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—¡Vamos! —le digo por quinta vez.
Agarra su mochila y gime, luego se levanta y empuja su silla. —¿Cuál es tu problema, Obito? Nunca tienes prisa para llegar a la escuela. —Bebe el resto de su jugo de naranja. Estoy de pie en la puerta en la que he estado durante cinco minutos, listo para salir. Mantengo abierta la puerta y la sigo al exterior.
Una vez que estamos en el coche ni siquiera espero a que ella cierre la puerta antes de ponerlo en reversa.
—En serio, ¿por qué tienes tanta prisa? —pregunta.
—No tengo prisa —le digo a la defensiva—. Estabas siendo muy lenta.
La última cosa que necesita saber es lo absolutamente patético que soy. Tan patético que he estado despierto durante dos horas, esperando hasta que pudiéramos salir. Probablemente ni siquiera veré a Rin hasta el almuerzo si no tenemos clases juntos, así que realmente no sé por qué estoy apurado.
Aunque espero que sí tengamos clases juntos. De verdad, de verdad lo espero.
—¿Cómo estuvo tu cita anoche? —pregunta Gamatatsu mientras se pone el cinturón de seguridad.
—Bien —digo.
—¿La besaste?
—Síp.
—¿Te gusta?
—Sí.
—¿Cómo se llama?
—Rin.
—No, en serio. ¿Cuál es su nombre?
—Rin.
—No, no el apodo que le diste. ¿Cómo la llaman los demás?
Giro mi cabeza y la miro. —Rin. La llaman Rin.
Gamatatsu arruga la nariz. —Qué extraño.
—Le queda bien.
—¿La quieres?
—Nop.
—¿Te gustaría?
—Sí...
Guau.
Espera.
¿Me gustaría?
No sé. Puede ser. ¿Sí? Mierda. No sé. ¿Cuán jodido es romper con una chica hace dos días y ya estar contemplando la posibilidad de amar a otra persona?
Bueno, técnicamente, no creo que realmente amara a Seilor. En cierto modo me pareció que lo hice en alguna ocasión, pero creo que si una persona está real y verdaderamente enamorada, entonces tiene que ser incondicional. Lo que sentía por Seilor no era definitivamente incondicional.
Tenía condiciones para cada sensación que tenía de ella. Diablos, la única razón por la que alguna vez la invité a salir en primer lugar fue que durante unos quince segundos, pensé que era Cenicienta.
Después de esa experiencia en el armario el año pasado, la misteriosa chica era todo en lo que podía pensar. La busqué por todas partes, a pesar de que no tenía ni idea de cómo lucía. Estaba bastante seguro de que tenía el cabello corto, pero estaba oscuro, así que podría haber sido un error. Escuché la voz de cada chica que pasaba para ver si sonaba como ella. El problema era, que todas se parecían. Es difícil memorizar una voz cuando no tienes una cara que la respalde, así que siempre encontraba cosas pequeñas que me recordaban a ella en todas las chicas con las que hablaba.
Con Seilor, en realidad me convencí de que era Cenicienta. Una tarde, pase junto a ella en el pasillo de camino a clase de historia. La había visto en el pasado, pero nunca le presté mucha atención porque parecía un poco exigente para mí. Choqué accidentalmente con su hombro cuando pasaba porque miraba en otra dirección y hablaba con otra persona.
Ella gritó detrás de mí. —Cuidado, muchacho.
Me quedé inmóvil en mi camino. Estaba demasiado asustado para dar la vuelta porque oírla utilizar el término "muchacho" me había convencido de que estaba a punto de encontrarme cara a cara con la chica del armario. Cuando finalmente gané el coraje para dar vuelta, me quedé anonadado por lo caliente que era. Siempre tuve la esperanza de que si alguna vez supiera quién era Cenicienta estaría atraído por ella. Pero Seilor era mucho más caliente que lo que había estado fantaseando.
Caminé hacia ella y le hice repetir lo que dijo. Parecía sorprendida, pero lo repitió de todos modos. Cuando las palabras salieron de su boca de nuevo, inmediatamente me incliné y la besé. Tan pronto como la besé, supe que no era Cenicienta. Su boca era diferente. No estaba mal, sólo diferente. Cuando me retiré después de darme cuenta que no era ella, me molesté un poco conmigo mismo por no limitarme a dejar que se fuera. Nunca iba a saber quién era la chica, así que no tenía sentido insistir. Además, Seilor estaba realmente caliente. Me esforcé para invitarla a salir ese día y así comenzó "la relación".
—Acabas de pasar mi escuela —dice Gamatatsu.
Piso el freno cuando me doy cuenta de que tiene razón. Pongo el coche en reversa y hacia arriba, a continuación, estaciono para dejarla salir. Ella mira por la ventana del pasajero y suspira.
—Obito, llegamos tan temprano que todavía no hay nadie más.
Me inclino hacia delante y miro por la ventana, explorando la escuela. —No es cierto —digo, señalando a alguien en un lugar del estacionamiento—. Hay alguien.
Niega con la cabeza. —Ese es el tipo de mantenimiento. Le gané al maldito tipo de mantenimiento de la escuela. —Abre la puerta y sale, luego se da vuelta y se inclina en el coche antes de cerrar la puerta—. ¿También tengo que programarte para que puedas estar aquí para recogerme una hora más temprano? ¿Hoy tu cerebro está atrapado en la hora del Este?
Ignoro su comentario y cierra la puerta, entonces acelero y conduzco hacia la escuela.
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No sé qué tipo de coche conduce, así que estaciono en mi lugar de siempre y espero. Hay algunos otros coches aquí, incluyendo el de Hinata y Uzumaki, pero sé que están en la pista de atletismo como lo hacen todos los días.
No puedo creer que no sepa qué tipo de coche conduce. Todavía no sé su número de teléfono. O su cumpleaños. O su color favorito o lo que quiere ser cuando sea mayor, o por qué diablos eligió El Rayo para su intercambio o cuáles son los nombres de sus padres o qué tipo de alimentos come.
Mis manos comienzan a sudar, así que las limpio en mis vaqueros, a continuación, agarro el volante. ¿Qué pasa si es realmente molesta con otras personas cerca? ¿Y si es una drogadicta? ¿Y si...?
—Hola.
Su voz me saca de mi casi ataque de pánico. También calma el infierno, porque en cuanto la veo caer en el asiento delantero de mi coche, mis temores injustificados son reemplazadas por puro alivio.
—Hola.
Cierra la puerta y acomoda su pierna, volviéndose hacia mí en el coche. Huele tan bien. No a perfume en absoluto... sólo huele bien. Un poco frutal.
—¿Ya has tenido tu ataque de pánico? —pregunta.
La confusión nubla mi cara. No tengo tiempo para responderle antes de que comience a hablar de nuevo.
—Yo tuve uno esta mañana —dice, mirando a todo lo demás que nos rodea, incapaz de hacer contacto visual conmigo—. Sigo pensando que somos idiotas. Que tal vez toda esta conexión que creemos que tenemos está en nuestras cabezas y realmente no nos divertimos tanto como creímos anoche. Ni siquiera te conozco, Obito. No sé tu cumpleaños, tu nombre completo, el nombre real de Gamatatsu, si tienes alguna mascota, cuál será tu especialidad en la universidad. Sé que no es como si hayamos hecho este gran compromiso o casarnos o tener relaciones sexuales, pero tienes que entender que nunca había pensado en la idea de tener un novio que fuera remotamente atractivo y tal vez todavía no crea que realmente este pasando, pero... —Finalmente me mira y hace contacto visual—. Pero es tan divertido y todo este último año ha sido el peor de mi vida y por alguna razón cuando estoy contigo me siento bien. Aunque apenas te conozco, las partes que conozco de ti, realmente me gustan. —Inclina su cabeza en la cabecera y suspira—. Y eres lindo. Muy lindo. Me gusta mirarte.
Me vuelvo en mi asiento e imito su posición, apoyando mi cabeza en mi propia cabecera. —¿Has terminado?
Asiente.
—Uchiha, ese es mi apellido y yo tuve mi ataque de pánico justo antes de que entrarás en el coche. Pero cuando abriste la puerta y escuché tu voz, se fue. Creo que ahora estoy bien.
Sonríe. —Eso es bueno.
Le sonrío de nuevo y ambos nos miramos fijamente durante unos segundos. Quiero darle un beso pero también prefiero sólo mirarla. Me gustaría cogerle la mano, pero está pasando sus dedos hacia arriba y hacia abajo de la costura del asiento del pasajero y me gusta verla hacer eso.
—Debería entrar y registrarme para las clases —dice.
—Asegúrate de que tienes el segundo almuerzo.
Asiente. —No veo la hora de fingir que te odio.
—No veo la hora de fingir que te odio más.
Puedo decir que está a punto de girar, por lo que me inclino hacia delante, deslizo mi mano detrás de su cuello, y luego la atraigo hacia mí. La beso por unos buenos días, un hola y un adiós de una vez. Cuando me retiro, miro por encima del hombro y veo a Hinata y a Uzumaki hacer su camino fuera de la pista hacia el estacionamiento.
—¡Mierda! —Empujo su cabeza hacia abajo entre nosotros—. Están viniendo en esta dirección.
—Mierda —susurra.
Comienza a tararear el tema de Misión Imposible y empiezo a reír. Empiezo a agacharme con ella, pero si llegan a mi coche nos verán incluso si nuestras cabezas están abajo o no.
—Voy a salir del coche, así no vendrán por aquí.
—Buena idea —dice con la voz ahogada por los brazos—. Creo que me has hecho una lesión.
Me inclino y beso la cima de su cabeza. —Lo siento. Nos vemos más tarde. Cierra las puertas cuando salgas.
Abro la puerta del coche cuando Uzumaki comienza a caminar en mi dirección. Empiezo a caminar en la suya para interceptarlos. —¿Buena carrera? —les pregunto cuando los alcanzo.
Ambos asienten, sin aliento. —Necesito cambiar mi ropa —le dice Hinata a Uzumaki, señalando su coche—. ¿Quieres que tome las tuyas? —Uzumaki asiente y ella se dirige en esa dirección. Sus ojos pasan de ella a los míos.
—¿Qué haces aquí tan temprano? —me pregunta. No lo pregunta como si me estuviera acusando de algo. Probablemente sólo por hacer una pequeña charla, pero me siento a la defensiva.
—Gamatatsu tenía que estar temprano en la escuela —digo.
Asiente y coge el dobladillo de su camisa, y luego se limpia el sudor de la frente. —¿Todavía vienes esta noche?
Pienso en su pregunta. Pero no tengo ni idea de lo que podría pasar esta noche para que necesitara que fuera.
—Obito, ¿sabes de qué diablos estoy hablando?
Niego con la cabeza. —No tengo idea —reconozco.
—Cena en la casa de Hinata. ¿Kurenai te invitó a ti y a Seilor? Van a dar una gran bienvenida para la mejor amiga de Hinata.
Eso capta mi atención. —Sí, por supuesto que estaré allí. Aunque no llevaré a Seilor. Nos separamos, ¿recuerdas?
—Sí, pero la cena es en diez horas. La podrías amar de nuevo para entonces.
Hinata se acerca con la bolsa de Uzumaki en sus manos. —Obito, ¿has visto a Rin?
—No —suelto inmediatamente.
Hinata mira hacia la escuela, sin haber notado la actitud defensiva en mi respuesta inmediata. —Debe estar dentro registrándose para las clases. —Se vuelve hacia Uzumaki—. Voy a ir a buscarla. —Lo alcanza y le da un beso en la mejilla, pero los ojos del Uzumaki permanecen en la míos.
Se estrecharon.
Esto no es bueno.
Hinata se aleja y empiezo a caminar detrás de ella, hacia la escuela. Uzumaki pone su mano en mi hombro cuando lo paso, por lo que me detengo. Me doy la vuelta, pero me toma unos segundos mirarlo a los ojos. Cuando lo hago, no parece feliz.
—¿Obito?
Levanto una ceja para encajarla con su expresión. —¿Uzumaki?
—¿Qué estás haciendo?
—No sé de qué me estás hablando —respondo inocentemente.
—Sabes de lo que estoy hablando, porque cuando estás mintiendo, no utilizas contracciones al hablar.
Reflexiono sobre su observación durante unos segundos. ¿Es eso cierto?
Mierda. Es cierto.
Exhalo un suspiro y hago mi mejor esfuerzo para que parezca que le voy a dar una confesión. —Está bien —digo, pateando el suelo bajo mis pies—. Tuve sexo con Seilor ahora. En mi coche. No quería que supieran porque tú y Hinata parecían muy contentos de que rompiéramos.
La tensión se libera de los hombros de Uzumaki y niega con la cabeza. —Amigo, me importa un bledo con quien sales. Ya lo sabes. —Comienza a caminar hacia la escuela, así que sigo su ejemplo—. A menos que sea Rin —añade—. No tienes permitido tener citas con Rin.
Sigo caminando hacia adelante, a pesar de que ese comentario me hace querer congelarme. —No tengo ningún deseo de salir con Rin —digo—. No es tan linda, de todos modos.
Se detiene en seco y se da vuelta para mirarme. Levanta un dedo como si estuviera a punto de dar una conferencia. —No estás autorizado a hablar mierda sobre ella, tampoco.
Cristo. Ocultarle nuestra relación puede ser más agotador que divertido. —No amarla, no odiarla, no follarla, no citas. Lo tengo. ¿Algo más que quieras agregar?
Piensa por un segundo, luego baja el brazo. —Nope. Eso lo cubre. Nos vemos en el almuerzo. —Se da vuelta y camina dentro. Miro de nuevo a la zona de aparcamiento a tiempo para ver a Rin salir de mi coche. Me da un rápido saludo. La saludo de vuelta, luego me vuelvo y entro.
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Voy con mi bandeja a la mesa y me regocijo interiormente cuando veo que el único lugar disponible es justo al lado de Rin. Me mira cuando me acerco y sus ojos sonríen, pero sólo brevemente. Pongo mi bandeja frente a Uzumaki y me uno a la conversación actual. Todo el mundo está hablando de la cena en la casa de Hinata esta noche, pero ya he cenado allí antes. Kurenai no sabe lo que es comida de verdad. Es vegetariana, así que normalmente rechazaría las comidas en su casa. Sin embargo no esta noche.
—¿Habrá carne? —pregunto.
Hinata asiente. —Sí. Asuma cocina actualmente, así que la comida debería ser buena. También he hecho un pastel de chocolate.
Estiro la mano a través de la mesa por la sal, aunque no la necesito. Esto me da una excusa para inclinarme ridículamente cerca de Rin.
—Por lo tanto, Rin. ¿Cómo están tus clases? —pregunto a la ligera.
Se encoge de hombros. —Están bien.
—Déjame ver tu horario.
Entrecierra los ojos como si estuviera haciendo algo malo. Le doy una mirada para hacerle saber que no tiene nada de qué preocuparse. Aunque no estuviera con ella, no soy un imbécil. Todavía estaría haciendo conversación.
—Apesta que no tengamos clases juntas —dice Hinata—. ¿Quién tienes para historia?
Rin saca su horario del bolsillo y me lo da. Lo abro y hago un análisis rápido de las clases, pero ninguna es la misma que la mía. —Onoki para historia —le digo, en respuesta a Hinata. Le devuelvo a Rin su horario y le doy una mirada para hacerle saber que no tenemos clases juntos. Se ve desanimada, pero no dice nada.
—¿Puedes hablar bien el idioma nativo del Rayo? —pregunta Haku a Rin.
—No bien del todo. Hablo mejor el idioma nativo de La Arena. Pero elegí El Rayo porque había suficiente financiación y preferiría haber pasado medio año allí que en La Arena.
—Una buena opción —dice Haku—. Los hombres son más calientes en El Rayo.
Rin asiente. —Sí lo son —dice apreciativamente.
Pierdo inmediatamente el apetito y suelto el tenedor en el plato. Hace un ruido de traqueteo sonoro, así que, naturalmente, todo el mundo vuelve a mirarme. Está tranquilo e incómodo y todo el mundo sigue mirando, así que digo la primera cosa en mi mente. —Los hombres de El Rayo son muy peludos.
Hinata y Haku ríen, pero Rin frunce los labios y mira hacia abajo a su plato.
Dios, apesto en esto.
Por suerte, Seilor se acerca y quita la atención de mí.
Espera. ¿Acabo de decir por suerte? Porque Seilor viniendo no es una buena cosa.
—¿Puedo hablar contigo? —dice, mirándome.
—¿Tengo alguna opción?
—Pasillo —dice, girando sobre sus talones. Se dirige hacia la salida de la cafetería.
—Haznos a todos un favor y ve a ver lo que Seilor quiere —dice Hinata—. Si no vas con ella, va a volver a la mesa.
—Por favor —murmura Haku.
Estoy viendo todas sus reacciones y no sé si siempre han reaccionado de esta manera cuando se trata de Seilor o si sólo estoy notándolo, por primera vez, porque por fin tengo claridad.
—¿Por qué todos se refieren a Ino Yamanaka como Seilor? —pregunta Rin, confundida.
Haku apunta por encima del hombro en dirección en la que Seilor salió. —Ino es Seilor. —Hace una pequeña pausa y sonríe burlón antes de continuar. —Seilor Moon, para ser exactos. Obito parece que no puede llamar a nadie por su nombre real, si no lo has notado.
Observo cómo Rin inhala una respiración lenta, entonces me mira directamente. Se ve muy disgustada. —¿Tu novia es Ino Yamanaka? ¿Te acuestas con Ino Yamaka?
—Ex novia y nos acostábamos —aclaro—. Y sí. Probablemente coincidió con el mismo tiempo en el que te enamorabas de un peludo en El Rayo.
Rin estrecha los ojos, entonces rápidamente mira hacia otro lado. Al instante me siento mal por lo que dije, pero sólo bromeaba. Más o menos. Se supone que debemos ser malos el uno con el otro. No puedo decir si realmente herí sus sentimientos o si es una muy buena actriz.
Suspiro, y luego me pongo de pie y camino hacia las puertas de la cafetería rápidamente para que pueda volver a la mesa y de alguna manera asegurarme de que Rin realmente no se molestó conmigo.
Camino por el pasillo y Seilor está de pie justo fuera de las puertas de la cafetería. —Te aceptaré de vuelta con una condición —dice.
Tengo curiosidad por lo de la condición, pero no es realmente importante en este momento.
—No estoy interesado.
Su boca literalmente, se abre. Ni siquiera es una linda boca ahora que estoy viendo. No sé cómo me enamoré de ella todas las otras veces.
—Lo digo en serio, Obito —dice con firmeza—. Si metes la pata una vez más, terminamos.
Dejo que mi cabeza caiga hacia atrás hasta que estoy mirando hacia el techo. —Jesús, Ino —digo. Ya no es realmente digna de mis apodos. La miro a los ojos de nuevo—. No quiero que me aceptes de vuelta. No quiero salir contigo. Ni siquiera lo quiero hacer contigo. Eres mala.
Se burla, pero está congelada. —¿En serio? —dice, estupefacta.
—En serio. Positivo. Convencido. Iluminado. Elige tu opción.
Lanza sus manos en el aire y se da vuelta, y luego vuelve a entrar en la cafetería. Camino a las puertas y las abro. Rin me está mirando desde nuestra mesa, así que hago una rápida mirada alrededor en el resto del grupo. Nadie está prestando atención, por lo que hago un movimiento para que salga al pasillo. Toma un trago de su agua, y luego se levanta, presenta una excusa para el resto de la mesa. Doy un paso fuera de la vista mientras hace su camino a la salida. Cuando las puertas se abren inmediatamente la agarro de la muñeca y tiro de ella hasta llegar a los casilleros. La empujo contra ellos y estrello mi boca con la suya. Sus manos vuelan inmediatamente hasta mi pelo y nos lanzamos a nuestros besos como si pudiéramos ser atrapados.
Y realmente podríamos.
Después de todo un minuto, empuja suavemente contra mi pecho, así que me alejo.
—¿Estás enojada? —pregunto, casi arrancando la pregunta entre las respiraciones pesadas.
—No —dice, sacudiendo la cabeza—. ¿Por qué habría de estarlo?
—Debido a que Seilor es Ino y es obvio que no te gusta mucho Ino y porque tuve un momento celoso y llamé a los hombres de El Rayo peludos.
Se ríe. —Estamos actuando, Obito. En realidad estaba un poco impresionada. Y un poco encendida cuando te pusiste celoso. Pero muy poco impresionada con el hecho de que Seilor es Ino. No puedo creer que tuviste relaciones sexuales con Ino Yamaka.
—No puedo creer que tuviste relaciones sexuales con casi todos los demás —le respondo en broma.
Sonríe. —Eres un idiota.
—Sep.
—¿Vas a estar en mi cena de esta noche? —pregunta.
—Esa es una pregunta muy tonta.
Una sonrisa se extiende lentamente por su cara y es tan condenadamente sexy que tengo que besarla de nuevo.
—Debo volver —susurra cuando me aparto.
—Sí, deberías hacerlo. Yo también debería.
—Tú primero. Se supone que debo estar en la oficina de administración para aclarar un problema con mi agenda.
—Está bien —le digo—. Yo voy primero, pero te extrañaré hasta que regreses a la mesa.
—No me hagas vomitar —dice.
—Apuesto a que eres adorable cuando vomitas. Apuesto a que tu vomito es incluso adorable. Es probable que sea de color rosa chicle.
—Eres repugnante en serio. —Se ríe y me besa de nuevo. Empuja contra mi pecho, y luego se desliza entre mi cuerpo y el casillero. Pone sus dos manos en mi espalda y me empuja hacia las puertas de la cafetería—. Actúa natural.
Me doy vuelta y le guiño, y luego camino a través de las puertas. Casualmente me dirijo de nuevo a la mesa y tomo asiento.
—¿Dónde está Rin? —pregunta Haku.
Me encojo de hombros. —¿Cómo voy a saberlo? Estaba ocupado haciéndolo con Seilor en el pasillo.
Hinata niega con la cabeza y baja el tenedor. —Acabo de perder mi apetito, Obito. Gracias.
—Vas a tener el apetito de nuevo para la cena de esta noche —le digo.
Hinata niega con la cabeza. —No contigo y Seilor allí. Probablemente le estarás chupando la cara al lado de mi comida. Si babeas en mi pastel de chocolate no vas recibir nada.
—Lo siento, Pechos de ramen —digo—. Pero Seilor no estará en la cena de esta noche. Sin embargo yo sí.
—Apuesto a que lo harás —dice Haku en voz baja.
Lo miro y me mira desafiante.
—¿Qué acabas de murmurar, Sopla Polvo? —Absolutamente odia cuando le llamo Sopla Polvo, pero debe saber que sólo le doy apodos a la gente que me gusta. Creo que lo sabe, sin embargo, porque en realidad no me da demasiada mierda por ello.
—Te dije que apuesto a que lo harás —repite esta vez más fuerte. Se vuelve a Hinata, que está sentada a su lado—. Va a ser una fiesta Riiiin-bombante, ¿verdad?
Hinata lo mira confundida, pero asiente. —Eso intentaremos, si.
—Estaré allí en ese Riiiin-con de la ciudad a las seis —dice Haku. Me mira y sonríe—. Apuesto a que tú estarás en aquel a las seis, también, ¿cierto, Obito? ¿Te gusta el Riiin-con donde vive ellas? ¿Crees que la cena será ?
Nos ha descubierto. Mierda.
—Estoy seguro de que será Rinbombante —le digo, sosteniendo su mirada—. Y es mi Rincon favorito de la ciudad.
Sonríe a sabiendas, pero no estoy preocupado. Tengo la sensación de que va a estar tan divertido con esto como yo.
—¿Todo está bien? —le pregunta Hinata a Rin cuando regresa a la mesa. Rin asiente y toma su asiento. Su mano roza la cara externa de mi muslo cuando se acomoda. Presiono mi rodilla contra la de ella y ambos recogemos nuestros tenedores al mismo tiempo y tomamos un bocado de la comida.
Tenerla aquí a pocos centímetros de mí y no poder tocarla es una completa tortura. Estoy empezando a pensar que prefiero inclinarme y besarla y tomar la paliza que Uzumaki me va a dar, que tener que fingir que no la quiero.
Desde el momento en que desapareció en su casa anoche me he sentido más inquieto de lo que me había sentido antes. He estado inquieto todo el día. No puedo parar de tocar mis dedos y mover mi pierna. Siento como que quiero arañar mi piel cuando no está cerca, como si estuviera cayéndome desde lo alto.
Eso es exactamente lo que se siente. Como si fuera una droga de la que me he convertido adicto inmediatamente pero no tengo ningún suplidor. Lo único que sacia el anhelo es su risa. O su sonrisa o sus besos o la sensación de ella presionada contra mí.
Dios, es tan difícil no tocarla. Tan difícil.
Empieza a reír en voz alta de algo que Hinata dijo, y el anhelo se vuelve casi insoportable debido a la intensa necesidad que tengo de acoger ese sonido con mi boca.
Dejo caer el tenedor en mi plato y bajo mi cabeza en mis manos y gimo. —Deja de reír —le digo en voz baja.
Está obviamente riendo demasiado fuerte como para escucharme, así que me giro hacia ella y le digo otra vez—: Rin. Deja de reír. Por favor.
Su mandíbula se cierra y se vuelve para mirarme. —¿Perdón?
Al mismo tiempo, Uzumaki patea fuerte mi rodilla. Me deslizo hacia atrás e inmediatamente levanto la pierna y froto el punto donde pateó. —¿Qué demonios, hombre?
Uzumaki me mira como si estuviera en las nubes. —¿Qué demonios está mal contigo? Te dije que no fueras malo con ella.
Ja. ¿Piensa que estoy siendo malo? Si sólo supiera lo mucho que quiero estar con ella en este momento.
—¿No te gusta mi risa? —dice Rin. Puedo decir por su voz que sabe cuánto me gusta su risa, pero está disfrutando el hecho de que Uzumaki no tiene ni idea de lo que su risa me hace.
—No —gruño deslizándome de vuelta a la mesa.
Se ríe de nuevo y su sonido me provoca una mueca de dolor.
—¿Siempre estás de tan mal humor? —pregunta—. ¿Quieres que vaya a buscar a tu novia y la traiga a la mesa para que te puedas poner de un mejor humor?
—¡No! —gritan Hinata y Haku al unísono.
Miro a Rin. —¿Crees que mi novia podría ponerme de mejor humor?
Sonríe. —Creo que tu novia es algo patética por aceptar salir contigo.
Niego con la cabeza. —Mi novia toma decisiones muy sabias. No puedo esperar hasta esta noche cuando le demuestre cuán inteligente fue cuando decidió reclamarme.
—Pensé que dijiste que no iba a venir a cenar —dice Hinata decepcionada.
La mano de Rin se desliza debajo de la mesa y empieza a frotar suavemente en el punto en mi rodilla que Uzumaki acaba de patear.
—Jesucristo —murmuro, inclinándome hacia adelante. Pongo mis codos sobre la mesa y corro mis manos por mi cara, intentando parecer inafectado por el hecho de que se siente como si Rin se arrastrara dentro de mi pecho y se envolviera alrededor de mi corazón.
—¿Aun no se termina el almuerzo? —le digo a nadie en particular—. Tengo que salir de aquí.
Uzumaki chequea su teléfono. —Cinco minutos más. —Me mira—. ¿Estás enfermo, Obito? Hoy no estás siendo tú mismo. Está empezando a asustarme un poco.
La mano de Rin sigue en mi rodilla. Casualmente bajo mi mano y la deslizo debajo de la mesa, luego la coloco sobre la suya. Gira su mano, encajo nuestros dedos y aprieto su mano.
—Lo sé —le digo a Uzumaki—. Sólo estoy teniendo un día extraño. Novias. Tienen ese efecto en ti.
Él sigue mirándome con recelo. —En serio necesitas tomar una decisión cuando se trata de ella. Esta más allá del punto que cualquiera de nosotros te compadezca, porque en este momento es irritante.
—No ayuda el hecho de que solía ser una zorra —dice Rin.
—Rin —dice Hinata—, eso fue malo.
Rin se encoge de hombros. —Es cierto. Escuche que tuvo sexo con seis tipos diferentes en poco más de un año.
—No hables de mi novia de esa forma —le digo—. ¿A quién le importa lo que hizo en el pasado? Seguro como el infierno que a mí no.
Rin aprieta mi mano, luego se aleja y pone su mano de nuevo en la mesa. —Lo siento —dice—. Eso no fue agradable. Si sirve de algo, escuché que sabe besar muy bien.
Sonrío. —Sabe besar increíble.
Suena la campana y todo el mundo recoge sus bandejas. Me doy cuenta de que Rin no tiene ninguna prisa, así que también me tomo mi tiempo. Hinata besa a Uzumaki en la mejilla, luego sale con Haku hacia la salida. Uzumaki recoge ambas bandejas y levanta su mirada hacia mí. —Nos vemos esta noche —dice—, y espero que el verdadero Obito aparezca, porque hoy no tienes nada de sentido.
—Lo sé —le digo, señalando brevemente mi cabeza—. Ella me tiene todo jodido aquí, hombre. Todo jodido. Me estoy volviendo loco.
Uzumaki niega con la cabeza. —Eso es exactamente de lo que estoy hablando. Pareces más afectado por Seilor hoy de lo que nunca lo has estado. Es extraño. —Se marcha, todavía mirando confundido. Me siento un poco mal por haberle mentido, pero es por su culpa. No debería tratar de decirme con quien puedo salir, entonces no tendría que esconderme de él.
—Eso fue muy divertido —dice Rin en voz baja. Comienza a recoger su bandeja, pero la intercepto. Doy un paso hacia ella y la miro con dureza a los ojos.
—No vuelvas a insultar a mi novia otra vez. ¿Me escuchas?
Aprieta los labios para ocultar su sonrisa. —Anotado.
—Quiero acompañarte a tu casillero. Espérame.
Su sonrisa se hace más difícil de ocultar mientras asiente. Tomo nuestras dos bandejas y las coloco en la pila de las bandejas, y luego regreso a la mesa. Echo un vistazo a nuestro alrededor y no veo a nadie realmente prestar atención, así que me inclino rápidamente y la beso brevemente en los labios, luego me aparto.
—Obito Uchiha, vas a conseguir ser atrapado —dice con una sonrisa. Se da vuelta y comienza a caminar hacia la salida, así que discretamente coloco una mano en su espalda y camino a su lado.
—Dios, espero que sí —le digo—. Si tengo que aguantar otro almuerzo así, perderé mi mierda y vas a terminar de espaldas en la parte superior de la mesa.
Se ríe. —Qué facilidad tienes con las palabras.
Salimos de la cafetería y caminamos a su casillero. Está en el pasillo frente al mío, lo cual no pudo ser más inoportuno. No tenemos una sola clase juntos y ni siquiera la veo en el pasillo mientras estamos en la escuela. Incluso sé que no he estado saliendo con ella durante todo un día, pero ya la extraño.
—¿Puedo ir antes de la cena? —le pregunto.
Niega con la cabeza. —No, voy a estar ayudando a Kurenai y Hinata con los deberes. Voy a ir allí justo después de la escuela.
—¿Que hay después de la cena?
Niega con la cabeza otra vez mientras cambia sus libros. —Hinata se arrastra a través de mi ventana cada noche. No puedes estar en mi habitación.
—Pensé que tu ventana estaba fuera de servicio.
—Sólo para personas con penes.
Me río. —¿Qué si te dijera que no tengo un pene?
Me mira. —Probablemente me regocijaría. Mis experiencias con personas que tienen penes nunca terminan bien.
Niego con la cabeza. —Eso es algo que mi pene no quiere oírte decir. Tiene un ego muy sensible.
Sonríe y cierra su casillero, luego se inclina contra él. —Bueno, tal vez deberías ir a casa después de la escuela y acariciar tu ego un poco hasta que se sienta mejor.
Levanto una ceja. —Acabas de hacer una broma de masturbación.
Asiente. —Sí.
—Tengo la novia más genial del mundo.
Asiente otra vez. —Así es.
—Te veré en la cena.
—Lo harás —dice.
—¿Podemos salir y besarnos mientras todo el mundo está comiendo?
Entrecierra los ojos como si realmente estuviese considerándolo. —No sé. Nos tocará improvisar.
Asiento y apoyo mi hombro contra el casillero junto a ella. Estamos a sólo unos centímetros de distancia y nos encontramos mirándonos el uno al otro otra vez. Me encanta la forma en que me mira como si realmente disfruta mirándome.
—Dame tu número de teléfono —le digo.
—Siempre y cuando no estés planeando enviarme mensajes con fotos de tu ego frotándose después de la escuela.
Me río y abrazo fuerte mi corazón. —Maldita sea, Rin. Amo cada palabra que sale de tu boca.
—Pene —dice secamente.
Es malvada.
—Excepto esa palabra —le digo—. No amo los penes.
Se ríe y abre su casillero de nuevo. Saca un bolígrafo, entonces se gira y coge mi mano. Escribe su número de teléfono, y luego pone la pluma en su casillero otra vez. —Te veo esta noche, Obito. —Comienza a alejarse. Todo lo que puedo hacer es asentir, porque estoy bastante seguro de que su voz fue tan explícita que se lo hizo a mis oídos. Se vuelve y desaparece al final del pasillo cuando algo aparece en mi línea de visión.
Miro a los ojos que ahora me están mirando a mí.
—¿Qué quieres, Sopla Polvo? —le pregunto, cerrando mi casillero.
—¿Te gusta?
—¿Quién? —le pregunto, haciéndome el tonto. No sé por qué estoy tratando de hacerme el tonto. Ambos sabemos a qué se está refiriendo.
—Creo que es adorable —dice—. Le gustas, también. Lo puedo decir.
—¿En serio?
Se ríe. —Eres muy fácil. Y sí, no sé cómo, pero te puedo decir que le gustas. Son todos lindos. ¿Por qué te escondes? O mejor aún, ¿de quién lo escondes?
—Uzumaki. Dice que no puedo salir con ella. —Empiezo a caminar hacia la clase y Haku tropieza conmigo.
—¿Por qué no? ¿Porque eres un idiota?
Me detengo y lo miro. —¿Soy un idiota?
Haku asiente. —Sí. Pensé que lo sabías.
Me río, y luego empiezo a caminar de nuevo. —Él piensa que va a arruinarlo todo ya que somos mejores amigos.
—Tiene razón. Lo hará.
Me detengo de nuevo. —¿Quién dice que las cosas no funcionarán entre Rin y yo?
—¿No acabas de conocerla? ¿Como hace dos días?
—No importa —le digo a la defensiva—. Es diferente. Tengo un buen presentimiento sobre ella.
Haku me estudia por un momento, y luego sonríe. —Esto debería ser divertido. Nos vemos esta noche. —Se da vuelta y camina en dirección opuesta, pero se detiene y me enfrenta otra vez—. Llámame otra vez Sopla Polvo y tu secreto saldrá a la luz.
—Está bien, Sopla Polvo.
Se ríe y me señala. —¿Ves? Un idiota.
Se gira y se dirige hacia su clase. Saco mi teléfono de mi bolsillo y abro la información de contacto de Seilor. Golpeo eliminar, a continuación, agrego el número de Rin en mi teléfono. Esperaré hasta llegar a mi salón de clases antes de enviarle un mensaje de texto.
No quiero parecer desesperado.
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