Hola, chicos, sé que he tardado eones en publicar una continuación, y quisiera disculparme por el abandono de este fic. No ha sido para nada fácil mantener el hilo de la inspiración con todos los problemas, pero aquí estoy de vuelta, espero que aun sea de su agrado esta historia que luchare por darle un fin así que sin mas agradezco mucho a todos de corazón por sus comentarios, mil gracias, sin más el capítulo.
Capítulo 12
Se sentía realmente avergonzada, aunque él no debió entrar tan estrepitosamente, pero también ella había tenido gran parte de la culpa por ser tan descuidada, por no asegurar la puerta y ser algo torpe. Era obvio que al escuchar tremendo grito él se preocuparía después de lo que había pasado.
Ahora qui estaba ella armándose de todo el valor posible para enfrentarle y pedirle una disculpa; sin embargo, aún no encontraba la cara con la cual salir. Se sentía tan tonta.
Tomo un último respiro de valor y obligó a sus piernas a salir de la habitación.
El pasillo estaba levemente iluminado por una luz tenue que conducía hasta la sala donde momentos antes había tratado su herida. Camino apenas haciendo ruido divisando al chico apenas recargado sobre un enorme ventanal el cual daba una hermosa vista de la bella Italia. Se detuvo un momento para contemplarlo; de espalda un poco ancha, cabello azabache ondulado, no tan largo podía adivinar pon la coleta baja; su piel parecía un poco pálida a la luz de la luna. Él se movió un poco dejando un poco a la vista su mano en el que descansaba un vaso de lo que parecía ser un líquido ámbar y que obviamente no parecía ser jugo de manzana.
Se aclaro un poco la garganta para llama su atención, haciendo que el chico voltease la mitad de su cuerpo para verle, dándole un rápido escaneo para no incomodarla más de lo que parecía estar.
- Veo que te queda un poco grande, pero será solo temporal mientras tus prendas estén listas. – su vista se mantenía un poco baja evitando el contacto visual – Yo quisiera disculparme por lo de hace un momento, no era mi intención…
- No te preocupes, igual es mi culpa por se algo torpe y distraída – se apresuro a decir con la cara levemente sonrojada. Era verdad ella solía serlo. Podía ser un genio en su en sus estudio o trabajo, pero era un caso perdido en su vida personal.
El pelinegro se acerco a tan solo unos paso de distancia de la chica, la cual pudo percatarse de sus singulares y enigmáticos ojos carmesí del joven frente a ella. Inevitablemente, se permitió detallar sus rasgos varoniles y delicados, era un joven muy apuesto, pero sin duda alguna, era unos años más grande que ella.
- Que descortés soy – rio levemente sacando de su trance a la chica frente a el la cual se ruborizaba más – Ni siquiera te he dicho mi nombre – extendió su mano derecha hacia la chica dándole una sonrisa afectuosa – Soy Naraku.
- Kagome – estrecho su mano y encontró que calidez a su tacto, el contacto mando pequeños espasmos por todo su columna.
Un simple acto de presentación y un apretón de manos seria lo que marcaríauna serie de eventos en sus vidas, puesto que después de aquello, el chico, Naraku se ofreció a llevarla hasta el hotel en el cual se alojaba Kagome, prometiendo enviar su pertenencias al día siguiente.
Después de aquello, pasaron dos días y Kagome dejaba Italia para regresar a Japón. Con el pensamiento de no volver a ver a ese chico apuesto, lo cual la dejaba un poco afligida.
Pasaron tan solo cinco meses desde su regreso de Italia, y Kagome se encontraba en una fiesta donde la mayoría eran universitarios, y claro que ella había sido arrastrada por sus amigas de la preparatoria hasta ese lugar aprovechando el momento de que la azabache cumplía un año más de vida. Obviamente no estaba en contra de ello ni nada por el estilo; podría ser un ratón de laboratorio, pero también sabia como divertirse, no era algo de lo cual se privará, como ya había dicho era un desastre en su vida.
Sabia divertirse, claro que sí, bailaba, convivía, tomaba una que otra bebida, pero era su límite por el momento, eso era claro.
Kagome y dos de sus amigas disfrutaban de la buena música contoneando sus caderas de lado a lado al son de la melodía, los chicos no se hacían esperar para acercárseles.
Cansada la azabache junto con una de sus compañeras decidieron ir y sentarse a uno de los sillones para recobrar el aliento perdido en la pista. Y de repente una extraña pero familiar voz desde atrás llamo su atención.
- Debo admitir que, es extraño, pero que bailas muy bien – justamente situado al lado izquierdo de Kagome y levemente inclinado sobre sus antebrazos y el respaldo del sillón, el chico logro sacar un leve jadeo de la azabache haciéndola voltear en automático con los ojos muy abiertos.
- ¿Naraku? – su asombro la llevo a una confusión y excitación a la vez por la incredibilidad de que fuera realmente el chico de Italia. Una simple sonrisa como afirmación por parte de él y la chica era todo un rubor.
Resulto siendo que Naraku realmente residía en Japón, hijo de uno de los más grandes empresarios, y que había estado haciendo unas practicas fuera, Italia para ser precisos. El obviamente era universitario de segundo año, y como bien lo había pensado Kagome, era unos años más grande que ella, cuatro para ser exacto.
Y se podría decir que el era mayor y ella una adolescente, menor de edad, y sobre todo adolescente.
Una adolescente dotada, a pesar de cursar la preparatoria normalmente, ella estaba mas avanzada en su capacidad intelectual. Le habían ofrecido integrarse en niveles mas avanzados, incluso saltarse la preparatoria, sin embargo, ella rechazaba, puesto que quería transitar todo normalmente, obviamente tomaba clases avanzadas aparte como actividades extracurricular.
Y una cosa llevo a la otra, la amista tan solo duro dos meses, los dos tenían más cosas en común, entre ellas, la ambición. Sin embargo, llevaron su relación en secreto, ante su familias, escuelas, trabajos; solo uno que otro persona de confianza sabían de ellos, pero todo era un secreto.
Su relación fue más que de pareja amorosa, juntos trabajaban en proyectos ambiciosos. O mejor dicho en el proyecto ambicioso de la chica.
- ¿Qué es esto? – Naraku se inclino sobre la mesa de madera de su sótano donde su pequeña azabache le había extendido unos planos en los que estaba trabajando.
- Digamos que ¿mi proyecto de ciencias? – la sonrisa inocente junto con la emoción enmarcaba todo su rostro, ella siempre era un libro abierto para él.
Sin embardo al ver con mas detalle aquello, un ligero y obscuro brillo se percibió en sus ojos escarlata.
- ¿Esto es posible? – tenía cierta incredulidad de Kagome – Esto es más que un proyecto de ciencias, Kagome.
- Por supuesto que lo es – se acerco a el pasando sus brazos alrededor de su cuello acercando sus labios a su mejilla – Todo es posible – susurro sobre su oído provocando un gemido.
Coloco sus manos alrededor de su cintura atrayéndola más hacia él, y sus labios se fundieron casto beso, hasta que él proporcionó un poco de presión sobre el labio inferior de la azabache, la cual, en su respingo, el aprovecho para invadir su boca con su lengua, el beso se torno cada vez más intenso; sus manos bajaron desde su cintura hasta sus muslos y volviendo a subir por debajo de su falda y apretándola más hacia si mismo haciéndola sentir su ya evidente excitación.
Dejando los labios de la azabache para bajar lentamente hasta su senos y deleitarse en ellos, mientras su manos perdidas bajo las pantaletas y acariciando el frágil botón de la chica que se arqueaba más hacia él frotando y tirando levemente de su ondulados cabellos azabaches.
- - ¡Naraku!...
Un par de ojos chocolates se abrieron con desconciertos, su pecho subía y bajaba en un rápido movimiento de agitación por lo que trato de calmar su respiración y de ubicarse en el lugar en el que se encontraba, por la tenue luz que se filtraba por el ventanal, podía deducir que a penas y las cinco o seis de la mañana. Están en la habitación del hotel.
Trato de recordar lo que había pasado cuando un ligero movimiento a su lado la saco de sus pensamientos, y por si fuera poco el enorme y pálido brazo que se aferraba sobre su cintura la trajo de vuelta a los eventos de anoche.
Giro levemente su cabeza para mirar sobre su hombro al hombre que ya hacía a sus espaldas, y lo que vio la dejo completamente perturbada. Aunque pudiese ser la vista más tentadora, era insólito para ella. Ahí tendido boca abajo levemente cubierto por las sabanas blancas y el cabello platinado ligeramente tendido en las almohadas se encontraba el mismo Sesshomaru en toda su gloria.
- Oh por dios – murmuro - ¿Qué mierda hice? – golpeo levemente su frete como represalia o tratando de aclarar su estupidez.
Se escabullo de entre las sabanas y levanto lo que queda de sus ropas y salió del cuarto en silencio y entro al suyo cerrando la puerta tras de si colocando el seguro. Se dejo caer deslizándose en la puerta tomando con ambas manos su cabeza.
- Que jodida estoy, por que con el Kagome - se levanto de golpe y entro al baño.
Poco después surgió de el con el cabello enredado en una toalla mientras secaba en el trascurso su cuerpo, se dirigió al closet donde habían colocado sus nuevas prendas las cual contemplo con leve fastidio; sin embargo, pensó en su elección y tomo un vestido verde oscuro hasta las rodillas, mangas largas, hombros descubiertos levemente ceñido al cuerpo y unos tacones negros, no tan altos con los que podía lidiar.
Seco lo más que pudo su cabello y lo ato a una coleta alta. Y solo un leve toque de maquillaje, corrector para las ligeras ojeras debajo de sus ojos, un poco de mascara de pestañas, un ligero rubor, y brillo labial que era mas para la resequedad.
Tomo su bolso y antes de salir de su habitación coloco solo un poco de loción para después dejar el lugar; aparentemente y por lo que logro darse cuenta, él aun dormía.
Kagome camina por el pasillo hacia el ascensor deteniéndolo al instante de que este se cerrara sin ella. Una vez dentro vacilo con el celular en la mano, si llamaba a Jankotsu o no, sabía que con lo que iba a hacer, necesitaban un respaldo; pero también había cosas de las cuales el no tenía ni debía enterarse, por lo que opto en otra persona, tecleo enviando un par de mensajes y espero por una respuesta lo cual fue casa al instante. Las comisuras de sus labios se levantaron en una ligera sonrisa sombría para después guardar su celular y salir del ascensor al llegar al piso deseado.
Camino sin prestar mucha atención a su alrededor, simplemente se dirigió al restaurant del hotel justo a los corredores que daban una hermosa vista a los jardines del lugar, el lugar favorito para desayunar.
Sentado y con la vita perdida con el té medio camino de tomar, sin ninguna inquietud.
- Es bueno ver que hay cosas que nunca cambian – dijo logrando el efecto que ella esperaba cuando ojos carmesí se posaron con intensidad el sus chocolates como dagas, mientras se sentaba frente a él.
- ¿A que debo el honor de tu presencia? – escupió con desdén, llevando su taza de té a sus labios.
- Cumpliré con mi palabra de anoche. Pero no aquí – ella vio la incredulidad en los ojos de él por lo que se apresuró a sacar unos documentos de un sobre y dejarlos sobre el centro la mesa.
No necesito tomarlos para saber lo que eran, claramente sabia su contenido, años atrás habían sido hurtados por la chica. Expedientes y pruebas auténticas de tratos sucios y de crímenes atroces.
- Pongamos las cartas sobre la mesa, Naraku.
Tokio
La chica tendida detrás del su cubículo, evidentemente concentrada en su trabajo tecleando aquí y allá con su rostro cubriéndole el cubrebocas, dejando solo a la vista sus aparentes ojos chocolates opacos, miraban por tercera vez a la mujer insistente frente a ella, esta era la tercera vez en que le decía que ya era la hora del almuerzo, por lo que simplemente rodo los ojos y fastidiada se levanto de su lugar.
- Te escuche la primera vez, Mey. Fuerte y claro – extendió su mano hacia la máquina de impresión tomando unas hojas – Solo dejare esto sobre el escritorio de mi jefe y me reuniré con ustedes en el lobby, ¿ok? – acomodo un corto mechón rubio detrás de sus oreja con impaciencia.
- Para que la molestia si ni siquiera se encuentra en Tokio – bufo confundida.
- Son los pendientes y mi solicitud incapacidad por dos meses, comenzare mi tratamiento la próxima semana y estaré al cuidado de mi familia.
- Oh dios santo Amy – dijo incomoda – Bien te esperaremos abajo.
Amy suspiro con cansancio y se escabullo a la oficina de su jefe, Naraku Kahewaki. Camino directamente hasta el escritorio de roble negro mientras que en su mano se encontraba su celular con el cual intervenía los mecanismos de vigilancia de la oficina por un corto periodo de tiempo. Tiempo que aprovecho para entrar rápidamente al computador y extraer una memoria, la cual retiro rápidamente dejando la oficina, Esa era una de las ventajas al ser la secretaria, una serie de confianza la cual no podía permitirse quitar.
Se encontró con sus compañeras como había quedado para almorzar. Llevándola a uno de los restaurantes cercas del lugar y no muy costos, pero tampoco simple.
Sentadas compartiendo, la rubia se encontró viendo a una bella mujer de labios carmín y cabello azabache entrando a los baños.
- Vuelvo en un minutos – viendo la confusión y preocupación de sus compañeras se apresuró a agregar – Solo iré al baño – sonrió ligeramente saliendo del lugar.
Dentro del servicio de damas, la mujer elegante se encontraba retocando su labial mientras que por el rabillo apreciaba quien entraba irrumpiendo su acción.
La chica se coloco a un lado de la mujer mientras lava sus manos desinteresadamente y secaba con una des las toallas de papel.
- Es un bello labial – sonrió débilmente sacando al parecer un labial de su bolso dejándolo sobre el lavamanos – El mío es tenue, pero, es todo lo que pude obtener, pero funciona – paso de lado y salió volviendo con sus compañeras de trabajo dejando a la mujer con la mirada en el artefacto para luego tomarlo y salir del lugar.
Una vez dentro del automóvil privado, saco de su bolso su célula marcando al instante y siendo atendido por la voz aguda de un chico.
- Mi hermosa Tsubaki como…
- Jakotsu, ¿dónde demonios esta Kagome?
