¡Muy buenas noches gente querida!

Llegó un sábado más de actualización :D

El sábado pasado no pude actualizar porque salí a un viaje inesperado, pero hoy no podía faltar.

Espero que les guste este capítulo, se que va un poco lento, pero cuando llegue el feeling van a morir de felicidad xD

¡Nos leemos abajo!


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Deathberry una vez más

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Capítulo 3: Memorias.

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Rukia supo que cuando le encomendaron esa misión estaba a un pie de perder su tranquilidad emocional que tanto tiempo le costó controlar.

Estaba de pie, en el poste de luz frente a la casa Kurosaki viendo como Ichigo terminaba de guardar sus cosas para ir a clases. No estaba segura si Isshin o Karin podían verla, había hecho todo lo posible para ocultar su reiatsu y pasar desapercibida, lo único que podía hacer era observar a Ichigo vivir su tan anhelada vida normal. Lo vio gritar algo que no alcanzó a escuchar, pero supuso que sería a Yuzu avisándole que ya bajaría a desayunar.

Cerró los ojos un momento, recordando el día que el comandante le había encomendado esa misión.

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FlashBack

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Fue Nanao quien la fue a buscar en nombre del comandante general. Desde la guerra contra Yhwach los shinigamis estaban más que ocupados en restablecer el orden de la Sociedad de Almas, y Rukia, desde el fallecimiento del capitán Ukitake, no ha tenido descanso.

-Buenos días, Kuchiki-san- dijo Nanao cuando entró al decimotercer escuadrón.

-Ah, Nanao-san, buenos días- saludó Rukia levantando la vista unos segundos de su papeleo- ¿Qué te trae por aquí?

-Es una orden del Comandante General- explicó ajustándose los lentes- Quiere que te guie hasta él.

-¿ Kyōraku -sama necesita verme? ¿Acaso va a encomendarme una misión?

Por un momento, Rukia pensó ver en los ojos de Nanao un brillo de compasión, pero rápidamente borró esa idea.

-Lo mejor será que me acompañes- dijo y luego comenzó a caminar. Rukia se levantó para seguirla y en cuanto vio a Kotetsu y Kotsubaki les pidió que continuaran con el trabajo que ella estaba haciendo.

El camino hasta el cuartel general fue silencioso, a Rukia no le molestaba, pero algo le decía que Nanao sabía la misión que estaban por encomendarle. Y por un momento, temió lo que Shunsui Kyōraku tenía pensando decirle.

-¡Kuchiki-san! Adelante, adelante- dijo Kyōraku cuando la vio llegar.

Rukia pensó que aunque estuviera al mando de toda la sociedad de almas, el capitán no perdía su carisma.

-Buenos días, Kyōraku-sama.

-Siempre tan formal, Kuchiki-san- rio, pero luego se perdió todo atisbo de sonrisa- Hay una misión que necesito que realices tú, teniente.

-¿De qué se trata?

-Tienes que ir al mundo humano.

-¿Al mundo humano?

-Así es… sé que esto puede ser difícil, pero solo confío en ti para completar con éxito esta misión.

-¿Qué quiere decir?

Detrás de él, sus tenientes permanecían serios. Genshirō no parecía afectarle nada de lo que su capitán decía, pero Nanao había cerrado los ojos, como si así pudiera contener el impacto de la orden.

-Quiero que vayas a Karakura… y observes todos los movimientos de Kurosaki Ichigo.

-¿Cómo…? Capitán, no entiendo… Ichigo... Ichigo ya no tiene más sus poderes- dijo un poco alterada- Ichigo no tiene ningún solo recuerdo sobre la Sociedad de Almas, o nosotros, o…

-Lo sé, Kuchiki-san- interrumpió- Pero no podemos dejar que una guerra como ésta ultima vuelva a suceder, y la amenaza de Yhwach sigue en pié, lo mejor es prevenir.

Rukia no sabía qué hacer, su corazón latía desbocado en su pecho y sentía una horrible presión en el estómago.

-Sé que después de todo lo que ha pasado en estos últimos meses con Kurosaki-san ha sido difícil para ti, pero tú eres quien más lo conoce Kuchiki-san, no puedo darme el lujo de mandar a cualquiera.

-Pero… ¿Y Renji? Él también ha estado mucho tiempo con Ichigo.

-El teniente Abarai no ha compartido tiempo con la familia y los amigos de Kurosaki-san. No los conoce tanto como tú.

-¿Qué va a pasar con el treceavo escuadrón? No puedo irme y dejarlo todo tirado.

-Los oficiales Kiyone Kotetsu y Sentarō Kotsubaki podrán encargarse, incluso mandaré a Nanao-chan para que los ayude.

Rukia pensó que él ya lo había planeado todo con riguroso cuidado. Sus manos no parecían dejar de temblar y su corazón amenazaba con salir del pecho.

-Tú eres la única que puede realizar esta misión, Kuchiki-san. Incluso si eso te somete a una gran presión, te pido que lo hagas.

Sabía que no podía negarse, el Comandante General le estaba dando esa orden. Sin emitir palabra, más que nada porque no podía hacerlo, asintió. Observar a Ichigo iba a destruirla por dentro, pero cumpliría esa misión.

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Fin flasback

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Cuando Rukia abrió de nuevo los ojos, Ichigo ya estaba terminando de desayunar. Verlo rodeado de su familia le trajo viejos recuerdos y la añoranza se apoderó de su pecho. Por el rabillo del ojo, vio una figura femenina acercarse a la casa, al parecer Inoue estaba tan metida en sus pensamientos que no la vio. Tocó el timbre y fue el mismo Ichigo quien la recibió. No pasó a dentro, al parecer ya se les estaba haciendo tarde, así que se despidieron rápido y comenzaron a caminar y Rukia comenzó a seguirlos caminando encima de la muralla. Fue ahí que Inoue recién la vio, con un gesto disimulado la saludó y ella le correspondió, luego siguió conversando con Ichigo. Aunque a Rukia le pareció más que Inoue hablaba e Ichigo se limitaba a escuchar.

Sin poder evitarlo, Rukia reía disimuladamente con las anécdotas de Inoue. A su parecer, ella no había cambiado nada. Cuando llegaron al instituto, Rukia subió al árbol que daba justo en frente del salón de clases y de ahí pudo observar a todos los amigos de Ichigo. Ishida y Sado hicieron un gesto con la cabeza, saludándola y ella solo les sonrió.

La nostalgia invadía a Rukia por todo su cuerpo. Curiosamente, el banco al lado del de Ichigo estaba vacío, y quiso entrar y sentarse a su lado, como antes. Sin embargo, no lo hizo, si ya bastante difícil era observarlo desde lejos, tenerlo tan cerca solo empeoraría las cosas.

Así pasó todo el día, no había nada fuera de lo común que Rukia no recordara. Tal vez Ichigo estuviera haciendo más deporte, aunque el hecho que después de las prácticas los capitanes de los clubes le pagaran le parecía sospechoso. Luego, cuando ya estaba atardeciendo, se iba a casa, sólo esta vez, y de vez en cuando miraba hacia atrás con el seño totalmente fruncido, tal vez sintiendo que lo seguían. Rukia rio, pensando que había cosas que nunca cambiaban.

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Desde que Ichigo despertó esa mañana tenia la extraña sensación de que alguien lo seguía, cuando fue con Inoue al instituto pensó que solo era su imaginación, pero luego en todo el día y al regresar a casa la sensación seguía ahí. De vez en cuando miraba hacia atrás, buscando a alguien, pero no había nadie.

Extrañamente, no le molestaba en absoluto, solo sentía una especie de curiosidad.

-Estoy en casa- exclamó mientras dejaba su bolso en el sofá.

-¡Bienvenido, onii-chan!

-¡Ichigooooo!- gritó su padre al verlo, pero éste lo recibió con un golpe.

-¿Qué vamos a comer, Yuzu?

-Estoy preparando curry, ayúdame a poner la mesa. Karin-chan todavía no vuelve de su entrenamiento.

Entre tanto, Rukia volvió a posarse en el poste de luz. Isshin se había levantado del suelo y fue a buscar el poster de Masaki en un intenso lloriqueo que solo hizo reír a Rukia. El sol se había metido del todo cuando vislumbró a Karin.

Venía bostezando, el entrenamiento había intenso pero satisfactorio. Esperaba que Yuzu hubiese bastante comida, tenía tanta hambre que podría comerse un toro. Tan ensimismada estaba pensando en eso que cuando llegó al frente de su casa y levantó la vista se asustó como si hubiera visto un fantasma.

-Aunque no está lejos de serlo- pensó mirando a Rukia sorprendida.

Cuando Rukia la vio, solo se sonrió con ternura. Karin había sido una de las pocas personas que todavía conservaban su memoria después de la guerra y saber que ella todavía estaba presente para la pequeña Kurosaki le daba a Rukia una tierna sensación reconfortante.

Karin no sabía qué hacer, hacía tanto que no la veía que pensó ya nunca más hacerlo. Pero estaba ahí de nuevo, parada frente a su casa y lo único que quería hacer era acercarse a ella y… ¿abrazarla? Ni Karin misma sabía de dónde había salido semejante cursilería. Abrió la boca, quería decirle algo a Rukia, quería hablar con ella, pero no sabía qué.
Rukia estaba cruzada de brazos y al ver los intentos de Karin volvió a sonreírle y negó levemente con la cabeza. No era momento de hablar.

La gemela Kurosaki observó por la ventana a su hermano, estaba poniendo tranquilamente la mesa y al parecer no tenía idea de quien lo observaba afuera. Con impotencia, Karin miró a Rukia y ella, con un gesto casi imperceptible, le indicó que entrara. Karin le hizo caso y se prometió que por el momento no le diría nada a Yuzu, aunque tal vez su padre ya sabía que ella estaba de nuevo en Karakura.

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Después de que Ichigo fuera a dormir, Rukia decidió volver a la tienda de Urahara. Él le había dicho que podía entrar y salir de la tienda las veces que quisiera, así que no se molestó en llamar. En su habitación encontró un plato cubierto encima de su pequeña mesa con una nota:

"Espero que te guste la cena de Ururu, seguramente no has comido nada. Buenas noches, Kuchiki-san"

Rukia soltó un suspiro y sonrió cansada, Urahara era un buen anfitrión después de todo. Cuando terminó de comer se acostó, le esperaban días agotadores.

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Una semana pasó desde que comenzó su misión. Había descubierto que Ichigo tenía un trabajo de medio tiempo los miércoles y jueves en una tienda de insumos y que el dinero que ganaba en los clubes del instituto era por "alquilarse" para algún partido importante. También descubrió que salía más con sus amigos y que Inoue estaba más cercana a él. Eso lo demostró el lunes de la segunda semana, antes de pasar por la puerta de los Kurosaki, Inoue le pidió que bajara de su lugar habitual.

-¿Qué ocurre Inoue?

-Kuchiki-san… yo…

Rukia la notó nerviosa y no dejaba de mover sus manos con torpeza.

-Necesito pedirte un favor.

-¿Qué favor?

-Sobre Kurosaki-kun.

-Oh- murmuró, entendiendo lo que estaba por pedirle.

-Quiero, por favor, que… que…

-Solo dilo, Inoue- dijo Rukia con resignación.

-Por favor, no te acerques a él- dijo por fin- Sé… sé que no puede verte, ni… bueno, recordarte, pero por favor, no aparezcas frente a él.

Rukia solo la oía, siempre supo que a ella le gustaba Ichigo y hasta ahora, no habían tenido mucho acercamiento.

-Yo sé que fueron mejores amigos y todo eso, pero yo… yo… recién ahora, después de tantos años, puedo acercarme a Kurosaki-kun y charlar con él como dos buenos amigos.

La shinigami cerró los ojos y asintió. Sabía todo eso.

-Aunque él pudiera verme, Inoue, ya nada será como antes. Él no sabe quién soy.

-Sí pero…

-Está bien, en lo que a mí respecta, solo observaré desde lejos. No puedo incumplir mi misión, ¿lo entiendes, no?

La pelinaraja asintió y sonrió. Le dio un rápido gracias y fue en busca del chico.

Durante el camino al instituto, Rukia estuvo todo el tiempo detrás de los chicos. Escuchando las anécdotas de Inoue y las escuetas palabras de Ichigo. Ella sabía que Inoue tenía razón de pedirle eso, quería acercarse más al pelinaranja, pero aun así, a Rukia no le dejaba de doler.

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Espero les haya gustado y nos leemos el próximo sábado ;)