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Yo: Finge que vas al baño o algo así.
Dejo mi teléfono en la mesa y empiezo a comer otra vez. He estado aquí casi una hora, Rin y yo apenas hemos tenido la oportunidad de hablar. Ni siquiera sé si será necesario que Haku cuente acerca de nosotros, porque estoy a punto de perder la paciencia y hacerlo yo mismo.
Sé que todo el mundo tiene curiosidad acerca de su viaje a El Rayo, pero parece que a ella le resulta incómodo hablar de ello. Sus respuestas son cortantes y no me gusta ser el único que parece darse cuenta de lo mucho que no quiere hablar de eso. Pero a la vez, me gusta ser el único que lo nota, ya que demuestra que esta conexión que siento con ella es más que genuina. Siento que la conozco mejor que nadie aquí. Tal vez incluso mejor que Hinata.
Aunque es absurdo sentirse de esa manera, ya que todavía ni siquiera sé cuándo es su cumpleaños.
Rin: Sólo hay un baño en el pasillo. Incluso si tuviera que ir allí, sería obvio si tú te levantas y me sigues.
Leo su mensaje y gimo en voz alta.
—¿Todo bien? —pregunta Asuma. Está sentado a mi lado en la mesa, lo cual estaría muy bien en cualquier otro momento, pero realmente quería que Rin estuviera en su silla. Asiento, luego pongo el teléfono dado vuelta sobre la mesa.
—Drama de novia molesta —digo.
Se ríe y se vuelve a Uzumaki, continuando con su conversación. Rin está involucrada en una discusión con Hinata y Kurenai. Y Haku al final no fue capaz de llegar, lo que probablemente sea algo bueno. No estoy seguro de si podría haber manejado el hecho de que lo sabe.
Ahora mismo, sólo estamos mi impaciencia y yo teniendo una guerra silenciosa en la mesa.
—Eso me recuerda —dice Rin en voz alta—, te compré un montón de regalos. Lo olvidé. —Se aparta de la mesa—. Están en mi casa. Ya vuelvo.
—Se levanta y da dos pasos antes de volverse hacia nosotros—. ¿Obito? Son bastante pesados. ¿Te importaría darme una mano?
No te comportes demasiado emocionado, Obito.
Suspiro pesadamente.
—Supongo —digo mientras me deslizo de la mesa. Miro a Uzumaki y ruedo los ojos, y sigo a Rin fuera. Ninguno de los dos dice una palabra mientras hacemos nuestro camino a un lado de la casa. Extiende una mano hacia la ventana, y luego se da la vuelta.
—Mentí —dice. Sus ojos están preocupados, lo que hace que me preocupe.
—¿Por qué?
Niega con la cabeza.
—No compré ningún regalo. Simplemente no puedo soportar otro segundo más de todas las preguntas, y luego verte al otro lado de la mesa y desear tanto que pudiéramos estar sólo nosotros dos, está haciendo toda esta cena realmente irritante. Pero ahora no tengo regalos. ¿Cómo puedo volver allí sin regalos?
Trato de no reír, pero me encanta que haya estado tan irritada como yo. Me empezaba a preocupar que yo pudiera tener algunos problemas.
—Podríamos quedarnos aquí y no volver a entrar.
—Sí, podríamos —concuerda—, pero tarde o temprano vendrían a buscarnos. Por no hablar de que sería grosero, ya que Asuma y Kurenai se tomaron el trabajo de cocinar para mí y, oh, Dios mío, ¿y si es cierto, Obito?
No sé si soy yo o si es realmente difícil seguirle el ritmo, pero no tengo ni idea de lo que está hablando.
—Si es cierto, ¿qué?
Exhala una respiración rápida.
—¿Qué pasa si nuestros sentimientos son sólo por psicología inversa? ¿Qué pasa si Uzumaki te hubiera dicho que me invitaras a salir el sábado en la noche? Es posible que no estuvieras interesado en mí después de eso. ¿Qué pasaría si la única razón por la que nos gustamos tanto es que está prohibido? ¿Y si en el segundo en que todos se enteren de la verdad, no podemos seguir juntos?
No me gusta que la preocupación en su voz suene real, porque eso significa que de verdad cree esta mierda que está diciendo.
—¿Crees que hay alguna posibilidad de que sólo me gustes porque se supone que no deberías gustarme?
Asiente.
La tomo de la mano y la llevo hacia la parte delantera de la casa.
—¡Obito, no tengo regalos!
La ignoro y la acompaño hasta los escalones de la entrada, abro la puerta y la llevo directamente a la cocina.
—¡Oigan! —grito. Todos se dan la vuelta y nos miran. Echo un vistazo a Rin y tiene los ojos muy abiertos. Aspiro una respiración profunda, y luego me giro hacia la mesa. Específicamente a Uzumaki.
—Esta chica chocó su puño con el mío —digo, señalando a Rin—. No es mi culpa. Odia las carteras y golpeó mi puño, y luego me hizo seguirla a ese maldito carrusel. Después de eso, me exigió que la llevara a ver dónde tuve sexo en el parque, y entonces me obligó a escabullirme en mi propia habitación. Es rara y la mitad del tiempo no puedo seguirle el ritmo, pero piensa que soy gracioso como el infierno. Y esta mañana, Gamatatsu me preguntó si quería amarla algún día, y me di cuenta de que nunca he esperado que pudiera amar a alguien más de lo que quiero amarla a ella. Así que si alguno de ustedes tiene un problema con que salgamos va a tener que superarlo porque... —Me detengo y me vuelvo hacia Rin—. Porque chocaste tu puño contra el mío y no podría importarme menos quien sepa que estamos juntos. No voy a ninguna parte y no quiero hacerlo, así que deja de pensar que estoy interesado en ti porque se supone que no debería. —Levanto las manos e inclino su rostro hacia el mío—. Estoy interesado en ti porque eres increíble. Y porque me dejas tocarte accidentalmente el pecho.
Tiene la sonrisa más amplia que le he visto.
—Obito Uchiha, ¿dónde aprendiste esos movimientos ingeniosos?
Me río.
—No son movimientos, Rin. Es carisma.
Lanza los brazos alrededor de mi cuello y me besa. Espero el momento en que Uzumaki me aleje de ella, pero ese momento no llega. Nos besamos por unos treinta segundos antes de que la gente comience a aclararse la garganta. Cuando Rin se aparta de mí, sigue sonriendo.
—¿Se siente diferente ahora que saben? —pregunto—. Porque para mí, se siente mucho mejor.
Le da un empujón a mi pecho con una risa molesta.
—¡Basta! Deja de decir cosas que me hacen sonreír como una tonta. Mi cara ha estado doliendo desde el segundo en que te conocí.
La atraigo hacia mí y la abrazo, de pronto tomo conciencia de que todavía estamos de pie en la cocina de Hinata y todo el mundo sigue mirándonos. Vacilante me giro y miro a Uzumaki para medir su nivel de ira.
La verdad es que nunca antes me golpeó, pero he visto lo que puede hacer y estoy completamente seguro de que no quiero experimentarlo.
Cuando mis ojos se encuentran con los suyos, está... sonriendo. Realmente está sonriendo.
Hinata lleva una servilleta a sus ojos y se limpia las lágrimas.
Kurenai y Asuma están sonriendo.
Es raro.
Demasiado raro.
—¿Han hablado con mis padres? —pregunto con cautela—. ¿Les enseñaron sus trucos sucios de psicología inversa?
Kurenai es la primera en hablar.
—Siéntense, los dos. Su comida se está enfriando.
Beso a Rin en la frente, luego vuelvo a tomar mi asiento en la mesa. Sigo mirando a Uzumaki, pero no se ve alterado en absoluto. En realidad se ve un poco impresionado.
—¿Dónde diablos está mi regalo? —pregunta Asuma a Rin.
Se aclara la garganta. —Decidí esperar hasta Navidad. —Toma su vaso y lo lleva a los labios, luego me mira. Le sonrío.
Todos retoman las conversaciones en las que estaban antes de mi interrupción. Es como si nadie estuviera sorprendido. Actúan como si esto fuera completamente normal. Como si fuera algo natural... Rin y yo.
Y lo entiendo perfectamente, porque así es. Lo que sea que tenemos es bueno y aunque todavía no sé cuándo es su cumpleaños... Sé que esto está bien. Y basándome en la expresión de su cara ahora mismo, también lo cree.
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—Me gusta mucho esta —digo, mirando la foto en mis manos. Estoy apoyado en la pared, sentado en el suelo en la habitación de Hinata. Rin está mostrando las fotos que tomó en El Rayo a mí, Hinata y Uzumaki
—¿Cuál estás mirando? —dice. Está acostada a mi lado en el suelo. La miro y volteo la foto para que pueda verla. Sacude la cabeza mientras rueda rápidamente los ojos—. Sólo te gusta porque mi escote se ve muy bien.
Inmediatamente doy vuelta la foto otra vez. Tiene razón. Se ve muy bien. Pero esa no es la razón por la qué me gustó al principio. Parece feliz en esta. Pacífica.
—Me tomé esa foto el día que llegué a El Rayo —dice—. Puedes quedártela.
—Gracias. De todos modos, no pensaba devolvértela.
—Considéralo un regalo de aniversario —dice.
Inmediatamente miro hacia abajo, a la hora en mi teléfono.
—Oh. Vaya. Realmente es nuestro aniversario. —Me acomodo hasta que estoy inclinado sobre ella—. Casi se me olvida. Soy el peor novio del mundo. No puedo creer que todavía no me hayas abandonado.
Sonríe.
—No pasa nada. Puedes recordar el siguiente. —Desliza la mano en mi nuca y me atrae hacia adelante hasta que nuestros labios se encuentran.
—¿Aniversario? —dice Hinata, confundida—. ¿Hace cuánto tiempo exactamente han estado saliendo?
Me alejo de Rin y me siento contra la pared.
—Exactamente veinticuatro horas.
Un silencio incómodo viene a continuación, entonces, por supuesto, Uzumaki lo llena.
—¿Soy el único que tiene un mal presentimiento sobre esto?
—Creo que es genial —dice Hinata—. Nunca he visto a Rin tan... ¿amable? ¿Feliz? ¿Comprometida? Le sienta bien.
Rin se sienta y envuelve los brazos alrededor de mi cuello, y luego me jala hacia el suelo con ella.
—Eso es porque nunca he conocido a nadie tan vulgar e inapropiado y horrible en los primeros besos como Obito. —Lleva mi boca a la suya y me besa mientras se ríe de sí misma.
Esta es una primera vez. ¿Un beso y una sonrisa al mismo tiempo? Creo que podría estar en el cielo.
—Rin tiene una habitación, ya sabes —dice Uzumaki.
Rin se pone de pie riendo. Y deja de besarme.
Uzumaki está a punto de entrar en mi lista negra.
—A Rin no se le permiten penes en su habitación —respondo sin dejar de mirar hacia ella.
Rin mueve su boca a mi oreja.
—Siempre y cuando no esperes que acaricie tu ego esta noche, como que me gustaría besarte en mi cama.
No sabía que la gente podía moverse tan rápido como me estoy moviendo ahora. Esto tiene que ser algún tipo de récord, porque mis manos están debajo de su espalda y las rodillas, y la estoy levantando en mis brazos antes de que incluso su oración se registre completamente. Lanza los brazos alrededor de mi cuello y chilla mientras me dirijo directamente a la ventana de Hinata. La bajo con cuidado, pero luego prácticamente le doy un empujón para que salga. Empiezo a seguirla sin siquiera despedirme de Hinata o Uzumaki.
—Son tan extraños juntos —oigo decir a Hinata justo antes de salir por la ventana.
—Sí —dice Uzumaki coincidiendo—. Pero también extrañamente... correctos.
Hago una pausa.
¿Uzumaki acaba de halagar mi relación con Rin? No sé por qué siempre deseé tanto su aprobación, pero oírle decir eso me llena de esta extraña sensación de orgullo. Me doy la vuelta y doy un paso atrás hacia la ventana y me inclino dentro.
—Te oí.
Mira a la ventana y me ve apoyado en el interior, así que rueda los ojos.
—Vete —dice con una sonrisa.
—No. Estamos teniendo un momento.
Ladea una ceja, pero no responde.
—Eres mi mejor amigo, Uzumaki.
Hinata niega con la cabeza y se ríe, pero Uzumaki sigue mirándome como si me hubiera vuelto loco.
—En serio —digo—. Eres mi mejor amigo y te amo. No me avergüenza admitir que amo a un hombre. Te amo, Uzumaki. Obito Uchiha ama a Naruto Uzumaki. Por toda la eternidad.
—Obito, ve a besuquearte con tu novia —dice, despidiéndome con la mano.
Niego con la cabeza.
—No hasta que me digas que me amas, también.
Su cabeza cae hacia atrás contra el cabecero de Hinata.
—Joder, te amo, ¡ahora VETE!
Sonrío. —Te amo más.
Recoge una almohada y la lanza por la ventana. —¡Fuera de aquí, imbécil!
Me río y me alejo de la ventana.
—Ustedes dos son tan lindos juntos —dice Hinata.
Tiro de la ventana para cerrarla, luego me giro para enfrentar a Rin. Ya está en su habitación, inclinándose hacia afuera por su ventana con la barbilla en sus manos. Está sonriendo.
—Obito y Uzumaki, sentados en un árbol —dice con una voz cantarina.
Camino hacia ella e improviso la siguiente línea de la canción.
—Pero luego Obito se baja —termino el resto de la frase a toda prisa—: y va hasta la ventana de Rin y trepa dentro de su habitación y la lanza sobre la cama y la besa hasta que ya no puede más y tiene que ir a casa y acariciar su ego.
Se está riendo y retrocediendo hacia su habitación para dejarme espacio para que trepe hasta el interior.
Una vez que estoy dentro, miro alrededor y observo su habitación. Finalmente entiendo lo que quiso decir cuando dijo que mi habitación era más que sólo una habitación. Esto es como un vistazo secreto a quién es Rin en realidad. Siento como si pudiera estudiar esta habitación y todo en ella, y descubrir todo lo que he necesitado saber alguna vez acerca de ella.
Desafortunadamente, está a los pies de su cama y parece un poquito nerviosa y más hermosa de lo que merezco, y no puedo apartar mis ojos de ella el tiempo suficiente para estudiar su habitación.
No puedo evitar sonreírle. Ya puedo decir que esto está a punto de ser el mejor aniversario que he tenido jamás. Las luces están apagadas, así que el ambiente ya es perfecto para besuquearse. Está silencioso, sin embargo. Tan silencioso que puedo oír sus respiraciones aumentar con cada paso deliberadamente lento que doy hacia ella.
Mierda. Tal vez esas son mis respiraciones. No puedo decirlo, porque cada centímetro que me acerco requiere un aporte extra de aire.
Cuando la alcanzo, alza la mirada hacia mí con una extraña mezcla de paz y anticipación. Quiero empujarla sobre la cama justo ahora, colocarme encima de ella y besarla desesperadamente.
Me inclino lentamente. Muy lentamente... hasta que mi boca está tan cerca de su cuello que más que probablemente ni siquiera puede decir si estoy tocando su piel o no.
—Tengo tres preguntas que necesito hacerte antes de que hagamos esto —digo tranquilamente, pero con mucha seriedad. Me aparto sólo lo suficiente para verla tragar suavemente.
—¿Antes de que hagamos qué? —pregunta con indecisión.
Levanto una mano hasta su nuca, luego tiro hacia atrás de su cuello y coloco mis labios cerca de los suyos. —Antes de que me incline un centímetro más. Antes de que tú separes los labios para mí, sólo lo suficiente para que pueda robar una muestra. Antes de que ponga las manos en tus caderas y te haga retroceder hasta que no tengas a donde ir excepto encima de tu cama.
Puedo sentir su respiración probando mis labios y es tan tentador que tengo que obligarme a mí mismo a inclinarme hacia su oreja otra vez, así no estoy tan cerca de su boca. —Antes de que descienda lentamente sobre ti y nuestras manos se vuelvan curiosas y valientes. Antes de que mis dedos se deslicen bajo el borde de tu camiseta. Antes de que mi mano empiece a explorar su camino ascendiendo por tu estómago, y descubra que nunca he tocado una piel tan suave como la tuya.
Jadea, luego deja salir un suspiro tembloroso y es casi tan sexy como el golpe de puño.
Puede que incluso sea más sexy.
—Antes de que finalmente toque tu pecho a propósito.
Se ríe ante eso, pero su risa se corta cuando presiono mi pulgar en el centro de sus labios.
—Antes de que tus respiraciones cojan el ritmo y nuestros cuerpos duelan porque todo lo que estamos sintiendo simplemente está haciendo que queramos más y más el uno del otro... hasta que estoy asustado de suplicarte que no me pidas que reduzca la velocidad. Así que en cambio, lamentablemente, aparto mi boca de la tuya y me obligo a mí mismo a alejarme de tu cama y tú te levantas sobre tus codos y me miras, decepcionada, porque en cierto modo deseas que hubiera seguido adelante, pero al mismo tiempo estás aliviada de que no lo haya hecho, porque sabes que te habrías entregado. Así que en vez de ceder, simplemente nos miramos fijamente. Nos miramos el uno al otro en silencio mientras mi ritmo cardiaco empieza a disminuir y tus respiraciones son más fáciles, y la insaciable necesidad sigue allí, pero nuestras mentes están más claras ahora que ya no estoy presionado contra ti. Me doy la vuelta, camino hacia tu ventana y me marcho sin ni siquiera decir adiós, porque ambos sabemos que si cualquiera de nosotros habla... será la desaparición colectiva de nuestra fuerza de voluntad y sucumbiremos.
Sonríe, y el pensamiento de que me considera gracioso vuelve a llenarme por completo el corazón. Muevo mi mano a su mejilla. Su sonrisa se borra y gime. Parece que está a punto de colapsar sobre la cama, así que envuelvo mi otro brazo alrededor de la parte baja de su espalda y la atraigo hacia mí.
—Entonces sí... tres preguntas primero.
La dejo ir e inmediatamente me doy la vuelta dos segundos antes de oírla caer sobre su cama. Camino directo hacia la silla del escritorio y me siento, por dos razones. Una, quiero que piense que hablo en serio y que todo lo que acabo de decirle no me afectó como a ella. Y dos, la deseo más de lo que he deseado nada jamás y mis rodillas estaban a punto de fallar si no me sentaba.
—Pregunta número uno —digo, observándola desde el otro lado de la habitación. Está tumbada sobre su espalda con los ojos cerrados, y odio no estar observándola de cerca ahora mismo—. ¿Cuándo es tu cumpleaños?
—Noviembre... —se aclara la garganta, obviamente todavía recuperándose—, el quince.
¿Cómo podría la fecha de un cumpleaños hacerme enamorar incluso más de ella? No tengo ni idea, pero de algún modo lo hace.
—Pregunta número dos. ¿Cuál es tu comida favorita?
—Puré de patatas casero.
Nunca habría adivinado eso. Me alegro de haber preguntado.
—Pregunta número tres —digo—. Es una grande. ¿Estás lista?
Asiente, pero mantiene los ojos cerrados.
—¿Qué cosa en esta habitación dice el secreto más grande sobre ti?
Tan pronto como la pregunta deja mi boca, está completamente quieta. Sus exageradas respiraciones se detienen. Permanece inmóvil durante casi un minuto completo antes de erguirse lentamente hasta que está sentada en el borde de la cama, mirándome de frente. —¿Tiene que ser algo dentro de esta habitación?
Asiento lentamente.
Levanta una mano y toca con un dedo su corazón, apuntando hacia él. —Este —susurra —. Mi mayor secreto está justo aquí dentro.
Sus ojos están húmedos y tristes, y de algún modo, con esa respuesta, el aire entre nosotros cambia instantáneamente. De una manera peligrosa. Una manera aterradora. Porque se siente como si su aire acabara de convertirse en mi aire, y de repente quiero tomar menos respiraciones con el fin de garantizar que nunca se quede sin él.
Me pongo de pie y camino hacia la cama. Sus ojos me siguen de cerca hasta que estoy directamente enfrente de ella. —Levántate.
Se levanta lentamente.
Paso mis manos a través de los mechones de su cabello hasta que estoy sosteniendo la parte de atrás de su cabeza. La miro fijamente hasta que mi corazón no puede soportarlo más, luego presiono mis labios sobre los suyos. He perdido la cuenta de cuántas veces la he besado el día anterior. Cada vez que la beso, la sensación que tengo es como nada que haya experimentado jamás. Lo más cerca que he llegado de sentirme de esta forma es el día que fingí estar enamorado con la chica del armario. Pero incluso ese día, el día que pensé que superaría a todos los días después de ese, no llega a acercarse a esto.
Su boca es cálida y acogedora, y todo lo que siempre es cuando la beso, pero es también mucho más. El hecho de que tengo esta reacción por ella después de un día, me asusta jodidamente.
Un día.
He estado haciendo esto con ella durante un día y no tengo ni idea de lo que está sucediendo. No sé si es la luna llena o si tengo un tumor envuelto alrededor de mi corazón, o si en realidad es una bruja. Sea lo que sea, no explica cómo puede existir este tipo de cosa entre dos personas tan ridículamente rápido... y en realidad durar.
Siento como si en el fondo de mi corazón supiera que es demasiado buena para ser verdad. Mi mente y todo mi cuerpo saben que es demasiado buena para ser verdad, así que la beso más fuerte, con la esperanza de convencerme de que esto es real. No es algún cuento de hadas.
Esto es la realidad, pero incluso en nuestra imperfecta realidad, la gente no se enamora así. No desarrollan sentimientos como estos por alguien a quien apenas conocen.
Pero de algún modo sé, que lo único que necesito es agarrarme a ella con firmeza y aguantar, porque vaya a donde vaya, yo también quiero ir. Y justo ahora, va hacia atrás, hacia la cama. Desciendo sobre ella del modo en que le dije que sucedería. Y estamos besándonos, justo como dije que haríamos, sólo que esta vez podría ser un poco más frenético y necesitado, y mierda.
Su piel.
Realmente se siente como la piel más suave que he tocado jamás.
Muevo mi mano desde su cintura unos centímetros por debajo del borde de su camiseta, luego lentamente empiezo a trazar mi camino hacia su estómago.
Empuja mi mano.
—Obito.
Inmediatamente se levanta y me aparto rápidamente de encima de ella. Está respirando muy pesadamente, y me sorprendo conteniendo mi propia respiración, asustado de estar acaparando demasiado de su aire.
Parece arrepentida y avergonzada por haberme detenido. Levanto la mano y acaricio su mejilla para tranquilizarla.
Mis ojos se desplazan sobre sus rasgos, abarcando su conducta nerviosa. Está asustada de lo que podría suceder entre nosotros. Puedo ver en su rostro y en la forma en que me mira que está tan asustada como yo. Lo que sea esto que hay entre nosotros, ninguno lo buscaba. Ninguno de nosotros sabía que existía. Ninguno estaba siquiera remotamente preparado para ello, pero sé que ambos lo queremos. Quiere que esto funcione conmigo tanto como yo quiero que funcione con ella, y ver la mirada en sus ojos ahora mismo hace que crea que lo hará. Nunca he creído en nada como creo en la posibilidad de nosotros dos.
Puedo decir por la forma en que está mirándome que si intentara besarla otra vez, me lo permitiría. Es casi como si estuviera sus pensamientos estuvieran divididos y está asustada de que si intento besarla otra vez, cederá.
Y yo estoy asustado de que si no me levanto y me alejo, se lo permitiré.
Ni siquiera hemos hablado. No me ha pedido que me marche, porque sé que eso es lo que tengo que hacer. Asiento, respondiendo silenciosamente a la pregunta que no quiero que tenga que hacer. Comienzo a levantarme poco a poco de su cama y un silencioso gracias destella en sus ojos. Me pongo de pie, me alejo de ella y salgo por la ventana sin una palabra. Camino unos cuantos pasos hasta que alcanzo el borde de su casa, luego me apoyo en él y me deslizo hacia abajo hasta el suelo.
Inclino la cabeza hacia atrás y cierro los ojos, tratando de averiguar a dónde fui con mi vida para merecerla.
—¿Qué demonios estás haciendo? —pregunta Uzumaki. Alzo la mirada y está a medio camino saliendo de la ventana de Hinata. Una vez que sale del todo, se gira y cierra la ventana.
—Recuperándome —digo—. Sólo necesitaba un minuto.
Camina hacia mí y se sienta en el suelo frente a mí, luego se inclina contra la casa de Hinata. Levanta las piernas y apoya los codos en sus rodillas.
—¿Ya te marchas? —pregunto—. No son ni siquiera las nueve todavía.
Extiende la mano hacia el suelo y arranca unas pocas hojas de hierba, luego las gira entre sus dedos. —Me echaron. Kurenai entró y mi mano estaba subiendo por la camiseta de Hinata. No pareció gustarle mucho eso.
Me río.
—Así que —dice, volviendo a alzar la vista hacia mí—, tú y Rin, ¿eh?
A pesar de mi esfuerzo para no sonreír, lo hago de cualquier modo. Sonrío patéticamente y asiento.
—No sé qué hay acerca de ella, Uzumaki. Yo... ella sólo... sí.
—Sé lo que quieres decir —dice en voz baja, volviendo a bajar la mirada a la hierba entre sus dedos.
Ninguno de nosotros dice nada más durante varios momentos hasta que deja caer las hojas de hierba y se limpia las manos en sus pantalones vaqueros, preparándose para levantarse.
—Bueno... me alegro de que hayamos tenido esta charla, Obito, pero el hecho de que ya hemos profesado nuestro amor mutuo el uno por el otro está noche me está dejando un poco abrumado. Te veré mañana. —Se pone de pie y empieza a caminar hacia su coche.
—¡Te amo, Uzumaki! —gritó detrás de él—. ¡Mejores amigos para siempre!
Sigue andando hacia delante, pero levanta su mano en el aire y me muestra el dedo medio.
Es casi tan genial como un choque de puño.
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