AQUELLO QUE SE HA ROTO

CAPÍTULO XI

Llegó a la comisaria, lo arrojaron dentro del área de interrogaciones. Únicamente miraba fijamente al espejo, sabía perfectamente a que ahí estaban tantos los agentes como los padres de Pacífica, observándolo, juzgándolo, en busca del más mínimo movimiento que delatara una sombra de duda en su rostro. Sin embargo él era un Pines, un jodido Pines no lo doblegarían por el simple hecho de estar esposado, e incluso que el agente Trigger lo hubiera golpeado cuando nadie los observaba, no, claro que no, él no se desarmaría tan fácil. Además lo agentes y los Señores Noroeste ignoraban algo fundamental, Dipper no tenía ni puta idea de lo que le había pasado a su hija, sólo imágenes borrosas, pensamientos nublados, y la voz de Pacifica gritando dentro de su cabeza. Pero por ahora no era momento de pensar en eso, si la más mínima idea de lo que le había ocurrido comenzaba a colarse dentro de su cerebro formando una irresoluble palabra la cual podría mandar al carajo la felicidad que ahora sentía.

Claro porque él no es estúpido, entendía a la perfección lo que le había dicho el agente Trigger, se le acusaba de la desaparición de Pacífica pero él estaba seguro de que Pines la había asesinado. Durante el trayecto a la comisaria, pensó detenidamente en los pocos detalles que podía recordar, pasaron cinco días desde que estuvo con la rubia, le dijo Stan no sabía cómo es que había llegado al lago lo cual era verdad, y mucho menos porque estaba cubierto de sangre, ni de qué forma se rompió los dedos, y mientras las horas pasaban más difuso se hacía su encuentro con la nada. Tal vez lo hizo y no lo recordaba, esa noche estaba tan lleno de dolor, que por más que se negara a pensar en la posibilidad de haber asesinado a Pacífica esto parecía ser lo más claro. Pero ahora no podía dudar, su mente no podía dejarse llevar, no ahora, pesé al sentimiento de culpa o el de duda, su pecho estaba lleno de amor, él era correspondido, su Mabel lo amaba, y eso bastaba para que si en efecto él había asesinado a la rubia seguiría sin detenerse, ocultaría cada rastro, cada mínima evidencia, nada lo alejaría de su gemela, Dipper tenía que estar junto a ella.

Ya tenía configurada dentro de su mente varias estrategias para desaparecer todas sus huellas, los beneficios de tener experiencia como investigador además de ser obsesivo era tener el registro de cada uno de sus movimientos, además el diario tres estaba en posesión de Stanley, y estaba claro que él jamás se lo entregaría a la policía.

Pasaron unas cuantas horas, los agentes que lo observaban desde el otro lado del espejo se sorprendían con la pasmosa tranquilidad con la estaba ahí sentado el chico. Muy probablemente sus cargos subirían a asesinato, y en ese condado no importaba que fuera menor de edad aquello significaba la pena de muerte, la puerta se abrió lentamente.

-Es un gusto volverte a ver chico –decía un hombre extremadamente serio.

-Lo bueno de que sea usted es que al menos estoy seguro que esto no es una broma –respondió mirando al agente Power.

-No, claro que no lo es, no tengo un buen sentido del humor. Te diré que los Pines nunca dejan de intrigarme –estaba sentado frente a Dipper.

-No le guardara todavía rencor a mis tíos por haberlo hecho quedar como un completo incompetente o ¿sí? –Dipper quería medir la tolerancia de Power.

-No, eso cosa del pasado y los personas con perspectiva sabemos dejar las cosas en atrás y continuar –le contestó juntando sus manos.

-O acaso será porque Ford y McGucket son elementos vitales para ciertas investigaciones de este país –tenía que encontrar el límite del agente.

-Eres un joven bastante inteligente, de eso no me queda duda, es más estoy seguro que tendrás una repuesta a cada una de mis preguntas, que muy probamente comprobaras con hechos y testigos –el agente se inclinó un poco hacia adelante.

-Probablemente –decía el castaño intentando acodarse de una forma más cómoda pese a las esposas.

-¿Desde cuando sales con Pacífica? –le preguntó.

-No es desconocido para nadie de este pueblo que desde hace varios años salgo con ella en los veranos –su voz no se mostraba para nada alterada.

-Eso quiere decir que cuando hallemos su cuerpo estará llena de tu ADN –dijo sonriendo.

-Partiendo desde la suposición de que está muerta, lo cual espero que no sea así ya que realmente la aprecio. Sin embargo, si lo que usted busca es que le conteste acerca de tener sexo o no con Pacifica me parece un tanto inadecuado. En primer lugar porque ella es mi "novia" –recalcó esa palabra –y segundo no creo que los apreciables Señores Noroeste que nos escuchan desde el otro lado de ese espejo quieran saber la respuesta a dicha pregunta. Volteó y miro fijamente, tanto que por un momento Preston estuvo seguro que sus miradas se cruzaron.

-Los empleados de la Mansión aseguran que has entrado y salido de la Mansión Noroeste en múltiples ocasiones en la última –dijo seriamente Power.

-Es lógico, somos un par de adolescentes que quieren pasar un buen rato juntos, no creo que eso resulte ser un delito no importa que tu apellido sea Noroeste –contestó Dipper.

-Pero asesinar si lo es chico –dijo sonriendo el agente.

-Claro que lo es y uno bastante grave, pero seguimos en el nivel de las suposiciones de no ser así es obvio que no estaría en esta sala de interrogatorios –respondió mirándolo fijamente.

-Entonces estás seguro que si rastreamos tus pasos no encontraremos en cuerpo de la Señorita Noroeste pudriéndose en algún lugar de este bosque –seguía sonriendo.

-Ahhh… -dejo escapar un suspiro. –Agente Power eso es tan frío de su parte, además de nada sutil ya que Pacífica merece algo mejor que una zanja, ¿No lo cree así? Además parece ser que todos ya han sellado su destino, acaso Señores Noroeste únicamente por suponer a su hija muerta está a comenzado a importarles –al decir esto volvió a mirar al espejo.

-Pero si lo que desean saber es que pasó con ella puede decirles sin temor a equivocarme que no tengo ni la más remota idea, y aunque sinceramente deseo que siga con vida es algo que como la mayoría de las personas que ignoran algún hecho relevante no puedo negar ni confirmar –los años al lado de Ford y su lógica daban frutos.

-Sabes que cuando la encontremos serás el primer sospechoso –afirmó Power.

-De eso no me queda la menor duda – Dipper sonrió.

Sabía que Power analizaba cada una de sus palabras, cada uno de sus movimientos, la más mínima expresión, lo que el agente ignoraba es que el mentirle a su corazón tanto tiempo le habían dado cierta maestría para hacerlo con los demás.

-Sabes que no saldrás de esta habitación hasta que no tengamos una respuesta –señaló el agente del gobierno.

-Tengo muchas repuestas, tal vez sean ustedes quienes no tengan la pregunta –volvía a sonreír.

-Esa actitud engreída no te ayudara –remarcó el hombre.

-Tampoco a usted, ya que estoy seguro que sabe que no podrá obtener nada de mí, y eso le jode bastante. Ambos sabemos que podemos alargar este dialogo entre suposiciones hasta que le entregue aunque sea una parcial confesión del asesinato de Pacífica, pero de igual manera pienso que entiende que es inútil porque no obtendrá nada de eso de mi boca.

Dipper estaba por seguir hablando cuando de una patada se abrió de par en par la puerta, ahí estaba su tío Stan resoplando de una manera furiosa.

-¡PINES! –decía el agente mientras se levantaba de la silla.

Stanley no le dio chance de hacer o decir otra cosa lo sujetó de su almidonado cuello y le dijo – ¡Hijo de puta, deja libre en este momento a mi sobrino!

Power deshizo su agarre y lo confrontó –Su sobrino es el principal sospecho de la desaparición de Pacifica Noroeste –acomodaba su cuello.

-Pero no pueden interrogarlo sin un abogado y mucho menos sin su tutor legal –decía Stanley apretando sus puños.

-Tiene toda la razón, sin embargo esos serían sus padres o me equivoco Señor Pines –dijo el agente.

Stan deslizó sobre la mesa una hoja, Power la recogió, en su mirada estaba concentrada una casi invisible ira. Quién diablos eran los Pines que incluso podían contrarrestar el poder adquisitivo de una de las familias más importante de país, ese pedazo de papel decía que Dipper estaba legalmente a cargo de Stanley y Stanford Pines.

Entró otro agente y le murmuro algo al oído a Power, este únicamente frunció los labios y asintió, en menos de unos cuantos minutos Dipper estaba libre. Stan lo atrajo hacia él, y le revisó las muñecas.

Dejó por un instante a su sobrino y se dirigió al agente. –Tiene suerte de estar en esta comisaria porque de no ser así ya le hubiera acarrancado cada uno de sus estúpidos dientes.

-¿Eso es una amenaza Pines? –le pregunto Power.

-No, claro que no. ¡Es una maldita promesa si vuelves ponerle un dedo encima! –Volteó al espejo y gritó – ¡Si van a arrestar a un Pines por asesinar a un Noroeste será a mí! ¡Ya que si se vuelven a acercarse a mi familia te quitare la vida con mis propias manos! ¡Escuchaste eso Noroeste!

Los dos Pines salieron, dejando a la mayoría de los agentes expectantes a tal grado que solamente se hacían a un lado mientras estos avanzaban.

El castaño sonreía, carajo sí que admiraba a su tío, además vaya que Stan lo quería. No estaba seguro cómo es que en menos de unas horas pudo conseguir su custodia, además de la orden para que lo dejaran libre hasta que tuvieran evidencias contundentes de su culpa. Al salir de la comisaria estaban Mabel y Soos, su gemela estaba tan feliz de verlo que corrió a sus brazos al igual que su regordete amigo.

Los dos lo abrazaron, pero vieron como en un gesto Stan les indicaba que subieran al auto, los gemelos subieron en la parte de atrás, Mabel revisaba y curaba las marcas de las esposas en las manos de Dipper.

-¡Woaw! ¡Eso fue genial tío Stan! –decía Dipper emocionado. Stanley no le respondió, lo miró por el retrovisor y el chico comprendió que era mejor permanecer callado.

En el camino dejaron a Soos en su casa, ya que este entendía que el Señor Misterio tenía muchas cosas que hablar con su sobrino, ni Mabel ni Dipper dijeron una sola palabra el resto del camino, estaban seguros que Stanley estaba todo menos feliz. Por fin arribaron a su estrambótico hogar, atravesaron la tienda de regalos, ambos seguían su tío, sin voltear a verlos dijo.

-Dipper Pines a mi oficina ahora –decía caminando en su dirección.

Se dirigían a ella, cuando una figura terriblemente similar pero al mismo tiempo completamente distintas salió de la cocina.

-Tío For…-no pudo terminar su frase. En menos de unos cuantos segundos estaba en el piso y su labio sangraba ligeramente.

Ford levantó a su sobrino del brazo, y lo jaló para arrastrarlo hasta el laboratorio. Tanto Mabel como Stan se sorprendieron, Dipper no pudo decir nada, no objetó la reacción de su tío entendía a la perfección cada acción.

-Ford –fue lo único que dijo el otro Pines mayor.

-¡No digas nada Stanley, este idiota y yo tenemos mucho de qué hablar! –dijo mientras digitaba la clave de seguridad de la máquina de caramelos.

Mabel se aferró a Stanley, este la abrazó y le dijo que todo estaría bien, después únicamente vio cómo su hermano desaparecía detrás de la puerta.

El Pines mayor no dijo nada hasta que llegaron a la que era su habitación de estudios, arrojó a su sobrino a la silla del escritorio principal. Dio varios pasos por toda la habitación, necesitaba templar su mente, Dipper comenzaba a sentirse ansioso.

-Tío Ford das buenos puñetazos –dijo el castaño dejando escapar un risa nerviosa.

-¿Crees que esto es gracioso? ¿Qué es un maldito chiste? –Por fin comenzaba a hablar -¡Te están acusando de homicidio! ¡De homicidio! ¿Acaso sabes cuantas influencias tuve que mover para que te dejaran libre? ¡Ahora la mitad de mi investigación le pertenece al gobierno de este país! ¡Maldita sea ni tus padres saben que ahora tenemos tú custodia!

-Lo siento –decía Dipper.

-Sentirlo no basta, carajo Dipper te lo advertí. ¿Cuánto sabes DE EL QUE NO TIENE NOMBRE? ¿Hasta dónde llegaste? –le preguntó a su sobrino.

-Todo lo que sé está en el registro del diario –contestó evitando verlo.

-¿En dónde conseguiste la información que te faltaba? –volvía a preguntarle.

-De los registros en la biblioteca Noroeste –seguía sin mirarlo.

-¿Dipper qué hacías esa noche en el lago? –la pregunta que tanto temía llego a sus oídos.

No contestó, estaba seguro que su tío sabía la respuesta, Ford volvió a preguntar- ¿Qué hacías esa noche en el lago?

-Yo… -su voz dudaba.

-Tú lo invocabas- su tío terminó secamente esa frase.

-Si –no dijo otra cosa.

-¿Dipper sabes cuál es el precio para invocarlo? –no podía creer que su sobrino llegara tan lejos.

-Si –Ford escuchó lo que temía.

-Dipper… -su voz temblaba -¿Dónde está Pacífica Noroeste?

Una vez más permanecía callado, pudo detectar la duda y el temor en la voz de Stanford, su tío sabía que para llamarlo tenía que sacrificarse la vida de alguien, entendió que esa noche él estaba dispuesto a matar a Pacifica Noroeste. Sin embargo Dipper no estaba seguro, recordaba sus gritos, su voz desvaneciéndose pero no más, el mismo sentía duda más no estaba seguro de lo que ocurrió esa noche.

-¿Dipper tu…? –no podía ni siquiera articular esa oración. Después de todo se sentía culpable, desde que regresó a esta dimensión, desde que conoció a sus sobrinos, desde que desarrollo una relación única con Dipper lo había alentado a investigar por su propia cuanta. En más de una ocasión él le había brindado ayuda, le conseguía información e incluso sin que lo supieran los padres de los gemelos o Stan le entregaba una subvención mensual para cualquier gasto que pudiera aparecer mientras investigaba. Ford veía tanto potencial en su sobrino que no quería que encontrara trabas en su camino, no al menos como las que él había tenido que sortear, y tal vez ese había sido su error. Después de todo había tanto de él y de Stanley en Dipper, al parecer los Pines no sabían cuando detenerse, y lo que más le preocupaba al parecer no les importaba a quién pudieran lastimar en el proceso, Ford dejo escapar un leve suspiro al recordar a su viejo amigo Fidds. Pero ahora no era el tiempo de lamentarse por viejos pecados, necesitaba saber hasta dónde había llegado Dipper.

-¡Maldita sea Dipper! ¿Qué pasó con Pacifica? –decía exasperado.

-¡No lo sé! ¡No lo sé! –decía desesperado.

-¿Cómo que no lo sabes? –acaso le estaba mintiendo.

-No lo sé… sólo hay imágenes difusas en mi cabeza, pero no estoy seguro… -mierda no podía mirarlo.

-¿Qué es lo que estás diciendo? –no podía entender que fue lo que le ocurrió a su sobrino.

-¡Que no se si mate a Pacífica! –Dijo gritando -¡Maldita sea! ¡No lo sé! Sus gritos están dentro de mi cabeza, su voz desapareciendo pero no hay más, simplemente no lo sé.

-Por Dios Dipper –dijo tapándose la boca. Acaso había llegado tan lejos, no, no era posible, su niño, su osa Mayor no podía ser capaz de haber hecho eso, súbitamente una duda lo alcanzo, más que hacerlo la pregunta era por qué lo hizo.

-¿Dipper que era lo buscabas al invocarlo? –dijo lentamente.

Reinó el silencio, cómo decirle que esa noche fue hasta el lago con la intención de matar a Pacífica para finalmente conseguir olvidar a Mabel, lo cual ahora ni siquiera tenía sentido ya que ella le correspondía. Ahora él quería vivir, lo ansiaba, lo necesitaba, no sabía cuánto duraría, que obstáculos tendrían que enfrentar pero Dipper deseaba infinitamente estar a su lado, perderse en sus iris compartidos, recorrer cada centímetro de su piel, jamás dejar de besar sus labios, él quería permanecer eternamente a su lado, Mabel era su universo.

-¡Respóndeme Dipper! –le exigió su tío.

Seguía sin tener una respuesta, en esos momentos todo le parecía tan claro, él siempre creyó saber el motivo, entender que lo que deseaba era desaparecer sus sentimientos hacia Mabel. Su mente de nuevo jugaba con todo, esa era una de las tantas mentiras que solía contarse a sí mismo, su intención jamás fue borrar lo que sentía, él sacrificaría a Pacifica para que de alguna manera Mabel le correspondiera… y ahora ella le correspondía, joder ahora ella le correspondía. Eso sólo podía significar una cosa, él lo había hecho, Dipper Pines había asesinado a Pacífica Noroeste.

Sintió una fuerte arcada llegar hasta su estómago, lo intento pero no pudo contenerse, y terminó vomitando sus pies. Entonces si él realmente lo hizo, y así pudo obtener lo que tanto quería, lo que más deseaba, pero todo resultaba ser falso, Mabel únicamente lo amaba porque él había logrado su cometido. No, eso no podía ser posible, no podía ser una mentira, ella lo quería, si, ella lo quería, Mabel se lo había confesado. Sus manos comenzaban a temblar, su vista se desvanecía lentamente, simplemente su mente colapsaba.

-¡Dipper! ¡Dipper! ¡Dipper! –escuchaba su nombre mientras que su cuerpo se sacudía, Ford intentaba hacer reaccionar a su sobrino.

Ford no sabía qué hacer, jamás lo había visto así, su sobrino estaba completamente fuera de sí, parecía marioneta, su mirada estaba perdida mientras un hilo de saliva y vomito se escapaba de su boca, lo tomó entre su brazos y lo acuno. ¿Qué mierdas le había pasado a Dipper? En los últimos años luchaba con la culpa que le causaba el sacrificio de Stan, y ahora no podía evitar sentir que todo esto de alguna manera también era por su causa. Por qué no lo dejo ser un chico normal, se lo decía cada vez que lo veía, cada que hablaban le preguntaba sobre sus avances, y estaba esa idiota frase que siempre utilizaba para despedirse.

-Tú eres un Pines –si Dipper era un Pines, por eso tenía que demostrar quién era. Como lo habían hecho Stanley y Stanford para Filbrick, ahora él tenía que hacerlo para sus dos tíos.

Su espalda lo mataría por la noche, pero le pediría a su hermano su medicina como la almohada para la espalada, había cargado a Dipper hasta la regadera, la habitación contaba con una ya que en ese pasado que le gustaba fingir olvidado la había instalado, ya que incluso estuvo un mes completo sin salir, nunca estuvo sólo, eran ellos dos dentro de su mente.

El castaño entreabrió los ojos al sentir la fría corriente caer sobre su cabeza, todo seguía siendo confuso, su tío no era más que una silueta oscura, tal vez todo era una pesadilla, otra de muchas tantas.

-Ella… ella… no me amaba –eso fue lo que salió de sus labios, aunque no se dio cuenta. Ford no lo entendió, tampoco no le dio mucha importancia, por ahora tenía que regresar a la realidad.

Golpeó ligeramente el rostro de Dipper, ambos estaban empapados, pero por fin estaba consciente.

-Ford… -dijo Dipper sonriéndole a su tío –en serio… lo siento, pero no sé paso…

-Por ahora no importa –le respondió, ahí con su sobrino entre sus brazos entendió que no importaba lo que hubiera ocurrido esa noche, nadie se lo arrebataría. Era extraño, pero de la misma manera en la que su hermano amaba a ese par él también lo hacía, por eso dolía tanto verlo sufrir, en efecto eran como los hijos que jamás tendría, ellos eran su familia y aunque el castaño lo hubiera hecho, no pudo formular ni siquiera esa palabra en su mente, Ford no dejaría que nada ni nadie volviera separar a la familia Pines.

A pesar del frio del agua que no dejaba de correr Dipper sintió que los brazos de su tío era un lugar cálido, en eso se parecían tanto los dos, Stan y Ford podían por momentos alejar sus miedos, todavía existía dentro de él ese niño, el que un día de verano encontró un viejo diario.

Se levantaron lentamente, Ford ya no le pregunto nada, por ahora tenía que pensar muy bien que era lo que debían de hacer. Necesitaba un par de días para poder encontrar una estrategia, los dos subieron, en cuanto cruzaron la puerta vieron a su respectivo gemelo con el rostro lleno de preocupación.

-¿Qué diablos les pasó? –pregunto Stan al verlos totalmente mojados.

-No, fue nada tío Stan, es sólo que teníamos que templar el ánimo de alguna manera –respondió Dipper.

-Los dos vayan a cambiarse de ropa –señalo el Señor Misterio –y no tarden Mabel y yo los estamos esperando para cenar.

Dipper subió al ático, se cambió de ropa, pero ese maldito pensamiento no lo dejaba, y si todo en efecto era un espejismo causada por EL QUE NO TIENE NOMBRE, entonces el amor de Mabel era una ilusión, le había hecho a su gemela lo peor que se podía imaginar, la había obligado a amarlo.

-Dip –escuchó la tranquila voz de Mabel.

Ahí estaba ella mirándolo desde el marco de la puerta, lucia triste, como odiaba que ella sufrirá por su culpa.

-Mabs –le sonrió, ojala nada de esto hubiera pasado.

Mabel se abalanzó a sus brazos, y fue directamente a sus labios, lo beso con desesperación, lleno el rostro de Dipper con múltiples besos, quería que con cada uno algo de su angustia desapareciera. El corazón de su gemelo comenzó a acelerarse, eso que sentía no podía ser falso, no, Mabel lo quería, lo amaba tanto como él lo hacía, eso era lo que el joven Pines necesitaba creer desesperadamente.

-Todo va a estar bien Dippy –decía recargando la cabeza de su hermano en su pecho.

-Lo se Mabel, sólo desearía no ser tan idiota –dijo hundiéndose otro poco en el suéter multicolor que la cubría.

-Vayamos a cenar los tíos nos están esperando –tomó la mano de Dipper y bajaron a la cocina.

La cena transcurrió con normalidad a pesar de que sus tíos perecían bastantes serios, ni Stanford ni Stanley volvieron a tocar el tema, se mantuvieron en la absoluta línea de cotidianidad, hablando de cómo iban las cosas en La Cabaña del Misterio, del clima e incluso de Gompers, Mabel servía el postre mientras los viejos Pines se miraban el uno al otro. Dejó escapar una ligera sonrisa, era extraño que compartieran su idioma secreto, sabía que ellos en ese intercambio de miradas se dijeron tantas cosas que ella nunca sabría.

-Gracias por la comida –dijo Ford levantándose de la mesa.

-En los siguientes dos días no pueden poner un pie fuera de la casa, ni recibir a sus amigos, nada absolutamente nada de contacto con el mundo exterior. Ford y yo necesitamos planear lo que vamos a hacer –dijo Stanley mirándolos fijamente –eso incluye a Gideon.

-Pero… -intento replicar la castaña.

-Entendido calabaza –le repitió su tío.

-Está bien… -dijo desanimada.

-Dipper necesito que me entregues todo lo que tengas de la investigación, te espero en la oficina de Stanley en veinte minutos –y salió de la cocina.

Asintió con la cabeza, Stan se acercó a su sobrino sujetó su rostro y examinó el labio hinchado de Dipper.

-Sí que lo hiciste enojar, pero sigo teniendo el record de puñetazos de Stanford Pines en mi rostro, y te aseguro que no quieres competir conmigo –le dio un leve golpe en el hombro.

-No, claro no –se sonrojo.

-Porque no sigues el ejemplo de mi Calabaza, ella no se mete en tantos problemas, bueno sólo tiene un espeluznante novio, pero bueno aún tengo mi vieja escoba –abrazaba a Mabel.

Pines fingió una sonrisa al escuchar las palabras de su tío, en efecto Mabel seguía teniendo novio, seguía siendo su hermana, seguía siendo una de las mejores personas de este mundo, seguía siendo algo inalcanzable.

-Pufff –hizo una mueca tonta mientras besaba la mejilla de Stan –he hecho muchas cosas malas Stan pero no te cuento todo.

-Golpear criaturas mágicas no cuanta –dijo abrazándola más fuerte.

-Me atrapaste –dijo riendo –bueno lavare los platos de la cena mientras Dip le lleva sus documentos al tío Ford.

Stanley fue con su hermano a la oficina y Dipper fue de nueva cuenta al ático, le entregaría todo lo que había recabado a Ford, sin embargo tenia copia de todo, entendía que su tío no le preguntaría por sus respaldos de información porque se parecían y ambos sabían que mentiría al respecto, ya que después de todo Stanford Pines hubiera hecho lo mismo.

Fue hasta la oficina de Stan, antes de tocar escucho como sus tíos discutían sobre su situación.

-¡Maldita sea! ¡Cómo que no estás seguro! –decía Stan intentando controlarse.

-No lo estoy, y eso es lo que me preocupa. Hasta donde se no hay registros de que alguien haya sobrevivido a tal invocación, pero él sigue aquí –le respondía a su hermano.

-Pero eso significa que…que… -la voz de Stanley temblaba –si eso paso ¿qué vamos a hacer?

-Cobrar viejos favores, desde que vendió todas sus patentes al gobierno Fiddleford se ha vuelto muy influyente, ahhh la mitad de esos prototipos me pertenecen. Desde hace algún tiempo me han invitado a comenzar a desarrollar mi teoría sobre los multiuniversos en Munich, creo que lo más adecuado será que Dipper se vaya a vivir conmigo y quede bajo mi custodia, al menos hasta que cumpla veintiún años –dijo como una resolución final.

-Sabes que él no está dispuesto a separarse de su hermana –remarcaba Stanley.

-Mabel está de acuerdo conmigo, hablamos por teléfono mientras resolvías lo de comisaria –contestó Ford.

-¿Estás seguro Stanford? Ya que si intentas separarlos como hace años, ahora será tu rostro el que reciba mis golpes –le dijo fríamente.

-Por favor Stanley, ya me disculpe por eso y no pienso seguir haciéndolo. Pero es verdad, recuerda que ellos ya no son unos niños, y son capaces de decidir, es más me dijo que intentaría convencerte para que te fueras a vivir con ella y sus padres a California. Lo cual me parece una magnífica idea, tal vez lo mejor será alejarnos de una vez por todas de Gratity Falls.

-Soy muy viejo para cambiar, en este lugar deje más de la mitad de mi vida –le respondió con severidad.

-Hasta cuando seguirás atormentándote, actúas como un viejo necio –dijo Ford.

-Mira quien lo dice, aun corres como un niño cuando alguien te presenta un misterio, cuando te dedicaras sólo a tu familia –estaba su tono de reproche –pero creo que tienes razón lo mejor será que los dos se marchen.

Dipper escuchó cada palabra, qué debía sentir, su hermana hace unas cuantas horas le había dicho que lo amaba, que quería estar con él y ahora esto. Acaso no fue ella quien inicio el Raromagedon por no querer crecer, por no querer dejarlo, por desear estar siempre juntos, y en ese momento ella había decidido por los dos, Mabel deseaba alejarse de él.

Se cayó de sus manos el viejo diario de William Noroeste, no fue un ruido fuerte pero si lo suficiente para que la conversación de sus tíos se detuviera.

-¿Dipper? –escuchó la voz de Ford.

Limpió lo mejor que pudo su garganta antes de hablar –sí, soy yo tío Ford te traje lo que me pediste.

El castaño entró, le dio todo lo que había recuperado, le dijo en donde y bajo que circunstancia los obtuvo, bueno evitando los detalles lo más posible sobre todo los que tenían que ver con Pacífica.

-Está bien Dipper, buscare que puedo encontrar en mis propios registro, por ahora sólo vete a descansar –guardo la evidencia en su maletín –déjanos solos necesitamos seguir hablando.

Bajó hasta la sala, quería verla, deseaba estar con ella, la encontró dormida en el viejo sofá, cobijada con la gabardina de Ford, le sonrió y se fue a dormir después de todo él también estaba cansado.

Los dos días pasaron lentos y tensos, ni siquiera habían intentado estar juntos, ya que la presencia de sus dos tíos se los impedía. Tanto Ford como Stan hablaban constantemente por teléfono, Dipper fingía que no importaba cuando Mabel lo hacía con Gideon, lo peor era no poder salir, él necesitaba saber que le había ocurrido a Pacifica, podía escaparse de su hermana y Stan pero parecía que Ford leía sus intenciones y lo detenía indicándole hacer cualquier cosa dentro de la Cabaña, pero Dipper debía saber si es que realmente la había asesinado, y de ser así… bueno aun no tenía esa respuesta.

-Stan ya tenemos tres días sin salir, podemos ir aunque sea por un helado. Te prometo que únicamente será de ida y vuelta –decía Mabel con su voz más dulce.

-No lo sé Cariño lo último que quiero es que tenga otro altercado con los Noroeste –le decía Stanley.

-Por favor, ya se te traeré un litro de helado de café para ti y uno de ron para el tío Ford –se colgaba de su brazo.

No le podía negar nada a esa sonrisa, además se habían portado muy bien en eso días, unas cuantas horas fuera de la Cabaña le harían bien.

-Está bien pero solo tienen dos horas, si se tardan más de eso los iré a buscar-dijo riendo.

-Lo prometo –dijo estirando su meñique a su tío, este entrelazo su dedo y le dio las llaves del carrito de golf.

Sí que les hacía bien sentir esa brisa sobre sus rostros, dejo el carrito a unas cuantas cuadras, también era satisfactorio estirar las piernas. Caminaban el uno al lado del otro, como hubieran deseado poder tomarse de la mano y entrelazar sus dedos, pero a Dipper algo lo seguía molestando.

-¿Mabel en serio quieres que me marche? –le preguntó sin contemplaciones.

-¿A qué te refieres? –parecía no entender la pregunta. Dipper la jaló hasta un pequeño callejón.

-¡¿Por qué le pediste a Ford que me lleve con él a Alemania?! ¡¿Qué no se supone que me amas?! –dijo casi gritando.

-Por supuesto que te amo, pero… pero no te das cuenta que no podemos estar juntos. ¡Que por más que lo intentemos siempre abra algo o alguien que nos separe! ¡Yo quiero que tú seas feliz! –le respondió intentando no llorar.

La abrazó, esa era su Mabel siempre buscando la felicidad para otros no importando que tanto ella sufriera. –No te das cuenta que sólo contigo soy feliz, tú eres todo para mí –sujetó su barbilla para besarla pero una voz lo distrajo.

-Así que aquí está el famoso Dipper Pines –era ese extraño tipo del bar de motociclistas, el mismo que estaba en el culto de la sociedad del ojo cegado.

-No recuerdo que nadie nos haya presentado formalmente –las palabras de viejo enemigo ahora en sus labios.

-No te quieras hacer el gracioso. ¡Sí que tienes huevos para pasearte por el pueblo! –le dijo el sujeto mientras aparecían otros tres hombres.

-No tengo ningún problema con ustedes –dijo Dipper.

-No, claro que no, pero Preston Noroeste si lo tiene –decía el tipo riendo.

Maldición, Mabel estaba en peligro por su culpa, hizo que quedara detrás de él, pero eso sujeto le duplicaban en fuerza y tamaño. Esquivó el primer golpe y busco sus bóxer dentro de su chaleco, pero esa distracción fue suficiente para que uno de los hombres sujetara a Mabel, esta intento defenderse después de todo no por nada era la aprendiz número uno de Stanley. Sin embargo un golpe directo en la boca del estómago la dejo inconsciente en el pis, Dipper quiso correr hasta ella pero lo mismo paso solo que a él otro golpe en la nuca lo dejo noqueado.

No supo cuánto tiempo estuvo fuera de sí, pero cuando abrió los ojos todavía podían apreciarse la luz natural del día, intento moverse pero estaba atado a una silla, miró a su alrededor esa era una de las tantas bodegas propiedad de los Noroeste.

-Vaya hasta que decidiste despertar –reconoció esa pretenciosa voz.

-Noroeste –dijo escupiendo un poco de sangre seca.

-Pienso que no es necesario que te diga porque estás aquí, ¿verdad niño? –decía Preston caminando hasta llegar a Dipper.

-No, claro no –respondió el castaño.

-¿Dónde está? –le preguntó.

-Ya se lo dije, no lo sé –fue su repuesta.

-Niño, niño, acaso crees que soy estúpido. ¡¿Cómo no vas a saber que paso con mi hija?! – dijo gritando-

-Pequeño hijo de puta, si no quieres decírmelo tal vez tenga que obligarte –por más idiota que pareciera entendía a Preston Noroeste, Dipper hubiera hecho lo mismo o peor aún si quien no apareciera fuera Mabel, él no hubiera sido tan bueno con Gideon.

-Pero…tal vez esto te convenza de hablar –hizo un pequeño gesto y el mismo hombre que lo golpeó trajo a Mabel, la castaña estaba amordazada y atada de las manos.

-¡BASTARDO! ¡Suéltala ella nada tiene que ver con esto! –gritó Dipper.

-Bueno los hombres Pines nunca dejaron de ser una molestia, sin embargo no puedo negar que esta Señorita es una delicia –al decir esto acaricio la mejilla de Mabel –que pasara si yo le hago a tu hermana lo mismo que tú haces con mi hija.

Dipper intentaba inútilmente liberarse, Preston no tocaría ni un centímetro de Mabel. -¡HIJO DE PUTA! ¡NO TE ATREVAS! –le gritó desesperado.

-Hare lo que me plazca –decía mientras que con una mano recorría la silueta de Mabel –claro al menos que decidas hablar.

-Está bien, tu ganas –te diré todo –pero déjala ir.

-No están sencillo, la dejare hasta que me traigas a mi hija –respondió Preston.

Como hacer eso si no tenía ni la más remota idea de que había pasado, tenía que ganar tiempo, algo que le permitiera rescatar a Mabel.

-Suéltame y te llevaré con ella –dijo fríamente.

Hizo un leve gesto para que lo soltaran, pero un fuerte ruido estremeció la situación, alguien había derribado la puerta de la vieja bodega.

-Si le hiciste algo a Mabel date por muerto Noroeste –Dipper jamás creyó que se alegraría por escuchar esa fastidiosa voz.

-No te metas en esto Alegría –decía Preston sacudiendo el polvo de su traje –no es asunto tuyo.

-Lo volviste mío cuando involucraste a Mabel, ella es mi novia –dijo furioso –Ojos Blancos, chicos libérenlos –los otros sujetos retrocedieron ya que sabían que los ex reos amigos del rubio eran bastantes peligrosos.

-No tan rápido, no los dejare ir hasta saber dónde está mi hija – al hacer esto Noroeste sacó una Magnum calibre 29 y le apunto directamente a Mabel.

-Piense bien sus acciones Señor Noroeste, recuerde que si daña uno sólo de los cabellos de mi dulce mora no saldrá con vida de este lugar –dijo Gideon seriamente.

-¡ESO NO ME IMPORTA! ¡Yo únicamente quiero encontrar a mi hija! –respondió histérico.

-¡POR FAVOR DETENTE! –se escuchó un grito desde dónde había llegado Gideon. –Padre… por favor detente.

Debajo de una larga y gruesa sudadera pudo verse el rostro de Pacífica, parecía tan cansada, tan triste, pero no cabía duda era ella.

-Pacífica –dijeron al mismo tiempo tan Preston Noroeste como Dipper Pines, ahí estaba la rubia temblando ligeramente, esperando a que su padre se detuviera. El hombre dejó caer su arma y corrió hasta ella, la abrazó como nunca lo hizo, se sentía tan feliz, su hija volvió a él, no la había perdido para siempre. Su culpa era la que lo llevó a actuar de tal manera, creyó que jamás volvería a verla, sin embargo ahora estaba frente a él con los ojos llenos de lágrimas, la miró y le pregunto.

-¿Dónde has estado? –esa era la respuesta que más de uno necesitaba saber.

FIN DEL CAPÍTULO

Por fin después de miles de años está la actualización de este fic, yo sé que muchos esperaban la muerte de PACÍFICA pero como ya lo dije en otra ocasión existe destinos peores que la muerte, y la rubia todavía puede caer más profundo.

No es mi intención usar mucho a Ford, aunque si lo veremos en siguientes entregas, esto cada vez más se acerca a su punto cumbre, lo que les aseguro es que el siguiente capítulo tendrá romance y lemon, sip, ya es tiempo de que puedan ser felices por un rato. Jajaja he ahí la palabra clave por un rato.

Muchas gracias todos los que siguen y leen esta historia, les aseguro que pase lo que pase la terminaré.

GRACIAS POR LEER Y ESPERO SUS COMENTARIOS.