La idea llevaba meses en su cabeza, exactamente siete, la misma cantidad de meses que su primogénito llevaba de huésped en su vientre.
Hinata estaba sentada frente a todo el clan, con su esposo a su lado y siendo observada con cautela por parte de su padre.
– Quiero que todo el clan esté al tanto... – habló la líder del clan Hyūga, consiguiendo la atención de todos los presentes. – La marca del pájaro enjaulado ya no será llevada en la frente. Desde que Hanabi me cedió su lugar como heredera del clan he pensado en eso, porque no quiero condenar a mi hermana a que su rostro siempre esté cubierto. Es por eso que desde el nacimiento de nuestro hijo. – al decir la última frase le fue inevitable no mirar a Naruto, quien apretó su mano en señal de apoyo. – La marca será aplicada en la columna vertebral de cada Hyūga perteneciente a la rama secundaria, comenzando por Hanabi y las nuevas generaciones del clan.
El silencio se hizo presente en el salón una vez que la peliazul dejó de hablar.
Aunque más de alguno tenía dudas sobre aquella decisión, la mayoría prefería callar, pues ellos no eran nadie para cuestionar una decisión tomada por su líder.
– Hinata-sama – murmura uno de los ancianos. – ¿Que sucederá con aquellos que ya fueron marcados en su frente? –
Esa simple frase hizo que Neji bajara la vista, el sabía perfectamente que no había forma de borrar la marca de su cuerpo, pero estaba feliz de que en un futuro sus hijos no llevarían una tan visible como la de suya y por sobretodo podrían seguir cuidando el Kekkei genkai de la familia.
– Todos sabemos que no se es posible el eliminar la marca una vez que esta es hecha en un cuerpo, así que las personas que ya la poseen deberán vivir con ella, pero en su descendencia verán plasmado el hecho de que se puede hacer cambios en el destino. –
Con esas palabras Hinata se dirigía a Neji, quien la observaba con una leve sonrisa y con el corazón lleno de ansias para contarle a su esposa que sus hijos serían libres, al menos más que el.
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Residencia Uzumaki-Hyūga.
La noche había llegado y de la mano el sueño se había apoderado del cuerpo de la mayor de las Hyūga.
Por esa razón Naruto la había cargado hasta su habitación para vestirla con esa remera que meses atrás había sido suya y que hoy era el pijama favorito de su esposa. Con cuidado la cubrió con los cobertores y le fue imposible apartarse de su lado, así que se recostó junto a ella y por inercia su mano viajó hasta el hinchado vientre de Hinata.
– Estoy orgulloso de tí Hime – susurró el rubio, mientras con cuidado su mano acariciaba el vientre de Hinata, quien seguía dormida – Y estoy seguro que nuestros hijos también estarán orgullosos de ti en el futuro.
– Es asqueroso ver lo débil que te has vuelto – carraspeó una voz dentro de la mente de Naruto.
Él aludido sólo río por lo bajo.
Ya no caía tan fácilmente en sus burlas.
– No soy débil por estar enamorado. – responde el rubio en su mente.
– En el futuro, tu mocoso va a ser idolatrado por todos sólo por ser tu hijo. No permitas que eso lo vuelva un ególatra. –
Naruto se sorprendió por las palabras del Bijū, tardando en encontrar las palabras para responderle. Aunque fue sacado de sus pensamientos al sentir como unos leves golpes hacían presencia entre su mano y el vientre de Hinata.
– Intentaré criarlo lo mejor que pueda. Creo que ningún padre sabe como criar la primera vez – responde el hombre de ojos azules.
No obtuvo respuesta.
Con el paso de los segundos sus ojos comenzaron a pesar y sin importarle que aún estaba con su ropa diaria se dejó llevar por la tranquilidad que le irradiaba el dormir junto a su Hime.
