AQUELLO QUE SE HA ROTO
CAPÍTULO XIII
Esa fue una de las mejores noches de su vida, no hubo miedo, tampoco oscuridad, lo único que existió fue la tranquilidad. Esta vez la culpa no se apoderó de sus sueños, el arrepentimiento no lo hizo abrir los ojos a mitad de la noche, tampoco existió la duda, no únicamente estaba la sensación de tenerla entre sus brazos, de saber que realmente lo amaba. Pero Dipper era un ser humano por lo que estaba sujeto su mortalidad, la noche anterior había ignorado el dolor y la molestia que le causaban los dedos rotos sin embargo esa mañana dolían de una manera casi insoportable, el muy idiota se había quedado dormido sobre su mano lastimada con tal de no despertar a Mabel. Abrió los ojos por la punzada que subía desde sus dedos a su hombro, se quedó observando a Mabel, su pecho subía lentamente con cada respiración, su cabello estaba un poco enredado pero seguía luciendo maravilloso, sus labios entre abiertos dejaban escapar leves suspiros, hubiera deseado seguir así durante horas pero no le fue posible necesitaba algo para calmar su dolor. Se deslizó lentamente de la cama, no era su intención despertarla, con mucho trabajo se vistió, lo bueno es que llevaba su bóxer, se puso unos jeans viejos y una camisa que todavía no necesitaba ser lavada, dejó sueltas sus agujetas, y salió lentamente del ático. Bajó a la cocina en busca de un vaso de agua para poder tragarse varias pastillas para el dolor, en ese instante toda su mano izquierda punzaba. Sin querer dejó caer un vaso de vidrio el cual quedó hecho trizas en el piso, intentó recoger su desastre pero sostener la escoba y el recogedor no era una tarea nada fácil para él en ese momento.
-¿Qué sucede Dipper? –escuchó la voz de Stan.
-Nada, es que tiré un estúpido vaso –el dolor era cada vez más agudo.
-¡Maldición! –dijo arrojando la escoba.
-Ok, chico qué es lo que realmente pasa –le preguntó Stanley.
-Mi mano –decía estirándola para que pudiera verla. –Mi mano, me duele demasiado.
-¡Mierda! –Stan revisó la mano de su sobrino, la cual estaba notablemente hinchada. –Espera un minuto voy por Ford.
Dipper se quedó sentado en la cocina, lo último que deseaba era ir una vez más al hospital, únicamente pasaron unos cuantos minutos cuando escuchó la voz de sus tíos acercándose.
Fue Ford el primero en entrar a la cocina. –Muéstrame la mano Dipper –dijo su tío con ese tono de orden que tanto lo caracterizaba.
El castaño hizo lo que su tío le pidió, mordiéndose los labios cada vez que este lo revisaba, mierda por qué Ford no podía hacerlo con más tacto.
-¿Qué te pasó? –lo cuestionó Ford. –Ayer no se encontraban así.
Se sonrojó al recordar que principalmente se había lastimado por estar con su hermana, que había ignorado su dolor con tal de poderla tocar.
-Me quede dormido toda lo noche sobre mi mano –respondió esperando que le creyeran.
Stanford sacó una especie de jeringa, que tenía una pequeña capsula de color amarillo en ella.
-Esto no dolerá, y tus huesos estarán sanos en un santiamén- decía Ford inyectando a su sobrino.
Únicamente sintió un leve ardor por unos segundos y después su dolor había desaparecido, volvió a mover sus dedos con total libertad.
-Oye tío Ford, de casualidad ese no es de San… -la mirada seria de Ford no le permitió terminar la frase.
-Si lo es –decía Stanley mirando a su gemelo –pero ya sabes que para Ford él es una persona "non grata".
-Únicamente será por esta vez, ya que no apruebo sus constantes violaciones de las leyes implícitas del uso del multiuniverso –dijo Ford guardando nuevamente la jeringa en su estuche.
-Basta de esta charla –dijo Ford –qué les parece si salimos todos a desayunar.
-Esa es una buena idea Sixer. Dipper ve por Mabel y en cuanto estén listos nos vamos al "Grasoso" –decía Stanley.
Salió de la cocina dejando a sus tíos hablando, escuchando como Stanley defendía al responsable de la curación de sus dedos. Subió hasta el viejo ático, esperaba encontrarla dormida, sin embargo antes de entrar pudo escuchar su voz.
-Gracias por lo de ayer –decía sonando un poco triste.
-Eres de las mejores personas que jamás he conocido –ahora suspiraba. –Si yo también "te quiero".
Esas palabras se clavaron directamente en el pecho de Dipper, y sí que le dolieron, a pesar de que no resultaran raras en los labios de Mabel. Ella se las decía a sus tíos, a sus amigas, a sus padres, incluso a su cerdo y a la cabra, pero no podía evitarlo, una enorme ira inundaba su pecho, él no debía de odiarlo porque después de todo gracias a Gideon su hermana estaba a salvo.
-Gideon –dijo entre dientes, y después tocó a puerta. Escuchó como Mabel se despedía usando unas cuantas frases de amor, carajo sí que se estaba enfureciendo.
-Pasa –decía la chica Pines con su usual tono jovial.
-Mabs dicen los tíos que te alistes para ir a desayunar –Dipper intentaba que en sus palabras no se notara su rabia.
-¡Yuju! –se emocionaba Mabel. -¡Desayuno familiar!
La castaña dio un salto de la cama y fue directo al armario, Dipper la observaba con mucha atención, cada movimiento, cada gesto era digno de mirarse y guardarse en la memoria. Le gustaba como frente al espejo y sin decir nada se probaba cada uno de los suéteres que eligió para ese día, como hacia pequeños ruidos de aprobación y desaprobación, como su largo pelo se movía al mismo ritmo que ella. Todo eso lo hacía sonreír, lo hacía sentirse feliz.
-¡Hey tú! ¿Qué tanto miras? –decía Mabel al ver la tonta expresión de su hermano.-Al ser más maravilloso de este universo –respondió sonriendo.
-¿No veo a Pato por ningún lado? –dijo la castaña buscando a su cerdito con la mirada.
Dipper fue hasta ella y la abrazó. –Estoy seguro que eres un poco más hermosa que Pato.
-Que romántico eres Dip, me comparas con un cerdo –acercó sus labios a la boca de su gemelo.
-Pero viniendo de ti estoy segura que es un cumplido –besó ligeramente los labios de Dipper.
Así todo era perfecto, Dipper sentía que así debió de ser siempre, ellos estaban y estarían juntos. No deseaba pensar en otra cosa.
-¡CHICOS APURENSE! –escucharon el grito de Stanley.
Los dos se separaron de inmediato, por momentos olvidaban que si alguien los veía en alguna situación por el estilo resultaría bastante complicado de explicar.
-Adelántate Dip, en unos minutos bajo –decía Mabel dándole otro pequeño beso.
-Bien Mabs… mmmm. Oye… -intentaba decir algo. -¿Con quién hablabas?
-Con Gideon –fue la respuesta directa y sin titubeos. –Él es aún es mi novio.
Dipper se quedó congelado por un instante, ella nunca podría llamarlo así aunque huyeran y comenzaran una nueva vida, siempre estaría la incertidumbre de que alguien los reconociera.
Mabel pudo ver la angustia en los ojos de Dipper, tomó tiernamente el rostro de su gemelo entre sus manos, lo miró y le dijo. –No dudes, tampoco temas, yo te amo como jamás podre amar a alguien pero –ahí estaban los malditos peros –tengo que terminar eso de la mejor manera. Gid no merece que lo haga sufrir, él no tiene la culpa de que no pueda amarlo y sin embargo ha estado para mí. Dame un poco de tiempo por favor.
¿Qué no merecía sufrir? Dipper lo sabía perfectamente, a él no podía engañarlo, Gideon seguía siendo un pequeño Hijo de Perra, y debía de actuar con cuidado. Qué siempre había estado para ella, ¿qué se supone que había hecho él? Sin embargo la conocía, sabía que ella podía encontrar en el rubio lo que los demás nunca verían y eso lo incluía a él.
-De acuerdo, es sólo que no puedo, me sobrepasa imaginarte con él –decía mirándola.
-Tonto, ¿no te es suficiente saber que siempre te he amado? –le dijo acariciando su mejilla.
-Es que todo me sigue pareciendo un sueño, tengo miedo de abrir los ojos y despertar –a Dipper le dolía ese pensamiento.
-Auchh –su gemela le había pellizcado la misma mejilla que hace unos segundos acariciaba.
-Aún estamos aquí, así que creo que significa que ninguno está soñando. Dip, quisiera decirte que esto será fácil pero mentiría, por ahora únicamente nos queda confiar el uno en el otro y en lo que tenemos –le dijo Mabel.
-Se supone que yo soy el gemelo listo –decía mirándola una vez más.
-Pero yo soy la alfa, así que te llevo ventaja –volvió a besarlo. –Ve con los tíos, no por salir del ático cuando su hermana le dijo. –Dipper nunca olvides que te amo.
Él le sonrió a su gemela, sabía que estaba despierto sin embargo seguía pareciendo irreal. –Jamás Mabs porque también te amo.
Bajó a la sala de estar en busca de sus tíos, los dos estaban en el comedor bebiendo una cerveza.
-¿No creen que es temprano para beber? –dijo acercandose a ellos.
-Posiblemente, pero el Sixer y yo teníamos tiempo sin compartir una –respondió Stanley.
-No exageres Stan sólo han pasado tres meses –Ford estaba un poco apenado.
-Ten chico –y le ofreció una lata a su sobrino. –Supongo que me tendré que acostumbrar a no ver tan seguido a dos de mis nerds favoritos.
-¡Por dios Stanley! Vamos a estar en otro país no en otro universo –decía Ford con tono de reproche.
-¿Cómo saberlo? Conociéndolos es posible –le daba un sorbo a su cerveza.
-No te preocupes Tío Stan, los dos estaremos bien y si no sabemos que vendrás a salvarnos el trasero –dijo Dipper riendo.
-Soy un anciano, no creo resistir más que una o dos aventuras épicas –le contestó guiñándole un ojo. –Así que no se metan en muchos problemas.
-No, claro que no verdad Tío Ford –ahora era él quien le guiñaba uno ojo a su tío.
-No tienes de que preocuparte Stanley –respondió con un una pequeña risa.
-¡Así que aquí están mis tres buscapleitos! –escucharon la estruendosa voz de Mabel.
-Calabaza, creí que te tendríamos que abandonar a tu suerte y dejarte morir de hambre –Stan se levantaba de su silla.
-¿Serias capaz de abandonar a tu calabaza? –Mabel uso sus mejores ojos suplicantes.
-Sólo si te tardabas un minuto más –ahora la abrazaba.
-¡Por suerte llegué a tiempo!, bueno que estamos esperando mi estómago ruge como el de Soos –decía tomando la mano de Stanley.
Los cuatro Pines salieron de la casa, fueron a desayunar. La mañana trascurrió tranquila, como la de cualquier otro, comieron, bromearon un poco, Mabel también molestó a Ford cuando se enteró como había curado los dedos de Dipper. Después fueron al centro comercial por unos cuantos víveres para la Cabaña, los gemelos reían al ver como Stan coqueteaba con toda empleada y de cómo Ford se había quedado mudo cuando la cajera le pidió su número telefónico. Era tan divertido ser una familia.
Regresaron a la casa, Dipper estuvo casi toda la tarde trabajando en el laboratorio con Ford, no podía negarlo también le gustaba esa parte de sí mismo, la de investigar, la de descubrir algo nuevo y sobre todo la de crear.-Dipper, ¿puedo preguntarte algo? –la voz de Ford lo sacaba de los cálculos que estaba haciendo.
-¿Dijiste algo tío Ford? –volteó para preguntarle a su tío.
-¿Qué si puedo preguntarte algo? –reiteró Ford.
-Por supuesto –dijo mientras corregía una de sus ecuaciones.
-¿Estás seguro de querer ir conmigo? –le preguntó Stanford. –No me malinterpretes, por el contrario me hace muy feliz que vengas conmigo a Alemania, tanto Mabel y tu son como los hijos que nunca tuve. Me emociona que tú puedas seguir mis investigaciones, pero quiero estar seguro que es lo que realmente deseas.
No pudo evitar sonreír al escuchar las palabras de Ford, él también quería a su tío, gracias a él se había convertido en la persona que era ahora, bueno al menos la parte que le gustaba de sí mismo.
-Te seré sincero, por momentos lo dude. Es dejar mi vida, todo lo que tengo y conozco, pero es necesario, tal vez inevitable en cierta medida, después de todo es parte de crecer –tomó aire y continúo. –Desde que encontré tu diario hace años supe que nada volvería a ser igual, tal vez por eso pude descifrar las cosas que el tío Stan no pudo, porque yo me parecía al autor de ese libro. A pesar de ser un niño sentía la necesidad de saber que eran todas esas cosas que ignoraba, de dónde provenían, no conformarme con lo que se me decía, yo necesitaba saber más. Fue algo maravilloso que quien escribiera ese diario resultara ser mi tío abuelo, y sé que ahora es el momento de avanzar, de conocer más y sobre todo de hacerlo a tu lado.
Ford dejó sus propios cálculos y fue hasta el lado de Dipper. –Hijo eso me hace tan feliz –le dio un abrazo.
-Aunque no estoy muy seguro en eso de ser el Pines más joven, tal vez tengo varios tíos multidimensionales –decía bromeando con Ford, el cual al escuchar a su sobrino no pudo hacer otra cosa más que sonrojarse.
-¡Diablos! ¿Qué más te ha dicho Stanley? –decía aún con un claro color rojo en la cara.
-Nada que un adolescente no pueda entender o imaginar –dijo riendo.
-Está bien, ahora que serás mi investigador adjunto de manera permanente tal vez pueda contarte esas anécdotas que ni Stan conoce –decía Ford con cierta picardía en su voz.
-Creo que necesitare un nuevo diario para eso –respondió riendo.
-Tienes razón, ya que son muchas –dijo sonando orgulloso. –Pero por hoy hemos terminado, así que porque no sales un rato con tu hermana.
-Gracias tío Ford, mañana sin duda me tendrás aquí de nuevo – se quitó la bata de laboratorio que traía puesta.
Antes de subir por el viejo ascensor le dijo a Ford. –Yo también te quiero Ford, y gracias por todo lo que has hecho por mí.
Su tío lo miró y con una sonrisa cálida le respondió. –No tienes que agradecer chico, ustedes son mi familia y los amo, pero que Stanley no nos escuche o nos atormentará por semanas.
-Sí, tienes razón –unos minutos después estaba fuera de la máquina de dulces.
Escuchó como Stan despedía al último grupo de turistas del día, fue hasta la parte del viejo museo estaba seguro que ahí también encontraría a su hermana. Le sorprendía como a pesar del tiempo seguían existiendo los incautos que caían en las trampas baratas del Señor Misterio, al parecer parte de la naturaleza humana es bastante estúpida.
-¿Stan sabes dónde está Mabel? –le preguntó a su tío que contaba la plata recién ganada.
-Salió con la pequeña molestia –dijo cerrando la caja registradora.
Ahí estaba de nuevo esa maldita punzada atravesándole el pecho, apretar sus puños para apagar su furia, y sentir esa maldita incertidumbre por temor a perderla. Porque Gideon podía darle todo lo que él nunca podría hacer, podían salir juntos tomados de la mano, besarse en público, tener un vida normal, estar simplemente juntos. Ella le había pedido que no dudara y Dipper se esforzaba por hacerlo, pero en su pueril mente de adolescente, esa parte que realmente odiaba de sí mismo no podía evitar sentirse inseguro y sobre todo celoso.
-Ahhh –decía intentando no estallar. -¿Tiene mucho rato que se fue?
-Como una media hora –respondió Stanley quitándose su saco. –Pero no te preocupes, comienzo a pensar que el "Pequeñín" realmente cambio, por qué no sales un rato con tus amigos, en estos días no dejaron de llamar como locos. Mmmm, o que tal con Wendy según escuche todavía sigue en el pueblo.
-Wendy –dijo casi murmurando. No había pensado en ella desde esa noche, ella sabía su secreto, él estaba seguro que no se lo diría a nadie más, pero aún no se sentía capaz de mirarla a la cara.
-Tienes razón, creo que saldré un rato para distraerme –decía evitando mirar a su tío.
-Dipper… sólo una cosa –Stan parecía un poco preocupado. –No intentes ir con Pacífica, no sé qué carajos haya pasado entre ustedes dos, no estoy muy seguro de quererlo saber, pero de una cosa estoy convencido pase lo que pase no estarás feliz con su repuesta. Dale tiempo chico, aún es muy pronto…
-Lo sé, además sin duda por ahora no quiere verme. Aunque necesito saber que paso y sobre todo pedirle perdón –su tío parecía comprenderlo a la perfección.
-Creo que sólo saldré a dar una vuelta por el pueblo, distraer un poco la mente –era verdad aún tenía muchas cosas en las que pensar.
-Está bien Pines, pero no te metas en problemas –aunque sabía que eso resultaba un poco ingenuo. –Y te quiero de regreso temprano.
-Entendido y asimilado señor –respondió asiendo el típico gesto militar.
Fue por una chaqueta, y para después salir. Lo bueno es que sus tíos no le habían quitado la camioneta de Soos, vio de reojo su celular, tal vez llamaría a Lu o a Marius los cuales le habían llamado y mandado mensajes todos es días o tal vez simplemente compraría unas cervezas y se iría beberlas en el acantilado. Lo último le pareció la mejor idea, tenía que pensar en Wendy, en Pacífica y sobre todo en Mabel así como en las decisiones que había tomado.
No fue difícil comprar la cerveza después de todo siempre y cuando tuviera el efectivo muchos dependientes mirarían a un lado cuando las cobraran. Al salir de la tienda caminó lentamente a su camioneta, escuchó que alguien corría hacia él, instintivamente volteó con la intención de defenderse pero fue muy tarde alguien lo había atrapado.
-Sir Diplomacia, me alegro de que no estés muerto –era su amigo Lu que hablaba a toda velocidad. -¿Por qué diablos no contestaste mis mensajes? Nos enteramos de tus "ligeros" problemas con los Noroeste, ¡es bueno ver que nada te pasó!
-Lo siento Lu, pero Stan incautó mi teléfono y bueno después de todo lo que paso con Pacífica no me sentía con muchos ánimos –le dijo a su amigo.
-Está bien Dip, aún nos queda verano. ¿Por cierto a dónde vas? Y con tan buena compañía –decía mirando las cervezas de Pines.
-Voy al viejo acantilado, ¿quieres ir? –le preguntó a Lu.
-Por supuesto DP, sólo deja comprar un poco más, no creo que con eso sea suficiente – Dipper lo esperó recargado en la puerta de la camioneta. Su intención era estar solo, pero la compañía de Lu no estaba mal.
En unos cuantos minutos llegaron al lugar, bajaron mientras seguían tarareando una de sus canciones favoritas.
-Ooh yeah, ooh yeah! Nothing really matters, Anyone can see, Nothing really matters, Nothing really matters to me… Any way the wind blows –cantaron a coro.
- Any way the wind blows –dijo Dipper.
-Amen por eso Bro –decía Lu sentándose en el pasto, Dipper hizo lo mismo, cada uno tomó una cerveza, le dieron unos cuantos sorbos hasta que el joven Ramírez rompió el silencio.
-Habla, quiero escucharte –le decía sin dejar de mirar el horizonte.
Dipper se bebió de un sólo trago el resto de su cerveza, le contó a su amigo todo lo que paso con Pacifica, obviamente haciendo uso de la versión oficial que ella misma había proporcionado.
-Sabes me he preguntado miles de veces, ¿qué mierdas ve Pacífica en mí? –esa era un pregunta recurrente para Dipper.
-Es tú irresistible cara de Nerd –decía Lu mientras le pasaba otra cerveza al castaño.
-No sé si fue desde lo de la Mansión o desde el Raromagedón, no lo sé, es sólo que por una razón siempre regresa a mí –él sabía que lastimaba a la rubia.
-Ella regresa a ti a pesar de que no la amas –le dijo su amigo.
El joven Pines se sintió terrible, sabía que era un imbécil con Pacífica pero no que fuera tan obvio para los demás. –Si… -hizo una pausa. –En verdad quisiera a amarla, pero no puedo…
-¿Entonces por qué estas con ella? –le preguntó Lu.
-Es complicado, pero cuando estoy con Pacífica puedo olvidar un poco todas mis mierdas –volvía destapar otra lata. –Ella me hace olvidar…
-Dipper… -ahora era Lu quién hacia una pausa. –Sé que sonara tonto pero yo siempre te he envidiado –Pines volteo a ver a su compañero. –Sí, envidio todo lo que tú tienes. Tienes una familia que te ama, tienes padres que se preocupan por ti, un par de tíos que cualquiera quisiera tener, que incluso darían su vida por ti. Cuando vine por primera vez a este pueblo fue gracias a mi tío Soos, él me entendía, él sabe lo que es crecer sin un padre, bueno al menos yo tengo a mi mamá y a mi abuela, pero aun teniéndolas a ellas me sentía solo. Ese verano no tenía muchas expectativas, y luego los conocí a ustedes y comprendí porque mi tío amaba este lugar, cómo no amarlo si aquí pude hacer amigos, ustedes nunca se fijaron en mi apariencia, en mi pasado o en mi condición social, no, simplemente fueron mis amigos. Si me hubieran dicho a los diez años que uno de mis mejores amigos sería una especie de príncipe austriaco, estoy seguro que hubiera mojado mi pantalón de tanta risa, y no por la idea principesca sino por el simple hecho de que yo pudiera tener amigos. ¡Pero carajo!, ese fue uno de los mejores veranos de mi vida, y entendí lo que me dijo el tío Soos, ustedes eran su familia por el simple hecho de cuidarse el uno al otro, Stan es para mi tío Soos el padre que nunca tuvo y él es exactamente lo mismo para mí. Tú y Marius son como mis hermanos, Grenda y Mabel como mis hermanas, incluso le gusto a Candy, en tan poco tiempo se han vuelto una familia para mí, soy tan feliz en este pueblo lleno de cosas raras –las palabras no le eran fáciles por lo que tuvo que detenerse un momento.
-Es por eso que no te entiendo Dipper, te quiero pese a tus defectos porque tú haces lo mismo, pero no te entiendo. Tienes a tus padres, a tus tíos, que por lo que entiendo Stan se enfrentó al Nacho volador con tal de protegerlos, si eso no es amor entonces no sé qué lo es. Nos tienes a nosotros, somos tus amigos y te amamos, ¿acaso no es suficiente para que no sufras solo? Tienes a la rubia que al parecer esta "desquiciadamente" enamorada de ti, y la tienes a ella, a tu hermana, a Mabel, estando juntos son y serán siempre una familia – Lu se acostó en el pasto.
Dipper se había quedado sin palabras, no sabía cómo responderle a su amigo. –Lu no es tan sencillo, hay muchas circunstancias que no conoces.
-DP, DP, a la mierda las jodidas circunstancias. Tienes razón no se muchas de tus razones, y estoy seguro que no me las dirás, pero Dipper –decía volviéndose sentar. –Eso no importa, tienes el aquí y el ahora, es tu responsabilidad lo que haces con tu miedos, tus culpas y tus errores, eres tú quien decide ahogarse o no en esa porquería. Utilizar a Pacífica para sentirte bien un rato contigo mismo, es algo muy pendejo y de cobardes… si Dipper eres un cobarde –esas palabras resonaron en su cabeza.
-Lu… -intentó decir algo pero un nudo en su garganta se lo impedía.
-Lo siento DP, creo que me excedí un poco, pero sé de lo que hablo, yo aún no puedo ver a mi ex -padrastro sin desear asesinarlo –decía intentado suavizar la situación.
-Tienes razón –por fin pudo decir algo. –Debo disculparme con Pacífica, ella nunca se mereció todo esto.
-Sin duda amigo, pero como te dijo Stan dale su tiempo –le ofrecía otra cerveza a Dipper.
-Lo sé –era demasiado pronto.
-¿Sabes que le falta a esta charla? – le preguntó Lu sonriente.
-No, no sé –respondió Dipper.
-Uno de los famosos e importados "cigarros" de Marius –dijo riendo.
-Es verdad, nunca me había reído tanto como aquella vez –recordó Dipper esa ocasión donde cuando por primera vez siendo amigos habían fumado mariguana juntos.
-Sip, hay que hacerlo, pero por hoy sólo será la cerveza –continuaron bebiendo un rato más, hasta que poco a poco fueron adormeciendo la conciencia.
Pudo oír los ligeros ronquidos de Lu, aún le quedaban dos latas de cerveza, así que decidió seguir viendo las estrellas un rato.
-Cobarde… -dijo lentamente para sí mismo. –Cobarde…
-¿Acaso no lo sabias ya? –le dijo una voz demasiado familiar.
-Bill-fue lo único que dijo, ahora ambos estaban en el Mind Scape. -¿Acaso tú no tienes una manera más original de aparecerte?
-PINO, mi querido Pino. ¿Siempre supimos que eras un cobarde? ¿Qué es lo que ahora te molesta tanto? –decía el triángulo amarillo colocándose frente a Dipper. –Además el blanco y negro es todo un clásico, no te quejes de mi entrada.
-¡Jodete Cipher! –respondió Pines mirándolo fijamente.
-¡Qué descortés de tu persona! ¿Ya se te olvido quién te ayudo? –Bill intentaba oírse dolido.
-¿Ayuda? ¡¿Qué clase de ayuda de mierda fue esa?! Eres un demonio bastante inútil –se quejó Dipper.
-¡Inútil! ¡Inútil! –Cipher comenzaba a desesperarse. -¿Quién crees que llevo la voz de Estrella Fugaz hasta ti?
-Eso no significa que dejes de ser un inútil –decía Dipper sonriendo.
-Pino eres tan arrogante, pero no dejare que un simple ser de carne me moleste –Bill volvía a ponerse frente a Dipper. –Quiero su nombre…
-EL QUE NO TIENE NOMBRE… supongo que eso explica bastante porque no lo recuerdo –seguía sonriendo.
-Pino, Pino, no romperás tan fácil un trato conmigo –agitaba su bastón. –Su nombre está entre tus recuerdos, necesitas buscarlo y dármelo.
-¿Por qué no simplemente entras a mi mente y lo tomas? –respondió Dipper con voz de fastidio.
-Reglas, reglas Pino, de no ser por ellas ya habría hecho mierda tu presumida mente. Sólo puede ser entregado por quien lo escuchó, y de esa manera llegará a mí.
-¿Qué pasa si jamás lo recuerdo? –le preguntó Dipper.
-Claro que regresara, su nombre vendrá a ti… y bueno tal vez desees no haberlo escuchado –dijo y simplemente se fue.
-Estúpido Bill –decia Dipper.
-¿Estúpido quién? –volvió a escuchar la voz de Lu.
-Estúpido… que yo soy bastante estúpido –intentó dar una explicación con una risa nerviosa.
-Creo que debemos regresar –decía Lu poniéndose de pie.
-Sí, no creo que Stan lo tome muy bien si llego tarde –él también se incorporaba.
El joven Pines dejó a su amigo en la casa de Soos, y luego se fue con dirección a la cabaña del Misterio, le gustaban esas noches tranquilas en medio del bosque. Faltaba muy poco para llegar, sin embargo pudo ver una silueta que se alejaba desde la dirección de la cabaña, él la reconoció fácilmente, era Wendy. Parecía alejarse a toda prisa, quiso ir tras de ella, pero no lo hizo, qué podría decirle además no estaba seguro de si venia de la Cabaña tal vez sólo tomó un atajo. Decidió seguir manejando.
Entró a la cabaña, estaba silenciosa, tranquila, llena de la serenidad del bosque. Eso era una de las tantas cosas que le gustaban de aquel lugar.
Fue hasta la cocina, realmente tenía hambre, lo bueno de que a Stan todavía le gustara cenar helados era que en la alacena siempre había una golosina para comer. Agarró la caja de galletas, vio sobre la mesa un volante que anunciaba el baile formal de Gravity Falls, nunca entendió porque la gente adoraba ese tipo de cosas, lo más probable es que su hermana se emocionara ante la idea de ir. Recordó a Mabel, sintió como el hueco en su estómago crecía, no deseaba pensar que ella en esos momentos estaba con Gideon, subió en silencio hasta el ático ya que seguramente Stan y Ford estaban dormidos.
Seguía comiendo galletas, ya solo le faltaba atravesar el pasillo donde estaba la ventana en la gustaba sentarse a trabajar. La vio, ahí estaba ella, sentada abrazando sus piernas mientras miraba por la ventana. Era tenue la luz que se filtraba por ventana, así bajo esa clara incandescencia Mabel parecía un sueño, para los ojos de Dipper ella era perfecta, la seguía mirando con detenimiento, y su corazón comenzaba a acelerarse y volvía a darse cuenta de lo mucho que la amaba. Sin embargo no pudo evitar notar un poco de nostalgia en su mirada, y en los pequeños suspiros que dejaba escapar.
-¿Mabs? –dijo para que ella volteara.
-Dipper –respondió un poco sobre saltada, soltó sus piernas y le preguntó a su gemelo. -¿Cuánto llevas ahí?
-Creo que yo te podría preguntar los mismo –decía Dipper rascándose un poco la cabeza.
-No mucho tiempo en realidad –contestó Mabel sonriéndole de la manera infinita en que ella lo hacía. –Ven siéntate conmigo –dijo golpeando un poco los cojines donde estaba sentada.
Dipper sonrió y fue hasta Mabel. Se sentó a su lado por un momento ninguno dijo nada, únicamente existió un cómodo silencio, su gemela recargó su cabeza en el hombre del castaño, a él le gustaba que estuvieran así, juntos, simplemente juntos, que no hubiera nada entre ellos y eso incluía a las palabras.
-Siempre me gusto este lugar –decía Mabel. –Aquí me gustaba venir a pintar, podía ver el bosque, al tío Stan y al tío Ford, y sobre todo a ti sin que ninguno lo supiera. Mabel entrelazaba sus dedos con lo de Dipper.
-Para serte sincero a mí no me gusta tanto, me recuerda a ese chico loco de las marionetas, y la primera vez que hice un trato con Bill –respondió Dipper apretando la mano de Mabel.
-¿La primera vez? –la castaña había notado el tropiezo en las palabras de su hermano.
-Ya sabes a lo que me refiero, el asunto de "Bipper" y todas esas cosas. Mi mano me dolió el resto de la semana –contestó, pero evito ser concreto, ella no debía de saber que tenía un nuevo trato con Cipher. –Aunque debo de admitir que después de eso estuvimos más unidos, y eso me hizo muy feliz.
Mabel lo miró fijamente y volvió a sonreírle, Dipper inmediatamente se sonrojo. –Tienes razón, estuve una vez más con mi torpe favorito.
-¿Ahora eres feliz? –preguntó Mabel.
-No podría ser más feliz… ahora estoy contigo –eso jamás lo dudaría.
-¿Tú eres feliz Mabs? –era Dipper quien ahora preguntaba.
No hubo respuesta, ella sólo asintió con la cabeza mientras acortó la distancia entre sus bocas, el aliento de Mabel de deslizó lentamente entre su labios, era dulce y cálido la igual que sus labios. No era un beso apresurado, no, fue un beso tranquilo y sin prisas, un beso que deseaba llenarse de los sentimientos del otros. Dipper sujetó el rostro de Mabel con ambas manos, profundizando más el beso, necesitaba sentir que ella no se escaparía entre sus dedos, que lo que entre ellos existía era real.
Dejó los labios de Mabel por un instante, verla así con los ojos y la boca entre abiertos, deseando un poco más era una imagen que necesitaba guardar para siempre.
-Mabel… te amo tanto –volvió a besarla.
-Yo también te amo –respondió Mabel entre el beso que comenzaba.
Fueron recostándose lentamente, Mabel cruzó sus brazos sobre el cuello de Dipper, sus besos ahora eran profundos y apasionados, jugaban con sus lenguas, mezclando el sabor de cada uno, cada vez era más difícil mantener el aliento. Las manos de Dipper comenzaron a dibujar lentamente la figura de su gemela, acariciando milímetro a milímetro cada parte de su cuerpo, sintiendo su suavidad y calidez de la piel de su gemela, y como esta se erizaba ligeramente ante cada toque. Ahora su cuerpo se encontraba sobre el de Mabel, sus piernas estaban entrecruzadas, las piernas de la castaña estaban descubiertas, totalmente a su alcance. Todos sus sentidos estaban alertas, podía sentir su perfume llenando sus sensaciones, sentía como le pecho de Mabel se elevaba lentamente entre cada respiración entrecortada, y podía escuchar los ligeros gemidos que se escapan de sus labios, además de poder saborear su boca y sus labios, podía sentirla, sentirla sólo para él.
-Mabs… -dijo deteniéndose por un minuto. –Hay que parar o los tíos podrían descubrirnos.
-No están, salieron al viejo bar de motociclistas, y ya sabes lo que eso significa –le contestó con una sonrisa traviesa.
-Que llegaran hasta la mañana –dijeron los dos al mismo tiempo.
Ambos sonrieron, esa noche nada los detendría, la eternidad era para los dos. Mabel reclamó una vez más los labios de Dipper, también le quitó la gorra y comenzó a jugar con su cabello. Él continuó besándola, saboreando su lengua y mordiendo ligeramente sus labios, cada fibra de su cuerpo le gritaba que avanzara, pero no había prisa, no quería que sus miedos y su moralidad lo detuvieran de nuevo, él deseaba estar tan embriagado de Mabel que no pudiera pensar en otra cosa que no fuera ella.
Sus labios dejaron la boca de Mabel por un instante y ahora estaban en el cuello de la castaña, lo besaba suavemente dejando ligeras marcas rojas, sus manos seguían acariciando las piernas de su hermana las cuales ahora se encontraban alrededor de su cintura, ella había metido sus manos debajo de la playera de Dipper para poder aferrarse a la espalda de su gemelo. Las temperaturas de sus cuerpos habían ido aumentando, ambos necesitaban un poco más, deseaban continuar.
-Llévame al ático –Mabel le susurró lentamente.
Dipper la alzó en sus brazos, era bueno que ahora fuera más alto que ella y que algo de sus tíos estuviera surgiendo en él.
La dejó en la su cama, lo bueno es que esa mañana había recogido un poco la habitación, fue hasta la puerta y la cerró.
-Paranoico –escuchó la voz de Mabel.
-No lo puedo evitar, es parte de mi personalidad –decía con una ligera sonrisa.
Quedó frente a su Mabel, que se sentó en la orilla de la cama. Una vez más se miraron en silencio, sonriendo el uno para el otro. Eliminado la distancia invisible que siempre los había separado. Dipper la miraba, se perdía en sus infinitos ojos verdes, en su sonrisa sincera, y el vacío de su pecho desaparecía. Se preguntaba cómo era posible amarla tanto, cómo es qué algo tan incorrecto podía hacerlo feliz.
-Desearía que esto fuera lo correcto –las palabras que se escaparon de sus labios eran ciertas pero llenas de incertidumbre, por un momento temió haber arruinado todo.
Mabel se levantó, ahora era ella quien sujetaba con sus manos el rostro de su gemelo para pudieran mirarse fijamente.
-Dipper… ¿Qué es lo correcto? – y volvió a besarlo. Él sólo sonrió, ella siempre tenía las palabras correctas.
Continuaron besándose, Dipper sujetó el suéter de Mabel y se quitó lentamente, ella hizo lo mismo con su sudadera y la camisa de su gemelo, las ropas que aún traían puesta quedaron en el piso.
Sus cuerpos se atrajeron suavemente, como si toda su vida hubieran esperado ese momento, suavemente quedaron sobre la cama, los besos continuaban, con cada uno de ellos podían sentir al otro y sentirse a sí mismo. Las manos de Dipper ahora acariciaban con total libertad el cuerpo de Mabel, ya no existían las barreras, viajaba desde su espalda siguiendo la columna vertebral de la castaña hasta sus nalgas, ahí se detenía para apretarlas y dejar ligeras marcas de sus dedos, después continuaba con sus piernas para volver a subir. Su calor se unía al igual que su sudor, Dipper fue al cuello de Mabel para besarlo y desde ahí bajar lentamente, besó sus clavículas para seguir hasta los senos, su lengua dio un ligero lengüetazo al pequeño pezón de Mabel, lo cual provocó que un gemido se escapara de su boca. Lamía, acariciaba y mordía ligeramente los pechos de Mabel alternando entre cada uno, le fascinaba sentir como el cuerpo de su gemela reaccionaba ante cada toque, como ahora sus gemidos inundaban la habitación.
Mabel rasguñaba ligeramente la espalda de Dipper, mordiendo sus labios para atenuar sus propios sonidos. El castaño siguió avanzando, ahora besaba el estómago de su gemela, mordiéndolo ligeramente, dejando marcas invisibles, la huella de que él estuvo ahí. Mordisqueo las caderas de Mabel, avanzando lentamente hasta su pubis mientras escuchaba como ella gemía su nombre.
Dipper separó las piernas de Mabel, ella por un momento se sintió apenada, él la miraba tan fijamente que todo su rostro se cubrió de rojo.
-No… es necesario que hagas eso –dijo Mabel.
-No sabes cuánto tiempo llevo deseándolo –le decía Dipper mientras separaba un poco más sus piernas.
Sintió como Dipper comenzaba besando y mordiendo la parte interior de sus muslos, al sentir cada vez más cerca el aliento de su hermano temblaba de placer, una descarga eléctrica la recorría con el roce de la incipiente barba de su gemelo contra su piel. Un enorme gemido se escapó de sus labios cuando por fin la lengua de Dipper comenzaba a explorarla, Dipper se tomaba su tiempo, quería saborearla, deleitarse con el sabor de Mabel, con sus gemidos, con su voz pidiéndole un poco más. Recorría toda su entrada con suavidad, para después utilizar su lengua para penetrarla ligeramente mientras usaba sus dedos para acariciar el clítoris de Mabel. La espalda de la castaña se arqueo instintivamente cuando el orgasmo se apoderó de ella, su mente estaba en blanco, no había nada que pensar, sólo debían de continuar. Dipper se levantó limpiando ligeramente sus labios, aun saboreando a su hermana en su boca, la miró, sus ojos se encontraban cerrados, su cabello estaba revuelto y su frente sudorosa, así como su pecho bajaba y subía rápidamente. Al verla así no pudo evitar tocarse, su propia excitación demandaba ser atendida, había hecho uso de su mejor autocontrol ya que le bastaba con simplemente verla desnuda para terminar.
-Eso… que haces… no es justo –dijo Mabel con la voz todavía temblorosa.
Mabel lo jaló de la mano, ahora él estaba sentado en la orilla de la cama, ella estaba arrodillada frente a él. Dipper se sonrojo, descubrió las intenciones de su gemela en la sonrisa que esta le había dado.
-Mierda… Mabel… eso se siente… maravilloso –fue lo último que pudo decir antes de que sus palabras se volvieran simples gemidos. Mabel recorría con su lengua toda la extensión de Dipper, recorriendo todo su eje, disfrutaba del sabor ligeramente salado, se detenía en la punta y la lamía en su totalidad. Le gustaba saber que era ella quien ahora tenía el dominio, sentir como Dipper temblaba cuando se sentía atrapado en la calidez de su boca, como su nariz se podía totalmente roja cuando sus ojos se encontraban, como sus palabras se cortaban al pedirle que fuera más profundo. Dipper estaba completamente extasiado con esa visión, detenía el cabello de Mabel para no perderse ni un momento, los ojos ligeramente llorosos de su gemela, como de la comisura de su labios un ligero hijo de saliva se escurría, escuchar esos sonidos obscenos que hacia cada vez que lo tenía totalmente dentro de su boca. De seguir así terminaría pronto en la dentro de la boca de Mabel, de la cálida, estrecha y exquisita boca de Mabel. Pero esa no era su intención, así que la detuvo, la levantó, le sonrió y volvió besarla, una vez más Mabel estaba recostada en la cama, Dipper sacó de su mochila que estaba tirada al lado de la cama un paquete de preservativos.
-Siempre estás preparado para todo ¿verdad? –decía Mabel con una ligera sonrisa.
-Claro que si DomDom –dijo mientras se ponía el condón.
-Hazlo para mí… déjame entrar –Dipper uso su tono más seductor.
Mabel abrió lentamente sus piernas, deslizó pausadamente su mano hasta llegar a su vagina, separándola ligeramente con sus dedos.
-¿Así te gusta DipDip? –su voz resultaba tan sensual.
-¡Carajo! Es perfecto –Dipper se colocó entre las piernas de Mabel y comenzó a penetrarla lentamente, miraba los ojos de la castaña, no quería perderse la expresión de su rostro cuando por fin fueran uno. Aquella sensación lo llevó al paraíso, era cálido, estrecho, era jodidamente placentero, era un sueño, era mil cosas, pero sobre todo era ella, era su Mabel.
Comenzó a moverse, le resultaba hermoso, fascinante, casi hipnótico ver como los pecho de Mabel rebotaban con cada uno de sus movimientos. Escuchaba los gemidos de Mabel, era tan erótico verla morder sus dedos para acallar un poco voz, la castaña reclamó los labios de su gemelo, se besaron de manera apasionada, enrollando sus lenguas, saboreándose una vez más. Mabel enredo sus piernas alrededor de la cintura de Dipper, mientras a la par se sujetaba de la espalda de este únicamente con la intención de pedirle que fuera más rápido. Dipper lo hizo al escuchar tal petición a su oído, cada estocada era más rápida y profunda, había dejado los labios de Mabel para volver a lamer y mordisquear sus pechos, enredaba su lengua en los pezones de su gemela para después morderlo, podía sentir que la hacer esto su interior se estrechaba un poco más. Él estaba en su límite.
-Mabs…yo…ahhh, yo… voy a terminar –dijo entre jadeos.
-Yo… también –respondió Mabel con ligeros gemidos entrecortados.
-Di mi nombre, mi nombre… dilo –decía mirándola a los ojos.
-Mason, Mason, Mason…Mason te AMO –los labios de Dipper buscaron los de Mabel, y así juntos llegaron al orgasmo. Fue un segundo donde todo se detuvo y se llenó de electricidad, tal vez terminarían quemándose, consumiéndose por eso que sentían, más bien por eso que no debían sentir, nunca volverían a verse a sí mismos sin odiarse un poco. El estar juntos los rompía, desgarraba ligeramente sus almas y su cuerpo, sin embargo eso no importaba, podían hacerse mil veces pedazos una y otra vez, recogiendo los trozos de cada uno, para volver a empezar aunque nada volviera ser igual porque siempre se tendrían el uno al otro.
Dipper acomodo su cabeza en el hombro de Mabel, sus respiraciones todavía eran irregulares, pero se sentía tan bien estar con ella, sentir su piel y su calor, llenarse de su olor, tenerla únicamente para él. Hubiera querido permanecer así para siempre, pero no era posible, salió de Mabel, se quitó el condón usado y lo envolvió en papel de balo para después tirarlo a la basura. Se recostó al lado de Mabel, ambos se metieron entre la cobijas, Dipper la abrazaba por la espalda, besando sus hombros, diciéndole al oído lo mucho que la amaba.
-Yo también te amo Mason –a Dipper nunca le agradó mucho su nombre sin embargo en los labios de Mabel simplemente sonaba perfecto.
-Sabes Mabs, en una semana es el baile formal de Gravity Falls… mmm… me estaba preguntando si quisieras ir conmigo –decía un poco titubeante.
Mabel se volteó emocionado, Dipper pudo ver como sus ojos se llenaban de alegría. -¿Me estas pidiendo un cita Sir Diplomacia?
-Supongo que si –respondió Dipper un tanto avergonzado.
-Sí, me fascinaría ir contigo al baile –ahora se abrazaban frente a frente. Un vez más se besaban, lento, tranquilos, entre pausas para decirse lo mucho que se amaban para la final dormir tranquilamente con sus cuerpos entrelazados.
Dipper estaba consciente que las palabras de Lu eran ciertas, que no resultaba ser más que un asqueroso cobarde, que decidió ocultar sus propios sentimientos sin importarle lo mucho que lastimaba a Pacífica. Sin embargo lo único que resultaba claro, era que no estaba dispuesto a perderla, lucharía por estar a su lado, aunque el precio fuera enfrentarse un vez más a Bill Cipher, él estaba dispuesto a pelear. Ya que por ahora tenían lo efímero, lo nacido de amor que sentían, no existía la certeza pero tampoco la incertidumbre, en esa vieja cabaña que había sido testigo de cosas innombrables, dentro del ático que vio crecer su amor, el mundo desaparecía y podían ser solamente ellos dos, sin pasado ni futuro, existir a la deriva simplemente para amarse.
Porque a la mañana siguiente todo debía continuar…
FIN DEL CAPÍTULO
Notas de la Autora:
Bueno antes de comenzar quiero agradecerles el seguir leyendo esto, sé que no actualizo tan seguido, y que eso genera frustración bueno al menos eso a mí pasa. Pero como ya lo dije anteriormente me gusta tomarme mi tiempo para que cada capítulo aporte algo, les reitero no teman no abandonare esto por nada del mundo, ya que cada uno de sus comentarios me hace seguir. Yo sé que no me caracterizo por responder reviews pero hoy me tomare esa cortesía.
DianaLaHumana: Gracias por leerme, me hace feliz que te agrade mi historia. En los siguientes capítulos se aclararan varias cosas, y se abrirán otras, lo que si te puedo asegurar es que Dipper pago/pagara el precio porque todo en esta vida lo tiene estemos dispuestos a pagar o no.
Guest (20 de octubre): Todavía lo de la cueva no está aclarado, y como lo dije Dipper conocerá el precio. Lo siento no abra Stancest, pero si hay por ahí planeada una sorpresa con Stan.
Insane Wise-man: Porque dejo que la besara, bueno es muy fácil Dipper como Ford son lógicos, el entendió que gracias a Gideon su hermana estaba a salvo, que una escena de celos únicamente traería drama innecesario, además estaba seguía en shock por Pacífica porque pese a todo ella le importa. El precio no se puede evitar.
Guest (22 de septiembre): Gracias por leerme, espero que este capítulo no te haya decepcionado.
AngiieHerondale: Gracias también a ti, no estoy segura si pueda ser una continuación, pero lo que siempre busque y busco es darle seriedad al tema ya que aunque es un amor correspondido no deja de ser incesto, por lo que pienso que tiene mucho más repercusiones emocionales que un simple "te amo, cojamos". Una vez más gracias por leerme.
Alice W. Queen: No es capítulo donde se resuelvan muchas dudas, pero era necesario avanzar en la relación de Dipper y Mabel, espero no haberte decepcionado. En su momento muchas cosas se aclararan.
Slash Torrance: Que te puedo decir a ti mi querido "Young boy" si por ti comencé a escribir, bueno sí que te he stalkeado un poco por face. Jajajaja, gracias por no abandonarme, espero que te gustara el capítulo.
Casery Blood: Tanto Pacífica como Gideon tienen papeles importantes en esta historia, espero que lo que pase con ellos te sorprenda. Tanto Pacífica como Mabel entienden el amor, sólo que cada una a su manera. En poco descubriremos la perspectiva de Mabel sobre todo lo que ha ocurrido, y lo que oculta la rubia, y si es cuando todo ardera. Gracias por leer esta historia.
Y gracias especiales a Byakko Yugure, lo que me dejaste inbox simplemente tocó mi alma, gracias por compartirlo. Espero algun día saber el final de esa historia.
Que tengan un buen fin de año, una vez más gracias a ti que te das el tiempo de leer esto.
GRACIAS POR LEER Y ESPERO SUS COMENTARIOS.
