Tokio, Japón
26 de Febrero, 2019 [08:24 am]
Asesinan.
Secuestran.
Mienten.
Roban.
Sus esfuerzos por mantener el orden en la tierra parece que son en vano, es la naturaleza del ser humano después de todo pero no deja de ser decepcionante para un chico tan joven como el.
Exorcistas.
Desde que tiene uso de razón esa palabra le ha sido inculcada como una especie de letanía.
"Estamos aquí para mantener el orden" esas fueron las palabras de su tío Fugaku.
Las noticias están llenas de sucesos y desastres que ocurren alrededor de todo el mundo, unos mas consecuentes que otros, desearía creer que es culpa de las arpías pero no es así, es como si tratara de negar la existencia del oxigeno cuando ya hay pruebas de científicas que corroboran su existencia.
—...Fue encontrado el cuerpo sin vida del político Himura Atsushi en Carennac, Francia. Hasta ahora se desconoce la causa de la muerte, además testigos aseguran haberlo visto con una mujer de conplexion...
—¿Obito?— Sasuke aparece en la sala tapando la vista del menor al televisor. Óbito ya lo esperaba, luego del incidente del día anterior los sermones no se hicieron esperar sin en cambio de todos ellos le preocupaba mas la opinión de Sasuke, su mentor.
—Creí que estarías entrenando— Óbito cruza los brazos, tratando de ocultar la vergüenza que le causa estar frente a Sasuke.
El azabache suspira cansado, es un adolescente se repite así mismo. Recoge el control remoto que esta al lado izquierdo del menor y apaga la televisión, captando el gesto malhumorado de Obito.
—La estaba viendo— reprocha.
—Pues ahora no— Sasuke toma asiento sobre la mesita central de la sala cruzando los brazos y levantando una de sus piernas sobre la otra.
—Yo...— el menor deshace su posición, deja caer su brazos a los costados envolviendo en sus puños la tela del sillón.
¿De que ha servido cada uno de sus entrenamientos si falla en cada una de sus misiones?
Es parte de su desarrollo como exorcista es lo que le han dicho. Es normal fallar, pero entonces ¿porque para el no lo es?
Y entonces lo mira a el, al hombre que esta frente a el. Lo admira desde que Fugaku se lo ha presentado como su mentor. Es joven, tiene la edad de veintiún años y parece que su experiencia y agilidad dictara una edad mas avanzada. Sasuke despertó el sharingan a los ocho años un año mas que su hermano mayor Itachi y aun así admira e idólatra mucho mas al hombre frente a el. Tal vez la decepción de Óbito se debe a su capricho por igualarse a su mentor, o también el deseo de superarlo.
—Yo era como tu Obito— y como si Sasuke adivinara los pensamientos del menor habla, atrayendo su atención— Inseguro.
Óbito despertó el don del clan a los dieciséis años, que lamentable.
—Pero perseverante, lograras mas de lo que crees Obito.
El pelinegro sonríe ,sus mejillas se tornan rojas avergonzado y halagado.
—Aun así, recuerda que los errores que cometemos tienen consecuencias— ese recordatorio que al igual que los humanos ellos no son inmortales, son frágiles propensos a las heridas y el dolor. El recordatorio del por que sus padres no están a su lado.
La vista de Obito viaja al brazo izquierdo ortopédico de Sasuke, aquel que perdió en una misión a su misma edad otro recordatorio como sus padres.
—Lo entiendo— dice, cabizbajo.
La mano del mayor revuelve sus cabellos como un hermano mayor finalizando una conversación. El azabache se levanta y camina en dirección a las escaleras, aquellas que conducen directo a la sala de entrenamiento bajo los pies de todos los habitantes de la mansión. Se detiene en el umbral y gira su cabeza levemente.
—¿No vienes?— Óbito como un niño invitado a jugar se le iluminan los ojos y camina estrepitosamente siguiendo al azabache.
Cdad. Vaticano,Italia
26 de Febrero, 2019 [00:30 am]
—Maldita sea estoy aburrida— exclama malhumorada la mujer de piel morena, deshaciendo su posición firme haciendo a una lado la espada.
—¿Que crees que estas haciendo Karui?— regaña la mujer consiguiente a ella, tiene la espada en posición vertical tocando con la punta el suelo, sin embargo no la observa, mantiene su posición y la vista al frente como un soldado.
—Por primera vez la tabla tiene razón, siento mis brazos adormecidos —habla un hombre de piel morena deshaciendo su posición y tomando asiento sobre el suelo cruzando las piernas una sobre otra como un niño.
—Estamos en guardia ineptos —pero la rubia es diferente, su temperamento y rectitud nunca flaquean, de cualquier forma ella es líder de su grupo de guardia.
—Dame un respiro Samui— dice Karui estirando los brazos.
La rubia suspira rendida.
—Descansen— y entonces como si sus movimientos se encontraran sincronizados todos exhalan.
Claro incluyendo a la líder.
Son doce horas de pie cambiando el siguiente turno con otro grupo.
¿Que resguardan?
Ellos no lo saben, de hecho les fue prohibido indagar dentro de aquel cuarto protegido de pies a cabeza con sellos de protección contra arpías, brujas, hechiceros y errantes. Imaginan que tras la puerta de hierro deber haber algún objeto religioso muy importante o quizás varios.
—Samui— llama a la rubia su compañero Omoi.
—¿uh?
—¿Notaste que los ancianos de allá arriba han estado algo agitados?— interroga refiriéndose a los hombres arriba de sus cabezas, "La santa sede".
Pero Samui no le presta atención, dirige su mirada al único pasillo sin iluminación, le recorre un cosquilleo advirtiendo el peligro.
—Hay alguien ahí —dice la rubia, levantando la espada en defensa, activando el don ocular. Omoi y Karui la imitan posicionándose cada uno a los costados de la rubia.
—Muestrate—ordena y señala con la punta de su espada la dirección del pasillo.
Karui y Omoi se dirigen miradas confundidas al no ver nada mas allá que un simple pasillo vacío.
—Sa...— pero el moreno es interrumpido por una voz mas.
—¿Solo tres?— la voz ajena es burlesca y la vez profunda, calmada, tanto que eriza la piel de Karui.
Y entonces la silueta comienza a cobrar forma, tiene hombros anchos y una estatura alta comparada con la de ellos, pero su estatura no es la que les preocupa si no el aura que no posee.
No es humano.
No es un hechicero.
No es una arpía.
No es un errante.
No es un desterrado.
¿Entonces que es el?
¿Como logro infiltrarse teniendo en cuenta la magnitud de sellos que resguardan la sede?
Las preguntas y dudas aglomeran sus cabezas sin tregua, se sienten indefensos, acorralados en su propia casa.
—No se preocupen, he venido por las reliquias detrás de esa puerta— lo ha proclamando con tanta tranquilidad que la probabilidad de salir con vida de ese pequeño pasillo se reduce a cero para el grupo de la rubia.
—¿Por que no puedo ver su aura? ¿S-samui?
El intruso suelta una carcajada en ecos, incrementando el nerviosismo de los presentes.
—Lo siento, solo que la ignorancia me causa gracia.
Sus pasos son lentos, acercándose poco a poco a la iluminación del pasillo, revelando su identidad.
—El último de pie sera privilegiado de llevar un mensaje.
Si algo no olvidaran, seran sus ojos sin vida.
Tokio, Japón
27 de Febrero, 2019 [07:08 am]
La mansión Uchiha es una especie de combinación actual y antigua, mezcla tecnología y las herramientas viejas en una sola época, como muestra de ello son los tubos de presión de aire que utilizan para enviar o recibir cartas.
—Que extraño— Fugaku coge una carta recién llegada cuyo sobre rojo esta sellado con el escudo conocido por todos los exorcistas.
—¿Que ocurre?— interroga Itachi al notar el semblante tenso de su padre.
—Es de "La santa sede"
Los problemas apenas si habían comenzado.
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Hola mis querid@s lectores esperó que este capitulo hay sido de su agrado.
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