¡Buenas noches, gente querida!
Un sábado más de esta nueva historia.
Muchas gracias a los que me dejaron comentarios la ultima vez, espero que este les guste ;)
Nos leemos abajo.
.
Deathberry una vez más
.
Capítulo 2: La misión.
.
Cuando Rukia piso el suelo de Karakura la embargó un sentimiento de nostalgia que no pudo controlar. Después de dos largos meses en los que estaba segura nunca más volvería, estar de nuevo allí solo hacía que su corazón se apretara en una conocida sensación.
Inspiró profundo y abrió los ojos. No había nadie por las calles, la noche lo cubría todo. Según la misión encomendada por el Comandante General Kyoraku debía partir a la tienda de Urahara, para que luego al día siguiente comenzar su misión. Pero Rukia no podía esperar.
Con una tranquilidad impropia de lo rápido que latía su corazón, comenzó a caminar. No quiso pensar en nada más que en llegar hacia su destino, y cuando lo hizo subió de un salto hacia al techo y se acercó a la ventana. La cortina estaba corrida, así que podía ver lo que había dentro.
Apoyó su mano en el cristal y observó con añoranza a la persona que dormía plácidamente en la cama.
-Aunque tú no puedas verme, yo aún así seguiré observándote- susurró, repitiendo lo que dijo una de las tantas veces que se habían despedido.
Lentamente se alejó de la ventana y decidió dirigirse a lo de Urahara. Pronto comenzaría su misión.
.
.
.
-¡Kuchiki-san! ¡Bienvenida a mi humilde morada!- saludó Kisuke cuando la vio en la entrada.
-Buenas noches- dijo ella con un asentamiento de cabeza.
-Pensé que estarías aquí hace media hora al menos- sonrió el sombrerero.
-Solo… me desvié un poco- respondió, mientras entraba a la casa.
-Buenas noches, Kuchiki-san.
-Buenas noches, Ururu- sonrió.
-Permítame dirigirla a su habitación- Rukia asintió y ambas se perdieron en el pasillo.
-Bueno, parece que no pudo resistirse- comentó Urahara una vez que la perdió de vista.
-Es normal, compartieron mucho tiempo juntos- concedió Yoruichi, todavía como gata.
Urahara no dijo nada, solo cerró su puerta y se adentró a la casa seguido de Yoruichi. Solo esperaba que todo saliera bien.
Cuando Ichigo despertó desvió sus ojos hacia la ventana, tratando de recordar por qué dejó la cortina corrida y todavía con restos de sueño, se levantó y se dirigió al baño.
-¡Onii-chan! ¿Por qué te levantas tan temprano?- preguntó Yuzu apenas preparando el desayuno.
-Ah, tengo que ir a buscar a Inoue a su casa- respondió Ichigo mientras agarraba un par de tostadas recién hechas.
-¿A su casa?
-¡Vaya! Ichi-nii se está comportando como un caballero- rió Karin.
-¡Karin-chan!
-Cállate Karin, ¿dónde está el viejo?
-Tuvo que salir temprano, así que aprovecha que no fue él quien te escuchó decir eso.
-Sí, si… nos vemos más tarde- saludó mientras salía de la casa.
Yuzu hiso un mohín cuando su hermano se fue.
-¿Qué ocurre, Yuzu?
-¿Por qué onii-chan tiene que ir a buscar a Inoue-san a su casa?
-Yuzu…
-Nunca hizo algo así… yo todavía pienso que…
-Yuzu- la cortó- Sabes que eso fue hace tiempo. Ichi-nii está bien así.
Ninguna dijo nada más sobre ese tema, pero Karin sabía que Yuzu no estaba conforme.
Y secretamente, ella tampoco lo estaba.
.
.
.
Desde hacía dos meses, Inoue Orihime era la chica más feliz de todo el mundo. O al menos de Karakura, se decía. Sus calificaciones era excelentes, su cocina cada vez más deliciosa, aunque nadie aceptaba comer cuando ella invitaba, y tenía los mejores amigos que una chica podría pedir.
Cuando escuchó el timbre de su casa, su sonrisa se ensanchó. Hace dos meses se armó de valor para acercarse a Ichigo y sentía que cada vez estaban más unidos.
-Buenos días, Kurosaki-kun- saludó cuando abrió la puerta.
-Buenos días, Inoue.
Si, no había forma que esta felicidad fuera arruinada por nadie. Ni siquiera por ella. Y aunque sonara egoísta, Orihime sentía que tenía posibilidad esta vez.
Más sabiendo que Ichigo ya no tiene ni un solo recuerdo de ella.
.
.
.
Ichigo tiene una extraña sensación desde que despertó. No sabe cómo llamarlo, no sabe cómo sentirlo, pero sabe que está ahí. Después que fue a buscar a Inoue se dirigieron a clases, ella habló todo el camino y él solo se limitó a contestar sólo cuando veía necesario, pero no dejaba pensar que había algo raro ese dia.
-¿Kurosaki-kun?
-¿Mm?
-¿Estás bien? Pareces distraído.
-No te preocupes, solo… solo tengo sueño. Es todo- intentó sonreír y ella pareció calmarse.
Una vez que llegaron a clases, el día pasó normal. No había nada fuera de lo común, e Ichigo pensó que solo eran cosas suyas.
Fue entonces que él, junto a Inoue, Chad e Ishida decidieron ir a lo de Urahara.
…
-Permiso~- dijo Inoue cuando entraron a la tienda.
-¡Oh! Han llegado- dijo Urahara- Pasen, pasen, Ururu ya preparó el té.
Los chicos fueron pasando hacia dentro, mientras Ishida miraba a todos lados, buscando algo.
-¿Qué tanto miras, Ishida? No es la primera vez que vienes aquí- dijo Ichigo.
-Nada que te interese, idiota.
-¿Cómo me dijiste?
-¡Ah! Kurosaki-kun, Ishida-kun, por favor no peleen.
-¿Te diste cuenta, no Ishida-san?- dijo Urahara, sonriendo tras su abanico.
Él asintió, Chad lo imitó dando a entender que é también lo sabía. Inoue borró cualquier rastro de sonrisa cuando se percató de lo que ellos estaban hablando.
-¿Qué? ¿De qué se dio cuenta?- preguntó Ichigo sin entender.
-¡He pintado mis paredes!
-¿Tus paredes?- miró a todos lados y luego volvió hacia él- Para mi están iguales.
-Eso es porque Kurosaki-san no entiende nada de decoración- se burló- Pasen por favor, ¡Ururu, trae el té!
Ichigo no contestó, solo frunció más su ceño y fue a sentarse. La mencionada sirvió a todos el té y algunas galletitas, luego se retiró en busca de Jinta.
-¿Y bien? ¿cómo van en sus estudios?
Y así pasó otra tarde en la tienda de Urahara, como las que siempre tenían allí. ¿Entonces por qué Ichigo sentía esa opresión en el pecho?
.
.
.
Rukia los sintió antes de escucharlos. Sabía que los únicos que podían saber que ella estaba allí eran Ishida y Chad, y por lo que escuchó, Inoue fue la última en darse cuenta. No se movió de la habitación en la que estaba, y seguía en forma de shinigami.
Maldito sea Urahara por llevarlos a la habitación contigua a la de ella, pensó.
Con nostalgia e impotencia apoyó su pequeña espalda contra la pared que daba a la otra habitación. Flexionó sus piernas hacia arriba y apoyo sus brazos en ellas, cruzándolos. Su cabeza quedó en el hueco que formaron sus brazos y solo se dedicó a escuchar cómo les había ido el día. A veces, cuando no estaba saturada de trabajo del escuadrón, se ponía a pensar en el tiempo que vivió en Karakura. Le hubiese gustado haber vivido eso, le hubiese gustado compartir momentos como esos… le hubiese gustado seguir al lado de Ichigo aunque casi nunca entendía las materias y él terminaba ayudándola o ella le copiaba sin que se diese cuenta.
Volteó un poco hacia la izquierda cuando escuchó a Ichigo hablar. Su voz no había cambiado nada. Y ella tenía ese secreto anhelo de que algún día vuelva a escucharlo llamarla por su nombre, pero sabe que es casi imposible que eso ocurra de nuevo.
-Necesito pasar a tu baño, Urahara-san- pidió Ichigo.
-Adelante, Kurosaki-san, conoces el camino.
Rukia levantó su cabeza y pensó en qué hacer, hasta que volvió a escuchar que Urahara habló.
-Me parece que ustedes quieren alguna explicación, ¿no?
-Efectivamente- dijo Uryuu, ajustándose los lentes- Anoche sentí el reiatsu de Kuchiki. ¿Por qué está aquí?
Chad asintió, dando a entender que él también lo había sentido. Orihime miró a sus amigos y luego a Kisuke.
-Yo no sentí nada, supongo que anoche estaba tan emocionada que no podía ver más allá- explicó con una sonrisa nerviosa.
-El por qué Kuchiki-san está aquí, sólo ella puede explicar- dijo y los chicos escucharon la puerta abrirse.
-¡Kuchiki-san!- exclamó Inoue al borde de las lágrimas al ver de nuevo a su amiga. Se levantó y se acercó a ella para atraparla en un abrazo.
-Hola Inoue- saludó ella, con una sonrisa. Orihime lloraba a moco caído contra la pequeña cabeza de la shinigami.
-Me alegra volver a verte, Kuchiki-san.
-Ya, ya, Inoue… no tienes por qué llorar- consoló Rukia, acariciándola por la espalda.
Cuando Inoue dejó de llorar y se separó de ella.
-Es bueno volver a verte, Kuchiki- saludó Ishida.
-Hola, Kuchiki.
-También me alegra verlos- sonrió de nuevo Rukia.
Orihime volvió a sentarse, secando sus lágrimas.
-¿Qué te trae por aquí, Kuchiki?
-Es solo una misión, Ishida.
-¿Qué clase de misión?- preguntó Inoue esta vez.
-Bueno…
Pero el sonido de la puerta contraria la interrumpió. Rukia sintió que su respiración se interrumpía bruscamente y tuvo que morderse el labio inferior para evitar saludarlo, aunque bien sabia que sería inútil.
-Sigo pensando que no has hecho nada nuevo en tus paredes, Urahara-san.
-Y yo ya te dije que no tienes sentido para la decoración, Kurosaki-san.
Ichigo se acercó de nuevo a la mesita de té y se sentó, pasando en frente de Rukia. Ella solo lo miró con angustia, ya sabía que él no podía verlo, pero era difícil de enfrentar.
Urahara le hizo un gesto con la cabeza y Rukia tuvo que quedarse dentro de la habitación, sentada en una esquina.
Ishida sintió compasión por Rukia, sabía que ella estaba pasándola mal, pero él estaba seguro que su misión tenía algo que ver con Ichigo.
-Creo que ya es hora de irnos- sugirió, acomodándose los anteojos.
-Sí, creo que ya se está haciendo tarde- Chad se levantó junto con Ishida.
Ichigo y Orihime se levantaron también, y Rukia pudo respirar tranquila nuevamente. Cuando se despidieron, se dirigió a Urahara nuevamente.
-¿Vienen aquí muy a menudo?
-Casi todos los días- contestó- De alguna manera, Kurosaki-san encontró la forma de volver a vincularse con este lugar.
Rukia asintió y pensó que era un gran alivio saber que Ichigo buscaba, inconscientemente, estar cerca de nuevo.
-¿Cuándo comenzaras tu misión?
-Mañana.
-Te deseo mucha suerte, Kuchiki-san.
Rukia solo lo miró y luego asintió. Caminó de nuevo hacia su habitación y cerró la puerta tras sí. Mañana será un largo día.
.
.
.
Si les gustó, dejen un review...
Si no les gustó, dejen un review ;)
Muchas gracias a todos los que lo han leído, espero que el próximo sábado podamos leernos de nuevo.
¡Un beso enorme!
