ATAQUE AL SANTUARIO

El santuario se había mantenido en una tensa paz por un par de semanas. El ejército enemigo no había dado señales de vida después de la batalla en el Templo de la Muerte Violenta. A pesar de ello, Saori tenía un mal presentimiento que acallaba cada que alguien le preguntaba sobre el tema. Además de eso, tenía un profundo dolor en el corazón, Saga parecía evitarla después de aquel encuentro donde su lado Evil parecía haber vuelto por algunos segundos. A pesar de haber intentado acercarse a hablar al respecto, el Patriarca evadía la conversación y salía huyendo.

Ella se sentía culpable, quizás había sido demasiado miedosa y puritana, quizás debió dejarse llevar. Pero en ocasiones ser la reencarnación de Athena tenía demasiado peso en su actuar. Esa tarde tocó a la puerta de la habitación de Saga, él abrio la puerta y se sorprendió un poco de verla.

-Athena ¿puedo ayudarla en algo?

La frialdad en las palabras del geminiano hicieron que la humedad en los ojos de Saori se hiciera presente, pero aún así se armó de valor y entró.

-Necesitamos hablar sobre nosotros, sobre lo que pasó.

Él no contestó nada y entrecerró la puerta.

-Lamento mi comportamiento tan brusco y poco respetuoso.

-Saga… Deja de actuar como así o dime ¿quieres que dejemos de vernos?

El peliazul pasó saliva, realmente no quería perderla pero su miedo a lastimarla era más grande y el silencio como respuesta hizo que la diosa no soportara el desborde de las lagrimas que clamaban por salir.

-Athena, mientras no pueda controlarme por completo a su lado lo mejor será que mantenga mi distancia… Pero debe saber que la amo con cada centímetro de mi ser.

Antes de que pudiera responder algo, Saga salió del lugar caminando de prisa con culpa de haberla lastimado con su determinación. Bajó los peldaños hasta su antiguo templo, Géminis. Al parecer Kanon no estaba ahí, por lo que aprovechó para tirarse en el sofá a sentirse el hombre más despreciable de la tierra. Un rato después, el actual Santo de Géminis entró, encontrando a su hermano con un semblante de dolor.

-¿Sucede algo malo?

-No, solo quería estar solo y pensar un rato sin que nadie me molestara.

El gemelo menor se sentó en otro sillón.

-Vamos, ahorrame el sermón de que puedes confiar en mí y dime que pasa. No te habrías venido a esconder acá si no pasara nada.

Un poco pensativo, Saga le narró con vergüenza lo sucedido con Athena.

-No se qué es lo que me sucedió. ¿Crees que tenga algo que ver con Ares?

-Es posible… ¿Y te alejarás de ella solo así? Te conozco, jamás te vi mirar a alguien así.

-Lo sé. Hasta ahora jamás me había sentido así, tan vulnerable. Las mujeres con las que estuve antes eran solo por necesidad pero en realidad nunca las amé. Saori es tan frágil y tan imponente al mismo tiempo que odiaría hacerle daño.

-Si, te entiendo. Digo, yo creo jamás haber amado a alguien, a pesar de haber estado con bastantes mujeres. Ninguna nunca me importó.

-¿De que hablas? ¿Y Pictor?

-Ella… No se que intentas decir, no es momento para ser el hermano molesto.

-¿Entonces no admitirás que esa chica te gusta?

-Saga… Tu mejor que nadie sabe que no importa que tanto me guste, solo terminaré haciéndole daño. Es quien soy.

-Yo te vi realmente afectado cuando estuvo a punto de morir, quizás ella sea tu centro, lo que haga que todo cambie.

Kanon se levantó y fue a la cocina por una cerveza que destapó. En la entrada del templo, alguien se acercaba pero al sentir los cosmos de los gemelos se detuvo y ocultó el suyo.

-Eso solo sucede en los mitos, la verdad es que no me interesa cambiar. Y si ella está pensando igual que tu, la compadezco -dijo dando un sorbo a la bebida- quizás deba irme un tiempo y alejarme, no me gusta que todos piensen que es mi novia. Además ni siquiera es mi tipo, ¿que haría con una mujer como ella?

Detrás de un pilar de la entrada, Li escuchó las palabras de Kanon y su corazón se rompió, jamás había aceptado que él realmente le gustaba, pero el escuchar cómo se expresaba de ella la hizo darse cuenta de la verdad. Con lagrimas en los ojos, dio la vuelta y bajó corriendo las escaleras. Su cosmos inestable logró ser ligeramente percibido por Saga, quien se puso de pie buscando a quién se encontraba con ellos pero no alcanzó a ver a nadie, por lo que regresó a la conversación.

-Deja de ser un necio estúpido ¿sabes lo que yo daría por estar con Saori sin preocuparme de nada? Tienes a alguien a quien le importas y ella te importa a ti aunque lo niegues.

-Yo no puedo estar con nadie porque solo atraigo el sufrimiento de las personas. Y odiaría verla sufrir por mi culpa. Así que entiendo bien lo que haces por Athena, es lo mismo que yo haría por Li.

Saga movió la cabeza negativamente.

-Te vas arrepentir Kanon y no lo digo como amenaza, sino como consejo del hermano mayor que siempre debí ser.

Peldaños abajo, Li cruzaba la casa de Aries a toda prisa cuando se detuvo de golpe. El guardián del templo la saludo notando los ojos llorosos y ella se acercó avergonzada.

-Mu ¿puedo pedirte algo?

-Claro, con gusto te ayudaré si está en mis manos.

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En el santuario de Ares, una figura oscura se hizo presente en el templo de la Llama, -Así que el templo del Fuego Rojo ha caído.

-Si señor Cidoimos, al parecer Keres y su batallón se confiaron y fueron derrotados, tuvimos suerte de que se retiraran sin ingresar al resto de los templos.

-¿Suerte? -dijo el espíritu de la confusión- Deneb, ellos tendrán suerte si logran sobrevivir, pero no la tendrán. Yo no esperaré a que vengan a nosotros, los tomaremos por sorpresa y acabaremos de una vez con esto. ¿Tienes la urna de bronce donde se encuentra el alma del señor Ares?

-Si, la recibió Clío de manos de Brigith de Químera antes de ser derrotada. Ahora se encuentra resguardándola junto a Bel.

-Bien, prepárense y manténganla a salvo. Partiremos cuanto antes.

La mujer rubia asintió y se puso de pie, saliendo del salón. Al mismo tiempo, un hombre más bajo que Cidoimos y de cabello negro se acercó.

-¿De verdad piensas ir al Santuario de Athena y enfrentarla sin una estrategia?

-Es lo que Ares haría, dejar de pensar tanto y solo ir a arrasar con todos. ¿O no lo crees así Fobos? Conoces a tu padre, sabes que tengo razón. Además ¿quien dice que no tengo un plan?

-Bien, entonces si es así, cuenta conmigo. Destruyamos el Santuario y tomemos la vida de Athena.

Ambos comandantes reunieron a sus Bersekers, quienes se presentaron ante ellos formalmente.

-Señor Cidoimos, Deneb de Eurìale a su servicio, le defenderé con lealtad y rabia.

-Clío de Esteno se reporta a su servicio, sin titubear aniquilaré a cualquier enemigo de Ares.

-Bel de Mantìcora, presente para honrarlo.

Los bersekers del ejercito del Terror también hicieron su aparición ante Fobos, su líder.

-Nuestro señor Fobos, nos presentamos ante usted listos para la batalla, yo Leda de Ismenian.

-A sus órdenes, Néfele de Kobalos.

-Sahel de Estínfalo, listo para la pelea.

Cidoimos se puso de pie y le sonrió a Fobos.

-Mañana por la noche, el santuario de Athena caerá -recita Cidoimos- Tomaremos la vida de sus santos y a Athena como nuestra prisionera, pero antes…

Clío de Esteno asiente, acercándose a su líder.

-Clío, tu serás la encargada de la misión más importante, la de despertar a Ares.

-Déjelo en mis manos, no lo defraudaré. Seguiré sus planes y lord Ares volverá a la vida.

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Kanon había puesto algo de ropa en una mochila, con el Santuario en paz había solicitado ausentarse por algunos días. Tomó sus cosas, al salir del templo de Géminis y por un momento se detuvo a pensar si debería buscar a Li para despedirse. Que tontería, si es justo por eso que me alejo ¿para que querría verla?. Bajó por las escaleras y caminó tranquilamente hasta salir de los terrenos santos sin mirar atrás.

Mientras tanto, Li empacaba sus cosas. Había decidido dejar la cabaña de los gemelos e ir a las barracas que les correspondían a las reclutas femeninos. Tomó la bolsa donde había puesto sus cosas y su pandora box, antes de salir se detuvo pues casi olvidaba algo. Vio en una mesa la máscara que le había pedido a Mu reparar. Se paró frente al espejo viendo su rostro reflejado y se colocó la careta. Su vida como santo de Athena ahora tomaba un nuevo rumbo.

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Saga deambulaba alrededor de la estatua de Athena, su hermano había partido para alejarse de alguien que quería, para evitar lastimarla; y él hacía algo similar con Saori. Desde que había vuelto a la vida, su mayor temor era causarle tristezas. Pero tratarla así también la haría llorar y lo sabía. Enfrascado en su indecisión, el geminiano no notó un cosmos que se acercaba.

Una mujer de tez oliva y cabellos negros lo observaba desde un pilar. La mujer sostenía, una urna de bronce con grabados antiguos en dorado, aquella urna en la que los Titanes habían encerrado a Ares en la era mitológica, había servido a Athena para detenerlo por siglos. Pero ahora, un solo toque con la piel del recipiente designado por las estrellas, bastaría para abrirlo y liberarlo.

Clio había llegado hasta ahí gracias al poder de Cidoimos y Fobos, que la introdujeron al santuario por medio de un portal. Suspicazmente, la berseker de Esteno atacó por la espalda al peliazul que no esperaba que nadie llegara a ese lugar del santuario.

-"Petrificaciòn de la voluntad " -grito la mujer de 25 años-.

La berseker absorbe el cosmos del Patriarca, solo lo suficiente para inmovilizar a Saga. Al ver que es seguro hacerlo, ella se acerca al peliazul, con la urna mítica y lo pone en sus manos. Saga esta consciente pero nada puede hacer ante la poderosa técnica a la que fue expuesto y cuando sus dedos entran en contacto con la urna, el cerrojo se abre de inmediato, expulsando una luz rojiza que primero se eleva al cielo y después se introduce en él.

Clio al ver que el plan funcionó se arrodilla.

-Mi gran señor Ares, bienvenido sea. Por favor, deme instrucciones para honrarlo.

El dios de la guerra, ahora en el cuerpo del geminiano sonríe, dándose cuenta de que se encuentra en el Santuario de Athena.

-Continua con lo que tu líder te indico, yo tengo algo que hacer antes…

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En las afueras del santuario, Cidoimos y Fobos sienten el cosmos de su dios despertar y dan el banderazo de salida para el ataque. Los 5 bersekers que comandan entre ambos ingresan arrasando con los soldados que encuentran a su paso.

Shaina y algunas reclutas que se encuentran entrenando en coliseo son las primeras en escuchar los gritos de dolor de los hombres que resguardan el recinto, por lo que se apresuran a ir en esa dirección. Al llegar encuentran una masacre, pero solo un enemigo sigue ahi, pues el resto ha avanzado hacia las doce casas.

-¡Alto! -dice la cobra- ¿Quien eres?

El hombre de 1.82 y cabello azul claro se da la vuelta observando a la santo de plata.

-Vete de aquí mujer, les daré una oportunidad a ti y esas niñas que te acompañan de conservar su vida.

-Hum… Ya veo, el ejercito de Ares ha decidido venir directamente al Santuario. Pero están muy equivocados si creen que podrán llegar a Athena tan fácilmente.

El berseker de ojos turquesas hace una mueca de desprecio.

-Mi oferta fue benevolente, pero si desean perder sus vidas por una causa tan patética como la justicia que defiende su estúpida diosa, entonces les concederé una muerte dolorosa.

Con rápidos movimientos, el hombre pone fuera de combate a la mayoría de las chicas que apenas y cuentan con el entrenamiento básico. Disfrutando de la sangre que ve correr, se detiene ante Shaina, que ve impotente como sufren.

-Eres un maldito bastardo, ellas ni siquiera llevan una armadura que las proteja.

-¿Yo soy el malo? Tu fuiste quien decidió que ellas perecieran al no aceptar rendirte. No sabes a quien te estas enfrentando mujer, yo soy Sahel de Estìnfalo, el ave mitológica que desgarra a cualquier enemigo y ahora es tu turno de sentir el mismo dolor que ellas. ¡Vamos! Grita para mí " Pluma Letal de Bronce"

El berseker se mueve a la velocidad de la luz, lanzando cientos de plumas metálicas llenas de agresiva cosmoenergìa. La cobra sale volando llena de cortes en brazos y piernas, ocasionados por el ataque. Observando sus heridas, Shaina piensa que debe proteger a las chicas que aun agonizan, por lo que se pone de pie.

-No creas que te resultará tan sencillo deshacerte de mi ¡A mi Cobra!

Los ataques de la peliverde son esquivados por Sahel.

-¿Ese es tu ataque mujer? Es realmente lento. Con poder de ese nivel no lograrás si quiera tocarme -dice mientras avanza a ella con su ataque de nuevo- ¡muere santo de Athena!

Shaina sale volando de nuevo, gritando por las heridas. Temblando de dolor en el suelo, ella piensa en Seiya. Algo que siempre ha amado de él es como se pone de pie una y otra vez, el jamas pierde la fe. Lentamente, hace el intento de ponerse de pie, pero el berseker de Estìnfalo comienza a patearla.

Una de las reclutas se pone de pie.

-¡Oye tu! Ya dejala en paz.

Sahel voltea y camina hacia la delgada chica de apenas 11 años y la toma por el cuello.

-Así que aun no mueres. Yo te guiare niña idiota.

El berseker comienza a apretar su cuello, lo que hace que la Cobra se ponga de pie.

-Dejala ir, tu oponente soy yo. Se que quizás no tengo la fuerza necesaria para detenerte, pero no dejare que la mates, no mientras yo tenga fuerza en mi interior.

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Athena caminaba por los pasillos de la casa Patriarcal cuando sintió un enorme cosmos lleno de ira destellar en dirección de la estatua de Athena, envió a las doncellas que la acompañaban de regreso al comedor y temerosa buscó a Saga, a quien no había visto desde temprano en la mañana. Al llegar a la estatua de Athena, no vio nada fuera de lo normal, por lo que decidió ir a sus aposentos y esperar tener noticias de lo que aquello hubiera podido ser.

Cuando abrió la puerta vio a Saga de pie frente a la ventana, su cabello lucía de un tono grisáceo, por lo que ella se detuvo de golpe.

-Sa..¿Saga?

Él se dio la vuelta y sin decir nada caminó hasta ella, tomándola de la cintura y dándole un apasionado beso. Después de días donde Saga se había mostrado distante y arrepentido de haberse excedido con ella, parecía que por fin buscaba la reconciliación. Saori cerró sus ojos, había extrañado a su amado tanto que ni siquiera le extrañó cuando la aventó bruscamente sobre la cama y se colocó encima de ella. El toque de sus manos recorriendo sus muslos se tornó más fuerte, los besos perdieron la ternura habitual y se tornaron necesitados y llenos de dolor. El peso del cuerpo masculino no le permitía moverse cuando sintió un tirón en el cabello y la boca de él marcando su cuello. La diosa pensó por un momento detenerlo pero recordó la última vez, parecía que Saga se veía cegado por el deseo cuando estaba cerca de ella y lo que menos quería era que él volviera a sentirse culpable por darle rienda suelta a sus instintos, después de todo ella también deseaba estar con él.

Así, la pelilia calló y consintió las rudas caricias de su acompañante. Unos minutos después, escuchó voces de doncellas que se alertaban entre ellas sobre un ataque a las doce casas.

-Saga, algo sucede -dijo ella intentando levantarse- debemos ir a ver que es lo que pasa, yo también sentí algo siniestro hace unos momentos.

Ignorando la petición de Athena, el hombre la recostó sobre la cama de nuevo, usando la fuerza y sin más, arrancó la parte superior de su vestido. Saori se asustó y sin poderlo evitar comenzó a llorar.

-Saga por favor, no quiero que nuestra primera vez juntos sea así.

Hundido en sus pechos, Ares comenzó a reír.

-Jajajaja Athena… Siempre he pensado que eres una diosa débil y emocional, pero jamás pensé que llegarás a esto.

-¿Que? ¿Que pasa, Saga?

-¿Aun crees que soy ese inútil mortal, Athena? ¿No logras diferencias el toque de un sucio humano al de un dios?

Saori lo miró aterrorizada y sin poderlo creer.

-No.. Tu eres… ¡Ares!


Lamento mucho haber tardado tanto en actualizar, necesitaba reacomodar mis ideas y detallar al ejercito de Ares para poder hacerlo. Espero haya valido la pena la espera. Mil gracias por leer!