No le gustaba admitirlo, pero desde que su hermano, sus primos y la mayoría de sus amigos había entrado a la academia se sentía sola.

Desde que había cumplido los cuatro años su abuelito Hiashi se había encargado de entrenarla en los movimientos básicos de jūken, pero también sabía que su adorado ojii-San deseaba ver como la menor de sus nietos volvía a despertar ese poder que solo poseía su Clan, el tan aclamado Byakugan.

Ya llevaba un año así y aún no volvía a despertarlo.

Era imposible negarlo, lo pasaba realmente bien junto a su tía Hanabi y su abuelito, pero deseaba con todas sus ansias poder compartir con alguien de su edad o al menos de su mismo tamaño, todos en la mansión Hyūga eran realmente altos si se comparaban con ella, que solo le llegaba a la cadera a su mamá.

Desde la entrada al patio de la mansión Hyūga Naruto pudo notar que algo inquietaba a la menor de sus hijos, su adorable Himawari.

Avanzó con una cautela poco característica de él, para poder observar más de cerca a su pequeña y que ella no cambiara su actitud con verlo, pues había descubierto que Boruto constantemente hacía eso, solo con la intención de llevar la contra a sus mayores.

Tu mocosa se siente sola, es por eso que está así. — gruñe Kurama desde el interior de la mente de Naruto. — Creo que se dio cuenta que su papá es un tonto. — esto último lo dijo con una risa ronca, logrando hacer que su contenedor mirara a la nada con reproche.

— ¿Enserio crees que se siente sola-ttebayo? —

Observa a tu alrededor genio. Su hermano y sus primos con quienes solia jugar todo el día ahora están en la academia, mientras ella se queda rodeada de sacos de huesos de ojos blancos. —

— ¡Hinata no es ningún saco de huesos-ttebayo! — grita el rubio, consiguiendo la atención inmediata de Himawari.

Al ver como su padre tenia una mueca en el rostro fue gracioso para Himawari, pero no por eso se iba a privar de una de sus actividades favoritas en el mundo.

Abrazar a papá.

Con rapidez se puso de pie y comenzó a correr en dirección a su progenitor.

— ¡Papá! ¿Pasó algo? — pregunta ella una vez que Naruto corresponde su abrazo y con cuidado la carga en sus brazos.

— Cariño, ¿sucede algo? He notado que estas triste. — consulta el rubio.

De no haber sido por mi ni cuenta te das que la mocosa estaba triste. — brama el Kyubi desde el interior del séptimo Hokage, logrando que internamente Naruto se planee ajustar cuentas con él. — No eres rival para si planeas hacerme algo. —

Naruto sonrió en dirección a su hija, quien lo miraba curiosa.

— Extraño a mi Onii-chan, a nii-san y a nee-san, también a Shika-nii chan y a Inojin-kun, ya no puedo jugar con ellos como antes. — luego de esas palabras un pequeño puchero se formó en los labios de la peliazul, conmoviendo hasta el fondo el corazón de su padre.

En la mente del rubio solo se escuchaba un nombre, el cual había hecho aparecer un tic nervioso en los ojos del hombre.

— ¿Inojin-Kun? — pregunta intentando controlar el tic. — ¿Por qué el no es nii-chan como Shikadai?

Ese mocoso Yamanaka le regala sus feos dibujos cuando viene a jugar con tu mocoso. —

Mamá te llama Naruto-kun y yo quiero ser como mamá es para tí — explica con inocencia Himawari, logrando descomponer un poco a su padre, aunque su explicación no salió del todo bien, pero Naruto entendió lo que la niña quería decir.

Se podría decir que su hija le gustaba el irreverente hijo de Sai.

¿Que harás para calmar la desdicha de tu mocosa? No puedes dejarla sola de nuevo, comenzará a sentirse igual que tu cuando eras un mocoso. — En el interior de Naruto el Bijū intentaba molestarlo, insinuando que estaba siendo un mal padre.

Una idea llegó a la mente del rubio y en su interior había logrado asustar a Kurama.

— ¡Ni lo pienses! —

— Tengo una idea. Solo espérame tantito Himawari —

Con cuidado dejó que su hija volviera a estar de pie en el piso y esta vio con curiosidad cómo su padre abría su chaqueta naranja y alzaba su remera, dejando ver su estomago y una gran marca de color negro en el.

— Hima-chan, quiero presentarte a un amigo, él es muy poderoso, a veces gruñón pero es lejos el mejor. — con el fin de esa oración Naruto guió su mano hasta su vientre y activó el sello para poder hacerlo girar hacia la derecha con su mano izquierda.

Una pequeña cantidad de chakra naranjo comenzó a salir del rubio, mientras que Himawari no entendía a qué se refería su padre, pero no por eso dejaba de ver con curiosidad cada uno de sus movimientos.

No puedo creer que estéshaciendo esto. — ahora la voz del kyubi era perfectamente escuchada por Himawari, quien se sorprendió al notar que la voz provenía del manto naranja que comenzaba a formarse al lado de su padre.

— Sólo dejaré que el 5% de tu chakra salga, así ni habrá problemas para que juegues con Hima — sonrió Naruto.

— ¿Jugar conmigo? —

Naruto asintió en respuesta y un silencio se formó entre ambos.

Mientras en el sitio que se reunía el chakra se podía ver la forma de un pequeño Kurama, al parecer tenía una mueca pero no se distinguía del todo, causando confusión en la menor.

— ¡Es como el que tío Sai dibujó en mi cuarto! — exclama la menor al distinguir las colas y el pelaje del bijū.

Kurama bufó desde donde estaba, no podía terminar de creer que su estupido jinchuriki había liberado parte de su chakra para dejarlo de niñero de su mocosa.

— El paliducho se inspiró en mi para ese tonto dibujo, yo soy el original. — gruñe sin preocupación de que la niña se asustara.

— ¡Puede hablar! ¡Que genial papá! Ya quiero abrazarlo... —

El rubio no podía dejar de sonreír ante la alegría de su hija, mientras que desde el piso Kurama lo observaba con odio pero recibiendo el cariño que la mocosa como el la nombraba lo abrazaba.

— El se quedará a tu lado ahora que tu hermano y tus primos van a la academia y tu Kurama te asegurarás que nadie peligroso se acerque a ella y mucho menos alguien pálido. — sentenció Naruto, dándole a entender que no le agradaba que el hijo de su antiguo compañero de equipo fuera tan amigable con su pequeño girasol.

— Bien, pero solo lo haré porque la mocosa no me miró feo — respondió sin ganas.

Una risa salió de la boca de Naruto, quien se encontraba más que feliz por la reacción de la menor de sus hijos y esperaba que con la presencia de Kurama ella ya no se sintiera sola dentro de los terrenos del clan.

— Kurama-San... — llama Himawari, consiguiendo que los ojos rojos del bijū se enfoquen en ella. — ¿Puedo ir a presentarlo con mamá y mi Ojii-San? — pregunta con ternura.

Ante tales palabras el nueve colas sintió un poco de ternura, pues la niña frente a el irradiaba dicha característica por todos lados e incluso el recuerdo que tenía de ella cuando golpeó a su padre dejándolo inconsciente a ambos, incluso ese recuerdo era borrado de el gracias a su ternura.

— No me llames San y puedes hacer lo que quieras, yo no soy tu niñero. —

— Diablos, debo volver a la torre Hokage-ttebayo, Kurama por favor no te separes de Himawari y tu princesa espero que te diviertas, volveré para la cena. — se despide el rubio.

Naruto salió del lugar con rapidez, pues bien sabía que el papeleo en la oficina no hacía más que crecer y crecer.


La noche había caído en Konoha y el Hokage ya había terminado la mayor cantidad de papeleo posible, por ende se encontraba de camino a la mansión Hyūga, donde se encontraba toda su familia para cenar.

A escasos metros de la puerta para ingresar a la mansión se podían escuchar risas de niños, así que asumió que Boruto junto a Hikari y Hizashi ya habían vuelto de la academia, cosa que lo hizo sentir tranquilo, ahora Himawari no se encontraba sola como cuando había ido a verla horas atrás.

Cuando ingresó al patio, que era donde todos se reunían pudo observar una sonrisa en los rostros de todos.

Neji y Tenten estaban juntos, mientras que Konohanaru abrazaba a una Hanabi que se le notaba un pequeño bulto en su vientre, el cual casi se ocultaba gracias a su amplia yukata y al centro de esas dos parejas estaban Hinata y Hiashi. Todos los presentes observaban algo en común.

A Kurama siendo perseguido por los cuatro retoños del los líderes del clan.

— ¡No te quedes ahí mirando! ¡dile a estos mocosos que paren! El trato era que acompañara solo a tu hija — grita el Bijū en su mente, solo para que el escuchara.

Aunque de momento la atención de todos fue puesta en el, que aún traía su manto a Hokage y que bien sabía tenia una enorme sonrisa en su rostro al ver como sus hijos y sus sobrinos estaban felices por la presencia de su compañero.

— ¡Papá! — exclama Boruto, separándose del resto y emprendiendo camino hacia Naruto.

Y como era una costumbre entre ellos, ambos chocaron sus puños en forma de saludo.

— ¿Cómo te fue en la academia? —

— ¡Genial-ttebasa! Tía Tenten hizo una demostración de armas ¡Y estaban geniales! — celebró el rubio menor, consiguiendo que Naruto se sintiera tranquilo porque su hijo tenía buenos días en la academia.

— ¡Cuando se trata de la academia soy tu sensei! — regaña la castaña, consiguiendo que su esposo rodara los ojos ante el arrebato.

Un gruñido se escuchó en el lugar. Era fácil saber que pertenecía a cierto bijū.

— Papá, ¿Es verdad que Kurama-chan tiene más hermanos? — pregunta una curiosa Himawari, a la cual ninguno de los dos rubios había percibido.

— Así es, ocho hermanos. ¿Cómo estuvo tu día pequeña? —

La pequeña peliazul sabia que estaba siendo observada por todos así que por esa razón su manito viajó hasta su mentón simulando el que estaba pensado.

— Estuvo genial. — dice susurrando solo para que Naruto y Boruto escucharan, ya que ambos rubios estaban a su lado. — Kurama-chan me dejó montar sobre su espalda y también alcanzó flores de los árboles con sus colas. — esto lo dijo con alegría y con tono de voz normal.

— Hima-chan enséñale a tu papá lo que le enseñaste a Kurama. — sugiere Hanabi.

Antes de responder, Naruto guió a sus hijos hasta donde estaba el resto de la familia.

Las cosas ya se habían calmado, como Boruto y Himawari habían dejado de perseguir al Kyubi, los mellizos igual habían dejado de hacerlo y se fueron a sentar al lado de sus padres, permitiendo que Kurama se recostara a un costado de Hinata, quien le acariciaba el lomo con suavidad.

— Creí que no te gustaba tener contacto con los humanos. — señala Naruto al ver como su esposa después de saludarlo con un pequeño beso volvía a tomar asiento junto a Kurama para seguir acariciandolo.

— Después de jugar toda la tarde con los niños es lo menos que merece. — agrega Neji, consiguiendo que todos lo observaran ya que tenia una sonrisa en el rostro.

— No te burles genio. — regaña Kurama.

Todos dejaron salir una risa ante la advertencia que se había ganado el Hyūga, aunque fuera una recatada como la que había soltado Hiashi.

Cuando Naruto volvió a enfocar su vista en su compañero pudo notar algo diferente en el.

¿Por qué Kurama traía en su oreja uno de los moños de cabello de Himawari?

No alcanzó a idear alguna respuesta ya que nuevamente percibió la algarabía que desprendía Hanabi porque Himawari le enseñara algo.

— Hima-chan le ha enseñado a Kurama-San algo muy lindo, enséñenle a Naruto nii-chan ¡vamos! — Hanabi hablaba como si fuera el mejor secreto del mundo y parecía que ni siquiera era capaz de contener su emoción.

Kurama la observó con rencor en sus ojos y luego su mirada viajó hasta la de Konohamaru que parecía estar avergonzado por el actuar de su esposa.

— Solo espero que tu mocoso no sea como ella. — dice sin tacto alguno, logrando hacer que sus palabras llegaran a Hanabi que lo miro de mala forma.

— Me disculpo por ella. — menciona el Sarutobi inclinando la cabeza con pesar.

— No seas malo Kurama-San, Naruto-kun se alegrará de ver. — agrega Hinata con su calida voz.

Al parecer las palabras de la Hyūga lo incentivaron, ya que Hinata era la única que no lo usaba para su propia diversión y estaba seguro que hasta el viejo Hyūga se reía de el, todo por culpa de los nietos del vejestorio.

— ¡Kurama-chan te estás tardando! — grita la pequeña, acercándose al Bijū y ubicándose a su lado. — ¡Déjame ayudarte! —

Sin si quiera avisar, las manos de la niña cogieron las comisuras del osico de Kurama y las estiró lo más que pudo, intentando con todas sus fuerzas que su padre viera lo que le había enseñado a su nuevo amigo.

De dodio Nadudo — fue lo único que dijo el Bijū, aunque solo para que el Uzumaki lo escuchara en su mente.

Himawari le habia enseñado a Kurama a sonreir.