Hola una disculpa por la tardanza, no había tenido mucho tiempo por el trabajo. Y gracias por sus comentarios y su tiempo, aquí les dejo este capitulo, espero y sea de su agrado, cuídense besos. ;)

Capítulo IV

Una joven azabache corría frenéticamente por los pasillos de TaishoCorp, aunque por su largo vestido negro y un poco ajustado, le dificultaba un poco mover sus largas piernas, pero gracias a su agilidad y en cierto modo su calzado, lograba maniobrar su andar.

A cada esquina que llegaba, patinaba por la velocidad en la que iba, dándose pequeños tropiezos de vez en cuando y sin dejar atrás los constantes empujones que se daba con las personas al doblar cada esquina.

Diviso un elevador al final del pasillo que estaba siendo abordado por tres personas y acelero mas su paso seguido de un "detengan el elevador por favor". En ese instante un par de hombres salían cargando un mueble de una oficina y decidió improvisar; tomo un poco de vuelo y se deslizo por debajo del mueble que sostenían los hombres; y casi al entrar al elevador se paro tan rápido que tropezó ton su propio vestido y todas las personas cayendo al instante al suelo boca abajo.

- Penúltimo piso… por favor – menciono aun con su rostro contra el suelo.

Al salir de elevador, la azabache aliso un poco su vestido, acomodo su saco azul marino y por ultimo acomodo su maletín en su hombro; decidida avanzar una joven mujer de castaña clara y ondas en su pelo la interceptor.

- Kagome, solo dime Kagome, por favor Kasumi – dijo deteniendo su andar y dedicándole un sincera sonrisa.

- Como le decía seño… Kagome – corrigió – Llegas cinco minutos tarde, el señor Sesshomaru estará muy molesto – informo algo nerviosa – A él le molesta la impuntualidad. Espero tengas todo en orden para que no se molesta más…

- Kasumi – la tomo de los hombros y la detuvo – Hablas demasiado – dijo soltándola – Y si hay algo que las dos sabemos muy bien, es que a Sesshomaru Taisho todo le molesta – sonrió y entro a la oficina.

Kagome entro en la oficina sin llamar y camino hacia el escritorio de Sesshomaru donde este se encontraba revisando unas cuentas, pero ahora su vista estaba situada en una joven azabache sin ninguna clase de modales a su parecer.

La chica coloco su maletín sobre su escritorio y saco unos documentos y una carpeta negra, los coloco sobre lo que estaba revisando el ambarino y sonrió con ironía.

- Es el informe que me pidió que revisará, también los permisos de prueba del área cuatro, todo en orden… - coloco su dedo índice en su mentón mientras pensaba en algo – Oh sí, es verdad – Tomo un documento y lo hojeo – Sólo falta su garabato ahí – indicando el lugar que debía firmar – Ah cierto, y los planos e informes de las piezas de construcción… Eso si recomiendo que los cheque detenidamente ya que usted estas más familiarizado con este diseño – Kagome capto que el ambarino la veía seriamente con una ceja levemente arqueada - ¿Qué?...

- Tus modales no son los adecuados y tu atuendo, ese vestido te queda algo largo y no es adecuado – Termino apartando su vista de la azabache y centro su vista en los documentos recientes.

- Lo tomare como un cumplido – decía mientras sacaba la agenda – El vestido es de mi hermana – dijo revisando la agenda – Es por eso que me queda largo y un poco entallado de las caderas… - Su voz se corto en un susurro, abrió un poco más sus ojos y miro su reloj.

- "No está tan mal, excepción de sus pechos, son pequeños. A decir verdad, más bien parecen pectorales" – pensó el ambarino, pensando lo ultimo con algo de ironía.

- Diablos… ¿Termino con eso?... Ni siquiera los ha revisado, revíselo y fírmelo, después continúas con lo demás…

- ¡¿Qué demonios te pasa?! ¿Cuál es la prisa? – exclamo con fastidio.

- ¿Me pasa? ¿Qué me pasa? – respondió con nerviosismo y se puso aun más nerviosa al ver la cara tan seria, fría e insistente del ambarino – En treinta minutos tiene una entrevista para la revista BioTecnologic, así que… revise y firme eso y levante su horrendo trasero de esa silla o llegaremos tarde – finalizo con una sonrisa irónica

- Maldita sea… eres una irresponsable – dijo levantándose y pasando por un lado de la azabache.

- "A decir verdad, tiene un buen trasero " – sonrió con picardía mientras caminaba detrás de él – "Muy buen trasero – pensó por ultimo mientras lo a rebasaba y daba una palmada en el hombro de Sesshomaru – Muévete grandulón, a paso veloz.

Un joven albino se encontraba bajo varios monitores de vigilancia junto con otros cinco hombres quienes revisaban e indagaban cosas en las computadoras y programas de "alta seguridad". El albino se inclino un poco hacia atrás en su silla y subió sus pies en la mesa desordenada que tenia con documentos regados, unos cuantos aparatos electrónicos y algo de comida.

El lugar en el que estaba parecía ser una bodega; tenía una pared repleta de lo monitoreaba las cámaras de vigilancia, en el centro la mesa desordenada y hacia los lados y espacios sobrantes, hombres que manejando varias computadoras a la vez, parecían algo exhaustos, mientras el albino "descansaba".

Las puertas del lugar se abrieron exaltando a todos, en especial al albino quien por la brusca acción cayó hacia atrás con todo y silla.

U hombre de cabellera azabache fue quien entro y camino hacia el hombre que ya hacía en el suelo tratando de levantarse y lo fulmino con sus penetrantes ojos rojos.

- Naraku, es un milagro tenerte por acá…

- ¿Qué han encontrado? Hakudoshi – Pregunto impaciente.

- Nada aun, es como si se la hubiera tragado la tierra… Estamos busc…

Naraku lo tomo por el cuello y lo presionó con fuerza evitando por completo que pudiera respirar. Lo levanto un poco de suelo y lo coloco sobre la mesa sin dejar de estrangularlo.

- Escúchame muy bien pedazo de animal, no sé cómo se les paso desapercibida, pero quiero que la investigues – aflojo un poco su agarre al ver que se ponía morado – Quiero que revisen detenidamente todos los vídeos de vigilancia, todos, en especial de viaje y trasporte, cuentas, vuelos… todo – soltó a Hakudoshi y camino hacia la pared de monitoreo.

- ¿Qué…? – decía con dificultad mientras tosía y trataba de llenar sus pulmones - ¿De qué demonios estás hablando? – dijo confundido.

- Esta aquí – volteo a verle y por su expresión confundida que tenía el hombre, arqueo levemente su ceja – Kagome está aquí, animal. Llego la noche de la fiesta – camino hacia la puerta y antes de cerrar – No quiero errores esta vez.

Kagome se encontraba sentada esperando a que terminase la entrevista y para aprovechar el tiempo se puso al corriente con la estricta agenda de Sesshomaru; soltó una gran suspiro y meneo la cabeza la cabeza negativamente.

- Al parecer este hombre no tiene vida – exclamo sorprendida – Si me priva de la mía lo mato –decidida.

Saco de su maleta un pequeño bloc de notas de colores y escribió pequeños recordatorios mientras de vez en cuando revisaba su reloj el cual pasaban de las once.

Detuvo su labor al escuchar su celular; esta vez era un celular fijo y no uno desechable.

- Kagome Higurashi, diga.

- "Hola amorcito ¿Cómo estás? ¿Qué tal tu día de trabajo?

- Ah, frustrante – suspiro – Dime tu que lo conoces mejor – dejo en paz la agenda y se recargo en el sillón en el que esperaba y miro hacia el techo – Acaso este hombre ¿no tiene vida? – dijo con fastidio – Este hombre esta falta de sexo, por eso esta amargado… - no pudo continuar debido a las tremendas risas del otro lado del teléfono - ¿Jankotsu?

- "Hay cariño, si hay algo que le hace falta a Sesshomaru, créeme, no es el sexo" – dijo burlón – "Yo creo que el sexo le hace falta pero a otra personita".

- Te equivocas – dijo un poco molesta y avergonzada a la vez por su leve sonrojo en sus mejillas – Pues sea como sea es un pesado.

- "Pero con un buen trasero ¿no? – dijo con picardía – "interpretaré tu silencio. Por cierto, lo acabo de ver en el centro" – dijo serio – "Fui con la señora Izayoi a almorzar y lo vi pasar. Al parecer tenía algo de prisa e iba muy molesto, a no ser que así tenga la cara – menciono pensativo – "Aunque te seré sincero, esta como quiere"

- ¡Jankotsu! –reprimió – Veremos eso más tarde – suspiro desinteresada – Espero que llegues a casa más temprano que yo. Hable para ver si podían traer las cosas antes…

- "Estas de suerte nena, estaré antes de las en el departamento" – tranquilizo – "Al parecer alguien está impaciente por sus cosas…"

- Necesito mis cosa, al igual que tu o a menos que quieras dormir en el frio suelo – dijo con ironía – Te veré mas al rato debo irme… Oye podrías comprarme algo de…

- "¿Comida?" – adivino.

- Si, gracias – suspiro – Te veo más tarde…

La puerta de la sala se abrió dejando en descubierto a un joven ambarino quien veía con curiosidad a la joven azabache quien mara variaba con el celular, pues al exaltarse por el susto el aparato se le había resbalado de las manos y trataba de sostenerlo y que no cayera.

- Maldición, me asustaste – dijo con nerviosismo.

- Pues ¿qué hacías? – indiferente camino hacia la salida seguido de la azabache que a paso apresurado termino adelantándosele.

Sesshomaru la observo curioso y detenidamente de arriba abajo y antes de que la chica saliera esta se detuvo y tomo las notas que había hecho hasta que…

- Hola Sesshomaru – una voz seductora resonó en los oídos de Kagome.

- Kagura – musito Sesshomaru y a la vez lo pensó la azabache.

Kagome se quedo estática en su lugar dándoles la espalda a los dos; se debatía en volverse y salir de ahí. Se tensó un poco al escuchar los pasos de la mujer, pues se acercaba seductoramente hacia el peli plata.

- No llamaste…

- Conoces mis reglas – interrumpió cortante.

- Bueno ¿no crees que ya ha pasado algo de tiempo desde la última vez que nos vimos? se mordió el labio inferior y toco el perfecto torso del ambarino - ¿Qué te parece si comemos hoy? ¿cuatro treinta donde siempre?

- Me parece perfecto.

Entonces la azabache reacciono y reviso las notas, abrió con sorpresa sus ojos; ese hombre estaba asiendo planes para esa tarde a las cuatro treinta cuando ya tiene ocupada la tarde a la misma hora. Formo su mano derecha en forma de puño y se tranquilizo.

- "Este hombre es un irresponsable" – pensó irritada – "Ah pero eso sí, no se saldrá con la suya"

- Entonces te veré despu…

- Por supuesto que no – intervino la chica volteando a verlos – Tienes programado comer con el señor Sora, y no puedes cancelar – dijo fríamente.

La mujer de engrando sus ojos rojos con sorpresa, la miro detalladamente, entonces relajo su expresión y ahora su mirada se había posado en los ojos chocolates.

- No puede ser, esto sí que es una verdadera sorpresa – bufo – Kagome, ¿Higurashi Kagome por fin se ha decidido a salir de su escondite? – dijo sarcástica y llamando la atención de Sesshomaru – Y yo que creía que habías muerto…

- Pues sigo con vida, no deberías creer en los chismes – sonrió con malicia –

- Así que ¿ahora eres asistente de un Taisho? – dijo sarcástica – Acaso ¿harás lo mismo? querida Kagome…

- Cuatro treinta con el señor Sora Yamato en el restaurant "Centenario" – dio media vuelta hacia la puerta y antes de salir giro medio cuerpo y con su dedo índice señalo peligrosamente a Sesshomaru – No canceles.

Kagome salió con paso apresurado del lugar tomando un taxi y volviendo a la empresa y en el transcurso, Sesshomaru le había hablado para que cancelara, ahora su expresión volvía a ser una seria y fría.

Al llegar, tomo el ascensor y subió al último piso y al llegar fue directamente hacia el escritorio de la joven secretaria muy conocida.

- Buenos días señorita Higurashi, en ¿qué puedo ayudarle?

- Koharu ¿está el señor Inutaisho? – expreso cortante.

- S..si – tartamudeo sintiéndose intimidada por la azabache – Veré sí puede pasar – la castaña tomo el teléfono con nerviosismo, pues sentía un aura extraña en la chica – P..puede pasar, señorita…

Kagome entro rápidamente a la oficina encontrándose a Inutaisho sentado en un sillón amplio tomando un vaso de licor el cual dejo sobre la mesita al ver a la joven enfadada. La miro con serenidad, era como si estuviera esperando a la joven, la cual solo camino situándose a un lado de él.

- ¿Sabe? – menciono – Así no puedo trabajar – Se desplomo frustrada junto a Inutaisho en el sillón sin ninguna delicadeza – Lo siento – se disculpo por sus modales.

- ¿Qué necesitas? Cuestiono curioso pero a la vez sabiendo la respuesta.

- Si quiere que sea la niñera de su hijo, tendré que tener más libertad para poder contradecir a ese niño – hizo un pequeño mohín cruzándose de brazos – Y poder moverme con libertad.

- Entonces, eso te interesara – apunto a la mesita frente a ellos.

Kagome se estiro y tomo lo señalado, los empezó a hojear y le que leyó la impresiono, se levanto de golpe y camino de un lado a otro y se detuvo.

- ¿Está seguro? – volteo a verle incrédula.

- Si no te parece, rompo el contra…

- No, acepto – Dijo firmando inmediatamente.

- Entonces – metió su mano a las bolsas de sus pantaloncillos y saco una tarjeta junto unas llaves – Ocuparas esto – entrego los objetos y sonrió como si se tratase de un niño a punto de hacer alguna travesura.

- Tengo entendido que la reunión con el señor Sora es de suma importancia. Y Sesshomaru la quiere cancelar para irse con una "amiguita" a comer –informo – Si no puede ir donde acordó con el señor Sora por ir con la "amiguita" entonces… - coloco su dedo índice sobre su mentón pensando en algo - ¡Ah! ¡muy bien! – exclamo teniendo una idea – Se enojara mucho pero no me importa. nos vemos señor Inutasho y muchas gracias – dijo cantando mientras salía.

Kagome bajo hasta el taller donde se supone que también trabajaría junto con otra persona mayor; al llegar ve por las paredes de vidrio reforzado, hombres trabajando hábilmente con aparatos tecnológicos hasta que diviso a alguien conocido. Se coloco frente a la puerta e introdujo el código de acceso.

- ¡Totosai!- grito la azabache captando la atención de todos en especial al mencionado.

- ¿Kagome? – parpadeo un par de veces - ¿Pero qué haces tú aquí?...

- Mesa para dos – menciono cortante el ambarino.

- ¿Sesshomaru Taisho – pregunto el recepcionista del restaurante – Sígame por favor, los llevare a su mesa.

Sesshomaru lo siguió con duda, puesto a que él nunca había hecho ninguna reservación. Caminaron por el restaurant siguiendo al hombre que los condujo hacia un lugar más privado, pero al llegar a su mesa se sorprendió al ver a tres personas más en "su mesa", en especial a una azabache con una amplia sonrisa de lado a lado de burla y triunfo mientras los observaba.

- Llega justo a tiempo para ordenar joven Taisho – hablo el hombre mayor con un deje de fastidio.

Los presentes saludaron a los recién llegados para después tomar asiento, sin embargo el ojidorados no apartaba su fría mirada de la Higurashi quien se encontraba sentada frente a él.

- "sólo hago mi trabajo" – Murmuro haciendo que este leyera sus labios al adivinar lo que podría estar pensando el ambarino.

La comida transcurrió normalmente, bueno, a excepción de las constantes miradas asesinas de Sesshomaru hacia la azabache quien se hacia la desentendida, y por si fuera poco, la frustración de Kagura en el trascurso de la tarde no ayudaba mucho al joven Taisho.

Al parecer no solo su cita se había arruinado, sino que Kagura termino por irse a media comida y sin haber obtenido lo que quería.

Al finalizar, sólo Kagome y Sesshomaru estaban solos en la mesa; Kagome tenía en su rostro una amplia sonrisa de triunfo mientras que Sesshomaru la asesinaba con la mirada hasta que decidió levantarse, pero antes de marcharse.

- Esta despedida señorita Higurashi… - No pudo continuar puesto que la joven se había puesto frente a él aun con su sonrisa en su rostro.

- Bueno, con su per-mi-so – y se retiro sin más con su enorme sonrisa en el rostro.

Miroku e Inuyasha entraron en la oficina de Izayoi, que como de costumbre discutían por cosas sin importancia. Ambos saludaron a la hermosa mujer frente a ellos, la cual los recibió con un enorme abrazo.

- ¿Y bien? ¿Todo en orden? – cuestiono la mujer.

- Si ya salió en cargamento con el producto – dijo mientras frotaba su cuello – Directo a América.

- ¿Cansado? – inquirió la mujer.

- No es eso, al parecer dormí mal o eso creo…

- Puedo darte un masaje para quitarte la tención – hablo quien había sido ignorado hasta el momento –Si quieres.

Ahí se encontraba el castaño sentado en la pequeña sala observando a los presentes. Se dibujo una amplia sonrisa en su rostro y camino hasta los presentes; saludo primero al ojiazul y después al peliplata.

-¿Qué haces aquí?

- ¡Oh gracias! yo también te extrañe mucho cariño.

Todos se quedaron en la oficina un buen rato platicando amenamente y a la vez trabajando. Jankotsu reviso su reloj y se sorprendió por la hora que era, se le había hecho tarde, faltaban cinco para las cinco. Empezó a caminar a prisa de un lado a otro preparando sus cosas y dejando todo en orden para Izayoi.

- Ya es tarde, ya es tarde – musito entre dientes – Me va a matar – Se despidió de Izayoi con un beso en la mejilla.

- Si quieres te llevamos, al fin y acabo nosotros ya nos desocupamos – hablo Miroku.

- Vamos, yo no iré con mi padre hoy – dijo de acuerdo abriendo la puerta.

- ¡Oh! ¡Inuyasha! eres un amor – al salir le dio una tremenda nalgada al pasar junto a él – ¡Dios! ¡a estos hombres los hicieron con ganas! – dijo con voz fogosa.

Inuyasha se quedo estático aun en la puerta, volteo a ver a su madre quien se encontraba sonrojada y riendo a la vez. En cambio Miroku salió siguiendo al castaño y burlándose del peliplata quien marchaba aun petrificado.

Una joven castaña revisaba detenidamente unos bocetos en un proyector; no muy convencida de lo que veía cambio al siguiente que lo miro pensativamente para luego hacer un apunte en su libreta.

De repente la puerta del lugar se abrió dejando a la vista a una azabache algo agitada. Camino hacia donde se encontraba la castaña y tomo una silla en la cual se desplomo en ella; tomo uno de los bocetos y empezó a verlos uno por uno.

- "Si buenas tardes hermanita ¿cómo estás?" Ah muy bien ¿Y tú? ¿Qué tal te fue en tu trabajo? – dialogo entre sí sarcásticamente y con una mirada reprobatoria para la joven.

- Mmm… pues regular no creas – ignoro – Oye, a esto le hace falta un poco de vida – tomo una hoja en blanco y empezó a trazar.

- ¡Oye!, donde demonios quedaron tus modales – reprimió.

- En la casa – dijo sin voltear.

- ¿Qué no deberías estar en el trabajo?

- Ya salí – expreso cortante - ¡Oye! ¡recuerdas ese objeto con el que te levantaba en el campamento de verano cundo éramos niñas? ¿Aun lo tienes?

- Y como olvidarlo – dijo mirándola asesinamente – Si… para mi desgracia, ¿Por qué? – intrigada.

- ¿Podrías prestármelo?- sonrió emocionada.

- ¿Para qué?... ¿Sabes qué? no, no me digas, no quiero saber – menciono fastidiada y algo nerviosa – Solo permíteme terminar con esto ¿si?

- ¡Bien! perfecto – se levanto y le dio las hojas que había tomado.

- ¿Pero qué... – sorprendida.

Sango veía con asombro lo que su hermana le había entregado; eran los bocetos que estaba viendo, solo que algunas cosas habían cambiado. Si bien sabía que su hermana Kagome se le daba el dibujar y que era poseedora de una gran imaginación. Volteo a verla quien se encontraba recargada en la pared de atrás de ella.

- "De nada" – dijo sonriente.

- Son buenos, son muy buenos pero… no puedo presentarlos, no es correcto – la azabache solo volteo los ojos en blanco a tal respuesta.

- Bueno, como quieras – se encogió de hombros indiferente y tomo su celular - ¿Y para quienes son esos diseños?

- De los Kagewaki.

Kagome, quien se encontraba escribiendo un mensaje, se detuvo en seco quedándose completamente inmóvil, Sango seguía hablando pero la azabache seguía inmóvil con su vista en el suelo y su largo flequillo cubriéndole la mitad de su rostro. De pronto el asunto se volvió tan importante para ella que nuevamente presto atención a su hermana.

- ¿Ellos te buscaron o tú buscaste una oportunidad? – menciono aun con su vista en el suelo.

- Ellos me buscaron – declaro - ¿Por qué? – dijo curiosa.

- Por nada – se incorporo y camino a la salida – Te espero en el auto

Jankotsu bajaba a toda prisa del automóvil topándose con unos hombres de overoles grises que llevaban impresos en sus ropas el nombre de la compañía de mudanzas. Se acerco a ellos y les dio una hoja.

- Iré a abrir, llévelos al antepenúltimo piso, el departamento 3L por favor –salió disparado al ascensor hasta llegar a su piso y abriendo su departamento - ¡Wou! a Kagome si que le gusta lo bueno – sorprendido hecho un vistazo – Podría acostumbrarme a esto – exclamo contento.

- Señor ¿Dónde dejamos las cosas? – decía un trabajador con un par de cajas de ahí.

- ¡Oh! a ver – dijo mirando a todos lados – Por allá – dijo apuntando el lugar más amplio - ¡Y!, se me olvido la comida de Kagome – asustado – Me va a matar.

Pasadas de las seis, Kagome bajaba del auto de su hermana unas cuadras antes de su departamento, pero no sin antes agradecerle. Kagome había insistido que la dejase a unas solas cuadras antes de donde vivía, por qué Sango no puedo objetar.

Lo que la azabache quería era tomar un poco de aire fresco y estirar sus piernas en un paseo, más bien quería despejar un poco su mente, tanto pensar le estaba doliendo la cabeza, la cual llevaba una de sus manos directo a su sien para masajear el lugar suavemente.

No paso mucho cuando llevo su mano a su estomago quien reclamaba por alimento.

Iba a seguir su camino su camino pero un auto que pasaba por allí se había detenido echándose de reversa y tocado el claxon. Kagome tomo su maletín con fuerza para prepararse a correr, pero al darse cuenta de quién era se detuvo y lo miro algo confundida.

- ¡Oye! sube al auto – hablo un peliplata.

Kagome alzo una de sus cejas con incredulidad, "esto debía ser una broma, ¿verdad?". La joven le dio la espalda, todo lo que quería hacer era llegar a su departamento y descansar.

- ¡Amor, sube al auto! ¡iremos por unas copas y algo de comer! – decía un castaño asomándose con dificultad por la ventana del piloto.

- ¿Jankotsu? – sorprendida volteo a verle – Gracias pero estoy cansada, vayan ustedes. Comeré en casa…

- Es que… pues… te recomiendo que subas al auto – dijo nervioso, Kagome simplemente lo veía frunciendo el seño – Es que no hay nada de comer en la casa – soltó – Disculpa, pero se me izo algo tarde.

Kagome simplemente lo asesinaba con la mirada, él nunca cumplía por completo sus deberes, y era ella quien terminaba lo que este dejara pendiente.

- No se ustedes pero yo tengo hambre – hablo el peli plata - ¿Qué les parece si pasamos por algo de ramen?...

-Muy bien, vamos – dijo interrumpiendo y subiendo al auto – muévete a un lado – apuro.

Llegaron a un establecimiento de ramen y ordenaron para llevar ya que todos optaron por comer en el departamento del ambarino; él cual al llegar fue directo a la sala donde se planto a comer seguido de la azabache quien se situó al lado de él. Los dos parecían estar en sincronización por la forma en que comían. Miroku y Jankotsu quienes veían la escena con asombro se sintieron un extraño escalofríos recorrerles la espalda.

- Oigan ¿no creen que están comiendo muy aprisa? – cuestiono Miroku.

- ¿Eh? ¿Por qué? – contestaron los dos a la vez.

- Esto es aterrador – murmuro Jankotsu – Por nada – respondió sonriendo con nerviosismos.

Después de comer bebieron un poco pero fue suficiente para que empezara a sufrir efecto en ellos, en especial en Kagome quien reia constantemente.

- ¿Qué es tan gracioso? – pregunto Inuyasha.

- El rostro de tu hermano con desesperación – dijo sonriente – Ansío por verlo.

- Si creer que eso es gracioso, espera a ver una foto de él.

Inuyasha se levanto y entro en su habitación y al poco rato salió con algo en la mano extendiéndosela a la azabache que de un momento a otro se encontraba revolcándose de la risa.

- ¡Dios… esto es mortal! – dijo entre risas.

Jankotsu dio un vistazo para luego terminar como la azabache.

- Inuyasha, no me digas que les enseñaste esa foto – bufo.

- Jaja si ¿por qué? Además no es algo que vez a menudo y menos de Sesshomaru con colitas.

Exactamente, lo que mostraba la foto era a un Sesshomaru demasiado molesto a los nueve años y con dos colitas sobre su cabeza, eso era lo que tenia así a Kagome.

- Por cierto ¿De dónde conoces al odioso de mi hermano? – cuestiono al captar ese pequeño detalle.

- De… la oficina – Decía tratando de parar de reír.

- ¿Qué cosa?

- Kagome es la nueva asistente de tu hermano, querido Inuyasha –Se levanto y se sentó aun lado de la joven – Ella es quien te remplazo, deberías de agradecerle.

- ¿Es eso cierto? – ambos hombres la miraron asombrados.

- Sí, pero esta tarde me acaba de despedir – dijo con ironía recuperando el aliento y tomando un trago.

Inuyasha se petrifico ante tal declaración, "¿Cómo diablos podía decir una cosa así como si nada?". Miroku volteo a ver al joven ambarino con preocupación sabiendo a lo que ocasionaba ese problema.

- ¿Y lo dices así como si nada? ¿Sabes lo que eso representa para mí? – la azabache solo lo vio con desinterés.

La azabache le resto importancia y se incorporo y fue por otro tazón de ramen a la cocina, lo coloco en el microondas para recalentarlo. Inuyasha reviso su celular, el cual al verlo abrió los ojos con sorpresa al ver todas las llamadas perdidas que tenia, todas de su hermano Sesshomaru.

Iba a regresar la llamada cuando el timbre de su departamento sonó, e igual su celular empezó a vibrar mientras caminaba a abrir la puerta atendió su celular.

- ¿Diga? contesto y abrió la puerta

- Te he estado llamando durante horas – contesto un ambarino enojado parado en la puerta con el celular.

- ¡Sesshomaru! – dijo sorprendido - ¿Qué haces aquí?

Sesshomaru paso por un lado de Inuyasha entrando al departamento y al momento de entrar en la sala se topo con unos ojos chocolates muy despreocupados. Jankotsu y Miroku voltearon a verle sorprendidos, mientras la chica retomaba su atención en su sopa y el solo desviaba su mirada hacia el otro par, ya que uno de ellos no dejaba de agitar su mano para que le prestara atención. Jankotsu casi saltaba en su lugar, es que acaso ¿no había notado que era él?

- ¿Qué es lo que quieres Jankotsu? – dijo cortante.

- Hay cariño eres muy grosero – haciendo un mohín – Veo que no has cambiado en nada grandulón – coloco su mano en el hombro izquierdo de este - ¿Qué no saludaras a tu viejo amigo?

Extendió sus brazos a los lados para recibir un abrazo por parte del ambarino, pero este simplemente se dio la vuelta dejando a Jankotsu en su actual posición sin moverse, entrego unos documentos al joven peli plata y se dirigió a la salida.

- Mañana a primera hora – dijo sin más saliendo del lugar.

Inuyasha se incorporo junto los demás y se sentó en el sillón más chico y terminó su bebida. Kagome quien había terminado, se levanto tomando sus cosas y situándose frente al ambarino inclinándose un poco hacia él peli plata y este pudo percatarse del leve sonrojo en el rostro de la joven.

- No te preocupes, tú has tu trabajo y déjame hacer el mío – sonio guiñándole el ojo- No hagas caso a lo que te diga Sesshomaru. Relájate, descansa un poco ¿Sale? – le dio beso en la frente y se incorporo – Nos vemos luego y ¡gracias por la comida! – cruzo la puerta de la sala dando vuelta a la izquierda en dirección a la salida – ¡Vamos Jankotsu, date prisa!

- Lo siento ya esta ebria- susurro – ¡Ya voy cariño!

A la mañana siguiente, eran pasadas de las cinco de la mañana; Sesshomaru seguía descansando plácidamente en su enorme y cómoda cama, cubierto con suaves sabanas grises de algodón, se removió solo un poco esparciendo sus largos cabellos en las almohadas. De pronto sintió algo extraño, sintió hundirse un poco la cama, más sin embargo no le dio importancia puesto que podría haber sido su gata Kuroro, así que volvió a dormir.

Pero su sueño se vio interrumpido por un estruendoso y horripilante ruido que llego a lastimar un poco sus oídos. Sesshomaru se levanto de golpe tan rápido que no pudo equilibrarse y cayó de la cama.

- ¡Muy bien a levantarse¡ ¡hey! ¡Se acabo el largo sueño de la bella durmiente! – decía una chica azabache arriba de cama con un claxon de aire aislado.

- ¿Pero qué demonios? – dijo el peli plata al incorporarse.

- Dúchate y arréglate, hoy será una largo día – dijo sonriendo con sarcasmo.

- ¿Qué haces tú aquí? – se puso de pie dejando a la vista su perfecto torso.

Mi trabajo y ¿tú? - la azabache dio un salto bajándose de la cama y saliendo de la habitación con un leve sonrojo sobre sus mejillas.

Continuara...