Un relámpago iluminó la librería, seguido de un inmenso estruendo.

Azirafel se despertó sobresaltado, con un molesto nudo en la garganta que le impedía respirar bien. Por un momento el terror inundó cada una de las células de su cuerpo, sentimiento que había experimentado cada vez que había vuelto a la consciencia en esa última semana. Pero esta vez era diferente.

Tardó unos minutos en procesar el hecho de que no estaba atado y que el peso en su pecho no era el resultado de los golpes recibidos sino el peso de la cabeza de Crowley. Respiró aliviado, cerrando los ojos y empezó a acariciar inconscientemente el cabello de Crowley mientras repasaba los últimos acontecimientos, con el sonido de la lluvia de fondo. Cuando hubo puesto en orden sus ideas se levantó, dejando suavemente el cuerpo de su amigo entre las mantas. Intentando ignorar el dolor que recorría todo su cuerpo se fue moviendo por la librería hasta llegar al cuerpo inconsciente de Samuel y se agachó ante él un instante.

Cómo un humano podía haber causado tanto daño? Llevaba lo suficiente en la Tierra para saber que el mal inundaba el corazón de gran parte de la humanidad, pero hasta entonces no había sido consciente de el inmenso dolor que podía causar a otros semejantes.

-Todo ha acabado -se dijo para tranquilizarse, intentando olvidar, y con un movimiento de su mano hizo desaparecer el cuerpo (arriba también había desaparecido el de David). Los encontrarían a los dos cerca de un hospital en el que poder atender sus heridas y con una amnesia que abarcaría el último año.

A continuación se dirigió hacia Hastur y frunció el ceño. Esto era más complicado. Si le descorporaba a él o a Ligur sus almas volverían derechas al infierno y podrían contar lo sucedido. Descubrirían que Crowley y él eran amigos y nada evitaría que fuesen perseguidos hasta darles caza. Por otro lado eran demonios bastante poderosos y él estaba muy débil, por lo que un borrado de memoria no sería efectivo. Y la última opción...No se veía capaz de arrebatar una vida, independientemente de que se tratase de unos demonios. Finalmente decidió encerrarlos en el pequeño almacén que utilizaba de bodega y con un hechizo mantenerlos dormidos y aislados.

El reloj dio las 3 de la madrugada y oyó como Crowley se revolvía inquieto entre las mantas. El tiempo apremiaba y había dejado para el final lo que consumiría el total de la poca energía que había recuperado. Decidido se detuvo en el centro de la librería, extendió los brazos y las alas y se concentró. Su cuerpo empezó a emitir una tenue luz que se fue expandiendo y abarcando toda la librería. Durante unos instantes se produjo una especie de vacío que no dejaba entrar ni la luz ni los sonidos de la calle, como si estuviesen siendo envueltos en una enorme burbuja que les aislaba del exterior y de repente, tras una especie de mini explosión de luz, todo volvió a la normalidad.

-Azirafel...-susurró débilmente Crowley incorporándose un poco.

El ángel le sonrió, se dirigió hacia él y se tumbó de nuevo a su lado.

-Mi transformación de ayer no habrá pasado inadvertida al cielo -dijo acomodándose junto al demonio y cubriéndose con las mantas. -Acabo de proteger la librería de modo que ningún ser celestial pueda acceder a ella.

Crowley simplemente asintió agarrándose de nuevo a su cuerpo, escondiendo el rostro en su pecho.

-Ahora lo importante es que descansemos y nos recuperemos... -el ángel se detuvo al notar un temblor en el cuerpo de Crowley, seguido de un sollozo. -Querido, por qué estás llorando?

-Cuántos días has sufrido esto...solo... -apretó más fuerte su cuerpo al de su amigo, como teniendo miedo de que fuese a desaparecer. Las lágrimas caían por su rostro, mojando el pecho y el cuello del ángel. -Y todo por mí! Todo por mi culpa! Soy un maldito demonio, joder! Es lógico que la gente a la que quiero salga herida!

Azirafel sonrió con tristeza ante la última afirmación, sabiendo que el demonio no había sido consciente de sus palabras. Le abrazó con fuerza, acariciándole la espalda y besándole en la frente y el pelo.

-Oh, Crowley -le susurró con voz suave y calmada. -No digas eso! La culpa es únicamente de ellos. Ellos tomaron la decisión de llevar a cabo esos actos, no tú...

-Pero si yo no hubiese estado cerca tuya, si no fuésemos amigos...

-No se te ocurra continuar! -dijo enfadado Azirafel. Le alzó el rostro, para que le mirase a los ojos, pero el demonio seguía llorando y esquivando la mirada. -Siempre he podido contar con tu ayuda, siempre me has estado sacando de todos los problemas en los que me metía. Cómo no iba a estar yo para ti? Crees que tú vales menos que yo? Que no mereces tener una amistad? -le secó las lágrimas con el pulgar y Crowley cerró los ojos agradecido, descansado la mejilla en su mano. -Nunca pienses eso...que no te hagan creer que no te mereces cosas buenas...

Notó como Crowley sonreía en su palma y cómo su cuerpo se relajaba, agotado. Volvieron a tumbarse y poco a poco el demonio se quedó dormido en su regazo.

Azirafel lo observó mientras dormía y por primera vez en mucho tiempo dejó salir a flote unos pensamientos que siempre había esquivado. Sabía que amaba a este demonio, lo amaba con todo su ser. Paso a paso se había ido convirtiendo en la persona más importante de su vida y no podía imaginarse pasar la eternidad sin él, sin esperar verle, oírle...tocarle. Pero esta vez no había culpa, simple y llanamente aceptación. Y con ella sintió como un peso desaparecía de su pecho, algo que había estado ahí desde no sabía cuánto tiempo.

Con un suspiro y un poco más de paz interior cerró los ojos estrechando fuertemente a Crowley entre sus brazos.

Era pasado el medio día cuando el demonio abrió los ojos. Se notaba dolorido y entumecido, pero nada comparado con lo que había sufrido la noche anterior.

Recordando se destapó y se llevó las manos al costado, donde Hastur le había cortado con la daga en su forma de serpiente. Con el ceño fruncido vio que la herida, aunque abierta, se estaba curando con rapidez. Pasó los dedos por el resto de cortes y heridas, todos sanando. Pero el no tenía el poder de sanación, si no Azirafel...

-Ángel! -susurró girándose, buscando a su amigo. A su espalda, rodeándole protector con un brazo, dormía Azirafel. Crowley se apoyó en un codo, observándolo con cariño. Dormía con gesto despreocupado y la boca entreabierta. Las blancas alas les rodeaban desordenadamente y en extraña posición, pero también relajadas. Sus rizos aparecían despeinados, dándole un aspecto de querubín al que querer abrazar. Un impulso le llevó a acariciar su rostro, evitando el feo corte, y sus labios...

-Mmm, me haces cosquillas querido -dijo con voz somnolienta y sonriendo.

Crowley apartó bruscamente la mano y se sentó.

-Estás compartiendo el poder de sanación conmigo...

-Es una pregunta o un hecho?

Crowley respondió con un gruñido.

-Quieres un trago?

-Por Satán, sí. Creo que lo necesitamos.

Azirafel se levantó y se dirigió a la cocina, arrastrando las alas. Al pasar ante un espejo debió de darse cuenta de parte de su desnudez porque abrió un pequeño armarito y se puso una camisa de lino. Crowley sonrió al verle, y dio gracias de que por lo menos se dejase sin abrochar los últimos botones.

Desde la cocina le llegó la voz del ángel.

-Aunque quisiese no puedo sanarnos de golpe. No tengo tanta fuerza y bastante hemos llamado la atención anoche...

Salió con una botella de wisky y dos vasos, uno de los cuales le entregó a Crowley. A continuación se sentó a su lado, apoyando la espalda en el sofá.

-Con mi transformación han debido de saltar las alarmas ahí..."arriba» y lo que menos deseo es que también descubran que he sanado a un demonio -se encogió de hombros y se bebió el contenido del baso de golpe. -Nos he ido curando durante la noche. Más lento pero más seguro.

Crowley bebió sorbito a sorbito, sin decir nada.

-Me has salvado...

-Y tú a mí. Viniste a salvarme, como un príncipe azul...

-Ngk

Azirafel rió, su dulce y melodiosa risa.

-Bueno, como un príncipe oscuro. O como un temible dragón!

-Eres demasiado cursi, Ángel.

Azirafel se encogió de hombros. -Ya me conoces...

Bebieron otro rato en silencio.

-Ángel?

-Dime querido?

-Cómo conseguiste romper el hechizo que te aprisionaba? Magia, fuego y sangre, era imposible de romper...

-Oh, muy sencillo. Desde el principio fui consciente de que creían que era tu compañero y el que no hiciesen más que llamarme «Diablillo» me confirmó el hecho de que creían que también era un demonio. Y era una trampa para demonios, no para ángeles. Al principio me aprisionó también ya que en base somos lo mismo. Sólo tuve que concentrarme e ir manipulándola hasta que reconociese que yo no era un ángel caído.

-Ángel listo! -rió Crowley cogiendo a Azirafel entre sus brazos.

-Sí, pero si hubiese sido más rápido...-Azirafel sollozó un poco en su regazo.

-No Azirafel -gruñó Crowley alzándole de la barbilla. -Llegaste en el momento oportuno, ni más ni menos. Y lo importante es que ya ha pasado todo y que ambos estamos a salvo.

Azirafel le miró y le sonrió lastimeramente, agradecido mientras, aun queriendo evitarlo, unas lágrimas caían por su rostro. Entonces, en un gesto que sorprendió al ángel, Crowley las recogió con sus labios, en suaves besos, besando sus mejillas, sus ojos, sus labios...

Se separó rápidamente, avergonzado.

Azirafel también se sentó, se secó los ojos y empezó a jugar distraído con una de sus alas.

-Tienes las alas hechas un asco Ángel. Bueno, ambos estamos hechos un asco. -Se levantó torpemente, apoyándose en el sofá y cojeando un poco se plantó ante su amigo, alargando una mano. -Tienes bañera arriba, no?

-Sí, pero...

-Pero nada, vamos!

Y tirando de él le arrastró escaleras arriba.