Hola mi más sinceras disculpas por la tardanza, el trabajo me quita mucho tiempo. Quiero agradece a todos por sus comentarios y su tiempo, sin mas aquí les dejo este capitulo, espero y sea de su agrado, cuídense besos. ;)
Capítulo V
Sus húmedos cabellos platinados se esparcían adhiriéndose a su piel mientras que esta se erizaba por la frialdad del agua. Sin duda seria un día muy estresante; salió de la ducha y seco lo más posible su largo, sedoso y hermosa cabellera, ocupando en su labor dos toallas y el secador.
Kagome quien se encontraba esperando sentada en la cocina recargada el pretil viendo el reloj en su celular, no dejaba de dar pequeños suspiros de cansancio y por si fuera poco, la pequeña pero presente resaca no ayudaba en nada.
- Demonios, este hombre en verdad que tarda – suspiro - ¿Pues que tanto se lava? – volvió a suspirar – Y luego dicen que las mujeres son las que se tardan más – apoyo su cabeza en el pretil – Hm… tal vez sea porque se está afeitando las piernas – menciono lanzando una leve risa.
- Se supone que estabas despedida, ¿qué haces aquí? – dijo ingresando al lugar.
- Hasta que terminas – se levanto y dejo un plato con fruta, un vaso de leche y una taza de café – Come y no respingues.
EL ambarino tomo asiento frente al desayuno preparado, pero sin intención alguna de tomar bocado, simplemente veía a la azabache quien se veía algo impaciente, golpeaba lentamente la mesa con la yema de sus dedos. Kagome le volteo a ver de reojo para toparse con una mirada fría y penetrante que no dejaba de verla.
- Te hice una pregu…
- Nada de charlas, hoy será un día ajetreado así que apresúrate – interrumpió dándole de comer repentinamente llenándole la boca con una gran cantidad de comida casi atragantándolo.
- ¡Basta!... – tosió un poco por la cantidad de comida - ¿Qué carajos te pasa? ¿Acaso intentas matarme?
- No estaría mal dijo irónicamente pensando – Pero, no estoy tan loca como para pasar el resto de mi vida en prisión por matarte – sonrió con burla.
- Te despedí ¿Qué demonios haces aquí?
Entonces el rostro de la chica se ensombreció, sus ojos chocaron con los fríos dorados de Sesshomaru entrando en un duelo entre ambos, duelo que parecía inacabable.
La azabache se puso de pie colocando su mano derecha sobre la mesa y se inclino un poco hacia Sesshomaru.
-Puedes despedirme cuantas veces quieras, pero jamás tendrás poder alguno, o al menos en mi – introdujo su mano izquierda en su bolsillo y saco una hoja doblada – Esta por escrito – menciono irónica desdoblándolo casi en la cara del peli plata – Sólo tu padre puede despedirte – se incorporo y tomo sus cosas – y si ya terminaste, ¿te importaría apurarte?... gracias – sonrió y salió del lugar dejando al ambarino en la cocina.
Al llegar a la oficina, Sesshomaru fue directo con su padre, debía discutir ciertas cosas con él, como por ejemplo: su asistente Higurashi.
Mientras tanto una azabache acomodaba su nueva oficina. Dos hombres tocaron a la puerta y cuando ella los vio sus ojos resplandecían, por lo que no lo pensó dos veces y se fue hacia ellos recibiendo las cajas que traían consigo los hombres.
- Esas son las ultimas señorita Higurashi – dijo uno de ellos un poco sorprendido por la actitud de la chica.
- De acuerdo muchas gracias – sonrió y dio algo de propina.
Cerró la puerta tras de sí y luego miro el reloj colgado en la pared, tenía tiempo para medio ordenar, le bastaba con una hora.
Puso algo de música y manos a la obra en su labor, pero por cada cosa que sacaba de las cajas, sus ojos destellaban y daba pequeños besos a los objetos y los estrujaba un poco entre sus brazos.
El tiempo transcurrió rápidamente si que la azabache se diera cuenta, había avanzado bastante, pero por la música y la distracción de la chica, no se percató del tiempo trascurrido y de que el teléfono no dejaba de sonar.
Kagome se recargo en el escritorio mientras se colocaba al parecer un reloj algo extraño en su muñeca derecha.
- Bueno pues a ver qué tal – suspiro y presiono un botón – Parece que nada… - luces holográficas iluminaron el lugar – Hm aun hay que configurarlo… creo… - camino hacia una de las computadoras que se encontraba en el segundo escritorio que se encontraba sujeto en la pared y tecleo u n par de veces – Con esto bastara… creo… - volvió al escritorio principal por la parte de enfrente y se recargo en el - ¿Leo?
- ¡Higurashi! – Se escucho del otro lado de la puerta que comenzó a abrirse.
Kagome corrió como pudo detrás de su escritorio tropezándose a la hora de apagar el programa.
Un ambarino de frio mirar ingreso por la puerta con un semblante serio que lo remplazo por uno de impresión casi inexpresable; había jurado ver unas extrañas luces al abrir la puerta. Ahora todo lo que veía es una oficina con varios aparatos, computadoras, archiveros y una luz sombría que hacía ver el lugar muy misterioso, entonces recordó algo.
-¡Higurashi! – Exclamo - ¿Dónde estás? ¡Higu…
- Aquí estoy, ¡presente señor! –asomo una mano por detrás del escritorio.
Sesshomaru camino hacia el escritorio y se asomo por detrás de este encontrando a la joven azabache tirada tratándose de poner de pie.
- Acaso ¿has tomado otro vestido igual del armario de tu hermana? – enarco una de sus cejas – Imagino que debe de tener varios ejemplares – dijo mientras miraba de arriba abajo a la chica – No cabe duda que necesita un guardarropa nuevo.
- De hecho, es el mismo vestido de ayer – sonrió con ironía – Ahora no me vendría mal algo de ayuda – menciono sarcástica extendiéndole la mano para que la ayudase.
El platinado solo arqueo nuevamente su ceja y dio media vuelta caminando hacia la salida.
- Oh, claro – aun con la mano extendida – Muchas gracias – dijo apoyándose en el escritorio y levantándose.
- Date prisa te espero en el estacionamiento – dijo cerrando la puerta tras de sí.
- ¡AH! como odio a este hombre – suspiro pesadamente.
…
- Este debe ser el paraíso.
Jankotsu, quien se encontraba en el almacén de confección y prueba, sostenía un par de vestidos mientras se colocaba frente al espejo. Izayoi quien se encontraba de espectadora solo veía aquella escena algo rara y divertida hasta que escucho llegar a alguien.
- Deberías de utilizar tu buen sentido de la moda y darle unos cuantos consejos a esta mujer – decía un ambarino refiriéndose a la azabache que lo acompañaba.
- Sesshomaru, hijo – saludo la mujer – Muy buenos días cariño…
La mujer se detuvo al ver a la acompañante del platinado quien se veía molesta por el comentario antes dicho por el platinado. Dedujo que estaba molesta por la tención de su cuerpo y ni que decir de su mirada, pareciera que lo fulminaba y daba pequeñas puñaladas a su hijo, pero… eso no era lo que había llamado la atención, esa chica se le hacía muy familiar.
- ¡Oh! disculpa, pero que modales los míos – expreso la mujer mayor – Soy Izayoi Taisho, la madre de este jovencito. Mucho gusto – dijo ofreciéndole la mano.
- Ah… Kagome, Higurashi Kagome – dijo saludándola.
- ¿Higurashi? – cuestiono sorprendida - ¿Kagome?... ¿Eres hija de…
- Si, Setsuna Higurashi – termino – Es un placer señora Taisho – hizo una reverencia.
- ¡Oh no! dime Izayoi, por favor – sonrió - ¿Y tu…
- Soy la nueva asistente del joven Sesshomaru – decía guiñándole el ojo.
Entonces Izayoi comprendió por lo que se le escapo una pequeña risita la cual reprimió tapándose un poco la boca con la yema de sus dedos, y por si fuera poco, ese gesto no paso desapercibida por una mirada fría.
Kagome vio al castaño aun con los vestidos parado frente al espejo, así que se acerco a él y tomo uno de los vestidos más amplios y se lo puso al chico.
- El lila va contigo – bromeo.
- Hay que linda, era de esperarse – dijo modesto.
Izayoi los veía detenidamente, parecían un par de niños jugando, y esa joven, esa chica le había parecido muy simpática aunque con carácter.
- es muy simpática ¿no?
- Enfoquémonos en el trabajo – dio media vuelta a la salida - ¡Higurashi! – llamo antes de salir.
La azabache soltó un gran suspiro y dio la vuelta para seguir al peli plata.
- Perdono pero, su hijo es un viejo aburrido y gruñón – le decía al pasar junto a Izayoi.
- ¡Higurashi!
- ¡Que ya voy! – grito – Hay maldita sea – murmuro fastidiada.
En la oficina después de discutir cosas sobre trabajo, la azabache se acomodo en uno de los sillones del lugar seguida por Jankotsu quien estaba muy entrado en el juego en su teléfono.
Ambos centraron su atención en la computadora portátil y de un momento a otro el chico tomo el aparato.
Sesshomaru, quien se encontraba en medio de una conversación con su madre, no había pasado desapercibido a ese par que actuaban muy extraños a su parecer.
En los años que llevaba de amistad con el joven castaño, jamás había notado nada extraño en él hasta ahora; jamás había hablado de la amistad que sostenía con la joven Higurashi y para su parecer, esos dos tramaban algo, y él descubriría que es lo que traían en manos.
…
Faltaban quince para la siete y la azabache seguía trabajando sin parar, su energía había disminuido, ¡se estaba muriendo de hambre! no había probado bocado desde el desayuno.
Apoyo su cabeza en el escritorio del ambarino y este simplemente la ignoro, estaba muy ocupado en sus deberes.
- ¡¿Acaso este hombre no se alimenta?! – pensó observándolo para después levantarse y avanzar hacia la puerta.
- ¿A donde se supone que vas?...
- A la cafetería ¿Quieres que te traiga algo? – tomo la manija y en cuan escucho un seco "no" salió sin más.
Kagome estaba muerta de hambre que caminaba como zombi hacia la cafetería cuando doblo una esquina y choco con una persona cayendo ambos al suelo. Al levantar el rostro se sorprendió un poco pero no más que el otro sujeto que trataba de articular palabra.
- Hola joven Inuyasha – dijo sonriendo con esfuerzo y no era por el sino por el hambre que tenia.
- Kagome ¿Cómo estas… - se detuvo al ver el estado que estaba la azabache - ¿Te encuentras bien? – decía preocupado.
- Si solo me estoy muriendo de hambre – se levanto tambaleándose un poco.
Lo tomo de los hombros y le dio la vuelta haciendo que le diera la espalda a la azabache quien de un momento a otro salto a la espalda del chico. Este se sorprendió y por un momento perdió el equilibrio por el repentino atrevimiento.
Rodeo sus piernas alrededor de las caderas del chico y rodeo su cuello con sus brazos sin llegar a lastimarlo.
- ¿Podrías llevarme a la cafetería? ¿sí? por favor – dijo en tono de suplica.
- De acuerdo – dijo comenzando a caminar – ¿Y no podrías caminar por tu propia cuenta? – dijo algo sonrojado por la gente que pasaba que y los que veía en esa situación.
En la cafetería no había mucho que pedir, o al menos para la azabache quien ordeno un emparedado doble y un refresco; el platinado solo se limito a ordenar un café el cual acompaño a la chica a una mesa.
- Tu hermano ¿es alguna clase de androide o ¿algo por el estilo?
- ¿Por qué?
- Porque no le he visto probar bocado… bueno a acepción del café de todas las mañanas, tarde y noche – dio una gran mordida al emparedado.
- Cielo santo, tengo un androide por hermano – dijo irónico.
Ambos comenzaron a reír y quedándose a conversar un poco más del tiempo de lo esperado y al parecer retrasando a ambos en su trabajo, en especial a la azabache quien era observada detenidamente hace un par de minutos por unos ojos dorados y calculadores.
El sujeto camino hacia el par colocándose justo a un lado de ellos, y dejando caer el maletín de la azabache en la mesa.
- Todavía hay trabajo que hacer – dio media vuelta y se alejo de ahí.
Kagome se termino lo que quedaba de su emparedado de un bocado y luego molesta se levanto bebiendo lo que pudo de su refresco y al sacar su cartera Inuyasha la detuvo.
- No te preocupes, yo invito – sonrió – Anda antes de que se enoje… bueno, más – dijo irónico.
…
- Bueno señorita Sango, ha hecho usted un excelente trabajo – alago – Aunque estos son excelentes – mostro unos bocetos –¿ Por qué no los mostro en la conferencia?
- Mmmm… bueno… yo…
- Lo hizo su hermana – menciono – Son muy buenos, ¿trabaja aquí para ti?
- No, aunque le he ofrecido un puesto, pero se negó.
- Ya veo – dijo pensativo – "No me sorprende" – pensó mientras devolvía los bocetos.
- Aunque si prefiere esos -. refiriéndose al los de Kagome – Podría hablarlo con mi hermana.
- Inténtelo y veamos como resulta esto….
No pudo terminar puesto que su celular comenzó a sonar por lo que se disculpo con la joven y se retiro un poco.
- ¿Qué pasa? – dijo tajante.
- Tienes que venir, encontré algo – serio – No es mucho pero creo que te interesa.
- Voy para allá.
….
En un Audi R8 blanco perlado, un hombre y una mujer viajaban en un silencio sepulcral.
La azabache miraba por la ventana viendo el camino mientras llegaban a su destino. Era un incomodo e intenso silencio; la verdad no le incomodaba tanto el silencio pero si su estomago que sentía vacío a pesar de haber comido algo, bueno no había sido suficiente para saciar su hambre.
De pronto, un gruñido capto la atención de ambos, era similar al de un león y mientras el ambarino buscaba el origen de aquel gruñir, la joven azabache se había encogido un poco de hombros y ocultado su sonrojado rostro con su flequillo. Nuevamente se escucho aquel ruido y Sesshomaru capto de donde provenía, volteo a ver a la joven quien veía por la ventana ocultando su rostro y entonces capto.
- Así que tiene hambre – pensó – Pero ¿Qué no se supone que acaba de comer algo en la cafetería?
Al llegar al departamento del ambarino, la joven se sentó en uno de los sillones mientras que el peli plata entraba en la cocina para luego regresar nuevamente a la sala entregándole a la azabache el teléfono.
- Ordena algo para cenar – hablo cortante – Lo que sea, no importa. Y aventaja algo, en mi estudio esta lo necesario – dijo desapareciendo de sus vista.
- Idiota…
Kagome tomo el teléfono marcando algún número ordenando su comida y algo para el "Lord hielo" como le decía ella. Se levanto y busco el dichoso estudio y por primera vez desde que entro a ese departamento se tomo la libertad de velo detenidamente, después de todo el "señor gruñón" no tenía tan malos gustos, aunque consideraba demasiado grande el lugar para una persona y bueno, ni que decir de la decoración, combinaba perfectamente con sus carácter. Comenzó a centrarse en su objetivo y ¿Dónde demonios estaba el estudio? , en el camino se encontró con una puerta semi abierta, paso por la puerta encontrando algo que le llamo la atención. Sin acercarse mucho ni hacer ruido se acerco con cautela y entonces su rostro se sonrojo levemente y tomo una expresión de picardía y luego un mohín de enfado por lo que veía - y ¿qué veía? – el torso desnudo de ambarino ya que solo traía puesto unos bóxer.
Agito su cabeza bruscamente ¿pero en que estaba pensando? , aparto su vista y siguió su camino hasta dar con el dichoso estudio el cual al entrar se sorprendió mucho.
- Amigo, a ti sí que te gusta el orden – murmuro – Te cambio tu estudio por el mío – dijo con ironía.
La azabache se sentó en la gran silla de cuero negro y tomo su maletín sacando del interior su computadora portátil, encendiendo y poniéndose manos a la obra.
Al poco de un par de minutos el timbre resonó por todo el lugar varias veces por lo que Kagome sin pensarlo dos veces salto de su lugar y corrió a la entrada aventando al joven platinado al pasar junto a él para después pasar llevando la comida a la cocinar y el detrás de ella, ¿Y qué ordeno para cenar?... ramen y comida china.
- ¿Se supone que esto es comida? – pregunto sirviéndose.
- Me dijiste que ordenara algo para cenar y esto fue lo que ordene. Si no quieres me lo como yo – aclaro Pero recomiendo que comas o te enfermaras – advirtió.
- Enfermare al comer esto – picoteo un poco.
Al ver que la chica había tomado los platos de comida y pasado el comedor se alarmo ¿Adonde llevaba eso?
- ¿A dónde vas? – dijo siguiéndola – No, eso sí que no, no llevaras eso a mi estudio – advirtió - ¡Me escuchaste!
- Si eso creo – sentándose y poniendo sus platos en el escritorio – Anda, date prisa, trae tu comida hay mucho por hacer – dijo para después dar un gran bocado.
Sesshomaru se dio por vencido y fue por su comida e igual que la chica, coloco sus platos sobre su escritorio con mucho pesar, pero su prioridad era terminar con el trabajo pendiente.
Pasaron dos horas y la azabache había terminado desde hace casi una hora o más, y ¿Qué hacia?, bueno según revisaba que todo estuviera en orden y aparte para que el ambarino no se sintiera mal de no haber terminado antes que ella.
Volteo a verle de reojo y lo que vio la sorprendió pues ahí se encontraba Sesshomaru haciendo un esfuerzo por mantener sus semblante serio e implacable, pero a cambio de eso tenía uno de ¿dolor? y ni que decir de sus leves gotas a perladas de sudor en su rostro.
- ¿Sesshomaru? – dijo insegura - ¿Te encuentras bien? cuestiono preocupada.
El ambarino salió del estudio a toda velocidad dejando a una joven azabache desconcertada. La chica se levanto de y se encamino siguiendo a Sesshomaru, ¿A dónde es que iba ese sujeto? ¿Por qué le tocaba trabajar con gente tan extraña?
Creyó haberlo visto entrar a su habitación por lo que entro pero no lo encontró ahí, así que decidió salir de ahí, pero al avanzar para salir de ahí se detuvo en seco al escuchar un ruido extraño, algo como un gruñido, un gemido y después un grito ahogado. Dio media vuelta y busco el origen de aquellos ruidos los cuales la llevaron hacia… ¿el baño?
- ¿Sesshomaru? ¿está todo bien? – pregunto curiosa y temerosa.
- ¡¿Qué diablos tenía esa comida?! – Gruño -¡Largo!
La azabache salió rápidamente de cuarto cerrando la puerta tras de sí y comenzó a caminar de un lado a otro con la mano sobre su frente.
- ¡Hay con un demonio! – maldijo - ¡Ya volteé como calcetín a este cabron! – dijo volteando a ver hacia la puerta de la habitación tras escuchar un gruñido.
…
- Lo voy a matar – pensaba un azabache de ojos carmín esperando en su oficina sentado en uno de sus sofás bebiendo una copa y revisando su reloj por séptima vez.
Quince minutos más tarde el azabache se removió un poco en el sofá, de pronto la puerta de su oficina se abrió con brusquedad haciendo que este volteara a ver el causante de tan desagradable interrupción y al ver de quien se trataba solo le dedico una mirada bastante amenazante, una con la que podría matarlo si quisiera o si se pudiera.
- Lo siento… - se detuvo en seco al ver la mirada del azabache – Perdón por hacerlo esperar, pero el trafico es un asco – se disculpó – Esto te quitara lo molesto – dijo para después tragar fuerte, en verdad le daba miedo ese sujeto.
- ¿Y bien? – menciono impaciente.
- Bien pues… - se detuvo frente a una enorme pantalla – Oh, ¿me permites? – refiriéndose al aparato y continuo su labor después de la aceptación de azabache colocando una memoria – Bueno pues… ¿qué es lo que tenemos en la pantalla numero uno? – imito a los programas de juego en la tv.
Y al instante en la pantalla apareció un video, uno que al parecer era de las cámaras de vigilancia de algún aeropuerto, después apareció otro video, luego otro y después otros tres videos, todos de aeropuertos diferentes y con algo similar en ellos, solo una, una joven azabache.
- ¿Y es ella? – cuestión curioso observando a la joven en el video.
- No hay duda de ello – dijo sacando algo de su chaqueta - Nunca olvido un rostro, ni tu tampoco, Naraku – dijo viéndolo a los ojos - Y sin duda es ella, por dos claras razones – extendió unas hojas dobladas al azabache – Una, ese es su maldito rostro y dos su nombre está entre la lista de los pasajeros – tomo asiento frente a Naraku quien concentrado estaba en los informes que le daba el joven.
- ¿Cómo es que no la encontramos antes?
- Ahí te va – se acomodo en el sillón – Pago en efectivo por lo que hace más difícil la búsqueda ya que los mantienen en programas aislados – suspiro – Y no la detectamos en los monitores porque si te das un poquito de cuenta, jamás se quita esa sudadera y a simple vista no coincide con las características que teníamos, hasta que conseguí un perfecto perfil – dijo orgulloso de si – En el cuarto video la muy perra se descuido al chocar con un policía y volteo ligeramente a la cámara.
- Y entonces estuvo en…
- Eso… en el primer video es donde todo empezó, otra razón por la que no la encontramos, fue lista al no salir desde el aeropuerto de Tokio – a como las imágenes en modo de que todas se vieran perfectamente – Ese mi querido señor Kagewaki, es el aeropuerto de Tottori con destino a Grecia – observo la expresión de sorpresa de hombre y continuo – De ahí fue a Argentina, luego a México en el cual estuvo por dos meses. Su otro vuelo fue a España y el último y donde se perdió el rastro, en Rusia.
- Ni siquiera a completa un año Hakudoshi – lo vio seriamente – Esto no explica mucho…. Tu incompetencia me colma la paciencia…
- Oh espera lo olvidaba – dijo para después mostrar otros dos videos – Esto te interesara, el día en que volvió a aparecer fue en el aeropuerto de Tokio – mostrando a una castaña abrazando a un azabache – Y eso no es todo… a los días volvió al aeropuerto y recogió a un hombre.
Al decir esto último Naraku puso más atención endureciendo su rostro, al parecer no le había agradado mucho lo que dijo el albino, ni lo que veía.
- Y lo más raro es que ese hombre a estado "desaparecido" por "ocho años" su nombre es Jankotsu Kumar…
- ¿De la familia Kumar? – el ambarino solo asintió positivamente – Bien, puedes retirarte pero antes… No pares la investigación, quiero saber que fue lo que estuvo haciendo todo este tiempo – dijo con suma seriedad en su tono de voz mientras veía por la ventana aquel paisaje de la ciudad de noche – No te saldrás con la tuya gatita…
…
Kagome llego al departamento de Sesshomaru con un par de bolsas en las manos, pues momentos antes había salido del lugar a comprar unas cuantas cosas que le pudiesen servir al ambarino y más que nada porque cierta parte de ella se sentía… culpable de su estado.
Entro en la cocina poniendo en la estufa agua a hervir junto con algunas plantas. Tomo un vaso con agua y un paquete de las bolsas, salió de la cocina y fue directo al cuarto del joven Taisho, en el que irrumpió sin ninguna importancia. Al entrar lo encontró recostado a la orilla de la cama, se acerco a él y dejo las cosas en lo que parecía ser la mesa de noche.
- Oye, removió un poco para que despertara.
- ¿qué? – dijo adormilado-
- Toma esto, es para la diarrea – menciono entregándole unas pastillas – Son masticables. Coloca esto bajo tu axila, mientras iré por el té.
Sesshomaru observo cuando la azabache salió de su habitación, creyó a verle dicho que se fuera, ¿por qué seguía en su departamento? Al poco rato la chica entro nuevamente con una taza de té que dejo en la mesa y le pidió el termómetro.
- ¡Carajo! – sorprendió – Tienes algo te temperatura, 38° - suspiro – Tomate este té…
- ¿De qué es? – dijo desconfiado.
- De hojas de guayaba, es bueno para el estomago aparte que te tapara un poco – dijo sonriendo y con una pisca de ironía en sus palabras a lo que este simplemente la fulmino con la mirada.
Kagome volvió a salir para volver rápidamente y dar un medicamento para bajar la temperatura, después de dejarlo en su cuarto para descansar, entro nuevamente en el estudio para termina con lo que había dejado el platinado, lo cual no le llevo mucho tiempo, solo media hora. Termino y ordeno todo para mañana, dejándolo todo sobre la mesita de la sala; antes de cualquier otra cosa, fue a ver como seguía el señor gruñón; su temperatura había cedido y ahora dormía plácidamente en su enorme y cómoda cama. Salió de allí y tomo su computador y se acomodo en uno de los enormes, amplios y suaves sofás del la sala. Encendió su computadora y empezó a trabajar en su otro trabajo; tenía tiempo lo de Sesshomaru estaba terminado y con Totosai no había ningún pendiente, qué más daba tenía tiempo de sobra.
El tiempo transcurrió rápidamente para cuando iba a terminar el reloj marcaba las tres y treinta y seis de la madrugada por lo que se daría un receso, dejo la laptop sobre la mesa y se recostó en el sofá.
A la mañana siguiente, Sesshomaru se levantó un poco desganado por lo que entro a la ducha, la necesitaba; recordó lo de anoche y arrugo su entrecejo, sin duda se las cobraría. Al salí se encontró con una escena que no supo cómo explicar; ahí en su sofá se encontraba dormida de una manera poco cómoda la azabache. Entonces sus ojos se posaron sobre los archivos que ya hacían en la mesa – la chica no había perdido el tiempo y termino con lo pendiente – y las demás cosas que había en la mesa – la laptop de la chica y unos apuntes los cuales no entendía mucho – tomando una hoja leyendo lo que había en ellos o al menos lo intentaba ya que estaban en otro idioma, para ser preciso, hindi. Algo que le pareció muy extraño por lo que volteo a ver a al joven que se removía en sus sofá, aprovechando de que antes de que despertara, tomo unas fotos con su celular a aquellos escritos para devolverlos a su lugar pasando su mano por la computadora presionando accidentalmente una tecla encendiendo en el proceso el aparato donde alcanzo a ver un sistema raro, el cual no alcanzo a apreciar muy bien ya que en una segundos la pantalla se formo completamente negra pidiendo una clave de identificación e emitiendo un sonido y entonces la chica despertó.
- ¿Qué sucede? – dijo somnolienta - ¿Sesshomaru? ¿Cómo se siente?... – dijo para después percatarse de que su laptop se había encendido volteando a ver de reojo al platinado – Creo que me quede dormida – cerrando repentinamente el aparato.
- Vamos te dejare en tu casa para que te arregles….
- No hace falta traje algo de ropa
- Espero que no sea el gemelo de ese – dijo con fastidio.
- Idiota – murmuro por lo bajo.
Y así paso el tiempo con esta extraña relación entre jefe y asistente en una vil batalla de retos, menosprecios e insultos entre sí. Dos semanas habían pasado, Kagome no dejaba de recibir llamadas de su padre, maldecía el día en que Sango le había dado su número a Setsuna, ella ya no vivía en la mansión entonces ¿Por qué diablos no dejaba de molestarla?
En ese corto tiempo se había hecho muy amiga del joven Inuyasha y del joven Miroku, el cual descubrió una horrible manía de él y para su desgracia de la manera poco agradable y ¿cuál era?, fácil, tenía una mano muy larga y era un mujeriego de primera y con Totosai, bueno con el casi no había mucho trabajo al menos de que él le hablara. Y al parecer su relación con Sesshomaru Taisho iba de mal en peor, era como si pareciera que nunca se llevarían bien, siempre tenía que estar sobre el haciendo que cumpliera sus obligaciones cuando las dejaba a un lado para querer irse con alguna "amiguita".
Estaba Kagome caminando al lado del peli plata sumida en sus recuerdos cuando Sesshomaru la saco de sus pensamientos, Estaban en el lugar donde se llevaría acabó una convención de tecnología en tres día y ellos estarían presentando sus últimos y más destacados inventos.
Tenía que admitirlo, estaba cansada, trabajar con él era agotador, se retiro por una bebidas para los dos, dejando a Sesshomaru hablando con un hombre calvo y bajo, su nombre era Mioga, colega de su padre.
Se volvió a sumir en sus pensamientos que no vio cuando el hombre se había retirado de hablar con el ambarino, lo veía de lejos. Tomo las bebidas y emprendió el camino de vuelta sin prestar mucha atención a su alrededor, por lo que no se percató cuando un azabache se acerco a Sesshomaru. Pero cuando estaba solo a unos cuantos metros de ellos, esta se dio cuenta identificando al instante a la persona dando automáticamente la vuelta por donde regreso pero antes de que avanzara Sesshomaru se dio cuenta, por lo que se le hizo extraño y al ver que se alejaría decidió hablarle.
- ¡Higurashi! – llamo la atención de ambos azabaches.
Entonces Kagome dio vuelta sobres sus talones topándose con unos ojos rojos como la sangre quien la veía con intensa curiosidad, desvió su mirada al ambarino al cual al llegar le extendió su copa.
- Higurashi, él es Naraku Kagewaki, un viejo colega desde la infancia – dijo seriamente – Y ella es Higurashi Kagome, mi asistente personal.
- Es un placer señorita – dijo saludando y extendiendo su manos para saludarla.
- Mucho gusto señor Kagewaki – dijo rápidamente desviando la mirada e igual queriendo saludarlo rápidamente a no ser por el azabache quien presiono fuertemente la frágil y blanca mano de la azabache.
Kagome volteo con sorpresa a ver a Naraku ya que este había presionado fuertemente su mano lastimándola un poco. Se saco de su agarre al momento que también desviaba la mirada hacia otro punto, y ¿que era ese punto? su hermana y su padre estaba ahí, se disculpo y se fue de ahí.
Sesshomaru por su parte notaba rara el comportamiento de la azabache y más con el joven Kagewaki que tenía en frente y entonces se le cruzo una vaga idea de lo que podía ser, entrecerró sus ojos observando partir a la joven Higurashi para después retomar la conversación son su colega.
Continuara...
