Snk no me pertenece, porque si me perteneciera, habría hecho el reencuentro Aruani más bonito.

Posdata: el aruani me gusta aunque este fic no lo tendrá.

Quise actualizar porque ya solo me faltaba darle una última releída al capítulo, y a parte hoy es cumpleaños de Mikasa, y curiosamente también es cumpleaños de bebé Falco, y sin querer terminé metiendo una escena de él… por cierto que no sé exactamente cuántos años le llevará Colt, pero me imagino que mínimo son diez años.


LA PRINCESA Y EL BASTARDO


Capítulo tres: La familia de la reina.


Harumi Azumabito, quien años después daría a luz a una niña llamada Mikasa, era la más joven de los vástagos de la princesa Kiyomi -Primera descendiente del heredero al trono hizurense-.

Cuando tenía diecisiete años, escuchó a su bisabuelo –monarca de Hizuru- decir que en un futuro la casaría con uno de sus más íntimos amigos.

Un viejo asqueroso que buscaba tener hijos porque los anteriores no le habían sobrevivido más allá de la infancia.

Ella, que no tenía derecho ni siquiera a pensar, se lamentó.

Deseó poder elegir su suerte.

Fue en una de sus clases la que le dio un rayo de esperanza.

Su maestro le habló de algo que estaba prohibidísimo –hablarle de un lugar donde se vivía "diferente"-, antes de hacerle jurar que nunca diría que él fue el que le habló de ese sitio.

Le habló de Mare, considerado un reino de salvajes por ciertas costumbres, aunque sus habitantes tenían ideas muy adelantadas a su época –o al menos así lo sintió Harumi-.

Allá, las mujeres no eran entes sin voz ni voto.

De hecho, eran criadas en un pie de casi igualdad con los hombres.

Una hija no era considerada una desgracia.

Tampoco se les obligaba a casarse, ni eran mal vistas las "solteronas".

Una hija primogénita no perdía la estima de su padre, solo porque después naciera un hermano hombre.

Incluso en la realeza: El primer descendiente del rey heredaría el trono independientemente de que fuera mujer, y de que naciera otro heredero masculino.

La lealtad o respeto, no residía en si se trataba de un receptor hombre o mujer.

Tal vez no serviría de nada, pero decidió escribir una carta al rey de Mare, carta que entregó a un criado al que tuvo que sobornar para que se la llevara a cualquiera de los mareyleanos que se encontraban de visita importando metales y piedras preciosas.

En la misiva, le explicó su situación, le solicitó cualquier tipo de ayuda, y le hizo saber por medio de cual criado podría hacerle llegar su respuesta.

Sabía que no sería sencillo.

Que no era como si el rey de Mare cruzaría el mar para convencer a su bisabuelo.

Pero envió la carta esperando un milagro.

«Al menos enviaron una respuesta» Pensó la princesa cuando recibió una carta de regreso.


Princesa Harumi.

El rey y yo lamentamos no poder intervenir directamente en su situación.

Lo único que podemos ofrecerle, es que si acepta venirse a Mare, será recibida y protegida bajo las leyes de nuestro reino.

No tendrá lujos, y deberá ganar su propio sustento, pero al menos acá no sería obligada a casarse si no quiere.

Atentamente Dina Fritz, princesa heredera al trono de Mare.


Anexado venían los días en los que iría un barco a Hizuru con gente de su confianza que iba a exportar una cantidad importantísima de naranjas. Que podría venirse con ellos.

Tuvo mil y un dudas: ¿y si le hacían daño? ¿Y si terminaba como aquella princesa que por escapar de su reino había terminado prostituyéndose?

Bueno, por lo que tenía entendido, aquella princesa lo había hecho por gusto.

Como sea.

Decidió tomar el riesgo, aunque, si de algún modo era traicionada, estaba determinada a matarse antes de permitirles usar su cuerpo.

Poco antes de marcharse, escribió tres cartas de despedida en las que no avisó a donde se iría: una para su bisabuelo, otra para su abuelo, y otra para su madre.

Sabía que ninguno no lo entendería.

Que aun si se arrepentía, lo más probable era que no la aceptarían de regreso.

Pero fue su decisión continuar.

Escapó del palacio disfrazándose de sirvienta.

Y fue así como abordó el barco que la llevaría a Mare.

Su nueva vida no fue fácil.

Siempre había sido ordenada.

Pero jamás había sabido lo que era lavar su propia ropa.

Tampoco había sabido lo que era ganarse el pan con el sudor de su frente.

Aun así no se arrepintió.

Por fin sabía lo que era ser libre.

Libre de soñar.

Libre de pensar.

Libre de compromisos impuestos.

Libre de hacer cosas que para otras personas eran simples, pero antes ni en sueños habría podido hacer, como caminar descalza, sentir el pasto bajo sus pies, saber lo plácido que era simplemente sentarse en la hierba a admirar un bellísimo lago luego de un largo día de trabajo.

Un día de esos, de pronto sintió una mirada tan pesada que inevitablemente volteó a ojear.

Esos dos segundos bastaron para notar que era un joven rubio.

Ella desvió la mirada, después creyó que quizás se habría confundido, así que decidió volver a mirarlo para confirmar que no la estuviera mirando.

Pero se había equivocado… el joven seguía mirándola.

Transcurrieron días de miradas furtivas por parte de ambos, siempre coincidiendo en ese lago a la misma hora, hasta que él reunió el valor para acercarse.

El corazón de Harumi se aceleró al darse cuenta que se aproximaba.

Por un momento recordó que su madre le había dicho que los hombres eran como depredadores de los que debía mantenerse apartada, pero por otro lado, pensaba que dado que nunca podría volver a Hizuru, debía dejar ese tipo de pensamientos atrás.

Como sea…

Antes de poder decidirse del todo… el joven ya estaba justo delante suyo.

—Señorita… he estado mirándola, y me parece que es una tragedia no conocer su nombre…

Inicialmente titubeó si contestarle o no pero…

Al final se decidió.

—Harumi Azumabito.

—Kevan Ackerman.


El presente…

Cuando Zeke le había hecho saber que la reina quería que Mikasa fuera su dama de compañía, Eren se había sentido miserable.

Creía recordar que una dama de compañía recibía ese nombre en otros reinos porque ese era su trabajo: servir de compañía casi todo el día –incluso recordaba que por relatos de Mikasa, las "damas", bien podrían hasta compartían el lecho con la mujer que tenían que acompañar-.

Y aunque no le había entusiasmado pensar que vería a Mikasa con poca frecuencia, Zeke le había hecho ver que conviviendo con la reina, su amiga podría convertirse en una digna hija de Mare.

Por suerte Mikasa no ha sido requerida tanto como había pensado –hasta habían podido tomar clases juntos-.

Dina la requería a veces solo para hacerle compañía un rato en la tarde, o a veces un día entero, pero esto último no era con tanta frecuencia.

Pero el que no conviviera con la reina tanto como lo había imaginado, no implicaba que el niño no percibiera ciertos cambios en ella.

Cuando Zeke los llevó a conocer sus potrillos, Eren decidió llamar al suyo "Pegaso", en referencia a los caballos con alas de algunos cuentos infantiles extranjeros.

Mikasa tardó dos días en elegir un nombre, pero cuando logró decidirse, le hizo saber su idea a su amigo mientras estaba haciendo un bordado.

—¡¿Florecilla…?! —Bufa el niño— Pobre potrilla.

La niña encoge los hombros como si no le diera importancia, y sigue en lo suyo.

Eren se sorprende.

Había pensado que Mikasa le pediría su opinión, y ya había pensado algunos nombres, pero ella parece más interesada en bordarle detalles a la tela que tiene en sus manos que en querer discutir el nombre del animal.

Decide comentarle de todos modos, y habría seguido insistiendo, de no ser porque Zeke apareció para anunciar que la reina requería la presencia de Mikasa.

Cuando la niña se va, Zeke le pregunta a su hermano qué había estado alegando.

El niño le comenta que Mikasa ha elegido llamar "Florecilla" a su futura montura. Le cuenta además las propuestas que iba a darle. Creía que su hermano se pondría de su lado, pero para su sorpresa, pasa todo lo contrario.

—Esa es buena señal, Eren —El niño decide abrir la boca para evidentemente protestar, pero Zeke le gana la palabra— Una auténtica hija de Mare toma sus decisiones sola, no quieras que solo sea hija de Mare cuando te convenga —Su interlocutor se queda reflexionando sus palabras— Así que aunque creas que le está poniendo un nombre estúpido a su potrilla, déjala en paz.

A parte de que Zeke no quiso decirle que en realidad, aunque Florecilla podría parecer un nombre muy estúpido para la que podría ser una yegua de batalla, le parece un nombre acorde considerando que es un ejemplar precioso, si justo por eso la había escogido para la niña.


Mikasa mientras tanto, ha sido requerida por la reina para que le acompañe a visitar a sus hermanas.

Dina omitió decirle con anterioridad que Joana había perdido el uso de sus piernas, tampoco le dijo que Séfora era retrasada.

Pero la niña ha mostrado la suficiente educación y tacto como para actuar como si no se diera cuenta de nada.

De hecho se comportó como si no fuera la primera vez que Séfora le trenzaba el cabello, –la mujer, en su infantil mente, quiso hacerlo porque Mikasa se le figuró a las muñequitas que las niñas de otros reinos usaban para jugar-, las otras adultas reprendieron a la mujer inicialmente, pero Mikasa con naturalidad les dijo que no tenía nada de malo antes de sentarse para dejarse hacer, y fue lo suficiente cortés como para fingir que no se había dado cuenta que había algo "extraño" con la mujer.

Ambas hermanas de la reina, son como el día y la noche.

Mientras Séfora es alegre, Joana es arisca como un gato salvaje.

Séfora es rubia, aunque no se parece a sus hermanas, además tiene marcas en la cara y en los brazos similares a pocillos –Mikasa vagamente recuerda que son las cicatrices de haber padecido una enfermedad porque una de sus primas maternas la había tenido, aunque no recuerda el nombre-. Joana sí se parece muchísimo a Dina, aunque sus gestos son más antipáticos y tiene el cabello castaño.

Muchos años atrás, Joana había sido considerada la mejor guerrera de Mare, al punto que varios –incluido su padre y antiguo rey- se atrevieron a decir que ella era quien debía heredar la corona y no Dina.

Zeke recordaría que su madre se molestaba tanto que no podía ni disimularlo.

Joana en cambio, con tranquilidad –y a veces hasta con frialdad- respondía que los dioses ponían a cada quien en su lugar, y que si hubieran querido que gobernara, habría sido la primera hija del rey, no la segunda… Además de que si hubiera sido la heredera habría sido pésima gobernante, y que con tantas labores ni siquiera hubiera podido convertirse en la guerrera que era.

Había estado en la gloria, casi al nivel de su hermana, y eso era porque por si sola era brillante… más brillante que Zeke que aún era solo un niño que no había demostrado ser un digno heredero.

Pero todo se había ido al carajo con aquella mala caída.

Los recuerdos eran tan lejanos que parecía que aquello en realidad nunca había pasado.

Y ahora, luego de años de estar postrada en un sillón, y de vivírsela acompañada de una niña en el cuerpo de una adulta, quizás porque no tiene otra cosa mejor que hacer, se ha vuelto analítica y desconfiada de todo, así que al notar un vendaje en la muñeca de Mikasa, decide preguntarle sin rodeos.

—¿Por qué traes un vendaje en la mano, niña…? ¿Te pasó algo?

—No, señora… Me gusta usarlo.

—¿Ocultas algo debajo del vendaje…? —La niña niega con la cabeza.

Pero como no termina convencida, Joana, en un rápido movimiento, intenta tomarle por la muñeca para arrancarle el vendaje.

Aunque no fue lo suficiente rápida, porque Mikasa –viendo sus intenciones- alcanza a correr fuera de su alcance.

—Séfora —Llama Dina— ¿Por qué no le muestras a Mikasa los estanques?

La menor de las hermanas inmediatamente se levanta, y con alegría guía a la visitante a los estanques.

—¿Qué mierda te pasa? —Reprocha Dina cuando la niña se ha ido.

—Me parece raro que use un vendaje nada más porque sí.

—Pero no es para que quieras desnudarle la muñeca…

»Yo ya había notado el vendaje y me había respondido lo mismo que a ti, pero decidí dejarlo pasar, porque Calvin me habló de lo extremadamente pudorosas que son las mujeres de Hizuru, hasta al punto de que si están cubiertas de la cabeza y se les descubre por la fuerza, les da tal histeria que podría darles la enfermedad de los temblores, supuse que podría pasarle lo mismo en el caso de un vendaje.

»A parte seguro lo usa por alguna bobada, o por ocultar una cicatriz pequeña, si vieras lo vanidosa que es.

—No, Dina… Estoy segura de que oculta otra cosa.

—¿Cómo qué...? —Inquiere con sorna— ¿Su marca de miembro del gremio asesino de "Los segundos hijos"? No seas estúpida, Joana. Es solo una cría.

—Te recuerdo que hay gremios que reciben criaturas desde los cuatro años.

»Y aunque sinceramente dudo que pertenezca a un gremio, definitivamente oculta algo importante.

Dina niega con la cabeza.

Cree que su hermana se ha vuelto loca.

—Me disculpo por Joana —Dice la reina cuando han regresado al palacio— Siempre ha estado un poco loca, pero luego de caerse de un caballo y de quedar lisiada de por vida, su locura empeoró.

—No tiene que disculparse, majestad —Responde Mikasa, a quien le toma toda su fuerza de voluntad aparentar no darle importancia, pero la verdad es que le había dado mucho miedo que la reina hubiera querido obligarla a descubrirse la muñeca— De hecho quería comentarle algo —Dina la mira para hacerle saber que tiene su atención— Cuando fui a los estanques con su hermana Séfora, le mencioné que hago muñequitos, y me pidió uno de ella misma y de su hermana Joana.

—¿Haces muñequitos?

—Sí, permítame mostrarle —Dice antes de caminar un tanto apresurada a sus aposentos, poco después regresa y le extiende dos muñequitos: Uno es de ella misma, el otro es de Eren.

Pese a su gesto indiferente, los ojos de Dina brillan como un depredador ante una presa indefensa, y no porque esté admirada de la habilidad de Mikasa con las puntadas, sino porque con lo bien hecho que está el muñeco del bastardo, por un momento se imagina que con él se le podría aplicar magia negra.

Claro que solo lo piensa.

No es como si realmente esté considerando traer a alguna hechicera que le provoque cuando menos un resfriado para que no ande pululando en el palacio.

Solo lo piensa.

—Eres talentosa —Reconoce Dina— Si haces una muñeca de Joana no sé decirte si molestará o no… Mi hermana es un tanto volátil, a veces pienso que se molestará por ciertas cosas, pero luego no les da importancia, en otras ocasiones se pone como loca por pequeñeces… No te puedo asegurar que intente hacerte algo si la agarras de malas, pero por las dudas, es mejor que mantengas tu distancia el día que le entregues las muñecas a Sefora.


Kruger alcanza a Zeke cuando lo ve pasar.

—Alteza… Necesito comentarle algo.

—¿Qué cosa?

—Mikasa es la cuarta en línea de sucesión al trono de Erdia —Dice Kruger extendiéndole una hoja en la cual venía dibujado el árbol genealógico de Mikasa.

Zeke sorprendido escucha que durante las clases, por aquello de que él mencionó que Mikasa era pariente de la realeza Erdiana, Kruger le indicó dibujar su propio árbol genealógico.

Le comenta que durante las evaluaciones hechas confirmó que Mikasa entiende de líneas de sucesión, por lo tanto es consciente de su posición, y de cómo afectaría su lugar con los siguientes nacimientos que podrían darse.

Ya en sus aposentos, escucha que golpean la puerta.

—Adelante.

Quien entra a sus estancias es su hermano que viene pensativo.

—¿Pasa algo?

—Escuché sin querer lo que te dijo el señor Kruger… —Confiesa algo nervioso pensando que estaría en problemas por haber escuchado, pero es evidente que viene a hablar del tema— ¿Entonces, Mikasa algún día será reina de Erdia?

Por un segundo, aun con su actual apariencia, Eren la imagina sentada en un trono tal como hace Dina.

—No creo —Le dice Zeke sacando el árbol genealógico de Mikasa que había guardado en medio de un libro— No es tan probable —Le invita a sentarse a su lado con un ademán, y cuando está sentado le muestra la hoja.

»La monarquía es un cargo vitalicio —Se da cuenta de que su hermano no le ha entendido— Significa que una vez que te conviertes en rey, lo seguirás siendo por el resto de tu vida, a menos que renuncies o te derroquen.

»Mikasa, de querer ser reina, tiene tres grandes obstáculos: En primer lugar el rey; en segundo lugar, su tía, la princesa Kuchel; y en tercer lugar, su primo, el príncipe Levi.

Le explica que Kenny, de tener hijos, estos automáticamente se colocarían en el primer lugar de la línea de sucesión, pero que hasta donde sabe su esposa ya es una mujer mayor, y no era probable que tuvieran hijos, si acaso el rey podría tener hijos fuera de matrimonio –que no sabía si Kenny tenia- pero no entrarían en línea de sucesión a menos que el mismo rey los legitimara… Le explica también que, en el caso hipotético de que muera sin tener hijos, la siguiente en sentarse en el trono es Kuchel, de quien no saben su edad, así que no pueden estimar cuánto tiempo más podría vivir, ni tampoco pueden saber si es posible que tenga más hijos –sino es que ya los tuvo y Mikasa no se ha enterado-, pero que de tenerlos, le explica cómo recorrería a Mikasa y a su padre en la línea de sucesión.

Le hace ver que –al menos desde su punto de vista- el mayor obstáculo es Levi, porque podría ser menor que Mikasa, y por lo tanto vivir más que ella, o podría también tener hijos que la recorrerían en la línea sucesoria, además de que siendo hombre podría ser incluso viejo, y seguir procreando herederos –a diferencia de las mujeres que no pueden tener hijos después de cierta edad-.

Le aclara que el último obstáculo para que Mikasa sea reina, es su propio padre, que si por algún milagro pudiera sentarse en el trono, ya sea por la muerte, abdicación o deposición de los otros dos miembros, y que no hubieran nacido más herederos, para entonces la primera en línea de sucesión sería Mikasa, que también si su padre tuviera más hijos podría ser peligroso para ella –si son niñas no pasa nada, pero si son niños sí, porque un hermano la recorrería en la línea de sucesión porque los hombres tienen preferencia en aquel reino a diferencia de Mare-.

Le inventa casos hipotéticos, como que Kenny tiene hijos, e incluso que Levi podría convertirse en abuelo, o algunos hermanos ficticios que serían abuelos, o incluso que el padre de Mikasa se volvería abuelo –tanto por Mikasa o por los siguientes hijos-, y cómo se movería la línea de sucesión.

—¿Entonces te queda claro por qué no es tan probable que Mikasa sea reina?

—Creo que sí.

—Entonces, si el príncipe Levi tuviera un hijo y un hermano, ¿quién iría más arriba en la línea de sucesión?

—Su hijo.

Zeke sonríe complacido.

Kruger tenía razón.

Eren aprende rápido.


Zeke había olvidado el pequeño detalle de que los caballos debían tener mínimo tres años para empezar a ser montados, y potrillos que había elegido para Eren y Mikasa no tenían mucho tiempo de haber nacido.

Habría querido elegir otras monturas para ellos, pero los niños ya han desarrollado tal apego a los animales, que no les importaba tener que esperar antes de poder montarlos.

Así que decidiendo que ya era tiempo que aprendieran, había indicado que para el día siguiente le ensillaran los caballos más mansos porque Xaver y Kruger les iban a enseñar a cabalgar.

—Príncipe —Dice Grice luego de escuchar la indicación— En mi familia usamos ponis para los niños, y justo ahora ya son muy grandes para ellos, y solo nos queda un bebé, pero a ese le faltan años antes de poder montar, así que mientras tanto, podría prestarle dos.

—¿Ponis? —Inquiere Zeke, aunque recuerda en seguida que son la raza pequeña de equinos— Eren y Mikasa son hijos de Mare, ¿cómo van a montar un poni?

—Bueno, sus invitados podrían subir y bajar sin ayuda, aparte no sería lo mismo caerse de un poni a caerse de un caballo.

—¿Por qué piensas que se van a caer?

—Alteza —Interviene Kruger— No se si no se ha dado cuenta, pero su hermano a veces hace las cosas sin pensar —Zeke quisiera poder retrucárselo, quisiera poder decirle que "No es cierto", pero en honor a la verdad…— Y con todo respeto, yo no conocí a nadie que cabalgara mejor que la princesa Joana, fui testigo de la cantidad de hombres que descabalgó sin caerse de su caballo, pero ella es la prueba de que hasta a la mejor jinete, le puede pasar un accidente.

Zeke tampoco puede respingar eso, el mismo recuerda las cosas que se decían de su tía, que se erguía en su caballo como si hubiera nacido allí.

Quiere pensar que no le pasará nada a su hermanito, pero conociendo lo terco e impulsivo que puede ser…

—Grice… ¿Cómo cuando crees que podamos tener a tus ponis aquí?

Pasan dos días, y saliendo de la junta de consejo mira a Grice hablando con un muchacho que seguramente es su pariente por el enorme parecido.

El muchacho además traía un niño en brazos, una criatura que rondaría los dos años.

—Alteza —Saluda Grice, es entonces cuando el muchacho capta que está ante el príncipe y hace una reverencia, incluso el niño luego de lo acaecido, imita lo mejor que puede la reverencia en los brazos del adolescente, cosa que enternece mucho a Zeke— Mi sobrino ya trajo a los ponis y los mozos de cuadras se encargaron de llevarlos a los establos. Solo quiso informarme, pero ya se va.

—Tranquilo, no hay prisa —Dice Zeke— Entonces, ¿este es tu sobrino?

—Sí, alteza… ambos son hijos de mi hermano.

De pronto, Zeke hace algo que ni el adulto ni el adolescente se hubieran esperado del mismísimo príncipe de Mare.

—¿Puedo cargarlo? —Pregunta acercándose, evidentemente refiriéndose al niño.

—Claro —Tarda en responder el adolescente.

El príncipe extiende las manos hacia el infante –y este se deja tomar-, y mientras lo sostiene entre sus brazos, no puede evitar tener un enorme sentimiento de pérdida.

Ojalá él hubiera podido ver a Eren así de pequeño.

Ojala hubiera podido crecer junto a él.

Claro que no hubiera sido posible.

Dina seguramente no lo habría permitido, y la única razón por la que ahora puede tenerlo cerca, es porque ya es lo suficientemente mayor como para defender sus deseos.

Pero ojalá al menos hubiera podido verlo de vez en cuando.

Pero no.

Si no es porque muere su padre, todavía ni siquiera sabría de la existencia de su hermano.

—¿Cómo te llamas? —Pregunta Zeke al niño imaginándose que con su edad ya podría responder.

—Alco.

—¿Alco?

—Se llama Falco, alteza —Responde el muchacho— Pero aun no es capaz de hablar bien.

—¿Y tú?

—Colt.

—Col —Balbucea el niño, evidentemente tampoco puede decir bien el nombre de su hermano.

Zeke por un segundo trata de imaginarse cómo habría sido Eren de bebé.

Se lo imagina llamándolo "Zee", o algo así.

—Ya que he dejado sin poni a tu hermano, puedes traerlo para subirlo a los ponis cuando quieras.

—No se preocupe, alteza… En la casa tenemos otro, así que cuando mi hermano tenga edad, ya tengo con cual enseñarle.

El muchacho se da cuenta de que el príncipe por un segundo parece reflexionar algo, pero en seguida suaviza su expresión y se pone a hacerle monerías a su hermanito para que se ría.

—¿Qué edad tienes? —Pregunta Zeke al adolescente.

—Quince años —La respuesta hace sonreír al príncipe.

—Espero que no rechaces venir a mi siguiente cumpleaños que será dentro de poco —Le invitó ya que de cualquier forma ya tenía edad para alcoholizarse, además de que hasta hacía poco no se había puesto a pensar que entre su círculo social no había nadie ni remotamente cercano a su edad.

El muchacho se sorprende, pero en seguida responde sin poder ocultar su alegría.

—Por supuesto que no, alteza… será un honor.


Cuando Zeke le pide un día libre, Dina no le cuestiona para qué lo quiere.

Ilusamente piensa que quiere un día lejos del bastardo.

Claro que lo hace mierda con tantas labores que le echa encima durante el resto de la semana, pero le concede el día.

Y cuando este llega, luego de despedirse con una sonrisa radiante al final del desayuno, se imagina que andará cabalgando, cazando, bebiendo o retozando con una prostituta por allí, pero Calvin la saca de su error luego de la comida.

—¿Entonces mi hijo pasó toda la mañana enseñándole a cabalgar un poni al bastardo?

Dina está indignadísima, no solo porque no pasó lejos de Eren como había imaginado, sino que, ¿cómo por qué había estado el príncipe de Mare enseñándole a cabalgar un chiquillo?

—¿Acaso no había nadie más que pudiera hacerlo?

—Claro que sí, majestad… Se ofrecieron los mozos de cuadras y el príncipe los rechazó… Xaver le insistió con que dejara que alguien más lo hiciera, Kruger le recordó que él había aceptado hacerlo, pero a todo mundo le dijo que no, que lo quería hacer él mismo…

Ya me perdí sus primeros pasos y sus primeras palabras —Fue lo que Calvin escuchó que Zeke le decía a Xaver— No voy a desaprovechar la oportunidad de enseñarle a cabalgar yo mismo —Y lo había hecho motivado porque Colt le había dicho que enseñaría a cabalgar a su hermanito cuando tuviera edad.

A Dina no le hace gracia pensar que Kruger -quien había enseñado a cabalgar a su hermana Joana- accediera a enseñar al bastardo, pero le hace menos gracia que fuera Zeke quien lo hiciera.

Dentro de todo lo malo, debería poder consolarse con que al menos Mikasa había accedido a aprender a cabalgar con la condición de que Kruger la enseñara –Dina días atrás le había propuesto enseñarle pero la niña se había negado por alguna estupidez hizurense-, pero le da rabia saber que fue solo porque el imbécil de Eren la había convencido.

—¿Cómo fue que el bastardo la convenció?

—Le dijo que no importaba si en Hizuru las mujeres no cabalgaran, que estaban en Mare, y debía comportarse como una mujer de Mare, y la puso a usted como ejemplo… El bastardo juró que la ha visto cabalgar.

Dina pone cara confundida, pero luego…

«Ya recuerdo» Piensa la reina mientras rememora que días atrás, en una de sus cabalgatas, de reojo se le figuró ver a un niño que la miraba desde un balcón… No quiso voltear para no verle la cara, pero no hacía falta mirar de manera directa para saber que era el bastardo… Las únicas crías que hay en el palacio son él y Mikasa, a parte su cabello es muy distinto.

«Mikasa tiene el cabello negro, a diferencia del bastardo que lo tiene…»

No lo piensa.

Ni en su mente quiere recordarse que Eren sacó el color de cabello de Grisha.

Como sea, no le hace feliz saber que fue el bastardo hizo lo que ella no pudo: convencer a Mikasa de aprender a cabalgar.

A parte de que su irritación no terminaría allí, sino que lo anterior apenas había sido un preludio de lo que le esperaba.

Cuando decide preguntarle dónde se encuentra Zeke en aquel momento, Dina hace una mueca irritada cuando su consejero le dice que acaba de irse junto a sus invitados a "Los jardines de agua".

—¡¿Qué?! —Musita deseando haber escuchado mal.

«Maldita sea»

Había pensado que nada podría superar la humillación de tener que tolerar al bastardo en el funeral de Grisha bajo la mirada de todos sus allegados. Y si bien es cierto que había pensado que en algún momento todos sus súbditos iban a conocer su desgracia, es devastador enterarse de que muy pronto será la comidilla de su propio reino.

Los jardines de agua son unos estanques públicos abiertos para los niños de todos los estratos sociales, niños que si son muy pequeños, son acompañados por adultos, adultos que les extrañará ver al príncipe allí, Zeke nunca fue de niño porque en el palacio había estanques, y estarán atentos con quien llega o con quien se va, y todo mundo se preguntará quienes son las crías que le acompañan, y solo bastará con que uno sepa para que todo el reino se entere.

Si ella como reina tuviera un amante nadie se inmutaría –ni siquiera Zeke-. Pero es muy distinto que exista un bastardo que sea la prueba viviente de que su marido le fue infiel.

—¿Mi reina? —Llama Calvin al verla afectada, sobre todo porque con la ropa negra que está usando, hace que su repentina palidez resalte mucho más.

De pronto su gesto trastornado muta a una gélida frialdad.

—Más tarde veremos lo del aniversario de mi coronación… ahora déjame sola —Le dice de una manera que si bien no suena a orden, si deja claro que no admitirá réplicas, así que el hombre se retira, aunque en el fondo no quiere hacerlo.

Cuando Zeke regresa al palacio, Xaver se acerca inmediatamente.

—Alteza… ya lo están esperando.

—Ah, cierto… —Musita antes de dirigir la vista a sus invitados— Miren, son libres de transitar donde quieran, nada más no se metan en líos, ni vayan a mis aposentos porque voy a estar ocupado con una visita.

»Nos vemos para cenar en la terraza de la sección norte.

Luego de girarse y comenzar a caminar, Zeke parece escuchar que Eren le propone a Mikasa ir a los establos a ver sus potrillos.

Como sea. Sigue caminando. Decidido a que ni los dioses detendrán su llegada a sus aposentos.


Calvin desde abajo ha estado atento a la escalera que lleva a las estancias de su reina, así que cuando Dina se asoma para exigir la presencia de Yelena, él mismo se cerciora de que la altísima joven suba, y con sus propios ojos, la ve bajar más tarde, directo a continuar con sus labores.

Los últimos días Dina ha estado usando ropa negra en señal de luto, y apenas el suficiente maquillaje para ocultar sus ojeras, así que cuando baja las escaleras, es bastante notorio que ahora luce más como una reina que como una viuda: su maquillaje es más elaborado, y está usando un vestido color vino que además de escote tiene una apertura en las piernas.

Eren y Mikasa que justo transitaban por allí, tienen que detenerse para reverenciarla antes de seguir caminando, así que es inevitable verle la enorme cicatriz que va desde el lado de su cuello hasta justo en medio de sus pechos.

Habían escuchado –por relatos de Serguei-, que la cicatriz se extendía hasta medio palmo arriba de su ombligo, que esa había sido la herida que la incapacitó para seguir peleando cuando soldados extranjeros quisieron invadir su reino, pero no habían tenido oportunidad de verla con los vestidos negros y cerrados que había estado usando su majestad.

Muy pronto todo el reino sabrá que su marido tuvo un bastardo, así que Dina ha decidido que si sus súbditos iban a murmurar y a señalarla con el dedo, por lo menos no lo harían mientras ella seguía vestida de luto.


Zeke se sienta en la orilla de la cama.

Antes de levantarse para vestirse, siente que lo abrazan por detrás, pegándole unos pechos femeninos en el proceso.

—¿Ya se va, príncipe? —Inquiere la joven mujer antes de besarle la nuca.

En otro momento, eso habría sido suficiente para hacerlo regresar al lecho.

Pero hoy…

Hoy se aparta con la mayor delicadeza posible.

—Quedé de cenar con mi hermano…

—¿Su hermano…? —Pregunta sin poder evitarlo… De pronto cae en cuenta de que se le ha ido la lengua— Lo siento, príncipe, no debí preg…

—No te preocupes —Le interrumpe como quitándole importancia al asunto— Mi padre tuvo un hijo fuera de matrimonio… —Dice como si nada— Me enteré después de que él muriera, así que traje a mi hermanito a vivir al palacio.

Xaver le había dicho que las prostitutas no perdían la oportunidad de divulgar información, mucho menos si con eso sacaban algo a cambio… realmente no se le ocurre que cosa puede sacar por divulgar la existencia de su hermano, aunque le da lo mismo.

Lo sentía por Dina, pero no tenía ninguna intención de ocultar a su hermano del pueblo.


Cuando Zeke acude al sitio de reunión acordado, Eren y Mikasa están sentados, profundamente dormidos lado a lado.

Kruger se acerca para hablarle en un susurro.

—Luego de visitar a sus potrillos estuvieron correteando en los jardines… debió ganarles el sueño por el cansancio.

Pues sí, entre haber nadado y correteado en los jardines de agua, y a parte haber continuado corriendo en el palacio, es obvio que terminarían cansados.

Sin más remedio el príncipe decide meterlos a la cama antes de ir a ver si Dina quería cenar con él.

—¿Puedes quedarte aquí mientras llevo a Mikasa a sus aposentos?

—Puedo ayudarle a llevar a su hermano, si gusta.

—No, gracias… —Comenta, no queriendo importunarlo con algo de lo que seguro se estaba ofreciendo solo porque él es el príncipe, sin saber que no habría sido una molestia.

Te prometo que mi próximo hijo llevará tu hombre —Le había prometido Grisha con Zeke recién nacido entre brazos.

Claro que ese segundo hijo no vino de su legítimo matrimonio, así que no pudo aclararle que en realidad sí había tenido oportunidad de cumplir su promesa.

En algunas ocasiones se había planteado si realmente habría echado a Grisha de cabeza con la reina.

Muchas veces se ha dicho que sí, pero en otras...

«No importa…» Piensa Kruger. «Tal vez Grisha no pensó que yo pudiera delatarlo, pero si no me lo dijo fue para que no tuviera que traicionar a mi reina guardando un secreto»

El día el que Calvin apareció en el punto de reunión habitual despotricando que Grisha había tenido un bastardo y una amante, se había sorprendido…

Es cierto que no habría puesto las manos en el fuego asegurando que su amigo no había tenido un desliz en su matrimonio, pero lo de Grisha ya no podría llamarse un accidente.

Calvin… ¿A dónde vas? —Había preguntado Xaver.

A hablar con la reina.

Pero el príncipe nos pidió que no le dijéramos nada a su majestad.

No deberíamos ocultárselo a la reina.

Su alteza no pretende ocultárselo, nos comentó que va a decírselo en privado, solo que primero irá a instalar a sus invitados.

Y mientras tanto nuestra reina se mantiene en la ignorancia, ¡qué clase de consejeros seriamos si permitimos algo así! —Estuvo a punto de girarse, evidentemente para avisarle a la reina sin importarle nada de lo que pudiera pasarle con el príncipe, pero Kruger intervino.

Yo no haría eso si fuera tú.

Claro… no quieres ir a decirle que el flamante marido que tú le presentaste le fue infiel.

No es eso, sino que no será placentero para la reina escuchar que su marido procreo un bastardo, y honestamente no querría ser yo quien tuviera que decírselo.

»No será fácil ni como mujer ni como monarca enterarse de algo así.

»Así que yo creo que lo mejor es que se entere por su propio hijo.

Por suerte logró convencerlo, y entonces fue el príncipe Zeke quien habló con la reina.

Kruger no supo exactamente cómo fue posible, pero de algún modo había logrado que la reina accediera a que su medio hermano viviera en el palacio, pese a que es obvio que no le hace ninguna gracia –si solo hacía falta ver el odio con el que Dina lo miraba para saberlo-.

Habría seguido reflexionando, sino es porque el sonido de unos pasos lo hacen salir de sus pensamientos.


Calvin le había comentado acerca de la prostituta que mucho rato antes se había dirigido hacia los aposentos de Zeke, y como aparte le ha pedido el día libre, no estaba segura de que cenarían juntos, pero igual le dijo a la servidumbre que quería cenaría en el comedor real.

Durante su trayecto, pasa por una terraza que a veces se usa de punto de reunión.

Desde metros antes había notado que hay velas encendidas, así que esperando ver a Zeke dirige la vista hacia los sillones, pero lo único que mira es al bastardo dormido profundamente, con Kruger de pie justo a su lado.

Dina hace una mueca de desprecio, pero no deja de mirarlo, decide aprovechar ahora que el mocoso no puede ver que lo está mirando, si le molesta mucho recibir su mirada de bastardo.

También le molesta verle la cara, que aunque por un lado le alegra que no se parezca a Grisha –y por lo tanto tampoco a Zeke-, por otro lado le irrita pensar que seguramente tiene la misma cara que tenía la vulgar plebeya con la que su marido le había engañado –o sea que aunque no tuvo la desdicha de conocerla mínimo si le está viendo la cara-, aparte de que le sulfura ver que el niño tiene el mismo color de ojos que Grisha.

Le molesta verlo allí, durmiendo plácidamente, sin tener ni idea de cuánto le ha amargado la vida.

Cuánto lo aborrece.

Quisiera ir y abofetearlo. Pellizcarlo. O cualquier cosa que por lo menos le haga un poquito miserable.

Incluso piensa que es buen momento para hacerlo: no están ni Zeke ni Mikasa y Kruger no tendría que decir nada.

Podría despertarlo a pellizcos o jalándole el cabello.

Podría amedrentarlo y no dejarle marcas visibles.

Pero bufa molesta cuando razona que es imposible.

Aun sí lograra atemorizarlo, aun si el chiquillo se quedara callado, Zeke es lo suficientemente listo como para alertarse si nota algún cambio en su comportamiento.

Así que sin más decide seguir con su camino.


Días después…

—Esta es "la plata", y esta es "la negra" —Dice Dina, señalando respectivamente a dos yeguas del color mencionado.

—¿Así se llaman? —Pregunta la pequeña Ackerman.

—No, Mikasa… No son nombres… Las llamo así para diferenciarlas, pero siempre he considerado que es absurdo ponerle nombre a un animal, aunque he escuchado que tú le pusiste un nombre a tu potrilla, y Zeke suele llamar "Silver" a su caballo… De hecho a Silver lo parió mi yegua plateada.

—¿Y por qué tiene dos yeguas? —Inquiere la niña.

—La vida de los caballos no es tan larga como pudiera ser la vida de los humanos… La "plata" con treinta años ya es algo vieja… Si me pega en gana, puedo montarla un largo rato, pero no tan seguido, ni mucho menos una larga batalla… "La negra" tiene seis años, y fue mi montura cuando soldados de la Unión Media invadieron nuestras costas.

»A pesar del poco tiempo que tengo montándola, ya es una yegua leal… Cuando caí herida, se quedó a mi lado hasta que Calvin y algunos guardias llegaron aunque le cayeron un par de flechas en el lomo.

—El señor Kruger dijo que mi potrilla también es leal a mí.

Dina no va a discutirlo.

La potrilla que Zeke eligió para Mikasa es tipo palomino. Un ejemplar precioso. De personalidad temperamental que le da dolores de cabeza a los mozos de cuadras… Hasta asearla y cepillarla representa un gran problema considerando que no es un animal tan grande –uno tenía que tomarle las patas traseras, otro las delanteras, y otro la rienda del hocico-.

Pero con Mikasa se transmuta.

La potrilla deja que la niña la cepille y la acaricie, como si supiera que su dueña es frágil y fácil de asustar.

Y su lado manso solo se lo refleja a Mikasa, porque incluso a Eren le ha dado problemas.

Zeke escogió para su hermanito un potrillo tipo alazán, que es muy juguetón y curioso.

Eren suele pasear con su potrillo con la rienda en la mano, y ambos animales –a pesar de solo contar con tres meses- ya son más altos que él y Mikasa, así que resulta una imagen curiosa que lo lleve de la rienda tal como podría haber hecho con un perro –aunque en Mare no se conociera la comparación porque los niños no acostumbran tener mascotas como sí se hacía en otros reinos-.

Pero Dina siempre recordará lo que sucedió dos días atrás:

A Eren regresando de los establos, llevando de la mano a una Mikasa que sollozaba como la niña que era.

Y él tenía las ropas llenas de barro, la tela de las rodillas desgarrada, y tenía golpes y raspones visibles donde la vestimenta no le cubría.

Un par de mozos venían acompañándolos y con la cabeza agachada imaginando lo furioso que se pondría Zeke.

Eren, ingenuamente había pensado que podría pasear con la potrilla de Mikasa al igual que con su potrillo, y el niño se empecinó y siguió intentándolo a pesar de que la potrilla se alebrestó, y para la reina, imaginarse al niño siendo golpeado y arrastrado por el animal, fue tan hermosamente cómico que estuvo a punto de echarse a reír.

Por suerte para Eren, los potrillos de tres meses, si bien ya sobrepasan su altura, seguían siendo animales de patas largas y flacas, así que no había recibido heridas de gravedad, aparte de que Mikasa se había abrazado a sus patas delanteras para detenerla y evitar que le hiciera aún más daño a su amigo, y aunque inicialmente la tumbó, la animal se quedó quieta al caer en cuenta de que había tirado a su dueña.

Mikasa resultó ilesa de la caída, de hecho sollozaba más por el susto que por otra cosa.

Zeke no había castigado a nadie, ni siquiera les llamó la atención –solo le advirtió a Eren que no volviera a intentar nada tan estúpido-, pero definitivamente no estaba contento.

—Mi tía Joana perdió el uso de las piernas por culpa de un caballo encabritado —Se había quejado el príncipe con Xaver.

«Qué suerte tienes, bastardo…» Había pensado la reina «Lástima que la potrilla no estaba más grande… sino te habría herido un poco más»

Pese a todo, Eren no se había quejado.

Él había recibo un cabezazo de la potrilla, fue arrastrado y pisoteado, los golpes le dolían, los raspones le ardían, y el barro se le había metido hasta la ropa interior. Sin embargo, él fue quien estuvo consolando a Mikasa.

Apenas hoy la niña se ha sentido lo suficientemente recuperada del susto como para ir a visitar a su potrilla, y Dina se ofreció a acompañarle a los establos.

La potrilla, por su edad aún está en la misma sección que su madre, y no puede evitar mostrar su emoción al ver a la niña.

Mikasa, al lado de la puerta mira un canasto con bastantes zanahorias, a Dina también le llama la atención.

—Las trajo el hermano del príncipe hace un rato —Comenta uno de los mozos que está cerca— Según él vino a "hacer las paces" con la potrilla, pero ella solo intentó morderlo.

Mikasa, enternecida por el gesto de su amigo, procede a extenderle al animal una de las zanahorias, y a ella sí acepta que se la sostenga mientras la muerde poco a poco.


Zeke estaba demasiado informado e involucrado en los asuntos del reino.

Todo había empezado cuando tenía siete años: Se había formado en la fila de peticionarios para obtener una audiencia con su abuelo –y entonces rey-, para solicitarle, con una elocuencia sorprendente para su edad, el permiso para estar presente en las juntas de consejo, y todo lo que implicara conocer las que algún día serían sus obligaciones.

Su padre era muy orgulloso… Dina inicialmente pensó que él lo despacharía sin responderle, pero quizás como lo había abordado con tanta madurez, decidió retribuirle explicándole el por qué le negaba el permiso.

—Príncipe Zeke… En las juntas de consejo se discuten cosas serias, y eres muy joven para entender… Lo último que necesito es a un niño idiota interrumpiendo la reunión con sus preguntas.

—No interrumpiré, majestad —Replicó Zeke con solemnidad— Escribiré mis dudas, y después de la reunión solicitaré explicaciones a la princesa heredera.

El rey puso cara de estupefacción durante un par de segundos, luego comenzó a reírse.

La única risa que se le había escuchado en años.

—Muy bien, príncipe —Dijo el monarca— Tienes mi permiso para asistir a las juntas de consejo.

Y así fue…

Zeke inicialmente iba de oyente, un par de años después, se tomó el atrevimiento de pedir la palabra.

Su padre lo dejó hablar, pero cuando expuso su idea le dijo que se callara, que después le aclararía.

Cumplió su promesa: cuando terminó la reunión, lo sentó a su lado, y le hizo entender por qué había estado mal su idea.

Seis meses después, luego de una junta de consejo, fue el monarca quien le preguntó a Zeke si estaba de acuerdo con lo que se había decidido.

—Sí, majestad.

—Explícame las ventajas y desventajas de lo que se decidió.

Zeke lo hizo, y cuando terminó de hablar, su abuelo le señaló las ventajas que le faltó notar, así como las desventajas.

Poco a poco lo dejó tomarse ciertas atribuciones. Eran pequeñeces, pero en la historia de Mare, jamás un monarca había dado ningún permiso a un nieto. Mucho menos a uno tan joven.

Dina seguía siendo la princesa heredera. El rey se había encargado de dejarlo claro como le dejaba cargas muchas más pesadas que a su nieto, además de que Zeke estaba presente, pero todo era a puerta cerrada.

Ante el pueblo, Zeke seguía siendo el segundo en la línea de sucesión, aunque comenzó a permitirle estar en todas las actividades de gobierno, pero lo hacían mantener un perfil demasiado bajo en contraste con rey y la princesa heredera, incluso Joana Fritz ofrecía una imagen más notable que él. Pero a pesar de su posición furtiva, el chiquillo se mantenía mirando y aprendiendo.

Así fue como aprendió sobre regencia y tácticas de guerra.

Cosas que le servirían en un futuro.


Para estas alturas, casi todo el reino sabe de la existencia de "el bastardo del palacio".

Claro que delante del príncipe no lo llamarán así.

No, delante de Zeke, se referirán a Eren como "su hermano", o "el hermano del príncipe".

Desde el inicio cualquiera es consciente del gran cariño que Zeke le tiene a su hermanito y de que es mejor no hacerle algo que pueda molestar al príncipe.

Así como Calvin, que se le ocurrió llamarle la atención a Eren por llamar al príncipe por su nombre.

—Calvin, te agradezco —Dice Zeke, con una seriedad con la que es obvio que no le agradece nada— Pero a mi hermano le permito faltarme al respeto dentro del palacio.

—Cómo te encanta meterte en líos —Le comenta Xaver a Calvin minutos después— Cuando su majestad todavía era la heredera, decías que le dabas la razón porque algún día sería reina, y ahora que el heredero es otro, tu lealtad sigue hacia con ella.

—Entiéndelo, Xaver —Dice Kruger— Es unos años mayor a la actual monarca... no va a vivir lo suficiente como para ver la siguiente sucesión —Aunque solo se limita a sonreír con disimulada burla, con el comentario termina provocando una risa en el hombre bajito.

Calvin se pone serio con el comentario del alto y la risa del bajo, sobretodo porque nota que hasta Grice tiene que disimular una risita.

Al final se va, y Kruger no dice nada, pero sospecha que acudirá a los aposentos de la monarca.

—Mi reina… siento molestarla —Dice Calvin que efectivamente acudió a las estancias de su majestad— Pero es inconcebible que se le den demasiadas atenciones a un bastardo…

—Estoy de acuerdo contigo, pero ni siquiera yo puedo hacer algo contra eso —Declara sonando indiferente mientras sostiene una copa de vino, pero la verdad el asunto la tiene irritada.

Es la reina… y no de cualquier reino.

Es la reina de un pueblo bravo y orgulloso, y a pesar de su posición, no se la ha ocurrido nada contra la estima que ha comenzado a ganar el bastardo de su marido sin incurrir en la ira de su hijo –no quiere arriesgarse a que le arrebate el trono-.

En la estima del pueblo, en primer lugar, se encuentra ella, que es la reina, en segundo lugar el príncipe, y en tercer lugar, por desgracia, el bastardo.

Y todo es porque después de Zeke ya no hay nadie digno de admirar en su familia.

A Séfora se le ocultó tan pronto dio señales de su retraso.

Joana solo puede recibir admiración por la guerrera que había sido, y no por la mujer que es ahora –mucho menos porque se la vive encerrada en su casa-.

Durante muchos años aborreció al bastardo de su padre, y aunque aún hoy lo sigue detestando y la mayor parte del tiempo finge que no existe, casi preferiría que fuera él y no el bastardo de su marido el que recibiera el amor del pueblo, pero Zeke mantiene a su medio hermano demasiado cerca como para que el pueblo pueda ignorarlo –su hijo lo mantuvo todo el tiempo a su lado durante los torneos para celebrar el aniversario de su coronación-.

—Bueno —Dice Calvin— Yo quería exponerle una idea que espero no le vaya a molestar.

Dina sin siquiera mirarlo le invita verbalmente a que explique.

Pero cuando lo escucha, voltea a verlo sonriente porque le ha dado la solución.

Al día siguiente, la monarca anuncia con alegría mal disimulada que, por decreto real, Mikasa será considerada "La hija de la reina"… Un título honorario con el que recibiría un trato especial por sobre todos los mareyleanos, apenas por debajo de su heredero, su futura esposa y los hijos que tenga.

Ella así lo había querido.

En parte para "desplazar" al bastardo de los ojos del pueblo, y en parte porque veía en Mikasa a la hija que había deseado tener y que no había podido.

Su padre mismo había hecho que por decreto real, una de sus primas fuera llamada "La hermana del rey".

Cuando el padre de Dina murió, los secretos de su padre pasaron a ser suyos, y entonces, Calvin le confesó que más que "hermanos", fueron amantes, que el nacimiento de Jeziel –y por lo tanto la confirmación de una "infidelidad"- había ocasionado una gran disputa entre ellos, pero que al final se habían reconciliado.

Ahora comprende tantas cercanías entre ellos, incluso supone que luego de la muerte de su padre, la caída de su tía por aquel barranco, no había sido cosa accidental.

Hablando de los secretos del monarca, ojalá y ella hubiera podido tener ese privilegio.

El día en el que Zeke se enteró de la existencia del bastardo, ella le había solicitado atender a los peticionarios mientras organizaba el funeral…

Claro que no fue novedad atenderlos solo, porque era algo que en ocasiones le designaba, o lo hacían juntos. Aunque independientemente de si los atendían individualmente o juntos, siempre había por lo menos un consejero a su lado para orientarles.

Ese día, junto a Zeke, estuvieron Calvin y Grice.

Ellos fueron los que lo acompañaron a traerse a ambos niños.

Dina, por mucho que quiera a Mikasa, no deja de pensar que ojala que el bastardo no hubiera venido al palacio.

Al punto que comienza a fantasear que puede regresar el tiempo.

Que Zeke organiza el funeral mientras ella oculta al bastardo.

Imagina que negocia el pago con la mujer que los cuidaba, y ambos siguen allá mientras Zeke no está enterada de nada.

Fantasea que la guerra entre Erdia y el reino de Aragon acaba, que el padre de Mikasa vuelve por ella, y que al ver que el niño es huérfano, decide llevárselo a su patria –aunque no le interesa si se lo lleva como hijo o como criado, sino que el punto es que se lo lleva-.

Entonces Calvin y Grice guardarían el secreto hasta que Zeke se convirtiera en rey.

Aunque siendo Calvin mayor que ella, y Grice de su misma edad, tal vez ninguno estará vivo para cuando Zeke se siente en el trono, así que él no habría sabido del bastardo.

O en todo caso, si alguno estuviera vivo a su muerte, ella ya no estaría aquí para ver como Zeke decide buscar al bastardo.

Pero llega el momento donde se irrita al ver que su fantasía es imposible.

Que Zeke supo del bastardo, y decidió traerlo sin importarle lo que ella pensara.

Ya no importa, Mikasa será "su hija", y desplazará al bastardo de la estima del pueblo.

—Eres la hija de la reina, Mikasa —Dice Dina— Con mayor razón debes convertirte en una hija de Mare.

Pero la pequeña Ackerman, aunque agradecía tales atenciones de su majestad, se sentía abrumada porque Kruger le había hecho saber que con semejante título, no solo recibiría entrenamiento físico, sino que en un futuro se esperaba que vistiera ropa reveladora como se acostumbraba en las mujeres de mucho estatus en Mare.

—Pero tengo los rasgos de una nativa de Hizuru —Arguye la niña con timidez.

—No importa… Mi padre solía decir que las hijas de Mare, son tan cabronas que nacen donde les pega la gana, así que aunque nacieras en Erdia o en Hizuru, puedes convertirte en una.

—De hecho yo nací aquí.

Dina se confunde inicialmente, ¿qué diablos había estado haciendo una nativa de Hizuru dando a luz en Mare si por lo que sabe su cultura les hace permanecer encerradas en su casa? Aunque en un segundo comprende.

—¿Entonces, tu eres hija de la princesa de Hizuru que escapó hacia acá?

—Sí, majestad.

—Eso significa… ¡que eres una princesa! —Dice Dina asombrada al caer en cuenta en esa verdad… Mikasa abre la boca como queriendo protestar, pero la reina le gana la palabra— Eres la hija de una princesa por derecho de nacimiento… eso te hace una princesa… aun si quieres serlo o no.

Claro que Mikasa sabe que es una princesa.

Hace cinco años, ella y sus padres habían partido de Mare hacia Erdia.

Tres años atrás, había sido recibida con todos los honores durante una visita a Hizuru.

Antes de ir, su madre le había explicado que era una princesa. Y en Hizuru, todos, desde los guardias, hasta la última criada, le habían tratado con respeto -aunque solo fuera una niña de seis años, y una más de las tantísimas bisnietas del rey-.

Todos la reverenciaron y la llamaron "princesa", o "su alteza".

Hasta su padre.

Creyó que a su retorno a Erdia las cosas cambiarían para ella y para su madre, que quizás las reverenciarían y las llamarían princesas, pero continuaron recibiendo el mismo trato: El de la mujer y la hija de Lord Kevan Ackerman, antiguo príncipe, y primo del rey.

Tampoco es que se quejara.

Creía que los títulos eran los de menos.

Lo importante era la estima de su familia paterna.

Independientemente de si la llamaban "Lady", o "princesa".

—Ya veo porqué tienes luz propia —Dice la reina— Y eso es porque las princesas son elegidas por los dioses.

»Ahora que sé la verdad, no puedo permitir que no se te trate con el respeto que mereces.

»Todos mis súbditos tendrán que reverenciarte.

»Hasta Eren —Agrega con morbosa satisfacción, aunque Mikasa está demasiado ida como para notar malicia en su talante.

Y con la inocencia de su edad, es posible que no sea capaz de imaginar que la misma mujer que le da tantas atenciones, en el fondo quisiera ser cruel con su amigo.

Cuando Dina le aclara a Zeke que Mikasa es hija de la princesa hizurense que había sido acogida por Mare, es cuando entiende porqué Grisha en su carta había dicho que Mikasa era una princesa.

Zeke había estado presente cuando Harumi había sido recibida en el palacio antes de ser despachada a trabajar a uno de los centros de crianza.

En honor a la verdad, Zeke no recuerda a la madre de Mikasa.

Han pasado tantos años que se ha olvidado de su rostro.

Solo recuerda que le causó una gran impresión por su piel blanca y su cabello negro.

A partir de entonces, además del trato especial que Mikasa había estado recibiendo, TODOS tenían que llamarla princesa.

TODOS…

Hasta Eren.

Eren ya sabía que Mikasa era una princesa –¡ella incluso le había mostrado la marca que la identificaba como una miembro de la realeza hizurense aunque sabía que estaba prohibidísimo!-, pero el niño, por su inocencia, no había alcanzado a comprender del todo la posición tan apabullante de su amiga, aparte de que ella le dijo que no tenía caso ni mencionarlo estando tan lejos de Hizuru, así que fue un tanto raro de pronto verse en la obligación de llamarla princesa, y hablarle con todo el respeto que cualquier miembro de la realeza esperaba.

—Majestad —Inicia Mikasa con timidez— El príncipe Zeke permite que Eren le hable sin respeto siempre y cuando sea dentro del palacio… yo le he permitido lo mismo.

Pero la reina se muestra inflexible.

—Por desgracia no puedo hacer nada por la estupidez de mi hijo porque ya es un adulto, pero a ti todavía puedo corregirte, y eres muy joven como para decidir algo así.

—Pero… —Inicia con timidez, aunque se detiene con una mirada torva que la reina le da.

Se queda callada porque la mirada le ha recordado a su abuela Kiyomi.

Seguro que ella también estaría de acuerdo con la reina de Mare.

Eren no podrá hablarle de manera irrespetuosa.

O al menos... No en público.

Zeke es consciente de los regaños que su madre ha dado a su hermanito como se ha atrevido a irrespetar a "su hija".

No está de acuerdo, pero por esta ocasión, siente que no puede hacer más.

—Solo estoy reclamando que Mikasa reciba el trato que se merece —Le dijo Dina— Y no me digas más, que si por mí fuera, el bastardo estaría hasta la otra punta del planeta.

Zeke –aunque ha amenazado con ello- en el fondo no quisiera derrocar a su madre, así que ante ese comentario, se ve obligado a ceder, aunque en el fondo no quiera hacerlo.

Pero claro…

Como Mikasa le ha dicho a Eren que en privado puede "irrespetarla", es normal que el niño se confunda y se le olvide que está en público, y en una ocasión de esas, Dina se acerca a zancadas.

—Majestad… —Inquiere Zeke— ¿Sucede algo?

Pregunta por mera cortesía, no alcanzó a escuchar lo que su hermano dijo, pero viendo a Dina tan airada, supone que Eren ha vuelto a "tutear" a Mikasa.

Y no le gusta que Dina lo regañe aunque tampoco interviene, pero si se ha acercado ahora, es porque Dina se ha movido con tal violencia que luce dispuesta a golpear a Eren.

Y eso sí que no lo va a permitir.

Zeke se da cuenta que su madre se ha molestado aún más con el hecho de que hubiera intervenido, pero antes de que pueda agregar algo más, Dina lo abofetea.

Claro que Zeke pudo haber esquivado el golpe, pero con lo iracunda que lucía su madre, seguro se habría puesto peor.

—Más te vale que corrijas a tu hermano, príncipe —Dice la reina con acidez en la voz— No querrás que te esté corrigiendo.

Zeke ha sido abofeteado por su madre delante de los consejeros, sus invitados, y demás sirvientes del palacio.

Por un segundo, el ruido de la bofetada los hace voltear a todos, y se paralizan al comprender lo que había pasado.

Hay un instante de inactividad y silencio.

Al segundo siguiente, la mayoría actúa como si no hubieran visto nada –los sirvientes siguen desempeñando su labor, y los consejeros siguen hablando como si no hubieran sido interrumpidos, aunque los niños son incapaces de reaccionar-.

Zeke, con pausada dignidad se acerca a donde se encuentran Eren y Mikasa.

—Príncipe, ¿gusta una granada? —Ofrece Mikasa, que a lo único que atina es a actuar como si no hubiera visto nada.

—No, gracias.

—¿Y eso por qué fue? —Pregunta Eren, y no se retracta ni aunque Mikasa le pellizque el brazo debajo de la mesa— ¿Te ha golpeado por mi error?

—Sí, Eren.

—¿Por qué…? —Pregunta Eren entre confundido e indignado, le parece una exageración recibir un golpe por tal error, pero le ha indignado que su hermano lo hubiera recibido por él— En todo caso debió golpearme a mí.

—No, Eren… Nadie puede ponerte la mano encima —Dice tajante— Ni siquiera la reina.

Su hermano se queda pensativo.

—Y al día siguiente de que llegué aquí —Inicia Eren— Cuando llegaste con la mejilla roja luego de hablar con la reina, ¿si era un zancudo…? ¿O también te golpeó?

Zeke se da cuenta de que aunque Eren parece preguntarlo, será lo suficientemente listo para leer una mentira, así que se rinde y le dice la verdad.

—La verdad me golpeó, también la hice enojar ese día.

La relación entre los hermanos sufre una grieta.

Eren se siente ofendido por el hecho de que su hermano le hubiera mentido.

Zeke se preocupa porque, si su hermano se pone así por una mentira casi inocente, no quiere pensar lo que pasará cuando le hable acerca de su origen ilegítimo.

Seguro estará dolido por todo el tiempo en que le ocultó la verdad, pero sigue pensando que es muy pequeño para saberlo.

¿Qué puede hacer?

Xaver suspira porque es inútil intentar convencerle de revelarle justo eso.

—Príncipe… si todavía no va a decirle esa verdad, lo único que le queda es no volver a mentirle en otros asuntos.

»Así cuando su hermano sepa la verdad, tendrá claro que en lo único que le mintió fue en eso.

Al día siguiente, Mikasa escucha que golpean la puerta de sus aposentos.

—Adelante.

Es Eren quien hace acto de presencia.

—Alteza… el señor Calvin me ha dicho que la reina requiere de su presencia.

—Eren —Musita Mikasa abochornada— No tienes que hablarme tan respetuosamente.

»No estamos en público.

—Ah, cierto —Bufa un poco irritado.

No con Mikasa, sino con su situación…

Su vida se ha vuelto complicada en tan poco tiempo.

Su hermano le miente, y ahora resulta que tiene que cuidar hasta la forma en la que le dirige la palabra a su única amiga.

Zeke está fuera del palacio haciendo encargos de la reina, y aun si estuviera allí, Eren ha estado un poco cortante con el príncipe.

Mikasa no quisiera dejarlo solo, pero no cree conveniente hacer esperar a su majestad.

—Te veré más tarde —Promete, como si supiera que la reina solo la requerirá por un rato.

Eren, mientras tanto está solo.

Luego de cabalgar su poni por un rato, de regreso se encuentra con su maestro y decide preguntarle por su amiga.

—¿Disculpe, señor Kruger…? ¿Sabe dónde se encuentra Mikasa? —Al segundo siguiente quiere patearse, no precisamente por irrespetar a su amiga delante del hombre que nunca le ha delatado con la reina por tutear a Mikasa, sino porque justo acaba de notar que no está solo.

Xaver está a su lado.

—No te asustes —Dice el adulto en tono conciliador— No voy a acusarte con la reina —Eren luce sorprendido ante esa declaración… De ninguna manera había esperado semejante piedad de ese hombre.

»Mi obligación, además de consejero, es de reducir el trabajo a los miembros de la realeza.

»La reina tiene cosas más importantes que hacer que regañar a un niño.

»Mas bien, me tomaré el atrevimiento de orientarte.

»¿Sabes por qué los miembros de la realeza, deben ser tratados con respeto?

—El señor Kruger me dijo que son elegidos por los dioses, y que son considerados semi-dioses.

—Pero tú no crees eso, ¿verdad? —La pregunta toma a Eren tan de sorpresa, que para cuando se da cuenta que se ha delatado, ya es tarde para retractarse.

Kruger lo está mirando de manera inquisitiva.

No enojado, sino como si se dijera "debí saberlo".

—Por eso no has podido tratar correctamente a los miembros de la realeza —Señala Xaver— Yo sí creo que son elegidos por los dioses, aunque no siempre fue así, pero si tú no quieres creerlo, no importarán los argumentos que te dé.

»Más bien te sugeriré que lo tomes a juego, y el juego se llamará: "no hagas enojar a la reina" —Eren lo mira con confusión así que el hombre decide explicarse— La princesa es tu amiga, y si tú no la ves como una princesa, igual debes tratarla así o estarás en problemas, después de todo son amigos, así que tratarla como princesa por juego no debería ser problema para ti.

Xaver le explica que, mientras él use su título, puede ser un poco irreverente sin problemas.

Le da ejemplos para evitar que la explicación sea contraproducente.

Eren luce convencido con la explicación.

—Y ya que estamos hablando, ¿todavía estás resentido con el príncipe Zeke por haberte mentido?

—¿Acaso Zeke le pidió que hablara conmigo?

—No —Dice el hombre haciendo caso omiso de la hostilidad en el niño— Es otro atrevimiento mío.

—Pues sí —Responde casi desafiante— Estoy molesto.

—¿Por qué? —Pregunta inquisitivo.

—Porque no confió en mí.

—¿Por qué crees que no confió en ti?

—Por qué me mintió.

—La gente no miente u oculta verdades por falta de confianza —Señala el adulto como si estuviera enseñándole las letras— Cualquiera se vuelve un mentiroso cuando tiene algo que ocultar.

—¿Por qué Zeke pensó que me lo tenía que ocultar? —Por respuesta recibe una pregunta que lo descoloca totalmente.

—¿Alguna vez tu madre de golpeó?

—¿A qué viene esa pregunta?

—Respóndeme y te explico —Eren se tarda varios segundos en responder.

—No quiero.

—¿Por qué no…? —Pregunta burlón— ¿Acaso no me tienes confianza…? ¿Crees que si no he ido a decirle a la reina que has irrespetado a la princesa Mikasa voy a ir corriendo a decirle que tú madre alguna vez te golpeó?

—No quiero decírselo porque me da vergüenza —Replica con los dientes trabados de rabia infantil.

—Pues eso mismo pasó con el príncipe… —Eren queda estupefacto porque no lo había pensado.

»La gente no miente por falta de confianza —Reitera Xaver— Miente, porque tiene algo que ocultar.

»Sí tu siendo un niño sientes vergüenza de hablar de eso, imagínate tu hermano que ya es un hombre… Y no cualquier hombre… Sino un príncipe, un guerrero, al nivel de un segundo gobernante, pero sigue teniendo una madre que le puede golpear.

»No importa la edad que uno tenga, a ningún hijo de Mare le gusta hacer alarde de haber recibido un golpe de su progenitora.

Eren termina entendiendo a su hermano.

Cuando Zeke regresa al palacio, Yelena le comenta que Mikasa fue requerida por la reina.

Decide acudir a los aposentos de su hermano, dispuesto a decirle "sé que estas molesto pero quería preguntarte si preferías comer conmigo que solo", pero para su sorpresa, se encuentra con Xaver que le comenta que ha hablado con Eren y ya no le tiene ningún rencor, además de que le dice que la reina requirió la presencia de su hermanito en el comedor de invitados.

—¿Estás seguro? —Inquiere sin podérsela creer.

—Al menos eso dijo la princesa Mikasa antes de llevárselo…

Zeke está sorprendido, pero supone que como su madre estima mucho a la niña, está decidida a hacer un esfuerzo por llevarse bien con su hermanito.

Quizás jamás le tenga aprecio –después de todo Eren es la prueba viviente de que su padre le había sido infiel-, pero mínimo intentaría tolerarlo, cosa que le hace muy feliz.


Continuará…


Cualquier cosa, me pueden preguntar en un review o en mensaje privado.


Notas…

Quise dejar el hecho de que en el canon Mikasa usa un vendaje en las muñecas para ocultar su marca de Hizuru, solo que aquí es su marca que la identifica como miembro de la realeza hizurense.

Yo la verdad jamás he tenido caballos y tuve que ver videos en youtube para documentarme un poco, a los caballos, recién a los tres años comienzan a ser cabalgados por una persona mientras recibe el entrenamiento ecuestre.

Cuando puse que Zeke imaginaba que Eren lo llamaba "Zee", o algo así, lo hice en referencia a que los niños pequeños no pueden hablar bien, así que ya será cosa de cómo cada lectora imagina en su mente al leer "Zeke" para acortarlo… Como ejemplo en la pronunciación original del anime, Zeke se pronuncia "Yip", así que Eren de bebé le habría dicho "Yii"… En la versión angloparlante Zeke suena como "Siig", así que Eren habría dicho "Sii".

"Los jardines del agua" en los libros de juegos de tronos son unos estanques donde los niños de todos los estratos sociales pueden entrar a nadar, cosa que decidí emplear aquí, aunque poniendo que a veces los niños van con adultos, y los llamé "Los jardines de agua".

En los libros de juegos de tronos en el reino de Dorne la gente aparentemente puede tener amantes sin que la colectividad les vea con malos ojos, y ya que Mare de cierto modo está inspirado en Dorne, decidí dejarlo aquí señalando que nadie se escandalizaría si Dina se hacía con un amante, aunque en su posición de reina sea humillante que su marido no le hubiera sido fiel…

El hecho de que las mujeres de Mare entre más estatus tienen, mas reveladoras son sus ropas, además de que reciben entrenamiento físico, lo saqué de las pelis de la Momia, y la Momia regresa… durante la escena de pelea entre Anck Su Namun Vs Nefertiri, las mujeres del público visten de manera no tan reveladora como Nefertiri o Ansk Su Namun se muestran posteriormente… Por eso se espera que las ropas de la Reina sean muy reveladoras. Sobre la cicatriz que Dina tiene, quise agregar un detalle que al menos a mí, me parece muy sensual.

El rey Enrique Octavo otorgó el título honorario de "La hermana del Rey" a una de su ex esposas, la cual debía ser tratada por el pueblo casi como si fuera de la realeza y era muy invitada a la corte… Decidí aplicar algo así con Dina nombrando a Mikasa la hija de la reina.

Sobre que las hijas de Mare son tan cabronas que nacen donde se les pega la gana, lo saqué de Chavela Vargas, una cantante que se decía mexicana, pero cuando alguien le recordó que nació en Puerto Rico, ella dijo textualmente: ¡Los Mexicanos nacemos donde nos da la rechingada gana!

Zeke está entrenado, y una persona entrenada puede intentar esquivar una bofetada –aunque Zeke no quiso hacerlo para no hacer rabiar aún más a su madre-, por eso señalé este hecho cuando Dina lo abofetea.

Todas las monarquías e imperios se mantuvieron en la creencia de que sus gobernantes fueron elegidos por los dioses, cosa que me he encargado de señalar como creencia colectiva.


Publicado el 10 de febrero de 2020.