AQUELLO QUE SE HA ROTO
CAPÍTULO XIV
En efecto los tíos llegaron ya casi medio día, los gemelos conocían el bar de motociclistas, no era nada del otro mundo, incluso Dipper los había acompañado junto con Soos, debía de admitir que su cerveza local era una maravilla, sin embargo, los dos castaños estaban seguros que tanto Ford como Stan adoraban ir a pelear a ese lugar.
Dipper le dijo que la noche que los acompaño fue Stan quien inicio la pelea, casi siempre los que caían eran "turistas" ya que lo pobladores sabían de sobra lo que los Viejos Pines podían hacer. Tropezó accidentalmente con alguien, Dipper pudo darse cuenta de que lo hizo a propósito, después de todo el forastero tenia horas comportándose como un imbécil. No fueron necesarias muchas palabras, Stanley actuaba como anciano despistado, queriendo provocarlo, buscando que el tipo fuera quien lanzara el primer golpe y así fue.
- ¡Anciano hijo de Puta! –decía aquel tipo ya que Stan había evitado su golpe.
-Pero si únicamente soy un viejo –contestó Stan con esa sonrisa que lo caracterizaba.
Al escuchar esto los acompañantes del hombre se levantaron, Ford, Soos y Dipper habían observado todo lo ocurrido desde la barra, fue un movimiento casi involuntario, los tres ahora se encontraban de pie. Ford los miró y sonrió, Soos se acomodó la gorra y Dipper se limpió la frente, sin pensarlo fueron hasta el lado de Stanley.
Eran muchos más que ellos, un grupo de jóvenes idiotas que buscan aventura fácil en el camino, una sensación de miedo, náuseas y adrenalina subió desde el estómago hasta la cabeza de chico Pines.
-Jóvenes, si quieren un buen consejo sigan su camino –decía Ford con la misma sonrisa de su gemelo.
-Lo que nos faltaba otro anciano idiota –contestó uno de los sujetos. - ¡Les vamos a quitar esa sonrisa pendeja del rostro!
-Fueron advertidos – respondió Ford, y apretó sus puños.
-Esto se va estará interesante –le dijo Soos a Dipper, este sólo asintió.
-No nos hagan de reír que pueden hacer un par de viejo, un obeso y un enano –dijeron riéndose.
-Averigüémoslo –decía Stan mientras hacia una señal de que los estaban esperando.
De repente estaban rodeados, los golpes venían de todas direcciones, por un instante Dipper quedó maravillado, esos tres hombres con los que tanto había convivido peleaban con gran maestría, sintió que pensar eso era estúpido, pero realmente eran una obra de arte en movimiento. El que más le sorprendió fue Soos, sabía que esos sujetos no eran rivales para sus tíos, después de todo Soos trabaja desde pequeño con el tío Stan, recuerda que este le dijo que era como su padre, que le enseño tantas cosas, entre ellas a defenderse. Pero el Nuevo Señor Misterio tampoco la tuvo fácil, era un pueblo pequeño, con viejas costumbres, y ser el hijo bastardo de un "gringo" nunca ayudo demasiado. Ese era el hombre más amable que Dipper conocía y ahora estaba dándole una paliza a dos tipos al mismo tiempo, una enorme sonrisa se dibujó en su rostro, mierda él se sentía orgulloso. Por un segundo y un milímetro pudo esquivar el golpe que iba directo a su rostro, estar ensimismado durante una pelea no era la mejor idea, así que tuvo que ocuparse por sí mismo, no era la primera vez que lo hacía, pero en la escuela después de unas cuantas narices rotas dejaron de molestarlo. Stan tenía razón sus golpes eran torpes, sin técnica, únicamente una descarga de adrenalina, además Ford le dijo ve a los puntos vitales, sácalos de combate lo más rápido posible, aunque Stan siempre le dijo "disfruta de una buena pelea". Golpeó al sujeto en la mandíbula, después en la boca del estómago, este cayó de rodillas, Dipper aprovecho para estrellar la cara del hombre contra su rodilla, el tipo simplemente se desmayó.
Pudo escuchar los gritos de todos los motociclistas que los vitoreaban, volteó a ver a los demás, para percatarse que los tipos pedían clemencia. Se fueron avergonzados ante su derrota, además de tener que pagar todos los destrozos hechos en el lugar, los cuatro hombres fueron hasta la barra y pidieron otra cerveza.
-Stan, ¿hasta cuándo dejaras de joderle a los forasteros? –le preguntó el cantinero a su tío.
-No lo sé Johnny, porque en verdad es divertido, además no lo puedes considerar un bar de motociclistas sin una buena pelea –respondió Stan para después beberse de un sólo trago su cerveza.
-Tienes razón, además me sorprendió brazos de espagueti. No imagine que tuviera tan buen "punch" –dijo el cantinero señalando a Dipper.
-Por supuesto Jonathan, Dipper además de inteligente es un excelente peleador. La combinación perfecta de estos dos Pines –decía Ford abrazando a su sobrino.
-Exacto Señor J, muy pronto todas las nenas de este pueblo estarán tras él –añadió Soos mientras también lo abrazaba.
Esa fue una noche casi perfecta, llena de anécdotas de todas las especies, alcohol y muchas risas, fue la primera borrachera que compartió con los hombres de su familia, únicamente deseo que su padre hubiera podido verlo, si verle siendo un chico normal.
Dipper tenía tantos recuerdos de ese lugar, de tantos momentos felices, aunque le doliera admitirlo en ese lugar aprendió a que podía ser feliz, con las personas que le rodeaban tal vez porque ahí más que en otro lugar podía estar con ella. Dejar un tanto de lado el escrutinio público, mirarla más tiempo de lo necesario, tomar sus manos unos cuantos segundos extras, respirar su olor, perderse en ella mientras hacía algo tan sencillo como el almuerzo.
El ruido del motor del Stanmovil lo sacaba de la ensoñación en la que estaba desde hace unos minutos, ambos escucharon las risas estruendosas de sus tíos, se alegraban de que estuvieran felices, después de todo ese era también para ello el último verano que en mucho tiempo pasarían juntos, sobre todo en Gravity Falls.
Los dos Pines mayores entraron a la cocina, se sorprendieron de encontrar la mesa puesta y sus dos sobrinos ahí esperándolos.
-Estamos esperándolos para comer –dijo Mabel quitándose el mandil que llevaba puesto. –Claro primero tienen que lavarse las manos.
- ¡Qué maravilla calabaza! ¿Cómo sabias que moríamos de hambre? –decía Stan yendo hacía el lavabo.
-Pues no se necesita ser un genio para saberlo, además esos moretones en la cara del Tío Ford dicen que no se portaron bien –contestó la castaña mirando fijamente a su otro tío.
-Nos atrapaste Mabel, ya sabes unos cuantos cretinos, pero nada de importancia –señaló Ford, quien ahora se lavaba las manos.
-Debieron invitarme –decía Dipper sonando un poco decepcionado.
- Ya será para la próxima, además supongo que tú y Mabel se la pasaron bien –decía Stan, al escuchar esto ambos no pudieron evitar sonrojarse levemente.
-Si –contestó tímidamente Dipper.
-Ya saben pasar tiempo de gemelos –añadió Ford que ahora también se encontraba sentado en la mesa.
-De hecho, esa es la idea Tío Fordsie, pasaremos todos estos días con nuestros amigos haciendo un montón de locuras adolecentes –Mabel les daba una taza de café a cada uno.
-Espero que esas locuras no vuelvan a incluir agentes del gobierno –señalo Stan dándole un sorbo a su café.
-Es una promesa –dijo Dipper mientras servía los platos de comida.
-Después de todo ya no son muchos mis nuevos prototipos para sobornar al gobierno –Ford tomaba una tostada.
-Lo siento Ford, pero en cuanto trabajemos juntos prometo crear las cosas más locas jamás imaginadas –decía Dipper con autentico entusiasmo.
-Si tus planes incluyen robots gigantes te enviare directamente al departamento que dirige Fidds –respondió con una ligera risa.
La mañana siguió su curso, haciendo tal y como lo había dicho Mabel cosas de adolescentes. Por fin después de mucho tiempo sus tíos les habían devuelto sus celulares así que podían llamar a sus amigos, si bien ni Ford o Stan se sentían tranquilos con respecto a que volvieran a salir solos no tuvieron muchas alternativas ya que después de todo ese sería su último verano juntos. Esa misma tarde habían ido al cine y al centro comercial con sus amigos, después al viejo acantilado a ver las estrellas y beber un poco, tanto Candy y Grenda querían cada detalle de la aventura de los Pines así que no dejaron ni un minuto a Mabel. Los chicos se divertían diciendo locuras, haciendo retos bobos como recitar el himno nacional con eructos, Marius era en ganador invicto, al parecer ese era uno de sus talentos innatos.
Los días trascurrieron lentos, calmados y divertidos. Sus tíos se dieron cuenta de que en efecto no estaban haciendo algo que necesitara su intervención, por lo que les dieron más libertad, después de todo ya no eran unos niños.
El hecho de ya no ser pequeños era algo de los que ambos estaban conscientes, sobre todo ahora, en esos días, en esos momentos. Dipper siempre deseaba poder estar un poco más con ella, un instante más de intimidad, un segundo extra del beso con el que solía despertarlo. Deseando que las horas en las que se ahogaran haciendo el amor fueran eternas, mirarla por siempre, recorrer su piel desnuda mientras dormía a su lado, contar cada una de sus respiraciones, seguir exhalando su aroma, acariciar su rostro mientras con los labios entre abiertos espera ansiosa otro beso.
Dipper la seguía mirando, esperando, únicamente queriendo tener todo de ella, pero eso tal vez nunca podría ser, por eso sonreía mientras ella reía al lado de sus amigas, a él siempre le basto simplemente verla feliz.
Esa noche estaban todos en la cabaña de Marius, si bien no era una mansión al estilo Noroeste si era un lugar con muchos lujos, además de que estaba libre de supervisión adulta, por lo que habían organizado una pequeña fiesta. Habían invitado a Wendy y su grupo, sin embargo, ellos se habían negado alegando el hecho de que Robbie tenía una función con su banda en las afueras del pueblo, era una lástima, aunque en el fondo Dipper se sintió aliviado, todavía no estaba seguro de como actuaría frente a Wendy, podía buscar una excusa patética como el decirle que se encontraba completamente borracho, pero eso no funcionaría después de todo la pelirroja lo conocía muy bien.
Únicamente serían ellos seis, una fogata, comida, muchos dulces, cervezas y música, auguraba ser una buena noche. Las chicas tenían un rato lanzado fuegos artificiales, mientras que Dipper, Marius y Lu tenían rato discutiendo sobre la Segunda Guerra mundial, fue divertido descubrir que los tres eran apasionados de la historia.
- ¡Por Dios! ¿Por qué tiene que ser tan nerds? –dijo Mabel mientras iba por una bolsa de bombones.
-No somos Nerds –contestaba Lu –somos admiradores de las buenas estrategias.
-Así es Señorita Mabel, la guerra es una estrategia, la vida está llena de estrategias. Esa es la mejor forma de lograr las metas en la vida –añadió Marius con su tono más solemne.
-Esa aseveración mi querido Señor Fundshauser nos dice que los humanos estamos en constante guerra, ya que, si la guerra es estrategia y al mismo tiempo la estrategia es parte inherente de la vida, llegamos a la conclusión de que la vida podría ser considerada un sinónimo de guerra –decía Candy mientras ponía tres malvaviscos y una salchicha en un solo palito.
-Ahora que la suena como una Nerd eres tú –se quejaba Grenda arrojando unos cuantos leños a la fogata.
-Tal vez la guerra y la muerte sea parte de la naturaleza de los hombres –los cinco chicos restantes voltearon a ver al dueño de estas palabras.
- ¿Realmente lo crees Mabel? – le preguntó Lu.
-No es que como que los humanos estamos destinados a matarnos los unos a los otros, pero el caos y la destrucción traen consigo un nuevo inicio, es como cuando borró una de mis pinturas, ya no existe la armonía de los colores, sólo manchas sin sentido que ha dejado el disolvente, pero eso me permite crear algo nuevo, algo mucho más hermoso –terminó de decir sintiéndose algo apenada.
-Como en el Raromagedón, si ese triángulo loco no hubiera destruido el pueblo no nos hubiéramos dado cuenta de lo que éramos capaces de hacer –decía Grenda tomando la mano de su novio.
-Exacto –Mabel sonrió un poco.
-Nos permite modificarnos, nos permite cambiar, ser mejores –continuó diciendo Candy. –Es como volver a empezar.
-Tal vez todos necesitamos un poco de caos en nuestra vida –terminó diciendo Dipper.
Todos los adolescentes guardaron silencio por unos minutos, después de todo era parte de ser joven, el sentir no pertenecer a ningún lado, estar en un constante sin sentido, y seguir sólo seguir porque sigues estando vivo.
-Crecer es un asco –dijo Lu bebiendo dándole un enorme trago a su cerveza.
-Así es –dijeron todos al unísono.
La noche continuaba, escuchan los tontos planes de que harían en su último año en preparatoria. Los planes no eran nada elaborados, después de todo Jersey, Piedmont o Viena no eran muy distintos a la hora de hablar sobre la escuela.
-Me jode bastante tener que estudiar lejos de mi *Kleine Kuchen –se quejó amargamente Marius. –Es absurdo que mis padres me lo impongan como condición para poder estudiar la universidad en Estados Unidos.
Los chicos sabían que hablaba en serio, sobre todo cuando se dejaba llevar un poco y dejaba de lado su habitual compostura.
-No te preocupes nene –decía Grenda besando la mejilla de su novio. –Yo te estaré esperando, aunque no te prometo dejar de ver a los chicos lindos de las revistas.
Todos comenzaron a reír, ese era su último verano juntos, aunque por ahora únicamente lo sabían los gemelos Pines.
Dipper tomó una gran bocanada de aire, después de todo esos chicos no sólo eran amigos de Mabel, también lo eran de él, tarde o temprano lo sabrían, esa era su decisión, estaba seguro de que no podía equivocarse.
-Yo iré a Alemania con Ford –dijo con la intención de que todos escucharan.
- ¡¿Qué?! –dijeron los adolescentes al escuchar las palabras del castaño.
-Sí, decidí ser ayudante del tiempo completo de mi tío Ford –le daba un trago a su cerveza.
-Si el Señor Pines sigue molesto por el asunto de asunto de la Señorita Pacífica podemos hablar con él –decía Marius con auténtica preocupación.
-Si DP, si los Señores P quieren mandarte lejos como castigo no los dejaremos –señalaba Lu tocando su hombro.
-De hecho, yo lo decidí –dio un largo suspiro. –Creo que es tiempo de seguir, de avanzar, de tener otras aventuras. Aghhh, lo que quiero decir es, que por más que ame este lugar y a todos ustedes, debo continuar, seguir aprendiendo y sé que estar con Ford es lo mejor que puedo hacer.
-Lo sabemos –sintió las manos de sus amigos sobre sus hombros, se sintió tonto, pero en ese momento estuvo a punto de llorar.
- ¿Mabel y tú qué piensas al respecto? –le preguntó Candy a su amiga que había permanecido callada todo ese tiempo.
Permaneció callada por un momento. –Lo apoyo, es su decisión. Claro que lo extrañare, Dipper es mi gemelo, mi mejor amigo y lo quiero. Pero si esta esto es lo que quiere no puedo detenerlo, alejarse también es parte de crecer.
Candy y Grenda la abrazaron fuertemente, Mabel se sintió afortunada de que nadie más pudiera oír sus pensamientos, probablemente estarían decepcionados de ella y eso incluía a Dipper.
-Bueno, en visto de que este será nuestro último verano juntos debemos celebrar –decía Lu juntando un motón de juegos artificiales.
- ¡Ya sé! –dijo Marius. –Esperen un poco –y entró rápidamente a la casa.
Dipper y Lu construían una especie de estructura metálica con unos viejos cacharros que traían en la camioneta de Soos, las chicas admiraban el cielo hablando de cosas sin sentido cuando algo de lo que dijeron llamó su atención.
-Mabel y Gideon se mudará a California como acordaron –le pregunto Grenda vigilando con la mirada el regreso de su novio.
Esos eran los momentos en los que se odia a sí mismo, hubiera querido salir corriendo a reclamarle algo que simplemente no tenía sentido, eran novios. Además, el rubio haría cualquier cosa por ella, pero ahora estaban juntos, él se iría para que en unos cuantos años por fin pudieran estar juntos, que nada los separara, pero Dipper nunca le preguntó qué haría ella en California.
- ¡Hey DP! ¿Te encuentras bien? –la voz de Lu lo sacaba de su estúpido trance.
-Sí, es sólo que tengo muchas cosas que pensar –le respondió al otro chico.
-Bueno Candy –escuchó la voz de Mabel un poco nerviosa. –Gid y yo nos dimos un tiempo.
- ¿Qué? –dijeron las dos chicas al mismo tiempo.
-Sí, fue lo mejor. Gideon es un gran chico, un gran amigo, pero creo que siempre será eso un "amigo"-la castaña miraba al piso.
- ¿Cómo lo tomó? –le preguntó Grenda.
-Mejor de lo que hubiera imaginado, aunque la verdad no quiero seguir hablando de esto –decía Mabel aun evitando la mirada.
Las chicas ya no dijeron nada, aunque últimamente sentían que Mabel no les era del todo sincera, pero después de todo cada una tenían sus propios secretos.
- ¡Miren lo que traje! –le grito de Marius lo había hecho voltear a todos. Traía una botella de vino en su mano derecha y en la otra unos cuantos vasos de plástico.
-Esto es para celebrar nuestro último verano juntos –decía mientras todos se reunían.
Cada uno agarró un vaso, el joven Fundshauser descorchó con delicadeza la botella y le sirvió un poco a cada uno.
-Por este verano, por que sea el mejor de nuestras vidas –decía Lu alzando su vaso.
- ¡Por el mejor verano! –dijeron todos los chicos.
Siguieron bebiendo un poco más mientras seguían arrojando juegos artificiales, decían cosas sin sentido, reían hasta que les dolieran las costillas. Fue un momento maravilloso, conforme la noche avanzaba y la fogata se extinguía, los besos y las caricias de las parejas de adolescentes subieron un poco de nivel.
Si bien Marius y Grenda eran la única pareja formal, a este punto Candy y Lu eran mucho más que amigos. Por un instante los gemelos se sintieron abochornados, sin que se dieran cuenta se tomaban de las manos, jugando un poco, dejándose llevar por el calor de la piel del otro.
-Creo que debemos de irnos –dijo Dipper soltando a su hermana.
-No es necesario Dipper –contestó Candy sintiéndose un poco apenada por sus avances con Lu. –Aún queda comida y cervezas.
-Gracias Candy, pero Dipper tiene razón además si nos tardamos mucho los tíos se preocuparán y no queremos que tiren la puerta de la casa de Marius –respondió Mabel.
-Sí, eso sería realmente malo, no queremos que sus Tíos terminen estallando la cabaña–decía Lu bebiendo un poco más de vino y dejando escapar una leve risa.
-No lo harían, eso creo –dijo un tanto nervioso Dipper. –Pero, prefiero no arriesgarme.
Los gemelos se despidieron de sus amigos, haciendo unas cuantas bromas sobre el hecho de que se quedarían a solas.
La cabaña de Marius no estaba lejos, por mucho serían unos 10 minutos. Dipper puso en marca la camioneta, no les gustaba cunado sólo había silencio entre ellos, pero a veces eran necesario. Mabel iba mirando por la ventana, siempre le gusto el Bosque de Gravity Falls, aunque por las noches pareciera aterrador. Sintió como Dipper se salió del camino, entró a uno de terracería, en un instante estaban dentro del bosque.
-Dip, ¿qué pasa? –le preguntó Mabel un poco confundida.
-Si las cosas no hubieran cambiado, si tú y yo no estuviéramos juntos. ¿Qué habría pasado Mabel? ¿Qué hubiera pasado entre Gideon y tú? –le decía mirándola a los ojos.
- ¿Por qué haces esto? –respondió Mabel también mirándolo fijamente. –Lo dije en la fiesta, sé que lo escuchaste. Terminé con Gideon, ya no estamos juntos. Eso es lo único que te debería de importar –ahora su voz sonaba un poco temblorosa. –Él no se merece esto, no es el mejor chico mundo, nunca lo será y sin embargo a estado ahí para mí, amándome y yo –tuvo que detenerse un momento. –Y yo, y yo únicamente puedo quererlo como un hermano.
-Mabel –dijo Dipper como una voz casi silenciosa, se dio cuenta de que había abierto una herida.
-No crees que es estúpido Dipper, si tu siguieras enamorado de Wendy o de Pacífica y yo a Gideon, nada de esto estuviera pasando. Si los dos no fuéramos –se quedó callada.
- ¿Si no fuéramos qué Mabel? –Dipper apretaba fuertemente el volante.
-Hermanos –decía la castaña casi sin aliento, aunque lo que verdaderamente pensó se quedó dentro de su cabeza.
-Lo sé –Dipper hundía su cabeza en el volante. –Pero, así fue y seguirá siendo. No podemos hacer nada al respecto. Sin embargo, si tu no quieres continuar no te obligaré a nada.
-Yo no quise decir eso –sujetó la mano de su gemelo. –Decirte lo que realmente sentía es de las mejores cosas que he hecho en mi vida, no me arrepiento, pero, no dejo de pensar en mamá y papá, en los tíos, en todo.
-Perdóname, soy un idiota. Únicamente he pensado en mí, en mis propios miedos, y nunca considere como te sentías. Es que tú siempre te ves tan alegre, despreocupada. Eres tan diferente de mí, que a veces no te entiendo.
-Ni yo lo hago, tal vez en eso nos parecemos –le dijo Mabel con una pequeña sonrisa.
Dipper se acercó a ella lentamente, y comenzó a besarla, había deseado hacerlo durante horas. Sus labios eran perfectos, suaves y con un ligero sabor a fresa. Mabel correspondió sus besos, en el fondo ambos sentían envidia por sus amigos, por lo que ahora tenían Lu y Candy, por lo que desde hace varios años tenían Grenda y Marius, por lo que nunca tendrían ellos.
Sus besos iban subiendo lentamente de intensidad, sus bocas abrieron paso para que sus lenguas se encontraran, se saborearan una vez más. Las primeras veces que se besaron eran rápidas, furiosas, llenas de intensidad, de la necesidad de que aquello no fuera una mentira. Ahora estaban los dos, yendo lento, sin prisas, besándose con naturalidad, disfrutando del momento, no existía la urgencia, querían tomarse su tiempo.
Dejaron sus bocas cuando se hizo más que necesario respirar, Mabel se fue recargando suavemente en el asiento, estiró sus brazos, llamándolo. Dipper se recostó sobre ella, acarició su rostro. Es que ella era tan perfecta, esa sonrisa tan dulce, esos ojos verdes llenos de luz, toda ella parecía fuera de la realidad, del mundo, del universo, tal vez por eso su signo era la estrella fugaz.
Mabel tomó la mano de su gemelo que la acariciaba y la beso. - ¿Qué piensas Dip?
-En lo mucho que te amo –respondió sonriendo.
-Entonces pensábamos en lo mismo –dijo Mabel para una vez más besarlo.
Ahora Dipper besaba su cuello, dejando pequeñas marcas rojas, casi invisibles. Mabel acariciaba el pelo de Dipper, siempre le gusto que pareciera rebelde casi indomable, pero era suave, y se desenredaba entre sus dedos. Las manos del castaño fueron subiendo lentamente por las piernas de su gemela, acariciándolas una y otra vez, subiendo lentamente, surcando cada musculo, cada centímetro, hasta llegar a su cintura. Mabel le quitó su chaleco y levantó ligeramente su camisa, acaricia el estómago de su gemelo, jugando con el borde de sus pantalones, con la hebilla de su cinturón. La desabrochó lentamente al igual que el botón del pantalón del castaño, Dipper parecía hipnotizado con lo que ella hacía, pero una enorme descarga de placer lo trajo a la realidad, podía sentir la mano de Mabel jugando con él. Se sentía maravilloso, su mano era hábil, ahora su erección era completa, no pudo evitar gemir un poco.
-Eso es hacer trampa –le dijo al oído de su gemela.
- ¿Por qué? Acaso te tome con la guardia baja Dip –respondió Mabel acariciándolo un poco más.
-Mabs –decía con un gemido entrecortado. –Tendré que tomar venganza.
-Hazlo –le susurró la castaña.
Dipper levantó totalmente el suéter de Mabel, pudo ver el sostén rojo con encaje que llevaba puesto, también fue deslizado hacia arriba. Su boca fue directamente al pezón izquierdo de su gemela, comenzó a lamerlo suavemente, mientras que sus manos se habían deslizado entre las piernas de Mabel, la acariciaba sobre su ropa interior. La espalda de la chica se arqueó ligeramente mientras sonidos deliciosamente obscenos se escapaban de su boca, pero ella no dejó su tarea siguió jugando con Dipper, bajaba su mano acariciando toda su longitud, para subir y pasar la yema de su pulgar sobre la esponjosa y suave cabeza del pene del castaño, para sentir como el líquido pre seminal se escurría entre sus dedos.
Ahora era Dipper quien no podía concentrarse, tuvo que dejar el pecho de su hermana por unos segundos para templar su ánimo o terminaría corriéndose únicamente con las caricias de Mabel.
-Eso se siente muy bien –sus palabras se articulaban entre gemidos.
-Lo que tú haces tampoco se siente nada mal –contestó Mabel mientas mordía suavemente sus labios.
Dipper aprovecho eso para clavar profundamente sus dedos dentro de Mabel, al sentir esto ella dejo escapar un ligero gemido. Se sentía tan bien, tan jodidamente bien, que Dipper no se creía capaz de sentir aquello con alguien más. Era diferente a lo que sentía con Pacífica o con otras chicas, sabía que era a causa de Mabel, de por fin tener entre sus brazos a su gemela, a su hermana, a quien amo desde siempre. Las piernas de la castaña se cerraron en automático al sentir la intrusión, no podía evitarlo, a ese punto deseaba mucho más que unos cuantos toques.
-Por favor Dipper-decía con un gemido ligeramente suplicante.
- ¿Qué es lo que quieres? –respondió Pines, jugando un poco más con ella.
-Te necesito –dijo ahora sonando un poco desesperada.
- ¿Qué necesitas de mí? –le gustaba sentir que tenía el control.
-Por favor DP –la voz de Mabel era jadeante. –Te necesito dentro mí.
Al escuchar esto Dipper dejo de utilizar sus dedos, después de todo él también la necesita. Estaban confiados de que la hora y la soledad del bosque jugaban a su favor. Alcanzó su chaleco que estaba en el piso de la camioneta, de uno de los bolsillos saco un preservativo, se lo colocó mientras Mabel lo miraba ansiosa. Separó lentamente las piernas de su gemela, mirando con atención, deleitándose con lo que se escondía entre ellas, fue acomodándose, poco a poco, sin prisas, sintiendo como el calor de Mabel comenzaba a envolverlo, con cada centímetro sentía que terminaría por el simple hecho de estar penetrándola. Vio el rostro de Mabel, estaba cubierto de una fina capa de sudor, sus mejillas estaban completamente rojas, y sus ojos ligeramente entrecerrados, mientras mordía sus labios para controlar sus gemidos.
- ¿Estas bien? –preguntó Dipper.
Mabel únicamente hizo un sonido de afirmación, mientras enredaba sus piernas alrededor de la cintura de hermano, Dipper lo tomo como la señal para comenzar a moverse. Con cada estocada sentía que, tocada el cielo, la sensación era demasiado fuerte, increíblemente intensa. Volvió a buscar los labios de la castaña, sus lenguas jugaban hábiles mientras que sus cuerpos vibraban, se tensaban ante la excitación que sentían. Dipper sujetó las caderas de Mabel fuertemente, en ese momento no le importo dejar marcas visibles, nada de eso importaba, solamente deseaba sentirla, sentir cada uno de sus espasmos, sentir cada vez más calor y humedad. Ver como con cada embiste los senos de Mabel rebotaban rítmicamente, escuchar cómo se vuelven más fuertes los gemidos de ambos, y como le pide que no se detenga. Lo siente, está casi cerca de su límite, sabe que ella también lo está, continúa besando a Mabel, sus espaldas se arquean y ambos terminan. Dipper no puede hacer otra cosa más que dejarse caer sobre el pecho de Mabel, por varios segundos no hay palabras, sólo sus respiraciones que intentan ser controladas. La castaña busca la mano del chico, sus dedos se entrelazan, y permanecen callados, sin que ninguno lo diga, aun estando conectados, sintiendo su piel sudorosa tocándose, a pesar de no tener duda de amarse. Ambos saben que en ese silencio se esconde la vergüenza y la culpa.
-Te amo –por fin dice ella rompiendo el silencio.
-También te amo Mabel –contesta él besándola profundamente.
La oscuridad del bosque de Gravity es testigo silencioso de ese encuentro, no es el bosque más callado, pero si de algo sabe es de guardar secretos, y ese era uno que se agregaba a su colección.
Era casi medio día, pero seguía dormido después de todo había llegado casi a las seis de la mañana, sin embargo, a esa hora los ruidos de los turistas que llagan era casi insoportable además de que Ford estaba probando algunos prototipos en el laboratorio desde hace un par de horas, además al parecer Dipper no era muy bueno con eso de las resacas.
- ¡Mierda! –gritó al escuchar y sentir la última explosión.
Se levantó, tomó un poco de ropa libre y se fue a duchar. Fue un baño rápido y sin muchas pretensiones, servía para quitarle un poco la resaca, así como el sueño que lo había amenazado con dejarlo dormido en la taza del baño.
Bajo las escaleras hasta la sala, pudo escucharlos a todos en la parte de atrás de la cabaña, entre todas esas risas reconoció la de Mabel, siempre se preguntó cómo era capaz de estar tan fresca con unas cuantas horas de sueño.
-Hasta que despiertas –decía Stan despidiendo con la mano a un autobús de turistas.
-Qué clase de adolescente despierta antes de mediodía –se quejó Dipper.
-Yo cuando era joven –dijo Ford que examinaba un plano a contraluz.
-Tendré que darle la razón al chico, sólo tú y Mabel pueden estar despiertos desde tan temprano –Stanley se unió a la queja.
-Está bien –cedió Ford. –Después de todo en unos cuantos días únicamente te dedicaras estudiar, investigar y crear nuevos prototipos.
-Y a construir robots gigantes –Dipper escuchó una voz detrás de él.
- ¡McGucket! –realmente estaba sorprendido de verlo ahí.
-Escuche que te nos unirás –dijo el viejo montañés golpeando la espalda de castaño.
-Sí, así es –contestó sonriente.
-Me alegra mucho escuchar eso, después de todo Ford y yo estamos muy viejos, es bueno que alguien tan cercano pueda continuar nuestros proyectos –seguía diciendo sonriente.
-Espero ser digno de ambos –respondió con toda sinceridad.
-Claro que lo serás, y sobre todo lo mejor es que quedara entre "familia" –después de todo ahora los Pines también lo consideraban parte de la suya. –Hubiera maravilloso que Tate se interesara en la ciencia, pero no puedo culparlo, no fui el mejor padre del mundo y la preferí mi trabajo sobre mi familia.
Tener una conciencia del todo esclarecida no resultó ser tan bueno como lo hubieran esperado, ahora Hadron no podía simplemente "olvidar" sus errores. Le resultaba gracioso darse cuenta de que siempre pensó que fue por lo que vivió en Gravity Falls, por lo que le hizo Ford que su vida se había ido al carajo, pero no fue así. Su matrimonio tenía tiempo sin funcionar, las peleas eran más constantes, más fuertes, su carrera estaba estancada, cuando decidió ir con Stanford lo vio como la salida que necesitaba para volver a comenzar, para dejar atrás todo aquello que lo detenía, y eso incluía a su familia.
Un abrazo lo hizo reaccionar. –No deberías de pensarlo tanto mi tercer anciano loco favorito –era la sobrina nieta de su amigo. –Ahora tienes a tu hijo, y a tus nietos. Tienes todo el tiempo que quieras para pasar con ellos, eres la parte que mantiene racional a mi tío Ford, y eso debe ser genial para alguien a quien solían llamar loco.
-Lo se Mabel, por eso estoy aquí. Disfruto trabajar con Ford, pero lo mejor es que puedo estar con mi familia, incluso yo seré el que menos tiempo pasará en Alemania, así que supongo que mi vida está bien.
-Sí, amigo todo está bien –Ford tocaba el hombro de Fidds.
-Vaya nerds sentimentales –decía Stan uniéndose al grupo. –Qué bien que estarán todos juntos, son unos llorones.
-Eres bienvenido a unírtenos –señaló Ford. –Porque eres el más llorón de todos.
-Eso es una vil mentira Sixer, así que retráctate –el tono de Stanley estaba lleno de indignación.
-La Duquesa Aprueba –Stan volteó a ver a su sobrino.
-La vida de Elizabeth y la mía se parecen –se defendía el viejo gruñón.
-Si ponemos en la balanza a Calabozos, Calabozos y más Calabozos, a BABBA y a la Duquesa Aprueba, no creo que alguno pueda salir bien librado –dijo Mabel riendo.
-Bien- dijeron los tres hombres Pines.
- ¿Qué piensan hacer hoy? –les preguntó Stan intentando llevar la conversación de alguna manera a otro lado.
-Probablemente desayunar y volver a dormir –contestó Dipper.
- ¡¿Qué?! –dijo casi gritando Mabel. –Hoy me ibas a acompañar a comprar un lindo vestido para el baile formal.
- ¡Mierda! Lo había olvidado, pero si me esperas en lo que como algo podemos ir al centro comercial.
-Eso suena como un plan horrible, pero es aceptable. Me deja una tarde completa con estos ancianos nerds –decía Stanley sujetando a Ford a McGucket.
- ¿De qué hablas Stanley? –Ford conocía la sonrisa que se dibujaba en el rostro de su hermano y temía un poco cuando eso pasaba.
-De nada Sixer, pero descubrí un "nuevo" lugar en el siguiente pueblo y esa es una aventura para nosotros tres –ahora la sonrisa era más grande.
- ¡Cuenta conmigo! –respondió Filddleford golpeando uno de sus muslos.
-Está bien –Ford fingía estar desinteresado, aunque en fondo le emocionaba la idea.
-Ahora que todos tenemos planes no hay problema, así que DipDip ve a comer mientras me arreglo un poco –le ordeno Mabel.
Los gemelos más jóvenes entraron a la cabaña mientras los viejos reían haciendo comentarios de doble sentido.
Antes de que los hombres mayores se marcharan Dipper regresó y les gritó. - ¡No olviden llevar condones! –al hacer esto entró riendo a carcajadas ya que pudo ver como sus caras se ponían totalmente rojas.
Tenían media hora de haber llegado al centro comercial, habían vagado por unas cuantas tiendas de ropa, pero Mabel no encontraba nada que le gustara. A Dipper eso no le importaba, estaba feliz de poder pasar tiempo ella, salir juntos sin temor, sin ser juzgados, aunque tuvieran que usar sus máscaras de hermanos, él lo haría, disfrutaría cada instante junto a ella. El tiempo seguía pasando, ahora cargaba un traje que había rentado para la ocasión, era eso o usar un horrible smoking rosado al cual Stan llamaba "reliquia" familiar. Aunque la ropa formal no era su preferida le resultaba interesante usarla para esta ocasión, sería su primera "cita" como pareja y valía la pena que todo fuera perfecto. Mabel tenía varios minutos en el probador, al parecer por fin había encontrado el vestido perfecto, eso era bueno ya que Dipper esperaba poder ir al cine o comer juntos en el centro comercial.
- ¿Estás listo? –escuchó la voz de Mabel.
-Por supuesto –respondió esperando ver a su gemela.
-Entonces aquí voy, contén la respiración –eso lo hacía desde hace unos segundos.
Por fin salió del vestidor, traía puesto un vestido verde, no era muy exagerado, tenía unos cuantos brillos sobre el pecho, detalles de pequeñas flores en las mangas, apenas y rebasaba la rodilla. Dipper no supo que decir, simplemente se veía perfecta, increíblemente perfecta, sus ojos verdes resaltaban, el cuerpo de Mabel se ceñía al corte del vestido.
-Mabs, te ves hermosa –fue lo que dijo.
- ¿En serio lo crees? –dijo un tanto apenada.
-Si, en verdad ese vestido te queda perfecto –ahora Dipper estaba ligeramente sonrojado. –Pero, bueno tú ya eres hermosa.
Mabel fue hasta donde estaba su hermano, lo bueno de estar en los probadores es que tenían cierta privacidad por lo que le robo un ligero beso.
-Entonces este será Sir Diplomacia, ahora sólo faltan unos cuantos accesorios –al escuchar esto Dipper recordó algo.
-La corbata –miró a Mabel. –Olvide comprar una corbata.
En el lugar donde había rentado el traje no tenían ninguna que le gustara por lo que decidió comprar una, pero lo olvido.
-Qué te parece si mientras buscas tus accesorios voy por mi corbata y nos reunimos en la zona de comida –le sugirió Dipper.
-Me parece bien –hizo una pequeña pausa. –También compra unos calcetines.
-OK –y salió de la tienda.
Había varias opciones en el Centro comercial de Gravity Falls, pero simplemente entró a la primera tienda que vio, no era algo muy especial lo que buscaba, únicamente deseaba una corbata negra. Para su desgracia el vendedor era demasiado insistente por lo que termino en el probador con una infinidad de corbatas, no deseaba ser descortés además de que nunca fue muy hábil socialmente por lo que ahora estaba mirándose en un espejo. Dio un leve suspiro, después de todo terminaría llevándose la corbata y los calcetines que había escogido desde el principio. Estaba por salir de probador cuando lo volvieron a arrojar hacia dentro.
- ¡Tu hijo de perra! –esa mirada sí que deseaba asesinarlo con todas sus fuerzas.
- ¿Qué mierda hiciste? ¡¿Qué hiciste para que me dejara?! –lo sujetaba por el cuello.
- ¡Yo no hice nada! –sabía que tarde o temprano esto pasaría.
- ¡Mientes! ¡Mientes! ¡Siempre quisiste alejarla de mí! –ahora su voz eran más bien gritos.
-Gideon, yo no le he dicho nada a Mabel, si ella termino contigo fue su decisión –dijo Dipper soltándose de su agarre.
- ¡Mientes! ¡Tú me dijiste convierte en alguien digno de ser amado! –Gideon lo miraba fijamente. –¡Lo hice! ¡Lo hice! Dejé atrás todo lo que me gustaba, me convertí en un chico normal. Para que ella estuviera conmigo, me conforme con ser su amigo, y ahora que creí que había conseguido que me amara, pero llegas tú y lo arruinas. ¡Porque tú la quieres para ti!
Dipper sintió que un escalofrío recorrió su espalda, es sabia que Gideon sabía mucho más de lo que imaginaba, pero nunca creyó que supiera lo de su amor por Mabel.
-No sé de qué hablas –decía titubeante. –Pero no puedes obligarla a amarte.
Gideon miraba al piso, sus puños estaban completamente blancos por la falta de sangre. Lanzó un puñetazo que Dipper apenas pudo evitar, los pedazos de vidrio cayeron detrás de él.
-He visto como la miras cuando crees que nadie te ve, he escuchado los pensamientos de tu cabeza. Tú estás enamorado de Mabel –ahora la voz de Alegría era fría.
-No sé qué crees que viste, ella es mi hermana –respondió Dipper intentado parecer seguro.
- ¡Es tu hermana! –lo volvió a sujetar de la camisa, manchándola ya que la mano de Gideon sangraba. - ¡Tu hermana! ¡Y pese a eso no te importo! ¡Eres un asco! ¡Un maldito fenómeno! ¡Ella es mía! ¡Ella es mía y de nadie más!
- ¡Suéltame! ¡No sé qué es lo que piensas que viste! –Dipper empezaba a llenarse de pánico.
- ¡Ella es mía! –volvía a gritar el rubio. - ¡Pero te arrepentirás! ¡Haré que te arrepientas de haberla alejado de mí! –al escuchar esto Dipper, sintió miedo, el miedo que lo había abandonado desde que estaba con Mabel, no pudo más, arrojó a Gideon contra la pared, pero antes de salir le dijo.
-Tú no lo entiendes –salió del vestidor a toda prisa. Se encontró a los matones de Gideon con el dependiente de la tienda que estaba sumamente pálido, Dipper le dijo unos billetes y se fue de la tienda.
No estaba seguro de que es lo que intentaría Gideon, pero debía de estar alerta, no podía dejar que revelara su secreto. No, eso podría separarlos para siempre, su cabeza estaba tan enredada que ni siquiera se dio cuenta de que choco con alguien, simplemente siguió caminando, pero aquella persona no pudo hacer otra cosa más que seguir viéndolo hasta que se perdió en la distancia.
Había cerrado su chaqueta para que su gemela no viera la sangre en ella, fue hasta el departamento de comida, ahí estaba sentada tomado un café, siempre bella, siempre feliz, siempre perfecta, siempre Mabel.
-Te tomaste tu tiempo –le dijo Mabel dándole un sorbo a su café.
-El vendedor era bastante insistente –decía Dipper sentándose frente a ella. –Pero ya estoy aquí, y eso es lo único que importa.
-Es verdad –respondió Mabel sonriéndole.
Dipper no le dijo nada de lo que había pasado, no valía la pena arruinar la tarde. Siguieron mirándose por unos segundos más, riendo mientras hablaban de cosas absurdas, junto a ella el tiempo parecía detenerse, y todo dejaba de importar, así que Dipper decidió dejarse llevar.
Tanto Stanford como Stanley Pines no podían creer en ruido que hacían tres chicas arreglándose para un absurdo baile, al parecer hay ciertas cosas que no cambian con los años, y para Ford incluso en algunas dimensiones o realidades paralelas. Lo bueno es que todo es escandalo no duraría mucho, en unos cuantos minutos todos los adolescentes que habían inundado la cabaña se irían, ya que si bien los chicos no eran tan ruidosos a veces su monto de exponencial estupidez podía ser realmente insufrible y eso incluía a su sobrino.
-Estamos demasiado viejos para esto -se quejó Ford que leía un libro.
-Lo sé –respondió Stanley subiéndole un poco más al televisor, viendo la repetición de su programa favorito.
-Supongo que todos fuimos así –dijo Stanley acomodándose en el viejo sillón. –Bueno, todos menos tú. Sixer sí que eres de otro mundo.
-Eso piensas Stanley –dejo escapar una risa un tanto sarcástica. –No sólo por los libros la biblioteca era mi lugar favorito.
Al escuchar esto el viejo Pines escupió casi toda la soda. - ¡Joder Ford! ¡Tú y la Señora Anderson!
-Sí, descubrí que sabía mucho y no hablo de los libros –decía sonriendo.
Stanley no podía creerlo, después de todo la Señora Anderson era una mujer madura pero no tenía más de 40 años en esa época, era realmente atractiva, pero para la mayoría de los jóvenes les resultaba sumamente fría, demasiado interesada de los libros y en su contenido, obviamente se hizo amiga de Stanford inmediatamente. Stanley siempre creyó que Ford estaba enamorado de ella, pero nunca pensó que esa relación fuese algo más que platónica, su nerd hermano estaba lleno de sorpresas.
- ¡Sixer! ¡Mierda! ¡Eso si me dejo con la boca abierta! –no podía evitar reír.
-En realidad el sexo no era mi máxima aspiración, pero –hizo una pausa y tomó aliento. –Pero después de darme cuenta que tú y Carla lo hacían como conejos tuve curiosidad, así que decidí buscar un libro, Miss Anderson me recomendó uno, hablamos y una cosa nos llevó a otra. Ese fue un buen año escolar.
-Qué tiempos aquellos –suspiró Stanley. –No por nada le decían "Hotpants"
Ambos se perdieron por un momento en sus viejos recuerdos hasta que el ruido de una de canción de moda los hizo sobresaltarse, recordaron al grupo de adolescentes que aún permanecían en su propiedad.
Stan fue hasta la ventana, la abrió de golpe y les gritó. - ¡Lárguense de una vez!
Los tres chicos voltearon, estaban probando el nuevo estéreo del coche de Marius mientras las chicas terminaban de arreglarse, cosa que la parecer tomaba más tiempo del que alguno pudiera creer.
-Las chicas tardan demasiado –se quejó Dipper.
-Iré por ellas, ya no quiero seguir escuchando su música sin sentido –le contestó Stan, cerrando la ventana.
-Eres un viejo amargado – hizo una ligera pausa y continuó. –Somos un par de viejos amargados, así que ver por Mabel y sus amigas.
Stan apagó el televisor, y fue hasta el ático. En realidad, le gustaba hacer todo eso, le hacía sentirse parte de la vida de sus sobrinos nietos, después de todo el siempre deseo una familia, alguien que lo llamara "papá". Según Ford en otra realidad, probablemente él fue padre, tuvo hijos, a esta edad incluso nietos, era absurdo, pero sentía envidia de ese Stan del que pudo tener todo lo que el deseo, así que en esta su existencia no le quedaba más que aferrarse a estos chicos, a los que realmente amaba. Llego hasta la puerta del ático, podía escuchar las risas estrepitosas, la música ochentera que por alguna razón era la favorita de su sobrina, tuvo que tocar fuerte para que lo escucharan.
- ¡Calabaza! ¡Los chicos las están esperando! –dijo a través de la puerta.
- ¡Ya estamos listas! –contestó Mabel abriendo la puerta.
Ahí estaba su sobrina mirándolo directamente, con esa enorme sonrisa que siempre lo hacía sentirse feliz.
-Bueno, ¿qué tal me veo? –le preguntó su sobrina.
-Muy hermosa, no cabe duda que ya eres toda una jovencita –Stan respondió aclarándose un poco la garganta. Sin embargo, así resultaba ser, Mabel ya no era una niña, no al menos la que habitaba en los recuerdos de Stan, la que confió en él ciegamente en ese viejo laboratorio. Ahora en ese vestido verde que le hacía resaltar sus hermosos ojos, al ver como realmente parecía una mujer adulta, no puedo evitar sentirse viejo.
La abrazó para decirle. –Eres increíblemente hermosa, eres una chica fantástica, y estoy realmente orgulloso de ti.
-Gracias Grunkle Stan, pero si me haces llorar arruinare mi maquillaje y tardare otro par de horas en componerlo –decía mientras seguía abrazando a su tío.
-Eso sí que no, Ford y yo necesitamos un descanso de su infernal estruendo –le dijo riendo.
-Ya lo sé, pero estoy segura que nos extrañarán en un par de horas –aseguraba Mabel.
-Probablemente, pero por ahora largo de aquí –y señaló las escaleras.
-Muy bien Señor Pines –decía Candy tomado su bolso. –Pero como dijo Mabel nos extrañara –al decir esto le dejo un folleto en la mano.
-Sobre todo a mí –y un increíblemente fuerte abrazo hizo crujir todos sus huesos.
Las tres chicas bajaron las escaleras entre risas, el viejo Pines tuvo que tomarse un momento para tomar un poco del aire que se había escapado de sus pulmones, pero pese a eso no dejo de sonreír.
Tenían unos veinte minutos de haber llegado al baile, Lu y Candy compartieron el coche con Marius y Grenda, Dipper y Mabel utilizaron la camioneta de Soos. El castaño se divertía ante la escena de ese baile, en muchos aspectos Gravity Falls seguía pareciendo un pueblo atrapado por el tiempo, y lo que veía en el viejo salón del pueblo parecía ejemplificarlo a la perfección. Era como una escena de una de películas de la Duquesa Aprueba, un enorme cotillón donde los chicos se dedicaban a impresionar a las "señoritas", mientras estas buscaban al pretendiente perfecto, y los adultos compartían viejas hazañas de la juventud. Era presidido por el alcalde Tayler, que había sido recién re electo, ya que sin duda había resultado ser muy bueno para su trabajo.
Pese a todo eso Dipper se la estaba pasando bien, era sobre todo una salida entre amigos, todos reían al ver los pasos que hacía Lu, sorprenderse al darse cuenta del alcohol que Marius había metido de contrabando, eso era lo que tanto necesitaba, simplemente sentirse un chico normal. Estaban bailando todos al ritmo de BABBA, cuando la música se detuvo, el alcalde Tayler tomó el micrófono para hacer un anuncio.
-Damas y caballeros, es para mí un honor anunciar la llegada de la Señorita Pacífica Noroeste –dijo haciendo uso de su tono más solemne.
Las puertas se abrieron de par en par iluminándola, era una escena bastante cinematográfica, después de todo para ese pueblo el apellido Noroeste era casi un sinónimo de realeza, y Pacífica era lo más cercano a una princesa, y al tenerla ahí, cada uno de los habitantes de Gravity Falls podía perderse en una fantasía de lujo y elegancia.
Se escuchó la voz del alcalde Tayler una vez más –Aquí tenemos la entrada de la Señorita Pacífica Noroeste, acompañada del respetable Joven Gideon Alegría.
Todos los chicos voltearon, aquello no se lo esperaban, sabían que sería inevitable ver a Pacífica, pero no imaginaron que esta iría acompañada de Gideon.
-Esto es tan ridículo como las fiestas en Austria de la antigua realeza europea –se quejó Marius. –Estas viejas costumbres carecen de sentido.
-A mí me resulta divertido –decía Lu dándole un trago a su ponche. –Es divertido observar como las personas necesitan sentirse "diferentes", tal vez superiores por un momento, por una noche, dejar atrás sus horribles existencias, sus problemas. Ver a Pacifica que parece una princesa de algún cuento, les permite pensar que en algún momento pueden ser ellos, ser esa persona soñada, creo que eso les permite regresar a sus vidas de mierda.
-Eso fue realmente oscuro –Candy le dio un codazo a Lu. –Pero estoy de acuerdo contigo.
- ¡Wow! Lo que no me esperaba es que vinieran juntos –señaló Grenda. –Supongo que el que ustedes sean sus ex les hace tener algo en común.
-Un común medio perturbador –decía Candy. –Supongo que no era una opción no venir al baile.
-Chicos, chicos –interrumpió Mabel. –Ellos tienes derecho a estar aquí, Pacífica es una buena chica y Gideon también, así que espero que ambos se diviertan al igual que nosotros –tomó de las manos a sus amigas y las arrastro a la pista de baile.
-Tienes razón –decía Dipper caminando hacia la pista junto con sus amigos.
La noche siguió su curso, la diversión igual, entre tanta gente no se toparon ni con Pacífica ni con Gideon, lo cual en verdad era una buena noticia. Las chicas seguían bailando incluso cuando los chicos necesitaban un descanso, todo ese ponche hacia estrago en la vejiga de Dipper por lo que tuvo que ir al baño. Estaba lavándose las manos cuando escuchó que la puerta del baño se abría, sintió a alguien detrás de él, no era necesario voltear, Dipper sabía perfectamente quien era.
-Creí que habías dejado sus hábitos de matón –le dijo Dipper mientras se sacudía las manos.
-Hay cosas que nunca cambian por más que lo intentes –contestó Gideon.
-Que no se supone que ahora eres un buen chico –decía Dipper ahora mirando de frente a Alegría.
-Lo soy, de eso estoy seguro. Y sobre todo siempre seré mejor que tú –acomodaba las solapas de su traje.
-No lo dudo, ahora incluso estas con Pacífica, eso sin duda es algo bastante bueno para tu familia –señaló Dipper.
-Es increíble lo poco que conoces a los que te rodean, pero pese a que es obvio que lo ignoras Pacífica y yo tenemos tiempo siendo amigos. Soy un buen escucha, sobre todo cuando de quien habla es un hijo de puta que la trata como basura –su mirada se clavó directamente en los ojos de Dipper.
El castaño no supo que decir, no estaba seguro de que aquello fuera verdad, pero tampoco estaba seguro de que fuera mentira, después de todo Gideon tenía razón el conocía muy poco a Pacífica.
-Es bueno saber que tiene un amigo, y que ese amigo seas tú. Si no tienes más que decir me voy, me están esperando –se hizo a un lado.
-Pueden esperarte –decía Gideon sujetándolo del brazo. –Aún quiero que escuches algo.
-Déjala ir, detén esto ahora, aún hay vuelta atrás. Detenlo antes de que te arrepientas –pudo sentir como el agarre de Gideon era cada vez más fuerte.
-No sé de qué hablas, yo no interfiero en las decisiones de Mabel –ese miedo volvía a apoderarse de Dipper.
-Sólo la lastimaras, ella no se merece eso –por un momento creyó escuchar tristeza en la voz de Alegría.
-En serio Gideon no sé qué hablas –Dipper seguía fingiendo que no lo entendía.
-Ella es mía, así tiene que ser y no importa lo que digas no permitiré que la lastimes –hubiera deseado romperle el brazo en ese mismo instante.
-No sé qué es lo que piensas que está pasando, pero yo nunca lastimaría a Mabel –ese miedo recorría todo su cuerpo.
- ¿Por qué lo invocaste? ¿Qué es lo querías? ¿Por qué sobreviste al QUE NO TIENE NOMBRE? –al escuchar esto el miedo lleno completamente a Dipper.
-Eso no te importa –soltaba su brazo del agarre de Gideon. –No sé, que es lo que sabes o crees saber, pero lo que yo haya hecho no es de tu incumbencia. Además, te lo vuelvo a decir si Mabel termino contigo fue su decisión, yo no tuve nada que ver.
-Escúchame bien Pines, déjala ir, termina lo que iniciaste o la próxima vez que me veas tu vida será un infierno –Gideon camino hasta la puerta del baño. –Después de todo tendrás que devolver aquello que no te pertenece.
Dipper escuchó como se cerraba la puerta, tuvo que recargarse en el lavamanos. Estaba lleno de miedo, hasta donde sabia Gideon, él no era un idiota y podía defenderse, sin embargo, todo esto amenazaba con salirse de control, y que todos lo descubrieran. Se repetía una y otra vez que eso no era posible, Gideon únicamente hablaba para ponerlo a prueba, Mabel nunca le diría lo que pasaba entre ambos. No, sólo era ese enano de mierda jugando con él, llevándolo al extremo, sacándolo de concentración, Dipper no podía dudar, no ahora que finalmente estaba con Mabel. Bill también se lo había dicho, dentro de su memoria estaba ese nombre, un nombre que había escuchado, pero no recordaba. El pacto no se había llegado a realizar ya que Pacífica seguía con vida, el amor de Mabel era verdadero, se repetía una y otra vez.
Regresó al salón, el tumulto y la gente seguía como si nada pasara, todo estaba prácticamente igual, únicamente que su hermana no estaba a la vista.
- ¿Dónde está Mabel? –les preguntó a sus amigos.
Todos se miraron entre si dudando un poco en responder, fue Candy la que después de unos segundos hablo.
-Fue a bailar con Gideon, ya sabes él es muy insistente, además de que siguen siendo amigos –dijo intentando sonar calmada.
-Así es DP, ella regresara en unos minutos –Lu ponía su brazo sobre Dipper. –Mientras Mabs regresa que te parece si le subimos la dosis al ponche.
Dipper únicamente sonrió, lo último que deseaba es que Mabel estuviera con Gideon, pero no podía hacer otra cosa más que esperar. Los minutos pasaron, los cuales para el castaño parecieron horas, finalmente entre la multitud apareció Mabel tan sonriente como siempre.
-Te tomaste tu tiempo –le dijo Dipper intentando parecer tranquilo.
-Bueno, le debía un baile a Gid –respondió contenta.
-Chicos, el baile está por terminar así que hay que aprovechar el tiempo que nos queda –mientras iba al lado de sus amigos.
Dipper la miró de reojo, quiso enojarse, pero no valía la pena después de todo ella tenía razón debían de disfrutar el tiempo que les quedaba. Continuaron bailando, hasta que el DJ anunció la última ronda de canciones lentas, ideales para las jóvenes parejas, esa fue la señal para los gemelos de que la noche había terminado.
Sus amigos los dejaron para seguir bailando, ellos estaban recargados en una pared, mirándose sin decir nada.
- ¿Te dije que te ves hermosa? –le preguntó Dipper.
-Sólo cientos de veces en la camioneta –respondió Mabel con una pequeña sonrisa.
-Pero es verdad luces hermosa, bueno ya sabes siempre has sido hermosa –decía tartamudeando un poco. –Bueno, para mí siempre has sido hermosa.
-Gracias Dipper, tú también te ves muy apuesto –deslizo su mano hasta tocar la de su gemelo. –Te amo.
Dipper no pudo evitar sonrojarse, el ruido era suficiente para que nadie la escuchara, aun así, era maravilloso escucharlo de sus labios.
-Yo también te amo –respondió entrelazando sus dedos. –Ojalá algún día podamos bailar como ellos –Dipper señalo a sus amigos.
- ¿Y por qué no esta noche? Después de todo es sólo un tonto baile, no hay nada de malo en que dos hermanos bailen juntos –Mabel tomó fuertemente la mano de Dipper y lo llevo hasta el centro de la pista.
Mabel puso sus manos sobre los hombros de Dipper, y este colocó las suyas en la cintura de Mabel, y comenzaron a bailar. La miraba, era perfecta, siempre tan feliz con esa sonrisa que podía curar al corazón más roto, esa era la chica a quien amaba más allá de sus fuerzas. Una vez más todo podía esperar, todo podía quedarse pausado y únicamente disfrutar, bailar al ritmo de la música que tocaba para ellos dos, perderse en la mirada infinita de eso ojos compartidos, entrecerrar los ojos mientras sus rostros se acercaban.
Olvidar el tiempo, a la gente, al baile, a todo lo que los rodeaba, únicamente existir para ellos dos, sin que nada pudiera tocarlos, sin que la realidad los alcanzara.
En medio de ese salón que por una noche jugaba a convertirse en un cuento de hadas, donde por un momento la realidad pareciera ser otra. En ese preciso lugar donde la gente comenzaba a mirarlos sin que se dieran cuenta, a murmurar cosas que los señalaban, en ese lugar que de repente había perdido toda la magia, en medio de ese lugar ellos se besaban.
FIN DEL CAPÍTULO.
GRACIAS POR LEER Y ESPERO SUS COMENTARIOS.
Notas de la Autora:
Antes que nada, una disculpa por la espera, pero como ya lo había dicho no abandonare mis historias, así que tengan un poco de paciencia. Haré todo lo posible para poder actualizar más seguido, ya que por ahora mi trabajo y el regresar a la universidad me tienen realmente ocupada.
Para ti que lees esto "Gracias", y espero que no te haya decepcionado el capítulo, ahora se avecina la tormenta, una de la cual nadie puede escapar.
