Hola, primero que nada, quisiera disculparme por haber mantenido este Fic abandonado por mucho (y la verdad mucho) tiempo. Yo se que no tengo perdón, pero tuve unos momento muy desafortunados que me llevaron a una depresión, tuve tres decesos familiares, uno de ellos mi padre, así que la depresión anulo por completo toda inspiración. Y al ver alguno de los comentarios que querían que siguiera con la historia, pues regrese, aunque pido paciencia, terminare la historia, mas no se que tan frecuente actualice. Así que les agradezco mucho a tod s de corazón sus comentarios, gracias.

Así que, sin más, les dejo el siguiente capítulo, ¡besos!

Capítulo 11

Los tacones la estaban matando, ella simplemente quería sentarse cinco minutos por una maldita vez, pero en cambio iba de aquí para allá con la señora Izayoi quien la llevaba a rastras, suspiro por décima vez. Al parecer era la única "modelo" quien no se divertía y, por si fuera poco, sus mejillas se encontraban adoloridas de tanto soportar aquella sonrisa falsa.

Llevo una mano hasta su estómago quien acababa de protestar, pero al que pareciese no tomarle mucha importancia.

- Definitivamente matare a Jankotsu – pensó al volver a sentir a su estómago protestar.

…..

Era la quinta copa que tomaba y aun así no podía quitarle la mirada de la joven azabache. Se reprendía una y otra vez sin mucho éxito.

- Irresistiblemente sexy ¿cierto? – Jankotsu llego sigilosamente hablándole por detrás asiendo que este se sobresaltara.

- No tanto, hay mejores – dijo levantándose y retirándose del lugar hacia una terraza.

- Si tú lo dices – dijo irónico – La frustración no es el mejor de tus aliados, ¿eh?

Kagome caminaba por el lugar con una copa jugando en su mano; sus ojos se perdían en el pequeño destello del reflejo del cristal, parpadeo unos instantes y entorno sus ojos en blanco.

- Y ¿ahora qué? – lanzo con desdén.

- ¡Uy! Que genio … querida – acomodo un mechón azabache detrás de su oreja – No es momento de erizarse como un gato, pero tampoco digo que bajes la guardia, claro – quito la copa vacía de sus manos y la remplazo por una llena y un bocadillo envuelto en un pequeño papel – Hora de trabajar – canturreo guillándole mientras caminaba hacia Izayoi.

La morena lo miro ceñuda mientras se alejaba con cierto pasos danzarines y caderas contoneadas. Meneo la cabeza negativamente y sus ojos ligeramente en blanco tomo un sorbo a su copa y suspiro con pesadez. Manoseo un tanto el bocadillo viéndolo con extrañez la envoltura parecía algo corriente y fuera de lugar para ese tipo de eventos. Retiro la envoltura y miro ambos objetos, comió lo que parecía ser chocolate y le dio una ligera vista al papel sin parecer tan obvia.

- Me… lleva la que me trajo – bufo con desesperación.

Dirigió una ligera mirada hacia el castaño quien la veía de reojo con disimulo y una sonrisa divertida. Busco la mirada a su hermana Sango quien se encontraba platicando amenamente con el amigo de Inuyasha, y no muy lejos de ahí se encontraba su principal objetivo, Naraku.

Dio grandes zancadas hacia los sanitarios que en el transcurso sintió un leve doblamiento de su tobillo izquierdo y trato de estabilizarse. Palpo levemente la zona de su pie para cerciorarse de que no había lesión, esos malditos tacones le iban romper una pierna, eso era seguro.

Entro estrepitosamente al baño y cogió una de las barras de jabón más secas; se vio en el espejo asegurándose de donde poder guardarla sin que fuere visible y entonces opto por acomodarla en su liguero.

De vuelta en el gran salo, diviso nuevamente a Naraku el cual se encontraba completamente solo en el are de bocadillos, y como no tenía pensado ir hasta el dejaría que él se arrastrara como vil víbora hasta ella. Y como maravilla de dios ahí lo tenía viéndola fijamente con mirada descarada. Hizo un esfuerzo sobre humano para no entorna los ojos, en cambio le arrojo una mirada cómplice; camino hasta uno de los balcones que se encontraban solos y se recargo en la barandilla de pilar de mármol.

- Realmente es extraño el que quieras hablar conmigo a solas – cruzó la puerta hasta el lado de la azabache, recargándose de espaldas y viéndola de reojo - ¿Qué planeas? – dijo sin rodeos.

- Nada… nada malo… Creo – regresándole la mirada se humedeció un poco los labios arrastrando su labio inferior entre sus dientes superiores mientras le miraba de arriba abajo y volviendo hacia arriba, repentinamente su corazón comenzó a acelerarse – ¿qué demonios me pasa? - La sensación comenzaba a abrumarla y una muy conocida sensación cayo por su espina dorsal entrándose en su vientre, su acompañante simplemente le veía con una fina ceja alzada aun esperando una respuesta – No, ¿esto es? No puedo, maldición – Yo solo… al demonio… - En un evidente acción se impulsó hacia el azabache capturándolo en un hirviente beso el cual al principio le sorprendió para después tomarla de la cintura y hacerla más a su cuerpo.

El beso era desenfrenado, exigente, sus lenguas danzaban y la de él exigía cada rincón. De un movimiento rápido la aprisiono contra la esquina que daba a la pared cerca de la puerta, pero no visible. Sus manos escurridizas se deslizaron por el muslo izquierdo de la azabache mientras que esta se entrelazaba una de las suyas alrededor de su cuello mientras la otra se aventuraba tanteando los costados.

Ambos ignoraron el par de ojos curiosos.

- ¿Por qué no nos vemos en tu habitación en una hora? – propuso la azabache separándose de Naraku quien a duras penas quería soltarle.

- Bien, te espero – dijo dudoso y volviendo a dentro.

La Kagome soltó un frustrado suspiro mientras se apoyaba sobre la barandilla tratando de calmarse por aquel estúpido y loco impulso. – Pero que idea tan estúpida – se palmo la cara – Yo y mis malditas improvisaciones – su mirada bajo hasta su mano izquierda donde reposaba aquella barra de jabón en la cual ahora llevaba impresa un par y peculiares figuras de unas llaves – Al menos lo conseguí – sonido con altanería. – Un punto para mí, cero para Naraku ja – murmuro volviendo con éxito al salón.

Hora más tarde, una azabache y un peli-castaño caminaban sigilosamente por los pasillos de los cuarto del hotel. El chico parecía algo temeroso caminando detrás de la chica mientras que esta simplemente lo manoteaba y de decía que guardar silencio.

- ¿No crees que sería mejor que fueras y cumplieras con lo que comenzaste? – cuestiono mirando a todos lados.

- Cállate, cállate – decía desesperada - ¿Y por qué mejor tu no vas mejor en mi lugar?

- Por tres razones – murmuro mientras contaba con sus dedos – Una no creo que guste de hombres, dos, no quiero morir por tu culpa y tres, ¡tú lo sedujiste! – siseo mientras entraban en la habitación alcanzaban una carrera hasta la habitación de la chica.

Kagome abrió estrepitosamente la puerta y antes de ser cerrada fue empujada por el chico castaño que al entrar ambos empezaron a manotearse.

- ¿Qué estás haciendo? Tienes que irte – amputo en dirección a la puerta.

- ¡Claro que no! ¿Y si no llego a mi habitación?

- ¡No puedes quedarte! Sesshomaru no lo permitirá…

- ¡No dormiré con él, sino contigo!

- Con ninguno de los dos…

Ambos chicos rompieron en un grito mientras se abrazaban con temor ante la repentina aparición.

- Sheshy querido juro que no te molestare…

- Largo – corto y antes de que dijera una palabra más sentencio – Ahora.

- Por supuesto – apresurado se giró hacia la puerta – En tu conciencia queda Higurashi. - murmuro a la chica en tono dolido.

La chica simplemente se dio vuelta para entrar a su habitación cerrando la puerta tras de sí para no tener que dar explicación alguna al ambarino. Estaba cansada, sus pies pulsaban dolorosamente por esos exagerados tacones que, a pesar de habérselos quitado de camino a su habitación, aun sentía un poco de ardor, era predecible que al siguiente día amanecería con dolor de piernas.

Entro a su propio baño donde se quitó todo aquello que llevaba puesto. Ato su pelo en un chongo alto y solo se refregó el cuerpo y cara quitando todo rastro de maquillaje en él, ya Izayoi se había empeñado en que le dieran un toque de brillo a su nívea piel.

Al salir se puso un simple corpiño, un bóxer femenino y una camisa holgada cubriendo sus muslos.

Su estómago demandaba por un bocado de comida decente, y recordando a ver guardad algo de emparedados del día se dirigió sin más a donde se encontraba un mini refrigerador sacando lo buscado más un cartón de leche. Se dirigió al balcón para degustar mejor encontrando la luces de una habitación donde se suponía que estaba la habitación de Naraku, por lo que desistiendo a volver a dentro y comer en el comedor. Y justo cuando pretendía dar el tercer bocado, un vaso con liquido ámbar fue puesto sin delicadeza sobre la mesa haciendo levantar la mirada encontrándose con la mirada ambarina escudriñadora de su jefe haciéndola arquear levemente una fina ceja.

- ¿Sí? – dijo para después dar el mordico a su bocadillo.

- Por lo que sé, no deberías estar aquí – decía mientras bebía su el liquido de su copa. La chica simplemente le vea con duda en sus ojos y alentándolo a que prosiguiera. Él simplemente rió levemente por debajo de su bebida - Me refiero a que deberías de estar en la habitación de Naraku…

Kagome había tosido y arrojado migajas sobre la mesa ante tal revelación - ¿Pero qué pendejadas estas diciendo…

- Yo ninguna, eso es claro – dejo la copa sobre la mesa y se cruzó de brazos – Pero eso es en lo que tú le propusiste a Kagewaki – soltó sin más dejando boquiabierta a la pelinegra.

- ¿Qué coño… ¿Me espiaste?

- Eso quisieras – sonrío con sarcasmo – Simplemente Sali a fumar y sin querer escuche. – Le vio y espero algún tipo de arrebato, sin embargo, no dijo absolutamente nada – Tu silencio me dice que estoy en lo correcto. – ¿Para qué quieres esa llave?

Kagome dejo de respirar, él no solo la había visto besándose y diciéndole eso a Naraku, él había visto absolutamente todo y con todo se refería a la impresión de las llaves. Su tono de piel palideció más de lo normal, sus ojos se encontraban completamente abiertos y dilatados por el ¿miedo?

Enfoco su vista en un punto alejado de él, tenía que inventar algo realmente rápido, pero nada se le ocurría, ¡nada! Maldijo por debajo y contra todo y cuando menos lo esperaba, al volver su mirada a un lado se encontró con el cercano rostro de Sesshomaru frente a ella haciéndola respingar por mucho. Estaban a muy escasos centímetros uno del otro.

- Eso no te incumbe – respiro hondo – Invades mi espacio ¿sabes? – el peli plateado embozo una descara sonrisa.

- Lo sé. Y no me interesa – su vista se fijó en los chocolateados ojos – Y cierto no me incumbe a mí. Pero a si a Kagewaki, veamos que dice sobre el asunto. – Se incorporo mientras marcaba algunos botones en su teléfono celular.

- ¡Espera! – detuvo al hombre - ¿Qué es lo que quieres?

- La verdad – dijo sin al instante.

La chica le vio durante un largo rato fijamente a los ojos, él quería la verdad, más no sabía exactamente nada, así que podía contarle, solo ciertas partes ¿no? Al final de cuentas él no sabía si es toda.

- De acuerdo - ella suspiro y se acomodó en la mullida silla en la que se encontraba. Él tomo posición frente a ella recargándose sobre la mesa y cruzando sus brazos sobre su pecho – Bien, como empezar… decirlo – se removió incómodamente en el lugar.

- Solo dilo – escupió impaciente.

- Bien… Naraku y yo… nos conocemos desde antes…- cayo para ver su reacción, un lienzo en blanco se encontró, miro hacia la ventana, le estaba contando su vida a ese sujeto que ni siquiera le agradaba – Salimos juntos… éramos amantes – en el solo una pisca de asombro, pero seguía igual de ilegible – Yo también, antes trabajaba con él, bueno mejor dicho seria para el - dijo con ironía para sí. – Estuve trabajando en un proyecto el cual "traería beneficios para el mundo" y cuando descubrí sus planes de llevarse el crédito para su beneficio entonces lo enfrente y fue cuando tuve que desaparecer.

- No veo la importancia como para desaparecer por un simple proyecto. – El miro dudoso y ella parecía muy nerviosa – ¿No era un simple e inofensivo proyecto, cierto? - ella simplemente negó con la cabes.

- Bajo las manos equivocadas puede ser un… - busco la mejor y menos impactante palabra – un arma de doble filo. – Kagewaki es de cuidado, Sesshomaru – le miro seriamente – Y si hui fue porque robé la pieza clave a todo lo que hice – el entrecejo del ambarino se arrugo.

- No tenías que huir…

- Tenía que – corto – Sino me mataría – miro seriamente la cara desconcertante de él – Lo intento una ve manipulándome, pero fui más lista que él y hui – se levantó ante la mirada de asombro – Y estoy devuelta para terminar y destruir con lo que inicie.

- ¿Y donde entro yo y mi familia? – arrojo su duda sobre el por que trabajar con ellos.

- En nada realmente – le miró fijamente – Necesitaba un trabajo decente, bueno, que me gustara y además de que cabreara a mi padre, que ni loca trabajaría para el – se encogió de hombros restándole importancia, el chico simplemente no sabia si creer le o no teniendo en cuanta que lo de su padre era más que cierto.

- ¿Como creer en todo lo que me has dicho? – lo había soltado tan fácil que no sabía que creer.

Ella volvió a encogerse de hombros – No tienes que. Sin embargo, sé que te has dado cuenta lo misterioso y raro que los Kagewaki se comportan y que no tienen una reputación muy limpia. – Y digamos, solo digamos que una de sus artimañas es mandas a otros a hacer el trabajo sucio – lo miro muy fijamente – Ten cuidado de Kagura – advirtió dando media vuelta cuando escucho golpes a la puerta principal lo cual detuvo su andar.

Tres golpeteos más la voz escamo cada vello de la piel de la pelinegra que volteo a ver con los ojos mas que abiertos al ambarino.

- Me mentiste, ¡Le llamaste! – trato de hablar lo mas bajo posible.

- No lo hice – dijo calmadamente mientras se acercaba a ella – Eres tonta Higurashi, ¿de verdad creíste que a Naraku te dejaría pasar por alto que lo plantaras? – toco su hombro tratando de que se hiciera un lado y abriendo la puerta de su habitación – Bien hay que hacer que se vaya sin que tengamos que salir – La miro dudoso por un momento – Aunque… No creo que te guste la idea…

- Solo escúpelo Taisho – dijo desesperada el simplemente alzo restándole importancia.

Afuera de la habitación Naraku y Hakudoshi esperaban a que alguien atendiera, sabía que había alguien adentro puesto que había escuchado pasos y mormullos no muy legibles. La azabache había quedado en algo e iba a cumplir. El albino impaciente por que su señor parecía perder la paciencia en cualquier momento volvió a golpear la puerta cuatro veces cuando unos ruidos desde el interior de la habitación se hicieron presentes cada ves mas contantes. Era como si golpean la pared con algún mueble y murmullos intangibles. Ambos se miraron dudosos hasta que los murmullos subieron de tono, convirtiéndose en gemidos desenfrenados.

- Vámonos – ordeno el pelinegro con evidente ira.

- Pero…

- He dicho, ¡vá-mo-nos!

De regreso en la habitación, un chico de cabellos platinados que empujaba constantemente un muro de la habitación de su sin parecer hacer mucho esfuerzo y parado a un lado de este presentaba un gran esfuerzo interno por no reír por la cara completamente sonrojada y ojos cerrados de la chica pelinegra que se encontraba frente a el y del otro extremo de la habitación. El se detuvo cuando vio que se palmaba con torpeza la cara.

- Quita esa cara de satisfacción Taisho – susurro con reproche.

- Bien, me debes una – sonrío con arrogancia.

- Lo sé – desvio la mirada – Gracia – dijo con sinceridad – ¿Tregua? – extendió su mano hacia donde el ambarino, él titubeo un poco y al final acepto – Bien, ahora…

Kagome había tropezado con una de las cosas que adornaban el muro y que habían dejado en el suelo cayendo inmediatamente de bruces al a suelo. Sesshomaru camino hasta ella riendo por lo bajo mientras la chica le mandaba miradas asesina. El se inclino un poco para ayudarla, cosa que dejo un poco sorprendida a la chica. Pero un estirón en la planta de pie de la pelinegra hizo que respingara un poco volviendo a caer, pero llevándose junto a ella al peli plateado que ahora se encontraba sobre ella.

La sensación era un poco bochornosa, sin embargo, ninguno había dicho absolutamente nada, incluso ninguno parecía querer moverse.

Sesshomaru no pudo evitar recorrerla con su mirada. Imágenes fugases de ella hace una horas atrás golpearon a su mente haciendo pesado un poco su respiración.

Kagome se sentía entumecida, a pesar de que la molestia en la planta de su pie ardía y persistía; trato de moverse un poco, sin embargo, la presión de quien estaba sobre ella parecía no tener intención alguna de moverse. Trago levemente - ¿Sesshomaru? Podrías…- se detuvo al sentir su garganta y labios secos por lo que humedeció un poco sus labios. Gran error, ahora los ojos ámbar habían adquirido una tonalidad oscurecida. El parecía estar fuera; el parecía moverse cuando ambos rosaron sus costados haciendo respingar nuevamente solo a la chica.

- Sesshomaru…

Sin más el acorto la distancia entre sus rostros, y entonces todo se tornó negro, caliente, ¿húmedo? Aquello la había tomado de sorpresa, sin embargo, no lo había hecho a un lado aún. Un fuerte dolor en su labio inferior la hiso respingar haciendo abrir más su boca y dándole acceso completo a su boca y ¡dioses, en verdad que besaba!

Un ligero gemido de Kagome fue atrapado entre besos, manos traviesas descendían por sus muslos y algo he su interior se encendió al instante, mientras que su razón se esfumo por competo. Horas atrás con Naraku simplemente había sido la mecha de explosivo, y Sesshomaru había sido el detonante. Sabía que después se arrepentiría.

Sesshomaru la levanto tomándola de los muslos para después colocarla sobre la cama, tumbándose en cima de ella sin aplastarla. Descendió por su cuello hasta su clavícula mientras una de sus manos divagaba entre sus muslos y la otra entre su pecho izquierdo pudiendo sentir la rigidez de pezón.

Sin embargo, la azabache no supo en qué momento había pasado de estar en un camisón holgado a simple bóxer femeninos, pero una vez más su mente se vio nublada ante la cálida boca del ambarino haciéndola soltar un gemido. En cambio, él ahora sin camisa y un pantalón semi abrochado.

No había tiempo para pausas o preguntas. Era más que claro lo que ambos ansiaban. Las uñas de Kagome estaban sobre los músculos de la espalda pálida y mordidas fueron regadas por todo su pecho; un gruñido ahogado y fragilidad perdiéndose en el relieve del ombligo de la pelinegra, fueron arrancados sin pensarlo dos veces y sus piernas se abrieron en cuando se les fue otorgada la libertad. Ambos aparentemente ya desnudos el uno sobre el otro. Sus temblores escalando rápidamente, conforme sus jadeos comenzaban a aumentar. Su razón se desvaneció de su cabeza con una súbita embestida, el cuerpo de Sesshomaru deslizándose como víbora sobre ella, su piel brillando en una capa cristalina de sudor. Ambos gimiendo, ciegos a su inmenso placer. Sus músculos resaltaban de una manera tan sensual que Kagome no dudo en tocarlos, arañando con la potencia de sus dedos hasta dejar su propia marca tatuadas. Hundió su rostro en el cuello del ambarino, se sentía abrumada, repitiendo desgastada mente el nombre con cada envestida que unía a sus cuerpos.

Sus piernas se acomodaron alrededor de las caderas de Sesshomaru; el ritmo se volvió cada vez más seguro, más firme, hasta que, en un momento, el demonio realizó un delicado movimiento con su pelvis obligándola a morderse el labios inferior en sorpresa y estremeciéndola desde la cabeza hasta la punta de su pies. Sus muslos se estrujaron, en la siguiente embestida y la siguiente, y la siguiente. Su cuerpo la traiciono, mostrándole sus más prohibidos deseos. Vocifero entre sus propios labios; sus labios nuevamente se encontraron, el ambarino la poseyó con agresivas caricias de su lengua, capturando sus labios con ruidosos tragos. Ambos compartieron un aviso intenso de euforia cuando él toco un punto especial en el interior de la Kagome, llevándola a una locura en cuestión de segundos. La pelinegra alzo su cabeza hacia atrás y una onda de electricidad la hizo gritar.

La pelvis del ambarino aumentó de velocidad, se sentían llegar cada vez más y más cerca a la deliciosa culminación que desesperadamente aspiraban, el clímax. Ella levantó sus piernas un poco más apretando justo de la forma correcta que ella sabía, y rotando un poco su cadera, arrancándole un sonoro gemido Sesshomaru, después otro firme choque de sus caderas, llevando así con eso para que ambos degustara un su sublime orgasmo.

El orgullo de ambos quedo a un lado por el momento. El deseo había sido más fuerte que sus propias indiferencias. El mañana lo resolverían después.

Pero Kagome sabia que se había metido en la boca del lobo; había revelado parte de su pasado a alguien que juraba despreciar por su manera de ser, y ahora lo había, de cierta forma, inmiscuido en su principal problema, Naraku.