a nadie, tampoco. —Buena pregunta —le digo—. Es un poco triste que ambos hayamos tenido sexo varias veces, pero ninguno de nosotros jamás ha amado a nadie. Dice mucho sobre nuestro carácter, ¿no te parece?

—Sí —dice en voz baja—. Claro que sí. Bastante triste la verdad.

Permanecemos en silencio por un tiempo y todavía me aferro a su mano. No puedo dejar de pensar en el hecho de que nunca nadie le tomó la mano. Esto me hace preguntarme si alguna vez he sostenido las manos de alguna de las chicas con las que he tenido relaciones sexuales. No es que haya habido un montón, pero las suficientes para que sea capaz de recordar tomar una de sus manos.

—Yo podría ser uno de esos tipos —confieso avergonzado—. No sé si alguna vez he tomado la mano de una chica.

—Estás sosteniendo la mía —dice.

Asiento lentamente. —Así es, lo estoy.

Unos cuantos segundos de silencio pasan antes de que ella hable de nuevo.

—¿Y si me voy de aquí en cuarenta y cinco minutos y nunca más sostengo la mano de otro tipo? ¿Y si voy por la vida como estoy ahora? ¿Y si los chicos siguen dándome por sentado y no hago nada para cambiarlo? ¿Y si tengo mucho sexo, pero nunca descubro lo que se siente hacer el amor?

—Entonces no hagas eso. Encuentra un buen tipo, átalo y haz el amor con él todas las noches.

Gime. —Eso me aterroriza. Tan curiosa como me siento por encontrar la diferencia entre hacer el amor y tener sexo... mi postura en las relaciones hace que sea imposible de descubrir.

Pienso en el comentario por un tiempo. Es raro, porque suena un poco como a la versión femenina de mí. No estoy seguro de estar tan en contra de las relaciones como ella, pero definitivamente nunca le he dicho a una chica que la amaba, y de hecho espero que eso no ocurra por mucho tiempo en realidad.

—¿De verdad no regresarás? —le pregunto.

—De verdad —dice.

Dejo ir su mano, presiono mis palmas en el armario y luego salto.

Me muevo y me paro frente a ella, luego coloco mis manos a cada lado de ella. —Vamos a resolver nuestro dilema en este momento.

Se inclina hacia atrás. —¿Qué dilema?

Muevo mis manos, las coloco sobre sus caderas y luego la jalo hacia mí. —Tenemos unos buenos cuarenta y cinco minutos para trabajar. Estoy bastante seguro de que podría hacerte el amor en cuarenta y cinco minutos. Podemos ver qué se siente y si incluso vale la pena tener relaciones en el futuro. De esta manera cuando salgas de aquí, no te preocuparás sobre nunca saber lo que se siente.

Se ríe nerviosamente, luego se inclina hacia mí de nuevo. —¿Cómo haces el amor con alguien de quien no estás enamorado?

Me inclino hacia delante hasta que mi boca está al lado de su oreja. —Fingimos.

Puedo oír la respiración atrapada en sus pulmones. Gira su cara ligeramente hacia la mía y siento sus labios rozar mi mejilla. —¿Y si somos malos actores? —susurra.

Cierro los ojos, porque la posibilidad de que realmente podría estar haciendo el amor con esta chica en cuestión de minutos es casi demasiado para afrontarlo.

—Deberías audicionar para mí —dice—. Sólo si eres convincente entonces podría estar de acuerdo con esta absurda idea tuya.

—Trato —le digo.

Doy un paso atrás, me quito la camiseta y luego la pongo en el suelo. Agarro mi chaqueta del mostrador y la despliego, entonces también la pongo en el suelo. Me giro de vuelta al mostrador, luego la recuesto. Ella me rodea, enterrando su cabeza en mi cuello.

—¿Dónde está tu camiseta? —pregunta, pasando sus manos sobre mi hombro. La bajo al piso, sobre su espalda. Fácilmente me tiro a su lado y la empujo contra mí.

—Estás acostada sobre ella —respondo.

—Oh —dice—. Eso fue considerado de tu parte.

Llevo mi mano a su mejilla. —Eso es lo que la gente hace cuando están enamorados.

Siento su sonrisa. —¿Cuán enamorados estamos?

—En todas las formas —digo.

—¿Por qué? ¿Qué es lo que amas tanto de mí?

—Tu risa —digo inmediatamente, no estoy seguro de cuánto de eso es en realidad inventado—. Amo tu humor. También amo la manera en que metes tu pelo detrás de las orejas cuando estás leyendo. Y amo como odias hablar por teléfono casi tanto como yo. Realmente amo que me dejes esas pequeñas notas todo el tiempo con tu letra adorable. Y amo que tú ames tanto a mi perro, porque a él realmente le agradas. También amo ducharme contigo. Esas siempre son divertidas.

Deslizo mi mano por su mejilla a su nuca. Tiro mi boca hacia adelante y descanso mis labios contra los suyos.

—Guau —dice contra mi boca—, eres muy convincente.

Sonrío y me alejo. —Deja de salirte del personaje —bromeo—. Ahora es tu turno. ¿Qué amas de mí?

—Amo a tu perro —dice—. Es un perro genial. También amo como abres las puertas para mí a pesar de que se supone que quiero hacerlo por mí misma. Amo que no intentas fingir que te gustan las viejas películas en blanco y negro como todos, porque me enfadan muchísimo. También amo cuando estoy en tu casa y cada vez que tus padres miran hacia otro lado, me robas pequeños besos. Mi parte favorita de ti, sin embargo, es cuando te atrapo mirándome. Amo que no mires hacia otro lado y me observes sin pedir disculpas, como si no estuvieras avergonzado de que no puedas dejar de mirarme. Es todo lo que quieres hacer porque piensas que soy la cosa más increíble que has visto. Amo lo mucho que me amas.

—Tienes toda la razón —le susurro—, amo mirarte.

Beso su boca, luego dejo un sendero de besos por su mejilla hasta la mandíbula. Presiono mis labios contra su oreja y aunque sé que estamos fingiendo, mi boca se seca al pensar en las palabras a punto de pasar por mis labios. Lo dudo, casi decidiendo que no lo haré. Pero una parte aun mayor de mí quiere decirlo. Una gran parte de mí desea lo que podría significar y una pequeña parte piensa que probablemente lo sea.

Corro mis manos hacia arriba y por su cabello. —Te amo —susurro.

El próximo aliento que aspira es profundo. Mi corazón está martilleando en mi pecho y estoy quieto, esperando su próximo movimiento. No tengo ni idea de lo que viene después. Por otra parte, tampoco ella.

Sus manos se mueven por mis hombros y poco a poco se abren camino hasta mi cuello. Inclina la cabeza hasta que su boca está alineada en mi oído. —Te amo más —susurra. Puedo sentir la sonrisa en sus labios y me pregunto si coincide con la sonrisa en mi cara. No sé por qué de pronto estoy disfrutando tanto esto, pero lo estoy.

—Eres tan hermosa —le susurro, moviendo mis labios a su boca—. Tan malditamente hermosa. Y cada uno de esos tipos que de alguna manera pasaron eso por alto son unos completos idiotas.

Cierra la distancia entre nuestros labios y la beso, pero esta vez el beso parece mucho más íntimo. Por un breve momento, realmente siento como si de verdad amo todas esas cosas de ella y ella realmente ama todas esas cosas sobre mí. Estamos besándonos, tocándonos y tirando del resto de nuestra ropa con tanta prisa, que se siente como si estuviéramos con un temporizador.

Supongo que técnicamente lo estamos.

Saco mi billetera del bolsillo de mis pantalones y agarro un condón, entonces me acomodo de vuelta contra ella.

—Puedes cambiar de opinión —murmuro, rezando porque no lo haga.

—Tú también puedes —dice.

Me río.

Se ríe.

Entonces ambos nos callamos de una maldita vez y pasamos el resto de la hora demostrando exactamente cuánto nos amamos.

.

Estoy en mis rodillas, recogiendo tranquilamente nuestra ropa. Después deslizo mi camiseta sobre mi cabeza, tiro de ella hacia arriba y la ayudo con su propia blusa. Me levanto y me pongo los pantalones, luego la ayudo a ponerse de pie. Descanso mi barbilla en la cima de su cabeza y la jalo hacia mí, reconociendo el ajuste perfecto.

—Podría encender la luz antes de que te vayas —le digo—. ¿No estás un poco curiosa por ver la cara del hombre del cual estás locamente enamorada?

Sacude la cabeza contra mi pecho con su risa. —Lo arruinará todo —dice. Sus palabras son amortiguadas por mi camiseta, así que levanta su cabeza de mi pecho e inclina su cara hacia la mía—. No vamos a arruinarlo. Una vez que descubramos quien es el otro, vamos a encontrar algo que no nos gusta. Tal vez un montón de cosas que no nos gustan. Este momento es perfecto. Siempre podremos tener este recuerdo perfecto de que alguna vez amamos a alguien.

La beso de nuevo, pero no mucho porque la campana suena. Ella no suelta su agarre de mi cintura. Simplemente presiona su cabeza contra mi pecho de nuevo y me aprieta más fuerte. —Tengo que irme —dice.

Cierro los ojos y asiento. —Lo sé.

Estoy sorprendido de lo mucho que no quiero que se vaya, sabiendo que nunca la veré de nuevo. Casi le ruego que se quede, pero también sé que tiene razón. Sólo se siente perfecto porque estamos fingiendo que lo es.

Comienza a alejarse de mí, así que levanto mis manos a sus mejillas por última vez. —Te amo, nena. Espérame después de la escuela, ¿de acuerdo? En nuestro lugar habitual.

—Sabes que estaré ahí —dice—. Y también te amo. —Se pone de puntillas y presiona sus labios con los míos, en un beso duro, desesperado y triste. Se aleja y hace su camino a la puerta. Tan pronto como empieza a abrirla, camino rápidamente hacia ella y cierro la puerta con mi mano. Presiono mi pecho contra su espalda y bajo mi boca a su oído.

—Desearía que esto pudiera ser real —le susurro. Pongo mi mano en el pomo de la puerta y la abro, luego giro mi cabeza cuando ella se desliza por la puerta.

Suspiro y corro mis manos por mi cabello. Creo que necesito unos minutos antes de que pueda dejar esta habitación. No estoy seguro de querer olvidar todavía la forma en que huele. De hecho, me paro aquí en la oscuridad y trato con todas mis fuerzas de guardar cada cosa de ella en mi memoria, ya que es el único lugar en donde alguna vez la veré de nuevo.

.

¡Hola! Posiblemente anden esperando la conti de "Un amor no correspondido", y créanme cuando les digo que yo también jeje =P. ¡En verdad!, espero no tardar demasiado. Mi problema básicamente es que no sé dónde cortar. los que me han leído de antes saben que los finales siempre son lo más complicado para mí, tal vez es lo más complicado para todos. Entonces sí, "Un amor no correspondido" se sigue editando de cierta manera.

En fin, les cuento esto que acaban de leer. Hace tiempo leí una historia llamada Hoplees. Creo, desde mi humilde trinchera que es una historia fuerte… No muy explícita, afortunadamente, pero los temas que trata estas bastante desagradables. La clasificaría en la categoría de mmm ¿palomera? Tal vez; entretiene, te saca varias sorpresillas, esta triste, cursi… en general creo que es una historia completa. No la considero la mejoooor historia, pero si les gusta el super drama, totalmente pueden leerla. Aparte termina feliz entonces, no queda un sabor de boca amargo. El primer y el segundo libro, son la misma historia, pero desde diferentes perspectivas y eso siempre me ha parecido muy interesante.

En fin, me he desviado del tema. El tercer libro es de cierta manera lo que tienen frente a ustedes. Cof cof, si, esto es una media adaptación cof cof, Es una historia extra que la autora de Hopeless regalo, o al menos sé que estaba gratis en el Google books y trata de los amigos de los protagonistas de Hopelees.

Me salí de la cosa habitual de usar mi amado Naruhina para personificar. Primero porque sentí estos papeles no les quedaban del todo, pero principalmente porque creo que necesitaban descansar un poquito de mi y de hacerlos estar tristes y en un amor no correspondido :(. Es por eso que llega a ustedes la historia de ¡Rin y Obito! ¡Awwww! Siempre quise hacer algo así. Poca gente lo sabe, pero, ¿la verdad? De Naruto, Obito es mi personaje favorito. En serio. Kishimoto se voló la barda con él.

En fin, espero que les guste esta historia, que repito, me tome como un descanso. Hay poquitito Naruhina, —porque en mi versión de las cosas Naruto es Holder y Sky es Hinata, siii, siii, siii. Este es un fic y en los fics todo es posible, por lo que leerán a Naruto y Obito como los mejores amigos del mundo mundial jaja =P—… la historia es corta, divertida y sí un poco dramática, pero quiero aclarar que yo le baje varias rayitas al drama, o sea esta no es la historia original, original.

PD Gracias por pasar por aquí.