UNA OPORTUNIDAD
Saga se preparó para recibir el ataque de Ares, no estaba dispuesto a morir y dejar a Athena en las manos de aquel dios. La espada fue lanzada contra él, junto con un destello del cosmos rojizo del dios, que lo deslumbro un poco y lo obligó a entrecerrar los ojos, esperando el dolor que le produciría el ataque. Su cuerpo estaba preparado para morir pero su voluntad quería una oportunidad con la mujer que amaba.
Ares estaba ciego de ira, lo único que quería era ver morir al humano que le arrebataba la atención de Athena, quería verlo sufrir y sangrar, por lo que depósito en su espada aquella sed de venganza y la empuñó hacia el corazón del peliazul. La luz emanada por los cosmos de ambos, de repente se torno más intensa y de un tono diferente, pero Ares no prestó atención a aquel detalle.
Los largos cabellos de Saori volaban por el fluir de energía, al elevar su cosmos formando una barrera que detuvo el ataque del dios.
-Saori ¿Que haces? Debes salir de aquí, yo derrotaré a Ares
-¡No Saga! Esta vez no dejare que mueras -dijo ella con lagrimas en los ojos- no me quedaré viendo como te pierdo de nuevo.
Saga pronunció el nombre de su diosa, con un sentimiento de verdadero amor y agradecimiento. Todas las dudas que tuvo desde que se acercó a ella se disipaban y por primera vez no le importaron las posibles consecuencias de estar a su lado. Se sintió estúpido y cobarde por haber rehuido antes de sus sentimientos ante la valentía que ella le mostraba en ese momento, ella estaba dispuesta a luchar y perecer, esta vez no por la humanidad, sino por él. Dio un paso para alcanzar su mano pero un ataque por la espalda lo hizo caer, al perforar un costado de su abdomen.
-¡Saga! -grito la diosa al ver cómo la sangre de su amado corría-.
Ares aprovechó que Saori había debilitado la barrera para sujetarla por el cuello y darle la bienvenida a su aliada.
-Pensé que no vendrías, Keres. Encargate de ese estúpido de una vez.
-Lamento llegar tarde, mi señor -dijo la peliroja sonriendo con malicia- enviaré al infierno a este hombre ahora mismo "Inducción del Tártaro"
La líder del Batallón del Fuego Rojo lanza su ataque a toda velocidad pero no logra llegar a Saga que aún esta en el piso, pues Kanon bloquea la técnica con su cuerpo. Un portal se abre y el gemelo menor empieza a ser absorbido por él.
-Tu… Te recuerdo -dice la mujer griega de ojos rojizos, que parece molesta por la intromisión- luchaste al lado de los 2 ingenuos que creyeron derrotarme en mi templo. Bien, ahora tu irás primero a lo más profundo del Tártaro donde esperarás a tu hermano que pronto te alcanzará.
-Si, me iré -dice Kanon esforzándose por no ser tragado por el poder- pero tu vendrás conmigo.
Kanon reúne la fuerza que le queda para acercarse a Keres y sujetarla de la cintura y el cabello.
-¿Que crees que haces idiota? ¡Suéltame!
-Serás mi guía en el Inframundo, perra.
Saga abre los ojos al sentir que el cosmos de su hermano esta siendo succionado por aquel portal, pero tanto el gemelo menor como Keres desaparecen antes de que él pueda hacer algo.
-Hermano ¡no!
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En el Santuario una estrella fugaz pasa hacia la constelación de Géminis y Li la observa llena de desesperación.
-¡No, Kanon! Maldito testarudo -dice golpeando y derribando una columna del templo de Géminis donde lo esperaba- te dije que no hicieras nada estúpido. Tienes que volver.
La Santo de Pictor queda de rodillas en el templo destruido por las batallas, pensando en si el gemelo menor estará vivo o muerto.
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-¡Kanon! -grita Saori que intenta deslindarse del agarre de Ares - No puede ser, pensé que Keres había sido muerta por Ikki y Shun
-Keres era la única que sabía mis verdaderos planes -dice riendo el Dios de la Guerra- por eso decidió dejar la batalla del templo del Fuego Rojo, escapó ante los ojos de tus ineptos caballeros, quienes ni siquiera se dieron cuenta. Sabía que era mejor esperar en las sombras la pelea decisiva. Pero esta vez fue descuidada al dejarse atrapar por ese entrometido que ahora vagará en vida en el sótano del Inframundo por la eternidad.
Al escuchar esto, Saga se puso de pie y se lanzó contra Ares, que arrojó a Saori al piso para defenderse.
-Maldito Dios, me has atormentado toda mi vida, me arrebataste a mi hermano, los sueños infantiles de llevar una vida al servicio de Athena. No dejaré que te salgas con la tuya esta vez, así pierda mi vida de nuevo, acabaré contigo de una vez por todas.
Ares atrapó el ataque de Saga con su mano y se lo devolvió, enviándolo al suelo también.
-¿En ese estado tan deplorable crees que puedes derrotarme? -preguntó Ares, usando su poder para presionar el cuerpo de Saga aún a distancia- quebraré todos tus huesos hasta que no quede más que polvo. De nada servirá tu ira contra mi, pagaras con tu sufrimiento el atrevimiento hacia una diosa y al final yo me quedaré con ella.
El rostro del geminiano se llenó de dolor al sentir el crujir de sus huesos mientras Ares sonreía disfrutándolo.
-¡Ares, detente!
El dios pelirojo volteó y vio a Athena que había liberado todo el cosmos que había en ella.
-Dijiste que querías que fuera tu diosa de la guerra ¿no es así? Bien, pues enfrentémonos ahora como lo hemos hecho desde la era del mito.
Ares por fin vio lo que quería ver, a la Athena llena de fuerza y soberbia que siempre lo retaba y que al mismo tiempo lo volvia loco. Así que estrellando a Saga contra un muro, se lanzó contra la diosa.
-¿De verdad pelearás conmigo así? Sin tu armadura, sin tu báculo, sabes que en fuerza física soy superior. ¿Por que no te rindes de una vez y terminamos con esto? Esta vez ningún héroe vendrá en tu rescate, ni me dejaré ganar por ti como lo hice tantas veces para que notaras mis deseos.
-No me rendiré Ares, no necesito que nadie me salve. Sabes bien de lo que soy capaz si libero toda mi fuerza. Que no lo hiciera antes, no quiere decir que no lo haga ahora.
Los cosmos de ambos dioses chocaron en una explosión en la que los dos fueron lanzados por el efecto. Ares fue el primero en ponerse de pie iracundo, para ir a donde Saori se recuperaba y tomarla por sorpresa. Pero al verlo acercarse, ella uso su poder para atacarlo con un pedazo de cantera que había cerca, golpeándolo en el pecho y derribándolo. Al verlo caído, ella sintió un poco de compasión. Jamás lo había odiado como él creía, solo no estaba de acuerdo con la manera violentamente absurda de su actuar. Era impulsivo y hasta sádico, pero sentía pena de no poderle corresponder y tenía la esperanza de tocar su corazón y que todo tuviera un fin pacífico para todos.
-Ares, yo se que tu eres más que solo violencia y odio -dijo Saori arrodillándose a su lado, al verlo herido- se que en el fondo puedes ver más allá del dolor y la sangre que todos estos siglos se ha derramado por tu influencia. Por favor, no quiero pelear contra ti más.
La diosa solo sintió la humedad cálida en el costado de su abdomen, no sintió dolor, solo sintió como sus sentidos se aturdían y su cosmos se alteraba. Bajando la mirada, vio como su vestido se llenaba de un colorido rojo.
-Te equivocas Athena. Yo he amado cada gota de sangre que ha corrido en mi nombre, me da fuerza. Eso es quien soy y solo tu pudiste cambiar eso a mi lado. Pero eso nunca pasará, ahora tu sangre en mis manos será mi ofrenda y mi victoria.
Saga alcanzó a ver la figura de Saori desvanecerse al ser atravesada por la espada de Ares, lo que lo hizo gritar y explotar su cosmos al máximo. Al hacerlo, la armadura del Patriarca reaccionó al nuevo nivel que su portador había alcanzado. El dolor de las heridas que durante la batalla sufrió, dejo de sentirse pues era más fuerte la frustración y el deseo de salvar, más que a su diosa, a la mujer que amaba.
Ares sintió el poder que el peliazul emanaba y sin poderlo creer preguntó.
-¿Que no hay alguna manera de que te quedes muerto de una vez por todas, bastardo?
-Ares, jamás podrás derrotarme. Así lastimes mi cuerpo o incluso muera yo volveré del infierno las veces que sea necesario. Lo haré porque una vez le falle a Athena, la herí a pesar de no querer hacerlo y pasaré esta vida y las siguientes a su lado protegiéndola. ¡Ni tu ni nadie podrá separarnos!
-Ya te lo dije, nunca serás digno de estar con una diosa como ella y ese pecado deberás de pagarlo ahora mismo.
El Dios de la Guerra concentró su poder en un rayo que dirigió hacia Saga.
-¡No, Ares! Tu eres quien jamás serás digno de tenerla -dijo el peliazul- No importa que seas un dios.
El cosmos furioso de Ares hacía resquebrajar la armadura que portaba Saga, que con dificultad detenía el poder del dios con las manos.
-No puede ser que este humano pueda detener mi ataque, si solo es un recipiente, ningún humano debería tener el poder de equipararse a un dios. Pero ¿que es eso?
El cosmos de Saga comenzó a crecer al mezclarse con otro.
-No puede ser -dijo Ares mirando hacia donde yacía la pelilila- Athena ¿como puedes estar muriendo y aun así usar lo que te queda de energía para ayudarlo? ¿Es que acaso no valoras tu existencia? Tu eres una diosa y jamás debes sacrificarte por seres como los humanos.
Saori transmitía su poder a Saga, perdiendo la poca fuerza que le quedaba. Las palabras del dios ojiverde realmente no le importaban. Muchas veces estuvo al borde de la muerte por un bien común, esta vez lo único que deseaba era que Saga estuviera a salvo.
-Ella no morirá mientras yo esté de pie, Ares es hora de que pagues por lo que has hecho "Explosión de Divina de Galaxias"
El poder de la mejor técnica del geminiano se multiplicó, en comparación a sus ataques previos, rebasando el poder del dios.
-No, no es posible, tu no eres capaz de vencerme -gritó Ares siendo alcanzado por la técnica destructiva de Saga- ¡No!
El cuerpo de Ares fue consumido por la explosiva fuerza de Saga, que aun con la respiración agitada vio como el Dios de la Guerra se convertía en polvo de estrellas, para luego correr hacia donde Athena estaba.
-Amor mío -dijo tomándole la mano- dime que aún estas ahí. No me dejes por favor.
Saori frunció el ceño de dolor, sin poder abrir los ojos. Había perdido bastante sangre y se había debilitado al enviarle su cosmos para acabar la batalla. Solo reaccionó a la voz que la llamaba. Saga la tomó en sus brazos, abriendo un portal para llevarla de regreso al Santuario lo más pronto posible.
La colocó en la cama de su habitación, pensando en como salvarla. El escudo de la estatua no se encontraba en condiciones de ser usado debido a que el dios había hecho pedazos la estatua de Athena en uno de sus arranques.
Después de caminar desesperado por unos segundos, lo recordó, había algo en uno de los salones de la Cámara del Patriarca que podría servir. El peliazul corrió a la velocidad de la luz y trajo consigo la cloth de la Copa, que tenía el poder de sanar a quien bebiera de ella. Vertiendo un poco de agua en el caliz, se la acercó a la diosa, mojando sus labios con el liquido y esperando un milagro.
-Vamos Saori, bebe, abre los ojos nena...
El cosmos de Athena había sido sentido por los caballeros que se encontraban en el recinto, era una energía muy inestable, por lo que entendieron que las cosas no habían salido del todo bien pero enviaron sus pensamientos hacia ella, dejándole saber que no estaba sola. Desde varias las casas de los Santos, la energía llegó hasta a Saori en forma de un calor reconfortante y logró escuchar sus voces llamándola. Esta vez, eran sus caballeros quienes la guiaban y le daban fuerza, así como tantas veces lo hizo ella cuando ellos lo necesitaron.
-Saga…
-Aquí estoy -dijo besando su frente- Aqui estoy, Saori.
La diosa sonreía débilmente al ser abrazada por el peliazul. Saga solo podía pensar en cómo había estado a punto de perderla por enésima vez y había aprendido la lección, valoraría cada segundo a su lado y sería el hombre que con orgullo sostendría su mano sin titubear ante nada.
-No vuelvas a asustarme así, preciosa.
-Pensé que te sentirías aliviado al deshacerte de mí -respondió ella sarcástica-.
-No digas tonterías, sabes que te amo y solo estoy en este mundo por ti.
-Saga, yo también te amo a ti.
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Li había corrido por las escaleras al sentir el cosmos de Athena en el Santuario, algunos Santos de oro la habían visto confundidos atravesar los templos a toda velocidad, sin responder a sus preguntas. Realmente no estaba interesada en lo que ellos pudieran pensar, su mente solo se concentraba en que Kanon estaba bien; quería imaginar que había vuelto junto a Athena y el Patriarca, y que seguramente se burlaría de ella por demostrar preocupación. Así era él y ella había aprendido a disfrutar de aquella odiosa vanidad y de la frialdad fingida que en realidad ocultaba a alguien noble. Sabía que en realidad el gemelo disfrutaba de la atención y cuidados que ella le había ofrecido; aunque no sabía si había algo más entre los dos, pues lo testarudo de ambos los había llevado a dar vueltas al asunto sin admitir nada.
Él estaba convencido que era incapaz de sentir afecto sin interés, creía que todo lo que tocaba estaba condenado a ser destruido y que su forma de ser, manipuladora y ambiciosa, jamás permitiría abrirse por completo a alguien. Pero eso ya había pasado, con ella, pues sin darse cuenta había formado un lazo de amistad y cariño genuino.
Ella por su parte, había perdido la fe en las personas. Su corazón estaba dormido y por años no había logrado sentir nada, después de haber dado todo por quien la había traicionado. Kanon había sido una luz que sin darse cuenta la había iluminado, a pesar de discutir todo el tiempo, la había hecho sonreir y soñar de nuevo. Era por eso que necesitaba saber que él estaba bien, aunque nada más sucediera entre ellos.
Pero al cruzar el salón del Patriarca comenzó a sentir miedo. No lograba percibir cerca el cosmos del gemelo menor. Su carrera se detuvo de golpe al llegar a la puerta abierta de los aposentos de la diosa. Dos voces se escuchaban con claridad y se dio cuenta de lo impulsiva e imprudente que había sido al ir hasta allí, donde Athena y Saga parecían muy cercanos.
El Patriarca suspiraba aliviado de que Athena estuviera a salvo y que la amenaza de Ares por fin hubiera llegado a su fin, pero algo lo hizo pasar saliva. No había podido salvar a su hermano, quien se había sacrificado sorprendentemente por él. Jamás lo imaginó, después de años de envidias y rencillas, de venganzas y reencuentros, Kanon había decidido salvarle la vida sin dudar. Ese era el amor fraternal que alguna vez tuvieron cuando eran niños, cuando eran solo ellos contra el mundo y creían que estarían unidos por siempre. Y quizás siempre lo estuvieron, pero de una manera trágica, sellada por el destino de ser recipientes de un maligno dios y cometiendo innumerables pecados contra su diosa.
-No debes culparte -dijo Saori, adivinando los pensamientos del peliazul- nadie esperaba que Keres estuviera viva.
-Él no volverá ¿no es así? Sufrirá eternamente por mi culpa, por mi debilidad.
La pelilila hizo un esfuerzo por levantarse y alcanzar con su mano el hombro de Saga.
-Tal vez… Tal vez exista una posibilidad.
-¿Que dices? ¿De verdad crees que él esté vivo?
-Kanon ya había despertado el Arayashiki desde la batalla contra Hades, sin duda sobrevivió a la técnica de Keres. Solo está atrapado en el Tártaro, pero puede ser que siga con vida.
-No ha mucha diferencia considerando que nadie puede llegar hasta él -dijo pesimista Saga- si tan solo yo pudiera…
-Hay una manera, existe un camino secreto que solo es conocido por los dioses por el cual se puede entrar al Inframundo y llegar hasta el Tártaro. Cualquiera puede tomar ese camino, pero nadie que no sea un dios puede salir de ahí.
-Saori… Él se sacrificó para protegerme. Si eso es verdad yo… Saori debo ir por él, pero sabes si fracaso es posible que no vuelva.
-Lo sé -respondió llorando la diosa- pero también se que no serás feliz con el remordimiento por no haber hecho nada por tu hermano. Yo no te detendré.
El geminiano la tomó de la mano, ella tenía razón. Había abandonado a su hermano a su suerte antes y estaba en deuda con él. Más ahora que parecía vivir cosas que nunca pudo, no podía solo olvidarlo. Pero dejar a Saori le partía el corazón, parecía que el destino se empeñaba en separarlos sin poderlo evitar, quizás era la voluntad de los dioses que ellos jamás pudieran ser felices juntos. Se aferro a la pelilila con todas sus fuerzas, aspirando el aroma de sus cabellos.
-Perdoname si debo alejarme una vez más, sabes que lucharé con todas mis fuerzas por volver a ti, pero alguien debe ir por Kanon.
-Yo iré -la voz de Li los sorprendió, volteando a verla- Yo lo traeré de vuelta. No es necesario que usted se separe de Athena, ella lo necesita a su lado y no será feliz si usted se va. Lo se, porque yo tampoco seré feliz si Kanon no vuelve.
-Eso no sucederá -dijo tajante Saga- no puedo permitir que tu te arriesgues para enmendar mis errores.
Athena se puso de pie y camino con cuidado hasta la Santo de Pictor, tomando su rostro con sus manos.
-Gracias. Gracias por entender lo que siento y darme una última oportunidad para ser más que una diosa al lado del hombre que amo. Por eso te bendeciré y te guiaré para que tu también encuentres a tu amor.
Li asintió, escuchando atentamente las instrucciones que le dio Athena y sin esperar más, dejó el Santuario. Iniciaría así un camino del cual no sabría si volvería, pero daría todo por cumplir su misión. No defraudaría a Athena o al Patriarca, si por sus acciones ellos podían estar juntos, al menos su vida tendría un objetivo más allá que solo existir. Y llegaría hasta Kanon, costara lo que costara, pues había algo en su corazón que debía ser revelado y no moriría hasta que él lo escuchara.
Saga observó a la ojilila marcharse a pesar de su objeción.
-¿De verdad crees que ella pueda hacerlo? No me parece justo que tenga que luchar solo para que nosotros estemos juntos.
-He visto a humanos comunes conseguir milagros antes -dijo ella con el semblante tranquilo- yo confío en ella, se que no se rendirá y mi gratitud será por siempre, pues gracias a su valentía yo puedo besarte ahora.
Saga sonrió y tomó a Saori entre sus brazos, besándola lleno de amor y necesidad. Aquella noche, el Patriarca se quedo al lado de la diosa tras las gruesas puertas de lo más profundo del recinto y la castidad prometida desde la era del mito, cedió ante el amor que ambos aceptaron como una bendición. Para Athena, experimentar esto significó el por fin ser parte de la humanidad que tanto amaba; para Saga fue la purificación por completo de su alma, gracias al amor de una diosa. Durarían juntos lo que tuvieran que durar, pues sabían que siempre habría obstáculos para un amor como el de ellos, pero atesorarían cada segundo junto.
Se que tarde en actualizar y me disculpo por ello, la verdad re escribì esto como 4 veces porque no quedaba conforme (tal vez solo estaba nerviosa o bloqueada XD ) Espero que al menos el resultado final les agrade. Prácticamente este serìa el final de la historia como tal, aunque estoy pensando si hacer un epílogo para contar lo que paso con Kanon, pero serìa casi solo sobre esta parte y me parece que no hay muchos seguidores del shipp LixKanon, asì que aun no lo se. Si les interesa que lo haga dejen sus comentarios, si no pues este es el adiós jaja.
