Hola, primero que nada, una gran disculpa por la demora, pero tuve algunas problemas que se me salieron de las manos y anduve corta de inspiración , unas disculpas. Espero que este capitulo sea de su agrado y gracias, muchas gracias a quienes dejaron sus reviews y también a quienes se toman el tiempo en leer esta historia, sin mas aquí les dejo este capitulo, espero en realidad y sea de su agrado, cuídense y muchos besos. ;)

Capítulo VIII

Pasaron los días, los muchachos organizaron una salida para divertirse y ¿A dónde? a uno de los lugares favoritos de la azabache… el gotcha, el mejor lugar donde desquitarse y más si iba la persona a la que en verdad le quería disparar.

Ahí se encontraban todos, Inuyasha había ido por Jankotsu y ella, ya Miroku se encontraba preparando las cosas cuando de la nada aparece él, el ser a quien quería moler a palos, Sesshomaru Taisho.

- ¿Qué hace él aquí? – pregunto incrédula.

- Él fue el de la idea – hablo Miroku – Y casi me da un infarto – dijo serio pero burlón a la vez.

Algo no andaba bien y eso no le gustaba en absoluto, para que Sesshomaru haya propuesto algo así debía estar planeando algo.

- Perdonen la tardanza nos retrasó el trafico – dijo el ambarino de mirada fría

¿Nos?, Kagome volteo a verle, pero cuando lo hizo se topo con unos ojos carmesí que la veían fijamente.

- Eso era lo que tramaba - susurro – Maldito hijo de p…. – callo al momento que se le cruzaba una idea por la cabeza sonriendo de lado a lado con malicia – Esto será interesante.

Uno de los empleados de las instalaciones dio las indicaciones necesarias y las reglas, ya que solo estarían ellos, sería algo privado; el campo consistía en una recreación de campo de batalla de alguna ciudad en ruinas, Se hicieron equipos de tres en tres; el grupo rojo compuesto por Sesshomaru, Naraku y Miroku quien perdió en el piedra papel y tijera, el equipo azul estaba compuesto por Inuyasha, Kagome y Jankotsu.

El equipo rojo se oculto dentro de un "edificio" de aproximadamente tres plantas, mientras tanto el equipo azul se encontraba oculto en un "callejón".

Todo estaba en completa calma, ninguno había atacado desde el comienzo del juego, llevaban cercas de media hora sin movilidad. Inuyasha que ya hacia sentado sobre un barril suspiraba con pereza, Jankotsu simplemente miraba su arma y a Kagome…

- No se ustedes pero este juego es para divertirse y salir a dispararnos el uno al otro, o ¿tú qué crees? Kagome…

El joven amarino callo al instante a no ver a su compañera por ningún lado.

- Jankotsu, y ¿Kagome? – menciono sorprendido

- ¿Qué? pero si estaba aquí… - entonces reacciono - ¡Maldición! Vamos Inuyasha.

Jankotsu salió corriendo con sigilo del lugar en dirección al edificio donde se encontraban los demás e Inuyasha seguía sus pasos con un poco menos de cautela ingresando en el lugar.

- Kagome – murmuro llamando a la azabache - ¡Kagome! – susurro un poco más alto mientras se dirigían a las escaleras.

- ¿Pero qué rayos haces Jankotsu? – murmuro tras él – No quiero perder la apuesta…

Cayo al ver que el castaño se escondía para después escuchar unos disparos y sentir algo chocando en su cuerpo; el joven platinado vio la zona de impacto y sus ojos se agrandaron para después ver a quien le había disparado, su propio hermano.

- ¡Ah! ¡Maldita sea! ni siquiera pude disparar una sola vez – refunfuño.

- Uno y faltan dos – dijo mirando hacia los lados.

Naraku y Miroku bajaron rápidamente al escuchar los ruidos y al encontrar a Inuyasha con varias manchas de pintura roja, el ya estaba fuera del juego, Naraku embozó una leve sonrisa cosa que molesto al platinado joven.

- ¿Y tú de qué demonios te estás riendo?

- Cállate – dijo disparándole - ¿Dónde están tus compañeros?

- Fhe! ¿Qué te hace pensar que te lo diré?

- Pues…

- ¡Oh! ¿tanto me extrañan? – la voz de la joven se escucho por todo el lugar como un eco.

Todo paso tan rápido que para cuando se dieron cuenta estaban casi cubiertos de manchas de pintura azul. Sesshomaru miraba furioso por todo el lugar buscando al causante, cuando de pronto salió un castaño algo exaltado.

- ¡Tú¡ - inquirió acusadoramente el platinado.

- ¡Yo no lo hice! ¡esta cosa se trabo! – señalo el arma la cual no disparaba por más que jalara del gatillo.

- ¡Sesshomaru! ¡Me debes ¥ 38350.00 cariño – decía asomándose de entre unas tablas del cielo raso.

Bajo de un salto y camino hasta ellos con una amplia sonrisa mientras era fulminada por dos miradas asesinas.

- No cabe duda… esto es muy divertido – dijo irónica – Bien, me retiro tengo una charla pendiente con mi padre. Encárgate de hacer tu tarea ¿quieres? – dijo golpeando el torso del platinado mayor.

Pasaron dos meses desde entonces, y la relación entre el ambarino y la azabache iba de mal en peor, aunque en cierta forma se soportaban un poco más y por otra parte, Sesshomaru había cesado un poco los encuentros casuales con Naraku.

La relación de Kagome con padre Setsuna se hacía mucho más compleja llevando a una discusión en cada encuentro, al grado de que Sango tenía que intervenir cada vez que este intentaba levantarle la mano a la azabache y ese día no sería la excepción.

Kagome había ido a la mansión Higurashi a visitar a sus dos pequeños hermanos, Kohaku y Souta. La chica los visitaba o trataba de visitarlos por lo menos de veces al la semana cuando Setsuna se ausentaba y claro dejando a medias su trabajo y a un endemoniado Sesshomaru.

La azabache se encontraba jugando en el jardín junto al lago artificial con dos jóvenes chicos, uno de catorce y otro de de nueve años, cuando de pronto apareció Setsuna cruzando la puerta hacia el jardín completamente furioso, detrás del la nana y ama de llaves de la familia, Yuko, quien parecía preocupada por lo que pudiese pasar.

Setsuna se aproximó hacia donde se encontraba la azabache, llegando hasta ella y tomándola del brazo jalándola y después zarandearla mientras le gritaba. Yuko quien se encontraba tratando de detener a su amo fue empujada sin ninguna delicadeza y cuando estuvo a punto de dar una bofetada a su hija, Sango llego interponiéndose entre los dos.

- Largo – dijo más en un gruñido el azabache.

- No – se rebeló la castaña.

Kagome no se había quedado parada, fue a donde Yuko ya hacia tendida con unos cuantos raspones; se aseguro de que estuviera bien, se levanto y se puso frente a Setsuna.

- Solo una cosa – dijo – Cuidado con los negocios que hagas o te puedes hundir – dio media vuelta y se marcho.

- Esto es tan frustrante – dijo Izayoi dando un sorbo a su taza de té.

- Oh, no se preocupe que todo saldrá bien – dijo el castaño quien se encontraba frete a ella – Además de que no seremos los únicos, abran otras firmas de alto prestigio, ¿qué podría salir mal?

- Que decaiga nuestra firma por malos proyectos y decepcionar a las personas, nuestros consumidores e iríamos a la ruina – dijo fríamente el ambarino.

- Sin toque de delicadeza – suspiro la azabache a lado de Izayoi.

Kagome al salir de la mansión recibió una llamada de Sesshomaru citándola en el "Café Francés" y evidentemente ella se negó a ir con la escusa de que "estaba muy ocupada", pero al mencionar que Izayoi quería verla no se pudo negar.

Y ahí se encontraba ella, complaciendo a la dulce mujer y no sabía el porqué nunca le decía que no, pero llego a pensarlo, y al punto que llego no podía aceptar.

- Buenas tardes, disculpen la demora.

Decía una mujer de larga cabellera azabache, ojos azules y labios carmín, la mujer se poso a un lado de Sesshomaru, quien sin pensarlo dos veces se levanto saludando a la mujer, Jankotsu igual lo hizo para luego hacerlo Izayoi.

- Oh, déjame presentarte personalmente a Higurashi Kagome, la asistente de Sesshomaru – decía tomando el hombro de la susodicha.

Kagome quien solo se encontraba contemplando su tasa sumergida en sus pensamientos, al escuchar su nombre reacciono y volvió a la realidad levantando la mirada y topándose con aquel par de hermosos ojos azules. Sin embargo la chica parecía haberse sorprendido ya que sus ojos estaban abiertos más de lo normal y sus labios levemente entreabiertos, como si hubiese querido decir algo atorándose en el trascurso en su garganta.

- Kagome, quiero presentarte a mi mano derecha, Tsubaki Nakahara.

La chica reacciono torpemente, pero reacciono y saludo a la mujer frente a ella quien la miraba con seriedad. En cuestión de segundos Kagome volvió a guardar la compostura.

Se sentaron disfrutando de su bebida y charlando asuntos de trabajo, dando opiniones, consultando, aclarando, revisando… y un sinfín de cosas más de trabajo, pero sin embargo, por otra parte de la joven azabache levantaba su mirada achocolatada hacia los azules para ser correspondido por unos serios, serenos y fríos ojos azules. Cosa que no paso desapercibido por Sesshomaru quien se daba cuenta de las miradas que se daban de vez en cuando, por lo que su cabeza empezaba a formular un sinfín de dudas.

Al terminar con la pequeña reunión, Kagome y Sesshomaru se dirigían de nuevo a la empresa; el platinado tenía que atender unos asuntos pendientes con el señor Sora y la azabache, bueno ella solo iría a con Totosai, inexplicablemente la chica tenía ganas de poner sus manos a trabajar. Así que fue directo al ascensor y al abrirse las puertas de este, abrió los ojos con sorpresa, ahí frente a ella se encontraba esa mujer de cabellos azabaches, ojos azules y labios carmín viéndola con suma seriedad.

- Tsubaki – susurro.

- No te quedes ahí parada niña, sube – dijo cortante.

En un café bar se encontraba Kagome y Tsubaki; la mayor tomaba su segundo Martini mientras que la menor seguía aun con la primera, un coñac.

Kagome mantenía su mirada fija sobre la mesa, no llevaban más de quince minutos de haber llegado ahí y sin embargo todo lo que habían hecho era tomar sus bebidas; suspiro por segunda ocasión rodando los ojos hacia donde se encontraba la mujer.

- Niña, te estás arriesgando demasiado al estar aquí – dijo sin más.

- Lo sé, pero igual me hubiese arriesgado sin no venia; así tengo el control para alterar un poco los informes – menciono con seriedad con la mirada fija en la bebida de su acompañante – Hay cosas que no se deben saber, no deben ser descubiertas – murmuro.

- Y por eso mismo no deberías de arriesgarte – una botana degustándola antes de mezclar la bebida – Ya suficiente me he arriesgado en salvarte y en cubrirte – dejo su bebida a lado y centro sus azulados ojos en los chocolates - ¿Sabes? La situación se podría complicar y me arrastraras junto a ti por encubrirte.

- Eso no pasara – dijo – Te lo prometo, seré muy cuidadosa.

La mujer suspiro con pesadez, sabía que no iba poder hacer desistir a aquella chica testaruda; siempre tenía que tener un paso a delante y no se dejaría vencer tan fácilmente. Sonrió con ironía al darse cuenta de que había hecho en la chica.

-Y dime – dijo captando la atención de la azabache - ¿Qué tal se llevan Sesshomaru y tú?

La pregunta tensa al instante a la chica llevando la mirada hasta los ojos azules de la mujer para luego analizar la pregunta, entonces su cara cambio a una de fastidio.

- Es un baboso – dijo tajante.

Kagome iba en el ascensor, al salir fue directo a su oficina tomo unos cuantos archivos, la agenda del "demonio" y salió rumbo a la oficina del "lord hielo".

Saludo con una leve sonrisa a Kasumi y entro sin anunciarse haciendo que la mirada gélida del ambarino se posara en la chica con desdén por sus modales, aunque en este tiempo que llevaban soportándose ya se había "acostumbrado".

La azabache tomo asiento frente al peli plata, se desplomo en la silla prácticamente, Sesshomaru negó con la cabeza ante tal acto.

Entonces el peli plata se percató del estado de ánimo de la chica, se veía decaída, de hecho no le había insultado en casi toda la mañana… ¿Y a el que demonios le importaba? se reprendió mentalmente.

- Vamos, iremos a cenar…

- Te agradecería si me dejaras en mi departamento por favor – dijo interrumpiendo al peli plata y dejándolo un tanto sorprendido, sin duda alguna estaba diferente.

Emprendieron camino al automóvil, el trayecto fue silencioso, juraba que esa mujer no había comido y sin embargo había rechazado la invitación a cenar, cuando en otra ocasión le hubiese aventado miles de maldiciones por no tener tiempo en comer. Algo capto su atención, el timbre del celular de la chica quien dudo un poco en atender la llamada.

- No piensas contesta…

- Sango, ¿qué sucede? – dijo interrumpiendo al platinado.

- "Kagome, ¿cómo estás? perdona lo de la tarde ya sabes cómo es él. Me quede muy preocupada cuando te fuiste…"

- Tranquila, no te preocupes, estoy bien – interrumpió – Dime ¿cómo está Yuko? – dijo algo preocupada – La pobre tuvo que pagar por los platos rotos por mí – viendo hacia la ventana.

- "Está bien, no te preocupes solo fue un pequeño raspón nada…"

- ¡¿Qué no me preocupe?! Dios Sango, el seguir bajo el mismo techo te está afectando – dijo con fastidio – Deberías valerte por ti misma – suspiro.

- "¿Tú crees que no lo he pensado, Kagome? pues claro que lo he pensado, pero eso implica dejar solos a Kohaku y a Souta con él "– dijo ofendida – "Por eso no me he podido ir, no los dejare solos".

- Yo… lo siento – dijo con la cabeza gacha apenada por su comentario y por su egoísmo.

- "Olvídalo, debo arreglarme así que…"

- ¿Saldrás? – interrumpió con curiosidad.

- "Así es por lo que estoy un poco nerviosa…"

- Y ¿Se puede saber quién es el afortunado? – dijo con un deje de diversión - ¿Asuntos de negocios? o ...

- ¡Kagome! Se nota que lo tuyo es interrumpir – regaño – Y no es asuntos de negocios y saldré con Naraku Kagewaki"

- Oh, ya veo – dijo con suma seriedad – bueno no te quito más el tiempo, así que suerte en tu cita solo… ten mucho cuidado hermana.

Con esas ultimo corto la comunicación; Sesshomaru simplemente se dispuso a escuchar, esa familia era muy problemática para el ambarino. Observo de reojo a la pelinegra quien se encontraba sumida en sus pensamientos observando por la ventanilla, hasta que repentinamente tomo nuevamente el celular y comenzó en indagar en él.

- ¿Segura que no deseas cenar? – ofreció por última vez antes de estacionar él auto.

- No, gracias – sin apartar la vista del aparato – Bien, gracias por traerme, te enviare los activos a tu cuenta, buenas noches – Dijo saliendo del carro y caminando hacia la entrada al edificio.

Kagome capto que el platinado no se iba y le molesto un poco por lo que iba a protestar cuando una vaga idea se le cuso por la mente, tal vez solo esperaba que ella entrase al edificio para marcharse, un acto de educación. Y bufo al ver que estaba en lo cierto, en cuanto entro él se marcho.

- Idiota – murmuro para sí.

Ella solo había avanzado un poco hacia la recepción por lo que cuando vio que él se marcho, regreso saliendo para después tomar un taxi.

En la zona vip de la segunda planta del antro "Toxic", se encontraba un azabache de ojos carmesí tomando un poco de whisky mientras veía bailar y divertirse a la gente dentro del antro y acariciaba las piernas de la exuberante pelirroja que se encontraba a su derecha. Se estiro un poco tomando un poco de botana con un palillo que le fue repentinamente arrebatado antes de entrar en su boca. Miro a su lado izquierdo para encontrarse con una azabache comiendo plácidamente el trozo de botana que le había arrebatado; la chica miro la punta del palillo para luego introducirlo nuevamente en su boca y morder levemente jugando con él.

- Esta es la peor botana que he probado en mi patética vida – dijo con asco.

- ¡Vaya, vaya! pero miren a quien tenemos aquí – dijo estrujándola con la mirada.

Veía detenidamente a la azabache que llevaba un ajustado pantalón de cuero negro y una blusa blanca de mangas tres cuartos y botones junto con unas botas de motociclista.

- ¿Qué te trae por estos rumbos querid…

- Aléjate de ella, no sé lo que estés planeando pero deja a Sango fuera de esto…

- Y ¿Yo que recibo a cambió? – la miro fijamente a los ojos.

Kagome choco con aquellos ojos carmesí, no dijo nado solo se limito a observarlo, ninguno decía nada, no hacían falta palabras, las miradas decían todo, o eso se decía. Naraku pasó su lengua humedeciendo sus labios y sonriendo con malicia y cierto descaro.

- Bien, me parece muy bien – bebió lo último de su trago.

- Perfecto, entonces llámala y cancela – ladeo su rostro hacia ningún punto en particular mientras escuchaba cuando este hacia una llamada y se retiraba a un lugar donde no se escuchaba la música.

- Maldición… ¿en qué demonios te has metido Kagome? – reprendió a sí misma – Esto no está bien… - se exalto al sentir el aliento en su oreja mientras masajeaba su pierna – Pero que…

- Todo listo, tal y como me lo pediste – susurro a su oído.

- Bien pero… - de un movimiento a otro se coloco sobre él con una cuchilla sobre su yugular - Yo decidiré cuando, mientras tanto… buenas noches - se incorporo y salió de ahí lo más rápido que pudo.

- Vayan por ella… y no vayan solos – ordeno a unos de sus hombres.

La pelinegra caminaba apresurada a la parte trasera del antro donde había una salida por donde llegaba cargamento para el establecimiento; sintió que era perseguida por lo que decidió ocultarse.

Los hombres de Naraku le habían perdido el rastro pero de lo que si estaban seguros es de que la chica seguía aun dentro del establecimiento, la siguieron hasta la parte trasera pero gracias a la escasa luz del lugar la visión era casi nula y repentinamente algo arraso con los hombres.

Habían pasado ya varios minutos y sus hombres no aparecían con la chica, así que ordeno a otro que hablara por el radio para ver que sucedía, pero nadie contestaba, perdiendo así la poca paciencia que tenia.

- Hakudoshi, ve a averiguar qué es lo que pasa – mando.

El joven alvino se dirigió a la parte trasera en donde habían mencionado que estaba la chica, pero cuando llego sus ojos se desorbitaron con asombro ante lo que veía. Todos sus hombres se hallaban inconscientes, tirados y uno que otro colgando del techo; tomo el radio e informo a su jefe quien al escuchar lo informado frunció el sello.

- Veo que regresaste con varias sorpresas gatita – pensó con seriedad.

Mientras tanto en el edificio BEL DIVINE la principal dirección de supervisión de belleza, el consejo de la misma había convocado una reunión donde las principales firmas de moda y belleza se encontraban presentes.

Izayoi junto con su asistente Jankotsu presenciaban la junta y escuchaban con atención el comunicado el cual era…

Debido a la reacción del público, la influencia de la belleza que se está dando está resultando algo desfavorecida. Al público se está dejando guiar por apariencia, haciendo de esta lo más importante y no tomando en cuenta el interior, sino lo superficial. Y por si fuera poco, parte de la culpa la tenemos nosotros por no dar la información adecuada sino la equivocada.

Por eso es que tenemos en mente este proyecto que se realizo a bases de encuestas y opiniones a nivel mundial. Y por lo tanto este proyecto también se realizara a nivel mundial y el cual se ha llamado "proyecto de purificación". En el cual consiste en lo siguiente:

1. El proyecto se hará a partir de una colonia o perfume.

2. Tomaran a un modelo, lo estudiaran a fondo en base a su carácter, lo que lo caracteriza, lo que hace especial a al modelo.

3. En base a los resultados del punto dos, crearan esta fragancia y le darán un nombre que caracterizara al modelo.

4. Prepararan al modelo.

5. Empezaran con los preparativos de este nuevo producto tal y como lo hacen siempre.

6. Mandaran un el proyecto en la fecha indicada de entrega para aprobarlo, en el cual deberá incluir todo los avances.

7. Se presentaran en cierto día y hora en el lugar donde se les indicara para la presentación de sus modelos.

8. Solo habrá tres ganadores, los cuales podrán sacar a la venta su proyecto, más sin embargo el primer lugar competirá junto con los otros primeros lugares a nivel mundial para obtener uno de los primero cinco lugares y poder así lanzar su producto a nivel mundial. Representando así a su continente.

Y las reglas son las siguientes:

1. Debido a la situación, no podrán elegir modelos con experiencia en el campo. Deberán ser personas comunes y corrientes o que nunca se imaginarían poner en su línea.

2. Tomaren cuenta el antes y después, que a pesar transformarlos singan teniendo esa personalidad que los hace únicos y especiales. Tomando como base su esencia, el cambio no debe ser tan drástico ni exagerado, que se sientan cómodos, ellos mismos.

3. Una vez elegido al modelo, mandar el expediente de este para confirmarlo y meterlo en el sistema. Una vez elegido y mandado, no habrá marcha atrás, ya no podrán cambiar de modelo.

Al finalizar la junta, Izayoi y Jankotsu subieron en la limosina que se encontraban ya esperándolos fuera de aquel edificio. La mujer tomo una pequeña copa de vino tinto en cuanto subió dejando un poco impresionado al castaño el cual embozo una pequeña sonrisa por el comportamiento de su jefa.

- Sabía que tenía un mal presentimiento sobre esta junta, dios que nervios – dijo bebiendo de un solo trago la copa.

- Bueno el único problema sería elegir bien al modelo, porque todo deberá girara en torno a él o ella – decía sirviéndole más a Izayoi – Por qué no se qué pasaría si eligiera mal – dijo pensativo y sirviéndose una copa.

- ¿Sabes? – dijo captando la atención del castaño – No les diremos nada a mis hijos ni a Inu. No hasta que encontremos al modelo – bebió su bebida – Por favor, mañana pasa por mi temprano y si aun no estoy lista, despiértame.

- Si usted así lo dice.

Al día siguiente a las siete treinta de la mañana, en la habitación principal de la mansión Taisho, se encontraba una pareja durmiendo plácidamente, cuando un individuo irrumpió en aquella habitación, movió un poco a la mujer azabache, pero esta ni se inmuto, así que no le quedo de otra. Saco algo de su bolsillo y coloco unos protectores en sus orejas y…

- ¡Buenos días señora Izayoi Taisho! ¡es hora de levantarse! – gritaba mientras hacía sonar el claxon de aire aislado.

Tal acción hizo que ambas personas en la cama se levantaran de golpe y una de ellos terminado en el suelo aun con las sabanas enredadas en sus piernas.

- ¡¿Pero qué demonios te ocurre Jankotsu?! – grito Inu Taisho cubriéndose con las sabanas.

- Sorry señor, pero fue por petición de la señora Izayoi - dijo con una sonrisa divertida y picardia en su rostro, realmente se había divertido.

- ¡Mi culpa! – admitió la mujer recién se incorporaba – Lo siento cielo, no se repetirá – tomándose la cabeza con ambas manos.

- Ash, ustedes le quintan la diversión – protesto saliendo de la habitación.

Las nueve en punto de la mañana, Izayoi y Jankotsu se encontraban dentro de una limosina. La mujer se encontraba recargada en el asiento mientras masajeaba sus sienes tratando de calmar su resaca y que gracias a unos lentes de sol obscuros, las luces o cosas radiantes no le molestaban tanto.

Izayoi miro por la ventanilla y al percatarse que estaban en el centro donde la mayoría de genta ya rondaba por las calles se extraño por el rumbo que iban y más al estacionarse; dio un gran trago a su cargado café yo volteo a ver al joven castaño quien se disponía a salir y para después ofrecerle su mano para que saliera.

- ¿Qué sucede? ¿Por qué estamos aquí? – dijo saliendo del auto y mirando a su alrededor.

- Cazando a nuestro modelo – sonriendo con malicia.

- Oh, sobre eso… - dijo recordando – Estaba pensando en que fuera una mujer – decía mientras observaba el lugar.

- Ya le quita lo interesante – refunfuño.

Eran pasadas de las cuatro de la tarde y una oficina en TaishoCorp estaba algo alterada.

- ¡Podrías sentarte adecuadamente! – un grito de de desesperación resonó en la oficina de un ambarino.

- No entiendo en que le molesta – alego – Ocúpese en lo suyo – dijo mientras checaba la agenda.

Una joven azabache con un vestido hasta un poco más debajo de las rodillas negro de mangas tres cuartos y un saco gris, junto unos zapatos bajos. La chica se encontraba "sentada" frente al ambarino, bueno supuestamente sentada ya que la chica estaba arriba de su escritorio sentada y con sus pies en la silla de enfrente.

Reino el mutismo por unos minutos más, a ninguno de los dos le molestaba.

- Maldito Jankotsu, siempre le toca los jefes más accesibles – pensó suspirando con pesadez.

Cosa que no paso desapercibido por el ambarino quien solo alzo una de su finas cejas.

- Oye ¿Puedo preguntarte algo? – pregunto sin más.

En verdad no podía termina de comprender a esa mujer, ciertamente lo sacaba de sus casillas, lo volvía loco, su comportamiento no era el mejor y sin por si fuera poco, lo que aun no cavaba de comprender es como en ratos le hablaba con respeto de "usted" para luego drásticamente cambiar a "tu", ósea ¿qué carajos?

- Dime – expreso cortante.

- ¿Desde hace cuanto conoces a Jankotsu? – cuestión sin voltear a verle, pero igual intuyo lo que le diría – No es por nada importante, solo mera curiosidad y para dejar el mutismo a un lado – volteo a verle con una le sonrisa – Además, es amigo mío como tuyo… aunque lo niegues – lo ultimo dicho hizo que el platinado gruñera levemente.

- Desde que éramos niños.

- ¡Vaya!... ¡OH! – expreso sorprendida al percatarse de algo – ¡¿En realidad alguna vez fuiste niño?! – volteo a verle con curiosidad irónica recibiendo por parte del joven un gruñido.

- Y ¿tu?

- Desde hace cinco años, más o menos…

En eso una idea perversa se le cruzo por la mente, sus labios formaron una mueca de una sonrisa maliciosa… Ok tenía que admitirlo, le encantaba hacer enojar a ese hombre orgulloso y engreído. Por si fuese poco quería ver la reacción de su cara cuando le preguntara lo siguiente y aprovecho mas la ocasión que estaba tomando su cafe.

- Dime, ¿alguna vez tu y Jankotsu? tu sabes… al grano… ¿Eres gey?

A tal pregunto el ambarino quien tomaba delicadamente y delicioso café casi se ahogaba con este ante tal pregunta de la azabache quien solamente reía abiertamente a más no poder.

- Pero ¿qué demonios dices? ¿acaso estás loca? – dijo recuperando el aliento.

- Ya, ya, no es para tanto, solo era una broma – decía entre risas – Aunque, no has respondido a la pregunta – dijo de forma pensativa.

- Oh ¿es que acaso es que quieres que te demuestre personalmente que no? – sonrío con cierta malicia y de forma picarona.

- No gracias. Vale, solo era una broma, no es para que te lo tomes tan apecho – dijo volteándose.

- Bien, ¿Hay algo para hoy? – pregunto el ambarino para recibir un simple no – y ¿Para mañana?

- Solo una junta a medio día ¿Por…

- Bien nos tomaremos un descanso lo que resta del día. Y mañana después de la junta estaremos en la empresa Shikon y el resto lo terminaremos en mi apartamento, así que no programes nada – dijo con frialdad cosa que dejo a la azabache algo sorprendida y a la vez enojada.

La chica se levanto de su lugar y camino hacia su maletín en el cual introdujo la agenda y unos cuantos archivos más, para luego voltear y quedar frente al platinado.

- ¿Sabes? – poso sus manos en sus caderas – Cuando vi tu agenda por primera vez, vi que casi no tenias vida, entonces dije que si me privas de la mía te mataría – el platina se levanto de su escritorio tomo sus cosa y camino hacia la chica – Y ¿qué crees? Te voy a…

Kagome no pudo continuar puesto que a que Sesshomaru se había acercado a ella para luego tomarla y cargarla sobre su hombro como un costal de papas.

- ¡Ahhhh! ¡¿Pero qué demonios?! ¡¿Qué cree que está haciendo?! ¡Bájeme! – forcejeaba la azabache sin éxito.

Sesshomaru salió de la oficina atrayendo la mirada de algunos curiosos sorprendiéndolos al instante, en especial a su secretaria Kasumi, quien solo atino a asentir a las indicaciones de su jefe.

El ambarino tomo el acenso que para su fortuna estaba vació, bajaron al estacionamiento pero el platinado jamás desistió en bajar a la chica por más alboroto que hiciera.

Al salir del ascensor la chica había optado patalear más fuerte, por lo que recibió a cambio una gran nalgada por parte del ambarino, lo cual hizo que la chica se tensara ante tal atrevimiento y como este no apartaba su mano de donde había golpeado, Kagome se había puesto completamente rígida, acto que dejo más que satisfecho al Sesshomaru quien demostraba una notable sonrisa de lado, en cambio a la chica se le teñían poco a poco sus pálidas mejillas.

- ¡¿Podrías quitar tu mano de ahí?! ¡por favor! – el chico simplemente la ignoro.

Abrió la puerta del automóvil e introdujo sin ninguna delicadeza a la joven.

- ¡¿Pero qué demonios te pasa?! ¡¿Qué crees que estás haciendo?!

- Nada, solo te convenceré de que no soy gay - dijo con firmeza.

En Shikon, un hombre y una mujer se encontraban en la sala de conferencia completamente solos; sobre la mesa ya hacían papeles regados junto con fotos de personas no tan agraciadas o no al cien por ciento.

- Dios, esto es frustrante – suspiro colocando su cabeza sobre la mesa – ninguno tiene lo que busco.

- La chica Ivana, tiene tatuajes y es pequeña, ¿eso no era lo que querías? – la mujer simplemente negó sacando a su compañero frustrado.

- Bueno si, pero no tienen ese carácter rebelde que tanto deseo – tomo la foto – De la joven Surya me atrae su sencillez, su tez tostada y esos enormes ojos miel y…

- Solo que no está interesada, además de que es indocumentada – bajo de las nubes a la mujer soltando este un ligero suspiro de decepción – Esta mujer, treinta y siete años tez de porcelana y regordeta, ¿Qué te parece?

- Me agrada, solo que está embarazada y es turista – nuevamente otro ligero y fastidioso suspiro – Kenzo, uno ochenta, tez apiñonada, joven, rubio cenizo natural, ojos aceitunados y…

- Y no me agradan sus expansiones ni tatuajes de caricaturas – torció su boca en desaprobación – Y aparte de que desea mil veces estar en una convención que aquí – suspiro – pero de que esta comible el chiquillo lo está – dijo con picardía.

- Deja tranquilo al pobre muchacho, Jankotsu – suspiro – Tal parece que no encontrare a nadie con las cualidades que deseó.

El castaño se paro con brusquedad y camino una mesa donde se encontraba una cafetera y unas cuantas tazas. Relleno su taza y comenzó a camina de un lado a otro como león enjaulado haciendo que Izayoi lo viera con curiosidad y rarees.

- Jankotsu…

- Tengo a su modelo indicado – sonrió triunfante – Bueno… tal vez – desvió su mirada al reloj de pared - ¿Tiene hambre? ¿Qué le parece si la invito a comer?

- Pero Jan, no disponemos de mucho tiempo y la ver…

- No acepto un no por respuesta y sirve y le presento al modelo – le giño el ojo – O si desea quedarse a frustrarse con estas opciones- apuntando a la mesa con los documentos y perfil del los "modelos" a Izayoi

- ¿Qué demonios te traes en mente, Sesshomaru? – viéndolo mientras llegaban al estacionamiento del departamento del platinado.

- Tú relájate – salió de automóvil colocando el seguro al instante para que la pelinegra no saliera – Bien, vamos que…

En el momento de abrir la puerta de copiloto, Kagome en casi un impulso salto sobre el platinado en un acto de querer empujarlo y escapar; no se quedaría quieta ni mucho menos y va a ser sumisa para aceptar las tonterías del hombre, pero este al captar sus acciones la sostuvo y volvió a colocarla sobre sus hombros mientras esta trataba y trataba de que le soltara, pataleaba, golpeaba, pero nada.

- ¡BÁJAME ¡Que me bajes te digo! – trataba de golpear su cabeza - ¡Maldito bastardo! ¡Bájame! ¡O me veré obligada a lastimarte!

- Anda inténtalo, quiero ver que lo hagas…

- No estoy bromeando, Sesshomaru – dijo con seriedad.

- Yo tampoco – volviéndole a dar una fuerte nalgada y acariciar la parte afectada.

- ¡AH! ¡Quita tu mano de ahí! ¡Maldito pervertido!

Nuevamente la azabache trato de zafarse de las garras de platinado, sin éxito alguno, por lo que recurrió a algo rebajarte. Un par de centímetros más y su cara podría estar frente al trasero del ambarino; alzo su mano tomando un poco de vuelo y fue a estamparla en el trasero del ambarino haciendo al instante que este respingara un poco pero sin detener su andar.

- Vaya no comas ansias, al menos espera a que entremos al departamento – dijo con ironía llegando a la puerta de su departamento.

- Tú lo pediste – dijo con malicia.

Kagome dio un golpe en la parta baja de espalda del hombre haciendo que este aflojara su agarre y aprovechando tal acto la azabache tomo con firmeza la mano que estaba sobre su glúteos y giro detrás del hombre y torciendo un poco el brazo del platinado sacándole un leve gemido de dolor.

- Para la próxima vez no le haré manita de puerco, joven Sesshomaru – dio media vuelta y se marcho.

Sesshomaru se encontraba hincado frotándose el brazo lastimado, vio como la chica se marcha entrando al ascensor, mientras que este le veía fija y detalladamente haciendo aparecer una leve sonrisa juguetona sobre sus labios.

Kagome se encontraba en su departamento duchándose, cerro la llave y empezó a secar su larga cabellera, frente a ella se encontraba un enorme espejo de cuerpo completo, en el cual se reflejaba tal cual como hacia aquella actividad. Entonces se contemplo a sí misma, ya no era la misma chica de antes, su atención se centro en la pequeña cicatriz en su hombro derecho.

Una joven chica de catorce se encontraba tomando una refrescante ducha después de haber tenido aquí pequeño incidente en la excursión en una de las plazas de Italia.

Ella se había separado del grupo, quería ir a recorrer y conocer las calles, el tiempo transcurrió y para cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde, comenzaba a anochecer.

- ¡Demonios! – musito con sorpresa – El profesor me matara

Y para su desgracia, se había alejado bastante como para recordar el camino de vuelta al hotel. Pidió algunas indicaciones de cómo llegar caminando, y para su nueva y mala suerte a duras penas se comunicaba con las personas ya que su italiano y Ingles no eran muy bueno que digamos, por lo que se las ingenió con mímicas, qué más podía salir mal. Bueno el hecho que la noche había caído y que aun no llegaba al hotel, a y por si fuera poco uno de los caminos a tomar era poco transitada, por lo que empezaba a darle miedo el estar perdida y sola de noche en un lugar desconocido.

De pronto escucho unos pasos detrás de si por lo que apresuro más el pazo, pero para su mala suerte, los pazos igual habían aumentado su ritmo, ahora si había empezado a asustarse por lo que su corazón palpitaba a mil por hora.

Cada vez que avanzaba por esas calles se daba cuenta que habían unas lámparas fundidas por lo que las calles se habían un poco más tenebrosas y ni que decir de la persona que venia tras de ella, era un manojo de nervios, eso se podía ver en sus manos que se movían inquietas en su regazo.

De pronto escucho los pasos más cerca de ella por lo que se armo de valor y volteo, en eso un hombre se había lanzado contra ella tirándola en el suelo. Era un hombre de no más de treinta y ocho años, moreno delgado y mal oliente a alcohol.

La chica trataba de quitárselo de encima sin algún éxito y en eso el hombre saco una navaja y la puso sobre el cuello de la chica a la cual ordeno levantarse, el sujeto se acerco más a ella y coloco una de sus sucias manos sobre uno de sus casi desarrollados senos de la chica, haciendo a su vez que esta se asustara cada vez más. Así que sin pensarlo le golpeo en su estomago recibiendo de por parte del hombre que este le hiciese una leve cortadura sobre su hombro derecho el cual comenzaba a sangrar desmesuradamente.

La chica se lanzo a llorar mientras el sujeto se recuperaba, y se lanzaba contra ella; cerró los ojos con fuerza y espero el impacto el cual nunca llego.

Al abrirlos se encontró con un joven muy apuesto, cabellera negra, no tan largo solo lo necesario como para poder sostenerla con una coleta.

El chico había golpeado al hombre en la cabeza con una botella vacía, la cual soltó sin ninguna delicadeza sobre el cuerpo del hombre.

- ¿Te encuentras bien? – pregunto preocupado.

La chica no dudo dos veces y se lanzo a sus brazos con miles de diamantes saliendo de sus ojos achocolatados, él chico solo atino a confortarla en un abrazo.

- Ya descuida, ya todo está bien… - se detuvo al sentir un húmeda su mano y las ropas de la chica, y entonces se dio cuenta de algo, la chica estaba sangrando – Vamos, estas herida, hay que cuidarte o se te infectara – indico – ¿En donde te hospedas?

- En el Hotel Plaza Coral – dijo en casi un susurro.

- Vaya esta algo a apartado – dijo viendo a la nada – Vamos, curaremos tus heridas y después te llevare a tu hotel ¿Ok? – ella solo asintió.

El chico saco su móvil e hizo una llamada y en cuestión de minutos llego una exagerada limosina de color blanca crema, abrió la puerta y me ofreció ingresar en ella la cual no lo pensó más de dos veces y entro, estaba asustada por lo sucedido.

El transcurso fue rápido, en cuestión de un par de minutos la limosina había aparcado frente a un edificio departamental; el primero en salir fue aquel chico para después ofrecerle su mano para salir del automóvil.

Al entrar al departamento en el octavo piso, la chica tomo asiento en uno de los sofás, estaba tan subida en sus pensamientos que no sintió cuando el joven se acerco hasta ella, lo cual la izo exaltar del susto.

El chico solo se había acercado intentando curar a la chica.

- Disculpa, ¿mi intención no era asustarte? – se disculpo y volvió a su labor una vez más al ver que se había tranquilizado.

- Disculpe no debió molestarse, pero ¿no era mejor ir a un hospital? – cuestiono dudosa.

- Rio levemente – No es ninguna molestia, tome un curso de primeros auxilios – sonrío haciendo que la chica se sonrojara levemente – Además, el hospital más cercano, está más lejos que tu hotel y ya es tarde – se inclino hacia el botiquín e indago en el sacando algo para suturar – Te tengo una mala noticia – dijo captando la atención de la chica – Tu herida necesita suturarse – la joven abrió con sorpresa y miedo a su acompañante – Y también se me termino el anestésico. Así que tendrás que aguantar un poco el dolor, solo serán un par de puntadas no son mucho ¿qué dices?

- E…es..ta bien – titubeo.

- Bien, toma esto para que lo muerdas y te ayude calmar un poco el dolor – le extendió un pañuelo – Será mejor que voltees hacia otro lado – le sonrío.

La chica volvió a sonrojarse sintiendo un extraño cosquilleo en su estomago el cual se esfumo rápidamente por el dolor.

- Listo – declaro el joven limpiando la herida nuevamente – ¿Te encuentras bien? – ella solo asintió – Será mejor que te duches…

- ¿Qué? – dijo dudosa.

- Para que quitarte los restos de sangre y suciedad – dijo con seriedad – Por aquí – entre a uno de los cuarto de huéspedes – Detrás de aquella puerta se encuentra el baño – camino hasta uno de los estantes sacando una toalla y entregándosela – Coloca tu ropa el seto y veré que puedo encontrar que te pongas mientras esta lista la tuya. Cualquier cosa, solo llámame – Dijo dé repente al escuchar el timbre del teléfono.

Se desvistió con suma vergüenza, ya que no es que desconfiara del joven pero le daba mucha pena el estar en la casa de él y que le haya ofrecido toda su atención, su cara no podía estar más roja que un tomate.

El agua fría caía sobre su cuerpo, esparciendo su larga cabellera azabache por sus hombros y parte de su espalda, limpiando así todo rastro de suciedad.

Salió y se dispuso a secar su cuerpo y al final su cabello, el cual le daba toda su atención, pero al querer acercarse al espejo no se dio cuenta que había dejado rastro de agua asiéndola resbalar y soltar tremendo grito. Pero afortunadamente había alcanzado a sostenerse, suspiro con pesadez ese día no podía ser peor, o eso creía ella. La perilla de la puerta del baño giro sin que esta se percatase.

- Esta todo bien…

El joven se había lanzado de inmediato al escuchar el grito de la chica haciendo que este entrara estrepitosamente sin tocar, encontrándose con una escena bastante mm… comprometedora; la chica ya hacia sin prenda alguna tratando de levantar la toalla que había soltado en el intento de no caerse.

- Ah… - gimió con sorpresa levantando la toalla y cubriéndose, al mismo instante que se ruborizaba por completo.

- Yo… lo lamento, no fue mi intención – se disculpo volteando hacia otro lado – Es solo que te escuche gritar y pues… - trato de justificarse – Dejare algunas ropas sobre la cama y mandare las tuyas a lavandería – cerró la puerta tras de sí dejando a una azabache completamente sonrojada.

La azabache seguía en aquella posición, secando su cabellera que le llegaba por debajo de sus glúteos; sacudió su cabeza con brusquedad de forma negativa y por último suspiro con pesadez.

- Pero que recuerdos me vienen a la mente – dijo con desgano.

Se coloco unas short cachetero negros y sostén sin varillas del mismo color; seco lo más que pudo su cabellera azabache con una secadora y salió tal cual estaba a pesar de haber escuchado a Jankotsu llegar. Total, ya se le había sido una costumbre, a parte que con el no había mucho problemas, solo cuando comenzaba a criticarla y cuestionarla.

Bajo y se encamino a la cocina entro y comenzó a indagar en ella; era verdad ya era algo tarde y comenzaba a tener mucha hambre, trataría de hacer algo rápido y llenador pero antes consultaría al castaño.

- ¡Oye Jankotsu! – llamo mientras se encaminaba a la sala – ¿Te parece si preparo tallarines y camarón frito? o ¿prefieres estofado de verduras… - cayo al instante al cruzar la sala - ¡¿Pero qué demonios?! ¿Señora Izayoi? – dijo sorprendida volteando de reojo hacia donde se encontraba el castaño quien la veía con diversión mientras se acercaba a ella – Pero ¿Qué está haciendo aquí? ¿Qué está haciendo aquí? ¿Qué está haciendo aquí?– repetía varías veces haciendo su voz cada vez mas gutural y mirando con dureza al castaño.

- ¿Kagome? – susurro la mujer con sorpresa mientras la examinaba a la pelinegra de arriba abajo - ¡Dios! – exclamo – ¿Realmente eres tú? – abría y cerraba sus ojos castaños con fuerza.

Entonces fue cuando cayó en cuenta en las condiciones en las que estaba.

- ¡AH! ¡Jankotsu! – exclamo con enfado.

- Ya querida, no te me alebrestes - dándole pequeñas palmaditas en la espalda – y ¿qué dice señora Izayoi? ¿Califica o no califica?

- Es simplemente perfecta – dijo con emoción mientras se acercaba a la chica para examinarla con más determinación.

- ¡Wou¡ Tiempo, a ver si entendí – dijo cerrando sus ojos y respirando tranquilamente - ¿Perfecta para qué?

Ambos cómplices se voltearon a ver uno al otro y se sonrieron con malicia para después soltar pequeñas risitas, La pelinegra solo los veía con una gran cara interrogante, era paciente, si, pero misteriosamente ese día su paciencia la había olvidado con el ambarino.

- ¿Y bien? – dijo con impaciencia arqueando una de su cejas.

- No te desesperes tanto hija, no es nada malo – decía dedicándole una dulce sonrisa – Eres más que perfecta para ser la modelo de mi proyecto, ¿qué dices?

Kagome no respondía, simplemente se había quedado inmóvil como estatua en su lugar, con los ojos fijos en ellos dos. ¿Había escuchado bien? ¿Modelo? ¿Modelo? Esa palabra rondaba por su mente, como un eco, modelo, y entonces reacciono, abrió desmesuradamente sus ojos de sorpresa.

- ¡¿Pero qué demonios?! – Kagome había gritado a todo pulmón ensordeciendo casi a sus acompañantes y toda la cuadra de de donde vivía - ¡NO! ¡definitivamente no! Así que se les quite esa absurda idea de sus retorcidas mentes – apunto acusadoramente al par.

- Hay por dios Kagome, tampoco es para que te pongas así – reprocho.

- Kagome querida, tranquilízate por favor…

- ¡¿Qué me tranquilice?! Esto es una broma ¿verdad? – dijo viéndolos con seriedad - ¿Cómo quieren que me tranquilicen después de tremenda barbaridad?

- Kagome, hija por favor siéntate y trata de tranquilizarte – la tomo del brazo conduciéndola hasta el sofá – Se que es una locura todo esto, pero en verdad necesito de tu ayuda – tomo sus mano y las unió junto con las suyas – Kagome Higurashi, ¿podrías hacer el favor de ser la imagen para mi proyecto? hazlo por mí ¿sí? – dijo viéndola con ojos de borrego a medio morir.

Kagome la veía con seriedad a la mujer que tenía enfrente suyo y ¡diablos! ¿Cómo podía negarle algo a esa mujer? ¿Cómo? Mantenía una batalla infernal dentro de sí el cual estaba perdiendo sin mucho esfuerzo. Maldecía la hora de haberse encariñado con esa mujer, su atención maternal, eso la había hecho encariñarse con ella. Respiro profundamente, sabía que se arrepentiría el resto de su patética vida con lo que decidiría; volteo a ver a Jankotsu quien mantenía una sonrisa de lado a lado, ¡Ah! como lo odiaba cuando hacia sus jugarretas, era obvio que estaba disfrutando la situación, lo estrujó con la murada y juro vengarse de él; suspiro con pesadez y desvió su mirada hacia Izayoi que esperaba su respuesta con ansiedad.

- ¡Uy está bien! - dijo malhumorada cruzándose de brazos en forma de berrinche y desviando la mirada – Con la condición de que no me hagan hacer algo bochornoso.

- Gracias Kagome querida – dijo abrazándola – Te prometo que no te arrepentirás – decía mientras la estrujaba con fuerza.

- Lo du…do – dijo con dificultad por el fuerte abrazo.

Continuara...

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