— ¡Es hora de pedir los deseos-ttebasa! — exclama Boruto desde su sitio en la mesa.
Todos los invitados asintieron demostrando estar de acuerdo, para la gran mayoría de los padres de todos los invitados era el momento perfecto para tomar fotografías, aunque ya habían una persona auto definida para aquella tarea.
— ¡Naruto-niichan apresúrate! —
Una cuantas carcajadas se escucharon con las palabras de Sarutobi Hanabi, quien estaba más que dispuesta a avergonzar a su hermano político, sin importarle mucho que este fuera el Hokage de la Aldea.
Con extrema delicadeza el séptimo Hokage entró en la sala, donde en el centro de la mesa se encontraba la menor de sus hijos, su preciosa Himawari.
Era imposible disimular la felicidad en el rostro se la menor de los Uzumaki, quien el día de hoy cumplía cinco años.
— ¡Felicidades Hima-chan! — grita un pequeño rubio de ojos aguamarina, demostrando un poco de rubor en sus pálidas mejillas.
Una enorme sonrisa se instaló en el rostro de la festejada, mientras que en el rostro de Naruto se formaba una leve mueca que fue imperceptible para todos menos para su esposa, quien movió la cabeza a la par que soltaba una risa entretenida.
— Puedes pedir tus deseos cariño. — susurra Hinata, quien había prendido las velas del pastel mientras los ojos de su hija seguían enfocados en los ojos del primogénito de Sai e Ino.
Ambos niños apartaron la mirada con rapidez, Himawari enfocándose en su pastel, mientras que Inojin se volvía hacia Ino, consultando si lo había hecho bien felicitando a su pequeña amiga.
Himawari torció los labios por unos segundos y con una mirada rápido observó como todos los presentes sonreían en su dirección, mostrando ese cariño que todos le tenían desde que era pequeña.
— Deseo... que el tío Neji me deje jugar con su cabello más seguido. —
Con ese primer deseo pronunciado por la peliazul todos se volvieron hasta el recién nombrado, quien se había sonrojado por el secreto que su sobrina había revelado, Tenten al lado de Neji fue más osada y sin importar que su esposo se molestara movió su mano derecha hasta la espalda de este y comenzó a jugar con el moño que sostenía las puntas de su cabello.
Antes de que el matrimonio se diera cuenta la atención había sido devuelta a la cumpleañera que miraba dudativamente las velas de su pastel.
— Deseo... algún día conocer a mis Obaa-chan y a mi Ojii-chan que fue Hokage como papá — el momento en que Himawari pronunció esas palabras todo el mundo se mantuvo en silencio y en los ojos de sus padres se pudieron ver claramente un par de lágrimas, al igual que en los inexpresivos ojos de Hyūga Hiashi. — Y... Deseo ser feliz con mi familia para siempre. — al final de su oración le siguió el que la menor apagara las velas del pastel, acto que fue seguido por una ola de aplausos por parte de los invitados.
— ¡Feliz cumpleaños Hima-chan! — exclamaron todos.
Aunque unos gritos como los de Boruto y Naruto se escucharon más fuertes que el resto.
Rápidamente ambos mellizos Hyūgas bajaron de sus asientos y corrieron hasta donde estaba sentada su prima, a quien abrazaron pues la querían como a una hermana más.
— Felicidades Hima-neechan, te quiero mucho. — dice Hikari con ternura.
— Felicidades en tu día Hime-chan — pronuncia Hizashi con su típico tono neutro, pero a su vez regalándole una sonrisa a su prima.
— Muchas gracias Nee-san, Nii-san, yo también los quiero... —
Con cautela los tres pequeños deshicieron el abrazo, para encontrarse con la presencia del mayor de los Uzumaki-Hyūga.
— Feliz cumpleaños Hima, espero que te guste... — murmura Boruto, entregándole un gran regalo a su hermana.
Himawari no recibió el paquete, sino que se lanzó de lleno a abrazar a su hermano, ocultando las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos.
— ¡Gracias por todo onii-chan! Te quiero mucho. —
Esas simples palabras entraron a su corazón con la rapidez de un rayo, logrando que lágrimas corrieran por sus regordetas mejillas que desde su nacimiento estaban marcadas por dos bigotes a cada lado. Sus brazos rápidamente respondieron el brazo que Himawari le estaba dando y cerró los ojos con fuerza, con el corazón lleno de felicidad por hacer feliz a su pequeña hermana.
Desde el inicio de la sala el matrimonio Uzumaki veía como sus pequeños retoños estaban sumergidos en ese hermoso abrazo, sintiéndose orgullosos de que ambos se quisieran y se respetaran como lo hacían Boruto y Himawari.
