Habían pasado más de seis meses desde que huyó de su casa. Habló con su jefa para que le permitiera tener ojos en Karakura.
El que haya escapado no quiere decir que olvidado su deber en la familia. Ella en verdad los amaba. Pero ellos, tal vez no sabían reconocerlo.
No los culpaba. Fue su culpa por no haber movido el dolor más al fondo. Eso se repetía a sí misma. Creer que su familia en verdad... Era un pensamiento que no quería reproducir en su memoria.
Al cabo de un tiempo, su trabajo se fue tornando un poco más difícil. Mientras que la hija de Samantha estaba en la escuela, Katsu le daba clases de tiro. Las armas eran un talento nato en ella. Eso le fue reconocido al poco tiempo de iniciar sus clases. Por otro lado, la defensa personal no era algo que tuviera que aprender. Ya lo sabía. Desde muy pequeña siempre había estado preparándose para cualquier cosa y ahora, ese esfuerzo y sudor, e incluso la sangre derramada, surgía efecto.
Ella era... Especialmente talentosa para esto.
Se sentía mal internamente. Esto no es lo que su madre hubiera deseado. Pero Masaki ya no estaba, y por más que deseara tenerla de vuelta, no había manera de regresar a los muertos a la vida. Esa era la realidad.
Se irá al infierno. Pero, no supo que más hacer.
Karin sabía muy bien que lo que hacía no estaba bien. Sin embargo, samanta se aseguraba de subirle el ánimo. Es verdad, ella no debía tomar ese camino de manera tan abrupta... Pero, la cosa es, que no fue abrupto. No fue una idea surgida de antes. Samantha le aseguraba que en parte era culpa de su familia. A fin de cuentas, de ellos depende como se desarrollan algunos aspectos. Como sean tus decisiones.
Samantha no tenía pelos en la lengua para admitir que su vida y su forma de ganarse el pan de cada día no era el más honrado. Pero tampoco el más malo.
Sí, es verdad. Hay gente muerta bajo los matorrales del terreno "Di San Carlo" pero también había gente trabajadora que estaba siendo salvada por ellos.
Son narcotraficantes, pero también son buenas personas en ciertas cosas. Hacen donaciones a los orfanatos y ofrecen trabajos decentes a los más pobres: No como asesinos, ni como mulas de carga para pasar mercancía al otro lado; Eran cosas como obrar la tierra, ayudar con los maizales y la producción de vinos.
Muchas familias alrededor de la hacienda se ganaban la vida trabajando aquí.
Pero eso también traía enemigos. No todo el mundo los quería matar por ser narcos, muchos ni siquiera lo consideraban. Era por su fama e importancia.
Por eso, ella entrenaba tan duro. Ella debía ser la niñera y guardaespaldas de Selene. Ella debía protegerla con su vida. Ayudarla en sus tareas y pararse en frente una pistola activada.
Debía ser como la hermana mayor de esa niña, y en caso de que Samantha muera, ella sería quien se encargaría de su hija. Sería su nueva madre... Se encargaría de criar a la niña.
El padre de Selene era un hombre de alto calibre. Un calibre muy importante, porque su reputación era imprescindible incluso antes de su hija y su ex novia. El desgraciado sabía que tenía una hija, más no quería responder o tener algo que ver con ella. Por otro lado, el padre de Samantha, el señor Carlo (o como lo apodaban en la mafia "kurama") temía por la seguridad de su nieta. Él no podría hacerse cargo de la pequeña sin ponerla en un gran riesgo.
Dicho y hecho, Karin daría todo por esa pequeña. Y es que, de manera lenta y prolongada, esa niña estaba profundizando cada vez más en su corazón. Sus sonrisas, sus miradas y la nobleza de su corazón... Era como ver a su hermana.
Y hablando de ella. Karin no perdió contacto con ella en ese tiempo.
En realidad, Karin le había enviado un teléfono por correo exclusivo para que se mantuvieran en contacto. La kurosaki fue muy específica con sus instrucciones. Y su hermana lo comprendió todo de inmediato.
Le había pedido constantemente que la dejara verla. Pero Karin no quería colocar a su hermana en riesgo. Se lo dijo varias veces y cada vez le dolía más.
Así, ellas tenían conversaciones de horas cada sábado por la noche.
Ahora Karin sabía que su hermano en verdad era un imbécil.
Luego de su desaparición no se dignó a intentar buscarla más. Su padre la decepciono, pero a su vez ella pensaba que se lo merecía. Pero Ichigo. Ese idiota había dicho a diestra y siniestra que la apoyaría en todo y fue el primero en darle la espalda.
En sus conversaciones con su hermana, ella supo que tanto él como Rukia estaban muy tensos. Las peleas eran casi a diario. Principalmente por que Rukia estaba más preocupada por Karin, que su propio hermano. Pospusieron la boda por un mes por petición de Rukia. Quería alargarlo más, pero Ichigo se sintió indignado. Él respondió con mil piedras en la mano, Yuzu lo resaltó:
"No quiero retrasar mi boda solo por una rabieta de una niña caprichosa. Karin es mayor de edad y ella sabe que quiere hacer con su vida. No tengo por qué preocuparme de nada y tú tampoco deberías tener por qué tensarte tanto. Ni siquiera la invitamos a la boda".
Por supuesto, esto desató la ira de Rukia y desde entonces, a pesar de que la boda se había prolongó y ejecutado finalmente, las cosas se volvieron un martirio.
Karin no se sintió culpable. No por su hermano. Pero si por su cuñada. Adoraba a Rukia y la verdad, le hubiera encantado estar en esa boda. Pero no había nada más que hacer.
Ella sabía que el ser rencoroso era una característica inquebrantable de su hermano y ella. Era un factor en la sangre. Como un aspecto esencial en ellos. Aún sentía odio por su hermano. Le dolía profundamente esas decisiones y respuestas ante cada cosa que ella hacía.
A la edad de 14 años, Karin, había comprendido que estaría apartada de su familia indefinidamente porque ninguno de ellos la tomaba en serio. Sí, era verdad, Yuzu se preocupa por ella y están en contacto constantemente. Pero en parte, Karin sabe que su hermana más que nada se siente culpable.
Cuando hablaron por primera vez, habían hecho un trato con diferentes reglas:
*El contacto de Karin tendría un nombre falso. Que ni su padre o su hermano pudieran pensar siquiera que es ella.
* Karin la llamaría. Yuzu no podría hacer más que enviarle mensajes para evitar un inconveniente cuando estaba trabajando.
*Yuzu no podía preguntar cosas muy específicas sobre su trabajo.
En realidad, Yuzu casi no sabía nada de dónde estaba o qué hacía. Ella entiende que su trabajo es arriesgado. Pero desconoce el qué del asunto.
Suspiro con calma mientras permanecía detrás de un par de arbustos.
La carretera estaba libre. El calor del verano se mantenía liviano aún en la noche. La Luna estaba en su punto más alto, iluminando la gravilla, controlando la iluminación del lugar mientras sus ojos esperan una mejor vista con ayuda de algún auto que esté de paso.
El chaleco antibalas bien puesto. Las balas de repuesto en su cargador, colgadas en el cinturón. La pistola en el lado contrario. Un par de cuchillos colgando gracias a la cinta especializada en su abdomen.
La presa a la vista.
Observó con frialdad al hombre que cargaba un niño en contra de su voluntad.
Esa era otra cosa de la mafia. Ellos eran los malos para los policías y aquellos que resultaban afectados por sus acciones egoístas. Pero sólo fuera del pueblo. Dentro, todos y cada uno de los habitantes estaban siendo protegidos por los yakuza de su grupo respectivo.
El imbécil en frente de ella era un desgraciado psicópata. Un pedófilo que había estado horrorizando a las familias en los campos remotos de la pequeña región.
Desplegó lentamente el arma en sus manos y libero el gatillo. Espero una señal. Un ruido. Lo que tuviera planeado su acompañante para liberar a los niños dentro de la camioneta.
La pequeña que era arrastrada contra su voluntad era su última víctima.
Karin conocía los datos de la nena: Chinami, ese era su nombre. Tenía ocho años. Cabello lacio, hasta los hombros de color castaño claro. Los ojitos marrón brillosos y la cara mojada por las lágrimas y el sudor.
Karin quería saltar, su corazón estaba entrenado para situaciones así, pero la impotencia nunca fue una sensación agradable. Los quejidos de la pequeña le daban todos los motivos para atacar aquí y ahora. Pero no podía.
El pueblo pedía sangre. Pedía que ese desgraciado pagará por sus crímenes. Lastimosamente, la policía del área era completamente incompetente. Un grupo de hipócritas con insignias injustificadamente otorgadas. Un montón de inútiles que no querían abordar el caso porque los habitantes querían la pena de muerte.
Al no querer aceptar los términos de la policía, dejaron la protección de la gente en las manos de la mafia. Ellos no tenían ningún problema en dejar a este tipo amarrado en medio de un establo. El plan estaba hecho. Los padres de los niños estaban en el lugar esperando la llegada de sus hijos. Y después del rescate, tomarían su venganza.
Un sonido por detrás de los arbustos llamó la atención del tipo. Metió a la niña con fuerza en el carro y se dirigió a la cabina del conductor. Antes de que abriera la puerta, un par de dardos dieron a las llantas. Y antes de que el tipo respondiera, Karin salto de su escondite.
Sin mucha dificultad, aunque aún de manera novata, disparo dos veces a las piernas. Los tiros dieron justo en el área de la tibia dejándolo inmovilizado. Una bala en cada pierna.
Katsu y otro sujeto salieron del otro lado del campo.
Mientras que Katsu inmoviliza al tipo, Yasuhiro - su otro acompañante - encendía el auto en donde transferirán a los niños. Mientras tanto, Karin se acercó para tomar las llaves del hombre e ir al auto a calmar a los niños que gritaban con llanto silencioso en la camioneta.
—hola preciosa, ¿buscas interés en mi pantalón?
Karin detuvo su inspección por el asco en su garganta. Trató de ignorarlo. No valía la pena. En cambio, el hombre, sin temer por su situación le escupió en la cara.
La sensación grumosa de la masa en su cara le cobro a Karin toda su paciencia. Se paró rápidamente y antes de que Katsu dijera cualquier cosa, le dio un golpe al desgraciado.
El sonido del hueso quebrarse y el quejido horroroso del tipo le dio un choque de miedo a Karin en el fondo. Un escalofrío irritante mente aterradora se apoderó de su cuerpo.
La sangre brotó en cantidad y ella tomó las llaves con rapidez, evitando la mirada de Katsu.
— Te lo merecías— fue la respuesta de Katsu ante los quejidos del hombre. Para empeorar reacomodo el tabique con brusquedad. El tronar de sus huesos fue insoportable, pero el grito del hombre fue sobrecogedor.
Ella aún no se acostumbraba a esto. Era la tercera misión en grupo a la que asistía. Pero fue era inquietante la forma en la que poco a poco las cosas se acumulaban en su mente.
Después de practicar con varias llaves, finalmente halló la indicada y abrió las puertas.
Los niños estaban amarrados de manos y piernas. Con una mordaza de cinta grisácea en la boca. La pequeña Chinami estaba al lado de los dos más pequeños que parecían más perturbados.
Al ver a Karin, no tardó en saltar a sus brazos y privarse a llorar.
La camioneta rugió mientras el motor se encendía
El estruendo forzado y agresivo hizo que algunos niños sollozaran aún más.
Las pequeñas manos temblaban ante el toque de la joven. La sangre gotea a con delicadeza de la pequeñas fisuras causadas por el peso de las cadenas y la áspera soga que los mantuvo quietos.
Pequeños brotes rojizos a causa de la irritación en su piel acompañaban las machas de mugre. El cabello enredado y los ojos húmedos. La nariz hinchada y pequeños brillos de moco iluminados por la lámpara en el techo.
Poco a poco Karin ayudó a los niños a bajar de la camioneta. Con apoyo de Katsu se subían al otro auto donde su acompañante les daba un poco de agua. Los acomodaba en las sillas y les ponía el cinturón.
Los tres hacían lo posible para calmar el llanto. De paso, buscaban la manera de distraer a los niños del cuerpo en el suelo, ahora envuelto entre amarres, listo para ser entregado a los pueblerinos. A veces se quejaba entre la inconsciencia.
Karin deseaba matarlo, y por la mirada seca y concentrada que variaba entre los niños y el hombre. Podía deducir que Katsu y Yasuhiro también.
Tardaron aproximadamente una hora en desatar a los niños y acomodarlos. Querían ser rápidos, pero no podían ser bruscos. No podían lastimarlos más y tampoco podían actuar como los malos luego de semejante experiencia.
Gotas de sudor se resbalaban por su espalda. El calor era insoportable.
Acomodado el último niño, Katsu subió al puesto del copiloto. Los niños ya estaban dormidos.
El andar del auto fue lento. Mientras se aparta a lentamente el aire frío y la niebla empezaron a rodear su cuerpo. Karin se sentía nerviosa.
Quería demostrarle su valor a kurama. Principalmente por el hecho de que, a pesar de que estaba en casa y vivir cerca de los cabezales de aquella mafia, quería ser consciente de lo que estaba sucediendo. Quería mantener a su familia a salvo.
Pero como siempre había fallado.
Resultó la noticia poco después de que ella se retirara. Yuzu se lo comentó inconsciente de saber que le estaba dando a su hermana una y mil razones para sentirse más culpable.
Ichigo había entrado en el trabajo como espía de la policía. Y estaban buscando a un grupo de narcotráfico que había azotado fuertemente en la zona Este. Cerca de la ciudad.
Él era muy arriesgado. Desde el principio demostró ser capaz de buscar la confianza de los vendedores para dar con el jefe de la zona. Cada una de sus misiones iba con el objetivo de hallar a un grupo concreto.
Lo más peligroso era que el grupo al que buscaban realmente no existía. Era una fachada creada por el señor Carlo. Era la manera en la que lograba desviar la mirada de los policías de su preciado viñedo.
La policía sabía sobre un "pequeño grupo" que se estaba desarrollando en medio de la guerra de mafias. Creían que su grupo era un montón de idiotas que no sabían en donde se estaban metiendo.
No consideraban una amenaza aquel pequeño tráfico en un viñedo. No sabían que en realidad, el viñedo era lo más grande.
Pero tarde o temprano lo averiguaran. Ichigo era un asco como hermano. Pero tenía talento. Podía investigar de manera concreta y se percataba de muchas cosas con la más mínima pista.
Fue debido a eso que se conoció con Rukia.
Por eso, Karin no dejaba nada al aire en la casa. Ni una pista de lo que hacía y tampoco esperaba que su hermano tuviese deseos protectores con ella. Solo mostraba lo que quería. Y nada más que eso le bastaba a su hermano para mirarla por unos segundos y regresar a quejarse de su irresponsabilidad.
Fue el deseo de mantenerse lejos de más problemas que ella había aprendido a esconder evidencia.
Las cuchillas, las manchas de sangre. La depresión y el odio.
Todo eso se lo debía a ese deseo tan desesperante de no aferrarse a la falsa protección ejercida por su familia…
Por qué ella jamás lo permitió.
Sus pensamientos se interrumpieron cuando observó el amarre de carne revolverse. El desgraciado seguía moviéndose entre sueños. Las manos temblaban de vez en cuando y por alguna razón, Karin creía que iba a convulsionar en vez de despertar.
Debía aguardar un tiempo a que llegara la otra camioneta. Katsu se hubiera quedado en su lugar, de no ser porque informes de los vigías la habían advertido de que su hermano estaba en el territorio.
El saber que no investigaría el viñedo como posible traficante no significaba que Karin no desconfiara de ello. Su hermano no pasaría por ese lugar para buscar droga. La estaba buscando a ella.
Más por exigencia de su padre que otra cosa.
Yuzu le informo de eso con pesar. A ella le parecía horroroso la manera tan descuidada en la que su hermano había desistido de intentar buscarla. Yuzu se sentía decepcionada de la actitud de Ichigo y Karin también. Pero eso jamás lo admitirá.
Tosió con un poco de resequedad en la garganta tratando de calentar su boca. El aire estaba volviéndose pesado por el frío.
Sus ropas eran especiales para no dejarla afectar por el clima. Pero no su rostro.
La máscara que llevaba solo le cubría la mitad de la cara y el aliento caliente chocaba con sus ojos al momento de salir del paño.
Fue el sonido de las rocas siendo corridas por un par de llantas y la luz en el fondo de la carretera quien irrumpió en su clama.
Tomó la pistola y se metió tras de la otra camioneta. Esperaba la llegada de cualquier tipo de auto.
Cuando estuvo más cerca de su posición, noto el tocado sobre el capo. Era la insignia del viñedo. Prendió las direccionales en un orden específico. Era su transportista.
Eran casi las cuatro de la mañana cuando regresaron a la casa de reuniones en la comuna del pueblo. La mayoría de las personas que habitaban allí había un puesto poca fe en que ellos lo lograrían. De hecho, muchos los trataron mal por darle falsas esperanzas. Pero aquí estaban ellos.
Las personas dentro del gran salón eran principalmente mujeres y algunos hombres. Las madres de los pequeños lucían desaliñadas.
Ojos rojos y miradas perdidas en su mente.
Pero todo se ilumino a su regreso.
...
Fue un alivio para todos el regresar a los pequeños con sus familias. Pero sin duda el trabajo había sido agotador. Semanas siguiendo el rastro del desgraciado. Horas planeando el rescate... Todo eso generaba un agotamiento mental bastante considerable.
Pocas horas después, estaba preparándose para acompañar a la más pequeña de la casa. Solo tenía que ayudarla con algunos deberes de la escuela. Era fin de semana, por lo que no tenía mucho que hacer. Había demasiadas cosas en su cabeza.
El cansancio físico se arreglaba con un par de pastillas y un poco más.
Selene estaba coloreando lo que parecía ser un gato cuando Samantha regresó.
Bien arreglado, como siempre. Las pestañas encrespadas cubiertas con un poco de rímel. El rubor cuidadosamente aplicado y un labial muy suave.
Abrazo a su hija y la envolvió entre besos con cariño. Pero, algo estaba un poco raro.
La mirada que le dirigió a Karin no era muy normal en ella. Se veía... ¿Pícara?
–Voy a subir a la habitación para mostrarte un vestido que te envío el abuelo—, levantó a la niña en brazos y se volvió hacia la peli negra— Tu, por otro lado... Tienes una visita.
Karin levantó la mirada confundida. Quizás era Katsu, pero, en ese caso no tendría sentido que Samantha se comportará así.
La mujer le guiño un ojo y subió por las escaleras.
–ya ha le con Berta para que prepare un poco de té.
Karin la miró. Seguía sin entender hacia dónde estaba yendo todo esto.
Antes de terminar de entrar por el pasillo, en el segundo piso, Samantha volvió a hablar. Está vez, su mirada era mucho más directa. – Ustedes, en verdad necesitan hablar. Dale una oportunidad para explicarse... Y no la vallas a cagar.
El tono en la orden era más que obvio. Para cuando se quedó sola en la sala, la puerta principal se escuchó nuevamente.
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Tardo unas dos semanas aproximadamente en instalarse por completo en el nuevo apartamento. Estaba en el séptimo piso de un edificio cercano al campus de su universidad. Viviría solo, su madre le había pedido que se quedara con ella en una casa del otro lado de la cuidad, pero él la convenció con la excuso valida. La casa de su madre estaba casi a dos horas de la universidad. Siendo las clases tan temprano y en un horario tan aleatorio nada confirmaba que el tráfico no le afectara.
En realidad, el tema del auto era una completa mentira. Desde muy joven se acostumbró a ahorrar y gracias a ello tenía el dinero suficiente para tener sus propios lujos: el auto seria de segunda mano, pero un modelo más que moderno. Pero, eso no es de importancia.
Los tramites de la universidad estaban concluyendo rápidamente y le daría el tiempo suficiente para poder disfrutar un poco más del horroroso verano. Detestaba el calor, pero podía tener un poco de descanso antes de iniciar con sus estudios; además, le daría tiempo para buscar a Karin.
Sabía muy bien que el viñedo estaba a las afueras de Tokio. Muy lejos de hecho. Pero con su tiempo libre y el auto en camino no habría nada que lo detuviera. Excepto una cosa: no samia nada de ella.
Karin parecía un fantasma. No había rastro de ella; ni un mensaje; ni una llamada. No había utilizado ninguna de sus redes sociales desde que se fue y para colmo tampoco había logrado rastrear la procedencia de la carta. Intento de todo, pero ella fue muy hábil.
Con un ligero suspiro, paso a la siguiente página del libro e intento continuar con su lectura. Lastimosamente, el día de hoy su cerebro estaba demasiado activo con el tema de la pelinegra como para prestar atención sobre la cultura del habla y el descenso de la literatura actual.
Levanto la mirada del libro y lo cerró con un gruñido. Lo guardo en su maleta y se la colgó al hombro para salir de la cafetería. No era fanático del café, pero la estancia era pequeña y tranquila. Estaba ubicada dentro de un centro comercial cerca de su apartamento por lo que se había convertido en un área recurrente para su lectura.
Justo cuando estaba por salir en dirección a la salida, un destello rubio paso por el rabillo del ojo. Sorprendentemente lo sintió muy familiar. Rápidamente se giró sobre sí mismo para observar a la mujer que cruzaba por su lado, reconociéndola de inmediato.
Era Samantha.
Rodeada por un grupo de hombres, que bien podían parecer como transeúntes normales, pero definitivamente eran sus guardaespaldas.
Se acercó con disimulo tratando de no ser tan obvio, solo para estar a una distancia discreta para llamarla sin gritar—, ¡Samantha!
Todos juntos se giraron para verlo. Los hombres listos para sacar sus armas mientras la otra lo observaban con un ligero toque de asombro. Luego, ella sonrió.
….
—No sé de qué me hablas—: esa fue la respuesta de Samantha luego de preguntarle por la ubicación de Karin.
Luego de que lograra convencerla de hablar, ella y sus hombres terminaron en la misma cafetería de donde él acababa de salir. Ahora todo estaba lleno y algunas personas les dirigirán una mirada un tanto extraña.
—Mira, entiendo que la estás protegiendo. Yo más que nadie sabe las cosas por las que ella pasaba y sé que ella tenía la opción de irse contigo. Pero en verdad, quiero saber cómo esta…Mira, esto es muy cursi incluso para mí, pero no sabes lo difícil que ha sido estar sin ella, sin siquiera saber cómo esta o que ha hecho. Es demasiado importante para mí y la extrañó.
—…
—solo, por favor, déjame hablar con ella.
Con un suspiro, finamente Samantha accedió.
—Con una condición.
— ¿Qué quieres que haga?, está de más decir que definitivamente no será dinero.
—correcto. Mi única condición, es que no puedes conocer su ubicación.
Por alguna razón esa condición no le agrado del todo a Toshiro. Había algo allí que definitivamente no le gustaba…No era algo malo. Ella sabía que él era consiente de quien era, de eso estaba seguro.
— ¿Por qué siento que no será agradable?
Y al final, resulto tener la razón. Para cuando se encontraban en camino hacia Karin, se encontraba en una camioneta con la cabeza envuelta en una lona negra. No podía distinguir nada. No había ruidos y tampoco sentía el más mínimo cambio de luz por lo gruesa que era la tela.
Pero eso no detuvo.
No era tonto. Mientras Samantha le decía algunas cosas y preguntaba cosas como ¿Qué estaba haciendo? O ¿Qué estaba estudiando y en qué universidad?, él respondía rápidamente. Presto mucha atención a cada cambio que sufría su cuerpo según los giros que diera el auto.
En cuanto se detuvieron, una mano agarro con fuerza la lona de su cabeza y la retiro bruscamente. Toshiro solo pudo responder con un quejido mientras las quejas de Samantha sobre la acción de su guardaespaldas pasaban suavemente.
— ¡Katsu, se más cuidadoso!, él es un invitado.
—discúlpeme, señorita Samantha—. El chico paso por su lado, empujándolo mientras salía del auto.
Ambos cruzaron la mirada. El pelinegro que cruzo por su lado era un completo idiota. Cabello negro y ojos claros. Ignorando las actitudes infantiles del tipo, Toshiro salió del auto. Los rayos de sol atacaron sus ojos en cuanto salió.
Luego de que su mirada se había acomodado al abrupto cambio de iluminación, él comenzó a observar los alrededores. No había nada que le pudiera dar una idea de donde estaba, se encontraba rodeado de un jardín enorme con algunas decoraciones de porcelana y pequeñas fuentes de agua.
—Dame un momento aquí, pasaras en cuanto mis guardias te den permiso.
Samantha entro en la mansión y él se quedó solo junto con dos de los guardaespaldas. Mientras uno de ellos lo requisaba, el de pelo negro le quito la maleta. Toshiro supo que era para mirar su contenido, pero el tipo seguía haciendo movimientos bruscos. Las iradas enojadas y discrepantes que le dirija le parecían algo curiosas. Presentí que esto tenía algo que ver con Karin.
Luego de ver que no traía nada raro consigo, ambos hombres le devolvieron sus cosas, pero aún tuvo que quedarse allí. "Katsu" no dejaba de dirigirle miradas y el otro tipo solo pasaba la mirada entre ambos, como si estuviera tratado de ver que era lo que sucedía.
Toshiro solo se mantenía distante, sin prestarle importancia. Un par de golpes sonaron en la puerta, una rendija pequeña se abrió y alguien hablo a través de ella. El joven que estaba, además de Katsu, dirigió su mirada a su compañero y le permitieron el paso. Fue entonces que Toshiro le dirijo una mirada de advertencia al pelinegro. No sabía cómo, pero, de alguna manera se sentía posesivo.
Al pasar, nadie le dijo como y a donde ir. Si bien el pasillo principal parecía dar a la sala principal, este se dividía en varios pasadizos: algunos daban al patio y otros continuaban a una habitación. Parecía un laberinto. Mas al fondo se divisaba una sala bastante grande, rodeada por las escaleras hacia el segundo piso que iniciaban a cada lado de la misma. En el fondo, se veía un televisor encendido con lo que parecía ser frozen. Pinturas anticuadas y otras postmodernistas, asi como obras abstractas en estanterías elegantes que daban continuidad a la casa. Algunas fotografías familiares y un recuadro enorme sobre una de las paredes en la que se veía un grupo de gente tras de un gran mesón. Todo estaba decorado con uvas y en la mitad de todos estaba Samantha, con una niña en brazos y un hombre que bien pasaba por sus 55 años. Quizás esta era la fachada de "la empresa familiar" que ocultaba su verdadera vocación.
El sonido de una puerta llamo su atención. Continúo entrando por el pasillo.
Allí, justo en medio de un desorden de papeles, lápices y cuadernos de dibujos infantiles, estaba ella. El cabello recogido en un moño un poco disfuncional y la mirada agotada.
Al ver su mirada sorprendida, se dio cuenta de que ninguno de los dos era consiente de cuanta necesidad tenían el uno del otro. No sabía que decir, pero, no hubo necesidad. Ella se abalanzó sobre el sin ningún problema. Por poco y no lograba atraparla, se tuvo que mover hacia atrás para poder equilibrarse.
Sin pensar las cosas, la envolvió en sus brazos. Cuanto la había extrañado. El calor de su cuerpo y el olor que lo traía loco. Le tomo de la nuca y la apego al su cuerpo. Le acaricio la espada y pego sus labios sobre su frente. Fue entonces que sintió el riachuelo sobre su camisa. Luego llegaron los sollozos y el abrazo se volvió mucho más requerido.
Para cuando se dio cuenta, ambos estaban en el sofá.
Algo estaba muy mal, él lo sentía. Pero no quería preguntar. Solo quería quedarse allí, junto con ella.
Lamento haber tardado tanto. No tengo excusa. Pero en verdad, espero que hayan disfrutado de este capitulo.
Dejen sus opiniones;)
