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Un año después.

—¡Oh, Dios mío! —digo, frustrado—. Relájate. —Enciendo el auto justo cuando Seilor entra y cierra la puerta enfurruñada.

Tan pronto como está dentro del coche, la abrumadora cantidad de perfume que lleva, comienza a asfixiarme. Abro la ventana, pero sólo lo suficiente para que no piense que la estoy insultando. Ella sabe cuánto me molesta ese perfume, especialmente cuando las chicas huelen como si se bañasen en él, pero nunca parece importarle lo que pienso, porque continúa aplicándose todo el frasco.

—Eres tan inmaduro, Obito —murmura. Voltea la visera hacia abajo, saca su lápiz labial de su bolso, y comienza a aplicárselo—. Estoy empezando a preguntarme si alguna vez vas a cambiar.

¿Cambiar?

¿Qué demonios se supone que significa eso?

—¿Por qué debería cambiar? —le pregunto, inclinando la cabeza por curiosidad.

Suspira y deja caer su lápiz labial en el bolso, frota sus labios juntos, y se vuelve hacia mí. —¿Así que me vas a decir que estás contento con la manera en la que te comportas?

¿Qué?

¿La manera en que me comporto? ¿Realmente está comentando sobre mi manera de comportarme? ¿La misma chica que he visto insultar a camareras por algo tan simple como el exceso de hielo en su vaso, está comentando realmente sobre mi manera de comportarme?

Hemos estado juntos una y otra vez desde hace meses y no he tenido ni una sola pista de que esté esperando que eventualmente yo cambie.

Esperando que me convierta en alguien que no soy.

Ahora que pienso en eso... sigo regresando con ella, pensando en que es la única que debería cambiar. Para estar bien de una vez por todas.

Pero en realidad, las personas son lo que son y nunca cambian. ¿Entonces por qué demonios Seilor y yo continuamos perdiendo nuestro tiempo en esta relación agotadora si ni siquiera nos gusta la manera de ser del otro?

—No lo creo —dice con aire de suficiencia, asumiendo incorrectamente que mi silencio era el reconocimiento de que no estoy contento con la forma en que actúo. En realidad, mi silencio era por el momento de claridad que he necesitado desde el día en que la conocí.

Me quedo en silencio hasta que nos estacionamos en su camino de entrada. Dejo el auto en marcha, lo que indica que esta noche no tengo planes de ir dentro con ella.

—¿Te vas? —pregunta.

Asiento y miro por la ventanilla del lado del conductor. No quiero mirarla, porque soy un hombre y ella es caliente y sé que si la miro, mi momento de claridad en cuanto a nuestra relación se convertirá en niebla y voy a terminar en el interior de su casa, reconciliándome con ella en su cama como siempre lo hago.

—Tú no eres el único que está enojado, Obito. Te comportaste ridículo esta noche. ¡Y nada menos que delante de mis padres! ¿Cómo esperas que te aprueben alguna vez, si actúas de la manera en que lo hiciste?

Tengo que exhalar despacio, calmando mi respiración por lo que no levanto mi voz como ella lo está haciendo en este momento. —¿Cómo me comporto, Seilor? Porque fui yo mismo en la cena, al igual que soy cada minuto del día.

—Exactamente —dice—. ¡Hay tiempo y lugar para tus apodos estúpidos y payasadas inmaduras, y la cena con mis padres no era el momento ni el lugar!

Me froto las manos en la cara por frustración, entonces me doy la vuelta y la miro. —Este soy yo —le digo, haciendo un gesto hacia mí mismo—. Si no te gusta todo de mí, entonces tenemos problemas graves, Seilor. No voy a cambiar y, sinceramente, no sería justo de mi parte pedirte que cambies, tampoco. Nunca te pediría que pretendas ser algo que no eres, que es exactamente lo que me estás pidiendo ahora. No voy a cambiar, nunca voy a cambiar y realmente me gustaría que te largaras de mi coche en este momento porque tu perfume está haciendo que me den jodidas náuseas.

Sus ojos se estrechan y yo agarro su bolso de la consola y se lo tiro. —Oh, eso es muy bonito, Obito. Insultas mi perfume para vengarte de mí. ¿Ves lo que quiero decir? Eres el epítome de la inmadurez. —Abre la puerta del coche y desabrocha su cinturón de seguridad.

—Bueno, al menos no estoy pidiéndote que cambies tu perfume —le digo en tono burlón.

Niega con la cabeza. —No puedo seguir con esto —dice, saliendo del coche—. Hemos terminado, Obito. Esta vez para siempre.

—Gracias a Dios —digo lo suficientemente alto como para que me oyera. Cierra la puerta y se marcha hacia su casa. Bajo la ventana de su lado para airear el perfume y salgo de su entrada de autos.

¿Dónde diablos está Uzumaki? Si no me quejo con alguien acerca de ella, voy a dar un jodido grito.

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Me subo por la ventana de Hinata y ella está sentada en el suelo, hurgando en unas fotos. Levanta la mirada y sonríe mientras entro a su habitación. —Hola, Obito —dice.

—Hola, Pechos de ramen —le digo mientras me caigo sobre la cama, se sonroja un poco, pero puedo decir que empieza a acostumbrarse a ser llamada así—. ¿Dónde está tu novio "no presente"?

(Nota: Creí importante hacer esta aclaración aquí. En el libro el tatuaje que se hace Holder es Hopeless – Sin esperanza. Es una mezcla de Hope el nombre de una amiga de Holder y Less el nombre de su hermana gemela. Aquí el tatuaje es Hanuko, que realmente es una palabra que invente jaja. La metí a San Google traslate y resultó que esa palabra en Suajili significa "No estás ahí", por lo que para fines prácticos vamos a interpretarla como que: para Hana (Hope) Y Less (Naruko), Holder (Naruto) no estuvo presente (como que les fallo, pues) ¿vale? Muchas gracias por su atención, por favor continúen con la lectura.)

Señala con la cabeza por la puerta de su dormitorio. —E… están en la cocina haciendo helado. ¿Quieres un poco?

—No —digo—. Estoy muy desconsolado para comer algo en este momento.

Se ríe. —¿Seilor, está teniendo un mal día?

—Seilor está teniendo una mala vida —le digo—. Y después de esta noche por fin me di cuenta que no quiero ser parte de ella.

Levanta las cejas. —¿Ah, sí? Suena serio esta vez.

Me encojo de hombros. —Rompimos hace una hora. ¿Y quiénes son ellos?

Me lanza una mirada confusa, por lo que aclaro mi pregunta. —Dijiste que estaban en la cocina preparando helado. ¿Quiénes son ellos?

Hinata abre la boca para contestar cuando la puerta del dormitorio se abre y Uzumaki entra con dos copas de helado en la mano. Una chica está detrás de él con su propio tazón de helado y una cuchara colgando de su boca. Saca la cuchara de sus labios y patea la puerta del dormitorio para cerrarla con el pie, luego se vuelve hacia la cama y se detiene cuando me ve.

Me parece vagamente familiar, pero no puedo ubicarla. Lo cual es extraño, porque es linda como el infierno y siento como si debería saber su nombre o recordar dónde la he visto, pero no lo hago.

Ella se acerca a la cama y se sienta en el extremo opuesto de la misma, mirándome todo el tiempo. Deja caer la cuchara en su helado, y luego vuelve a poner la cuchara de nuevo en su boca.

No puedo dejar de mirar la cuchara. Creo que me encanta esa cuchara.

—¿Qué estás haciendo aquí? —me pregunta Uzumaki.

Lamentablemente tengo que retirar mis ojos de la chica del helado y ver como él se sienta en el suelo junto a Hinata y recoge algunas de las fotos.

—He terminado con ella, Uzumaki —digo, estirando las piernas en la cama—. Para siempre. Está jodidamente loca.

—Pero pensé que por eso la amabas —dice burlonamente.

Pongo los ojos en blancos. —Gracias por la comprensión, Dr. Morino.

Hinata quita algunas imágenes de la mano de Uzumaki. —Creo que es realmente en serio esta vez —le dice—. No más de Seilor. —Hinata trata de lucir triste por mí, pero sé que está aliviada. Seilor nunca encajó con ellos dos.

Ahora que lo pienso, realmente nunca encajó conmigo, tampoco.

Uzumaki me mira con curiosidad. —¿Terminaron para siempre? ¿En serio? —Suena extrañamente impresionado.

—Sí, de verdad, verdad.

—¿Quién es Seilor? —pregunta la chica del helado—. O mejor aún, ¿quién eres tú?

—Oh, mi error —interrumpe Hinata. Señala una y otra vez entre la chica helado y yo—. Rin este es el mejor amigo de Naruto, Obito. Obito, este es mi mejor amiga, Rin.

Nunca me acostumbraré a escuchar a Hinata llamarlo Naruto, pero su presentación me da una excusa para mirar hacia la cuchara de nuevo. Rin la saca de su boca y la apunta a mí. —Encantada de conocerte, Obito —dice.

¿Cómo demonios puedo robar esa cuchara antes de que se vaya?

—¿Por qué el sonido de tu nombre me es familiar? —le pregunto.

Se encoge de hombros. —No lo sé. ¿Tal vez porque Rin es un sonido bastante común? Es eso, o has oído hablar de lo fácil que soy.

Me río. No sé por qué me río, ya que su comentario no fue realmente divertido. En realidad fue un poco molesto. —No, no es eso —le digo, todavía confundido en cuanto a por qué su nombre suena tan familiar. No creo que Hinata nunca la haya mencionado frente a mí antes.

—La fiesta del año pasado —dice Uzumaki, obligándome a volver a mirarlo. Estoy bastante seguro que ruedo los ojos cuando tengo que apartar la mirada de ella, pero no quiero. Prefiero mucho más mirarla a ella que a Uzumaki—. ¿Recuerdas? —dice—. Fue la semana que volví de El Remolino y unos días antes de que conociera a Hinata. ¿La noche que Kisame te dio una paliza por decir que tomaste la virginidad de Hinata?

—Oh, ¿te refieres a la noche en la que me quitaste de encima de él antes de que tuviera la oportunidad de patear su trasero? —Todavía me molesto de tan sólo pensar en eso. Podría haberlo golpeado si Uzumaki no se hubiera metido en medio.

—Sí —confirma Uzumaki—. Deidara mencionó algo esa noche sobre Hinata y Rin, pero no sabía quiénes eran para entonces. Creo que ahí fue que oíste su nombre.

—E… espera, e… espera, espera —dice Hinata, moviendo las manos en el aire y mirándome como si estuviera loco—. ¿A qué te refieres con que Kisame te dio una paliza porque dijiste que tomaste mi virginidad? ¿Qué diablos, Obito?

Uzumaki pone una mano tranquilizadora en la espalda baja de Hinata. —Está bien, cariño. Sólo lo dijo para hacer enojar a Kisame porque estaba a punto de patear el trasero de ese idiota por la forma en la que hablaba de ti.

Hinata está sacudiendo la cabeza, todavía confundida. —Pero no me conocías. Acabas de decir que fue unos días antes de que me conocieras, entonces ¿por qué te enojaría el que Kisame estuviera diciendo mierda de mí?

Miro a Uzumaki, también, esperando su respuesta. Nunca pensé sobre eso, pero es extraño que estuviera enojado por los comentarios de Kisame cuando no conocía a Hinata en ese momento.

—No me gustó como hablaba de ti —dice, inclinándose para besar el costado de la cabeza de Hinata—. Me hizo pensar que probablemente hablaba igual de Naruko y me enfureció.

Mierda. Por supuesto que pensaría eso Kisame había salido con Naruko por un buen tiempo. Ahora realmente deseo que me hubiera dejado patear el trasero de Kisame esa noche.

—Eso es muy dulce, Uzumaki —dice Rin—. La protegías desde antes de conocerla.

Uzumaki se ríe. —Oh, no sabes ni la mitad, Rin.

Hinata levanta la mirada hacia él y se sonríen el uno al otro, casi como si tuvieran algún tipo de secreto, luego ambos vuelven su atención de regreso a las fotos en el suelo frente a ellos.

—¿Qué son esas? —pregunto, indagando entre las fotos.

—Para el anuario —dice Rin, respondiéndome. Coloca el tazón de helado en la cama a su lado, luego levanta los pies y se sienta cruzando las piernas—. Aparentemente se supone que subamos fotos nuestras de niños para la página principal, así que Hinata está buscando entre las fotos que Kurenai le dio.

—¿Fuiste a la misma escuela que nosotros? —pregunto, refiriéndome al hecho de que se incluyó en la explicación de la tarea. Sé que fuimos a una escuela enorme, pero tengo la sensación de que la recordaría, especialmente si es la mejor amiga de Hinata.

—No estuve en esa escuela este último año —dice—. Pero estaré allí una vez que llegue el lunes. —Lo dice como si no estuviera deseando que llegue.

No puedo evitar sonreír con su respuesta. No me importaría ver a esta chica regularmente. —Entonces, ¿eso significa que te unirás a nuestra alianza en la cafetería? —Me inclino y tomo el tazón de helado que no terminó y lo acerco a mí, luego doy una mordida.

Me observa mientras cierro los labios alrededor de la cuchara y la saco de mi boca. Arruga la nariz, mirando la cuchara. —Podría tener herpes, ¿sabes? —dice.

Le sonrío y le guiño un ojo. —De alguna forma hiciste que el herpes suene atractivo.

Se ríe, pero su tazón es de repente arrancado de mis manos por Uzumaki y me saca de la cama. Mis pies golpean el suelo y me empuja hacia la ventana. —Vete a casa, Obito —dice él, dejando ir mi camisa mientras vuelve al suelo junto a Hinata.

—¿Qué diablos, hombre? —grito.

Sin embargo, en serio. ¿Qué diablos?

—Es la mejor amiga de Hinata —dice, moviendo la mano hacia Rin—. No tienes permitido coquetear con ella. Si ustedes dos se enredan sólo va a causar tensión y hacer que las cosas estén raras, no quiero eso. Ahora vete y no vuelvas hasta que puedas estar cerca de ella sin tener los pensamientos pervertidos que sé que están pasando por tu mente.

Por primera vez en mi vida, creo que de verdad estoy sin palabras. Quizás debería asentir y estar de acuerdo con él, pero el idiota acaba de cometer el error más grande que podría hacer.

—Mierda, Uzumaki —me quejo, pasando las manos por mi cara. ¿Por qué diablos tenía que hacer eso? Comienzo a caminar hacia la ventana. Una vez que estoy fuera, meto mi cabeza y lo miro—. Deberías haberme dicho que saliera con ella, entonces habría sido más probable que no estuviera interesado.

—Vaya, Obito —dice Rin, sin entusiasmo—. Me alegra saber que me consideras un ser humano y no un desafío. —Mira a Uzumaki mientras se levanta de la cama—. Y no me había dado cuenta que tenía un quinto hermano sobreprotector —dice, caminando hacia la ventana—. Los veo luego chicos. Probablemente debería ir a rebuscar entre mis propias fotos antes del lunes, de todas formas.

Uzumaki me mira de nuevo cuando doy un paso al costado y le permito a Rin salir por la ventana. Él no dice nada, pero la mirada que me da es una advertencia silenciosa de que Rin está completamente fuera de los límites para mí. Levanto las manos defensivamente, luego cierro la ventana cuando Rin ya está afuera. Camina unos pocos metros hasta la casa de al lado y empieza a subir por esa ventana.

—¿Tomas atajos por las ventanas todo el tiempo, o resulta que vives en esa casa? —pregunto, caminando hacia ella. Una vez que está dentro, da una vuelta y saca la cabeza.

—Esta es mi ventana —dice—. Y ni siquiera pienses en entrar. Esta ventana ha estado fuera de servicio durante casi un año y no tengo planes de reabrirla para los negocios.

Mete su cabello castaño claro hasta los hombros detrás de las orejas y doy un paso atrás, esperando que un poco de distancia permita que mi corazón deje de atacar las paredes de mi pecho. ¿Me siento así porque Uzumaki estúpidamente la declaro fuera de los límites?, porque todo lo que quiero hacer es descubrir una forma de reactivar su ventana.

—¿De verdad tienes cuatro hermanos mayores?

Asiente. Odio el hecho de que tenga cuatro hermanos mayores, pero sólo porque representa cuatro razones más por las que no debería salir con ella. Pero sé que es la única cosa en la que seré capaz de pensar ahora.

Gracias Uzumaki. Muchas gracias.

Descansa su barbilla en su mano y me mira. Está oscuro fuera, pero la luna sobre nosotros proyecta una luz justo hacia su cara y luce como un maldito ángel. Ni siquiera sé si la gente debería usar las palabras maldito y ángel en la misma idea, pero mierda. De verdad luce como un maldito ángel, con su cabello castaño, con esas pequeñas marcas color lavanda en sus mejillas y sus grandes ojos… Ni siquiera estoy seguro de qué color son porque está oscuro y realmente no presté atención cuando nos encontrábamos en la habitación de Hinata, pero cualquiera que sea el color, es mi nuevo color favorito.

—Eres muy carismático —dice.

Jesús. Su voz me mata por completo. —Gracias. Eres bastante linda también.

Se ríe. —No dije que eras lindo, Obito. Dije que eras carismático. Hay una diferencia.

—No tanto —digo—. ¿Te gusta la del Rayo?

Frunce el ceño y retrocede unos centímetros como si la hubiera insultado. —¿Por qué me preguntas eso?

Su reacción me confunde. No tengo idea de cómo ese comentario puede haberla ofendido. —Uh... ¿nunca te han invitado a una cita antes?

El ceño fruncido desaparece de su rostro y se asoma de nuevo. —Oh. Te refieres a la comida. Como que estoy un poco cansada de la comida del Rayo, de hecho. Acabo de volver de siete meses de intercambio allí. Si me estás pidiendo ir a una cita, preferiría el sushi.

—Nunca comí sushi —admito, intentando procesar el hecho de que estoy bastante seguro de que acaba de aceptar ir a una cita conmigo.

—¿Cuándo?

Esto fue demasiado fácil. Creí que pelearía y me haría rogarle un poco como Seilor siempre hacía. Me encanta que no esté jugando. Es directa y hasta ahora eso me gusta de ella.

No puedo llévala esta noche, aunque quiero. Necesito algo de tiempo para recuperarme de la relación con la psicótica de Seilor. —¿Qué te parece mañana en la noche?

—Mañana es domingo —dice.

—¿Tienes un problema con los domingos?

Se ríe. —No realmente, supongo. Sólo parece extraño tener una primera cita un domingo en la noche. Encuéntrame aquí a las siete en punto, entonces.

—Te encontraré en tu puerta principal —digo—. Y puede que quieras no decirle a Hinata a donde irás a menos que quieras que me pateen el trasero.

—¿Qué hay que decir? —dice sarcásticamente—. No es como si fuéramos a una cita al azar el domingo en la noche ni nada.

Sonrío y me alejo, lentamente volviendo a mi auto. —Fue lindo conocerte, Rin.

Coloca la mano en su ventana para bajarla. —Igualmente, creo.

Me río, luego vuelvo mi cabeza hacia mi auto. Estoy casi en la puerta cuando grita mi nombre. Doy la vuelta y está asomada en su ventana.

—Lo siento por tu corazón roto —susurra en voz alta. Se agacha de nuevo en su habitación y la ventana se cierra.

¿Qué corazón roto? Estoy bastante seguro que esta es la primera vez en que mi corazón de verdad se siente de alguna forma aliviado desde el momento en que comencé a salir con Seilor.

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