CAPÍTULO 8.

DECISIONES

Las incertidumbres son algo que no puedes lidiar fácilmente, y era algo que Hiei conocía perfectamente, lo importante en esta situación era calmar los alocados arrebatos que su amante estaba presentando, con el fin de tenerlo sin importar quien tuviese que pagar las consecuencias de no lograrlo.

—Deja en paz a Kurama y juro que haré todo lo que tú me pidas.

—¡Lo vez, no era tan difícil renunciar a todo!

—Sólo permíteme encargarme de los detalles — interrumpió la felicidad de Karasu — al menos hay que hacerle creer a Kurama que no la he abandonado, que intente salvarla, y que ante aquel acto tu decidiste impedirlo.

—¡Jamás! Quiero que esa entrometida sufra y sienta lo que es el dolor de ser alejada de lo que más aprecia.

—Basta de decir eso, ella no podría enamorarse de mi — no lo podía creer, o tal vez sí, sabía que ella le tenía un alto aprecio y lo demostraba cada que podía, pero escucharlo de alguien más hizo que Hiei sintiera diferentes emociones, por un lado alegría por saber los sentimientos de su esposa, por otra parte confusión, debido a que el jamás había sentido algo por una mujer antes, y menos teniendo en cuenta sus preferencias, ¿sería Kurama la primera mujer en su vida qué él podría amar?

—Es claro que supiste conquistarla, ¿Qué hiciste para que ella creara falsas esperanzas, acaso te gusta?

—Por favor, es lo único que te pido, no me interesa nadie más que tú y te juro que me iré contigo, nadie sabrá de nosotros, haz creer que esto ocurrió, de esa forma ella podrá seguir con su vida y con los privilegios que posee como Emperatriz, podrá encontrar a alguien más y nosotros seremos libres de vivir como nos plazca

Karasu no podría creer que esas palabras salieran de su amado con tanta resignación, pero una parte de él quería creer cada una de aquellas oraciones, prefería arriesgar todo con tal de estar con Hiei que no tenerlo a su lado de ninguna forma.

—Bien la dejaré ir, sólo espero que no me traiciones por esa infeliz o te juro que en la siguiente oportunidad que tenga no correrá con tanta suerte.

—Te lo prometo.

—Está bien, pero antes que nada, deja cualquier arma que traigas contigo, o deseas que registre cada parte de tu cuerpo para asegurarme de que no tramas nada — Una sonrisa seductora apareció en su rostro, ante la idea de tocar nuevamente aquel cuerpo que tanto adoraba.

Ante la petición de su amante, Hiei sacó de entre sus ropas la daga que llevaba consigo, arrojándola enfrente de Karasu, quien la tomó y se dio media vuelta, con una expresión de insatisfacción, deseaba ver la resistencia de Hiei para poder llevar a cabo sus lujuriosas intenciones.

—Ahora déjame ver a Kurama.

—Tranquilo, en seguida la veras por última vez.

Karasu desapareció tras la cascada, dirigiéndose hasta el lugar donde tenía prisionero a Kurama, quien aún estaba inconsciente. Lo tomó por el cuello de sus ropas y lo abofeteó con tanta fuerza que su mejilla adquirió un rojo intenso; lo cual lo hizo reaccionar, y al ver la cara de Karasu tan próxima a la suya no pudo evitar mostrar todo el desprecio que sentía por él.

—Descuida preciosa, está será la última vez que me veas así que se buena y compórtate o puede que tengas otros golpes en ese lindo rostro.

—Quítame las manos de encima asqueroso cerdo.

—Vaya, ¿dónde quedaron los buenos modales de una señorita de clase?

—Eso a ti no te importa, te exijo que me sueltes.

—Todo a su tiempo, ahora muévete no tengo todo el tiempo del mundo — con la daga de Hiei, desató las ataduras de las piernas de Kurama, pero a pesar de ello dejo intactas las que aprisionaban sus manos, por precaución — adivina quién ha hecho un trato conmigo — susurró cerca de su oído cuando se puso de pie y se dirigía a la salida.

—¿A sí quién? — la verdad es que no le importaba nada que tuviese que ver con Karasu y Hiei, lo único que deseaba era salir y poder decirle sus verdades a ambos, sin duda los celos aún hervían en su interior.

—No te exasperes, pronto lo veras, y será la última vez que me veas a mí también.

—"Si de verdad lo deseas puedo encargarme de él" — La voz del demonio zorro en su interior, emergió en los pensamientos de Kurama — "recuerda algo, soy un demonio que habita dentro de ti, pero aun así estamos unidos, y no puedo permitir cualquier humillación que este imbécil nos haga"

— "Aún no…espera un poco más" — Kurama quería vengarse por todo, era la primera vez que sentía aquel dolor hacía su orgullo, un sentimiento que jamás pensó sentir, pues era una persona serena y que sabía controlarse. Una ligera sonrisa brotó en sus labios, la cual Karasu no percibió pues iba atrás de él y Kurama mantuvo el rostro bajo en todo momento, representando la resignación y humillación que tanto deseaba su captor.

Ambos salieron de la cascada, Hiei estaba esperando pacientemente con los brazos cruzados y con una mirada que sin duda no demostraban ninguna emoción; sin duda su semblante era completamente indescifrable. Lo cual hizo hervir más la sangre de Kurama, sabía que no estaba allí para salvarla, sino porque había encontrado una manera de salirse con la suya, de huir con su amante y aunque no sabía que planes tenían para él, sabía que no lo dejarían irse tan fácilmente, pero ellos no sabían lo que les esperaba, serían ellos quienes se llevaran la peor parte de la noche.

—Bueno como te lo prometí, sana y salva.

—Veo que no tan sana — dijo Hiei haciendo un gesto con la cabeza al percatarse del rojo que no había disminuido en el rostro de su esposa.

—Al menos sigue viva y respirando no pidas más.

—Bien, entonces déjala ir, ella ya no tiene nada que ver en esto.

—¿¡Qué no tengo nada que ver en esto!?, mis padres acordaron nuestra boda para salvar tanto el nombre de mi propia familia y para ayudarte a…vaya ahora comprendo todo, ahora entiendo porque tenías tanta prisa por casarte, por qué no te importó llegar a un acuerdo tan ventajoso con mis padres — Trato de que su voz no temblara ante la rabia de saber la verdad detrás de su matrimonio, pero eso era imposible, al menos logró evitar que las lágrimas recorrieran sus mejillas.

—Es verdad Kurama, lo admito, te usé para preservar mi estatus y mi reputación. Te usé para lograr lo que quería…

—Pensé que eras diferente, nunca imaginé que fueras capaz de semejante traición.

—¿Traición?, tus padres te vendieron, de no ser por mí, tu familia estaría en la ruina o incluso te hubieran vendido a cualquier buen postor, yo fui la elección más apropiada que tus padres pudieron encontrar, aún siguen gozando de su buena vida y de más privilegios al ser tú mi esposa — Sin duda las palabras de Hiei sonaban más duras de lo que pretendía, pero quería que Kurama se hiciera una mala impresión de él, así sería más fácil.

—¡Cielos! Esto no me lo esperaba, sin duda una historia muy complicada, pero tranquila primor ya no tendrás que preocuparte por todo esto — Karasu le paso un brazo al hombro a Kurama, mostrando satisfacción por ver como ambos peleaban.

Las sogas que ataban las manos de Kurama cayeron sin previo aviso, una densa niebla cubrió a Kurama y a Karasu, ante lo cual Hiei quedó estupefacto sin saber cómo reaccionar, eso era algo que no esperaba ver ni en sus sueños más locos. De repente, entre aquella brumosa niebla el cuerpo de Karasu salió despedido pasando cerca de Hiei, y terminando debajo de un árbol el cual ante el impacto se torció desprendiendo parte de sus raíces del suelo.

—P-pero qué…

—No te preocupes aún está vivo, pero no por mucho — de entre la niebla una voz más grave surgió, Hiei no pudo reconocerla pues era la primera vez que la escuchaba.

—¿Quién eres?

—Veo que no me reconoces a pesar del tiempo que llevamos juntos, pero es normal nunca me habías visto así, soy Kurama.

—Tú no puedes ser Kurama.

—Claro que lo soy, bueno en sí soy un ser que habita en su cuerpo, y de algún modo estoy conectado a él, somos dos seres diferentes pero el mismo a la vez. Es un tema complicado, pero no creo que sea necesario que lo conozcas, además, no creo que vivas lo suficiente para comprenderlo.

—¿Qué intentas decir con eso?

—Tú intentaste lastimar a Kurama, tú y esa basura que está allí – señaló al inconsciente Karasu con un movimiento de la barbilla mientras se acercaba hasta el Emperador — ¿crees que un acto como ese puede quedar impune?

—Espera, yo no quería que le hicieran daño a Kurama, ella no tiene nada que…un momento, ¿por qué un demonio con forma masculina habita en el interior de una chica?

—¿Eres tonto o te haces?, bien iré directo al grano, Kurama no es una chica.

Hiei no podía comprender las palabras que decía aquel demonio, ¿Kurama no era una chica?, entonces…eso quería decir que había estado casado con un chico todo este tiempo… pero ¿cómo? El demonio zorro se percató de su confusión, así que decidió explicarle un poco las cosas.

—Veras, es cierto que te casaron por beneficio de ambas familias, pero no puedo creer que no supieras que en la familia de Kurama jamás habían tenido una hija…

—Sus padres juraron que había sido una chica muy retraída y poco sociable, además de que hasta hace unos años había estado con unos parientes lejanos.

—¿Y tú te tragaste todo ese cuento? Sí que eres un idiota y para colmo no notaste nada en todo este tiempo, eso te hace un idiota aún mayor.

—¿Pero por qué Kurama no dijo nada?

—¿Por qué crees? Eres un hombre, el o más bien nosotros también, su familia estaba en la ruina y desesperada, si te hubieras enterado estaba la posibilidad de que lo tomaras como un chantaje y una estafa por parte de su familia, y era lo que menos deseaba. Ahora respóndeme ¿en verdad dejarías a Kurama y a todo tu reino por algo como eso? — Señalo nuevamente a Karasu.

—La verdad es que en un principio me resigne a perder el amor de Karasu, mi amante desde hace mucho tiempo, eso fue cuando me comprometí con Kurama, después me fue difícil olvidarlo, además de que el intentaría recuperarme, pero el tiempo paso y no supe de él, y la relación con Kurama me hizo encariñarme con ella, bueno con él pero pensé que solamente era aprecio. Esta noche me preocupe por su vida, y temía que algo le ocurriese, la verdad es que ni yo mismo sé que siento.

—Pues tendrás que decidirte es él o Kurama, esta oferta expirara pronto así es que decide, si eliges a ese bastardo ten por seguro que Kurama ni yo lo perdonaremos, y sé bien que ese tampoco lo hará.

—M-maldito bastardo, Hiei es sólo mío — Con dificultad Karasu logró ponerse de pie, con lo cual sorprendió a los otros dos, era más fuerte si podía soportar el golpe que sufrió.

—Sin duda me sorprende tu perseverancia.

—Tendrás que pasar por mi antes de llevarte a Hiei, no se lo entregaré a nadie ¿me oíste?

—No tengo intenciones de pelear, le estoy dando la oportunidad a Hiei de que decida, pero si tu insistes te mandaré directo al infierno — Esas últimas palabras sonaron más a una afirmación que a una amenaza.

—¡Basta! Esto se está saliendo de control, por ahora no puedo darles una respuesta.

—Hiei, creí que al fin te habías decidido por mi — Karasu se acercó colocando su mano sobre su hombro, acto que esquivó Hiei.

—Lo siento, pero ahora estoy completamente confundido. Tus acciones me dejan perplejo no creí que fueras capaz de llegar a estos extremos y mis sentimientos por Kurama son aún confusos.

—Por mi parte tienes hasta el amanecer para decidir, a mí no me interesa lo que elijas pero te aseguro que si por esto sufre Kurama lo lamentarás.

—¡Ja! A quien le importa lo que le suceda, pero eso si Hiei, espero estés preparado para darme la espalda.

Aquella decisión estaba solo en manos de una sola persona, y no sabía que decidir, pero por el bien de todos era necesario aclarar sus sentimientos. Y decidir cómo proceder con las consecuencias que conllevarían en el futuro. Hiei decidió adentrarse en el bosque para pensar, y ambos, tanto Kurama quien permanecía en forma demonio para defenderse de cualquier posible ataque de Karasu, y el mismo Karasu permanecieron a distancia, mientras daban espacio al Emperador, pero algo era claro, una vez que amaneciera todo se decidiría y posiblemente alguien terminaría perdiendo más que el cariño de esa persona importante.