Sedúceme, Capitulo cinco y final.

Candy acariciaba la espalda de Albert mientras sus cuerpos desnudos y transpirados danzaban al compás de la sensual melodía.

_ Aww... auch... aww... eres tan deliciosa mi hechicera. _ decía Albert mientras sacaba y metía su falo en la vagina de su esposa.

La levantó de la cama y se la engancho entre medio de sus piernas apretándola contra el ventanal de vidrio con vista al océano.

Las estrellas hermosas en el horizonte y la luna llena romantizaban la noche perfecta.

_ ¡Ahh!... uff ... oh yes... Si papi así un poco más fuerte.

_ Candy parecía otra persona, el deseo por su esposo era incontrolable. Estaba a punto de tener su tercer orgasmo.

_ Eres insaciable mi amor. Y eso me enloquece, me enciende. _ decía el rubio con voz ronca y agitada, saboreando cada centímetro de su mujer.

La bajo poco a poco sin dejar de besarla. Candy agarro su falo y poniéndose de rodillas lo acercó a sus labios para saborearlo.

_ Uuh... mi amada... solo te dejaré que lo beses un poco porque esta noche; esta noche es para complacerte a ti.

_ Albert le alzó por los hombros, la puso de pie, poniéndole de espaldas contra el ventanal. Enseguida se puso de rodillas y comenzó a comer a su esposa nuevamente.

_ ¡Ah... oh mi amor!...esta posición me enloquece, es diferente y deliciosa.

— Albert no se detuvo hasta hacerle gritar su nombre correrse en sus labios.

La acostó en el piso de madera; Introdujo su falo suave y delicado. La sensación de la vagina de Candy al correrse lo excitaba. Los muslos vaginales apretaban más su miembro.

En minutos se corrieron juntos al mismo tiempo con el sonido de los fuegos artificiales celebrando el día de San Valentín.

— Que delicioso regalo me has dado mi amado. — dijo la rubia cayendo rendida en sus brazos.

Abrazados y temblando de emoción se dijeron: _ Te amo...

Habían pasado dos días y los rubios no salían de la habitación.

Bella estaba preocupada por sus padres; hecho que hizo que Willie se burlara de ella.

_ Ya te dije que están bien... Deja que lo disfruten.

_ Pero ...¿ Y si les sucedió algo?...

_ Nada les ha pasado... Es tán disfrutando su reencuentro.

Ya vimos las bandejas con los platos vacíos fuera de la habitación. Han comido.

Así que tranquilízate que me estás poniendo nervioso.

— Está bien... mira... la costa. Estamos a poco de llegar.

— Bella logró observar la costa del puerto. Estaban a punto de llegar a tierras Francesas.

_ ¿Es eso lo que te preocupa? ¿La mentira que le dijiste a Nai?

¡Ja!... ¿No se te pudo ocurrir otra cosa?... ¿América?

Quien llega a América en tres días. — decía Willie casi burlándose de su hermana.

_ Cállate ._ grito Bella mientras le daba un codazo a su hermano por burlarse de ella.

_ Ja ja ja... ya hermanita, tranquila.

Ven... Vamos a tocarles la puerta. Tendrán que retomar lo que estén haciendo cuando estemos en Paris.

_ Los chicos se dirigieron al camarote de sus padres.

Al llegar a la puerta ninguno de los dos se atrevía a tocarla. Pudieron escuchar a sus padres en acción.

— Bella tu eres más valiente.

— Y tú el hombre y mayor. Así que vamos; toca la puerta.

_ Papá, Nai ¿están bien?... ¿Podrían abrir la puerta? _ decía Willie mientras Bella gritó:

_ Es una emergencia... jjijiji. _ Bella reprimió una carcajada.

Se escucharon pasos agigantados y apresuradamente abrieron la puerta.

_ ¡Ay Dios mio!... _ gritó Bella dándoles la espalda.

Era Candy con su cabello alborotado cubriéndose con una pequeña sabana, dejando al descubierto a Albert amarrado contra los postes de la cama.

_ ¿Qué pasa hijos?... ¿qué sucede?... — Willie sonrió al ver a su padre rojo en tal posición.

_ No Pasa nada Nai... por favor cierra la puerta te hablaremos desde aquí. _ Entre cerrando la puerta, Candy camino a desatar a Albert. Se puso su bata y los invitó a pasar.

_ Mamá te ves wild... ja ja ja y tu papá , muy bien en esa posición... — Bella carcajeaba al ver sus padres como un par de adolescentes con las manos en la masa.

_ Bella respeta a tu madre. _ Dijo Albert con ganas de reírse al ver el cabello de leona y el rostro carmesí de Candy.

_ En unos quince o diez minutos estaremos en Francia.

_ ¿Francia?... _ gritó Candy...

_ Si mi amor, nos dirigimos a Francia. _ dijo el rubio colocándole un beso en los labios.

_ Ustedes...

Ustedes tres me han engañado... _ Alzando la voz Candy los señaló con su dedo índice uno a uno.

_Y me alegra que lo hayan hecho _ dijo suavizando el tono de voz y el rostro.

— ¿Qué más debo saber? Y quiero toda la verdad... _ demandó la rubia.

_ Papá por favor cuéntale todo a Nai. _ Albert tomo las manos de su esposa entre las suyas y comenzó a revelarle las sorpresas venideras.

_ Cuando lleguemos a Paris; nuestros hijos volverán a casa.

Willie se encargará de los negocios de la familia por un buen tiempo mientras yo me entrego en cuerpo y alma a ti mi hechicera. — Los ojitos de Candy se llenaban de lágrimas de felicidad.

— También del velero Papá. — dijo Bella.

— ¿Velero?... Cual velero. — preguntó la rubia.

— He comprado un velero para irnos a recorrer el mundo navegando. Lo he llamado "Hechicera"

_ Candy lloraba de felicidad al escuchar las palabras de su esposo y al observar a sus hijos tomar responsabilidades.

_ ¡Mis amores!... _ susurro en sollozos. _ ¡Estoy orgullosa de ustedes!... Gracias mis tesoros ... gracias por tanta felicidad.

_ Los amamos Nai, Papá...

— Los cuatro se abrazaron y salieron del camarote rumbo a Paris.

Fin...

Feliz día del amor y la mistad.

Con mucho cariño, Sakura.

Bendiciones.

Esta fue una mini historia para la dinámica de relatos eróticos de Albert y Candy. Con motivo de celebrar el día del amor y la amistad

2/14/2020