Lamento la tardanza con la actualizada, les explico más abajo.


LA PRINCESA Y EL BASTARDO


Eren siente que se tambalea por dentro cuando Dina Fritz dirige su imponente mirada hacia su persona.

Supone que aún está molesta por la presentación tan accidentada que tuvieron anteriormente.

Los sirvientes del palacio no se inmutan cuando el príncipe mete a alguna mujer a sus aposentos.

Ni siquiera cuando es evidente que son prostitutas o amantes de ocasión.

Ciertamente les pareció raro cuando lo vieron llegar con dos niños.

Pero nadie se atrevió a cuestionarlo ni a llevarle el chisme a su progenitora.

Ni siquiera porque les mandó a comprar ropa y demás cosas.

Zeke, a la mañana del día siguiente va al comedor, pero como le hacen saber que su madre pidió que le subieran el desayuno a sus aposentos, decide volver a los suyos para desayunar con sus invitados.

Luego de eso, tiene la primera discusión con su hermano.

—No, Eren… No puedes poner un pie fuera de mis aposentos.

—¿Acaso soy tu prisionero? —Mikasa se estremece como teme que el príncipe se enfade.

—Claro que no, Eren —Responde Zeke, con amabilidad aunque con firmeza— Eres mi invitado, pero antes de dejarte salir, hay alguien a quien tengo que informarle, y no puedo permitir que te vea primero.

»No te prometo nada para hoy, ya luego hasta podremos montar a caballo.

—No sé hacerlo —Zeke oculta la molestia que eso le ocasiona.

Grisha definitivamente había criado a Eren en un estilo de vida muy por debajo del suyo.

Cualquier niño de alta cuna sabría cabalgar a su edad.

—Entonces aprenderás —Responde con simpleza, con una serenidad que está lejos de sentir.

La puerta es golpeada, y Zeke pensando que eran los sirvientes que iban a recoger los platos, da su autorización verbal para entrar.

Para su infortunio, no son los sirvientes quienes entran.

Sino Dina.

Dina que mira con extrañeza a los dos niños que se ven tan cómodos allí, como si fuera común que estuvieran en los aposentos del príncipe y toda su corta vida así hubiera sido.

—Eren, Mikasa —Zeke tiene que usar toda su fuerza de voluntad para no delatar su nerviosismo— Les presento a mi madre, Dina Fritz, quien por supuesto es la reina de Mare.

Normalmente la habría llamado Dina Jaeger, pero tuvo miedo de que Eren, en su inocencia, le preguntara porqué seguía usando el apellido de casada –el niño había deducido que Grisha se había divorciado de la madre de Zeke y el príncipe no quiso sacarlo de su error-.

Mikasa hace una reverencia, pero Eren se acerca para extender la mano a la mujer mientras le dice "mucho gusto", y le sonríe como a cualquier persona que le da gusto conocer.

Finalmente piensa que está ante la madre de su recién conocido hermano mayor.

Dina lo ve confundida, y por supuesto que no toma la mano que queda levantada hacia ella.

—Me disculpo por Eren, su majestad —Agrega Zeke, habiéndose acercado a bajar la mano de su hermano con delicadeza, y sintiéndose mal por él— No me di el tiempo de explicarle cuál es el trato que debe darle a cualquier miembro de la realeza —Dice dedicándole un gesto de disculpa al niño que frunció el ceño sin alcanzar a entender por qué lo habían dejado con la mano estirada.

—¿Podemos hablar? —Inquiere la reina, aunque el príncipe sabe que no es una pregunta, sino una exigencia, como si le dijera "Ven ahora mismo que tenemos que aclarar ciertas cosas".

—Por supuesto —Responde Zeke, luego se voltea hacia ambos niños— Yelena los llevará a caminar por el palacio… —Informa para alegría del niño, pues total, la reina ya sabe que estaban allí y no tiene caso ocultarlos.

De camino a los aposentos de la reina, efectivamente, cuando ve a Yelena, el príncipe le da indicaciones referentes a sus invitados.


—Eren —Llama Mikasa en cuanto Zeke se va y se quedan esperando a Yelena— No debes hablarle de mala manera al príncipe.

—No le hablé de mala manera.

—Sí lo hiciste —Afirma en tono acusador— Lo hiciste después de que te prohibiera salir.

—Fue porque creí que quería tenerme encerrado.

—No importa lo que creas, no puedes hablar de esa manera.

—¿Por qué no?

—Porque es un príncipe.

—¿Y eso qué?

—No se le puede hablar a un príncipe de esa manera.

—¿Por qué no?

Mikasa no sabe qué responder.

Siempre había sido obediente, así que cuando se le dijo cómo había que portarse ante la realeza, simplemente lo aprendió, jamás lo cuestionó.

A ella le dijeron que así debía comportarse y así lo hacía.

Eren al contrario, no era alguien obediente ni sumiso, cuando se le "ordenaba" algo, todo lo cuestionaba, todo lo que le parecía una imposición le fastidiaba, sobre todo le fastidiaba ver como los demás lo acataban.

—No hagas nada que pueda enfadar al príncipe —Dice Mikasa al fin— Por muy benevolente que se ha mostrado, es mejor no poner a prueba sus límites.

»No quiero que te manden a golpear.

—Zeke no va a hacer eso —Responde el niño con convicción.

«Tal vez él no» Piensa Mikasa.

Pero no sabe qué esperar de la reina.


En Mare se ejerce la Corregencia, el sistema de gobierno donde el monarca realiza sus funciones conjuntamente con su heredero, cosa bastante útil, porque el futuro soberano aprendía gobernar desde antes de llevar la corona de monarca.

Su majestad y su alteza tomaban las decisiones de manera conjunta, aunque si hay un desacuerdo entre ambas partes, la última palabra la tendrá el rey o reina.

O al menos en teoría así debería haber sido.

Se supone que Zeke es su mano.

Su soporte, su escudo, su espada.

Se supone que ella es la cabeza del pueblo.

Que Zeke podría ponerse rebelde ante la madre, pero que ante la reina tendría que someterse.

—Grisha jamás se divorció de mí —Declara Dina con frialdad— No pudo volverse a casar. O en todo caso, aunque hubiera oficiado una ceremonia con la otra mujer, aquel matrimonio no sería válido. Por lo tanto tu supuesto medio hermano sería un bastardo.

—¿Supuesto medio hermano? —Pregunta sin entender bien la expresión.

—¿Acaso te consta que tu padre realmente estuvo viviendo con otra mujer? —Inquiere con ironía.

—Tengo una carta de puño y letra de mi padre en la que se refiere como hijo a un niño llamado Eren… Una carta que aparentemente comenzó a escribir pero se olvidó de enviar.

— ¿Te consta que esa mujer siempre le fue fiel…?

Zeke se fastidia.

—Sí es hijo de mi padre… y aunque no lo fuera… Ya lo traje. Vivirá conmigo.

Ella le dice que no.

Que lo envíe a un centro de crianza para niños huérfanos y desamparados, o que disponga de los recursos que quiera para darle una gran vida en otra casa, pero Zeke no acepta.

No importan sus argumentos calmados o agresivos. No importa que le hable ni como mujer ni como madre. Ella no quiere al bastardo en su palacio, pero Zeke no cambia de opinión.

Cuando por fin aflora la reina, lo primero que hace es abofetearlo con toda la fuerza que la ira le da.

—¡Con un carajo! ¡Si como madre no te importo, como reina me deberías obedecer!

Ya no le habla como si intentase razonar con él ni le suplica.

Ahora le grita. Le ordena. Y al ver que sigue sin ceder, amenaza con matarlo para parir un heredero que sí le obedezca.

Muy para su sorpresa, su hijo se arrodilla y se pasa el dedo índice por el cuello en una clara invitación a degollarlo.

—Dese el gusto, majestad. Porque si no estoy muerto, no va a poder sacar a mi hermano de aquí.

La reina le había amenazado de muerte porque quiso amedrentarlo.

Pero ahora todo le había salido al revés.

Si no lo asesina quedará como una mentirosa.

Pero es obvio que no va a matar a su heredero, ¡a su único hijo!

Solo hace un último intento por acobardarlo.

Saca una daga de entre sus ropas, hace el amago de matarlo para ver si se arrepiente, pero Zeke sigue inmutable.

Al final, Dina se rinde volviéndose a guardar la daga, y ahora se siente más patética porque su hijo no cedió ante su falso intento de matarlo.

—¿Quieres que me vaya?

—No —Dice seria— No hemos terminado de hablar…

»No voy a matarte, pero igual el bastardo se va.

Discuten.

—¡Qué pretendes?! ¡¿Qué eche a mi hermano a la calle?!

—¡Yo nunca hablé de echarlo a la calle! —Replica ofendida— ¡Yo solo dije que no lo quiero aquí…! ¡Regrésalo a la casa donde antes vivía, o hazle otra donde quieras, pero en el palacio no se va a quedar!

—DIJE… que mi hermano va a vivir conmigo.

A Dina le molesta no poder convencer a su hijo, pero finalmente manda todo al diablo.

—Ultimadamente soy la reina… Si no lo sacas, ordenaré a los guardias que lo hagan.

—Si te hacen caso, no solo no esperes que asista al funeral de padre, no solo voy a renegar de ser tu hijo, sino que voy a renunciar a la corona.

A Dina le molesta la amenaza, pero hay algo que la molesta aún más.

—¿Cómo que "si te hacen caso"?

»¿Por qué no habrían de hacerlo si soy la reina?

—¿Lo eres? —Pregunta con ironía.

Dina entonces entiende a lo que Zeke quiere llegar.

Ella ha demostrado ser una buena reina en tiempos de paz, pero medio año atrás, en un pequeño enfrentamiento que tuvieron con otro reino que quería dominarlos, resultó herida casi al inicio, y Zeke tuvo que tomar el mando de las tropas, dando la victoria a Mare, replegando a los invasores mientras les demostraba que su patria no sería conquistada por ningún extranjero, y eso terminó de otorgarle el amor de su pueblo por si todavía no lo había obtenido.

Perdió su oportunidad de demostrar que también podía ser una buena reina en tiempos de guerra, sobre todo porque había terminado herida casi al principio de la batalla.

Zeke es joven y fuerte, ella, aunque fuerte, con 39 años cualquiera sabe que es casi imposible que tenga más herederos, de cualquier modo no había podido tener más hijos por más que varias veces lo intentó, y ahora que su marido había muerto, no pensaba abrirse de piernas para otro hombre.

Ahora comprende la ironía de su hijo al preguntarle si es la reina, comprende la sonrisa confiada que le está haciendo, pues parece decirle: serás la reina mientras yo lo permita, porque de quererlo, puedo convertirme en rey.

Si ella ordena que saquen al bastardo y no le obedecen por no llevarle la contra a Zeke, será humillante, y aunque no de manera oficial, casi podría dejar de considerarse reina, pero si le hacen caso, Zeke dejará la corona de heredero, y los siguientes en línea de sucesión son su hermana Joana que quedó lisiada luego de caerse de un caballo, su hermana Séfora que está retrasada mental -apenas lo suficientemente apta para ser compañía y enfermera de la hermana de en medio-, y su medio hermano Jeziel, un bastardo que su padre engendró con una ex empleada del palacio.

Dina de vez en cuando visita a sus hermanas que viven juntas y rodeadas de criados –Zeke también las visita-, a diferencia del bastardo del que no sabe ni la edad exacta, pero vagamente recuerda que es seis o siete años menor que Zeke, aunque tampoco puede contar con él como heredero, pues su hombre de más confianza le avisaría cualquier novedad. Y si no le ha dicho nada es porque debe seguir igual de flaco y enfermizo que siempre.

Si Zeke renuncia, ninguno de los herederos que queden será digno.

Eso si lo dejan renunciar, ¿pues cuánto tiempo seguirán los súbditos de Mare a una reina que ya no puede dar herederos y que no ha demostrado ser digna en tiempos de guerra?

Seguramente, tan pronto como Zeke se vaya, al menos uno de sus consejeros lo seguirá para convencerlo de regresar, o quizás, si ella no acepta sus términos -que incluyen dejar que el bastardo viva en el palacio-, lo invitará a que en lugar de volver para tomar la corona de heredero, tome la de monarca para que pueda ser libre de cumplir sus deseos.

Duda mucho que Zeke la derroque de forma violenta, o que la ejecute para que no tenga que vivir humillada… Más bien Zeke tendrá "la bondad" de pedirle abdicar pacíficamente, o la hará encerrar hasta que la obligue a hacerlo, y cuando lo logre le otorgará una casa y sirvientes que la atiendan. Puede que hasta le deje vivir en el palacio como otras madres de reyes antaños, solo que esas madres no habían sido reinas, sino esposas de reyes, y para hacer más grande su humillación, podrá ver al bastardo sentado al lado de un hermano rey en vez de un hermano príncipe.

Por donde le busque: está jodida.

Lo único que le queda, es elegir la opción que la joda menos.

—Bien —Dice con los dientes trabados de rabia— Dejaré que el bastardo viva en el palacio.

—No lo llames "bastardo" en público, Eren cree que nació de un segundo matrimonio de mi padre.

—Cómo quieras —Responde aún más molesta.

Casi en seguida, Zeke se encuentra con Yelena y sus invitados en un pasillo de la planta baja.

—¿Qué te pasó en la cara? —Pregunta Eren tan pronto como lo mira.

Zeke entonces recuerda que su madre le había abofeteado.

Deduce que tiene la mejilla roja.

—Un zancudo —Declara sonando casual— Era tan rápido que no me quedó otra que aprovechar la oportunidad de matarlo aunque abofeteara mi propia mejilla.

Eren no queda muy convencido con la respuesta, pero no dice más. Piensa que su hermano no tiene porqué mentirle.

El príncipe entonces procede a presentar a sus invitados ante todos.

Sin pelos en la lengua declara que la niña es pariente cercana de la realeza de Erdia, y que el niño es su medio hermano, y que ambos, debían ser tratados con cordialidad y respeto.

—Si no se comportan me lo hacen saber y yo decidiré el castigo, pero por ningún motivo pueden ponerles la mano encima.

Dina está molesta como su hijo le hace tolerar esa humillación a cambio de no hacerle una cosa peor, pero ante todos, trata de mostrar indiferencia.


Más tarde la reina está en su trono.

Zeke llega porque le manda a llamar y le pide hacerse cargo de lo último pendiente para el funeral de Grisha.

Los niños van con él aunque se habían quedado a atrás, a cierta distancia.

La primera vez que Dina los vio, no les puso atención, pues estaba más ocupada tratando de entender qué hacían dos niños en los aposentos de su hijo que de mirarlos.

—Acérquense —Pide Dina, tanto con la voz como con un ademán.

Desde luego Zeke no parece cómodo, pero no lo impide.

La reina no lo demuestra, pero le sorprende que la niña tenga rasgos evidentemente orientales. Zeke no se lo había mencionado. Además, ¿qué no se supone que la niña es erdiana?

Ya luego le pedirá cuentas.

Lo siguiente, es ver al bastardo, y no le hace gracia comprobar que definitivamente sí es hijo de su marido.

Es cierto que no es un reflejo de Grisha como Zeke si lo es, pero los ojos y el cabello si los tiene del mismo color que el difunto –y mira que el color de ojos no es para nada común-.

—Majestad —Le llama Calvin, su hombre de más confianza— ¿De verdad va a permitir que el niño se quede?

No le importa la mirada confundida que los niños hacen, ni la manera torva como Zeke lo mira.

Simplemente no logra entender cómo el príncipe no solo le restriega en la cara al bastardo de su marido, sino que decide traerlo a vivir al palacio.

Tampoco entiende cómo es que ella lo permite.

Dina Fritz, fría y hermosa como un diamante, le mira de una forma en la que le hace entender que comprende su duda, pero con asombrosa dignidad le aclara.

—Zeke ha demostrado ser un digno heredero para la corona de Mare… Si quiere traer de mascota a su medio hermano por mí está bien.

Todos guardan un sepulcral silencio.

Mikasa se incomoda. Eren la mira alebrestado, pero su mirada casi puede ser considerada dulce en comparación con el gesto de rabia el príncipe que le está dedicando.

Zeke por un segundo piensa en despotricar, en contestar algo hiriente, pero Xaver, otro de los consejeros, lo detiene con los ojos.

Lo insta a que se trague el coraje y se vaya.

Pues él ha notado que hay cierta tensión entre su príncipe y su reina.

No conviene pelear tan pronto de nuevo.

Zeke se va, y se lleva a sus pequeños acompañantes consigo.


—Creo que a tu madre no le caigo bien —Dice el niño, recordando que Dina lo miraba como si fuera un insecto que debía ser aplastado.

Mikasa está a punto de hablar pero Zeke le gana la palabra.

—Dos cosas, Eren: En primer lugar no es que no le caigas bien, simplemente tiene mal carácter, y en segundo lugar, no importa si es fuera o dentro del palacio, no puedes referirte a ella como "mi madre", es tu reina, y debes de llamarla reina o majestad— El niño agacha la cara, desde su ángulo Zeke no mira si está molesto, abrumado o avergonzado. De cualquier forma se siente mal consigo mismo.

«Pobre criatura» Piensa el joven «No tienes la culpa de nada»

—No quise que sonara a regaño —Le habla con dulzura— Pero la reina no es una mujer paciente, y no quiero que tengas roces con ella.

—Tú tampoco la llamas madre —Señala Eren, confundido.

—Antes que ser madre mi madre, es la reina.

»Si te sirve de consuelo es menos tolerante conmigo de lo que pueda ser contigo.

Es una verdad a medias.

Es cierto que Dina lo regaña peor que a nadie si comete un error, pero lo que busca es evitar que su madre tome a su hermano como blanco de humillaciones.


Horas después…

A Dina le parece que Zeke ha tardado demasiado.

Lo mandó a un par de cosas y no ha regresado.

No lo necesita, tampoco le indicó volver en cuando se desocupara, pero le entra duda de por qué no regresa.

Espera y espera hasta que ve el carruaje, y se acerca para ver a su hijo bajar junto a sus invitados.

—Zeke… —Llama el niño, y el príncipe lo mira para hacerle saber que tiene toda su atención— Los señores con los que me llevaste, ¿eran padres de nuestro padre?

—Precisamente.

—Entonces, ¿ellos tampoco sabían de mi existencia?

—Ninguno de nosotros lo sabíamos —Dice Dina, con voz filosa y de serpiente— Grisha no lo mencionó en ninguna de las veces que se sentó a la mesa con nosotros.

—Venía a visitarme con frecuencia —Se apresura en aclarar el príncipe, sonando como si nada, aunque mira con rabia a su madre durante medio segundo— No sé por qué nuestro padre nos ocultó tu existencia… Pero él te quería, Eren. Tú sabes que sí —Dice acariciándole la cabeza.

Les indica a ambos niños irse a sus aposentos, que ocupa comentarle dos cosas a la reina y que los alcanzará en seguida.

Cuando los niños se van, el gesto cariñoso que el príncipe había dedicado a su hermano, desaparece al girarse a su madre.

Pura rabia es lo único que se aprecia.

—Más te vale que dejes a mi hermano en paz —Le dice, en una clara amenaza, cosa que irrita demasiado a Dina— Tú permitiste que se quedara.

—Porque no me quedó de otra, pero igual deberías reconsiderarlo, no querrás que lo esté atormentando.

—No, claro que no lo querré… y como sigas en esa actitud, no me van a temblar las manos para tomar la corona de monarca.

Dina queda estupefacta ante la amenaza tan abierta de su hijo.

Antes solo había dejado entrever sutilmente la amenaza.

Pero ahora lo ha dicho fuerte y claro.

Está tan molesta que apenas y es capaz de hablar.

—¡¿Cómo te atreves a…?!

—Me atrevo porque no estás en tus cabales, majestad —Interrumpe en un susurro— ¿Te das cuenta de lo ridícula que te ves diciéndome que atormentarás a un niño de nueve años?

»Si quieres vengarte, el verdadero culpable está en el templo —Declara en referencia a que el cuerpo de Grisha está allá— A él es a quien le puedes pegar, gritar, cortar la verga o lo que quieras… Incluso si decides no hacerle un funeral y lanzárselo a los perros, yo te apoyaré.

—¿Ni siquiera puedes respetar a los muertos?

—No me hables de respeto a los muertos después de decirme que vas a atormentar a un niño vivo —Le reprocha, y ella no encuentra forma de rebatirle.

»No voy a permitir ningún tipo de daño a mi hermano. Y si sigues jodiendo, o me das tu corona o arrojo la mía.

Sin más se gira, dando el asunto por resuelto. Está tan cabreado que no quiere ni escuchar a su madre.

No le importa lo que diga.

De ninguna manera se va a retractar.

Su hermano se queda, punto.


Más tarde, en la soledad de sus aposentos, Dina reflexiona.

Inicialmente había estado organizado el funeral de modo ausente.

Como si en realidad lo estuviese haciendo para alguien que no le importaba.

Como si antes no hubiera creído que realmente era para Grisha.

Y al día siguiente de su muerte –es decir ayer-, el dolor había sido tanto, que la había sobrepasado.

Luego de terminar los preparativos, lo único que deseaba era encerrarse a llorar.

—Madre —Zeke la había alcanzado en las afueras de sus aposentos casi a la hora de la cena, aunque ella había dicho que no quería ser molestada.

—¿Qué quieres?

Su hijo lució entre sorprendido y confundido un par de segundos antes de contestar.

—Solo quería decirte que trates de descansar.

Ahora entiende que debió querer decirle lo del bastardo, pero que se detuvo al notar que tenía ganas de llorar.

No comprende que Zeke le esté dando la espalda por un medio hermano del que hasta ayer no sabía de su existencia.

Mucho menos entiende a su marido.

¿Cómo es que Grisha, teniéndola a ella –a quien había desposado siendo la princesa heredera de su reino-, se había ido a coger a una plebeya cualquiera?

Podría entender un acostón o dos.

No habría sido el primer hombre casado en tener deslices con amantes de ocasión, mucho menos en Mare, si hasta se decía que los hombres tenían la sangre caliente, pero una cosa eran encuentros furtivos, y otra muy distinta era tomar una mujer para vivir en amasiato, al punto de engendrarle un bastardo.

Además, con sus conocimientos de medicina, de haber querido deshacerse del embarazo, habría podido hacerlo con una infusión…

Pero no.

Grisha no hizo nada para que no naciera el bastardo.

También está molesta con su hijo, por traer a SU palacio la prueba viviente de que su marido le había sido infiel.

No quiere mirarlo, y aunque no lo mire, sabe que allí está.

Viviendo bajo su techo.

Respirando su mismo aire.

Grisha había tenido sus aposentos junto a ella.

Le duele recordar que no hacía mucho tiempo atrás, habían estado durmiendo en el mismo lecho.

De pronto recuerda que Zeke le dijo que la otra mujer murió hacía poco más de un año.

«¡Ahora todo tiene sentido!» Piensa la reina.

En esa época, Grisha duró poco más de dos semanas sin aparecer en el palacio.

En lugar de recibir a su marido en el tiempo en el que normalmente habría regresado, él le envió un mensaje, en el que le decía que estaba ocupado con un brote de una vieja epidemia de la que como reina jamás le llegó el informe.

Cuando por fin apareció, le dijo que solo habían sido unos cuantos casos, así que supuso que fue por eso que no le llegó el informe, además de que confiaba tanto en él que no pensó que le estuviera mintiendo.

Pero recuerda bien, que Grisha que estuvo demasiado triste en las semanas siguientes, ¡Incluso en una ocasión se alcoholizó y terminó llorando! Y la única explicación que dio, fue que durante el brote, murió una de sus pacientes que era madre de dos niños por los que sentía mucha pena.

Ahora entiende, que todo ese tiempo, Grisha estuvo destrozado por la muerte de su amante, y que a los dos huérfanos que aludió como hijos de su paciente, en realidad eran su bastardo y la chiquilla que había acogido.

Y recuerda con amargura que lo estuvo consolando.

¡Consolando…! ¡Mientras él lloraba la muerte de su amante!

Su respiración se agita, y solo entonces, en la intimidad de sus aposentos, se permite llorar su dolor y humillación.

Al día siguiente, antes de salir del palacio para asistir al funeral, Dina se da cuenta que los invitados de su hijo están frente al carruaje.

No quiere mirar los ojos del niño, no soporta ver el color de la mirada de Grisha en los ojos del bastardo, porque son prueba indiscutible de que Grisha estuvo con otra mujer.

Así que permanece con la mirada alta, y con su aparente dignidad intacta.

De reojo, nota que ambos niños la reverencian mientras le llaman "majestad".

La postración del niño es torpe.

Es obvio que no está acostumbrado.

Igual no le importa.

«Como si me interesara que me reverenciaras, bastardo»

—Ustedes no son parte de la realeza —Declara Dina, con voz ceremonial— Pero ya que estarán en el funeral del padre de nuestro príncipe, deberán comportarse como tal.

»Así que no se les ocurra llorar.

Se gira, pretendiendo sin más subirse al carruaje.

—¿Por qué no podemos llorar en el funeral? —Se pregunta Eren, no porque hubiera planeado hacerlo –ya había llorado bastante ayer-, más bien le nace la duda, y se lo pregunta a sí mismo más que preguntárselo a la reina. Aunque Dina alcanza a escuchar y le molesta, pero antes de poder contestarle de mala manera, Mikasa interviene.

—En la realeza, se debe llevar el luto por dentro, y de manera silenciosa.

La reina se asombra tanto que se le olvida el enojo.

—Vaya —Musita la monarca complacida— Se nota que tienes educación, niña.

—Sí, majestad… En el palacio de Erdia tenía una institutriz… Es lo mismo que una cuidadora de aquí, solo que las institutrices, también se encargan de dar lecciones a los niños.

—Vivías en el palacio y con comodidades, tu padre debió ser alguien importante.

—Es primo del rey… Alguna vez fue llamado príncipe porque era nieto del antiguo rey, pero ahora es un Lord.

—Siendo su hija, eso te convierte a ti en… ¿una Lady? —Inquiere con duda, no estando segura de cómo se manejan las cosas en Erdia.

—Sí, majestad. Pero supongo que estará de acuerdo en que ese título aquí no vale nada —Musita la niña.

—Sí, estoy de acuerdo.

Los sirvientes del palacio de Erdia se referían a ella como Lady Mikasa, incluso sus tíos y su primo Levi, pero en Mare, la niña preferiría que la llamaran por su nombre a secas, y la reina no va a discutírselo puesto que allí no existen semejantes títulos.


—Príncipe —Llama su abuelo paterno, cuando el funeral ha terminado, y la mayor parte de los asistentes se han ido— Mi mujer y yo estuvimos hablando anoche… es cierto que somos algo viejos, pero no tenemos ningún problema en acoger a ambos niños.

La negativa de Zeke llega tan rápido que Dina ni siquiera alcanza a ilusionarse antes de decepcionarse.

—Gracias, abuelo. Pero mi hermano y su amiga vivirán conmigo —Responde, y la reina distingue perfectamente que no le está hablando con la cordialidad habitual de un nieto a su abuelo, sino en su papel de príncipe dirigiéndose a uno de sus súbditos.

Con el talante que proclama "Ya tomé una decisión y más vale que no rechistes".

Serguei Jaeger, su abuelo, entiende que no hay más que decir.

Más tarde, ya en sus aposentos, Zeke mira que la niña está haciendo un bordado mientras su hermano lee el libro que se llevó de su antigua casa. Es entonces que recuerda que su hermano debería retomar sus clases.


Al día siguiente del funeral, el príncipe camina hacia la junta de consejo.

Durante su camino, cerca de llegar, escucha la voz de su madre a la vuelta de un pasillo.

—¿Sabe cuál es el precio por mentirle a su reina? —Dina suena bastante amenazadora.

—No le estoy mintiendo, majestad —El príncipe reconoce la voz del consejero Kruger.

—¿Sabe justo como se llama el bastardo? —Esa última pregunta molesta a Zeke por la manera en la que se refiere a su hermano.

Pero antes de escuchar la respuesta del consejero, camina y decide intervenir.

—Majestad… ¿Podemos hablar?

La reina suspira con molestia pero él no se retracta.

—Puedes adelantarte, Kruger —Dice por fin— Voy a hablar a solas con mi hijo.

El hombre se aleja no sin antes hacer una reverencia.

Cuando se va, Dina es la primera en tomar la palabra.

—¿Qué quieres?

—¿Puedo saber qué te tiene tan molesta?

—Kruger era amigo de tu padre —Zeke lo sabe, siempre tuvo presente que fue Kruger quien recomendó los servicios de Grisha a su antiguo rey y abuelo materno.

—¿Y?

—Él debió saber que tu padre tenía otra familia.

—No lo creo… —Le dice sin dudar— Por mucha amistad que tuvieran, Kruger siempre ha sido leal a la corona… De haber sabido que padre tenía otra familia, no se habría quedado callado… Y por lo amigos que eran, mi padre debió saberlo, así que mejor no le dijo nada.

—¿Y por eso le puso su nombre al bastardo?

—¿Eh? —Inquiere confundido.

—Que el nombre de nuestro consejero es Eren Kruger.

Zeke medita la nueva información.

—Ahora entiendo por qué cuando escuché el nombre de mi hermano me pareció haberlo escuchado antes, pero no entiendo a qué quieres llegar.

—¿Estás diciendo que Grisha le puso el nombre de su viejo conocido al bastardo, y ni siquiera tuvo la cortesía de mencionarle su existencia?

—Ya basta, madre —Dice irritado— ¿Acaso no te das cuenta de lo ridícula que te ves?

—¿De qué hablas?

—De que pretendes cobrarle a los vivos la infidelidad de tu marido, mientras que al muerto le hiciste un funeral digno de un rey.

Dina se molesta tanto que quiere golpearlo, Zeke se da cuenta.

—Pégame si te place, majestad. No voy a retractarme. Tampoco permitiré que sigas en este juego.

»Si quieres seguir vestida de negro en señal de luto por tu marido, perfecto. No voy a decirte nada. Lo que no voy a tolerar, es que sigas castigándonos a todos mientras que padre continúa en impunidad. Así que te juro, que si vuelves a atormentar a QUIEN SEA por lo que tu marido te hizo, voy a sacar sus restos de la tumba, y yo no sé qué les hago, pero nunca los vuelves a encontrar.

Dina queda muda por la estupefacción.

Zeke no es alguien que haga amenazas en vano.

Su antiguo rey y abuelo le había enseñado justo eso.

A cumplir sus amenazas sin importar que se arrepintiera por haberlas hecho en un momento de rabia.

Pero él siempre le dijo que no dejara nada sin cumplir o nadie le tomaría en serio.

Además, Zeke tampoco parece haberlo dicho sin pensar, sino que luce muy dispuesto a cumplir su amenaza.

Así que, cuando hacen acto de presencia en el salón de consejo, la reina simplemente se enfoca en los asuntos del reino. Cuando termina se levanta y se va.

—Kruger —Le llama Zeke al final de la junta— ¿Podemos hablar?

El hombre accede –no es como si pueda decirle que no-, aunque internamente se pregunta si ahora el príncipe le cuestionará en lugar de su reina.

Para su sorpresa, lo primero que Zeke hace es dejarle claro que si él dice no haber sabido nada de las acciones de su padre, entonces le cree.

—Gracias, alteza —Dice aliviado.

Por si lo anterior no había dejado claro que confiaba en él, lo siguiente que hace es pedirle que se convierta en maestro de sus invitados.

—Será un honor —Dice complacido. Tal vez no aprueba nada lo que el difunto hizo, pero le alegra poder también enseñarle al más pequeño de sus vástagos –ya lo había hecho con Zeke y con el propio Grisha-.

»Necesitaré hacerle evaluaciones a ambos, para saber de dónde empezar.

—Tú eres el experto, yo los dejo en tus manos.


Zeke, ante Dina, se ofreció a darle seguimiento al trámite del registro del fallecimiento de su padre, también le pidió el resto de la tarde libre, no le informó de sus planes ni ella le preguntó.

Como sea, cualquier plan posterior que hubiera hecho se ha ido al traste como no logra desocuparse, menos mal Eren y Mikasa no estarán aburridos porque Zeke los dejó desde temprano con sus abuelos paternos.

Por ahora suspira fastidiado.

No encuentra el nombre de su hermano entre los niños que se apellidan Mares –el apellido común entre los bastardos del reino-. Por aquello de que su hermanito se hacía llamar Eren Jaeger, hasta se preguntó si su padre no había hecho que algún pariente lejano lo regitrara como suyo, pues tampoco lo encontró entre los Jaegers. Ahora se pregunta si no hizo que lo registrara alguna otra persona.

Incluso ha considerado que quizás su padre ni siquiera asentó el registro.

«Si ese es el caso, juro que echaré sus huesos a los perros» Piensa haciendo una mueca molesta.

—Príncipe —Lo llama Kruger, quien le ha estado ayudando en la labor— Tal vez su padre registró a su hermano con otro apellido.

—¿Eso se puede? —Pregunta porque sabe que los bastardos no pueden ser registrados con el apellido del padre.

»A los hijos naturales se les puede dar otro apellido si se les desea, siempre y cuando no esté vigente entre las familias legítimas.

El príncipe da un bufido.

Se imagina que tendrá que buscar a su hermano entre los nombres de cada habitante del reino y seguro que tardará varios días. ¿Pero qué otra opción le queda?

—¿De casualidad sabe la fecha de nacimiento de su hermano?

Ante el cuestionamiento, Zeke recuerda haberle preguntado a Mikasa por la fecha de nacimiento de ella y de su hermano, pero como no logra recordar cual es cual, distraídamente responde la fecha más antigua, sin siquiera preguntarse para qué querrá el consejero saber eso.

El hombre se va mientras él comienza a leer nombre por nombre. Varios minutos después Kruger vuelve con un par de hojas transcritas.

Zeke rápidamente deduce que Kruger le pidió la fecha de nacimiento para ver los registros a partir de esa fecha.

«Ojalá eso se me hubiera ocurrido a mí, pero no por nada Kruger es llamado el "Búho nocturno"» Piensa el joven príncipe antes de darle las gracias.

Le sorprende enterarse de que Mikasa nació en Mare, así que lee con interés todo lo que dice el documento. Incluso se entera que entre los testigos estuvieron su padre y una mujer llamada Carla -que no sabe que es la madre de Eren-.

Supone que Mikasa solamente nació aquí, y luego la llevaron a Erdia hasta que la trajeron de regreso dos años atrás.

Como sea.

El siguiente documento es la hoja de registro de su hermano.

—Eren FuegoscuroMurmura mientras lee la hoja— Hijo natural de Grisha Jaeger y Carla Martell.

Quinientos años atrás, el entonces rey de Mare, estando enfermo y postrado en la cama, legitimó a sus hijos bastardos, quienes adoptaron el apellido Fuegoscuro, y a la muerte de su padre, pelearon el trono a los herederos legítimos, con lo que se inició guerra tras guerra, hasta masacrar al último de los bastardos.

A Zeke le parece irónico que su padre le hubiera puesto justo ese apellido a su hermano.

—Un apellido de rebelde —Murmura el príncipe.

Se imagina la cara que pondrá su madre cuando le comente del apellido que tiene.

Pero tiene que hacerlo.

No solo desea que Eren sea legitimado.

Sino que quiere su hermano reciba el apellido Jaeger como le corresponde.

Porque él, aunque sea el príncipe heredero y esté al nivel de un segundo gobernante, no puede firmar los decretos.

—¡¿Cómo se te ocurre pensar que accederé…?! ¡¿No solo lo trajiste y me obligaste a aceptar que se quedara, sino que ahora pretendes que corone mi humillación otorgándole el apellido de mi marido?!

—Madre, por favor…

—¡No me llames madre…! —Ladra furiosa y dolida.

El hombre que había amado con la locura de su juventud, había muerto. Luego se entera de que él tuvo una amante a la que le engendró un bastardo. Un bastardo que su hijo le forzó a tolerar en su palacio. Ante la mirada de los guardias, los consejeros y los demás empleados del palacio. Tuvo que obligarse a fingir indiferencia para salvar la poca dignidad que podía quedarle. Y justo cuando había pensado que no había manera de que su honor cayera más bajo, su hijo viene y le pide legitimarlo.

Pasa algo. Algo que Dina se reprochará más tarde metida en la bañera, y con una copa de vino en la mano, pero no tuvo manera de contenerse.

Comienza a llorar.

Zeke se sorprende al punto de la estupefacción.

Había estado listo para que su madre le gritara, le pegara, e incluso le amenazara de muerte.

Pero verla llorar lo pone en jaque.

Dina no llora. O al menos no recuerda haberla visto llorar antes.

Si de hecho le sorprendió mucho que luciera con ganas de llorar al día siguiente de la muerte de Grisha.

—Lárgate… —Pero Zeke no se mueve porque está anonadado— ¡TE DIJE QUE TE LARGARAS! —El príncipe sin más se va.

Un par de minutos después, la reina sale de su despacho. Ya sin lágrimas, aunque visiblemente iracunda. Molesta con su hijo, y consigo misma por haberse permitido que la vieran llorar.

Se dirige a la cocina, alejando a los criados que se ofrecen para entregarle lo que sea que busque, únicamente se limita a aceptar la canasta que uno le ofrece.

En el cesto, la reina coloca unos frutos, panecillos, un poco de queso y dos frascas de vino. Habiendo terminado se dirige a sus aposentos

—Mi reina —Le llama Grice, otro de los consejeros.

—No deseo ser importunada —Declara en un tono que no admite réplica— Cualquier asunto que no pueda esperar, queda en manos de mi hijo. Si alguien sube a molestarme juro que lo haré azotar.

La reina no bajaría hasta la mañana del día siguiente.


Zeke rindiéndose a intentar convencer a su madre de legitimar a su hermano –al menos por ahora-, va por él y por su amiguita a casa de sus abuelos.

Le pregunta por cómo le fue en su día, y por seguir haciéndole plática le cuestiona acerca del libro que está leyendo.

—Es el libro que me traje… pertenecía a nuestro padre, y él siempre decía que cuando faltara, este libro me daría respuestas, aunque entre lo que he ojeado, no he entendido nada.

—¿Qué es lo que no entiendes? —Le pregunta Mikasa.

Zeke no interrumpe, sabe los sentimientos de la niña hacia su hermano y quiere ver la dinámica entre ellos.

—No son como los cuentos que tu madre solía contarte y tú me contabas.

Claro que no.

Lo cuentos del libro que tenía su padre, nada tienen que ver con príncipes, o princesas –o al menos no en las situaciones melosas que Mikasa le había contado-. En pocos se mencionan bailes o besos de amor verdadero. Y muy pocos terminan con un "y se casaron y vivieron felices por siempre".

O tal vez si hay uno que otro cuento donde la protagonista tenía un final feliz, en enorme contraste con los crueles destinos de los villanos, tanto que el niño frunce el ceño en sorpresa y horror.

—Pero mis cuentos dejaron de gustarte.

—Sí pero, estos no tienen ningún sentido.

—¿No?

—No, mira —Dice abriendo el libro y mostrándole a Mikasa.

»Aquí habla de un cocinero que al final fue convertido en rata, y condenado a comerse a sus propias crías, aunque siempre tendrá hambre.

—Ah, sí… El cuento del cocinero rata.

—¿Te lo contó tu mamá? —Inquirió asombrado de que una mujer que contaba cosas dulces también narrara cuentos macabros.

—No, ese me lo leyó mi papá… De hecho creo que este libro fue recomendado por mi padre hacia el tuyo.

—¿Y por qué fue condenado a eso…? ¿Por matar a uno de los visitantes, o por haberlo cocinado en un pastel y dárselo de comer a su padre?

—Por haber violado las sagradas leyes de hospitalidad.

—¿Eh?

—Sí, mira… Un anfitrión no debe matar a un invitado debajo de su propio techo, ni el invitado debe hacerle daño al anfitrión… Al compartir el agua y el pan, hacen de manera tácita la promesa de convivir en paz.

»Incluso personas enfrentadas deben olvidar sus diferencias cuando son invitado y anfitrión.

—Ah…

Así es como Eren comienza a preguntarle el significado de las historias, Mikasa no es capaz de recortar todas, pero de las que sí, le explica con una elocuencia asombrosa para su edad.

—Sigo sin entender a qué se refería mi padre con que este libro me daría respuestas —Se pregunta Eren.

—Tal vez no era un mensaje tan literal —Opina Zeke— Quizás quería que aprendieras las lecciones y te rigieras por ellas —Es lo único que se le ocurre. Eren asiente en acuerdo.

Más tarde, cuando han cenado, Zeke le pide a su hermanito que le preste el libro antes de irse a sus propios aposentos.

Escuchando las explicaciones de Mikasa, muchos cuentos le parecieron desconocidos, para empezar ese del cocinero rata. Así que decide leerlos. Pero al abrir el libro, se encuentra con que a la solapa de la cubierta se le ha agregado un pedazo.

De hecho es bastante notorio.

—¿Pero qué? —Murmura el príncipe preguntándose porqué su padre agrandó la solapa.

—Es el libro que me traje… pertenecía a padre, y él siempre decía que cuando faltara, este libro me daría respuestas— Había dicho su hermanito.

Entonces llega a una conclusión: El libro sí tiene un mensaje literal.

No lo piensa más.

Con una navaja delgada comienza a hacer cortes para hacer una apertura en un costado.

Justo como lo pensó: Hay hojas guardadas en medio.

Lo primero que mira, son los datos de una cuenta aperturada por Grisha en el Banco de Hierro del Reino de Warhammer –el banco más grande y poderoso de todo el continente-, la cuenta había sido dejada a nombre de Mikasa.

—Un millón de kyojins —Dice Zeke leyendo. En seguida silva ante la enorme cantidad.

Pero lo que ve a continuación casi hace que se caiga hacia atrás.

—Tres millones y medio de kyojins a para Eren —Declara luego de lo que leyó, aunque le preocupa, porque la cuenta se abrió a nombre de Eren Jaeger y se pregunta si no tendrá problemas para hacer sus retiros porque su apellido por ahora es Fuegoscuro.

Decide que esa será una preocupación para después.

Las siguientes hojas comprenden una carta para su hermano, y suspira decepcionado.

«No es que lo necesite, padre… ¿Pero ni siquiera te merecí medio millón?» Se pregunta por aquello de que hasta a Mikasa le había dejado una cantidad para nada despreciable.

De pronto se acuerda que cuando cumplió dieciocho años, su padre como regalo le dijo que le había aperturado una cuenta en el mismo banco. Así que se levanta para buscar la hoja que su progenitor le había entregado, y efectivamente, Grisha le había dejado millón y medio. Dinero que ni siquiera había necesitado ir a tocar, pero eso ahora no es importante, sino que hace cuentas, y entonces se pregunta de dónde habrá sacado los seis millones de kyojins para aperturar las cuentas.

En seguida escucha que golpean la puerta de sus aposentos, y luego de poner las hojas en el libro y cerrarlo, para posteriormente lograr lo que supone es una apariencia serenada, da su autorización verbal para entrar.

Es Xaver.

—¿Tiene sueño, mi príncipe?

Suspira antes de hablar.

—En realidad no… Estaba leyendo —Solo que no le aclara exactamente qué leía— ¿Averiguaste lo que te pedí?

—Sí.

Lo invita a sentarse y le ofrece vino antes de preguntarle.

—Entonces, ¿Cuántas propiedades tenía padre?

—Ninguna, príncipe —Zeke se sorprende— No encontré ninguna propiedad a nombre de su padre.

El joven está estupefacto.

—¿Pero la casa …?

—¿Dónde vivía su hermano? —Le interrumpe sabiendo lo que preguntaría— Está a nombre de Mikasa… según las escrituras de la vivienda, el padre de su invitada pagó por la propiedad hace seis meses.

Zeke reflexiona.

—Mikasa me dijo que la última vez que vio a su padre fue hace dos años, cuando la dejó aquí…

»Dudo mucho que dejara la guerra y hubiera venido solo a comprar una casa, sobretodo porque no aprovechó para ver a su hija.

—Lo mismo pensé yo, además de que los trazos de la firma de su padre y del supuesto padre de Mikasa se parecen mucho, pero legalmente, es la dueña —Dice extendiéndole las escrituras… Zeke ya sabe que evidentemente no es la del padre de Mikasa, pero decide confirmarlo al acercarse el acta de registro de su nacimiento que Kruger le había conseguido, y confirma que la "supuesta" firma de Kevan Ackerman es una mala copia.

Si Grisha hubiera muerto y a él no lo visita la peticionaria, jamás habría dado con la casa donde estaba su hermano, porque obviamente intentaría buscar las casas a nombre de su padre, y al no encontrar ninguna, no habría podido hacer más.

Definitivamente su padre planeaba mantener a Eren escondido.

Xaver vuelve a hablar cuando lo cree oportuno.

—Busqué entre los registros si la niña era dueña de alguna otra propiedad pero no, solo tiene esa. Si su padre tenía más propiedades debió venderlas.

—Entonces ya sé de donde habrá sacado mi padre dinero para aperturar cuentas tan grandes —Dice mostrándole las hojas, de cualquier modo, Xave es su confidente y no dirá nada.

Decide comenzar a leer la carta.

Aunque es para su hermano, va a leerla para asegurarse que no tiene nada que pueda hacerle más mal que bien antes de entregársela.


Eren. En el caso de que estés leyendo esta carta, supongo que es porque estoy muerto, y descubriste el mensaje entre líneas que siempre te dije: que el libro te daría respuestas.

Si aún no estoy muerto y sin embargo diste con esta carta, lo mejor sería que lo dejaras de lado. Aunque te conozco lo suficiente para saber que no te detendrás, pero solo te dejo una advertencia: una vez que leas lo siguiente, no habrá vuelta atrás.

No podrás fingir que no has leído y ya nada será como antes.

Dicho esto, recuerda que la gente que nos ama jamás nos abandona, ni siquiera al morir.

La verdad es que, eres un hijo natural.

Tu apellido no es Jaeger, ni Mares, sino Fuegoscuro. Más abajo te explicaré porqué lo elegí así.

Tu madre no lo sabía, pero muchos años antes de conocernos me casé con otra mujer de la que nunca me habría podido divorciar.

Puede que me odies, pero mereces saber la verdad por dura que sea.

Me casé próximo a cumplir los diecinueve, no voy a mentir, no era mala mujer, pero en algún momento dejó de funcionar.

Durante los primeros años de mi matrimonio no ejercí la medicina, pero cuando volví a ejercerla, sentí las energías renovadas.

Se me hizo fácil desentenderme de una mujer y un hijo. Aunque ella tampoco tendía mucho tiempo para ser una esposa, e ingenuamente pensé que mi hijo estaría mejor sin mí. Ahora sé que solo eran pretextos, que la verdad era joven y egoísta.

Como sea, volví a ejercer la medicina como un médico ermitaño. Cobrando cantidades estrafalarias a quien pudiera pagarlas, y dando el servicio gratuito a quien definitivamente no tenía nada.

De vez en cuando volvía a antigua casa, aunque fue menos frecuente cuando conocía a tu madre.

Conoces el resto. Nos casamos tiempo después, aunque honestamente, jamás le dije que nuestro matrimonio no era válido. Ni siquiera le mencioné que alguna vez estuve casado ni que tuve un hijo.

No me divorcié, porque no habría podido.

Las cosas que me unían a mi primera esposa eran fuertes, y aunque ya no eran suficientes para mantenernos juntos, ella jamás me habría dado el divorcio.

Y quizás fui patán y cobarde, pero honestamente una parte de mí tampoco podía alejarse para siempre.

No me malentiendas Eren, dios sabe cuánto amé a tu madre, y cuantas veces me he dormido llorando por lo mucho que la extraño. Pero aunque te parezca cínico, quise siendo parte de mi antigua familia. Porque aunque sabía que mi mujer nunca me daría el divorcio, tampoco le dije que tenía otra familia.

Sabes que tu madre no sabía leer, así que aunque le pusieran tu hoja de registro en frente, jamás sabría que en realidad fuiste registrado como un hijo natural… Pedí que te registraran como un Fuegoscuro, porque fue lo primero que vino a mi mente cuando decidí que no tendrías el apellido que rápidamente delataría tu condición de bastardo.

Poco antes acababa de enterarme de que Mikasa era una princesa, y fue en ese momento en el que decidí, que sería muy conveniente para ti si te casabas con ella.

No es seguro que algo así pueda pasar, no sé si tú lo querrás, pero un bastardo no es digno consorte de una princesa, ni siquiera de una princesa tan olvidada. Por eso decidí que tu apellido sería Fuegoscuro.

Tal vez no quieras casarte con Mikasa, pero de quererlo, tienes que hacer las cosas bien: nada de deshonrarle antes del matrimonio, la familia materna lo tomaría MUY mal, pero estando casados, ya podrías acompañarle y quedarte con ella al lado de su familia paterna, o materna.

En este momento debes estar odiándome. Pero no me arrepiento de haberte concebido, solo lamento que seas tú quien tenga que pagar por mis errores, y que si alguien sabe tu secreto te verán con desprecio cuando tú no tienes culpa de nada.

Es mejor que te vayas al extranjero, preferentemente bien casado con Mikasa, siendo su marido serás cobijado por cualquier lado de su familia, pero si te quedas en Mare, más te vale que mantengas un bajo perfil y no intentes buscar a tu hermano. No es conveniente.

Como sea, espero que seas feliz.

Hasta siempre hijo mío.


Zeke termina de leer la carta.

Sin decir nada se la extiende a Xave, quien también comienza a leerla.

En honor a la verdad, no puede negar que la relación entre sus padres nunca fue la mejor, o al menos hasta donde tiene memoria.

Tampoco puede evitar darle la razón: Dina JAMÁS habría aceptado el divorcio.

Como sea, no le hace ni tantita gracia que hubiera engañado a su madre.

A parte, ¿había dicho que Mikasa era una princesa?

Decide dejar esa cuestión para después.

No le interesa. Lo que le molesta es cuestionarse el mensaje de Grisha.

—Mi padre fue un cobarde y un imbécil —Dice Zeke cuando Xaver termina de leer— ¿De verdad creyó que una carta sería suficiente?

—Yo creo que la dejó en caso de muerte prematura tal y como sucedió, pero que de haber podido le habría dicho a la verdad a su hermano cuando fuera mayor.

—¿Y qué culpa tenía mi hermano de que él decidiera tener una amante como para indicarle hacerse a un lado?

—Ninguna… pero debió pensar que eso era lo mejor.

—¿Lo mejor? —Pregunta ofendido.

—Sí, para mantenerlo alejado de quien podría hacerle pasar un momento desagradable.

—Yo no he hecho tal cosa —Replica ofendido.

—Claro que no, pero su padre debió tener en mente a otra persona—Declara señalando hacia el techo. Zeke capta que se está refiriendo a la reina como es ella quien duerme arriba.

—Jamás permitiría que mi madre le hiciera algo.

—Su padre no tenía manera de saberlo.

—No, claro que no. Ahora sé que no me conocía. Si lo hubiera hecho no habría apartado a Eren de mí.

Claro, honestamente habría pateado en las bolas a su padre por engañar a su madre, pero a su hermano lo habría querido conocer.

El mayor suspira.

No quisiera que su príncipe fuera consumido por el rencor, pero ya no sabe qué más decirle.

Hasta hace dos días no sabía que tenía un medio hermano, pero ahora le irrita pensar que no le hubiera conocido. Que Eren hubiera obedecido el mensaje de su padre, y hubiera seguido con su vida sin intentar buscarle.

Es cierto que los bastardos no reciben la misma discriminación en Mare que en otros reinos, pero aun así le molesta que su hermano tenga que cargar con ese estigma cuando no tiene la culpa.

—No tengo que decirte que lo que leíste no debe saberlo nadie —Dice Zeke.

—Será como usted decida —Expresa con sumisión— Pero su hermano debería saber la verdad.

—Ojalá pudiera ocultársela por siempre —Declara con sinceridad. Luego suspira— Solo quiero esperar un poco. Tal vez hasta que cumpla los dieciséis.

»Con suerte mi madre lo habrá legitimado para entonces.

Xaver piensa que tiene más posibilidades la lisiada tía del príncipe de volver a cabalgar, que Zeke de convencer a su madre de legitimar a su hermano, pero supone que no es algo que por ahora quiera escuchar.


El príncipe había estado ausente en el comedor hasta que su reina le pidió acompañarle a la hora de la comida del día siguiente.

Y aunque Dina no lo dice, agradece internamente que no se hubiera llevado al bastardo consigo.

Aunque casi en seguida supone que si no se lo llevó, fue para intentar negociar lo de la legitimación como Zeke toca ese tema.

El príncipe se queda a la espera de lo que vaya a decir su madre.

La reina no llora como antes ni se le mueve la cara.

De hecho sigue comiendo como si nada.

Zeke incluso comienza a preguntarse si ella no le escuchó hasta que de pronto habla.

—Sí realmente estás decidido a legitimar al bastardo, ahórrame el sufrimiento y mátame, porque mientras viva, no pienso firmar el decreto… No voy a hacerlo ni aunque me torturen o me maten de hambre.

Zeke no sabe ni qué decirle, porque aunque quiere convencerla, está confirmando que no será tan fácil.

—Si no vas a tener el valor para matarme, no quiero que vuelvas a tocar el tema —Dice determinada, porque aunque tampoco esté precisamente de acuerdo con que el bastardo siga allí, Zeke al menos ha tenido la cortesía de evitarle el disgusto de verlo dentro de lo posible.

Es decir, el palacio es grandísimo. Y aunque los aposentos están en la misma zona, no ha tenido que verlo. Evidentemente Zeke se lo está evitando de forma consiente como a la hora de la cena acude sin él.

Casi podría parecer que desapareció, pero sabe que sigue allí.

Tiene de conocimiento que su hijo ordenó que cada uno de sus invitados tuviera sus aposentos, dignos de haber sido habitables por sus hermanos legítimos –si hubiera tenido-. Supone que allí es donde están los niños la mayoría del tiempo que Zeke no les acompaña.

Se entera al día siguiente de que Kruger se convertirá en el maestro de sus invitados, y esto es porque sin querer escucha los resultados de sus evaluaciones cuando el consejero se las informa a su hijo.

—La pequeña Mikasa tiene conocimientos muy avanzados para su edad, cosas que aprendió en Erdia… Conoce bastante bien de historia y otras culturas, incluso de ciertos protocolos en las cortes de distintos reinos, aunque le faltan conocimientos enfocados a Mare.

»Con su hermano el caso es distinto: Está un tanto carente de conocimientos.

—¿Es de lento aprendizaje?

—No, de hecho aprende muy rápido, pero como las clases que su padre le daba eran esporádicas, hay cierto retraso en lo que debería saber en comparación a los niños de su edad.

—¿Cómo sabes que aprende rápido?

—Porque mientras comprobaba que Mikasa entendiera ciertas costumbres de la vieja usanza, su hermano me preguntaba, le expliqué brevemente, y al final respondió correctamente cuando le pregunté a él.


El príncipe había querido darles una sorpresa a sus invitados.

Quiere que los niños conozcan los potrillos que eligió para que se conviertan en sus futuras monturas.

Había querido ir a buscarlos antes pero se ha entretenido de más.

En cada comida, ninguno comía solo, sino que uno se iba a los aposentos del otro.

Toca la puerta de Mikasa, pero como nadie atiende supone que están en lo de su hermano. Cuando golpea, el niño le da su autorización para entrar.

Muy para su sorpresa, solo mira a Eren allí.

—¿Estás solo?

—Sí… Luego de la comida a Mikasa se la llevó uno de los señores que iba contigo cuando fuiste por mí.

—¿El alto o el bajo?

—El alto —«Tenía que ser Calvin», piensa Zeke, «¿pero qué mierda quiere con Mikasa?»— Dijo que venía de parte de la reina para llevar a Mikasa ante su presencia —A Zeke le sorprende— ¿Mikasa no está en problemas, o sí? —Inquiere preocupado, recordando que su hermano le había dicho que la reina tenía mal carácter.

—No, claro que no —Suena casual— No te preocupes, Mikasa está bien.

»Acabo de recordar que olvidé entregar un informe a su majestad, así que iré a llevárselo.

Zeke luce como si nada, aunque por dentro va apresurado.

Dina está molesta por la presencia de Eren. Pero él no le había permitido desquitarse con su hermano ni con el consejero Kruger.

No estará haciéndolo con Mikasa, ¿o sí?

Cuando llega a las afueras de los aposentos de su madre, ni siquiera pide permiso antes de entrar.

Solo abre la puerta sin anunciarse.

No sabe qué esperar, así que le sorprende encontrar a la niña sentada de manera casual, delante de la pequeña mesa, bebiendo jugo y comiendo panecillos.

Aparentemente ha estado conversando con Dina, y no se ve ni incómoda ni asustada.

De hecho hasta parece feliz.

—Príncipe —Le llama Dina con frialdad— ¿Qué modales son esos…? No está bien entrar así al cuarto de una mujer, ni siquiera al de su progenitora… Además soy la reina —Pero Zeke no está para falsos reclamos.

—Majestad, ¿podemos hablar?

—Permíteme, Mikasa… —Dice levantándose— Ahora vuelvo.

Salen al pasillo.

—¿Qué pasa? —Pregunta la reina.

—Lo mismo digo… ¿Qué haces con Mikasa?

Dina luce ofendida.

—¿Qué…? ¿No puedo pedir la compañía de tu invitada para variar?

—¿Por qué tanto interés de repente?

La reina suspira.

—Escuché lo que Kruger te dijo… La niña es oro puro pero tú la desperdicias en compañía del bastardo.

Bastardo.

Zeke ha comenzado a odiar esa palabra.

—No estarás sugiriendo que la separe de mi hermano.

—No, solo digo que deberías dejarla pasar más tiempo conmigo... Algo así como lo que se acostumbra en otros reinos, una "dama de compañía".

—Mikasa no es una mascota que tenga que cumplir caprichos de nadie.

—Pues no te has molestado en aclarárselo.

—¿Aclararle qué?

Ella se toma unos segundos para hablar.

—Supongo que no has hablado tanto con Mikasa como para darte cuenta, pero tiene ideas de Erdia e Hizuru, de que por ser mujer no es "correcto" hacer ciertas cosas… Incluso ve normales la sumisión y obediencia hacia los hombres.

Zeke se horroriza.

En el pasado, a él le sorprendió saber que Mare era prácticamente el único reino en el que prácticamente no existía la desigualdad entre sexos.

De Erdia no puede estar seguro de nada, pero Hizuru es uno de los reinos donde peor tratan a sus mujeres: nacían para obedecer, servir, y parir hijos.

No tienen ni voz ni voto.

Una mujer no puede ni siquiera ir al médico si su protector –ya sea el padre o marido cuando estuviera casada- no les daba el permiso.

Había escuchado que el actual monarca había tenido puras hijas, lo que le estaba dando problemas de sucesión. Cosa que no habría pasado en Mare.

Dina no perdió su derecho al trono solo porque luego nació Jeziel –su medio hermano bastardo-, y ni siquiera lo hubiera perdido por un hermano legítimo con una edad más aproximada.

En Mare, el heredero al trono era el primer descendiente del rey o reina, independientemente de si era hombre mujer.

El mando no recaía en la posesión de una verga, y eso era porque las mujeres eran criadas en un pie de casi igualdad con los hombres.

—¡Pero Mikasa ya tiene dos años aquí! ¿Cómo puede seguir teniendo esas ideas?

—No ha tenido oportunidad real de conocer nuestra cultura… Por eso te digo, permite que pase más tiempo conmigo... Kruger te dijo que le falta entender más de Mare, ¿y qué mejor forma de hacerlo que convivir con su reina?

Zeke le dice a su madre que va a pensarlo.

Luego se va a sus aposentos aun anonadado.

Eso le pasa por no haber vuelto a hablar por Mikasa.

Únicamente lo había hecho el primer día.

Y había estado más interesado en saber de Eren que en conocerla a ella.

«Pobre criatura» Piensa apenado.

Cuando llega con su hermanito, le dice que no se preocupe. Que su amiga está pasando un buen rato con su majestad.

—Eren… La reina tiene la impresión de que Mikasa tiene ideas extrañas… Ideas de Erdia o Hizuru.

—Es cierto —Dice el niño, fastidiado— Cuando de recién nos conocimos, ella no quiso jugar con lodo… Dijo que eso no era digno de una dama… También me costó horrores convencerla de rodarse en el pasto, y aunque al final lo hacía, siempre se arrepentía…

»A veces se pone pesada… ¡Me trata si fuera su hijo o su hermano pequeño! —Zeke supone que eso no tiene que ver con sus creencias sino con sus sentimientos.

»Papá me dijo que en Hizuru, la vida de las mujeres se reduce a eso… A obedecer y a hacer todo lo posible para alegrar la vida de sus esposos, padres e hijos… Le dije a Mikasa que se dejara de bobadas, que estaba en Mare, y no tenía que comportarse ni como en Erdia ni como en Hizuru, pero no me hizo caso.

»Creció con esas ideas, y no se las sacará ni aunque su vida dependa de ello, y todo porque Mikasa es como el ganado.

—¿Cómo el ganado? —Pregunta Zeke, confundido.

—Sí —Confirma— ¿Qué haces con el ganado? Lo encierras en una cerca, lo sacas cuando quieres, y se deja guiar con facilidad hacia cualquier lado. Incluso hacia el matadero.

»El ganado no piensa, solo obedece. Se conforma con que le des comida y vive encerrado sin quejarse… Así es Mikasa, obediente hasta la estupidez. Obediente de una cultura en la que ya no está, sin sueños ni ideas de cambiar.

A Zeke, aunque ofensiva hacia la niña, le parece interesante la forma en que su hermano la describe.

—Si Mikasa es como el ganado, ¿cómo te describirías tú?

—Como un ave —Responde sin dudar— Las aves aman volar y vuelan hacia donde quieren.

—También pueden ser enjauladas por dueños que les alimentan y les dan agua.

—Sí, pero revolotean dentro de la jaula, e intentan escapar cada que la puerta se abre para darles comida y bebida.

El príncipe se ríe ante las palabras de su hermanito.

«Eres grande hasta cuando eres pequeño»

Supone, que más que molestarse porque Mikasa lo trate como a un hijo o a un hermano pequeño, le irrita que se porte como una esclava a su servicio, en lugar de buscar hacer cosas por sí misma.

Es cuando toma una decisión.

Le informa que pasearán en caballo, pero que antes irá a decirle algo a la reina.

Cuando llega ante la reina le comunica que está de acuerdo en que Mikasa sea su dama de compañía.

Más tarde, cabalga con Eren sentado adelante, mientras piensa que es bueno que Mikasa esté con su madre, así él podrá tener momentos a solas con su hermanito, cosa que antes no había sido posible.

Rato después, le hace saber a su hermano lo que él y su madre decidieron.

—Kruger me dio los resultados de sus evaluaciones: ambos necesitan aprender cosas distintas.

»Como Mikasa le ha caído bien a la reina, me propuso algo interesante: que Mikasa le acompañe en algunas actividades mientras le enseña, y así Kruger podrá dedicarse a ti —El gesto del niño se torna perturbado— ¿Qué pasa?

—Es que… ¿Mikasa y yo ya no vamos a estar juntos?

—¡Claro que sí! —Dice para animarlo, aunque un tanto confundido, había pensado que cuando le informara del distanciamiento se alegraría, aunque ahora pasa todo lo contrario— La reina no puede acapararla todo el día… Habrá momentos en los que no será conveniente tener a una niña a su lado —Eren seguía sin animarse— Seguro que tendrán mucho de qué hablar en las tardes.

Pero el niño no se anima.

Incluso comienza a lucir triste.

Es cierto que a veces le parece un poco pesada. Que lo trata como a un niño pequeño. Que a veces quiere estar pegada a él todo el día. Pero aun así no le gusta la idea de estar separado de ella.

—Eren… —Zeke ya no sabe qué decirle— No significa que no vayas a convivir con ella.

»Tomarás todas las comidas posibles con ella —Su hermanito sigue igual.

»Podrán aprender a montar a caballo, y haré lo posible para que no estén separados todos los días.

Pero su hermanito sigue luciendo deprimido.

Zeke, por un segundo piensa en ir ante la reina y retractarse, aunque sabe que arderá todo Mare porque su madre había lucido feliz al saber que contaría con la compañía de Mikasa, pero es precisamente por esta última que se contiene.

Mikasa necesita darse cuenta de que hay mejores cosas que vivir al servicio de los hombres.

—Mira —Le dice en tono conciliador— El señor Kruger me dijo que aprendes rápido, así que nada más debes preocuparte por aprender, porque cuando se emparejen, seguro que podrán tomar sus clases juntos sin problema —Eren aunque todavía deprimido, parece meditarlo— Y lo de convivir con su majestad, además de un honor, es un gran favor para Mikasa…

»La reina es una mujer brava, y con ese ejemplo, seguro que Mikasa se convierte en una auténtica hija de Mare —A Eren le brillan los ojos con la idea— Eso te gustaría, ¿verdad? —Su hermano asiente.

Porque a Eren tal vez no le gusta del todo la idea de estar separado de Mikasa.

Pero si es para que deje de comportarse como el ganado, lo iba a aceptar con valentía.

Porque las auténticas hijas de Mare no son mujeres que vivan al servicio de los hombres.

No sirven ciegamente a un marido.

No son sirvientas, sino compañeras.

Y a Eren le gusta pensar que Mikasa podría ser así.


Continuará…


Cualquier cosa, me pueden preguntar en un review o en mensaje privado.


Notas…

Primeramente pido una disculpa por tardar tanto, se supone que ya tenía decido el comportamiento de Dina, pero verla en el anime me hizo pensar que podría hacerla más IC, al final me di cuenta que no aplicaba –al menos para lo que yo quiero mostrar-, porque Dina, aunque de momento está distante de Eren, tiene un papel que jugar hacia con él, y retratándola como en la serie no me serviría, pues me imagino que haciéndola IC, sería una mujer que lloraría a cada instante sabiendo que el otro hijo de su marido está en el palacio –que sí llora pero no en puúblico y la vez que le pasó simplemente no se pudo contener-, y tampoco me gustaba la idea de poner que se sometió con facilidad a lo que su hijo decidió. No se imaginan cuántas veces rescribí esa escena. Tampoco quería retratarla como una Soraya gritando a cada instante maldito bastardo. Y quise, pese a su posición, darle algo de dignidad en esa escena en la que estaba con la corona puesta y en su trono, que Eren era la mascota de Zeke.

Bueno, al menos en el manga y en el ova de Mikasa, Eren tiene los ojos verde esmeraldas como su padre.

Calvin es un personaje que sale en el cap 93. Creo recordar que es quien pregunta si no hay titanes con alas. La verdad no recuerdo si se llama así o si siquiera se menciona el nombre, pero como tengo la vaga sensación de que lo llamaron Calvin así lo deje.

De lo de que en la realeza se debe llevar el luto por dentro y de manera silenciosa, lo escuché en un reportaje de la vida y muerte de Lady Di, en la que se explica por qué sus hijos no lloraban en el funeral, y fue precisamente por protocolo.

Los bastardos vendrían a ser los nacidos de personas que no estaban casadas al momento de su nacimiento, no solo de hombres casados que engendraron hijos con amantes, sino de quizás gente soltera que se agarró teniendo hijos… Eran muy mal vistos. Ya saben, con eso de que los hijos en teoría solo deberían hacer de matrimonios, blablabla… En juego de tronos se menciona que los bastardos tienen por costumbre un apellido dependiendo del lugar donde nacieron o el lugar de la crianza, me parece que era una costumbre en épocas antiguas como el único hijo bastardo reconocido por Enrique VIII, recibió el apellido típico del bastardo de un rey. Pero en juego de tronos también se dice que pueden recibir otro apellido si se desea. Lo de Fuegoscuro lo saqué de "Danza de los dragones", una batalla civil de juego de tronos. Narré algo parecido a lo que sucede allí.

La legitimación en juego de tronos, es un poder tradicionalmente reservado solo a los reyes. Es cuando ante la sociedad deberían dejar de considerarte un hijo bastardo –en teoría, aunque es posible que te sigan viendo como a un perro callejero-. Siendo legitimado tienes derecho a heredar los bienes y títulos del padre.

Los cuentos infantiles en la antigüedad, con tintes que podrían considerarse macabros en la actualidad, eran para "educar" a los niños. Podrían buscar versiones originales de cuentos como el de la cenicienta, la sirenita, la bella y la bestia, etc, para darse cuenta de que Disney nos los endulzó demasiado. Del cuento del cocinero rata es un cuento que se menciona en juego de tronos, y me parece un buen bono del tinte sádico de antes.

Del banco de Hierro también es mencionado en juego de tronos, como un sitio de préstamos donde se cobran a lo "chino", o sea que si no les pagas son capaces de ofrecerle ayuda a tu enemigo siempre y cuando él prometa pagar lo que te prestaron. En la serie el banco de Hierro está en otro continente, aquí por lo mismo lo dejé en un reino distinto a Erdia o a Mare. No sé si allí se podrían abrir cuentas, pero pos es mi fic y decidí que sí.

Hizuru vendría a ser algo así como los países asiáticos en la antigüedad. Esos donde el honor de una mujer depende de su virginidad, y por eso su padre le advierte que nada de "deshonrarle" antes del matrimonio. Además de la "sumisión" absoluta que existe aún hoy en países árabes.

Mare de cierto modo también está influenciado por Dorne, un reino de juego de tronos. Allí los bastardos no son vistos con el mismo desprecio que en otros reinos –incluso se bromea diciendo que los bastardos son hijos nacidos del amor-. Allí también el futuro gobierno recae en el primer descendiente del o la gobernante, independientemente del sexo.

Lo de que Eren aprende rápido es por la serie, de que Eren quizás por terquedad aprendió a dominar el endurecimiento en menos de dos meses, o incluso durante el último asalto de Mare en Shiganshina, es capaz de manejar las habilidades del Warhammer como si siempre hubiera podido hacerlo.

Mare también está inspirado en Esparta, la única de las antiguas ciudades griegas donde la mujer tenía bastante libertad, y eran educadas en un pie casi de igualdad a un hombre.

En la mayoría de reinos las mujeres pierden su lugar en la línea de sucesión al nacer un hermano hombre, si por eso se daba el caso de los niños reyes pese a que tenían hermanas mucho mayores. Tal como Enrique VIII que fue sucedido por su hijo Eduardo VI pese a que su hermana María le llevaba veintiún años de edad y él solo tuviera nueve.

Eren hablando del ganado son palabras parecidas a lo que decía en la serie.


Publicado el 26 de agosto de 2019.