Mil ideas cruzaban su mente mientras bajaba corriendo las escaleras del edificio de apartamentos en el que tenía su piso, pero ninguna llegaba a buen puerto.

-Mierda! -gruñó entrando en el bentley y saliendo a toda velocidad.

Cómo había podido pasar esto? Nada tenía sentido. No había percibido a ningún demonio en Londres y no era el estilo del cielo. Tendría algo que ver con la sensación de que les seguían? Pero de eso hacía meses, cómo pensar...

Golpeó el volante con furia.

-Tenemos a tu mascota.

Se le hizo un nudo en la garganta. Daba igual quién estuviese detrás de todo, lo único que importaba era Azirafel. Y se sorprendió pensando que eso era lo que realmente le había importado desde hacía más de 6.000 años, el bienestar de su ángel. Su meta era contentarlo, protegerlo, porque si Azirafel era feliz, él también. No sabía cómo, pero poco a poco se había convertido en el faro que le permitía llegar a buen puerto en medio de toda esa eternidad. Una constante en el paso del tiempo. Y finalmente había llegado a dar por hecho la presencia del ángel. Sus cenas, citas en el parque o reuniones en algún museo. Nunca se le pasó por la cabeza que esto pudiese desaparecer en algún momento... En este punto detuvo sus pensamientos. No quería llegar más allá. Apretó el volante con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

-Por favor, que estés bien Ángel. Tienes que estar bien...

En menos de 15 minutos estaba aparcando frente a la librería y saltando del coche casi en marcha. Corrió hasta la puerta de la librería, abriéndola con un chasquido de sus dedos.

El interior estaba a oscuras, a excepción del fuego de la chimenea de la trastienda, y en silencio, pero Crowley podía sentir la tensión y oler la sangre. Y la magia.

-Azirafel! -gritó nervioso dirigiéndose al fondo del local donde le golpeó el calor sofocante de la chimenea. Entonces oyó unos pasos bajar por la escalera desde el apartamento.

-Vaya, vaya, no esperaba que nuestro demonio fuese a tardar tan poco.

Crowley se volvió hacia la voz confundido. Un puto humano? Alzó la mano.

-Oh, yo que tú no lo haría -dijo divertido Samuel. -A no ser que quieras que tu diablillo lo pase mal.

-Crowley...

Crowley se volvió hacia la voz del ángel y casi se le cae el alma a los pies al verle. Junto a una librería vio a Azirafel. Apenas se tenía en pie, maniatado, con el torso desnudo lleno de moratones y cortes, y cubierto de sangre seca. Pero era la quemadura de su cuello lo que realmente le puso nervioso. Junto a él un hombre le sujetaba de una cadena y descansaba un cuchillo con símbolos contra sus costillas.

-Ángel! -exclamó Crowley lanzándose hacia su amigo.

-Eh, quietecito -dijo Samuel situándose entre ellos.

-Suéltalo ahora mismo! -gruñó el demonio con ira apretando los dientes. Pero no se movió del sitio. No se atrevió.

-Veo por tu mirada que has entendido la situación. -Crowley se detuvo y siguió los movimientos de Samuel con la mirada. Vio cómo se acercaba a la chimenea y movía un hierro con asa de madera que descansaba entre las llamas. Lo alzó, sonriendo. Crowley oyó como Azirafel sollozaba a su espalda. -Te propongo un trato muy sencillo...

-No le escuches Crowley! -gritó Azirafel y David le dio un puñetazo, abriéndole de nuevo el corte del labio.

Crowley gruñó de nuevo, amenazante y tuvo que reunir todas sus fuerzas para no saltar sobre él. Lo único que le detenía era el temor a no llegar a tiempo.

-Como vuelvas a tocarle te mato!

Samuel rió junto a él. -Veo que no me equivocaba. Un demonio que se preocupa por alguien más que él. Nunca lo hubiese dicho...

Crowley miró a Azirafel a los ojos. Él le devolvió la mirada, asustado.

-No tendrías que haber venido -le susurró. Un golpe en las costillas le hizo cerrar los ojos.

-Qué es lo que me propones? -preguntó Crowley rendido ,sin apartar la mirada del ángel. Azirafel negó con la cabeza.

-Crowley...

-Vamos a hacer lo siguiente -dijo Samuel poniéndose frente a él con el hierro al rojo. Se lo acercó al rostro y el demonio no pudo evitar retroceder ante el símbolo. -Vas a dejar que te marque con este hierro y entonces dejaré en paz a tu amigo.

No tardó ni medio segundo en asentir, enfatizando su afirmación quitándose la cazadora y dejándola caer en el suelo. Con movimientos seguros empezó a desabrochar los botones de su oscura camisa de seda y cuando llevaba la mitad la abrió dejando a la vista parte del pecho.

-No! -gritó Azirafel tirando hacia Crowley y viéndose detenido por la cadena. Esta vez no hubo golpe. David estaba demasiado interesado en el demonio y Samuel.

-Lo siento, Ángel -susurró Crowley.

Samuel sonrió de nuevo, y con un brusco movimiento pegó el hierro a la piel desnuda de Crowley. Un gesto de dolor cruzó el rostro del demonio y el olor a piel quemada inundó la sala, pero no emitió queja ninguna.

-Bueno, he de reconocer que no pensé que fueses a ponérmelo tan fácil -dijo Samuel lanzando el hierro al suelo. Parecía completamente eufórico. -Ahora de rodillas y las manos a la espalda. David, átalo! Tengo que subir a por algo...

Aprovechando que habían soltado la cadena Azirafel se lanzó hacía Crowley y se dejó caer de rodillas, enterrando el rostro en su cuello. Crowley cerró los ojos e inclinó la cabeza también hacia él, intentando hacer el mayor contacto.

-Por qué has venido? -sollozó Azirafel.

-No podía dejarte -dijo Crowley con la voz rota.

Durante unos instantes sólo estuvieron ellos, el contacto de su piel, el sonido de su respiración...

-Ya está bien de arrumacos -dijo David apretando con fuerza las correas de las muñecas de Crowley. A continuación pasó un collar de cuero en torno al cuello del demonio y unió éste con las ataduras de las muñecas, limitando al máximo sus movimientos.

Crowley ni se inmutó. Sólo mantuvo la vista fija en Azirafel. Lo importante era sacar al ángel de esta situación, pasase lo que pasase. Azirafel lloraba en silencio frente a él.

-Bien, veo que ya lo tenemos todo casi listo -oyó a Samuel a su espalda. Un escalofrío le recorrió la espalda y la mirada de terror que apareció en el rostro del ángel le puso alerta. Samuel volvió a aparecer en su campo visual, dejando sobre una de las mesas un barreño. Entonce empezó a tararear mientras vaciaba en él el líquido de una botella. Y Crowley comprendió.

-Agua bendita! -gimió sin poder evitar sonar aterrorizado. Miró a Azirafel, que en ese momento miraba hacia el suelo, con el ceño fruncido, como pensando algo. Entonces alzó el rostro y sus miradas se encontraron de nuevo. Y para sorpresa de Crowley el ángel se abalanzó sobre él y le besó.

La sorpresa inicial dio paso a movimientos más seguros. Crowley le devolvió con ansia el beso, jugando con fervor con su lengua. El beso le supo a hierro por el sabor de la sangre del ángel y salado por las lágrimas que caían por su rostro, pero debajo de todo estaba el sabor dulce y suave que sabía que tendría su ángel. Un fuerte golpe les detuvo y notó como separaban a Azirafel de él.

-Llévate a nuestro diablillo a su sitió -dijo Samuel.

-Dijiste que le dejarías en paz! -gritó Crowley abalanzándose hacia Azirafel. El ángel también se resistía mientras le arrastraban de las cadenas.

-Y eso hago, yo le voy a dejar -dijo Samuel pasando una correa por una bisagra del techo. -Pero no dije nada de que mi amigo le dejase en paz.

-Cabrón! -gruñó Crowley intentando atacar a Samuel. Pero un fuerte golpe en la sien le hizo caer medio inconsciente, oyendo entre el dolor y las luces blancas de detrás de sus ojos a Azirafel gritar su nombre.