La maestra Huayra pudo sentir los movimientos de la niña, la resistencia a los disparos de Kain y la defensa mutua que Kandar y Flora estaban llevando a cabo, pero los clones iban a terminar siendo mucho para ellos.
Pero eso no era lo peor, pudo sentirlos por toda la galaxia, miles de vidas que se apagaban en ese momento a manos de quienes confiaban en ellos.
Sabía que la cuestión era de vida o muerte en ese momento, aunque ella se uniera a sus aprendices allá afuera, las posibilidades de que todos sobrevivieran eran pocas.
La resolución de la maestra fue una muy extrema pero necesaria para la supervivencia de la Órden, habiendo asumido la posibilidad de que ninguno pudiera salir con vida, comenzó a cantar. No era una canción de guerra o de amor, era una canción llena de nostalgia del mundo de donde ella provenía.
"Allá a lo lejos, la luz trae vida.
La belleza del mundo, cuando cada día comienza.
El rugido del mar, a nuestros corazones trae paz."
Mientras entonaba esta melodía, las lágrimas caían de sus ojos, recordando a sus hermanos, lo bello del mar, la felicidad de una vida sin guerras.
"Mientras el mar tenga vida, nada más importará.
Del mar venimos, al mar volveremos.
Cuando la madre mar nos llame, a nuestro sueño eterno acudiremos."
Poco a poco la canción fue teniendo efecto, los clones que atacaban a Flora y Kandar dejaron de disparar, y arrojaron sus armas al piso, de a poco se fueron acercando a la tienda donde estaba la maestra y se arrodillaron.
"Allá a lo lejos, la luz trae vida.
La belleza del mundo, cuando cada día comienza.
El rugido del mar, a nuestros corazones trae paz."
Los soldados que Aladia estaba atacando de pronto se pusieron rígidos, la dejaron de mirar y se dirigieron también a la tienda.
"Los peces son el regalo del mar.
Un regalo de la diosa del mar.
Por ser sus hijos, a los que tanto ama."
Justo cuando Kain iba a recibir el tiro de gracia, los clones tiraron las armas y se dirigieron a la tienda.
"Allá a lo lejos, la luz trae vida.
La belleza del mundo, cuando cada día comienza.
El rugido del mar, a nuestros corazones trae paz."
Ya la mayoría de los clones estaban en la tienda, muchos estaban de rodilla e hicieron algo que a la misma maestra sorprendió…se habían quitado los cascos, estaban con los ojos cerrados, tarareando la canción que cantaba la maestra.
Pero ella si sabía que la canción era lo único que los mantenía en ese estado, el lavado de cerebro que tenían era demasiado fuerte para contrarrestarlo con su dominio.
"Cuando el mar deje de rugir, sabremos que el día llegará.
En el cual nuestra diosa dormirá y acompañarla deberemos.
Porque el sueño eterno no es el fin, sino el comienzo."
En ese momento su mente dio la orden a los soldados que sacaran sus granadas y las concentraran en el centro de la tienda, donde la mayoría de los soldados estaban apostados en círculo torno a ella.
"La vida podrá traernos muchas algas, y la fría noche.
Pero miramos el alba y olvidamos las penurias.
Porque el día nos trae vida."
En ese momento, supo que no podría continuar con el canto mucho más, las lágrimas la inundaban y los soldados lloraban con su tristeza, por lo que se despidió de sus compañeros.
-Adiós, el tiempo que pasé con ustedes fue muy preciado, me hubiera poder terminado mis días soñando en el sueño eterno, pero la fuerza tuvo otros designios para mi. Ustedes son mi orgullo, vivan y que la Fuerza sea su pilar-. Esto fue lo que les transmitió a los cuatro.
"Cuando el mar deje de rugir, sabremos que el día llegará.
En el cual nuestra diosa dormirá y acompañarla deberemos.
Porque el sueño eterno no es el fin, sino el comienzo."
Al terminar la última frase, uno de los soldados activó las granadas.
El último pensamiento de Huayra fue en el mar.
