— Entonces... Caballo... Escorpión... Ve-verraco, Tía Hinata no creo que pueda activar mi Byakugan así... — murmura Hikari, dejando de hacer las poses de manos que le había indicado la líder del clan.

Hikari... — gruñe su padre desde una esquina del dojo.

El líder del Boke, avanzó a pasos lentos hasta donde se encontraba su hija, ignorando a su prima quien cumplía como maestra de la niña, se hincó al lado de su pequeña castaña para poder mirarla a los ojos.

— Este es el primer paso para que aprendan a dominar su línea sensorial, su tía Hinata y yo también pasamos por esto cuando éramos pequeños — le explicó Neji con voz tranquila.

En los dorados ojos de Hikari se podía ver a simple vista inquietud, ese miedo que había mermado en ella desde que conoció la historia de toda su familia, cuando su madre le contó que su papá es conocido como el genio de su generación no se asombró, no por nada su padre había sido ANBU antes de que su mellizo y ella nacieran, pero después su tío Naruto les había contado que Tenten, su madre, había sido una de las pocas en poder manipular una de las armas sagradas del sabio de los seis caminos en la guerra y ahora dicha colección estaba en las repisas del dojo en casa.

Más tarde en la academia tanto ella como su hermano y su primo se habían enterado en clase de Historia de la Aldea todo lo que había sucedido en la última gran guerra.

Su padrino había sido el gran héroe que ha salvado el mundo más de una vez, su madrina, es la actual líder del Clan Hyūga, esposa del héroe más grande de la historia, ese mismo que hoy ocupaba el puesto de Hokage en la Aldea, su tía Hanabi era una excelente usuaria de jūken, por no decir que su padre y su tía también eran expertos en esto.

Y ahí estaba ella, la hija mejor del genio Hyūga y la experta en armas que era Tenten.

Era imposible evitar sentir pánico por el difícil camino que su destino le había impuesto solo por haber nacido en el clan Hyūga.

Hikari... ¿Hija? — la voz de Neji se escuchaba lejana en los oídos de la menor, quien seguía divagando sobre el peso que se había instalado en sus hombros al saber la verdad sobre su familia.

Los ojos de Hikari se llenaron de lágrimas y en un parpadeo se enfocaron en las grises perlas que poseía su padre.

— Lo siento papá. — susurró, aguantando las ganas de permitirle a sus lágrimas que viajaran por sus mejillas.

Antes de que Hyūga Neji fuera capaz de entender las palabras de su pequeña ella le hubiera dado la espalda para salir corriendo del dojo, dejándolo a él y a Hinata sorprendidos, no era normal que la pequeña Hikari tuviera esas reacciones.


El claro del bosque perteneciente al clan Nara era lejos el paisaje más llamativo para la menor de la familia.

Nara Karura había nacido de la unión de Nara Shikamaru y Sabaku No Temari, teniendo también como hermano mayor a Nara Shikadai, quien en esos momentos se encontraba practicando el Kagemane no jutsu perteneciente al clan, el cual era pasado de generación en generación dentro de los Nara.

Apoyada contra el tronco de un árbol se encontraba Temari, quien sostenía en sus brazos a una alegre Karura de solo cinco meses de nacida y al costado de ambas mujeres se encontraban unos cuantos ciervos que merodeaban por el claro del bosque.

— Ne... Karura-chan, tu hermano cada vez mejora más — pronuncia Temari con voz infantil, con la intención de llamar la atención de su hija y teniendo éxito en ello, pues los almendrados ojos de la pequeña rubia viajaron desde su madre hasta donde se encontraban padre e hijo entrenando.

— ¡Da! — balbucea la menor, festejando a su hermano mayor.

Tanto padre e hijo escucharon a la menor y voltearon en su dirección con una sonrisa.

Desde que Karura había llegado a la familia todos dejaban de hacer sus obligaciones por prestarle atención, incluso los ciervos parecían estar entretenidos viendo al bebé.

— ¿Podemos tomar un descanso papá? — consulta Shikadai, con sus enormes ojos verdes iluminados por los pequeños rayos de sol que se filtraban por las ramas de los árboles.

— Venga, no nos vendrá mal. —

Ambos pelinegros se acercaron a las mujeres y una alegre Karura estiraba los brazos en dirección a su padre. Por otro lado Shikadai se había percatado de que el ciervo más pequeño que estaba descansando al lado de su madre se encontraba inquieto, como si algo perturbara su paz dentro del bosque.

— ¿Que tienes Ichi? — susurra el primogénito de los Nara, inclinándose al lado del pequeño ciervo.

El pequeño animal solo le mantuvo la mirada al Nara y sin previo aviso se echó a correr, dejando a los mayores inquietos, mientras Shikadai por su lado parecía haber entendido las palabras de ese pequeño ciervo que había nacido días antes que su hermanita.

— ¡Alguien que no es del clan está en el bosque! — grita Shikadai a lo lejos.

Con esa simple frase, Shikamaru devolvió a su pequeña a los brazos de Temari, para poder seguir a su hijo y descubrir quien había ingresado al bosque sin avisar.


— ¡Naruto-kun! ¡Hikari está perdida! — la voz de Hinata sonaba exasperada y como no, si para ella sus sobrinos eran como sus hijo. Al ver que su esposo no parecía entender prefirió seguir hablando. —Neji-niisan y yo llevamos una hora buscándola...

Antes de que la pelinegra continuara hablando, Naruto decidió interrumpirla.

— ¿Sucedió algo? Utilizaré el modo sabio para encontrar su chakra, pero antes de eso, ¿No pensaron en que podía estar con Shikadai e Inojin? Hika-chan se lleva bien con ellos. —

Hinata dudo un momento, pero no dijo nada debido a que su esposo ya se encontraba con sus ojos y parpados de color naranja.

Después de un par de segundos Naruto volvió la vista hacia su esposa, quien parecía no comprender la sonrisa ladina que el Uzumaki le estaba regalando.

— El bosque de los Nara, Shikamaru y Temari están con ella, esta angustiada. — ante esa última afirmación la sonrisa que Naruto tenía en el rostro desapareció, cambiando a una mueca de preocupación. — Enviaré un clon de sombra para avisarle a Neji, espero que Tenten y Hanabi no se inquieten si vamos más tarde por Boruto y Himawari. — con los respectivos sellos manuales un perfecto clon de sombra apareció a la derecha del Hokage, sin emitir palabra alguna el clon salió de la residencia Uzumaki dejando al Naruto original y Hinata solos. — ¡Vamos! —


Tenía que reconocer que le había sorprendido el haberla encontrado llorando sobre uno de los árboles del bosque, porque para cualquier persona que la conociera sabía que Hyūga Hikari prefería aguantar el llanto que mostrarle a los demás sus debilidades. Esa era una de las cosas que más le gustaban de su mejor amiga, ella era fuerte, incluso más fuerte que él, pero eso era algo que nunca admitiría en voz alta.

— ¿Tu igual nos darás situaciones problemáticas? eh Karura... — No obtuvo ninguna respuesta, pues tenía a su hermana dormida en sus brazos. — Sin duda serás igual de perezosa que papá y yo, pero eres igual de linda que mamá. — una sonrisa se alojó en los labios de Shikadai luego de haber pronunciado esas palabras, las cuales prefería tener siempre para sí mismo.

— Me gustaría escuchar eso más seguido. — murmura la voz de su madre desde la entrada que daba al bosque.

Aunque no era capaz de verlo Temari sabía que Shikadai en esos momentos podía competir en colorización con un tomate y por esa misma razón empujo a la menor de los Hyūga al salón de su casa, para que como último recurso esta se divirtiera al ver avergonzado a su mejor amigo.

— Temari-san, lamento haber entrado a sus tierras sin avisar, sé que está prohibido pero quería ver como Dai entrenaba con Shikamaru-san. — La castaña dejo salir un suspiro, sin poder mirar a la madre de Shikadai a los ojos, si era sincera, la madre de su mejor amigo daba miedo.

— Kari... — la llama Shikamaru desde la puerta, consiguiendo la atención de todos los presentes, aunque para ninguno era raro que la llamara con ese apodo.

Nadie más fue capaz de responder algo, pues una larga melena castaño claro hizo su aparición en la sala y posteriormente se aferró al cuello de Hikari.

— ¡No vuelvas a escapar de papá otra vez Hikaritonta! — grito Hizashi al momento que se separaba del abrazo que le estaba dando a su melliza y la sostenía por los hombros para que mantener la mirada fija en los dorados ojos de su hermana.

— Naruto me ha dicho que esta acá. —

La voz de Neji llega a los oídos de Hikari, logrando asustarla.

Esa era la primera vez que ella hacia algo tan poco digno de las reglas del clan y estaba más que segura que su padre estaba decepcionado de ella, porque aparte aun no lograba acostumbrarse al uso de sellos en los entrenamientos.

— No te preocupes, no hizo ningún alboroto. Los ciervos ya la conocen, fue el ciervo de Karura el que nos avisó al no reconocerla del todo. — explico el asesor del Hokage con pereza.

— Gracias. — fue lo único que Neji era de pronunciar en esos momentos.

Hikari por su lado seguía sin decir nada, teniendo sobre si la mirada de su mellizo y la de Dai, que parecían recordarle que sus más recientes actos la estaban condenando.

— Papa... — hablo la castaña, consiguiendo la atención de todos los adultos.

Cuando Neji enfoco sus ojos en su hija supo que su alma había vuelto a su cuerpo. Se había vuelto loco de no haber sido por su cuñado quien pudo percibir el chakra de su hija y así saber dónde estaba, se sentía estúpido por el simple hecho de que ese lugar no fue su primera opción para revisar con su Byakugan, cuando estaba demás para el saber que Nara Shikadai se había vuelto el mejor amigo de su hija.

— Estas bien... — fue lo único que el Hyūga pronuncio, sintiéndose aliviado de ver que su pequeña estaba en perfecto estado.

— ¡Papá perdóname! — gritó lo menor, separándose de su mellizo y corriendo hasta su padre para abrazarlo, acto que fue correspondido por él, quien se hinco para poder estar más cerca de ella y devolverle el abrazo. — ¡Perdóname por no poder ser igual de buena que tú y que mamá o que alguna de mis tías! — un sollozo nervioso se escapó de sus labios, dejando a Neji asombrado por que su hija estaba demostrando sus emociones en público.

Fue en el momento que los sollozos se hicieron más sonoros cuando entendió todo.

Su hija se sentía presionada por todos los adultos que la rodeaban en la familia, el simple hecho de que la mayoría de quienes convivían diariamente con ella hayan participado en una guerra y se habían destacado dentro de ella debido a sus habilidades la agobiaba.

No dijo nada y tampoco le importó que los Nara lo vieran, solo acaricio el suave cabello de su hija y con cuidado le separo el rostro de su hombro, para poder observarla a esos hermosos ojos color dorado, que demostraban que sus genes y los de su amada Tenten se habían fusionado para crear uno de los dos mejores regalos que le había hecho el mundo.

— No tengo porque perdonarte nada, tu vida como ninja recién está comenzando. Que hayas nacido en el Clan Hyūga no significa que desde tu nacimiento debes ser la mejor, tus tías y yo vivimos entrenando por años para ser quienes somos ahora, no nacimos con todas las habilidades que poseemos hoy en día, por la misma razón nos encargamos de entrenarlos a ustedes y también a tu primo, porque queremos que sean incluso mejor que nosotros. —

No obtuvo respuesta, pero su pequeña Hikari se volvió a aferrar a su cuello, tal y como lo hacía cuando era pequeña y tal como pensó que no volvería a hacerlo a medida que la veía crecer e independizarse de él.

Te quiero papá. — susurra en su oído, evitando que el resto de los presentes la escucharan.

Yo te amo. — contestó el Hyūga solo para que ella lo escuchara. — Vamos Hizashi, no queremos preocupar más a tu madre. —

El mayor de los mellizos asintió como respuesta y luego les dedico una reverencia al matrimonio Nara.

— Gracias por cuidar de ella, pero eso no significa que me agrade que su hijo sea su amigo. — dijo mientras se enderezaba y caminaba hacia la puerta de la casa.

— Que problemático. — bufa Shikadai, quien había entregado a su hermanita a su padre mientras observaban la rara muestra de afecto de Neji y Hikari.

— Se los agradezco. — agrega Neji, quien asiente en dirección a los Nara y le regala una sonrisa sincera a Shikadai.

La primera sonrisa que el Nara veía salir de los labios de Hyūga-san.