Desde mi casa hasta la granja más cercana no había que recorrer demasiada distancia, pero me tardé en llegar debido a que iba de incógnita, nadie debía descubrirme, así que me la pasé arrastrándome entre la vegetación tratando de no ser descubierta. Y me funcionó, llegué a los lindes del bosque donde empezaban las praderas.

Era la primera vez que salía del bosque, nunca me dejaron ir a las praderas, los adultos decían que era peligroso porque a los humanos les gustaba habitar en ellas, ahí construían sus casas. Confieso que al llegar comencé a ponerme nerviosa, tenía miedo, de hecho estuve a punto de devolverme hasta que mi estómago hizo "guuuu".

"Cierto" pensé, "mis tripas confían en mí, no puedo decepcionarlas"

Años después al recordar esa idiotez, llegué a la conclusión de que yo no sirvo para pensar cuando tengo hambre, pero bueno, qué se le va hacer.

Decidí ir a la granja más cercana, no me iba a regodear. Era mi primera vez fuera y no conocía el lugar, además que para mí todas las granjas se veían iguales, pero en realidad tenían sus diferencias, aunque por mi poco conocimiento no fuera capaz de notarlas. La granja que elegí para inspeccionar vivía principalmente de la agricultura, pero su dueño también tenía algunas milktank que dormían al aire libre encerradas por una cerca. No sabía si la cerca era para evitar que otros pokémon entraran a atacarlas o para que ellas no salieran, o sólo para delimitar un territorio, pero el punto es que había una cerca y solo por las molestias de saltarla no me metería ahí. Por otro lado estaba la enorme huerta donde crecían las hortalizas y en medio del terreno, había una modesta casita.

—Así que esto es una vivienda humana —me dije a mí misma.

Era bonita sin duda, amarilla con techo de tejitas, de madera, con ventanas de esas que son partidas en cuatro. Como las cortinas estaban corridas no podía ver adentro, me hubiera gustado, me moría de curiosidad por ver cómo era una casa humana por dentro. Estaba embelesada contemplando el lugar cuando mis tripas me recordaron a que había venido, así que me puse a buscar comida.

Pronto mi olfato me indicó donde podía haber, eran muchos aromas juntos, pero todos parecían ser de algo comestible. Seguí el rastro y vi otra construcción, también era de madera pero no era tan bonita, no estaba pintada, no tenía ventanas, pero se veía que estaba bien construida.

Eso que estaba frente a mí era la despensa, el humano guardaba allí la comida que iba juntando durante el verano para tener que comer en invierno. Le di la vuelta a la despensa pero no encontré forma de entrar, la puerta estaba cerrada con un candado. Pero si no había entrada, entonces yo me haría una, así que comencé a excavar. No demasiado rápido la verdad, si no sabes el movimiento excavar cualquier hoyo que quieras hacer se demora una eternidad, pero en fin. Ni les cuento lo agotada que quede después de eso, pero al final logré hacer el bendito hoyo y entré a la despensa. Adentro estaba muy oscuro, pero no fue problema, los pokémon siniestros tenemos buena visión nocturna, además tenía mi olfato para guiarme.

Justamente guiada por mi olfato encontré algo interesante, era un objeto cilíndrico con sus cantos redondeados, estaba agujereado y tenía un olor muy fuerte. Esa noche fue mi primer encuentro con un queso, aunque yo no sabía que lo era, a mis ojos era una especie de piedra olorosa, pero quién sabe qué podía ser aquella cosa rara. Le di algunos golpes rápidos para ver si no atacaba, y no, se quedó quieto, así que me acerqué un poco más y lo lamí, tenía buen sabor. Eso me bastó para confirmar que era comida, así que con toda la confianza del mundo me dispuse a comer.

Me comí más de la mitad de aquella cosa que en su momento decidí bautizar como "roca comible". De verdad que tenía hambre, de hecho me sentí muy pesada después de terminar, entonces miré el trozo de roca comible que había dejado, era una lástima dejarla, así que decidí llevármela para tener algo interesante que mostrarle a Zoruru de mi visita a la granja humana.

Empujé el queso hasta el hoyo, pero estaba tan satisfecha y me sentía tan pesada que me costaba moverme y el sueño amenazaba con hacer su aparición. Comenzaba a caminar con muy poca gracia, yo creo que rodando hubiera avanzado mejor. Mi caminar torpe y adormilado hizo que terminara golpeando un rastrillo que estaba guardado en la despensa apoyado en una repisa, pero claro, el rastrillo no podía caerse y quedar el asunto ahí, oh claro que no, como se trataba de mí, el rastrillo obviamente sabía que tenía que caer de la forma más espectacular y escandalosa posible, por eso don rastrillo cayó y en su caída golpeó un frasco de vidrio que también cayó y se quebró en mil pedazos, metiendo mucho ruido y además de eso el rastrillo también golpeó una cubeta de metal muy sonora.

Como era de esperarse, todo este escándalo despertó al dueño de casa. Yo estaba tan aterrada que no sabía cómo reaccionar, tal vez si hubiera escapado por mi agujero de inmediato habría salido sana y salva, pero me demoré mucho en reaccionar y terminé acorralada en la despensa. Se escuchaban ladridos de growlithe fuera, sabía que si asomaba una oreja me despedazaban. Ya estaba a punto de llorar cuando comenzó a sonar el candado, el humano ya había salido y estaba abriendo la puerta, rápidamente analicé mis posibilidades y determiné que mi única opción era salir corriendo en cuanto abrieran y rezar porque nadie alcanzara a cogerme.

La puerta se abrió con un chillido y alcancé a vislumbrar la silueta del humano, pero no me quedé a contemplarlo, me lancé como una flecha hacia la salida. Los colmillos de los growlithe pasaron rozando mi piel, pero no me preocupé de eso, sólo corrí por mi vida.

Siempre fui una torpe, pero si había algo en lo que destacaba era en velocidad, siempre fui la más rápida, incluso más rápida que Zoruru. Los growlithe no tardaron en correr detrás de mí, pero iba bien, al parecer no iban a poder alcanzarme, pero no contaba con sus lanzallamas. Comenzaron a atacarme desde la distancia y por desgracia me alcanzaron, me quemé y eso me dolió mucho, pero seguí corriendo a pesar del dolor, pero aguantarlo no era fácil y comencé a perder velocidad.

Entonces vi el final de la granja, no es que tuviera los límites tan marcados, pero había un arco de madera que indicaba el final del territorio. Supuse que los pokémon no me seguirían más allá del arco, entonces hice un último esfuerzo por llegar a la salida, corrí con todo lo que me dieron las patas, el arco estaba tan cerca, sólo unos metros más, unos pasos… Pero otro pokémon se interpuso en mi camino bloqueándome la salida, era parecido a Growlithe pero más grande y peludo, era un arcanine.

Di un paso hacia atrás asustada y entonces, me llegó otro lanzallamas que me hirió mucho. El calor era abrazador, quedé tendida en el suelo y se me ocurrió quedarme quieta, lo más quieta posible, quizás si pensaban que estaba muerta me dejarían en paz. Los growlithe cuando llegaron junto a mí se impactaron un poco, al parecer no querían llegar a matarme, se miraron entre ellos sintiéndose culpables, pero el arcanine les ladró regañándolos por dejarse engañar tan fácilmente. Dios mío, ese arcanine era muy sabio, se dio cuenta de inmediato de mi treta y se lanzó contra mí agarrándome con sus colmillos. Un dolor agudo atravesó mi cuerpo y gemí implorando piedad, el perro de fuego no pareció tomarme en serio y comenzó a sacudirme, yo era una criatura tan pequeña en medio de sus fauces, creí que iba a morir del dolor, fue entonces para mi fortuna que llegó su humano.

—Buen trabajo Ark, suéltalo.

Me depositó en el suelo sin ningún cuidado, le gruñí algunas palabrotas pero él no se dio por enterado.

—Veamos que tenemos aquí —me iluminó con una linterna— ¿Qué pokémon es este? Es la primera vez que veo uno de estos, umm, tal vez esto es lo que llaman zorua, la gente del pueblo dice que estos bichos son engañosos y peligrosos y que además traen mala suerte ¿Será verdad?

Yo le grité que eran puras mentiras, pero por supuesto él era un humano, no podía entenderme, me sentía impotente y tenía miedo, entonces no pude contenerme más y comencé a llorar, mis lágrimas rodaban por mi rostro, no me gustaba que me vieran llorar pero simplemente no podía hacer nada. Mi rostro peludo comenzó a mojarse, según me dijeron después, era una escena patética, pero también conmovedora, de hecho el humano se compadeció de mí y me tendió la mano, me susurró algunas palabras suaves para calmarme invitándome a acercarme para reconfortarme.

Los growlithe habían bajado la guardia por completo, mi llanto los había desarmado, aunque el arcanine seguía dudando, ese viejo sabía mucho de los zorua, no creía en nada que pudiera provenir de uno, no se tragaba que yo estuviera llorando de verdad y pensaba que en cualquier momento haría alguna treta para fugarme. La verdad un zorua que se preciara lo habría hecho, aprovechando que todos tenían la guardia baja habría saltado encima del humano en ademán de atacar y en medio del desconcierto de todos, habría escapado. Pero yo no era una zorua que se preciara, los engaños conmigo no iban, así que simplemente corrí hacia los brazos del humano. El arcanine me miró extrañado, de verdad no esperaba esa reacción, entonces aquel muchacho conmigo en brazos, entró a su casa para curarme.

Fue muy amable, me ofreció agua, comida y me roció con un líquido bastante fresco que hizo que mis quemaduras se sintieran mucho mejor. No acepté el alimento pues ya había comido, pero le agradecí el gesto frotándome contra él, no podía entender lo que yo decía así que hice lo que pude para mostrarle mi agradecimiento, me miró con dulzura y sentí que se me derretía el corazón. Arceus mío pero que ojos, eran ojos negros muy bonitos que me miraban detrás de unos anteojos de media luna, rebozaban de amabilidad. Hasta ese momento no me había fijado en su aspecto, era un chico más bien menudo, no muy alto comparado con otros humanos que vería después, tenía el cabello de un color negro brillante y muy lacio como planta marina y la piel clara pero algo pintada por el sol, no podía decir si era bonito o feo pero me gustaba su rostro.

De pronto como que desperté de mis ensoñaciones y el chico reía, al parecer me quedé mirándolo como una boba, así que aparté la vista avergonzada, pero parece que él lo encontró lindo y comenzó a acariciarme en mi collar de pelo, sus manos eran tan cálidas, tan agradables, que en pocos minutos caí en coma (es sólo una expresión). Creo que me relajé mucho porque me dormí y bueno, él me llevó a su cama y dormí junto a él.

A la mañana siguiente nos levantamos temprano con el canto de un combusken, al principio desperté asustada porque no sabía dónde estaba, pero luego me calmé al verlo junto a mí. Afuera los growlithe ladraban que ya era hora de levantarse, al parecer por mi visita nocturna no había dormido bien y tenía problemas para despertar, así que decidí ayudar. Me puse encima de él y comencé a brincar enérgicamente, esto lo despertó de golpe y se levantó repentinamente tirando las frazadas encima de mí, quedé cubierta.

—¡Ah! ¡Que pasa! ¿Me quedé dormido?

Se levantó y luego vio que había un bulto moviéndose entre sus frazadas, las quitó y allí estaba yo, lo miré y le moví la cola. Luego me senté muy derecha levantando un poco mi cabeza para mostrarle mi collar de pelo, creo que me entendió la indirecta directa porque comenzó a acariciarme ahí.

—Ay pequeña, como que eres bastante dócil para ser un pokémon salvaje, bien ¿Cómo te sientes hoy?

Comencé a perseguirme la cola para mostrarle cuanta energía tenía, él solo se rió con una musical carcajada y me invitó a desayunar.

Después de comer salimos de la casa, yo iba pegada a sus talones, tenía miedo de que los growlithe me hicieran algo, me vigilaban con cuidado, sobre todo el arcanine quien tenía una mirada severa. Aquel humano, que luego me enteré se llamaba Iio (Me gusta ese nombre), comenzó a realizar su rutina diaria, primero alimentar a sus pokémon, los perros de fuego brincaban alrededor suyo, por poco me pisan, les lancé un gruñido amenazante y me respondieron con lengüetazos ¡Estúpidos perros molestos! Después de babearme a gusto fueron a comer. Ellos ya parecían haber dejado de considerarme como una amenaza, pero el arcanine seguía mirándome con recelo, era intimidante, me apegué a Iio y nos dirigimos al corral de las milktank.

Iio entró para ordeñar a aquellas pokémon vaca, yo me di unas vueltas por ahí mientras él se afanaba en su tarea, en verdad eran grandes y sumamente pacíficas, me dejaban acercarme sin mayores problemas. Entonces me encontré con una que estaba echada, era como una enorme pelota rosada y blanda, como una mini montaña, por lo menos para alguien de mi tamaño. Entonces entré en otro de mis delirios de aventuras y me convertí en Zora la alpinista de montañas rosadas. Yo, la aventurera más grande de la historia consagraría mi fama escalando la montaña lechera, una vez en la cima daría un gran gruñido anunciando mi Azaña y me volvería leyenda.

Traté de subirme a la milktank pero era muy resbalosa, en realidad muy redonda, brinque y me agarré de ella pero caí, lo intenté de nuevo con igual resultado, me apoyé en ella y traté de subir con todas mis fuerzas pero no podía. Sin embargo, mis patas agarrándose a la piel de la milktank al parecer le causaron cosquillas y ella muerta de risa se giró sobre su costado y me aplastó. Iio se dio cuenta de lo sucedido y corrió a verme, la milktank se levantó dejándome libre.

—¡Zorua! ¿Estás bien?

Me levanté algo mareada y traté de perseguirme la cola para demostrarle que estaba bien pero me caí. Él suspiró y me acarició la cabeza, entonces me dijo cariñosamente que no me metiera en líos, no sé por qué me puse roja.

Después de eso fuimos a ver la huerta de las verduras, la verdad no soy muy aficionada a las verduras pero estas se veían tan bonitas que casi, (sólo casi) me dieron ganas de probarlas. Iio tenía un sistema de regadío en el que almacenaba el agua en un tanque y liberaba la cantidad adecuada cada día, no entendí mucho en ese momento de que trataba todo eso, la verdad nadie me lo explicó, fue lo que pude observar, pero bueno. Regar los cultivos no le daba demasiado trabajo, en realidad la huerta no daba demasiadas preocupaciones, sobre todo porque contaba con muchos pokémon planta que lo ayudaban en su tarea, en realidad ellos no le pertenecían legalmente, pero eran amigos y se ayudaban mutuamente, así que tenían una especie de relación de simbiosis !Ja! ¡Miren que soy genial uso palabras raras como simbiosis!

Repentinamente unos bellosom del huerto me agarraron y me sacaron a bailar, eso fue muy vergonzoso, no soy buena bailando, aunque en realidad… Los bellosom hacían todo el trabajo lanzándome de acá para allá como una pelota. Al final que Iio se rió, aunque no me gustó mucho el baile si Iio reía yo me sentía feliz.

Después de eso fuimos a comprar cosas al mercado, en un principio él no quería llevarme, pero yo insistí mucho y le puse mi mejor carita de pena y terminó por sucumbir a mis encantos, soy irresistible. Entonces me metió en su cesta de las compras y me advirtió que no me dejara ver, en el pueblo los zorua se consideraban de mal agüero y todos se escandalizarían si me veían, acepté y me quedé en la cesta tranquilita.

Era una cesta de mimbre con tapita, yo la abría un poco para espiar a través de la abertura el exterior, así conocí el pueblo, era muy bonito, habían muchas casitas, humanos de todas edades conviviendo con sus pokémon, parecía un lugar agradable, ya me gustaría visitarlo con más libertad, pero bueno, estar ahí ya era bastante más a lo que podía aspirar por mi condición de zorua. Pronto llegamos al mercado, ahí vi que era un lugar donde la gente cambiaba unas piezas de metal por comida u otras cosas que necesitaran, era un sistema curioso pero útil, pero tampoco era tan fácil como parecía, algunos pedían más piezas de metal que otros por el mismo producto y ahí los que compraban debían estar atentos, tuve oportunidad de escuchar algunas discusiones, pero Iio no participó en ninguna, él tenía una persona a la que siempre le comparaba, era su… "Cliente frecuente", se conocían desde hacía bastante, hasta parecía que eran amigos por lo que pude escuchar su charla.

—¡Hola Iio! ¿Cómo estás?

—Muy bien Don Erasmo.

—¿Con que de compras otras vez eh?

—¿Cómo que de compras otra vez? Si siempre vengo a comprar, que quiere que haga ¿Qué mande a alguien a hacerlo por mí? No tengo empleada, aunque no me vendría mal tener una, es bastante duro tener que encargarse el trabajo y de las tareas domésticas yo solo, casi no me queda tiempo libre, pero lamentablemente mis recursos no me alcanzan para contratar una.

—Ay pobre Iio, nunca tienes tiempo para nada y vives estresado, lo que a ti te falta es una mujer, alguien que te apoye en tu trabajo para que aligere tu carga, incluso con la ayuda de ella podrías hasta expandir tus negocios y tener tiempo libre para hacer otras cosas, por supuesto también podría aliviarte el estrés de algunas formas más sutiles. —No sé porqué pero Iio enrojeció un poco con este comentario.

—¡Don Erasmo! No empiece con esas cosas otra vez, no me voy a casar con alguien sólo por conveniencia.

—No te estoy diciendo que te cases por conveniencia, obviamente tiene que ser con una chica que te guste, sé que dices que buscas a la indicada pero creo que estás siendo demasiado exigente. Se te va a pasar el tiempo muchacho, ahora eres joven pero si sigues esperando un milagro quizás este nunca llegue ¿Por qué no mejor en vez de seguir soñando con una chica fantástica que quizás ni siquiera existe, te fijas en una de muchacha normal y que está a la vista?

—Esto… Pero… No parece que haya alguien que se vaya a interesar por mí.

—No hay peros muchacho, no pierdas el tiempo, la vida es corta y con eso de que nadie se interesa por ti ¿De dónde sacas esas ideas? Si esa muchacha ¿Cómo se llama? ¡AH! Alexia, ella está requeté muy interesada en ti.

—¿¡Que!? ¿¡En serio!?

—Ja ja ja, ni siquiera te habías dado cuenta ¿Ves? Por andar con la cabeza en la luna eres incapaz de ver las maravillas que están frente a ti, mejor aterriza, deja de perderte en fantasías inútiles y sienta cabeza, será lo mejor para ti.

—Tal vez tenga razón.

Bueno, eso fue lo más interesante de la conversación, el resto se basó en precios y productos y algunos chismes que no entendí porque no conocía a los implicados y que a Iio en realidad no le interesaban mucho. Compró algunas cosas y las fue colocando en la canasta junto a mí, yo me alegraba de que la canasta fuera grande y yo pequeña, así no fui apretada por todas esas cosas, tenían olores raros que nunca había sentido, fue interesante. Después de eso nos fuimos.

Iio caminó balanceando la canasta lentamente, era agradable pero ese movimiento comenzó a darme sueño así que me dormí y no supe más. No sé cuánto tiempo pasó pero fui despertada por unos delicados golpes en mi cabeza, abrí los ojos lentamente y me encontré con aquella mirada oscura que me revolvía el estómago, nunca he sabido muy bien por qué me pasa eso, entonces me sonrojé y me tapé la cara, él sólo rió tiernamente y me tomó con cuidado depositándome en la hierba. Una vez en tierra firme comencé a mirar donde estaba y me di cuenta de que eran los lindes del bosque.

—Muy bien pequeña, creo que ya es hora de que regreses a casa, fue muy divertido pero no es seguro que te quedes conmigo, así que vete, vamos ¡Shuu! ¡Shuu!

Lo miré con pena, no sabía porqué pero no quería separarme de él, me dio la impresión de que él tampoco, pero aún así lo hizo, tomó su canasta y se fue sin voltear a verme. Como que me dieron ganas de llorar pero me aguanté, así que yo también me di la vuelta y con la cola gacha me adentré en el bosque.

No había caminado demasiado cuando divisé entre los arbustos a un zorua, al oír mis pisadas este se volteó a verme y me di cuenta de que era Zoruru, ya comenzaba a sentirme fastidiada, seguro que vendría a molestarme, pero para mis sorpresa reaccionó de una forma muy diferente, su cara se puso muy feliz, corrió hacia mí y me abrazó.

—¡AAh! ¡Quién eres! ¡Qué hiciste con Zoruru!

—¡Cállate idiota! ¡Me preocupaste mucho!

—¿Qué? —Me soltó y me miró con atención.

—¿No te pasó nada? ¿Estás bien? —Yo asentí—. Ay, menos mal, no sabes lo preocupado que estaba, cuando desapareciste me temí lo peor, pero estás bien, estoy muy feliz.

—Tú… ¿Estabas preocupado por mí?

—¡Pues claro! ¡Cómo quieres que no me preocupe si la zorua que más quiero de pronto desaparece! —Como que se arrepintió de haber dicho eso —¡Bueno olvídalo! ¡¿Donde estuviste?! Espera… ¡Hueles a humano! ¡NO ME DIGAS QUE FUISTE AL PUEBLO!

—Bueno si pero…

—¡Tonta! ¡Es peligroso ir donde los humanos! ¡Podrías haber muerto! ¿¡Que tienes en la cabeza!?

—¡No me hables así! ¡Tú siempre vas a la aldea y nadie te dice nada! ¡Estoy cansada de ser humillada por ti! ¡Siempre te burlas de mí y no lo aguanto, sé que soy torpe no tienes que restregármelo en la cara! ¡Siempre estás molestándome y no sabes lo mal que me siento! ¡Por eso fui allá! ¡Quería demostrar que no era una torpe! ¡Que podía hacer algo grandioso por mi cuenta! ¡Quería que dejaras de verme como una inútil!

Yo casi estaba llorando de la rabia, estaba dispuesta a enfrentar cualquier cosa que me dijera, estaba furiosa, pensé que él también me iba a gritar, pero para mi sorpresa él simplemente me abrazó y me dijo:

—Lo siento

No respondí, estaba demasiado confundida, todo lo que pude hacer fue lanzar una plegaria silenciosa al cielo para que los alienígenas regresaran al Zoruru que yo conocía.