Hola, perdonen la tardanza pero no había podido actualizar por ciertas razones, un familiar muy querido acaba de fallecer, espero y comprendan y me tengan paciencia.

También agradezco a quienes dejaron reviews y quienes se tomaron tiempo en leer este fic.

Bueno sin mas los dejo con el siguiente capitulo, espero y sea de su agrado, cuidense y besos.

Capítulo III

En Sounga, una castaña se encontraba muy ocupada en su oficina, sentada en su escritorio color cereza y en su cómoda silla revisando unos documentos muy importantes pero a la vez no tenían nada que ver con ninguna empresa Higurashi. Bueno solo tenía relación con una persona y su nombre estaba escrito en los papeles: Kagome Higurashi.

Su concentración se vio interrumpida cuando alguien irrumpió en su oficina.

- Y fuiste tú quien nos enseño que debemos llamar a la puerta antes de entrar – decía sarcásticamente.

- ¿Por qué no me dijiste que Kagome vendría?

- ¿Acaso te hubiese importado? – arqueo levemente sus delgadas cejas – No te dije nada por que ella me lo pidió. Ahora si me disculpas, tengo cosas que hacer – volvió su vista a los documentos que hace poco revisaba.

- Sin más no recuerdo, ayer terminaste con los pendientes – se apresuro al escritorio para tomar los papeles y revisarlos, pero la castaña fue más rápida y puso los documentos en uno de los cajones bajo llave.

- Si, tienes razón – hablo con molestias por el acto de su padre.

- ¿Qué pasa? ¿Acaso me ocultas algo? – dijo desconfiado y algo sarcástico.

- No padre no te oculto nada que tenga que ver con el negocio familiar – hablo molesta por la acusación de su padre, entrecerrando sus ojos y lo miro fijamente.

Setsuna se sentó en la silla frente al escritorio mirando los intensos ojos castaños de su hija quien lo miraba con gran intensidad, como si con eso pudiese hacerlo cambiar.

- Con respeto a Kagome – cambio repentinamente su conversación – Insisto, debiste avisarme.

- Si ella misma no lo hizo – deslizo su mano hacia su taza de café – El decirte sobre su regreso – aclaro – Fue por alguna razón – soltó un pequeño suspiro cerrando sus ojos – El cual ignoro el motivo, pero fue un favor que me pidió – masajeo sus parpados cansados y luego volvió su vista a su padre.

- Soy su padre – de claro – Y es mi responsabilidad – dijo fríamente - ¿Has visto su apariencia? Parece una ra…

- ¡Basta padre! – golpeo repentinamente el escritorio con sus manos – No permitiré que la ofendas así.

- ¿Qué la ofenda? – alzo su ceja izquierda – Ella me ofendió a mi hoy en la mañana. Se comporto de la manera más irrespetuosa con los Kagewaki – irritado se levanto – Desapareció por seis años Sango, seis años. No supimos nada de ella, no sabíamos si estaba bien o que fue de ella. Hasta el grado de darla por muerta – finalizo lo último en un susurro – Y ahora llega como si nada y entra a la casa como si nunca paso nada. No lo permitiré – miro hacia la ventana como si pensara en algo – De seguro solo viene porque necesita dinero y luego volverá a irse. Solo dios sabe en que está metida esa niña.

- ¡Te equivocas! – la castaña levanto su voz molesta – Kagome no es ninguna ramera y mucho menos nos sacara dinero. No juzgues a las personas por su apariencia y mucho menos si no la conoces – clavo su mirada en su café.

- Es mi hija, es obvio que la conozca.

- No padre, no la conoces. Ni siquiera tu mismo te conoces – declaro con fastidio.

Se tranquilizo un poco y tallo su sien en círculos con delicadeza, volvió a sacar los documentos de su escritorio y deslizo uno de ellos hasta su padre, se puso de pie y camino hacia la ventana recargándose en el marco de la misma.

- Todo este tiempo Kagome estuvo en los Estados Unidos de América, específicamente, Nueva York y estudio ahí – Pozo su vista al exterior, aun era muy temprano, no pasaban de las ocho – Una excelente alumna, con excelentes notas, las mejores en su escuela y en una muy buena escuela – volteo a verle, Setsuna sostenía el documento en sus manos revisando con cada de tañe cada letra escrito en el – Si no me crees, o crees que el documento es falso, entra en el sistema y revisa, yo ya lo hice y todo está en orden – Volvió a su escritorio y tomo su bolso y su maletín donde introdujo los demás – Y no te preocupes, no se quedara por mucho tiempo en la casa – Cerro los cajones de su escritorio con llave y camino hacia la puerta – Se irá muy pronto – dijo sin más saliendo de su oficina dejando a su padre solo.

En TaishoCorp, pasaban de las ocho treinta y las personas que entraban a trabajar pasaban por la puerta principal y los pasillos con sus cafés en las manos yendo de un lado a otro. En recepción las dos señoritas platicaban amenamente, cuchicheándose un par de cosas y en otras ocasiones coqueteando o con un semblante muy serio y "profesional".

Una chica de jeans grises un poco flojos, botas negras, una playera negra con el estampado de AC DC al frente de esta y una sudadera azul marino sujeta en su cadera; su cabello era largo y azabache sujeto a una coleta alta con un par de mechones a lado de cada oreja. Detuvo su andar llegando frente a las recepcionistas quienes solo la veían de arriba abajo o lo que alcanzaba a ver por el mostrador. Alzo una de su delgadas cejas y forzó sus labios en una sonrisa poco amistosa.

- ¿En que le puedo ayudar?

- Señor aquí están los archivos que me pidió – la joven castaña acomodo las carpetas en el escritorio.

Inutasho se encontraba dándole la espalda viendo hacia el gran ventanal y tomando su buena taza de café de la mañana. Se giro un poco, solo lo necesario para ver a la joven.

- ¿Aun no ha llegado? Koharu – dijo con algo de fastidio.

- No señor…

- En cuanto llegue hazla pasar, ya puedes retirarte.

Al salir la joven secretaria se encontró con una chica poco presentable a su parecer frente a su escritorio. La analizó de arriba abajo y arqueo su fina ceja.

- ¿En qué puedo ayudar? – dijo con un deje de superioridad.

- Todos aquí son iguale ¿cierto? – bufo sarcásticamente en un suspiro casi inaudible – Tengo cita… - la secretaria se le escapo una leve risita burlona que molesto a la azabache – Si, escucho bien, una cita – recalco molesta.

- Si claro – la ignoro un poco y comenzó a teclear en la computadora –Y… ¿a nombre de quién está la cita? – menciono irónica.

- Higurashi, Higurashi Kagome – declaro seriamente viéndola a los ojos con gran frialdad.

Y entonces, la sonrisa burlona de la castaña se esfumo en un segundo y fue remplazada por una de asombro. Estaba en shock, no podía articular palabra alguna y se levanto como resorte de su lugar e inclino con educación.

- Discúlpeme señorita Higurashi – dijo apenada – el señor Taisho la está esperando, puede pasar.

- Gracias – dijo cortante y se apresuro a entrar en la oficina.

Entro en la oficina poco iluminada, justo como le gustaba, pero… no se encontraba nadie o más bien no veía a nadie. Se aproximo al escritorio y entonces se dio cuenta de algo.

- Buenos días señorita Higurashi, llega algo tarde – se giro en su silla hasta quedar completamente frente a la chica.

Automáticamente alzo una de sus gruesas cejas examinando su presentación. La chica suspiro con pesadez y pensó – "Creo que… realmente todos se ponen de acuerdo" –

- Higurashi – exclamo expandiendo el expediente de la chica en el escritorio la vio con seriedad.

- Señor – y entonces guardo su compostura y respeto frente al peli plata y endureció sus facciones.

- ¡Ah maldito Sesshomaru! ¡Me las vas a pagar! – decía con dificultad por los constantes bostezos.

Entonces su celular sonó; contesto con algo de torpeza por el sueño que tenia, sus parpados le pesaban y apenas los abría, sin mencionar las bien marcadas ojeras que empezaban a formarse, su cabello lucia algo desarreglado y sus palabras salían casi con mucho esfuerzo. Se lo que sea, pero la persona del otro lado del teléfono le devolvió el brillo que lo anterior había hecho opacar. Al terminar la llamada salió de su oficina y ando con paso firme y veloz hasta la oficina de su hermano, en el cual al llegar irrumpió en ella sin preguntar ni tocar.

El ambarino mayor lo fulminaba fríamente con la mirada, pues se encontraba atendiendo asuntos de negocios por teléfono, el cual se excuso y puso la llamada en espera.

- ¿Qué rayos qui…

- Sólo paso a despedirme y a dejarte estos documentos – dijo triunfante – Tengo una cita con la almohada – le dedico una gran sonrisa burlona.

- No te he dado la autorización para irte – se levanto y avanzo hacia el chico.

- Tu no pero mi padre si – bufo – Y te quiere en su oficina – camino a la salida – Ahora – y desapareció tras cerrar la puerta tras de sí.

Al salir, Inuyasha entrego la agenda de su hermano a su secretaria encargándole que se la entregara a su padre. Bajo por el elevador hasta el estacionamiento subió a su auto y partió rumbo a su casa.

Mientras tanto Sesshomaru terminaba se llamada para luego dirigirse a la oficina de su padre.

Al salir lo primero que noto es que su secretaria no se encontraba en su escritorio, eso lo le molestaba aun más que su hermano. Entro en el elevador y subió al último piso donde se encontraba su padre.

- Bien Higurashi, solo limítese a hacer su trabajo y no tendrá problemas – dijo seriamente.

- Sí señor, no tendrá ningún problema con migo – cruzo sus piernas y se recargo en la silla tratando de relajarse un poco.

- Hablando de problemas – se aclaro un poco la garganta – Espero y tenga algo más apropiado para trabajar – examino de arriba abajo.

- Tengo ropa un poco más adecuada…

- ¿Poco?...

- Le aseguro que no son inapropiados.

- Eso espero – cerro sus ojos con resignación – "Oh de lo contrario habrá problemas" – Bueno eso no importa.

Las puertas de la oficina se abrieron en par en par dejando pasar a un hombre alto, joven y muy apuesto de cabellera plateada. El lugar se lleno de un profundo y largo silencio; ambos hombres se miraban a duelo, parecía ser una lucha intensa.

Sesshomaru camino hacia un pequeño muro y se sirvió un poco de whisky.

- ¿Por qué demonios retiras a Inuyasha como mi ayudante? – escupió molesto tomando su bebida.

Inutasho solo lo veía fijamente, había cometido un error en consentir demasiado a su hijo; cerro los ojos para tranquilizarse y prepararse para lo que pudiese ocurrir, conto hasta diez y volvió a abrirlos y ahí se encontraba él, tan serio, frío, orgulloso, déspota, egocéntrico…

- Porque su remplazo ya está aquí – dijo señalando una de las sillas las cuales por su respaldo no dejaban mucho a la vista del joven.

Sesshomaru simplemente vio a su padre con una ceja arqueada, dio tres paso hacia el escritorio y se detuvo en seco al ver un brazo estirase hacia el escritorio dejando en el una taza de café.

- Hijo, quiero presentarte a tu nueva asistente personal – dijo señalando a la chica que se encontraba sentada frente al escritorio – Ella es Higurashi Kagome.

Kagome se levanto de su asiento y se giro quedando frente al ambarino menor. Entonces ambas miradas se encontraron, se veían con gran intensidad. Y fue entonces que Sesshomaru recordó a la chica de anoche en la fiesta de Setsuna Higurashi… ¿Higurashi?

- ¿Higurashi? – cuestiono - ¿Acaso esto es una broma? ¿Es en serio? – dijo sarcástico.

- No Sesshomaru, no es ninguna broma – dijo con seriedad.

El rostro de Sesshomaru se tenso, su entrecejo se frunció y su mirada se intensifico más fría, volviendo su mirada hacia la azabache quien solo lo miraba a los ojos sin ninguna preocupación o emoción, era un duelo que ninguno de los dos daba su brazo a torcer. Pareciese que sus ojos chispeaban, el ambiente empezaba a tensarse incomodo, hasta que Koharu irrumpió en el lugar con varias cosas en brazos; un par de carpetas, una agenda electrónica en su funda de cuero negro, un par de llaves y credenciales de acceso.

Se situó a un lado del escritorio y sobre este coloco lo que traía consigo.

- Señorita Higurashi – llamo su atención – Estas son cosas que de las cuales debe ocuparse y otras que necesitara para acceder a la empresa – aclaro – Las carpetas amarillas son documentos que se encargara junto con mi hijo, las azules de las que te encargaras con Totosai – decía mientras la joven secretaria entregaba las carpetas – Y por último la agenda electrónica de mi hijo Sesshomaru – él nombrado simplemente lo fulmino con la mirada – Espero y hagas bien tu trabajo. Afuera te espera mi asistente Yura, quien te enseñara tu oficina.

- Así será señor – dijo decidida – Bueno hay mucho por qué hacer. Con permiso – tomo las cosas y acomodo unas carpetas debajo de su brazo derecho y las demás cosas las introdujo en su bolsillo – Bueno pues a trabajar. Muévete grandulón – bufo dando un par de palmadas en el brazo derecho de Sesshomaru al pasar por un lado de para después salir de ese lugar.

Al salir la azabache soltó un gran suspiro con pesadez, masajeo un poco su cuello con su mano libre y miro al frente. Frente a ella se encontraba una mujer de cabello corto obscuro, buen porte y muy bella.

- Soy la asistente del señor Inutasho, Yura Sakasagami – la examino de arriba a majo y una pequeña sonrisa se formo en la comisura de sus labios carmesí para luego extender su mano para saludar a la azabache.

- Un placer señorita Sakasagami – correspondió el gesto – Soy Kagome Higurashi…

- Solo dime Yura – guiño el ojo – Por favor sígueme, te mostrare tu oficina.

La azabache pestañeo un par de veces procesando lo que había pasado hace unos segundos, entonces al salir de sus pensamientos se dio cuenta que la joven Yura había avanzado un par de pasos para luego detenerse al ver que no la seguía, se giro para ver por qué no la seguía. Mientras tanto Kagome sacudió su cabeza un poco para volver a la realidad y comenzó a andar detrás de ella.

Bajaron al penúltimo piso donde se encontraba la oficina de Sesshomaru, la cual Yura le mostró después anduvieron un par de pasillos no muy retirado de ahí hasta llegar a su destino. Sakasagami abrió la oficina y dejo entrar a Kagome que lo primero que admiro fue el enorme ventanal y lo amplio y espacioso del lugar.

- Justo lo que necesitaba para mis bebes – dijo con jubilo

- Disculpa – dijo sorprendida – Pero no podemos traer a niños a este lugar… - una risa la interrumpió y la vio con extrañes.

- Descuida, no es lo que estas pensando – dijo sonriéndole – ¡Oh vaya! al menos hay un computador aquí. Qué bueno porque había olvidado la mía. No creí empezar desde hoy – decía mientras colocaba las cosas que tria condigo sobre el escritorio.

- Bueno, me tengo que retirar, pero si necesitas algo no dudes en decirme, o en todo caso pídeselo a la secretaria de joven Sesshomaru que también está para servirte – dijo sonriente – Coloque una hoja en los cajones con las líneas de la empresa para que te sea más fácil la comunicación – dijo señalando el escritorio – Pero si te surge algún problemilla yo te puedo ayudar – giño el ojo y se despidió.

- Esta mujer es algo… extraña – parpadeo un par de veces.

Agito su cabeza y encendió el computador, saco un pequeño celular desechable de sus ropas y marco un numero, mientras esperaba a que alguien de otro lado de la línea le contestara, empezó a andar en la computadora. Era tan ágil en el teclado que apenas y ella misma sabía lo que escribía y entonces los archivos que buscaba se descargaron mostrándole el contenido y a la vez contestaron a su llamada.

- ¿Diga?

- ¿Cuándo llegas? – dijo mientras examinaba el expediente.

- ¡Kagome! pero que modales, eres muy impaciente… Sobre eso... mañana a primera hora, ¿Crees que puedas pasar por mi?

- Mmmm… Pues ya que – dijo sarcástica.

- ¿Pasa algo? Te oyes muy seria…. bueno más de lo normal.

- No pasa nada solo investigo a alguien – calmo – Apenas llegues te llevare a tu trabajo. Entre más pronto te integres mejor – se apresuro a decir – Debo colgar, te veré mañana querido.

- De acuerdo, cuídate amor

Kagome termino la llamada y desecho el teléfono celular en el bote de basura, siguió su tarea en la computadora y encontró lo que buscaba. Abrió con sorpresa su enormes ojos chocolates y entreabrió un poco su boca por la impresión, un leve sonrojo apareció en sus mejillas y llevo una des su manos a su frente, se recargo en el respaldo de su silla y soltó un leve suspiro.

- Bueno, Sakasagami no es una mujer peligrosa ni sospechosa, pero… debó tener cuidado con ella… – musito – Si no quiero acabar en su cama – musito con un leve sonrojo.

A medio día en un restaurante de comida rápida, se encontraba Kagome comiendo una gran hamburguesa con doble queso y papas a la francesa y sobre la mesa había dejado su celular el cual lo veía muy fijamente, parecía estar algo desesperada o tenía mucha hambre por la forma en que comía, daba grandes bocanadas.

- Por dios Kagome, pero ¿Qué modales son esos? – decía con ironía la castaña que recién llegaba.

- Songo, ¿por qué tardaste tanto? – dijo la azabache con la boca llena de comida.

- ¡Kagome! ¿Quieres comer decentemente? por favor – dijo extendiendo una servilleta, la azabache solo asintió con la cabeza – Se me hizo un poco tarde, tuve que arreglar unos asuntos antes de venir. ¡Ah! y hable con nuestro padre. Tuve una discusión con él…

- Me lo imaginaba – interrumpió – Y también puedo imaginar de lo que discutieron. Fue a cerca de mi ¿Oh me equivoco? – Alzo un poco la cabeza y arqueo una de sus cejas.

- No – dando la razón – Dijo que solo venias con el interés de sacarle dinero y que parecías…

- Una ramera – termino la frase la azabache con algo de amargura mientras daba otro bocado a su comida – No te preocupes Sango, es normal viniendo de él – dio un gran suspiro antas de volver a dar otro gran bocado a su hamburguesa – Y dime hermana ¿qué noticias me tienes? – su mirada se poso en la de la castaña con impaciencia.

- Que impaciente eres – bufo – De acuerdo – suspiro – Bien, después de que me hablaste el viernes comencé a buscar y bueno te encontré uno más que perfecto – saco unos de su bolsa junto con un bolígrafo – Solo tienes que firmar estos documentos y el departamento será todo tuyo - sonrió levemente mientras le extendía los papeles – Y con respecto a tus cosas, unas llegaron ayer y las demás no tengo idea…

- Perfecto, no te preocupes, llegan mañana – interrumpió – Oye sango, ¿qué el edificio Victoria no es uno de los más costosos y elegantes? – menciono con intriga y cierto desconfianza.

- Bueno… - murmuro dudosa – Oye, que esas no son tus maletas.

- Si, no quiero estar ni un momento más en casa de mi padre… - menciono con cansancio – No me cambies el tema – reclamo.

Kagome la miro con duda, ¿Qué demonios tramaba? Dejo de lado eso y pidió la cuenta al mesero para después salir de aquel lugar y entrara a un establecimiento de comida China, donde pidió 3 paquetes para llevar.

- Kagome, ¿qué aras con tanta comida? – decía sorprendida por la cantidad de comida encargada – No me digas que…

- Lo que pasa es que no me llene con la comida de hace una rato y además – suspiro – Como en grandes cantidades – sonrío subiendo al carro después de comprar

- Pues eso no es normal – decía examinando el cuerpo de la azabache por el comentario antes hecho – Y no se nota – alzo su ceja – Por cierto… ¿A qué hora es tu entrevista de trabajo?

- Pues… fue a las ocho treinta en TaishoCorp…

- ¿Qué?... ¿TaishoCorp? – sorprendida por la declaración piso el freno y se detuvo en seco – Es que ¿acaso estás loca?... Son nuestros principales rivales, Kagome – exclamo mientras volvió a echar andar el auto – En ese caso ¿por qué no trabajas en la empresa familiar? – dijo confundida.

- Sango – suspiro pesadamente – Eso sería estar bajo el mandato de Setsuna… aparte que en cierta forma dependería de él y sabes muy bien que por eso mismo estoy haciendo esto – le miro de reojo y le dedico una pequeña pero sincera sonrisa – No te preocupes, se muy bien lo que hago.

Al día siguiente, Kagome esperaba con impaciencia fuera del Aeropuerto, caminaba de un lugar a otro hasta que un joven de cabellos castaños la tomo por la cintura y la cargo.

- Hola cariño, ¿me extrañaste? – dijo el joven sonriente.

- Eres un idiota apresúrate y pon tus cosas dentro del carro – dijo mientras se soltaba de su agarre y entraba en el carro.

- ¿De donde sacaste el carro?

- Mi hermana me lo presto por hoy, pero se lo tengo que regresar temprano así que apresúrate o se te ara tarde – regaño – ¿Y las cosas?

- Si amor, me fue bien en el viaje solo que estoy algo cansado – bromeo – las llevaran cerca de las siete treinta – respondió por la mirada molesta de la azabache.

El recorrido fue un poco largo por el trafico pero tranquilo, hablando de cosas de trabajo, hasta llegar a su destino, Shikon.

El joven bajos del automóvil y la azabache partió de inmediato, mientras este se adentraba al edificio, llego a recepción donde después de dar sus datos, le entregaron un gafete de identificación.

Una chica lo condujo hasta el elevador y subió junto con él al sexto piso. Ahí caminaron unos cuantos pasillos hasta llegar al destino del joven.

La joven secretaria Serina sonrió con amabilidad, pues el joven parecía ser amable.

Traía puesto unos pantalones beige, una camisa blanca de algodón, de manga larga con botones en los puños y un saco negro y zapatos negros.

- Puede pasar, la señora Izayoi lo espera – decía abriendo la puerta.

El joven entro en la oficina, y lo primero que vio fue a la hermosa Izayoi parada detrás de sus escritorio, el avanzo hasta ella y…

- Señora Taisho, igual de hermosa que siempre – alago extendiendo su mano para saludar a la mujer.

- Hola mi querido Jankotsu, es una gran alegría volverte a ver – dijo correspondiendo el gesto.

Continuara...