AQUELLO QUE SE HA ROTO

CAPÍTULO IX

Comenzó a abrir los ojos se sentían más pesados que de costumbre, además inmediatamente sintió una enorme punzada en la sien, escucho también como decían su nombre, quién lo nombraba dejaba ver un poco de preocupación en su voz, pero su cerebro todavía no comenzaba a hacer sinapsis de una manera eficiente.

-¡Dipper! ¡Dipper! ¿Estás bien chico? –le preguntaba de manera insistente.

Dipper seguía escuchando esa voz de manera difusa a lo lejos era casi como un eco, y al mismo tiempo se perdía en el silencio, finalmente pudo despegar los ojos, el cuerpo le dolía, sus músculos se encontraban rígidos y fríos además de que un fuerte gruñido comenzaba a crecer en su estómago.

-¡¿Hey chico estas bien?! –volvió a repetir la voz. El castaño por fin pudo voltear únicamente para encontrarse con el preocupado rostro de Soos.

-Sí, sólo que festeje de más anoche –dijo señalando la botella de coñac.

-A eso me refiero, me preocupa lo que haces –decía el siempre fiel empleado de la Cabaña del Misterio.

-No es nada importante, es simplemente la adolescencia –dijo Dipper tratando de tranquilizar a su amigo.

-Mmm, no es que yo sea la persona más madura o la más inteligente del pueblo –decía Soos moviendo los brazos. –Pero cuando tuve problemas Stan me ayudo.

-Ahh, el tío Stan –dijo Dipper con las palabras aun difícilmente articuladas.

-Sí, el Señor Pines puede ser un buen consejero cuando se lo propone. Le decía su robusto y risueño compañero mientras tomaba la licorera del escritorio. –Tú debes de irte a asear antes de que regrese, no creo que le guste verte así, yo repondré el coñac.

Dipper miro a Soos con atención mientras salía de la oficina de su tío, este también se preocupaba por él, sintió culpa ya que al parecer siempre terminaba lastimando a las personas que lo querían.

-Gracias Soos –dijo Dipper aunque no estuvo seguro de que su amigo lo escuchara. A penas dormir, despertar cansado, mirarse al espejo y sentirse como mierda se había convertido en la rutina diaria de Pino, no quiso pensar en su hermana y en lo acontecido la noche anterior, lo bueno es que su cerebro todavía estaba bastante desconectado. Fue a la cocina y comió las sobras de la cena, su cuerpo le recordaba el dolor que sentía, extenuado, fatigado, lo había llevado al límite, era un sensación bastante parecida a lo que experimento después de que Bill lo poseyera. Se dirigió a su habitación, se recostó para repasar por millonésima vez ese viejo diario, incluso las anotaciones que el mismo había hecho. Existían muchas cosas que ignoraba con respecto a las criaturas y anomalías descritas en el registro de su tío, existían una infinidad de universos, de realidades y posibilidades, deseaba ver con sus propios ojos todo aquello que el autor le había contado. Sin embargo hace un par de años le propuso volver a intentar construir el portal, Mc Gucket había recuperado su genio mecánico, el mismo era tan inteligente como su tío, entre los tres podrían abrir esa puerta al conocimiento desconocido, a lo no imaginado pero la respuesta fue todo menos lo que él esperaba.

-Dipper –dijo su tío mirándolo seriamente –saca eso de tu cabeza. ¿Acaso no aprendiste nada de lo que ocurrió? De lo que paso entre Stan y yo, lo último que deseo es perder de nuevo a mi familia. Detrás de ese portal existen horrores tan indescriptibles, tan impensables, que incluso todavía me atormentan y me llaman por mi nombre, esa es la auténtica locura. Se levantó y sujeto a Dipper por los hombros.

-Dipper te toca descifrar las maravillas de este mundo, de este universo, de estar vivo –le acaricio la cabeza y continuo con su trabajo.

El chico asintió y le sonrío, pero en el fondo pensó que a su tío le era fácil decir eso después de haberlo presenciado el mismo. Dentro de su mente pueril él también ansiaba lo desconocido, era algo que lo consumía, pensaba que algún día tocaría con su propia mano ese umbral y develaría lo que existía detrás.

Se perdió en sus pensamientos, en sus ansias de conocimiento, se decía a si mismo que nada lo ataba a esta tierra, de repente sintió miedo, un miedo que casi lo ahogaba, fue aumentando hasta casi convertirse en terror. Seguir sus sueños, sus deseos también significaba perder a Mabel, alejarse para siempre de la persona a la que más amaba y eso sí que lo aterraba. Él había sentido esa desesperación más veces de las necesarias en su relativa corta vida, usualmente era su gemela quien lo sacaba a flote con sus palabras y gran sonrisa pero en esto no podía recurrir a ella, ahora el miedo y la soledad lo perseguían. Recordó esa noche después de recuperar la Cabaña de las manos del pequeño monstruo llamado Gideon, había despertado bañado en sudor, las pesadillas de ver muerta a su hermana, de perder a su familia, de sentirse inútil, estas lo habían turbado hasta el punto del llanto. La oscuridad cubría en su totalidad el ático, susurro el nombre de su hermana pero no hubo respuesta, creyó que esta seguía durmiendo, se escabulliría a su cama como cuando eran más pequeños, se sorprendió al no encontrarla ahí, ahora sí que se sentía asustado. Sacó el poco valor que le quedaba y se fue corriendo a la habitación de su viejo tío abuelo Stan, pudo ver como una tenue luz escapaba de ella. Al abrir la puerta vio a su tío que envolvía a Mabel con su brazo, esta dormía profundamente abrazada al pecho de Stan. Se sintió tonto y triste, al parecer él no era el único que tuvo pesadillas esa noche. Permaneció estático por un minuto, pensó en regresar al ático pero es noche no desea ni podía estar solo.

-¿Qué esperas? Entra a la cama –dijo su tío, que al parecer tampoco podía dormir.

Al escuchar las palabras de Stan el pequeño castaño comenzó a llorar, por fin liberaba sus emociones contenidas, camino a la cama sollozando, se metió bajo la cobija, sintió que el fuerte brazo de su tío lo cubría y se apretó contra su costado, lloró un rato más hasta que dijo balbuceante.

-Stan, tuve miedo de perderlos a ti y a Mabel –ocultaba su cara en el pecho de su tío.

-Yo también –dijo el misterioso hombre –pero ahora estamos juntos, nada separara a los Pines.

-Tengo miedo –decía Dipper apretándose otro poco a su tío.

-Todos en algún instante tenemos miedo –dijo el viejo Pines. –Pero es ese miedo lo que nos recuerda que estamos vivos –al decir esto le sacudió el cabello ya de por si alborotado e incluso besó la frente del chico.

-Te quiero Tío Stan –dijo el pequeño Dipper que sabía que pese a que Stan no era el hombre más expresivo del mundo, honesto o "normal" realmente lo quería a él y a su hermana, se fue quedando lentamente dormido y en más de una ocasión ese verano los gemelos amanecieron en la cama de su tío. Lo que en ese instante Dipper ignoraba era la profunda herida que cargaba Stan, una vida de mentiras, las cosas que ocultaba e incluso muchas otras que el mundo jamás conocería. Pino sonrío al recordar el tacto de su tío, ese abrazo que le dio Stan lo hizo sentirse tan feliz, tan protegido y sin embargo ahora sus penas no desaparecerían con un simple abrazo de su tío, es más probablemente si se enteraba de lo que le ocurría no volvería a tocarlo, se sentirá asqueado de lo que su sobrino pensaba. Dormito otros instantes, en su mente nada existía, nada en específico, simplemente oscuridad turbia, miraba el reloj y esperaba que fueran las cuatro de la tarde para ir a esa capilla, avanzar un poco más en ese plan irrevocable.

-¡Chicos bajen! ¡Traje el almuerzo! –el grito de Stan interrumpió los pensamientos de Dipper. Este se mira al espejo y práctica una vez más esa sonrisa falsa que dice "todo está bien", incluso pensó pedirle algún consejo al respecto a Pacífica.

-¡Tranquila Mabel! –el castaño escuchó las quejas de su tío, al entrar vio cómo su hermana tenía sujeto en un abrazo al viejo Pines y lo llenaba de besos. Dipper sabía de la conexión especial que existía entre esos dos, estaba seguro que su hermana amaba a su tío tanto como a él, y Stan de igual manera, que este haría cualquier cosa por su sobrina, literalmente todo. El año pasado un sujeto de su escuela quiso pasarse de listo con ella, Mabel llamo a su tío en busca de consuelo, Dipper por su parte ya estaba buscado un hechizo para darle pesadillas toda la vida sin embargo un par días después el tipo apareció en su salón de clases y le pidió disculpas a Mabel enfrente de todos. Era obvio que le habían dado la paliza de su vida, le enseñaron una lección que jamás olvidaría, los gemelos estaban seguros de que fue Stan aunque él siempre lo negó. Claro que ese mismo verano ambos escucharon como le dijo a Soos que por fin cumplió su sueño de golpear a un adolescente.

-¿Por qué tan contenta cariño? –le preguntó Stan.

-Mmm, no lo sé. Simplemente me siento muy feliz, ¡feliz! –Siguió sujetando del cuello a su tío, dándole otros escandalosos besos en las mejillas, además de reír ya que el pobre Stan sucumbió ante sus encantos. Dipper sintió unas inmensas nauseas al pensar que el motivo de la felicidad de su hermana se debía al rubio, de nuevo quiso desaparecer, su mirada se encontraba perdida en un punto inespecífico de la cocina cuando sintió el mismo abrazo que envolvía Stan.

-¡También a ti te quiero Sir Diplomacia! –su hermana lo sujetaba del cuello, también besaba sus mejillas. La diferencia es que cada toque ardía, quemaba su piel, le dolía tan profundamente que estaba seguro que dejaría marcas aunque eso era imposible. Pero al mismo tiempo su corazón se aceleraba, se emocionaba y deseaba un poco más.

-¡Por Dios Mabel! ¡Ya no tenemos diez años! –dijo Dipper rompiendo el abrazo de su gemela.

-¡Pero yo te voy a querer toda la vida! Aunque estemos tan viejos como los tíos –refunfuño la castaña.

-¡Hey eso dolió! –se quejó Stan.

-Lo siento –se disculpó Mabel.

-A comer, porque bueno esto no se comerá solo –decía Stan mientras acercaba unos platos a la mesa.

-¿A qué se debe el detalle? -preguntó el chico Pines.

-Es únicamente pizza y pastel –contestó su tío.

-Precisamente –dijo Dipper –sabes que es nuestra comida favorita.

-Digamos que si se los dijera tendría que silenciarlos – respondió su tío y les guiñó un ojo. La verdad era que Stan se sentía nostálgico, sus sobrinos cada vez más grandes eran un recordatorio de lo viejo que él estaba.

-Dipper no molestes al tío Stan, él lo hace porque nos quiere –dijo su hermana mientras devoraba una gigantesca rebana de pastel.

Siguieron comiendo y hablando de cosas sin sentido pero divertidas al menos para Stan y Mabel, eran esos momentos cuando Dipper sí que extrañaba a su otro tío. Él entendía de los silencios necesarios para poder aclarar sus pensamientos, incluso compartían sus teorías del funcionamiento de multiuniverso, o ese proyecto que cada que se veían trabajan, era un aparato para acceder a distintos universos, supuestamente ese verano pasaría unos días con ellos pero cada vez parecían más lejanos. Mabel recogía la cocina mientras su hermano lavaba la loza, Stan había ido a abrir la Cabaña, después este preguntó por Soos, Dipper recordó que él tuvo que salir por su causa.

-Le hacían falta unas cosas para reparar la maquina despachadora de afuera –fue lo primero que pensó. Mabel ya se encontraba cubriendo su turno en la registradora, y los tours no comenzarían hasta dentro de unas horas. Dipper se disponía a regresar a su habitación para preparar las cosas necesitaría por la tarde, pero Stan lo detuvo en la cocina.

-¿Qué te sucede chico? –le preguntó su tío.

-Nada –fue la repuesta del castaño.

-Dipper, pones en duda mi inteligencia puedo notar un resaca a varios kilómetros de distancia –le dijo Stan.

-Digamos que me excedí, eso es todo –respondía Dipper.

-No sigas nuestro ejemplo, ahogar los sentimiento nunca será la solución –decía Stan mirándolo a los ojos y sujetándolo de los hombros.

-Gracias Stan –contesto, sin que se lo esperara su tío lo abrazó.

-Eres tan testarudo, pero cuentas conmigo lo sabes ¿verdad? –decía Stan mientras lo abrazaba.

Dipper por un instante sintió que se desarmaría y terminaría confesándole todo a Stan, apretó fuertemente los puños, correspondió el abrazo de Stan y dijo.

-Lo sé, te aseguro que si necesito tu consejo no dudare en acudir a ti –al decir esto le mostró su tan ensayada sonrisa.

-Ok, chico confió en ti –dijo Stan y después se marchó rumbo al museo de la cabaña de misterio.

Dipper fue a su habitación, miro en reloj un faltaba un par de horas para reunirse con Pacífica. Mientras empacaba todo lo necesario no podía dejar de pensar en la actitud de su tío, acaso su dolor era tan trasparente, sabía algo, creía que era un mejor mentiroso, algo debió de aprender se Stan en todo este tiempo o simplemente su tío se preocupaba por él. Miraba el reloj y este parecía no avanzar, maldita relatividad del tiempo pensó, pudo escuchar cuando llego Soos en el carrito de golf. Decidió que mientras llegaba la hora de encontrarse con Pacífica le ayudaría a su amigo, al bajar se sorprendió al ver que Wendy también estaba ahí, esta sonrió al verlo, Dipper también se alegró de que estuviera allí.

-¡Hey Dipper! ¿Cómo estás? –preguntó Wendy.

-Ahhh, bien. Estaba a punto de ayudarle a Soos –dijo es castaño.

-Igual yo, me lo encontré de casualidad en el pueblo y decidí ayudarlo. Adamas es una buena oportunidad de verlos a todos –decía Wendy mientras tomaba un martillo.

Soos los abrazó a ambos y dijo. -¡Como en los viejos tiempos!

-¡Si Soos como en los viejos tiempos! –respondieron a la par.

Los tres se pusieron en marcha y en menos de quince minutos ya habían reparado la maquina despachadora de la entrada, después subieron a arreglar el techo, sin duda fue un momento de calma, Dipper disfrutaba ver a sus amigos de esa forma, no podía creer que Wendy quien ahora vivía en distintos lugares del mundo todavía fuera un as utilizando el hacha, y que decir de Soos siempre la responsable ahora incluso tenía su propia familia y no dejaba de ser el mismo.

-Wendy no creí que una "súper modelo" como tu recordara el usar una martillo –dijo Dipper en tono sarcástico.

-Hay cosas que jamás se olvidan, que siempre vivirán grabadas en tu corazón, esas cosas que simplemente te hacen quien eres y para mi es ser una "chica de montaña" –respondió mirando al horizonte.

-Que profundo Wendy, sí que has crecido –decía Soos.

-Además es divertido volver a ser una chica normal –añadía Wendy.

-Técnicamente "normal", no recuerdo que todas las chicas puedan luchar con seres cambia formas, gnomos y unicornios –dijo Dipper.

-Claro "normal" para Gravity Falls – respondió la pelirroja.

-Si para este pueblo llamado Gravity Falls –suspiraba Dipper al decir esto.

-Con sus carteros hombres lobo –agrego el joven regordete.

Los tres rieron al unísono, sus vidas, sus acciones y sobre todo sus decisiones parecían alejarlos lentamente de ese pueblo, sin embargo al mismo tiempo había algo que los obligaba a regresar, en esa pequeña población de Oregón ellos tenían un hogar.

Terminaron con las labores en el techo, había tomado más tiempo del necesario pero sin duda disfrutaron ese encuentro. Wendy se despedía de los habitantes de la cabaña del Misterio, cuando súbitamente escucharon un golpe, todos voltearon a ver y una vez más la "S" se negaba a permanecer en su lugar.

-Así tiene que ser, perfectamente imperfecta –dijo Wendy.

-Sí, es verdad –contesto el castaño.

-Tengo la noche libre tal vez podamos salir un rato –decía la pelirroja antes de abordar el carrito de golf conducido por Soos.

-Sería genial, de hecho no tengo planes –contesto Dipper.

-Ok, entonces nos vemos en un rato más –se despido Wendy.

No es que Dipper tuviera ánimos para salir con sus amigos o cualquier otra cosa, pero cualquier cosa que distrajera su mente le parecía una buena idea además lo más probable es que bebería o fumaría en compañía de Wendy, era la excusa ideal para adormecer los sentidos. Miro su reloj únicamente faltaban unos cuantos minutos para la hora pactada con Pacífica, fue por su mochila y se puso en camino, al salir pudo ver como Mabel hablaba por teléfono, por su estúpida expresión de felicidad sólo podía ser Gideon.

Odiaba tanto el pensar en todo, en todo lo que le rodeaba, en lo que pensaba y sobre todo en lo que sentía, a veces tenía celos de sus idiotas compañeros, si, de esa bola de imbéciles, que sólo existían porque no olvidaban respirar y sin embargo parecían disfrutar mucho más del estar vivo que él. Anhelaba secretamente esa vida, esa vida sin dificultades, sin problemas, sin significado, quería simplemente ser. Recordó a McGucket, en efecto le habían devuelto su pasado, sus recuerdos, pero eso no significo que la felicidad también regresara. No, por el contrario ahora estaba consciente de todos sus errores, de todas sus fallas, de todas las decepciones que hechas, de la familia que perdió, de la esposa que dejó de amarlo, del hijo que vivió en constante vergüenza. Dipper sabía que con el paso de los años algo de esas cosas pudo recuperar, otra vez se vislumbró aquel que una vez fue un brillante ingeniero, además estaba el hecho de que la familia Pines tenia mucho que ver en ese descenso a la locura, ese su tío al que tanto admiraba, ese hombre como el que soñaba ser, había sido el culpable de ese abismo. Le oculto el motivo real de su investigación, de donde provenían todas esas ideas con tal de alcanzar su objetivo y al final poco o nada le importo que el costo de ese portal fuera entre muchas cosas la cordura de su amigo. Luego estaba Stan, si ese Stan, que tanto lo quería, que tanto había sufrido, ese mismo, su tío que le enseño que ser hombre era más que la inteligencia, al que también admiraba pero que al mismo tiempo había engañado incluso a él, mentido, violado la ley un sinfín de veces, y todo por alcanzar lo que deseaba. Eso también significa ser un Pines, pasar, utilizar, burlar a las personas con tal de conseguir sus metas, esa era una clara verdad entre tantas mentiras porque era lo que Dipper hacia y seguiría haciendo con Pacífica Noroeste.

La vio a lo lejos, esa rubia era el sueño de muchos, enfundada de pies a cabeza en ropa de las mejores marcas, luciendo debajo de ese árbol como una postal de una película de arte, estaba seguro de que en un futuro sería la esposa de alguien realmente importante además era mucho más inteligente de lo que le gustaba demostrar. Era dueña de un ingenio comercial único, al parecer los negocios estaban en su sangre, además si que era hermosa, un cuerpo perfecto, un rostro por demás precioso, además si que sabía hacerlo vibrar, no, nunca lo negaría le gustaba follar con Noroeste. Todos los adolescentes de Gravity Falls estarían extasiados por tener eso que Dipper tenia con Pacífica, dominarla, poseerla, tenerla a sus pies y sin embargo para el castaño ella era solamente una pieza más en su estrategia final, porque el gran defecto de Pacífica era no ser Mabel.

-Si que te tomas tu tiempo Dipper –dijo Pacífica mientras abría la puerta de la camioneta.

-Lo siento tuve un poco de trabajo en la Cabaña –se disculpo Dipper.

-Ah, es verdad tu tienes que trabajar –entre cerró lo ojos al hablar, tampoco dejaba de ser una engreída.

-Si, no todos tenemos la suerte de que nuestros antepasados estafaran una fortuna que alcanzaría incluso para varias generaciones – respondió el castaño, el también podía ser un miserable.

-Pero si mi familia no estuviera lleno de malditos, desgraciados sin conciencia, no estarías aquí hoy o acaso me equivoco –sonrió burlonamente, en efecto sin todo eso Pino estaría más perdido que nunca.

-Además que significan unos cuantos millones, si lo comparamos con destruir el universo cosa que en tu familia si que son especialistas –lo miro y de nuevo sonrió, sabía utilizar su mordaz pensamiento en los momentos indicados.

-Tienes razón Pacífica, tal vez por ser unos descendientes de las peores personas estamos hoy juntos –dijo el castaño sin dejar de ver el camino.

-Coincido contigo, somos hijos de una estirpe señalada, maldita pero que irónicamente disfruta de dicha situación. Un día brindaremos por ello, perdernos en la inmensidad de la noche y ahogarnos en nuestros propios abismos, tal vez compartirlos un poco. Sabes Dipper si tu quisieras podríamos estar juntos para siempre, jamás te juzgaría, en tu alma existe algo tan negro como en la mía. Si, sin duda debemos de brindar, tal vez con un poco de cianuro… -sonrió la terminar la frase.

Dipper la miraba por el retrovisor, de esas cosas que le agradaban de Pacífica es que con los años había dejado en cierta medida de fingir, de siempre disimular ser otra, ahora no lo negaba, le gustaba ser una perra, ella sabia que para tanta gente era un sinónimo de lo inalcanzable y sacaría provecho de eso. Pero al mismo tiempo luchaba contracorriente, a marcha forzada, con toda su determinación para ser algo más, no quería ser lo que sus estúpidos padres le dictaban. El castaño también gozaba de eso que ella capaz de pensar, frases tan profundas, tan bien analizadas, tan meditadas como la que acaba de escuchar, Pacífica Noroeste era sin duda algo más de un rubia tonta.

-Con cianuro será, en una copa de plata. Endulzado con azúcar rosa, mirando el horizonte de lo inalcanzable. Diciendo palabras que nadie entienda, ni nosotros mismos, únicamente contemplado el final. Llegaremos a otros universos. –Continúo hablando Noroeste.

-¿Hablas de suicidarnos? –pregunto Dipper. Le gustaba las frases de Pacífica, eso sonaba mucho mejor que un frasco de pastillas y un litro de coñac, el cual era su plan.

-No, claro que no, habló de trascender, de transmutar nuestra materia, de transformarnos en algo más y por supuesto en el ocaso de nuestras vidas. Primero debo de experimentar toda la decadencia que mi permite mi riqueza –mordió su dedo y rió ante tal afirmación.

-¿Acaso tu no quieres explorar el limite de tus posibilidades? ¿No eres tu ese Dipper que inicio esta investigación con el propósito de incluso superar a su tío? –le cuestionó la rubia.

-Si Pacífica, deseo con todo mi enfermo corazón y mi desquiciada cabeza contemplar ese umbral. Eso de lo cual sólo he leído, quiero saber eso que incluso mi tío ignora, ansió saber más que él. –Al decir esto Dipper apretaba fuertemente el volante.

-Entonces Señor Pines, tome mi mano y descendamos juntos en un dantesco camino –justamente cuando dijo eso Pacífica llegaron a su destino.

Dipper la miró una vez más, sonrió, le dio su mano y lo único que podía pensar es por qué ella no era Mabel.

La vieja capilla estaba más derruida de lo que recordaba, parecía que pedazos de pared y de vitrales que aún se sostenían caerían en cualquier instante. Entraron con cuidado, analizando y observando lo poco que quedaba de ese lugar.

-Déjame ver si entendí, debajo de nosotros existe una especie de Jurassic Park –dijo la chica Noroeste levantando una ceja.

-Si, están atrapados en la sabia de los arces –contesto el castaño.

-¿Cómo descubrieron este lugar? –pregunto Pacífica.

-Stan perdió a Pato, así que vinimos a recatarlo y mi tío tuvo que golpear un pterodáctilo en la cara. Más o menos esa es la historia resumida –añadió el castaño.

-Los Pines en peligro por algo absurdo eso si que no es novedad –respondió la rubia.

El chico no pudo decir nada al respecto ya que eso sin duda era una realidad, fue recorriendo, banca por banca, examinando minuciosamente cada detalle, no recordaba muchas cosas de ese lugar, le sorprendido haber pasado por alto esos vitrales. Si bien en ellos era minúsculamente lo que se podía distinguir era obvio que ese no era un lugar de culto judío-cristiano, en eso que escasamente se podía distinguir se observaban escenas de hogueras, empalamientos, horcas, y sacrificios, que clase de cosas se llevarían a cabo en esas paredes no pudo dejar de preguntarse Dipper.

Continuo caminando entre las hileras de bancas, era evidente que en ese lugar se congregaban un significativo número de personas, debería de existir quien pudiera dar cuenta de eso que él buscaba con desesperación y sin embargo parecía que a todos se los hubiera tragado la tierra. Llego hasta donde alguna vez debió de encontrarse el altar principal, el símbolo que adoraban todavía estaba marcado en la pared, Dipper la examino detenidamente, además le pidió a Pacifica que pasara la luz negra por encima de la pared. No se veía nada fuera de lo ordinario, eso comenzaba a exasperar al castaño, su paciencia no se encontraba en las mejores condiciones en esos días.

-¡Maldita sea! –se quejaba Dipper.

-¿Ganaras algo quejándote Pines? –le dijo Pacífica.

-No, ya lo sé. Es sólo que está búsqueda comienza a desesperarme –decía Pino sin dejar de examinar al altar.

-Tal vez debas dejarla –contesto Pacífica.

Dipper se incorporo por un momento, esa era una opción que ni siquiera consideraría, el deseaba que los sentimientos por su hermana desaparecieran.

-No puedo hacerlo, no, estando tan cerca –algo en el interior del joven le decía que estaba acercándose a su objetivo.

En un movimiento algo descuidado la lámpara que sostenía Pacífica cayó y rodo debajo de la misa del altar, Dipper se agacho a recogerla, al hacer esto noto una extraña inscripción tallada en el piso de madera. Enfoco su mirada, la toco con sus dedos, era obvio que tenía mucho tiempo ahí escrito, que no fue hecha por alguien más.

En lo profundo comienza el camino hacia los infiernos, mira hacia el sendero por donde Horus se extingue para dar paso al reinado de Thot. Ahí es donde se esconde su nombre.

-Por qué la gente no simplemente escribe instrucciones fáciles de seguir –murmuro la joven Noroeste quien también leyó el mensaje.

-Así que hay otro lugar aparte de esta capilla –dijo Dipper ignorando el comentario de su compañera.

Salió, y miro a sus alrededores con dirección al oeste buscando el más mínimo indicio de lo que pudo haber sido un sendero en otra época. La vegetación había tomado lo que le pertenecía y hacia imposible encontrar alguna pista, pero algo llamo la atención del castaño en medio de esa naturaleza boscosa, justamente con dirección al este se encontraba un rosal, por la época de año todavía tenia flores, extrañas rosas rojas tan intensas que parecían estar pintadas con sangre. No es que dicha planta tuviera por si misma algo extraordinario además de su tan peculiar color, era el hecho de no ser nativa de esa región, alguien la plantó ahí, esa era la marca de donde comenzaba el sendero.

-Por aquí –dijo Dipper comenzando a caminar, Pacífica se limito a seguirlo.

En efecto a pesar de los años todavía encontraron algunas piedras que en sus tiempos sirvieron para marcar la brecha del camino que los jóvenes seguían, llevaban alrededor de unos veinte minutos de marcha cuando la rubia dijo.

-¡Puedo ver algo! –se echó a correr, el castaño hizo lo mismo para no perderle el paso.

Se detuvo, enfrente a ellos se encontraba una especie de monumento, estaba cubierto por enredaderas, musgo, helechos y un sinfín de vegetación pero a pesar de eso reconocieron el símbolo, ese del que hablaba su tío en su diario, el que habían encontrado en el despacho de Preston Noroeste y el que estaba en los registros de William. Habían encontrado el lugar.

Él comenzó a desprender la maleza con su navaja de bolsillo, pero no resultaba nada fácil, en todos esos años la raíces habían alcanzado lo más profundo, quito todo lo que pudo y efectivamente ahí estaba el símbolo. Ahora era más claro, en ese lugar Dipper encontraba la respuesta que buscaba, rodeo observando la figura, pero en toda su estructura no había una sola inscripción, únicamente parecía estar ahí, sin embargo era imposible que existiera lago más. Pacifica que estaba cargando la mochila de Dipper mientras este examinaba el símbolo, dejó caer esta porque resultaba ser bastante pesada, y pudo escuchar una pequeña variación en el sonido, casi inaudible, pero para el agudo oído del castaño y su natural curiosidad fue más que suficiente.

-Hay algo debajo –dijo mientras se hincaba en el suelo.

Dipper busco entre las plantas que cubrían la base del símbolo y encontró un hueco, saco lo que crecía dentro de este para meter su mano.

-Ten cuidado –le decía la rubia.

Era una sensación fría y húmeda, avanzo dentro del hoya hasta llegar a su ante antebrazo, encontró una especie de palanca, pero por más que jaló de ella no obtuvo resultado. El chico prosiguió examinando el lugar, lo más probable es que el mecanismo tuviera otro elemento para ser activado. A casi un metro de distancia encontró otro hueco, lo despejo, introdujo de nueva cuenta la mano y encontró una palanca similar, solo que esta vez en dirección contraria, también tiró de ella y de nuevo no hubo resultado.

-Pacífica necesito que metas tu mano en el otro agujero –dijo Dipper.

-¡No! Claro que no, eso es bastante asqueroso –se negó la rubia.

El joven hizo un gesto de fastidio para después decir. –Al parecer es un mecanismo que abre desde dos puntos específicos activados de manera simultánea.

-Eso no quita lo asqueroso que resulta –decía Pacífica cruzando los brazos y mirando a otro lado.

-Pacífica –dijo Dipper con un tono bastante exasperado. –Mete la mano de una vez, además es una buena excusa para que cambies ese horrible manicure que traes.

-¿Desde cuando tu sabes algo de moda? Porque los terribles gustos de tu hermana no son precisamente una buena referencia –replicaba Noroeste.

-¡Maldita sea! ¡Hazlo de una vez! No tengo tiempo para jueguitos tontos –dijo el castaño obviamente enojado.

Pacífica disfrutaba del hacer enojar a Dipper pero sabia que este tenia un limite, al llegar a este algo se ensombrecía en su mirada, algo muy extraño que habitaba en lo profundo del castaño salía a flote y al verlo se dio cuenta que era mejor hacer lo que le pedía. Se aguanto todo su asco para meter la mano, esa sensación si que le resulto desagradable, continuo hasta que sus dedos tocaron la palanca.

-La tengo –decía la rubia mientras la sujetaba fuertemente.

-Bien, la jalaras a la cuenta de tres. Uno, dos, ¡tres! –ambos tiraron al unísono.

El suelo comenzó a moverse, lo hizo de una manera lenta, que por instantes parecía que fuera a detenerse, poco a poco se abrió un pasadizo debajo de la escultura del símbolo que representaba A EL QUE NO TIENE NOMBRE. Dipper rió un poco, su vida siempre daba cambios inesperados por cosas que encontraba ocultas bajo la tierra, el diario tres de su tío, el ovni, además de la catacumba secreta donde encontró a Quentin Trembley y también del pasado oculto de los Noroeste.

Pines pensó en las películas de terror y misterio que tanto le gustaban ver, siempre se quejaba de por qué los protagonistas a pesar de las cosas que pasaban hacían a un lado su sentido común y decidían entrar incluso a los lugares todavía más lúgubres y tenebrosos. Ahora lo sabía, esos personajes buscaban una respuesta a lo que vivían pero sobre todo una salida, si, Dipper buscaba una salida a esos sentimientos que le ahogaban.

Bajaron lentamente, Pacífica no soltó ni por un instante la mano de Dipper aunque para este eso resultara más incomodo que útil. No fue mucho lo que tuvieron que descender, únicamente unos cuantos metros, el ambiente estaba helado consecuencia de la humedad típica del bosque, no existía ningún símbolo en las paredes del pasillo sol parecían estar pintadas de un rojo intenso que con el paso del tiempo parecía una especie de mezcla más bien parecida a la sangre. Por fin llegaron, era una habitación subterránea de unos escasos cuatro metros, el castaño la recorrió meticulosamente con su linterna, esperaba encontrar un tesoro como con el octavo y medio presidente ya que las personas que iniciaron ese extraño culto era bastante ricas, pero no existía nada de eso, no, simplemente en medio de esa cuarto estaba un escritorio bastante modesto y una silla, lo que sin duda llamo la atención del joven Pines fue le enorme marco que estaba detrás de los muebles. Antes de comenzar a estudiarlo con ayuda de unos cuantos trozos de tela y un palo además de su encender así como un poco del perfume de Pacifica pudo improvisar un antorcha, en efecto en dicha cuarto no había otra cosa, no existía entre las paredes un pasadizo oculto, ambos chicos se encargaron de revisar cada centímetro de lugar, después examino la pintura, era tan extraño que fuera totalmente negra. Al observarla detenidamente Dipper no dejo de pensar que pareciera que eso era oscuridad, una oscuridad, tan profunda que si saliera del cuadro se lo tragaría todo, no quedaría huella de nada, únicamente tinieblas.

-Esa pintura es realmente aterradora –dijo Pacífica.

-En efecto, es incluso perturbadora –contesto Pines.

-Apresuremos este lugar me da miedo –decía la rubia sujetándose al castaño.

-Este bien –fue lo que respondió.

Ahora sólo quedaba el escritorio, tenía únicamente un cajón, de no hallar nada ahí se vería en la labor de desmantelarlo. Abrió lentamente el cajón, su corazón latía aceleradamente, no importaba cuantas veces se repetía dentro de la cabeza "concéntrate en tu intelecto", esa sensación de por fin obtener lo que buscaba llenaba de adrenalina su cuerpo. Se sorprendió al encontrar un simple cuaderno de anotaciones como el hallado en la mansión de los Noroeste, lo levantó, acercó su linterna y comenzó a leer lo escrito.


Gravity Falls, Oregón. 3 de Abril de 1945

Lo he descubierto, por fin he descubierto, he descifrado como invocar a EL QUE NO TIENE NOMBRE. Después de todo este tiempo únicamente se necesito tiempo y dedicación, pero sobre todo determinación, además he descubierto el lugar donde Nhataniel inicio todo. Ese será el lugar donde todo se lleve a cabo no abra fallas, nadie desistirá solo queda iniciar.

El lugar fue difícil de encontrar pero no imposible, el primer rito, el que lo llevo a la locura, se realizó en una cueva oculta detrás de las cascadas de Gravity Falls, ahí a pesar de su anticuada tecnología pudo ocultar una cámara. Para activarla deben dibujarse con sangre de un linaje importante, de un linaje real, un linaje ancestral, en otras palabras con mi propia sangre los siguientes símbolos.


Dipper los observo detenidamente era tres símbolos, no tenían una forma definida, era más bien grafías hechas desde épocas primordiales. Debajo de la primera se podía leer Mortem, Dementia provecto, Desperatio.

-Muerte, locura y desesperación –dijo Dipper en voz alta. Continúo leyendo.


Una vez abierta la cámara en el altar principal se deberá sacrificar algo de inmenso valor, algo que signifique, la vida de alguien… Al decir esto el castaño hizo una pequeña pausa y sonrió, ya que la imagen de cierta persona llego a su mente y experimento una malsana satisfacción.

La invocación iniciara una vez que se recite lo siguiente:


*Committitur in tenebris omnia, ubi lux hominum obcaecatus decepti Deus benedicit et simul exortae contemnit. De partibus tuum nomen audiet abyssis.

Lo más importante es que no debe de existir la menor duda, ni el menor dejo de arrepentimiento, no existe la vuelta atrás.


Pacífica vio a Dipper, lo observo detenidamente y le temió, le asusto esa expresión que ahora se reflejaba en su cara. No supo todo lo que en ese instante pasaba en la cabeza de Pines, lo cual en realidad fue una bendición, porque se hubiera enterado de que en efecto existía un gran abismo lleno de oscuridad en su interior.

-¿Qué quiere decir? –preguntó Pacifica.

-Nada en específico, son sólo palabras aleatorias –respondió Dipper obviamente mintiendo acerca de lo que acaba de descubrir.

Recogió el diario y lo guardo, salieron de la habitación, volvieron a dejar todo casi de la misma manera aún no sabia si tenía que regresar. Aquel lugar volvió a quedar oculto, a guardar una vez más esos horribles secretos que fueron protagonizados por la familia Noroeste, Pacífica no pudo hacer otra cosa más que sentirse aliviada.

Antes de salir del bosque, el castaño detuvo la camioneta, ya era tarde, como siempre había perdido la noción del tiempo sumergido en su investigación.

-Gracias Pacífica, realmente no hubiera podido llegar tan lejos sin ti –dijo sonriendo.

La rubia no pudo hacer otra cosa más que ruborizarse, estaba tan enamora de Dipper, que esas simples palabras de agradecimiento la emocionaban profundamente.

-Lo hago porque te amo… -decía mirando el suelo de la camioneta, odiaba el hecho no poder ocultarle sus sentimientos.

Dipper sonrió, más no contesto nada, era un desgraciado pero tampoco quería lastimarla más de lo necesario. Se acerco a ella y comenzó a besarla, sabia que para ella eso significaba amor, aunque fuera un amor totalmente fingido, una vez más comenzó a recorrer su cuerpo, eso bastaba para que Pacífica volviera a confiar en él. Súbitamente su celular comenzó a sonar, lo ignoro por un instante, pero ante la insistencia tuvo que contestar.

-¡Hey Dipper llego en veinte minutos! –era la voz de la pelirroja que le recordaba que se verían esa noche.

-¡Wendy! Es verdad nos veremos en un rato–respondió con algo de sorpresa en su voz.

-¿Espero que no lo hubieras olvidado? –le cuestiono Wendy.

-No, por supuesto que no –decía tratando de sonar convincente.

-Ok, no me congeles amigo. Nos vemos –se despidió.

-Nos vemos –dijo Dipper y colgó.

Pacífica lo miró y sintió celos, ella sabía que Dipper estuvo enamorado de Wendy y él que fuera a verla no le parecía para nada gracioso.

-¿Era la pelirroja montañista verdad? –dijo cruzando la los brazos y un evidente tono de molestia.

-¿Acaso estas celosa? –le pregunto Dipper con un ligero toque de ego.

-No, por supuesto que no. El que ahora sea modelo no significa que sea mejor, además tu y yo no somos nada –respondía orgullosa.

-Pero acabas de decirme que me amas –dijo el castaño con el afán de molestarla.

Al sentirse expuesta, se sintió avergonzada y le dijo. –El que te ame, no significa que seamos algo.

-Bien, pero que te parece si terminamos lo que empezamos –decía Pines sonriéndole maliciosamente.

-Acaso no tienes que llegar a la cabaña en veinte minutos, no necesito tu lastima –le dijo mirándolo fríamente. –Además todavía nos queda otra aventura, ir a las cascadas, ahí puedes recompensarme por mi ayuda –le guiñó un ojo y supo que no abría mayor problema.

Si en efecto tendrían que ir a explorar las cascadas, además en el texto decía que necesita la sangre de los Noroeste. Además esa primera vez, sería para explorar, no le revelaría lo que estaba dispuesto a hacer, también estaba seguro de que se la ingeniería para conseguir un poco del liquido vital de Pacifica.

-Tienes razón que te parece si vamos pasado mañana –dijo ella.

-Me parece perfecto –contesto él, que más daba esperar otro día, sabía que tenia todo lo necesario para invocar A EL QUE NO TIENE NOMBRE.

Arranco la camioneta y continuo su camino, dejo a Pacífica en el punto ciego donde se reunían y condujo a toda velocidad hacia la Cabaña del Misterio. Se alegró al llegar ya que Wendy todavía no lo hacia, entro a la casa pero estaba vacía, incluso llamó a su tío y hermana más no hubo respuesta. Al entrar a la cocina encontró una nota pegada en el refrigerador.

Fui al otro pueblo, necesito hacer unos "negocios", regreso mañana. Tú hermana esta con el pequeño monstruo, deje dinero para cena en la mesa… ahh y no te metas en problemas.

Stan

Stan nunca cambiaria, eso le encantaba de él, no tenía hambre, esperaría a que llegara Wendy y cenarían juntos. Eso era mejor que ver llegar a Mabel con su estúpido novio, no tuvo que esperar mucho, la pelirroja llego unos cuantos minutos después. Dipper la vio llegar desde el viejo sofá donde estaba sentado, ella le sonrió cálidamente.

-Dipper, ¿qué haces ahí? Seguramente pensando en alguno de tus misterios verdad –decía la pelirroja acomodando su bicicleta al lado de la puerta.

-Si, me parece que me conoces bien –dijo Dipper riendo. –Entonces ¿cuál es el plan?

-Cerveza y las estrellas –contesto Wendy.

-Perfecto pero sería mejor si a esa combinación del agregamos unos burritos –añadió el joven Pines.

-Seria mucho mejor –decía riendo la chica montañés.

Hicieron un viaje rápido al pueblo, compraron la cena y las cervezas para regresar a la cabaña. Comieron y guardaron la porción de Mabel, decidieron que el mejor lugar para beber y ver las estrellas era el "lugar secreto" en el techo, que si bien no era secreto ya que todos lo usaban, si que les daría una vista espectacular del cielo.

Ambos se encontraban bebiendo su segunda lata, Dipper miraba a su amiga y no pudo dejar de notar cierto aire de nostalgia en ella.

-¿Wendy por qué te fuiste de Gravity Falls? –era algo que siempre le quiso preguntar.

-Por trabajo, por escapar, porque ya no podía quedarme en este lugar. Dijo sin parar de mirar las estrellas. –Amo este loco pueblo, pero al mismo tiempo me lastima, aquí murió mi madre, aquí también pasaron todas esas cosas locas que me mostraron que el universo es infinito, aquí lo cono… No pudo terminar esa frase.

-Aquí los conocí a ustedes, mi vida si que fue divertida a su lado. Seguía hablando, volteo y con esa sonrisa que alguna vez enamoro a Dipper le pregunto. -¿Por qué regresas a este pueblo?

Dipper se sonrojó levente, a decir verdad no era algo tan sencillo de responder. –Es por tantas cosas, descubrí tanto de mí en un sólo verano. De las cosas que supe que era capaz de hacer, además de que aquí están muchas de las personas que me importan. –Respondió el castaño.

-Como Pacífica por ejemplo –decía pícaramente Wendy.

El castaño se avergonzó un poco. –Si ella, pero también estas tú, Stan e incluso Ford vive una parte de año aquí –dijo con determinación.

-¿Dipper te arrepientes de algo? –le preguntó la pelirroja.

No era una pregunta fácil, en los últimos días se arrepentía de tantas cosas y deseaba desaparecer muchas otras.

-Si, claro que si, son tantas que no sabría por donde empezar –confesó un tanto avergonzado.

-Entiendo lo que dices, a mi me pasa igual pero estoy a punto de hacer algo de lo que siempre me arrepentí –dijo Wendy.

-¿Qué co…? –No pudo terminar la frase, los labios de Wendy se encontraban contra los suyos.

En un principio no supo bien como reaccionar, pero lo hacia hervir la sangre que en esos momentos en los que él podía estar con una chica, con alguien que lo deseara incluso que lo amara lo único que llegara a su mente fuera el nombre de Mabel. Odiaba, detestaba que sólo pudiera pensar en ella, que en ese instante donde se cumplía su fantasía de preadolescente pensara en su hermana. Si en esa hermana que se había entregado a otro, en esa hermana que más de una vez había sido egoísta, por la cual había renunciado a tantas cosas, pero que a pesar de todo amaba.

Wendy estaba sobre el castaño, este correspondía sus besos, cada vez las caricias comenzaban a subir de intensidad, ahí estaba la chica con la tantas noches soñó, la otra mujer que por una temporada pudo acallar sus sentimientos.

-Me gustas Dipper – le susurró al oído.

-Tu también me gustas, siempre me has gustado –decía para continuar besándola.

-Me has fascinado desde hace un par de años –confeso Wendy. -¿Dime que te gusta de mi?

-Todo eres perfecta, eres increíble, eres lo que siempre he deseado –ambos jóvenes se perdían entre caricias intensas.

-¿Dime que es lo que sientes por mi? –preguntó la inquisitiva pelirroja. Pero antes de escuchar su respuesta recorrió el pecho del castaño, besó sus labios, jugaron con sus lenguas, ella únicamente esperaba su respuesta para dar el siguiente paso.

-Yo te amo…Mabel –Dipper abrió súbitamente sus ojos, no podía creer lo que había dicho. Eso que tanto se negaba a aceptar fue revelado, encontró los sorprendidos ojos de Wendy que no dejaban de mostrar su estado de estupefacción.

-No, es lo que parece… no te confundas –trato de intentar componer la situación. –Es sólo…

-Por favor no digas nada más –dijo Wendy mientras se acomodaba la ropa. –Los Pines siempre me han lastimado –mordió sus labios y comenzó a llorar. Se levantó y se marchó, no intentó detenerla, que podría decir que remediara lo que acababa de pasar, era tan imbécil, si que lo arruino, había luchado tanto por contener esos sentimientos y los acabo diciendo de la manera más estúpida. Pensaba para si mismo, maldita sea, esa es mi miserable vida.

La vio alejarse en silencio desde su lugar especial, qué diablos era todo eso que le pasaba, ahora también Wendy sabia que estaba enamorado de su hermana, bebió rápidamente las cervezas que quedaban y continuo mirando el cielo. Encontró la constelación de donde salía su apodo y su supuesto destino, pero en esa fría oscuridad nada importaba, algo dentro de él nunca estuvo bien. Se quedo quieto, acostado, esperando tal vez que su respiración se detuviera, que su cuerpo desapareciera en la inmensidad del universo.

-Así que aquí estas –dijo una voz terriblemente familiar. Levantó la cabeza y encontró la sonrisa inconfundible de Mabel.

-¿Qué pasó Dipiddy Dog? Me encontré a Wendy en el camino y no se veía nada bien –dijo su gemela sentándose a su lado.

-Nada esta bien Mabel –respondió sentándose para después darle un sorbo a la bebida que le quedaba.

-Dip, se que puede ser difícil la adolescencia, yo misma no entiendo muchas cosas. Pero me ayuda hablarlas con alguien por ejemplo Candy o Grenda e incluso mamá, recuerdas ese viaje a Hawaii cuando encontré de nuevo a Marmando, pues compartirle a tu madre que tu primera vez fue con un tritón en bastante raro ¿no? –Dijo una apenada Mabel. –Tú puedes hablar con los tíos, con papá e incluso conmigo.

Para ella resultaba tan fácil compartir sus sentimientos pero Mabel no entendía que era ella quien causaba todo eso en él, y ahora le estaba dando una charla de autoestima y de confianza. Porque no se daba cuenta de qué era lo que sentía, porque siempre le recordaba que nunca sería de él, porque no simplemente lo amaba.

-No lo puedes entender Mabel, existe algo muy malo en mi interior y me esta enloqueciendo –dijo sacando parte de su frustración.

-¿Dip no crees que estas exagerando? Tu has vivido tantas cosas, situaciones en las que la mayoría no sabría cómo actuar y has salido victorioso –decía Mabel tratando de animarlo.

-¿Victorioso dices? Mabel mi vida es una mierda, y es porque así yo lo quiero. En mi cabeza mis pensamientos, mis sentimientos me ahogan, es porque yo no soy normal –se preguntaba si su hermana llagaría a comprender sus palabras.

La castaña lo abrazó, le dolía ver a su hermano de tal manera, ellos siempre habían sido unidos. No pudo evitar un leve sollozo, era tan difícil crecer.

-Bobo, recuerda que siempre me tendrás a mi – lo continuo abrazando.

Dipper la miro ahí estaba ella, si esa era Mabel, su hermana que siempre lo apoyo, que siempre estuvo con él, y lo hizo, hizo aquello que deseaba con todo su ser. La besó… besó esos labios que todo el mundo e incluso la naturaleza le habían prohibido, fue un ínfimo segundo, hasta que ese beso fue roto por la bofetada de su hermana y un enorme grito que llevaba su nombre, ese nombre que en los labios de Mabel sonaba hermoso pero que ahora se convertía en un lamento.

-¿Qué haces? ¡Nosotros somos hermanos! –dijo alterada Mabel.

Pines se sujeto la cabeza, estaba en total desesperación y le respondió. -¡No lo sé! ¡No lo sé! ¡Maldita sea es porque te amo!

Mabel tenía la mano en la boca, parecía contenerse, contener sus lágrimas y lo volvió a decir. -¡Nosotros somos hermanos!

-Si somos hermanos, ¿por qué me besaste en el túnel? –preguntó Dipper sin ningún reparo.

Su gemela no supo que responder, era algo que ella fingía que no había pasado, era algo que deseaba olvidar.

-Eso fue un error, me deje llevar. Olvídalo por favor –dijo mientras desviaba la mirada.

-Si, toda mi jodida existencia ha sido un error. ¿Cómo es posible que la mujer que amo sea mi hermana? ¡Respóndeme Mabel! ¿Por qué me besaste? –volvió a preguntar.

-¡Cállate! ¡Cállate! ¡Por favor no lo repitas! –dijo Mabel mientras se tapaba los oídos.

-¡Respóndeme Mabel! ¿Por qué me besaste? –volvió a insistir.

Pero no hubo respuesta, Mabel sólo permaneció callada, fue ella quien inicio la tormenta en ese viejo túnel y ahora se negaba a aceptarlo, Dipper siempre había tenido que lidiar con las consecuencias de lo actos de su hermana, y este era uno más.

Dipper se levantó y se marcho de ese lugar, Mabel lo vio alejarse más no lo detuvo es más ni siquiera se movió. Pines sabía que todo estaba roto, además que jamás lo podría reparar, que únicamente ensanchaba a cada minuto sus heridas y ahora la perdía también a ella, y la pregunta vino a su mente ¿por qué esperar?

Miro su reloj eran cerca de las dos de la mañana, tomo su mochila, las llaves de la camioneta y se fue. En efecto por qué esperar, todo se había ido a la mierda, se sentía tan estúpido, qué esperaba con aquella patética confesión, es qué acaso se imaginaba que ella correría sus brazos y le diría yo también te amo, no, claro que no Mabel tenía novio además le dejo muy en claro que ella no olvidaba que eran hermanos y sin embargo no podía dejar de preguntarse ¿por qué lo besó?

Escuchaba el tono de marcar en su celular, estaba dispuesto a invocar A EL QUE NO TIENE NOMBRE esa misma noche pero recordaba que necesitaba de Pacífica y otro elemento, pero la rubia solucionaba ambos problemas.

-¿Bueno? –dijo una voz somnolienta desde el otro lado del auricular.

-Pacifica, necesito verte esta misma noche. Paso por ti en diez minutos –decía sin ocultar su desesperación.

-¿Qué pasó Dipper? –preguntó la rubia.

-Te veo en diez minutos –fue la respuesta de Dipper.

A cada minuto que pasaba se desquebrajaba, no era capaz ni de pensar en lo pasaría al día siguiente, no podría ser capaz de ver a su hermana, las lágrimas se escurrían de sus ojos, él hubiera deseado que ese amor nunca hubiera existido, y al mismo tiempo era algo que lo hizo sonreír tantas veces, por qué tenía que ser ella, por qué era ella la estrella fugaz que nunca alcanzaría.

Limpió sus ojos y se detuvo, sabía que Pacífica estaría ahí, que no se negaría, porque lo amaba, lo amaba tanto como él a Mabel, y él no podía hacerlo como tampoco lo amaba su hermana.

Abrió la puerta y la rubia subió, le causo gracia que aún en medio de la noche Pacífica permanecía prefecta.

-¿Qué ocurrió? ¿Creé mañana iríamos a mañana? –le preguntó la rubia.

-Necesito saber que hay ahí, necesito saber que es lo que se oculta, necesito ir, necesito saber –contestó el castaño en un tono demasiado perturbador.

-¿Dipper que te pasa? Se que algo te ocurre, no eres tu, créeme yo conozco el dolor y tu sufres por favor dime que te pasa –dijo suplicante Pacífica.

Dipper volteo, si que era estúpido, incluso Pacífica se dio cuenta de lo que le pasaba, si que resultaba imbécil al creer que los engañaba a todos, Stan, Gideon, Soos, Wendy, Pacifica y sobre todo Mabel sabían que algo le ocurría, eso sólo lo alentaba a seguir y esa noche llevar a acabo su plan.

-Es únicamente que deseo saber, conocer eso que todos ignoran, deseo descubrir esto por mi mismo –fue lo que respondió. Pacífica sabia que mentía, pero no pregunto más, él era a quién amaba no importaba que supiera que jamás le correspondiera, ella estaría siempre para Dipper.

Llegaron al muelle, fue directamente al bote de Soos, después de incidente con el Gobblewonker consiguió otro, no tuvo problema para encenderlo conocía el lugar donde su amigo escondía la llave de respaldo. Atravesaron la cascada, esa cueva estaba llena de una oscuridad tan profunda, tan negra, que parecía que hasta la más mínima ráfaga de luz era tragada por esa inmensidad. Les ayudaba un poco las luces de bote y sus linternas pero a pesar de eso le era imposible moverse con la agilidad acostumbrada.

Llegaron hasta la pared principal, Dipper la recordaba sin duda era inmensa, saco de su bolsillo la navaja que Stan le regalo en su cumpleaños número catorce.

-Por favor Pacifica extiende tu dedo índice –dijo el castaño con un tono algo complaciente.

Pacífica extendió el dedo, su sentido común siempre era desterrado por la voz de Dipper, ella lo haría todo por él, incluso acallaba ese Mal presentimiento que apretaba su pecho desde que sonó su celular. Pines sujeto el dedo Noroeste y lentamente dejo que su sangre se vertiera, la guió al dibujar los arcaicos símbolos y pronuncio.

- Mortem, Dementia provecto, Desperatio –inmediatamente el lugar comenzó a cimbrarse, esa enorme pared de piedra que pareciera que únicamente un viejo titán pudiera mover se desplazaba lentamente. Pacifica apretaba fuertemente la mano de Dipper, mientras esté sujetaba la navaja que se encontraba ahora en su bolsillo.

Su corazón se acelero con cada centímetro que se movía, si esa noche invocaría A EL QUE NO TIENE NOMBRE, si esa noche tomaría la vida de Pacifica Noroeste, ese día su dolor terminaría, su amor por Mabel por fin desaparecería , esa noche caería hasta el fondo del abismo.

La compuerta se abrió por completo y sólo hubo más oscuridad…

FIN

NOTAS DEL AUTOR:

Después de una larga espera por fin les traigo el noveno episodio, una gran parte de la tardanza fue falta de inspiración y otra el exceso de trabajo.

Bueno por fin han quedado revelados los sentimientos de Dipper, ahora que esta por conseguir lo que quiere será capaz de terminar con la vida de Pacífica, podrá olvidar el amor que siente por Mabel, y conoceremos la respuesta de la pregunta del castaño ¿por qué lo beso? Para esa y otras respuestas los espero en el siguiente capitulo, prometo no hacerlos esperar tanto.

En otras cosas, el capítulo de Dipper y Mabel me ha fascinado, no puedo negarlo me sentí identificada con Mabel sobre todo en estos días donde me encontré trabajando desde las cuatro de la tarde hasta las once de la noche sin parar, acostarme con un jodido dolor de espalda, y preguntarme por qué lo hago, y el inevitable por qué tenía que crecer. Si bien coincido con Stan de que el crecer no significa madurar (si yo también ceno helados) y claro esta mi latente obsesión por una caricatura a veces si que cuesta demasiado.

Me despido esperando con ansias el 26 de octubre y ver que es lo que pasa, aunque en el fondo no deseo que GF termine únicamente con dos temporadas, lo que más me gustaría es ver un final digno de tan maravillosa serie.

Ustedes queridos lectores que opinan ¿debe de existir una tercera temporada de GF? Por cierto este día estrenaron los nuevos capítulos en Disney y claro que lo vi.

*En la oscuridad que lo inicia todo, de donde surgió la luz que cegó a los hombres, engañados por un Dios que los bendice y desprecia al mismo tiempo. Desde la profundidad del abismo escuchare tu nombre.

GRACIAS POR LEER Y ESPERO SUS COMETARIOS