Hyuga Hiashi nunca imaginó que en un punto de su vida estaría frente a una escena como esa, en la cual el mayor de sus nietos hacía un berrinche por ser el único que no poseía el dojutsu familiar.

El pequeño Uzumaki Boruto, a sus siete años había sido espectador de como su pequeña hermanita despertaba el Byakugan y todo por su culpa, quedándose él como el mayor y único descendiente del clan Hyūga en no poseer esa privilegiada vista, osea prácticamente los mellizos solo poseían el característico color de ojos heredados de su tío Neji, pero aún así se notaba a kilómetros que ellos eran Hyūgas, mientras que él solo tenía los bigotes heredados de su padre.

— No es justo que yo no tenga nada. — susurra el pequeño rubio con pena.

Desde su asiento Hiashi no podía evitar sentir ternura por su nieto, ese pequeño hiperactivo tan idéntico a su padre y que el perfectamente sabia que tiene mucho más de lo que desea.

Fue inevitable para Hiashi no regresar en el tiempo unos cuantos años.

Siete, para ser más exactos.

El día que Boruto llegó al mundo el clima estaba frío y tanto Hiashi como Neji querían estar presentes en uno de los días más importantes para Hinata.

— Sólo Naruto-sama va a ingresar al cuarto, es su esposo y el padre del bebé. — había sentenciado la anciana partera del clan.

De forma reacia ambos Hyugas aceptaron las palabras de la anciana y a sabiendas que no podían quedarse sin hacer nada por el tiempo que durará el parto, decidieron enfocar sus mentes en alguna tarea.

Neji iría con su embarazada esposa Tenten, quien a sus tres meses de embarazo parecía tener una barriga de dos trimestres, inquietando a más de algún anciano del clan.

Hiashi por su lado se ubicaría en su futón fuera de la sala donde se encontraba la mayor de sus hijas y comenzaría a meditar, aunque el sabía perfectamente que se sentaría allí para hablarle a su difunta esposa.

Los gritos desde el interior de la habitación eran un poco angustiantes para el hombre, pero el sabía cuán laborioso podía llegar a ser un parto.

En su vida Hyūga Hiashi había asistido al parto de sus dos hijas y en ambas oportunidades había conocido esa sensación de haber nacido a la par con ellas.

— Vamos a ser abuelos querida Hana, Hinata se convertirá en madre dentro de unos minutos aunque puede que sean horas. Y no sabes lo feliz que me hace el que haya encontrado a un hombre que la ame tanto como lo hace Naruto. Me gustaría que estuvieras aquí para conocer al bebé, pero como eso no será posible te prometo que le daré mi cariño junto al tuyo, al igual que el del cuarto Hokage y su esposa, sabes Hana ellos también son los abuelos de nuestro nieto...

El ex líder del clan Hyūga no fue capaz de terminar de hablar en sus pensamientos, ya que un suave llanto lo alertó de que la espera por su primer nieto y futuro heredero del clan había terminado.

Solo tuvo que esperar unos minutos para que la partera lo autorizará a entrar a la habitación.

— Hiashi-sama, ya puede conocer a su nieto. — anuncia la misma anciana que no lo autorizó a ingresar al parto.

En el instante que Hyūga Hiashi vio por primera vez a Uzumaki Boruto supo que ese pequeño regordete de cabellos rubios y marcas idénticas a las de su padre, sería alguien importante dentro de su vida, pero sobre todo sería una persona de grandes valores y habilidades.

No por nada era fruto de la unión de unos descendientes directos de los creadores del mundo shinobi.

— ¡Oji-San! — exclama el rubio, sacando a su abuelo de sus pensamientos.

Hiashi disimuló una sonrisa al ver la mueca de su nieto.

— ¿Sucede algo? — pregunta el hombre con cautela, a la espera de la energía que irradia ese pequeño.

— ¿Porque Hizashi y Hikari tienen el Byakugan y yo no? — el puchero en los labios de Boruto lo hacía más adorable de lo normal ante los ojos de su abuelito.

— Boruto... — suspira Hiashi con ternura. — Tus primos sólo tienen el color de ojos del clan. Bueno Hikari tiene un poco de café en su mirada, pero eso no significa que ellos te ganen en habilidades, ni Hikari ni Hizashi ha despertado el Byakugan aún. —

El niño decidió pensarlo un poco y aún así más interrogantes llegaron a su mente.

— Los ojos de Hika-chan son así porque tía Tenten no es del clan ¿Verdad? — una nueva pregunta había abandona esa caja de sorpresas que tenía por nombre Boruto.

Hiashi asintió levemente.

— Y por la misma razón Himawari y tu tienen los ojos azules. Porque su padre es parte del clan Uzumaki, proveniente del país del remolino. — explicó el mayor.

Desde su sitio el menor llevó su mano a su mentón, simulando el estar pensando en alguna otra pregunta o respuesta para hacerle frente a su abuelo.

— Entonces... ¿Por qué Hima pudo tener los ojos de mamá? —

Y ahí iba la razón del berrinche y cuestionario al que estaba siendo impuesto el hombre.

— El que Himawari haya despertado el Byakugan a los cuatro años sigue siendo un misterio. Ella es la primera en despertarlo siendo tan pequeña. — el Hyūga no quería especificar tanto ante Boruto, pues bien sabía que el apenas era un niño.

— Quisiera poder tenerlo algún día. — gruñe el menor haciendo una tierna mueca.

— Todo a su tiempo Boruto. — apremia Hiashi con un tono de voz calmado. — ¿Qué te parece si seguimos entrenando? —

— ¡Claro, Oji-San! ¡Verás que seré el mejor de tus nietos-ttebasa! —

Ambos vuelven a sus posiciones de combate.

Un Hiashi sin activar su Byakugan observa fijamente a su nieto.

Ese que es tan diferente a el, pero que ama como si hubiera salido de una de sus costillas.

Sus ojos blancos están fijos en el pequeño rubio de ojos azules y bigotes como marca de nacimiento que dio inicio a las nuevas generaciones del clan Hyūga.