.
.
.
7
.
—No te ves bien —dice Uzumaki, apoyándose contra el casillero junto al mío—. ¿Siquiera dormiste anoche?
Sacudo la cabeza. Claro que no dormí. ¿Cómo diablos podría dormir? Sé que ella no está durmiendo, así que de ninguna manera yo podría dormirme.
—¿Vas a decirme que ocurre? —pregunta. Cierro mi casillero, pero mantengo mi mano en él mientras bajo la mirada al suelo e inhalo lentamente.
—No. Sé que normalmente te cuento todo, pero no esto, Uzumaki.
Golpea la taquilla de al lado un par de veces con su puño, luego se aparta. —Rin tampoco le ha dicho nada a Hinata. No sé lo que pasó, pero... —Me mira hasta que hago contacto visual con él—. Ella está muy triste. Lo que quiero decir… Sólo… Solo soluciónalo, Obito.
Se marcha y cierro por completo mi casillero. Espero un par de minutos más de los necesarios porque mi siguiente clase es cerca del pasillo donde está la taquilla de Rin. No la he visto desde que la deje en su casa anoche y no estoy seguro de poder verla ahora. No sé qué decirle. Pase toda la madrugada buscando información en internet y lo único que rescate de todo fue que los abortos involuntarios en embarazos tempranos son frecuentes por anomalías cromosomicas.
¿Qué demonios significa eso?
Además tengo tantas preguntas que hacerle, pero sólo pensar en decirlas en voz alta hace que mi pecho duela tanto que no puedo respirar.
Después de que suena la última campana, decido ir a mi siguiente clase. Hoy me debatí entre quedarme en casa o venir a la escuela, pero pensé que sería peor quedarme en mi habitación pensando sobre ello todo el día. Prefiero estar preocupado por qué momento en el día puedo toparme con ella. O quizás, supuse que debía enfrentarme a ella hoy, porque tan pronto como doblo la esquina, mis ojos se posan en ella.
Me detengo silenciosamente y la observo. Es la única en el pasillo. Sigue de pie allí, frente a su casillero. Quiero irme antes de que me vea, pero no puedo dejar de mirarla. Todas sus expresiones me rompen el corazón y quiero correr hasta ella y abrazarla y besarla y culparla por cada extraña emoción que he sentido últimamente y que no he podido procesar.
Estoy lo suficientemente lejos para no poder escuchar su llanto, pero lo suficientemente cerca para poder ver sus lágrimas, cuando casi he tomado la decisión de acercarme, ella cierra su casillero y entra camina a su salón sin siquiera verme.
.
No sé por qué sigo aquí. No quiero estar aquí y estoy bastante seguro de que me iré en media hora. Sólo no puedo irme antes de eso porque tengo miedo de lo que ella podría pensar si no aparezco para el almuerzo. Podría mandarle un mensaje y decirle que hablaré con ella más tarde, pero ni siquiera me siento seguro de querer enviarle un mensaje. Todavía hay mucho que tengo que procesar, prefiero simplemente ignorarlo todo hasta que encuentre la fuerza para hablarlo a fondo.
Camino a través de las puertas de la cafetería y me dirijo a nuestra mesa. No hay manera en que pueda comer, así que ni siquiera me molesto en pedir comida. Haku está sentado en mi asiento habitual junto a Rin, pero probablemente eso sea algo bueno. De todos modos, no estoy tan seguro de poder sentarme junto a ella en este momento.
Sus ojos están concentrados en el libro de texto que tiene enfrente. Ya no está llorando. Tomo asiento delante de ella y sé que sabe que me acabo de sentar, pero sus ojos nunca se mueven. Hinata y Uzumaki están en una profunda conversación con Haku, así que los observo, tratando de encontrar un punto para involucrarme.
Sin embargo, no puedo porque soy completamente incapaz de prestar atención. Sigo robando miradas hacia ella para asegurarme que no está llorando o para ver si me está mirando. Nunca hace nada de eso.
—¿No estás comiendo? —dice Haku, robando mi atención.
Sacudo la cabeza. —No tengo hambre.
—Tienes que comer algo —dice Uzumaki—. Y una siesta también te vendría bien. Tal vez deberías ir a casa.
Asiento, pero no digo nada.
—Si vas a casa, deberías llevar a Rin contigo —dice Hinata—. Ambos lucen como si necesitaran una siesta.
Ni siquiera respondo a eso con un asentimiento. Mi mirada baja de nuevo a Rin, justo a tiempo para ver una lágrima aterrizar en una página delante de ella. La limpia rápidamente con su mano y voltea la página.
Y yo me siento como una completa mierda.
Sigo observándola y las lágrimas continúan cayendo en las páginas, una por una. Su mano está siempre dispuesta a secarlas rápidamente antes de que alguien lo note y siempre le da la vuelta a la página antes de que incluso haya leído la última.
—Levántate, Haku —digo. Me mira fijamente, pero no hace un esfuerzo para moverse—. Quiero tu asiento. Levántate.
Finalmente se da cuenta de lo que estoy diciendo, así que rápidamente se pone de pie. Me levanto y camino alrededor de la mesa, luego tomo asiento junto a ella. Me siento a su lado y, cuando lo hago, pone sus brazos sobre la mesa. Los dobla y entierra su cabeza en el pliegue de su codo. Observo cómo sus hombros comienzan a sacudirse y maldita sea si puedo permitir que se siga sintiendo así. Envuelvo un brazo a su alrededor y bajo mi frente a un lado de su cabeza y cierro los ojos. No digo nada. No hago nada. Simplemente la sostengo mientras llora en sus brazos.
—Obito —le escucho decir entre lágrimas ahogadas. Levanta la cabeza y me mira—. Obito, lo siento mucho. Lo siento tanto. —Sus lágrimas se convierten en sollozos y sus sollozos se hacen demasiado. Es jodidamente demasiado.
La empujo a mi pecho. —Shh —digo en su cabello—. No lo hagas. No te disculpes.
Su cuerpo se queda sin fuerzas contra el mío y todos en la cafetería están empezando a mirarnos. Quiero sostenerla y decirle lo mucho que lo siento por dejarla alejarse anoche, pero necesitaba privacidad. Envuelvo mi brazo más fuerte alrededor de ella, y luego recojo sus piernas en mi otro brazo. La jalo hacia mí, me pongo de pie y la cargo hacia el pasillo. Sigo caminando hasta que doblo en la esquina y encuentro nuestro armario. Sigue llorando en mi pecho, envuelta con fuerza a mí alrededor. Abro la puerta del armario de mantenimiento, entonces la cierro detrás de nosotros. Regreso hasta la puerta y me deslizo hasta que me encuentro con el suelo, aún sosteniéndola en mis brazos.
—Rin —digo, bajando mi boca a su oído—, quiero que intentes dejar de llorar, porque tengo tantas cosas que quiero decirte.
Siento su cabeceo contra mi pecho y me quedo quieto, esperando a que se calme. Varios minutos pasan antes de que finalmente se tranquilice lo suficiente para que continúe.
—Antes que nada, lamento mucho dejarte ir anoche, pero no quiero que pienses ni por un segundo que fue porque te juzgaba. ¿De acuerdo? Pasé toda la noche pensando en esto pero no conseguí ponerme en tus zapatos, porque no estaba ahí y no tengo ni idea de lo difícil que debe haber sido para ti.
La acomodo y estiro las piernas, por lo que está obligada a sentarse y mirarme. Pongo una de sus piernas al otro lado de mí hasta que me está mirando. —Pero eso no evita que este triste, ¿de acuerdo? Esto es todo un infierno que procesar en un día.
Sus labios se ponen en una delgada línea y asiente mientras seco sus lágrimas con mis pulgares. —Tengo tantas preguntas, Rin. Y sé que las responderás cuando estés lista, pero puedo esperar. Si necesitas que te de tiempo, puedo hacerlo.
Sacude la cabeza. —Obito. Responderé cualquier cosa que me preguntes. Sólo no sé si quieres escuchar las respuestas porque... —Aprieta sus ojos fuertemente para contener más lágrimas—, porque creo lo perdí por mi culpa y es demasiado tarde. Es demasiado tarde para volver atrás.
Está llorando fuerte de nuevo, así que envuelvo los brazos alrededor de ella y la abrazo.
—Y saber que era tuyo… Dios, lo siento tanto.
Sacudo la cabeza, deseando que pudiera detenerse. Me está lastimando mucho más verla molesta consigo misma que cualquier otra cosa sobre toda esta situación.
—Escúchame, Rin. —Retrocedo y la miro a los ojos, sosteniendo su cara firmemente entre mis manos—. No fue tu culpa, ¿bien? —Sin pensarlo le digo lo que leí una y mil veces durante la noche; —seguramente el… el feto tenía un defecto cromosomatico. ¡Y eso les ocurre al menos al 15 o 20% de todos los embarazos, o sea uno de cada cinco! Generalmente antes de la 13ra semana de embarazo. Y… —hago una pausa. —Una vez que se empieza no hay tratamiento para detenerlo.
Sus ojos se abren sorprendidos. Por lo que aprovecho el momento libre de lágrimas para continuar.
—Por favor no pienses que esto cambia lo que siento por ti. En todo caso, sólo me hace saber que no estoy loco. Durante el último mes he estado pensando que mis sentimientos por ti no podrían ser reales, porque hay muchos y son demasiado. Demasiado a veces. Constantemente tengo que morderme la lengua cuando estoy cerca de ti, porque todo lo que he estado queriendo últimamente es decirte cuánto te amo. Pero sólo ha pasado un mes desde que nos conocimos, y la única vez que he dicho esas palabras en voz alta fue a una chica hace más de un año. Justo aquí, en este piso. Y no creerías lo real que quería que ese momento fuera para nosotros, Rin. Sé que no te conocía, pero Dios, lo deseé. Y ahora que te conozco... que realmente te conozco... Sé que es real. Te amo. Y sabiendo lo que compartimos el año pasado y ahora sabiendo lo que tuviste que pasar y cómo eso te hizo exactamente lo que eres ahora... simplemente me llena. Me llena de facilidad el hecho de amarte.
Siento sus manos secando las lágrimas en mis mejillas cuando me inclino para besarla. Me aferro a ella y ella se aferra a mí, y nunca más tengo planeado soltarla. La beso hasta que sus manos se mueven hacia mi rostro y separa sus labios de los míos. Nuestras frentes se unen y me doy cuenta de que ha empezado a llorar de nuevo, pero ahora sus lágrimas son diferentes. Siento como que son lágrimas de alivio, en lugar de lágrimas de preocupación.
—Estoy tan feliz de que seas tú —dice, manteniendo sus manos sobre mi rostro—. Estoy tan feliz de que hayas sido tú.
La halo hacia mí y la sostengo con fuerza. La sostengo por tanto tiempo que la campana suena y el pasillo se llena para vaciarse de nuevo, otra campana suena y aún nos encontramos aquí juntos, sosteniéndonos mutuamente cuando el silencio en el pasillo retorna. Periódicamente, beso su cabello, acaricio su espalda y beso su frente.
—¿Él, soy...? —Cierro los ojos y tomo una respiración para relajarme, luego los abro de nuevo para reunir fuerzas y terminar la oración—. ¿Cuándo hablaste sobre un chico tú... te estabas refiriendo a mí? —Me siento un completo idiota por siquiera preguntar eso, pero necesito saberlo.
Apenas puedo ver el movimiento de su cabeza cuando confirma mis pensamientos. Cierro los ojos con fuerza y echo mi cabeza hacia atrás, soltando el aire de golpe de manera demasiado dramática.
—¡Si!
Se ríe, y escuchar ese sonido inmediatamente llena mis ojos de lágrimas otra vez. La aprieto con fuerza contra mí, descanso mi mejilla sobre su cabeza y suspiro.
—Probablemente es lo mejor que todo haya sucedido como sucedió —agrego después de un rato—. Aún no estoy listo para ser papá, seguramente lo hubiese arruinado de por vida con algún apodo estúpido. Tal vez lo hubiese llamado Bolas Saladas o alguna mierda como esa.
Sacude la cabeza. —Serías un papá genial. Y alguno de estos días, Bolas Saladas será el apodo perfecto para uno de nuestros hijos. Sólo que aún no.
Ahora soy yo el que ríe. —¿Y qué pasa si tenemos puras niñas?
Se encoge de hombros. —Mejor aún.
Sonrío y la mantengo junto a mí. Luego de lo de anoche, y de estar alejado de ella, sabiendo lo mucho que estaba sufriendo, sé que nunca querré sentirme de esa manera otra vez. Y sé que nunca querré que ella se sienta de esa manera otra vez.
—¿Sabes de lo que me acabo de dar cuenta? —dice—. De que ya hemos tenido sexo. Me había estado sintiendo algo deprimida porque si hubiese tenido sexo contigo, eso te habría hecho la séptima persona con la que me he acostado, y eso es bastante. Pero aún serás el seis, porque ya te había contado y ni siquiera lo sabía.
—Me gusta el seis —digo—. Es un buen número. De hecho, es mi número favorito.
—No te emociones tanto ahora que sabes que ya hemos tenido sexo —dice—. Aun así te haré esperar.
—Te convenceré en algún momento —bromeo.
Llevo una de mis manos hacia su cabeza y la sostengo mientras me inclino hacia adelante para besar suavemente sus labios. Me mantengo cerca de su boca y hago una confesión—: No había mencionado esto porque aún no teníamos mucho tiempo juntos y no quería hacerte salir corriendo. Pero ahora que sé que tenemos bastante historia juntos, lo hace menos embarazoso.
—Oh, no. ¿Qué pasa? —pregunta con nerviosismo.
—En menos de un mes nos graduamos. Sé que tú y Hinata y Uzumaki planeaban ir a la misma universidad en La Niebla luego del verano. Yo ya había solicitado para una universidad en La Lluvia, pero luego de haberte conocido, puede que también haya aplicado para La Niebla. Ya sabes... en caso de que las cosas funcionaran entre nosotros. No me gustaba eso de estar a cinco horas de distancia.
Ladea la cabeza y me mira. —¿Cuándo enviaste la solicitud?
Me encojo de hombros, como si no fuese gran cosa. —La noche que Hinata tuvo tu cena de bienvenida.
Se sienta derecha y me mira. —Eso fue veinticuatro horas después de que salimos por primera vez. ¿Aplicaste a mi universidad luego de tan sólo conocerme un día?
Asiento. —Sí, pero técnicamente te conocía desde hacía todo un año. Si lo miras de esa manera, es mucho menos raro.
Se ríe ante mi lógica. —¿Y entonces? ¿Te aceptaron?
Asiento. —Puede que también hasta haya hecho arreglos en cuanto a vivir con Uzumaki.
Sonríe, y probablemente es la sonrisa que más he amado en toda mi vida. —¿Obito? Esto es serio. Esta cosa entre nosotros. Es bastante intenso, ¿huh?
Asiento. —Sí. Creo que esta vez puede que estemos enamorados de verdad. Se acabó eso de fingir.
Asiente. —Ahora que las cosas son tan en serio, creo que ya es hora de presentarte a todos mis hermanos.
Dejo de asentir y comienzo a sacudir la cabeza de un lado a otro. —Puede que esté exagerando. No te amo tanto así.
Se ríe. —No, sí me amas. Me amas muchísimo, Obito. Me has amado desde el instante en que te permití tocar mi seno accidentalmente.
—No, creo que te he amado desde que me forzaste a enterrar mi lengua en tu boca.
Sacude la cabeza. —No, me has amado desde que te permití besarme junto a un pañal sucio en medio de un restaurante lleno de gente.
—Nop. Te he amado desde que entraste por la puerta de la habitación de Hinata con esa cuchara en la boca.
Se ríe. —De hecho, me has amado desde la primera vez que me dijiste que me amabas hace un año. Justo aquí en este cuarto.
Sacudo la cabeza. —Te he amado desde el momento en que te caíste sobre mí y me dijiste que odiabas a todo el mundo.
Deja de sonreír. —Te he amado desde el momento en que dijiste que también odiabas a todo el mundo.
—Solía odiarlos a todos —digo—, hasta que te conocí.
—Te dije que era inodiable. —Sonríe.
—Y yo te dije que inodiable ni siquiera es una palabra.
Su mirada se enfoca en la mía y toma mis manos, luego entrelaza sus dedos con los míos. Nos miramos fijamente, como lo hemos hecho tantas veces antes, pero esta vez, puedo sentirlo en cada parte de mi ser. La siento a ella en cada parte de mí y la sensación es nueva y fuerte e intensa, y me doy cuenta, justo en este momento, que juntos nos convertimos en muchísimo más de lo que pudimos haber sido por separado.
—Te amo, Obito Uchiha —susurra.
—Te amo, Jane Ron Rin Cenicienta Nohara.
Ríe. —Gracias por no haber resultado ser un idiota.
—Gracias por nunca pedirme que cambiara. —Me inclino y beso esa sonrisa que acaba de esparcirse por sus labios, mientras silenciosamente le agradezco al universo por enviarla de nuevo hacia mí.
Mi maldito ángel.
.
FIN
.
¡Gracias!
