¡Muy buenas mi gente querida!
Lamento mucho haber tardado tanto en actualizar. Me costó horrores escribir este capítulo, no me terminaba de convencer nada de lo que escribía e incluso ahora no estoy muy convencida, pero necesitaba traerles ya este capítulo. Sumándole que este último mes estuve sin tiempo por causas de mis clases en la universidad (tenía exposiciones de obras tres días completos, más exposiciones orales y un proyecto que entregar) así que fue más difícil que capítulos anteriores.
Peeeeeero, ahora que estoy en receso, voy a tratar de actualizar lo más rápido que pueda y que me permitan los finales que tengo que rendir ahora. Además de eso entré a un concurso de cuentos de mi país y estoy escribiendo eso también.
Y con todo eso, me pareció una buena ocasión para actualizar ya que hoy es el cumpleaños de nuestro pelinaranja favorito :D
Bien, ya mucha excusa, espero que les guste y que no haya quedado demasiado OC.
Nos leemos abajo
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V
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Deathberry una vez más
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Capítulo 9: Confesión (in)esperada.
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Eran contadas las veces que Rukia había visto a Ichigo hacer deporte cuando ella todavía fingía ser una alumna más, normalmente era por obligación, así que Ichigo solo hacía el esfuerzo suficiente como para aprobar la materia. Pero ahora, con dinero de por medio, lo veía esforzarse por ganar.
Siempre supo que Ichigo era diestro en los deportes, no por nada tenía esa condición, pero verlo jugar era otra cosa. No entendía nada de futbol ni por qué es tan popular, incluso se enteró gracias a Rangiku que el capitán Hitsugaya lo había practicado más de una vez, pero Ichigo parecía saber lo que hacía.
-El maldito es bueno, ¿no?- escuchó decir mientras alguien se colocaba a su lado.
-Ishida- dijo, mirándolo de reojo. El Quincy llevaba su uniforme impecable, así que ella entendía que no formaba parte de ningún club de deportes.
-Lo peor es que lo sabe y se jacta ganado dinero, es detestable.
Rukia sonrió.
-Lo es. Supongo que podemos decir que sabe aprovechar las habilidades que tiene.
-Luego malgasta el dinero en tutores para las demás materias.
-Ichigo es un hombre más de acciones que pensamientos, no es fácil ser un idiota- ambos rieron y observaron a Ichigo meter un gol. Todos quienes observaban, menos ellos, vitorearon al pelinaranja.
-¿No te aburres de verlo hacer siempre lo mismo?
-Es mi deber, no puedo dejarme llevar por si me aburre o no.
-Pero sabes que lo es.
Rukia no respondió. Era cierto, pero no iba a confirmar lo que él ya sabía de sobra.
-¿Tu no juegas?
-No soy fan de los deportes. Prefiero las agujas.
-Oh si, aún guardo los vestidos que me hiciste la última vez.
-De los mejores que he hecho.
Ichigo corría a gran velocidad, pasando la pelota a sus compañeros. Faltaba poco para terminar el partido.
-¿Cómo ha estado el escuadrón trece?
-Problemático, especialmente desde que estoy aquí. No estoy muy segura de confiar en Kiyone y Sentaro.
-¿Qué hay de Ukitake-san?
-El capitán murió poco después de todo esto. Su enfermedad terminó por consumirlo- dijo con aparente tranquilidad, pero la verdad era que el tema todavía la afectaba.
-Vaya, lo siento Kuchiki. Debió haber sido duro.
-Lo fue. Seguimos sin capitán, pero Kyoraku-sōtaichō espera conseguir a alguien que sepa manejar las cosas tal y como Ukitake-taichou lo hubiese querido.
-¿Poco después, dices?
-Así es, para ser más precisa, mañana hará exactamente un mes. Fue todo muy rápido.
Escucharon el silbato que daba por finalizado el partido y al equipo ganador festejar. Ichigo recibió el elogio de sus compañeros mientras se acercaba a tomar agua, contento, ya que después recibiría su paga.
-Será mejor que te vayas- le dijo el Quincy al ver a Ichigo irse con el equipo- La entretenida vida de Kurosaki te espera.
Rukia sonrió de nuevo y mientras se iba, le contestó.
-La vida rutinaria tiene su encanto.
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Guardó los billetes en su bolsillo. Alquilarse en los clubes deportivos fue la mejor idea que pudo haber tenido. Salió de los vestidores con un buen sabor de boca, no solo por la victoria claro está. Buscó a su amigo con la vista, mientras jugaba lo había visto de reojo, y por alguna razón le pareció que estaba hablando con alguien. Aunque no podía ser, él estaba parado solo.
-Oi, Ishida- dijo cuando lo vio en la salida del instituto- ¿Ahora vienes a verme en las practicas?- preguntó burlón.
-Ya te gustaría, Kurosaki. Sólo pasaba por ahí.
- ¿Ah? Creí que querías hablar conmigo.
-No era contigo con quién quería conversar.
-¿Llamas "alguien" a ti mismo?- dijo confundido- Me pareció que hablabas solo.
-Imaginaciones tuyas- le contestó- Pero si hablé con quien quería.
-Realmente eres extraño.
-No es eso, es solo que tú eres demasiado idiota.
-¿Qué demonios estás diciendo?
-Tranquilízate Kurosaki, tu única neurona puede explotar por tratar de usarla tanto.
-Agh, maldito…
La pequeña shinigami observaba la interacción divertida. Pensar que ellos al comienzo intentaron matarse y ahora ver la amistad, extraña, que tenían le parecía casi surreal. Se colocó al lado de Ichigo e Ishida la observó, pero rápidamente dirigió su vista de nuevo a su amigo.
-Ya vete. No quiero que termines desmayado por ahí y luego me culpen por entretenerte.
-No voy a desmayarme, imbécil.
-Sí, sí- murmuró mientras se volteaba.
Ichigo lo observó mientras se iba. No recordaba muy bien cómo fue que se conocieron, pero había momentos en lo que pensaba sobre cómo fue que terminaron siendo amigos.
Emprendió su camino a casa, ya se estaba ocultando el sol y si llegaba tarde a la cena Yuzu se molestaría.
El pelinaranja decidió pasar cerca del rio esta vez. Ichigo no se detuvo, pero Rukia sí. Miles de recuerdos vinieron a su cabeza de ese lugar. Siempre pasaban por ahí cuando volvían de clases o cuando querían pensar sobre algo; le resultaba inquietante que a Ichigo le gustase ir a ese lugar a meditar, ya que fue ahí donde su madre había fallecido. Tal vez sentía algún apego.
Ichigo sintió que dejaba algo atrás y paró. Volteó hacia el rio y luego sobre sus pasos, pero no había nada. Miró de nuevo hacia el rio y suspiró. Hacía mucho no pasaba por ese lugar.
Rukia lo observó y volvió a caminar a su lado. Ichigo siguió con su camino sin dejar de pensar que había algo raro consigo mismo. ¿Por qué no sentía ese vacío de antes?
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Al otro día, Rukia despertó pensando en lo que le había dicho a Ishida el día anterior. Ya era un mes desde que Ukitake-taichou los había dejado. Suspiró con añoranza, no fue nada fácil manejar el escuadrón desde su partida y tampoco era fácil manejar el hueco que había dejado.
Por alguna razón, a Rukia le dieron ganas de visitar el río nuevamente.
La jornada escolar había terminado. Ichigo estiró sus brazos, desperezándose, y comenzó a guardar sus cosas. Hoy no tenía que trabajar ni tampoco algún partido, era hora de ir a casa.
Ishida lo observó mientras él guardaba sus cosas, se acercó a Inoue que trataba de sacarle más de tres palabras a Chad y les preguntó en voz alta.
-¿Alguno sabe algo de Kuchiki?
-¿De Kuchiki-san?- dijo Inoue- Bueno, hoy no la… eh, quiero decir, hace tiempo no la veo- contestó nerviosa.
-¿Qué pasa con Kuchiki?- preguntó Chad.
Ichigo no detuvo su tarea, pero por alguna razón trató de escuchar lo que decían.
-Ayer me enteré que Ukitake-san falleció hace un tiempo- dijo, ajustándose los lentes- Hoy hace un mes.
-¡Oh, no!- expresó tapándose la boca con las manos- No puedo creer que Ukitake-san…
-Tal vez no sepamos nada de ella hoy- sugirió Chad.
-Eso pensé yo también- escuchó el chillido de la silla moverse y luego a Ichigo acercándose a ellos.
-Yo ya me voy- les dijo, sin dar a entender que hacía escuchado- Nos vemos mañana.
-Ah, yo tengo que esperar a Tatsuki-chan, así que nos veremos mañana Kurosaki-kun.
Ishida y Chad asintieron e Ichigo salió sin voltear, por lo que no pudo ver la sonrisa que aparecía en el rostro del chico con lentes.
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-Agh, maldita sea- murmuró enojado- Deja de pensar en ella.
Maldito Ishida. Por su culpa no podía a sacarse a esa enana de la cabeza. ¿Qué le importaba a él lo que pasara con ella? No la conocía, ni a ella ni a ese tal Ukitake. No había razón para preocuparse. Es más, no estaba preocupada. No.
Sin querer, volvió a pasar por el rio. Y ahí, sentada al final de las escaleras, estaba la razón de su reciente dolor de cabeza.
Cuando Rukia le dijo a Urahara que iría al río, él le insistió en que usara el gigai. Realmente no pensaba estar mucho tiempo, pero terminó aceptando. No se dio cuenta de cuánto tiempo había pasado hasta que se fijo en que el sol ya comenzaba a descender. De nuevo había faltado a su misión, si su hermano se enterara de eso seguro que la castigaría.
Cuando estuvo a punto de levantarse, sintió unos pasos detrás. Volteó y se encontró con quien menos pensó.
-Kurosaki- murmuró con sorpresa.
-Hola- le dijo, y quedó parado a su lado.
-¿Qué haces aquí?- preguntó tratando de no sonar tan ruda.
-Solo tenía ganas- contestó- ¿Tu?
Rukia lo miró a los ojos, sin creer lo que estaba pasando. Era la conversación más tranquila que habían tenido desde que se encontraron.
-Sólo… pensaba.
Ichigo asintió y miró al rio. Estaba incómodo. ¿Por qué demonios bajó en primer lugar? No la conocía bien como para estar ahí con ella.
-Oye…- soltó sin querer- Escuché que… alguien cercano a ti falleció hace poco.
Rukia lo miró sorprendida. Se preguntó cómo pudo haberse enterado, pero luego recordó a su amigo Quincy. El muy idiota, pensó.
-Si… digamos que hoy es una especie de aniversario.
-Lo siento.
-Está bien. Ya lo he superado, supongo.
Él la miró, no podía saber con certeza qué es lo que pasaba por la mente de esa chica. ¿Qué tan difícil de leer era?
-¿Puedo preguntar… si era muy cercano a ti?
-Qué curioso eres, Kurosaki- intentó bromear, pero la incomodidad del chico era palpable.
-Yo...- maldición, ¿qué estaba haciendo?
-Era muy importante- le dijo, mirando hacia el rio- Fue mi mentor por muchos años, la persona más amable que he conocido.
-Pareces admirarlo mucho.
-Así es… él ha representado mucho para mí.
Un silencio cayó entre ellos. Ichigo no sabía qué decir y Rukia pensó que él se escaparía diciendo alguna estupidez. Suspiró y se levantó, quedando parada a su lado.
-No hace falta que te fuerces a decir algo- le dijo con tranquilidad. Ninguno de miraba.
-No… no me estoy forzando a nada.
-Lo haces- corrigió- Y no sé por qué. ¿Qué quieres exactamente?
El chico no supo qué contestarle. Él tampoco lo sabía.
-Este lugar…- musitó- Aquí también perdí a alguien muy especial para mí.
Rukia lo miró sorprendida. ¿Acaso iba a contarle lo sucedido con su madre? Antes, cuando él sabía de ella, le había prometido contarle alguna vez, nunca pensó que pasaría en estas circunstancias.
-Cuando pasaba por acá- continuó, sin darse cuenta de cómo lo miraba- Sentía un vacío horrible, así que decidí tomar cualquier otro camino para no pasar por acá.
Por alguna razón, Ichigo no podía dejar de hablar.
-Pero ahora me doy cuenta que ya no está- tocó su pecho y apretó su ropa-Hacía tiempo que no venía por acá, pero por algún motivo siento que este sentimiento no es reciente…
-¿Por qué me cuentas esto?- interrumpió. Justo ahora, pensó.
-No lo sé- reconoció, encogiéndose de hombros-Pienso que… estoy bien para hablar. Una vez me dijeron que cuando lo estuviera, hablara.
El corazón de Rukia palpitó con fuerza al reconocer esas palabras.
-¿Y está bien que sea conmigo?
-Si- contestó sin dudar- No sé quién me dijo esas palabras, pero no siento que esté mal estar diciéndote esto.
-¿Crees que tengo derecho a saber?- insistió- ¿No tienes miedo que entre en las profundidades de tu corazón y lo ensucie?
Ichigo la miró. Vio en ella, por primera vez, a una chica frágil y se preguntó por qué.
-No tengo miedo- contestó sin titubeos- En cambio, pareces ser tú la que tiene miedo.
Rukia sonrió. Por supuesto que tenía miedo. Miedo por lo que él le cuente afecte más su rendimiento en la misión; miedo porque se estaba apegando demasiado a él de nuevo.
-¿Es así?- preguntó- ¿Piensas contarle a una extraña todo esto?
-No eres una extraña- respondió- Sé quién eres.
-¿Lo sabes realmente?
-No somos amigos, pero tampoco somos dos desconocidos.
-¿Así conquistas a las chicas?- rió.
-Cállate.
El silencio volvió a reinar, pero esta vez no fue incómodo.
-Fue mi madre…- comenzó. Rukia lo miró de nuevo, afligida, pensando en lo importante que era para ambos que le contara eso- Cuando yo tenía 9 años mi madre murió en este lugar.
-Ya lo sabía- quiso decirle, pero no podía. Ne tenía el derecho a decirle algo así.
-Desde ese momento yo me sentía culpable por eso. A mis hermanas y a mi padre… yo les había quitado el centro de nuestro mundo. Y ella la posibilidad de sonreír una vez más.
Rukia quiso quitarle la vista de encima. Trató de mirar al rio, pero no pudo. Sus ojos automáticamente volvían a mirarlo a él. Como siempre pasaba.
-Yo creí ver a alguien al borde del río, parecía estar a punto de saltar. Me asusté, así que salí corriendo a tratar de impedirlo. Tal vez fue la lluvia que me hizo ver cosas, pero esa persona no estaba más cuando volví a abrir los ojos. Lo único que pude ver fue a mi madre sobre mí, llena de sangre. Fue instantáneo.
-Listo- pensó- Lo dije. A una extraña le conté sobre mi peor recuerdo, algo que no hice con nadie, y de alguna manera siento como si un peso se quitara de encima mío.
Estuvieron en silencio un tiempo. Ichigo no la miraba y Rukia suspiró profundamente antes de hablar.
-Imagino que lo sabes, pero… Realmente no fue tu culpa.
Ichigo la miró por fin, metió sus manos en sus bolsillos y asintió.
-Es ahora que me doy cuenta… creo. Ese sentimiento que tenía antes desapareció de alguna manera que todavía no entiendo.
Rukia sonrió y se cruzó de brazos.
-Tal vez haz madurado.
-Tal vez- le sonrió también.
-Gracias por confiarme eso.
-Gracias por escucharme- le contestó, rascándose la parte posterior de su cuello- Creo que fue muy abrumador tanta información de alguien a quien apenas conoces. De verdad lo-
-No te preocupes- interrumpió- No me molesta.
Ichigo asintió distraído. No lograba comprender por qué le había contado todo a ella, pero lo había hecho. Y no se arrepentía.
-Se está haciendo tarde- dijo ella, mirando hacia el sol que empezaba a caer- Será mejor que no llegues tarde a la cena, conozco a Yuzu molesta.
Él la miró confundido. Esa chica realmente era extraña. Pero así y todo, no le desagradaba.
-Es muy estricta con el horario de la cena- concordó.
-Y tu pareces ser alguien que siempre llega tarde- se burló.
-¡No es cierto!- contradijo- Sólo me pasa cuando salgo del trabajo.
-Que Kurosaki-kun trabaje es lo que debería de dar más miedo.
-No, no empieces de nuevo con esa vocecita de mierda.
-¿Quién, yo?- agudizó un poco más- Yo jamás haría nada que molestara al noble y trabajador Kurosaki-kun.
-¡Basta ya!
-¿Qué pasa? ¿Vas a ponerte a llorar?- le preguntó colocando una mano en su boca- ¿Acaso estás sensible?
-Tú… maldita…
Cuando Rukia iba a responderle escuchó que alguien los llamaba.
-¡Oh! ¡Kuchiki-san y Kurosaki-san!- exclamó Urahara viéndolos al comienzo de las escaleras, con Yoruichi colgada de su hombro- No sabía que estaban pasando la tarde juntos.
-¡No pasamos la tarde juntos!- contestó el chico, aunque en realidad así fue.
-¿Qué haces por aquí, Urahara?
-Estaba preocupado por ti, Kuchik-san. Desde la mañana que me dijiste que venías a este lugar no has vuelto- contestó con un tono lastimero.
Rukia levantó una ceja, sin creerse la preocupación del ex shinigami.
-¿Estuviste aquí todo el día?- le preguntó Ichigo con falta de interés mal disimulada.
Rukia no contestó, solo desvió su mirada. Ichigo frunció el ceño repentina molestia.
-¿Por qué tú….?
-Es hora de irnos, Kuchiki-san- le dijo Urahara, en un intento de sacarla de esa situación- Ya es hora de la cena y Ururu pidió que estuviéramos todos.
Ella asintió y comenzó a subir las escaleras sin voltear a ver al pelinaranja.
-¡Oye!- le dijo él, pero fue ignorado. Antes de irse, Rukia se giró y le sonrió de esa manera que hacía pensar a Ichigo que ella sabía algo que él no.
-Será mejor que tú también te vayas, Kurosaki. No querrás hacer esperar a Yuzu- y luego comenzó a caminar, Urahara se despidió con la mano y la alcanzó. Ichigo suspiró y también comenzó a caminar. Ella tenía razón. Yuzu se iba a enojar con él.
Cuando subió por completo las escaleras volteó una vez más hacia el río y sonrió.
-Es bueno volver a pensar en ti, mamá- murmuró y se alejó de ahí.
-¿Por qué fuiste a buscarme?- le preguntó una vez que estuvieron alejados del pelinaranja.
-Bueeeeeno, no fuimos a buscarte precisamente. Ururu necesitaba ingredientes y tú no estabas, así que vinimos nosotros- explicó mostrándole las bolsas que cargaba.
-Puedes llamarlo coincidencia- le dijo Yoruichi, moviendo la cola.
Rukia los miró con suspicacia.
-No creo que sea lo único que los trajo hacia el río.
Urahara miró hacia Yoruichi, ella asintió y él volvió a mirarla.
-En realidad, Kuchiki-san, surgió un imprevisto.
-¿Un imprevisto? ¿Con qué?- preguntó deteniéndose casi en frente de la tienda- ¿Pasa algo con mi escuadrón?
-No es eso, Kuchiki- contestó la gata.
-¿Entonces qué…?
-El imprevisto soy yo- escuchó que decían. Rukia palideció levemente y miró hacia la tienda, viendo como salía tranquilamente.
-Tú…
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Por fin! Tenía tiempo de querer escribir sobre cómo Ichigo le contaba sobre su madre, así desmemoriado y todo, y por fin lo hice.
No estoy segura de que haya quedado del todo bien, pero ya está.
Espero que les haya gustado y espero sus reviews contándome si si o si no (?
Gracias a todos los que llegaron hasta acá y espero leerlos pronto.
