CAPÍTULO 12.
UN DEMONIO ZORRO
Kurama sin duda sentía celos del primer amor de Hiei y en varias ocasiones, mientras escuchaba la historia, se preguntó si él podría hacerlo feliz como lo fue con Karasu y más porque por su culpa, Hiei tuvo que matarlo. Mientras que, en el caso de Kurama, era Hiei quien podía considerarse como su primer amor después de todo, jamás pensó enamorarse de otro hombre, pero así era el amor, inesperado y sin distinción.
El contar su historia lo hacía ponerse más nervioso de lo que ya estaba en ese momento por todo lo que tenía que procesar, pero sabía que era su turno de sincerarse al igual que lo había hecho Hiei. El revelarle su secreto, un secreto que sólo su familia conocía y cuyo pasado sus padres habían tratado de ocultar era mucho, tal vez Hiei no pudiera soportar la clase de persona que era y lo sucia que su familia era por aquella relación prohibida que ocurrió antes de que el naciera.
Ahora que tenía que contar su vergonzoso pasado, una parte quería ser honesta con Hiei, pero otra temía de lo que pudiera pensar. Él ya había visto a aquel demonio, y desde entonces no vio cambio alguno en su persona, pero no estaba seguro de que eso no le preocupara. Kurama sabía que no podía tardar en responder a las preguntas de Hiei, así es que decidió buscar las palabras para comenzar aquel relato, quien se mostraba un tanto ansioso de saber la verdad de Kurama y a la vez respetuoso pues sabía que el decir la verdad podría ser difícil, sin embargo, Kurama comenzó a hablar tranquilamente, pero sin mirar hacía su esposo.
Su relato empezó por recordarle a Hiei que siempre fue una persona aislada y que prefería estar solo por temor a su condición de nacimiento. Desde pequeño, él jamás entabló amistad con nadie, pues temía lo que pensarían si se descubría su secreto. Toda su familia siempre trato de apoyarlo en todo momento y jamás tocaban el tema, pero muchas veces Kurama llegó a sentir que sus propios padres se asustaban cuando aquel demonio surgía de su interior.
Kurama era el tercer hijo de la familia Yoko, y desde que el tenía uso de razón, la presencia de aquel demonio zorro siempre había estado presente en gran parte de su vida. Cuando cumplió los 10 años, momento en que Kurama ya no sabía cómo lidiar con su estado, su madre le contó todo a espaldas de su padre, pues el dio la orden de que jamás se hablara de ese tema; sin embargo, la madre de Kurama lo veía necesario para que así su hijo pudiera conocer su verdadera identidad y así de algún modo, ayudarlo a dominar su otro "yo".
Hace muchos años, la madre de Kurama estaba embarazada de él, pero al encontrarse en las primeras semanas no se había percatado de ello, sólo era consciente de que se encontraba en un retraso. Durante esos momentos, la crisis económica que enfrentaría en un futuro la familia Yoko comenzaba a surgir y a pesar de que el líder de la familia, Mamoru (así se llamaba su padre) fue siempre un hombre trabajador y honrado, decidió probar diversos proyectos que, a pesar de sus pronósticos, siempre fueron infructíferos o por alguna razón jamás se concretaban como lo deseaba Mamoru. Por otra parte, la familia Yoko, como todas las principales familias, tenía tierras de cultivo bajo sus órdenes, pero sin importar nada sus cosechas no lograban rendir frutos, lo cual era muy extraño pues era la única familia que presentaba problemas hasta la fecha.
Fue así que decidieron recurrir a todos los medios a su disposición para resolver los problemas, pero nada de lo que intentaban daba resultado. Por lo cual Mamoru buscó todos los medios para mantener a flote a su familia, que no hacía más que crecer, ya tenía dos hijos y su esposa, más toda la gente a su cargo.
Un día, cuando creían que todo estaba perdido para la familia, decidieron emprender un viaje a una isla remota, donde se decía estaba un templo a un dios zorro. Existían muchas leyendas sobre ese lugar; desde que allí se encontraban los más hermosos zorros de la región, hasta que se era la casa de una deidad que podría concederte hasta lo inimaginable. Aunque no había ninguna persona que confirmara dichas leyendas, los padres de Kurama decidieron emprender el arriesgado viaje, dejando a sus hijos a cargo de sus familiares, pues eran muy jóvenes y no querían involucrarlos en cualquier situación que pudiera presentarse si las cosas se ponían feas.
Cuando los dos llegaron a la isla, se encontraron que había muchos caminos y todos bordeados por arcos rojos que se alzaban sobre sus cabezas, un presentimiento les indicaba regresar, pero decidieron omitir esa advertencia. Ataron el bote a la orilla de la costa, y emprendieron el viaje, se decía que tenían que llegar a lo más profundo de la isla, donde estaba la pagoda de la deidad que buscaban.
Continuaron el camino haciendo breves descansos para comer algo y relajarse pues, aunque habían avanzado mucho, sentían que no llegaban al final del camino. Después de tres horas de caminar sin rumbo, la lluvia no se hizo esperar, pues eran comunes en esas fechas; salieron del camino para refugiarse debajo de un árbol, hasta que la lluvia cesara. Los truenos caían incesantemente, uno tras otro, y cada vez más cerca de su ubicación.
De pronto escucharon un fuerte estruendo a su espalda, ambos se pusieron nerviosos, estaban atónitos a lo que sus ojos veían, una figura apareció frente a ellos, con una fría mirada posada en lo que para él eran unos intrusos. Mamoru intento recuperar la voz, y colocándose frente a su mujer, Hiromi, buscó las palabras para dirigirse a su interlocutor, pues no le cabía duda de que era un ser espiritual y muy poderoso.
Un ser con apariencia masculina apareció ante ellos, era alto y bien parecido, ataviado con hermosos ropajes y relucientes joyas, poseía un cabello platinado, que arrastraba por el largo que tenía. Además, poseía unos ojos color ámbar, que denotaban una mirada astuta y penetrante, sin duda era un ser muy atractivo, cualquier ser podía quedar cautivado por tal belleza.
—Lamentamos la intromisión a esta isla, pero nos dijeron que aquí había una deidad que podría ayudarnos con nuestro problema…
—Cierra la boca, humano despreciable — La voz de aquel ser resonó en todo el lugar, haciendo retroceder al hombre — no sé quiénes se creen que son, pero aquí no se permiten seres tan impuros como ustedes.
—¡Por favor, ayúdenos, haremos lo que usted desee, se lo rogamos por favor ayudenos con nuestro problema! — La voz de Mamoru denotaba su desesperación, ya no sabía dónde más buscar y si debía morir para que su familia pudiera recobrar el buen nombre, lo haría sin pensarlo dos veces.
—¿Así que estas tan desesperado? — En el hermoso rostro de aquel ser, una sonrisa ladina no se hizo esperar, aquella escena se le hacía demasiado divertida — Está bien te ayudaré, pero necesitarás darme algo a cambio.
—¡No importa lo que sea, te daré lo que tú me pidas, pero por favor ayuda a mi familia!
—Bien, quiero a tu mujer.
La pareja se sorprendió ante su petición, no podían entender la razón de que pidiese algo como eso, y más cuando el demostró abiertamente que los humanos eran seres impuros y que no merecían poner un pie en aquel lugar.
—E-eso es algo que no puedo darte…
—Tú dijiste que me darías lo que yo quisiera, a cambio de salvarte ¿no es así?, lo que quiero es a tu mujer, además se nota que es hermosa.
—¡NOO…TODO LO QUE DESEES, INCLUSO MI VIDA PERO NO QUIERO QUE LE PONGAS UNA MANO A MI ESPOSA!
—Cariño… — Su mujer que había quedado sin habla hasta aquel momento, comprendía que era la única manera de salvar a su familia — No te preocupes, a veces hay que hacer sacrificios por los que amas, estoy dispuesta a hacer esto por el bien de mi adorada familia.
Aquel hombre no quería escuchar las palabras de su esposa, ella era todo para él, no podía dejarla, así como así, y menos con un ser como él, no importaba lo que le pasara y menos la ruina de su familia, no renunciaría a su mujer, aunque terminaran en la calle. Se aferró a ella, pero se desvaneció en un instante, aquel zorro ya la tenía cautiva, una especie de energía la rodeaba inmovilizando sus movimientos.
—Ya la oíste, ella ha aceptado mi petición, así es que yo le devolveré a tus tierras la vida y a tus negocios la vitalidad con la que funcionaban.
—¡DEVUELVEMELA!
La risa de aquel ser se hizo sonar ante las insistencias de Mamoru, sin duda era divertido hacerlo rabiar, pero jamás aceptaría devolverle a su mujer, sin duda poseía gran belleza, y pensaba divertirse con ella. Sin previo aviso desapareció llevándose a Hiromi lejos de aquel hombre, no sin antes buscar la manera de que regresara a sus tierras; para lo cual lanzó todo tipo de conjuros para que la naturaleza se encargase de ello.
En las profundidades del bosque, debajo de un lago situado en lo más remoto de esa isla, había una casa, rodeada por una barrera que impedía el acceso a ella. Una vez liberó a la mujer, está no pudo evitar llorar por la pérdida de su esposo, ¿qué ocurriría con el hijo que estaba esperando?, ¿jamás volvería a ver a su familia?, ¿sería capaz de soportar lo que ese ser le hiciera?
—Ya basta deja de llorar, con tu "ayuda" tu familia volverá a la prosperidad que solían tener, al menos mis planes salieron como lo deseaba.
—¿Tu qué puedes saber sobre los problemas de mi familia? — Dijo la mujer sollozando.
—Pues…creo que será mejor ser sincero, además vivirás aquí a partir de ahora – Dijo con burla y cinismo, y ante el desconcierto de la mujer agrego — Primero que nada debes saber que aquí no vive ninguna deidad, lo más parecido que habita en esta isla son demonios, los arcos que cubren los senderos, fueron colocados principalmente por unos monjes que llegaron a vivir aquí, de esa forma se protegían y los senderos los conectaban con su templo, el que por cierto destruí hace tiempo, pero esa es otra historia.
—No entiendo por qué me estas contando todo esto.
—Tranquila, cierra la boca y sólo escucha — Se sentó sobre unos mullidos cojines que estaban apilados en un rincón y le indico a su invitada, o más bien rehén, que se sentara donde quisiera, pues tenía una historia larga que contar — Desde entonces vivimos aquí, aunque los sellos que colocaron los monjes en todos los senderos aún siguen funcionando. Bueno, al punto, la razón del porque sé de las desdichas de tu familia, es que siempre buscamos familias a las cuales acechar, ya sean nobles o no, ricas o pobres, etcétera. Cuando encontramos una cualidad que estamos buscando nos aprovechamos, llevándoles desdicha e infortunio.
»Y toda la energía negativa que desprenden los humanos, es la que usamos para subsistir, aunque también buscamos otros…intereses. Los demonios, aunque podemos emparentarnos con otros, necesitamos de un "recipiente" que porte a nuestros descendientes, buscamos jóvenes solteras, casadas, jóvenes con atributos que nos cautiven, así como un aura tan resplandeciente que pueda engendrar un heredero fuerte y poderoso. Esa fue la razón por la que estás aquí, al principio pensé en que tu familia cayera en tal desgracia, que poco a poco fuera desapareciendo miembro por miembro, otras veces pensé en reclamarte como tributo para dejar de asolar su patética existencia, incluso pensé en robarte en una noche y alejarte de la manera más cruel de tu familia…jamás pensé que tú y tu marido se aventuraran hasta aquí creyendo esas estupideces, vaya que me facilitaron las cosas.
—Entonces ¿fuiste tú quién arruino a mi familia? — La rabia hervía en el interior de Hiromi.
—No lo niego, es divertido y más por alguien tan bella como tú, no cabe duda que serás una buena madre para mi hijo — No pudo evitar reír con la simple idea — Y descuida si haces tú parte salvaras a tu familia, de lo contrario pagaran las consecuencias y tu jamás saldrás con vida de aquí.
—¡COMO TE ATREVISTE! — Hiromi no aguanto más y se abalanzó sobre aquel demonio, y aunque sabía que no podía ganarle la revelación de todo eso, hizo que se sintiera realmente ofendida.
Aquel demonio zorro se divertía con su actitud, le agradaba saber que había elegido una mujer con un fuerte espíritu y además hermosa, que procrearía a su linaje, ya en siglos pasados tuvo otras mujeres, algunas inútiles que no fueron lo suficientemente fuertes para aguantar la carga del embarazo, otras que se suicidaron luego de dar a luz, pues no podían volver con sus familias ante tal deshonra, incluso hubo otras que entregaron su vida a aquel demonio, pues se habían enamorado de él. Sería divertido para él ver cuál sería la decisión final de aquella impulsiva mujer, y hasta entonces se divertiría de lo lindo.
—Eres tan bella, no me arrepiento de mi elección — Esquivó cada uno los ataques de la mujer, y sin previo aviso logró aprisionarla con su cuerpo sobre los cojines donde se encontraba sentado — Por favor relájate sé que vas a disfrutar tu estancia aquí conmigo, tanto que te olvidaras de tu antigua vida, incluso puedo afirmar que la olvidarás en un abrir y cerrar de ojos.
—¡Eso jamás!, buscaré la forma de alejarme de esta isla y de ti — Hromi forcejeaba para tratar de salir de aquella situación a pesar de saber que era inútil, pero no se entregaría tan fácilmente a un ser despreciable como él.
—Quien sabe, tal vez pueda hacerte cambiar de parecer.
Las hábiles manos del aquel demonio zorro comenzaron a moverse por el cuerpo de Hiromi, quien se paralizó al sentir sus caricias sobre su cuerpo, y trató con más desesperación separarse de él. Él fue más listo y se puso a horcajadas sobre ella, para continuar con su labor, tanto sus manos como su boca se deslizaban por cada rincón del cuerpo de su presa, y lentamente fue adentrándose entre sus prendas, lo que hizo que la mujer comenzara a gritar, algo que era inútil pues en ese lugar no había ser que pudiera ayudarla.
Poco a poco las caricias y besos de aquel demonio comenzaron a nublar el raciocinio de la joven, pensaba que era una ilusión el que ese momento pudiera excitarla, que no podía fácilmente entregarse a ese ser, de seguro el intentaba engañarla para qué cediera, así como cuando su marido y ella, quedaron cautivados y perplejos cuando el apareció; y cuando decidió quedarse como sacrificio para salvar a su familia, lo había hecho por impulso motivada por la belleza que veían sus ojos. Sin embargo, el amor a su familia era grande, amaba a su esposo y adoraba a sus pequeños, que no tenían más que pocos años de haber nacido. Pero esas ideas lentamente iban desapareciendo, ese momento tan íntimo, lo deseaba una parte de ella, muy en el fondo sabía que así era, pero se negaba rotundamente a admitirlo.
Aquel ser se fue dando cuenta de que con cada momento que pasaba, el cuerpo de su víctima iba cediendo a sus besos y caricias. Fue despojándose de sus vestimentas, así como las de ella y comenzó a excitarse al ver la blancura de su piel iluminada por las luces que alumbraban aquella pequeña habitación. Ella también comenzaba a entregarse al deseo que iba despertando en ella y ya no le importó lo que ocurriera, al menos por esa noche y en aquel momento, deseaba sentir lo que sería estar con aquel ser, quería saber si era capaz de complacer a una mujer como el decía.
Lentamente comenzó a besar sus pechos que comenzaban a ponerse firmes y duros, sus gemidos de placer inundaban la habitación y sus manos bajaron a su entrepierna, estimulando aquella zona impaciente por hacerla suya. Ella arqueó su espalda pues el placer que sentía en todo su cuerpo ardía en su interior, su vista se nublaba, entrelazó sus manos alrededor de su cuello, para atraerlo hacía ella y besarlo, sintiendo como una sonrisa de satisfacción aparecía en sus labios antes de responder a sus besos. Las caderas de la joven se movían al ritmo de las caricias que el demonio dejaba en su parte intima, y su respiración comenzaba a entrecortarse.
El astuto zorro, comprendió todas las señales del cuerpo de su joven amante, y dejo de acariciarla para prepararse y comenzar a penetrarla lentamente, haciendo que los jadeos de la joven fueran más fuertes. La penetró en su totalidad, y el placer recorrió su cuerpo, que anhelaba ese momento desde que la conoció, había fantaseado con ello, desde entonces y el tenerla para él, le resulto estimulante y excitante.
Comenzó a moverse suavemente e incluso de él salían gemidos de placer al sentir como su miembro penetraba en cada estocada, poco a poco los lentos movimientos, se hicieron más fuertes intensificando las sensaciones de éxtasis de ambos. Los dos buscaron la forma de llegar al clímax, de forma que el placer se incrementara con sus movimientos. Después de tanto, aquel momento no se hizo esperar llenando a su amante, se dejó caer sobre ella, calmando su respiración de aquella labor.
Momentos como ese se repitieron varias veces cada día, durante varias semanas, el placer de esos momentos siempre fue esperado por ambos no podían resistirse a los impulsos, ambos disfrutaban aquel placer cuando sus cuerpos eran uno, se deleitaban con aquellos besos, aquellas caricias, aquellos momentos de intimidad, ella pensó que sería difícil deslindarse de su familia, pero no fue así, sino todo lo contrario.
Pocos días después de entregarse a una intensa pasión, los síntomas de embarazo no se hicieron esperar. La mujer hacia cuentas, pues no podía creer que en tan poco tiempo, pudiera haber conseguido tener un hijo de aquel demonio, tal vez se debía a esa condición por la que quedó embarazada tan pronto, y por todas las veces que estuvieron juntos, eso no lo sabía pero de alguna manera estaba feliz, por el hecho de poder tener un hijo con él, tenía algo claro, aunque extrañara a su familia, la verdad es que la compañía de aquel ser le resultaba agradable y reconfortarle y no quería alejarse de él, no se explicaba la razón de sentirse así. ¿Fue muy pronto para enamorarse, o se encontraba bajo sus embrujos?, fuese lo que fuese, estaba a gusto con esa situación.
Los meses pasaron y ambos se encontraban felices. Los demonios no suelen demostrar sus afectos frente a otros, pues creen que es señal de debilidad, pero en su privacidad no podían estar más felices, además él también se sentía atraído hacia su amante, no se arrepentía por sus decisiones. Muchos otros demonios hacían lo mismo, algunos más crueles otros más comprensivos, muchas veces aprendían cosas de los humanos, que les hacían comprender su modo de vida.
Para el 7mo mes, todo era tranquilidad, los días se iban volando y pronto podrían tener entre sus brazos a aquella pequeña criatura. Habían pensado muchas veces en el nombre que llevaría su futuro hijo, si era un varón, como era de esperar, se llamaría Kurama, si fuese una mujer, llevaría el nombre de Shiori, independientemente su sexo, estaban felices de aquella pequeña vida se encontrara creciendo en el vientre de la mujer.
Pero la felicidad no duraría para siempre. Mamoru, el esposo de Hiromi, no había parado de buscar la manera de volver con ella, quería recuperarla a pesar de todo, no le importaba nada, con tal de que estuviera de regreso. Cuando había regresado, su asombro fue tal, ante la mejoría de sus tierras y negocios, casi hubiera pensado que todo fue un mal sueño. Los días pasaban y la desesperación por saber que había sido de su esposa, si es que aún seguía con vida, lo atormentaban. Un día después de mucho meditar a solas, pidió ayuda a los monjes de la región para ir a recuperarla de ese nido de demonios.
Así fue, como después de mucha preparación de algunos monjes para perfeccionar sus tácticas contra los demonios, decidieron partir de nuevo a la isla, donde al llegar empezaron a recitar sus oraciones para abrirse paso hasta que encontraran a su mujer y al captor de esta. Tanto el demonio zorro como su amante se percataron de la intromisión a las tierras, parte de ella estaba alegrada de que su esposo siguiera buscándola, pero no quería tampoco separarse de su nuevo amor. Tenía conflictos encontrados, en ese momento. Aunque deseaba ver a su esposo, esperaba que no la encontrara y que aquel demonio lo alejara del lugar.
—Quédate aquí yo me encargare de todo — le dijo el demonio a Hiromi dándole un delicado beso.
—Sé que esto sonará raro, pero ten mucho cuidado.
—Lo tendré no te preocupes – le dedico una de sus seguras sonrisas y partió a enfrentarse al marido de Hiromi.
Cuando se reencontró cara a cara con el marido de su amante y futura madre de su hijo, no pudo evitar sonreír de manera irónica. Nunca antes un hombre o padre de alguna joven había arriesgado todo para entrar nuevamente a ese territorio para salvarlas. Eran épocas, donde las mujeres eran una carga para la familia, hasta el momento en que éstas se van a vivir con sus esposos. Así que la imagen le parecía graciosa.
—Vaya, vaya, vaya, no esperaba que volvieras a poner un pie en esta isla.
—Vine a recuperar a mi mujer — Mamoru se encontraba solo, los monjes que lo acompañaban se escondieron recitando el conjuro con el cual sellar al demonio. Y parecía funcionar la táctica pues no se había percatado aun de su presencia. Ahora lo que tenía que hacer era ganar tiempo – así es que dime ¿dónde la ocultas?
—¿Por qué crees que sigue con vida?
—Porque es mi esposa y entre nosotros hay un lazo que tú no podrás romper jamás.
—Si, se nota que es muy fuerte — recordaba claramente todas esas horas de entrega que habían pasado juntos y con pleno consentimiento de Hiromi — pero, lamentablemente parece que te equivocas, no está aquí, y no podrás verla jamás, el lazo que tenían, como lo llamas, se rompió hace tiempo.
—Eso no es verdad, mientes, exijo verla ahora.
—Olvídate de esa idea, ella no existe más, ya no puede volver a tu mundo.
—¡TE DIJE QUE NO MIENTAS!
—Y yo te digo que te largues, sino quieres dejar de respirar.
Un sacerdote le dio la señal, el conjuro estaba completo, ahora empezarían a sellar a ese demonio. El hombre lo captó tratando de que aquel demonio no lo descubriera.
—No importa si mientes o no, yo me encargaré de buscarla en toda la isla, y hasta no ver una prueba de su muerte, no dejaré de buscarla.
—¿Cómo piensas buscarla?, yo no te dejaré dar un paso más.
—Y yo no te dejaré seguir habitando esta isla, y mucho menos hacerles daño a las personas.
—¿Y cómo lo lograrás? — aplico burla en cada una de esas palabras.
—Con esto — se hizo a un lado para dejar ver una estatua de piedra tallada en forma de un zorro, que se ocultaba bajo una manta y la cual retiro al apartarse, una vez hecho esto los monjes saltaron a la vista del demonio. Sus conjuros estaban surtiendo efecto, no tardaron en neutralizar los poderes de aquel ser, cosa que no le agradaba al demonio.
—¡MALDITOS! ¿¡QUÉ CREEN QUE ESTAN HACIENDO!?
El demonio forcejeó, pero fue inútil, en varias ocasiones casi logró zafarse de aquellos conjuros, pero no tuvo éxito, poco a poco fue sellado en la piedra, y una vez logrado, colocaron diversos sellos extras sobre la piedra, así como otros medios para evitar que pudiera salir fácilmente, enterraron aquella estatua lo más profundo que pudieron y sobre ella colocaron una pequeña pagoda para purificar la zona.
Mientras tanto en sus aposentos, la barrera que los ocultaba se desvaneció por completo, al haber sellado a quien la había colocado, disolvieron cualquier magia que hubiera puesto en la isla y en los alrededores. Hiromi estaba atónita, no podía creer que fuera derrotado así de fácil, simplemente no quería creerlo, salió de la casa y fue a buscar a su amante, quería verlo, el prometió regresar, por ella y por su hijo.
Se adentró en el bosque teniendo cuidado por su condición, pero estaba preocupada, en verdad temía que su esposo lo haya alejado de ella, no quería ni pensarlo, también temía por lo que diría su esposo al encontrarla con un hijo de otro.
Mientras caminaba, fue sorprendida, nada menos que por su esposo, quien había emprendido el recorrido para encontrarla, no sabía dónde estaría, pero sabía que no podía darse por vencido. Al verla su mirada se inundó en lágrimas, pero al verle el vientre, no pudo comprender el porqué, sin embargo, ya le pediría las explicaciones cuando regresaran a casa.
—Vamos — dijo su esposo.
—¡No! ¿Dónde está él?
—¿Te refieres al dominio?, no te preocupes lo sellamos, así que podrás escapar no tienes por qué temer.
—¿Qué tú lo has sellado?, no eso es mentira — buscó seguir su camino para encontrarse con el demonio, pero fue retenida por su esposo — déjame ir, quiero estar con él.
—¿Pero qué demonios dices?, vámonos ya.
—Te dije que no, no me iré.
—Pero qué te ha hecho ese demonio para que quieras estar con él, se supone que todos los conjuros que había realizado se disolverían cuando el fuera atrapado para siempre.
—¡Pero es que yo lo amo!
—¿Qué dices?, no te creo — su esposo comenzaba a molestarse por la actitud de Hiromi ante ese ser.
No pudo evitarlo, así que decidió llevársela a la fuerza, una vez en casa hablaría con calma con ella y buscaría remediar el daño de aquel ente. Se acercó a ella por la espalda y la golpeo en la nunca para desmayarla, teniendo cuidado por su situación.
Una vez en casa, la mujer despertó, se encontraba en un trance, donde estaba su amante y porque la habían apartado de él. Así estuvo durante un tiempo, y su esposo no encontraba la manera de hablar con ella, ella simplemente lo evadía y se rehusaba a hablar con él. Se encerraba en su habitación, apenas probaba bocado, incluso a sus hijos no los deseaba ver.
Llego el noveno mes, y el nacimiento de su tercer hijo no se hizo esperar, fue asistida por el personal de la casa y aunque difícil, logró tener sano y salvo un hermoso varón de pelos rojizos y con rasgos finos como los de aquel ser, pero no tenía su hermosa cabellera. Le puso por nombre, Kurama, tal y como su padre lo deseaba, pero algo le parecía extraño, se suponía que su hijo tendría todas las dotes de un demonio, sin embargo, parecía completamente humano.
Paso el tiempo y nada cambio en su hijo y decidió al fin olvidarse de aquella aventura. Le contó todo lo sucedido a su esposo y no esperaba que la perdonase, incluso se había hecho a la idea de que su esposo no la aceptará y la exiliara junto a su tercer hijo. Claro que se molestó, pero era tanto su cariño que se encargó de manejar la situación con todos en la región. Dijo que su esposa estaba ya embarazada cuando fue raptada, y gracias a sus suplicas el demonio decidió perdonar su vida solo el tiempo necesario para que naciera la criatura, gracias a su interrupción nuevamente en la isla pudo salvar a su mujer antes de que algo malo le pasara y perdiera para siempre a la persona que más amaba.
Como el niño era en sí, normal, no le costó reconocerlo, trato de comprender a su mujer, aunque le llevó un tiempo asimilar todo lo que ella le había dicho. Al tercer año de la criatura, en su cumpleaños había luna llena, y fue entonces cuando los cambios comenzaron a ser aparentes. En esa noche, sus cabellos se empezaron a tornar plateados y su mirada se tornó fría y calculadora, el aura de demonio había despertado.
—Kurama, ¿qué haces afuera? — preguntó su madre al ver que estaba en el jardín contemplando la luna.
—No soy Kurama — De su hijo, brotó una voz diferente pero conocida.
—No puede ser, eres tú.
—Así es, manda llamar a tu esposo, llévalo a la habitación del pequeño.
Ella quería quedarse y platicar con él, pero hizo lo que le pidió y nuevamente se reunieron en la habitación del pequeño, los otros dos niños ya estaban durmiendo así es que pudieron hablar tranquilamente y sin interrupciones.
—Bueno ya que están aquí — Dijo Kurama, con la voz de aquel demonio – tengo que decirles muchas cosas. En primera, veo que cuando te conocí — Dijo mirando a Hiromi — ya estabas esperando un hijo de tu esposo, ni yo me había percatado de ello, pero cuando fuiste mía, el espíritu de un nuevo demonio, listo para habitar en esta tierra, ya había penetrado también en ti, simplemente no podías tener a dos hijos con tu situación, así es que se mezclaron, de forma que Kurama, no solo es un humano, sino que en su interior habita el espíritu de un demonio, sobre el cómo, cuándo y por qué sea despertada esa presencia, no tengo idea; y aunque la tuviera no se las diré.
» Sigo molesto por lo que hiciste — en esta ocasión se dirigió al esposo — así que, te dejaré ganar esta. Sin duda, debo reconocer que hicieron un buen trabajo para sellarme, y gracias al espíritu que habita dentro de Kurama, pude hacerme presente, pero no volverá a pasar, esto requiere mucho poder. Pero antes de desaparecer para siempre, debo advertirles, algún día volveré para reclamar lo que es mío, convertiré a Kurama en un demonio al 100% y me llevaré a su madre conmigo. Y tú asqueroso humano, comenzarás a pagar el haberme humillado al llevar aquellos monjes. Te condeno al infortunio hasta el momento en que pueda hacer venganza con mis propias manos y pueda tener lo que me corresponde.
—¿Estás diciendo que a pesar de todo no hay forma de librarnos de tu maldición?
—Exacto, nos volveremos a ver cuándo haga cumplir mi venganza.
—No, espera no te vayas.
—Lo siento, pero no puedo quedarme, es mucha energía para el pequeño. Recuerda que yo quise estar a tu lado, culpa a tu marido.
En ese momento la presencia desapareció y Kurama volvió a la normalidad, se desmayó ante la posesión que vivió minutos antes, fue agotador para él. Su madre estaba alegre de verlo nuevamente, pero sabía que los conjuros usados eran poderosos y dudaba que su esposo la dejara ir como si nada cuando el regresara, guardaría la pequeña esperanza, pero no esperaba que sucediera tan pronto. Su esposo por otra parte aceptó el destino que les deparaba y pidió solo un favor a su mujer.
—Sé que sentiste algo por ese ser, y no te pido que lo olvides, pero por favor, hasta que ese momento llegue, quédate a mi lado, déjame estar contigo. Ya en su momento veremos cuál es el camino que debemos tomar. Mientras estés conmigo cuidaré de ti y de Kurama, pues en parte es mi hijo, pero no quiero que le menciones su origen y tu horrible aventura.
—Te prometo hacer lo que me pides, seré una buena madre por nuestros hijos, agradezco tu perdón.
Mamoru, desde ese entonces comenzó a volverse más serio de lo normal, frente a la sociedad aparentaban ser un matrimonio feliz, sin embargo, ya no había intimidad entre ellos, Hiromi por más que intentase no podía aceptarlo, pues su corazón y cuerpo se encontraban a merced de otra persona, lo que sentía por su esposo había sido reducido a mero agradecimiento. Sus hijos lo eran todo para ella, y se consagro a ellos hasta que pudiera reunirse con su amado.
